"Noche en vela"
Por Amelia Badguy
412 según Word
La tenue luz que se colaba entre las cortinas de la habitación, iluminación dada gracias al sistema eléctrico nocturno de las calles de Londres, pues sería algo estúpido pensar que la era la luz de la Luna o algo así, pensó uno de los cuerpos recostados en la cama, que estaba en el centro de la habitación.
Sus ojos observaban, con cierto desagrado, aquel bebé que dormía acurrucado sobre el pecho en que él debería haber estado recostado, porque él era el único que tenía derecho a tocar de aquella manera a Sebastián.
No entendía como el ex coronel se había compadecido de aquel ser, tanto que había ido sin chistear a comprarle algunas cosas que necesitaba aquel mocoso, además seguramente tendrían que llegarlo a un médico, pues no sabían que cosas podía tener aquel ser, ni si estaba en buenas condiciones o no.
Bufando se revolvió en la cama, terminando dándole la espalda a aquella imagen de Sebastián profundamente dormido con aquel infante acurrucado en su pecho. Estaba frustrado y no se podía dormir, cosa que lo hacía enojar aún más, pues no podía conciliar el sueño sino estaba apoyado en el rubio, pero no le daría el gusto de decirle aquello.
Estaba odiando la situación, odiaba a ese estúpido bebé, pero este aún no se "interponía" en sus asuntos, pues como no iba a decir de su pequeño problema para dormir, se ponía entre la espada y la pared en esa situación.
Se forzó en por pensar en algún nuevo crimen, como fastidiar a Sherlock Holmes y a su burdo y aburrido compañero, pero claro, su psicópata mente estaba fija en la imagen de aquel mocoso rubio y los problemas que le ocasionaría.
En su mente le preocupaba, de cierta forma, el hecho de que tal vez Sebastián se fuese ablandando en su trabajo.
Si Sebastián le fallaba en uno de los trabajos a él ya no le serían "utilizables" las capacidades del tirador, siendo que tendría aquel lado de su mente que le decía que debía deshacerse de las cosas inútiles.
Pero Sebastián nunca le había fallado ninguna misión, ni siquiera cuando comenzaron su relación y no dejó que el rubio durmiese en toda la noche.
Lo único que le quedaba por hacer era confiar en Sebastián Moran, en que su Tigre no le fallaría.
Pero su mente no se cansó de pensar, siendo que en vela toda la maldita noche… todo por culpa de aquel mocoso, pensó fastidiado.
