N/A: Twilight o cualquiera de sus personajes no me pertecen.
Resumen: Edward y Bella pasan su sábado en su hermosa pradera donde se declaran su amor. Al día siguiente, Edward la llevó a su casa para presentarle a su familia, pero las cosas no suceden como lo hicieron en Crepúsculo. Alguien envió la Saga de Crepúsculo a los Cullen y la familia y Bella se reunieron en el salón para leerlo y saber lo que el futuro tenía reservado para ellos.
N/T: Reading Twilight no me pertenece, la historia es de Kiseger. Yo solo me adjudico la traducción.
OK aquí tienen suficiente para que se entretegan un bueeeeeen rato! jaja. 32 páginas :) creen que merezco Reviews por subir lo antes posible :(? *drama*
Primera Vista
Esme se puso a leer. Mi estómago dio un vuelco al recordar mi primer día en Forks. El primer día que había visto a Edward.
- "Hmm ... Por fin voy a descubrir ahora cada uno de tus pensamientos. Tal vez esto no es tan malo después de todo"- murmuró Edward en mi oído y yo en broma me puse pálida - "¿Tienes miedo ahora?".
- "Estoy horrorizada"- Lloré fingidamente mientras me reía de el.
Mi madre me llevó al aeropuerto con las ventanillas del coche bajadas. En Phoenix, la temperatura era de veinticuatro grados y el cielo de un azul perfecto y despejado. Me había puesto mi blusa favorita, sin mangas y con cierres a presión blancos; la llevaba como gesto de despedida. Mi equipaje de mano era un anorak.
Fruncí el ceño. A pesar de todo Forks no era tan horrible como yo esperaba. Edward realmente hizo de este pequeño pueblo de lluvias un lugar interesante para vivir, solo a veces extrañaba a Phoenix y a mi madre.
- "Aún extrañas a tu madre"- Suspiró Edward acariciando mis labios suavemente.
-"Sí, pero creía que no podías leer mi mente".
Me sonrió con aire de suficiencia.
- "No puedo. Pero todavía hablas en sueños" - me besó la frente conteniendo la risa en silencio mientras me ruborizaba de un profundo rojo.
En la península de Olympic, al noroeste del Estado de Washington, existe un pueblecito llamado Forks cuyo cielo casi siempre permanece encapotado. En esta insignificante localidad llueve más que en cualquier otro sitio de los Estados Unidos. Mi madre se escapó conmigo de aquel lugar y de sus tenebrosas y sempiternas sombras cuando yo apenas tenía unos meses. Me había visto obligada a pasar allí un mes cada verano hasta que por fin me impuse al cumplir los catorce años; así que, en vez de eso, los tres últimos años, Charlie, mi padre, había pasado sus dos semanas de vacaciones conmigo en California.
Y ahora me exiliaba a Forks, un acto que me aterraba, ya que detestaba el lugar.
- "¿Entonces por qué estás aquí?" Dijo Rosalie a modo de arrebato.
- "Suficiente Rosalie"- dijo Carlisle con calma pero con firmeza. Rosalie resopló, pero no dijo nada más.
-"¿Realmente odias tanto Forks, cariño?"- Preguntó Esme con tristeza.
- "Ya no, lo estoy empezando a superar" dije sonrojándome y Edward me apretó suavemente a él.
- "¡Que tierno!" - Emmett se echó a reír, pero se calló al instante cuando Rosalie le dedico una mirada mortal.
Esme nos sonrió con gusto a Edward y a mi, y continuo leyendo.
Adoraba Phoenix. Me encantaba el sol, el calor abrasador, y la vitalidad de una ciudad que se extendía en todas las direcciones.
- "¿cómo sería vivir allí?"- Suspiró Alice de forma soñadora y Jasper puso su brazo alrededor de ella. Parecía tan pequeña y frágil en sus enormes brazos, como una muñeca. Sin embargo se veían tan perfectos juntos.
- "Ponte en el lugar de un vampiro"- murmuró Jasper.
- "Piensa en todas las tiendas que podríamos ir ..." - continuó con sus ensoñaciones. Edward rodó los ojos y yo me eché a reír.
Mi madre y yo nos parecemos mucho, salvo por el pelo corto y las arrugas de la risa. Tuve un ataque de pánico cuando contemplé sus ojos grandes e ingenuos. ¿Cómo podía permitir que se las arreglara sola, ella que era tan cariñosa, caprichosa y atolondrada? Ahora tenía a Phil, por supuesto, por lo que probablemente se pagarían las facturas, habría comida en el frigorífico y gasolina en el depósito del coche, y podría apelar a él cuando se encontrara perdida, pero aun así...
- "Ella parece ser una persona interesante." Edward se rió entre dientes-"Me pregunto si su mente lo es. O si puedo escucharla".
- "Ella es como una niña en muchos sentidos". Le dije.
- "Es tan triste"- Esme negó con la cabeza y me sonrió mientras hundía mi cabeza en el pecho de Edward.
— No te preocupes por mí — le pedí —. Todo irá estupendamente. Te quiero, mamá.
- "No sé cómo te creyó, eres una pésima actriz"- se rió Edward entre dientes, colocando mi cabello detrás de mi oreja haciendo que mi corazón se saltara un latido. No habría sido tan vergonzoso, si toda su familia no fuese conciente de todas las reacciones que el me provocaba con un solo toque.
- "Sólo disfruta" Murmuró y enseñó mi sonrisa torcida favorita. Estaba perdida.
-"Oh, eso hago"- Me dio un sonoro beso en la mejilla.
Me abrazó con fuerza durante un minuto; luego, subí al avión y ella se marchó.
Para llegar a Forks tenía por delante un vuelo de cuatro horas de Phoenix a Seattle, y desde allí a Port Angeles una hora más en avioneta y otra más en coche. No me desagrada volar, pero me preocupaba un poco pasar una hora en el coche con Charlie
- "¿Por qué? ¿No te llevas bien con él?"- Preguntó Jasper cautelosamente, mientras clavaba sus ojos dorados en los mios.
-No es eso, pero nos reunimos muy pocas veces, sólo una vez al año en cada verano por una semana o dos, y tenía miedo de cómo sería que los dos viviésemos aquí. Ya sabes que ninguno de nosotros somos del tipo hablador.
Me miró fijamente durante un largo momento y luego asintió.
-"Pero tú lo quieres mucho"- dijo al fin.
-"Sí"- Asentí mientras me sonrojaba.
Todo el mundo me sonreía, excepto Rosalie que estaba de mal humor junto a Emmett en silencio y mirando a otro lado obstinadamente como si yo no estuviese ni siquiera en la habitación. A decir verdad, fue mejor eso a que estuviese lanzándome dagas por los ojos.
Lo cierto es que Charlie había llevado bastante bien todo aquello. Parecía realmente complacido de que por primera vez fuera a vivir con él de forma más o menos permanente.
- "Apuesto a que estaba feliz. Eres su única hija y viniste a vivir con él después de tantos años de separación"- Suspiró Esme.
- "Él realmente está feliz de que estés aquí"- Edward asintió con la cabeza -"Y yo también"- besó la parte superior de mi cabeza con amor.
- "¡Yo también!"- Chilló Alice rebotando de arriba hacia abajo en su asiento. Todo el mundo se rió de ella.
- "Todos lo estamos"- agregó Carlisle mirándome suavemente. Me sonrojé. ¿Tenía que sonrojarme siempre?.
Ya me había matriculado en el instituto y me iba a ayudar a comprar un coche.
Edward soltó un bufido detrás de mí y yo le lance una mirada asesina.
- "No digas nada malo de mi coche. Sabes que tiene personalidad."
- "Si tú lo dices"- alzó sus manos y lanzó un suspiro mirándome con inocencia. Pero todo su ser temblaba conteniendo la risa. Hice una mueca y me aleje de el.
Pero estaba convencida de que iba a sentirme incómoda en su compañía. Ninguno de los dos éramos muy habladores que se diga, y, de todos modos, tampoco tenía nada que contarle. Sabía que mi decisión lo hacía sentirse un poco confuso.
- "¿Por qué?" - Preguntó Emmett
"Porque él sabe muy bien la aversión que le tengo a Forks. Nunca ha sido un secreto".
- que, al igual que mi madre, yo nunca había ocultado mi aversión hacia Forks.
Estaba lloviendo cuando el avión aterrizó en Port Angeles. No lo consideré un presagio, simplemente era inevitable. Ya me había despedido del sol.
Suspiré.
Charlie me esperaba en el coche patrulla, lo cual no me extrañó. Para las buenas gentes de Forks, Charlie es el jefe de policía Swan. La principal razón de querer comprarme un coche, a pesar de lo escaso de mis ahorros, era que me negaba en redondo a que me llevara por todo el pueblo en un coche con luces rojas y azules en el techo.
- "¿Por qué? Eso sería increíble." Dijo Emmett con entusiasmo-. "Tenemos que intentarlo alguna vez"- Su expresión soñadora me hizo reír. Fue muy divertido.
- "Emmett, ya lo intentaste una vez en 1982. ¿No recuerdas?"- Preguntó Jasper moviendo la cabeza con una expresión seria en su rostro. Pero había un brillo travieso en sus ojos.
Miré a Edward, que apretó los labios muy juntos tratando de disimular la risa. Allí estaba el mismo brillo en sus ojos como los de Jasper.
- "¿Qué pasó?" pregunté.
-"Pues, robó un coche de policía y fue detenido. Pasó tres días en la cárcel debido a que Carlisle se negó a pagar la fianza tratando de darle una lección"- dijo Alice riendo.
- "Tenía que fingir ser humano y comer los alimentos de humanos. Desayuno, almuerzo, cena ..." Agregó Edward.
Miré de nuevo a Emmett que ahora tenía el ceño fruncido y me eche a reír. Los otros hicieron lo mismo.
No hay nada que ralentice más la velocidad del tráfico que un poli.
Charlie me abrazó torpemente con un solo brazo cuando bajaba a trompicones la escalerilla del avión.
—Me alegro de verte, Bella —dijo con una sonrisa al mismo tiempo que me sostenía firmemente.
Edward se rió entre dientes.
- "¿Cómo pudiste estar con vida durante diecisiete años, sin mí?"- me susurró al oído.
- "¡Hey!" -hice un mohín.
-" Sí, Es un hecho afortunado que tropezaras en la vida de nuestro de Eddie "- Las risas de Emmett inundaron la sala. Los dos le lanzamos una mirada asesina.
—.Apenas has cambiado. ¿Cómo está Renée? .
—Mamá está bien. Yo también me alegro de verte, papá — no le podía llamar Charlie a la cara.
Traía pocas maletas. La mayoría de mi ropa de Arizona era demasiado ligera para llevarla en Washington. Mi madre y yo habíamos hecho un fondo común con nuestros recursos para complementar mi vestuario de invierno, pero, a pesar de todo, era escaso. Todas cupieron fácilmente en el maletero del coche patrulla.
- "¡Oh Dios!" gimió Alice horrorizada- "Pobre chica, tenemos que ir de compras. Puedo comprarte un guardarropa nuevo".
Su terror se volvió en excitación en solo un segundo. Fue realmente aterrador.
Gemí ante la idea de ir de compras. Odiaba ir de compras. Miré a Edward con suerte, pero su expresión me dijo que su hermana no estaba bromeando.
— He localizado un coche perfecto para ti, y muy barato — anunció una vez que nos abrochamos los cinturones de seguridad. ¿Qué tipo de coche?
Desconfié de la manera en que había dicho «un coche perfecto para ti» en lugar de simplemente «un coche perfecto».
- "También te mostrabas escéptica cuando mencionó el coche"- Dijo Edward con aire de suficiencia.
-Sí. Hasta que la vi y me enamore de ella"- le contesté con calma. Me hizo un mohín.
—Bueno, es un monovolumen, un Chevy para ser exactos.
— ¿Dónde lo encontraste?
— ¿Te acuerdas de Billy Black, el que vivía en La Push?
La Push es una pequeña reserva india situada en la costa.
Ante este nombre todos los Cullen gruñeron en la sala, excepto Carlisle. Miré a mi alrededor confundida.
-"Estupidos lobos, me encantaría tener una pelea con ellos y patearles el culo" murmuró Emmett.
- "Emmett" le advirtió Carlisle - "¿Recuerdas el tratado?".
Emmett asintió derrotado.
"¿Los lobos? ¿El Tratado?" Pregunté. Me acordé de algunas cosas que Jacob me había mencionado en la playa. Pero ¿podrían ser verdad? Bueno, las cosas que había dicho sobre los Cullen fueron ciertas. ¿Por qué no podía serlo lo de su tribu y los lobos?.
- "Te lo explicaré más tarde. Lo prometo "- murmuró Edward en mi oído.
—No.
—Solía venir de pesca con nosotros durante el verano —me explicó.
Por eso no me acordaba de él. Se me da bien olvidar las cosas dolorosas e innecesarias.
- "Me gustaría poder hacer eso"- suspiró Jasper y Alice le palmeó la mano.
—Ahora está en una silla de ruedas —continuó Charlie cuando no respondí—, por lo que no puede conducir y me propuso venderme su camión por una ganga.
— ¿De qué año es?
Por la forma en que le cambió la cara, supe que era la pregunta que no deseaba oír.
-"Ese camión es de la época de cuando los dinosaurios todavía estaban corriendo" -se rió Emmett entre dientes.
-"Emmett Cullen, será mejor que te disculpes por lo que acabas de decir" Le dije.
-"Wow., que valiente. Eres mi humana favorita. ¿Vas a hacerme daño?" -preguntó riendo.
-No, pero le pediré a Edward que lo haga. Estoy segura de que estará encantado de hacerlo por mí y estoy segura de que no ha olvidado que lo llamaste Eddie" -Le sonreí con dulzura.
- "Malvada" murmuró. todo el mundo se echó a reír al ver su expresión.
—Bueno, Billy ha realizado muchos arreglos en el motor. En realidad, tampoco tiene tantos años.
Esperaba que no me tuviera en tan poca estima como para creer que iba a dejar pasar el tema así como así.
— ¿Cuándo lo compró?
—En 1984... Creo.
— ¿Y era nuevo entonces?
—En realidad, no. Creo que era nuevo a principios de los sesenta, o a lo mejor a finales de los cincuenta —confesó con timidez.
— ¡Papá, por favor! ¡No sé nada de coches! No podría arreglarlo si se estropeara y no me puedo permitir pagar un taller.
- "Lo haré por ti, amor." me sonrió Edward.
Mi corazón dio un vuelco al oír la palabra amor. Aún me era difícil de creer que esta criatura perfecta, me amara.
- "Gracias". Murmuré, un rubor cubrió mis mejillas y el paso una mano por ellas de manera delicada.
-"O simplemente puedo comprarte uno nuevo." suspiró. Rodé los ojos.
—Nada de eso, Bella, el trasto funciona a las mil maravillas. Hoy en día no los fabrican tan buenos.
El trasto, repetí en mi fuero interno. Al menos tenía posibilidades…
- "¿Posibilidades para qué?" murmuró Rosalie.
Todo el mundo se volvió hacia ella sorprendidos de que hubiese hablado por fin.
como apodo.
— ¿Y qué entiendes por barato?
Después de todo, ése era el punto en el que yo no iba a ceder.
—Bueno, cariño, ya te lo he comprado como regalo de bienvenida.
Charlie me miró de reojo con rostro expectante.
- "Que dulce"- Suspiró Esme.
Vaya. Gratis.
—No tenías que hacerlo, papá. Iba a comprarme un coche.
—No me importa. Quiero que te encuentres a gusto aquí.
Charlie mantenía la vista fija en la carretera mientras hablaba. Se sentía incómodo al expresar sus emociones en voz alta. Yo lo había heredado de él, de ahí que también mirara hacia la carretera cuando le respondí:
—Es estupendo, papá. Gracias. Te lo agradezco de veras.
Resultaba innecesario añadir que era imposible estar a gusto en Forks.
- "Estabas completamente equivocada"- chirrió Alice.
-"Sí, y no me importa" -Le sonreí. "Realmente vale la pena vivir aquí" añadí en voz baja pero me oyeron, por supuesto. Edward apretó los brazos alrededor de mí y enterró su rostro en mi pelo mientras los demas nos miraban sonriendo. Bueno todos, excepto Rosalie, por supuesto.
él no tenía por qué sufrir conmigo.
- "Tan desinteresada"- Suspiró Edward.
Y a caballo regalado no le mires el diente, ni el motor.
—Bueno, de nada. Eres bienvenida —masculló, avergonzado por mis palabras de agradecimiento.
Intercambiamos unos pocos comentarios más sobre el tiempo, que era húmedo, y básicamente ésa fue toda la conversación. Miramos a través de las ventanillas en silencio.
El paisaje era hermoso, por supuesto, no podía negarlo. Todo era de color verde: los árboles, los troncos cubiertos de musgo, el dosel de ramas que colgaba de los mismos, el suelo cubierto de helechos. Incluso el aire que se filtraba entre las hojas tenía un matiz de verdor.
Era demasiado verde, un planeta alienígena.
Edward se rió entre dientes a mi lado.
-"Realmente es diferente a Phoenix, ¿no es cierto"- Preguntó Esme.
-"Totalmente lo opuesto".
Finalmente llegamos al hogar de Charlie. Vivía en una casa pequeña de dos dormitorios que compró con mi madre durante los primeros días de su matrimonio. Ésos fueron los únicos días de su matrimonio, los primeros.
- "Es tan triste" suspiró Esme "¿Alguna vez te has preguntado, como sería si hubiesen seguido juntos?".
- "Hmm ... sí. Cuando era pequeña lo deseaba a menudo. Pero ahora no" Negué con la cabeza.
-"¿Por qué?" Edward preguntó con curiosidad. Estaba ansioso por aprender algo nuevo de mí.
- "Ahora puedo entender que no hubiese sido bueno para ninguno de nosotros. Son demasiado diferentes. En casi todo. En su forma de ver el mundo o en las cosas que esperan de la vida. Charlie es muy unido, mientras que Renee es más de espíritu libre. Nunca habrían sido felices juntos" Edward asintió con la cabeza, pensativo.
Allí, aparcado en la calle delante de una casa que nunca cambiaba, estaba mi nuevo monovolumen, bueno, nuevo para mí. El vehículo era de un rojo desvaído, con guardabarros grandes y redondos y una cabina de aspecto bulboso. Para mi enorme sorpresa, me encantó. No sabía si funcionaría, pero podía imaginarme al volante. Además, era uno de esos modelos de hierro sólido que jamás sufren daños, la clase de coches que ves en un accidente de tráfico con la pintura intacta y rodeado de los trozos del coche extranjero que acaba de destrozar.
"Eso es lo único bueno de esa cosa, especialmente para ti que eres un imán para el peligro"- susurró Edward burlonamente.
— ¡Caramba, papá! ¡Me encanta! ¡Gracias!
Ahora, el día de mañana parecía bastante menos terrorífico. No me vería en la tesitura de elegir entre andar tres kilómetros bajo la lluvia hasta el instituto o dejar que el jefe de policía me llevara en el coche patrulla.
- "Todo comienzo es duro" Me sonrió Esme.
—Me alegra que te guste —dijo Charlie con voz áspera, nuevamente avergonzado.
Subir todas mis cosas hasta el primer piso requirió un solo viaje escaleras arriba. Tenía el dormitorio de la cara oeste, el que daba al patio delantero. Conocía bien la habitación; había sido la mía desde que nací.
-"¿Ya le hiciste un lugar a Edward en tu habitación Bella?" Preguntó Emmett y yo lo mire confundida. "Pasa mucho tiempo ahí, prácticamente vive contigo" Se echó a reír.
Miré a Edward que estaba lazándole dagas a su hermano con los ojos durante unos instantes. Luego sus ojos brillantes me vieron, y juro que si pudiese sonrojarse, en este momento lo estaría.
-"Ya te dije que había pasado casi todas las noches en tu habitación por un tiempo" se encogió de hombros, pero mirando con recelo a Emmett.
- "Y por las tardes y fines de semana y ..."
- "¡Basta Emmett!" Edward le gruñó.
Tal vez debería estar asustada porque prácticamente me seguía a todas partes y supervisaba todos mis movimientos. Pero no sentí miedo, me complace saber que me había encontrado tan fascinante que no podía permanecer lejos de mí ni por un segundo.
Lo besé en la mandíbula con cuidado y apartó la mirada de su hermano y me miró sorprendido.
- "Te amo" -Susurré y el me sonrió torcidamente.
- "Yo también te amo." susurró acariciando mi mejilla con cariño cuando yo apoyé la cabeza en su hombro.
- "Son tan lindos." Alice suspiró feliz y vi por la esquina de mis ojos como Esme y Carlisle se miraron con alegría.
El suelo de madera, las paredes pintadas de azul claro, el techo a dos aguas, las cortinas de encaje ya amarillentas flanqueando las ventanas... Todo aquello formaba parte de mi infancia. Los únicos cambios que había introducido Charlie se limitaron a sustituir la cuna por una cama y añadir un escritorio cuando crecí.
- "Pobre hombre. Debe haber sido duro para él" dijo Esme. Miré hacia el suelo de manera culpable. Ella tenía razón. Charlie debe haber sufrido mucho en los últimos años.
- "No es culpa tuya, Bella." Dijo Jasper y sentí una ola de calma.
- "Gracias" Le sonreí agradecida y él asintió.
Encima de éste había ahora un ordenador de segunda mano con el cable del módem grapado al suelo hasta la toma de teléfono más próxima. Mi madre lo había estipulado de ese modo para que estuviéramos en contacto con facilidad. La mecedora que tenía desde niña aún seguía en el rincón.
- "Ese es mi mueble favorito de tu habitacion" sonrió Edward.
Sólo había un pequeño cuarto de baño en lo alto de las escaleras que debería compartir con Charlie. Intenté no darle muchas vueltas al asunto.
- "Uhhh ... sólo un cuarto de baño. No me puedo imaginar como sería eso" se quejó Alice.
Miré a Edward enarcando mi ceja a modo de interrogación, pero él negó con la cabeza, y luego hundió su cara en mi pelo tratando de disimular la risa.
Una de las cosas buenas que tiene Charlie es que no se queda revoloteando a tu alrededor. Me dejó sola para que deshiciera mis maletas y me instalara, una hazaña que hubiera sido del todo imposible para mi madre. Resultaba estupendo estar sola, no tener que sonreír ni poner buena cara; fue un respiro que me permitió contemplar a través del cristal la cortina de lluvia con desaliento y derramar algunas lágrimas. No estaba de humor para una gran llantina. Eso podía esperar hasta que me acostara y me pusiera a reflexionar sobre lo que me aguardaba al día siguiente.
- "¿Qué significa llantina?" preguntó Emmett
- "Hmmm ... ¿tal vez lloraba? - preguntó Jasper con sarcasmo.
Me reí entre dientes.
El aterrador cómputo de estudiantes del instituto de Forks era de tan sólo trescientos cincuenta y siete, ahora trescientos cincuenta y ocho. Solamente en mi clase de tercer año en Phoenix había más de setecientos alumnos. Todos los jóvenes de por aquí se habían criado juntos y sus abuelos habían aprendido a andar juntos. Yo sería la chica nueva de la gran ciudad, una curiosidad, un bicho raro.
- "Oh mi amor." Suspiró Esme y acarició la mano que estaba entrelazada con Edward.
Sentí tanta alegría de que su familia me aceptara de manera tan abierta. Bueno, no todas las personas, pero la mayoría de ellos.
- "Tú no eres un monstruo, Bella." Gruñó Edward.
- "Por lo menos no tanto como nosotros." dijo Emmett con orgullo.
- "¿Te refieres solo a ti, verdad?" preguntó Jasper y Alice rió junto a él.
Tal vez podría utilizar eso a mi favor si tuviera el aspecto que se espera de una chica de Phoenix, pero físicamente no encajaba en modo alguno. Debería ser alta, rubia, de tez bronceada, una jugadora de voleibol o quizá una animadora, todas esas cosas propias de quienes viven en el Valle del Sol.
- "Eres perfecta tal como eres" - Edward frunció el ceño y me derretí en sus brazos.
Por el contrario, mi piel era blanca como el marfil a pesar de las muchas horas de sol de Arizona, sin tener siquiera la excusa de unos ojos azules o un pelo rojo. Siempre he sido delgada, pero más bien flojucha y, desde luego, no una atleta. Me faltaba la coordinación suficiente para practicar deportes sin hacer el ridículo o dañar a alguien, a mí misma o a cualquiera que estuviera demasiado cerca.
Me sentí muy, muy avergonzada, y enojada con la yo del libro o conmigo misma o lo que sea.
- "Bella". Edward suspiró y me limpió mis lágrimas con sus pálidos dedos. Ni siquiera me di cuenta de que había empezado a llorar.
- "Esto es tan vergonzoso, Edward, sigue siendo raro para mi escuchar todo esto, porque son mis pensamientos. Exactamente lo mismo que pensé cuando me mudé aquí" Murmuré en su pecho.
- "Bella, ¿quieres saber un secreto?" Preguntó frotando mi espalda. Me limité a asentir.
- "Una de las razones por las que me enamore de ti, fue por tu torpeza. Es adorable. Yo nunca cambiaría eso"
- "¿Seguro?" Pregunté sin levantar la cabeza.
- "Estoy completamente seguro"- me besó en la frente.
- "Está bien" Murmuré, y el se rió entre dientes.
- "Y me encanta escuchar tus pensamientos a través de este libro. Ya me siento más cerca de ti y todavía falta casi todo el libro por leer. Y los otros tres también"- señaló a los libros sobre la mesa.
"Todos nos sentimos de esa manera, Bella."sonrió Alice asintiendo con la cabeza.
Después de colocar mi ropa en el viejo tocador de madera de pino, me llevé el neceser al cuarto de baño para asearme tras un día de viaje. Contemplé mi rostro en el espejo mientras me cepillaba el pelo enredado y húmedo. Tal vez se debiera a la luz, pero ya tenía un aspecto más cetrino y menos saludable. Puede que tenga una piel bonita, pero es muy clara, casi traslúcida, por lo que su apariencia depende del color del lugar y en Forks no había color alguno.
- "Nosotros tampoco"- Emmett se encogió de hombros.
Mientras me enfrentaba a mi pálida imagen en el espejo, tuve que admitir que me engañaba a mí misma. Jamás encajaría, y no sólo por mis carencias físicas. Si no me había hecho un huequecito en una escuela de tres mil alumnos, ¿qué posibilidades iba a tener aquí?
-"Bueno, éramos tú única oportunidad." Dijo Emmett poniendo la mano sobre su corazón dramáticamente. Me reí.
No sintonizaba bien con la gente de mi edad.
- "Gracias a Dios, somos mas viejos que tú"- suspiro aliviado Emmett.
Bueno, lo cierto es que no sintonizaba bien con la gente. Punto.
-"¡Así que por eso estás en sintonía con Eddie!" gritó Emmett como si hubiese descubierto la cura del cancer.
-"Cállate Emmett" dijo Edward con rabia.
Ni siquiera mi madre, la persona con quien mantenía mayor proximidad, estaba en armonía conmigo; no íbamos por el mismo carril.
-"¿En serio?" preguntó Jasper y yo asentí.
- "Bueno, podemos comprender ese sentimiento." Dijo Alice. "Pero aquí nos tienes a nosotros" - me sonrió.
Edward no dijo nada, sólo me miró con una expresión amorosa en su rostro.
A veces me preguntaba si veía las cosas igual que el resto del mundo. Tal vez la cabeza no me funcionara como es debido.
Pero la causa no importaba, sólo contaba el efecto. Y mañana no sería más que el comienzo.
Aquella noche no dormí bien
- "Yo tampoco"- suspiró Emmett dramáticamente y todos rodaron sus ojos.
ni siquiera cuando dejé de llorar. El siseo constante de la lluvia y el viento sobre el techo no aminoraba jamás, hasta convertirse en un ruido de fondo. Me tapé la cabeza con la vieja y descolorida colcha y luego añadí la almohada, pero no conseguí conciliar el sueño antes de medianoche, cuando al fin la lluvia se convirtió en un fino sirimiri.
Edward me atrajo hacia el de manera protectora.
A la mañana siguiente, lo único que veía a través de la ventana era una densa niebla y sentí que la claustrofobia se apoderaba de mí. Aquí nunca se podía ver el cielo, parecía una jaula.
- "Bienvenida a nuestro mundo" - dijo Rosalie con amargura.
El desayuno con Charlie se desarrolló en silencio. Me deseó suerte en la escuela y le di las gracias, aun sabiendo que sus esperanzas eran vanas. La buena suerte solía esquivarme.
- "Parece que si"- murmuró Edward. Carlisle se rió de el.
Charlie se marchó primero, directo a la comisaría, que era su esposa y su familia. Examiné la cocina después de que se fuera, todavía sentada en una de las tres sillas, ninguna de ellas a juego, junto a la vieja mesa cuadrada de roble. La cocina era pequeña, con paneles oscuros en las paredes, armarios amarillo chillón y un suelo de linóleo blanco. Nada había cambiado. Hacía dieciocho años, mi madre había pintado los armarios con la esperanza de introducir un poco de luz solar en la casa.
- "Él todavía ama a tu madre." Dijo Esme en un tono triste. Carlisle envolvió su brazo alrededor de ella.
Había una hilera de fotos encima del pequeño hogar del cuarto de estar, que colindaba con la cocina y era del tamaño de una caja de zapatos. La primera foto era de la boda de Charlie con mi madre en Las Vegas, y luego la que nos tomó a los tres una amable enfermera del hospital donde nací, seguida por una sucesión de mis fotografías escolares hasta el año pasado. Verlas me resultaba muy embarazoso. Tenía que convencer a Charlie de que las pusiera en otro sitio, al menos mientras yo viviera aquí.
- "Me encantan esas fotos. Eras una niña adorable." dijo Edward "Tal vez debería pedirle a Charlie que me muestre más". sonrió y hundí mi cabeza en mis manos.
en otro sitio, al menos mientras yo viviera aquí.
Era imposible permanecer en aquella casa y no darse cuenta de que Charlie no se había repuesto de la marcha de mi madre. Eso me hizo sentir incómoda.
No quería llegar demasiado pronto al instituto, pero no podía permanecer en la casa más tiempo, por lo que me puse el anorak, tan grueso que recordaba a uno de esos trajes empleados en caso de peligro biológico, y me encaminé hacia la llovizna.
- "¡Que sorpresa, llovía!"- dijo Jasper.
Aún chispeaba, pero no lo bastante para que me calara mientras buscaba la llave de la casa, que siempre estaba escondida debajo del alero que había junto a la puerta, y cerrara
- "¿Por qué todos los humanos esconden la llave debajo del alero? Es tan evidente. No entiendo a los humanos" Edward sacudió la cabeza, me miró y frunció las cejas.
- "No te molestes amor, muchas veces no te entiendo. Pero eso no tiene que ver con el hecho de que seas humana"- Besó mis labios.
- "Los humanos son raros"- Emmett asintió con seriedad.
- "Tú eres un poco extraño, Emmett." Jasper le sonrió.
- "Tiene razón" - Alice asintió con la cabeza y se acurrucó más cerca de Jasper.
- "Sí que la tiene" - Edward se burlaba aún más.
- "Sí, lo dice el niño que oye voces en su cabeza" - murmuró Emmett
-"Bueno, como la única humana en esta casa, Emmett, tengo que decir que eres muy raro." Le dije. Esme y Carlisle trataron de ocultar su risa.
El ruido de mis botas de agua nuevas resultaba enervante. Añoraba el crujido habitual de la grava al andar. No pude detenerme a admirar de nuevo el vehículo, como deseaba, y me apresuré a escapar de la húmeda neblina que se arremolinaba sobre mi cabeza y se agarraba al pelo por debajo de la capucha.
Dentro del monovolumen estaba cómoda y a cubierto. Era obvio que Charlie o Billy debían de haberlo limpiado, pero la tapicería marrón de los asientos aún olía tenuemente a tabaco, gasolina y menta. El coche arrancó a la primera, con gran alivio por mi parte, aunque en medio de un gran estruendo, y luego hizo mucho ruido mientras avanzaba al ralentí. Bueno, un monovolumen tan antiguo debía de tener algún defecto. La anticuada radio funcionaba, un añadido que no me esperaba.
- "Es realmente sorprendente. ¡Qué cosa tan maravillosa!, ¿no te parece, Eddie?" Emmett sonrió burlonamente pero Edward no le hizo caso.
Fue fácil localizar el instituto pese a no haber estado antes. El edificio se hallaba, como casi todo lo demás en el pueblo, junto a la carretera. No resultaba obvio que fuera una escuela, sólo me detuve gracias al cartel que indicaba que se trataba del instituto de Forks. Se parecía a un conjunto de esas casas de intercambio en época de vacaciones construidas con ladrillos de color granate. Había tantos árboles y arbustos que a primera vista no podía verlo en su totalidad. ¿Dónde estaba el ambiente de un instituto?, me pregunté con nostalgia. ¿Dónde estaban las alambradas y los detectores de metales?
- "Esto no es Phoenix Bella"- Se rió Emmett, y yo me sonroje.
Aparqué frente al primer edificio, encima de cuya entrada había un cartelito que rezaba «Oficina principal». No vi otros coches aparcados allí, por lo que estuve segura de que estaba en zona prohibida, pero decidí que iba a pedir indicaciones en lugar de dar vueltas bajo la lluvia como una tonta. De mala gana salí de la cabina calentita del monovolumen y recorrí un sendero de piedra flanqueado por setos oscuros. Respiré hondo antes de abrir la puerta.
En el interior había más luz y se estaba más caliente de lo que esperaba. La oficina era pequeña: una salita de espera con sillas plegables acolchadas, una basta alfombra con motas anaranjadas, noticias y premios pegados sin orden ni concierto en las paredes y un gran reloj que hacía tictac de forma ostensible. Las plantas crecían por doquier en sus macetas de plástico, por si no hubiera suficiente vegetación fuera.
Edward se rió entre dientes y le di un codazo en las costillas, probablemente me harían moretones en mi brazo. Pero, por supuesto, no le hizo daño a el.
Un mostrador alargado dividía la habitación en dos, con cestas metálicas llenas de papeles sobre la encimera y anuncios de colores chillones pegados en el frontal. Detrás del mostrador había tres escritorios. Una pelirroja regordeta con gafas se sentaba en uno de ellos. Llevaba una camiseta de color púrpura que, de inmediato, me hizo sentir que yo iba demasiado elegante.
-" Oh, la señora Cope"- Suspiró Emmett de manera soñadora-"¿No la extrañas, Edward?"-
- "No" - Gruñó Edward y apretó los brazos alrededor de mí.
- "¿Qué pasa muchachos?- Preguntó Esme.
- "Nada."- respondió Edward con rapidez. Demasiado rápido.
- " La señora Cope ha estado seriamente enamorada de Edward. Desde el primer día que lo vio"- dijo Emmett alegremente.
- "¿En serio?" Preguntó Carlisle.
- "Sí". Suspiró Edward y apreté los labios tratando de ahogar la risa al recordar el día en que había tratado de deslumbrar a la pobre mujer para que le cambiara el horario. Ella había caído completamente bajo su hechizo.
- "Ella es casada y casi tres veces mayor que yo, así que tengo que aguantarla" suspiró "Y cada vez que voy a su oficina tengo que escuchar sus fantasías. Es tan ..."
- "Repugnante" Terminó Alice por el.
Esme sacudió la cabeza y no pude aguantar, empecé a reír.
- "¿Me podría decir, señorita Swan, ¿qué tiene de gracioso?" Edward enarcó las cejas.
-"Naadaaa". Me las arreglé para decir.
La mujer pelirroja alzó la vista.
— ¿Te puedo ayudar en algo?
—Soy Isabella Swan —le informé, y de inmediato advertí en su mirada un atisbo de reconocimiento. Me esperaban. Sin duda, había sido el centro de los cotilleos. La hija de la caprichosa ex mujer del jefe de policía al fin regresaba a casa.
Gemí.
- "Buena descripción" Emmett se echó a reír.
—Por supuesto —dijo.
Rebuscó entre los documentos precariamente apilados hasta encontrar los que buscaba.
—Precisamente aquí tengo el horario de tus clases y un plano de la escuela.
Trajo varias cuartillas al mostrador para enseñármelas. Repasó todas mis clases y marcó el camino más idóneo para cada una en el plano; luego, me entregó el comprobante de asistencia para que lo firmara cada profesor y se lo devolviera al finalizar las clases. Me dedicó una sonrisa y, al igual que Charlie, me dijo que esperaba que me gustara Forks. Le devolví la sonrisa más convincente posible.
Los demás estudiantes comenzaban a llegar cuando regresé al monovolumen. Los seguí, me uní a la cola de coches y conduje hasta el otro lado de la escuela. Supuso un alivio comprobar que casi todos los vehículos tenían aún más años que el mío, ninguno era ostentoso. En Phoenix, vivía en uno de los pocos barrios pobres del distrito Paradise Valley. Era habitual ver un Mercedes nuevo o un Porsche en el aparcamiento de los estudiantes. El mejor coche de los que allí había era un flamante Volvo, y destacaba.
- "Oh, aquí vamos. Estoy muy emocionado" gritó Emmett.
- "Emmett, ya sabes lo que va a suceder" Jasper sacudió la cabeza.
- "No importa. Todavía estoy emocionado". Emmett aplaudió.
Edward suspiró y se apretó el puente de la nariz.
Aun así, apagué el motor en cuanto aparqué en una plaza libre para que el estruendo no atrajera la atención de los demás sobre mí.
Examiné el plano en el monovolumen, intentando memorizarlo con la esperanza de no tener que andar consultándolo todo el día. Lo guardé en la mochila, me la eché al hombro y respiré hondo. Puedo hacerlo, me mentí sin mucha convicción. Nadie me va a morder.
- "Qué ironía" dijo Rosalie.
Sabía lo difícil que sería para Edward. Enterré mi cara en el hueco de su cuello y besé su garganta. Mis dedos recorrían su cabello con dulzura y sentí que se relaja bajo mi tacto.
- "Gracias" me sonrió.
Al final, suspiré y salí del coche.
Mantuve la cara escondida bajo la capucha y anduve hasta la acera abarrotada de jóvenes. Observé con alivio que mi sencilla chaqueta negra no llamaba la atención.
Una vez pasada la cafetería, el edificio número tres resultaba fácil de localizar, ya que había un gran «3» pintado en negro sobre un fondo blanco con forma de cuadrado en la esquina del lado este.
- "Realmente no es tan difícil de encontrar una dirección en Forks. Emmett Incluso puede hacerlo." Dijo Jasper.
- "No cuenta. Es un vampiro con memoria fotográfica" dijo Edward. Alice y yo empezamos a reír, mientras que Jasper y Edward chocaban sus manos.
Noté que mi respiración se acercaba a hiperventilación al aproximarme a la puerta. Para paliarla, contuve el aliento y entré detrás de dos personas que llevaban impermeables de estilo unisex.
- "Estas personas realmente no tienen estilo." Alice sacudió la cabeza.
El aula era pequeña. Los alumnos que tenía delante se detenían en la entrada para colgar sus abrigos en unas perchas; había varias. Los imité. Se trataba de dos chicas, una rubia de tez clara como la porcelana y otra, también pálida, de pelo castaño claro. Al menos, mi piel no sería nada excepcional aquí.
- "Seguramente, la de nosotros tampoco" sonrió Emmett.
Entregué el comprobante al profesor, un hombre alto y calvo al que la placa que descansaba sobre su escritorio lo identificaba como Sr. Masón. Se quedó mirándome embobado al ver mi nombre, pero no me dedicó ninguna palabra de aliento, y yo, por supuesto, me puse colorada como un tomate. Pero al menos me envió a un pupitre vacío al fondo de la clase sin presentarme al resto de los compañeros. A éstos les resultaba difícil mirarme al estar sentada en la última fila, pero se las arreglaron para conseguirlo. Mantuve la vista clavada en la lista de lecturas que me había entregado el profesor. Era bastante básica: Bronté, Shakespeare, Chaucer, Faulkner. Los había leído a todos, lo cual era cómodo... y aburrido.
Todos los Cullen suspiraron al mismo tiempo.
- "No tienes idea de que es aburrido" se quejaron al unísono.
Me pregunté si mi madre me enviaría la carpeta con los antiguos trabajos de clase o si creería que la estaba engañando.
- "¡NO!" Emmett gritó con fuerza corriendo hacia mí y yo salté. "Eso sería hacer trampa. No se puede hacer eso".
Lo miré y le devolví la mirada con los ojos muy abiertos, tenía la expresión más divertida que había visto en mi vida.
- "Emmett. No asustes a mi novia, por favor. Ella va a pensar que todos nosotros somos como tú." Dijo Edward en un tono serio.
- "Y, además, haces trampas todo el tiempo, Em" agregó Jasper.
Carlisle sacudió la cabeza ante sus hijos, sonriendo.
Recreé nuestra discusión mientras el profesor continuaba con su perorata.
Cuando sonó el zumbido casi nasal del timbre, un chico flacucho, con acné y pelo grasiento, se ladeó desde un pupitre al otro lado del pasillo para hablar conmigo.
- "¿Eric?" preguntó Edward. Asentí con la cabeza.
—Tú eres Isabella Swan, ¿verdad?
Parecía demasiado amable, el típico miembro de un club de ajedrez.
- "¡Qué pensamiento más bonito!" Edward me besó en la nariz y me ruboricé.
—Bella —le corregí. En un radio de tres sillas, todos se volvieron para mirarme.
- "Pero ¿dónde está Eddie?" preguntó Emmett. Pero nadie le hizo caso.
— ¿Dónde tienes la siguiente clase? —preguntó. Tuve que comprobarlo con el programa que tenía en la mochila.
—Eh... Historia, con Jefferson, en el edificio seis.
Mirase donde mirase, había ojos curiosos por doquier.
—Voy al edificio cuatro, podría mostrarte el camino —demasiado amable, sin duda—. Me llamo Eric —añadió.
Sonreí con timidez.
Edward soltó un bufido, pero no dijo nada.
—Gracias.
Recogimos nuestros abrigos y nos adentramos en la lluvia, que caía con más fuerza. Hubiera jurado que varias personas nos seguían lo bastante cerca para escuchar a hurtadillas. Esperaba no estar volviéndome paranoica.
- "No, tenías razón" Dijo Edward, mostrando mi sonrisa favorita.
—Bueno, es muy distinto de Phoenix, ¿eh? —preguntó.
—Mucho.
—Allí no llueve a menudo, ¿verdad?
—Tres o cuatro veces al año.
—Vaya, no me lo puedo ni imaginar.
- "¿Hace mucho sol?" preguntó Jasper.
—Hace mucho sol —le expliqué.
Le sonreí a Jasper.
—No se te ve muy bronceada.
—Es la sangre albina de mi madre.
Edward empezó a reírse.
Me miró con aprensión. Suspiré. No parecía que las nubes y el sentido del humor encajaran demasiado bien. Después de estar varios meses aquí, habría olvidado cómo emplear el sarcasmo.
- "Si te juntas con nosotros definitivamente no va a pasar" dijo Jasper y me sonrió.
Pasamos junto a la cafetería de camino hacia los edificios de la zona sur, cerca del gimnasio. Eric me acompañó hasta la puerta, aunque la podía identificar perfectamente.
—En fin, suerte —dijo cuando rocé el picaporte—. Tal vez coincidamos en alguna otra clase.
Parecía esperanzado. Le dediqué una sonrisa que no comprometía a nada y entré.
El resto de la mañana transcurrió de forma similar. Mi profesor de Trigonometría, el señor Varner, a quien habría odiado de todos modos por la asignatura que enseñaba, fue el único que me obligó a permanecer delante de toda la clase para presentarme a mis compañeros. Balbuceé, me sonrojé y tropecé con mis propias botas al volver a mi pupitre.
Emmett se echó a reír y me sentí a Edward temblando de risa también.
Después de dos clases, empecé a reconocer varias caras en cada asignatura. Siempre había alguien con más coraje que los demás que se presentaba y me preguntaba si me gustaba Forks. Procuré actuar con diplomacia, pero por lo general mentí mucho.
- "Eso no es agradable, señorita Swan." Susurró Edward. Le saque la lengua.
Al menos, no necesité el plano.
Una chica se sentó a mi lado tanto en clase de Trigonometría como de español, y me acompañó a la cafetería para almorzar. Era muy pequeña, varios centímetros por debajo de mi uno sesenta, pero casi alcanzaba mi estatura gracias a su oscura melena de rizos alborotados. No me acordaba de su nombre, por lo que me limité a sonreír mientras parloteaba sobre los profesores y las clases. Tampoco intenté comprenderlo todo.
- "Déjame adivinar. ¿Jessica Stanley?" Preguntó Alice.
- "Sí. Es ella".
Nos sentamos al final de una larga mesa con varias de sus amigas a quienes me presentó. Se me olvidaron los nombres de todas en cuanto los pronunció. Parecían orgullosas por tener el coraje de hablar conmigo.
- "Ella adora ser el centro de atención. No hay nada de coraje" dijo Edward.
El chico de la clase de Lengua y Literatura, Eric, me saludó desde el otro lado de la sala.
Y allí estaba, sentada en el comedor, intentando entablar conversación con siete desconocidas llenas de curiosidad, cuando los vi por primera vez.
- "Emmett antes de que preguntes, ella está hablando sobre nosotros." Edward gruñó con impaciencia. Me reí entre dientes, mientras que todos los vampiros en la sala estaban esperando con impaciencia lo que iba a suceder.
Se sentaban en un rincón de la cafetería, en la otra punta de donde yo me encontraba. Eran cinco. No conversaban ni comían pese a que todos tenían delante una bandeja de comida. No me miraban de forma estúpida como casi todos los demás, por lo que no había peligro: podía estudiarlos sin temor a encontrarme con un par de ojos excesivamente interesados. Pero no fue eso lo que atrajo mi atención.
Edward me miraba con los ojos muy abiertos, ansiosos. Su boca abierta escuchando fascinado mis pensamientos acerca de esa primera vez que lo vi a él ya su familia.
No se parecían lo más mínimo a ningún otro estudiante. De los tres chicos, uno era fuerte, tan musculoso que parecía un verdadero levantador de pesas, y de pelo oscuro y rizado. Otro, más alto y delgado, era igualmente musculoso y tenía el cabello del color de la miel. El último era desgarbado, menos corpulento, y llevaba despeinado el pelo castaño dorado.
Me cubrí la cara con el pecho de Edward, enrojeciendo furiosamente mientras que él me apretaba más a él. Sus dedos jugueteaban con mi cabello.
Tenía un aspecto más juvenil que los otros dos, que podrían estar en la universidad o incluso ser profesores aquí en vez de estudiantes.
-"Eres muy observadora, Bella" Dijo Carlisle apreciativamente. Me miró sonriendo.
Las chicas eran dos polos opuestos. La más alta era escultural. Tenía una figura preciosa, del tipo que se ve en la portada del número dedicado a trajes de baño de la revista Sports Illustrated, y con el que todas las chicas pierden buena parte de su autoestima sólo por estar cerca. Su pelo rubio caía en cascada hasta la mitad de la espalda.
Rosalie me miró por primera vez en mucho tiempo. Y fue sorprendente que ella no me dirigiera una mala mirada. Sus ojos fueron cuidadosos, desconfiados, pero también curiosos.
La chica baja tenía aspecto de duendecillo de facciones finas, un fideo. Su pelo corto era rebelde, con cada punta señalando en una dirección, y de un negro intenso.
Alice soltó una risita.
Aun así, todos se parecían muchísimo. Eran blancos como la cal, los estudiantes más pálidos de cuantos vivían en aquel pueblo sin sol. Más pálidos que yo, que soy albina. Todos tenían ojos muy oscuros, a pesar de la diferente gama de colores de los cabellos, y ojeras malvas, similares al morado de los hematomas. Era como si todos padecieran de insomnio o se estuvieran recuperando de una rotura de nariz, aunque sus narices, al igual que el resto de sus facciones, eran rectas, perfectas, simétricas.
- "Si, teníamos tiempo sin cazar" dijo Alice.
Pero nada de eso era el motivo por el que no conseguía apartar la mirada.
Continué mirándolos porque sus rostros, tan diferentes y tan similares al mismo tiempo, eran de una belleza inhumana y devastadora. Eran rostros como nunca esperas ver, excepto tal vez en las páginas retocadas de una revista de moda. O pintadas por un artista antiguo, como el semblante de un ángel. Resultaba difícil decidir quién era más bello, tal vez la chica rubia perfecta o el joven de pelo castaño dorado.
- "Parece que fue amor a primera vista." Carlisle nos sonrió burlonamente a Edward y a mi. Me sonrojé aún más, si era posible.
- "Asombroso" murmuró Edward mirándome aún más fascinado. "Todos los humanos piensan primero que solo somos hermosos. Pero ninguno de ellos detalla, todo lo que tu has notado. Ninguno de ellos lo hacen porque sienten en el fondo que somos peligrosos. Su instintos les dicen que se mantengan alejado de nosotros. Pero contigo no fue asi.
-"La segunda cosa que por lo general piensan es en la Envidia. Son celosos de nuestra belleza, dinero, ropa o coches. Pero tu no"
Tomó mi cara entre sus fuertes manos de mármol, sus pulgares me acariciaban las mejillas con suavidad.
- "Eres la mujer más maravillosa que he conocido." murmuró y luego apretó sus labios con los míos con cuidado, pero con pasión.
Mi cuerpo reaccionó de la misma manera que había hecho las pocas veces que había pasado, cuando me besaba. Mi corazón retumbó en mi pecho, mi sangre empezó a correr por mis venas y me olvide de respirar.
- "Respira, mi Bella" susurró contra mis labios dando un último beso pequeño en ellos antes de que se apartara de mí. Me faltaba el aire y trate de calmarme.
Todo el mundo en la sala nos miraba asombrados.
- "Perdón por interrumpir. Por favor, continúa, mamá" dijo Edward.
Esme nos veía muy feliz.
Los cinco desviaban la mirada los unos de los otros, también del resto de los estudiantes y de cualquier cosa hasta donde pude colegir. La chica más pequeña se levantó con la bandeja —el refresco sin abrir, la manzana sin morder— y se alejó con un trote grácil, veloz, propio de un corcel desbocado. Asombrada por sus pasos de ágil bailarina, la contemplé vaciar su bandeja y deslizarse por la puerta trasera a una velocidad superior a lo que habría considerado posible. Miré rápidamente a los otros, que permanecían sentados, inmóviles.
- "No me sorprende que nos hubieses descubierto con el tiempo" murmuró Carlisle "Te has dado cuenta de tantas cosas con sólo vernos por primera vez".
— ¿Quiénes son ésos?—pregunté a la chica de la clase de Español, cuyo nombre se me había olvidado.
Y de repente, mientras ella alzaba los ojos para ver a quiénes me refería, aunque probablemente ya lo supiera por la entonación de mi voz, el más delgado y de aspecto más juvenil, la miró. Durante una fracción de segundo se fijó en mi vecina, y después sus ojos oscuros se posaron sobre los míos.
Edward se estremeció a mi lado.
- "¿Qué?" Le pregunté.
- "Acabo de recordar lo que Jessica estaba pensando en ese momento. No fue agradable" se estremeció de nuevo.
Él desvió la mirada rápidamente, aún más deprisa que yo, ruborizada de vergüenza. Su rostro no denotaba interés alguno en esa mirada furtiva, era como si mi compañera hubiera pronunciado su nombre y él, pese a haber decidido no reaccionar previamente, hubiera levantado los ojos en una involuntaria respuesta.
- "Te llamó por tu nombre, ¿no?" Le pregunté.
- "Sí. En su mente" Edward asintió con la cabeza.
- "Es realmente increíble lo atenta que eres" dijo Carlisle. Él estaba cada vez mas y mas sorprendido.
Avergonzada, la chica que estaba a mi lado se rió tontamente y fijó la vista en la mesa, igual que yo.
- "Uhh. Odio a Jessica." Murmuró Alice.
- "Y ni siquiera tienes que escuchar lo que piensa" gimió Edward. Le froté el brazo para tranquilizarlo.
—Son Edward y Emmett Cullen, y Rosalie y Jasper Hale. La que se acaba de marchar se llama Alice Cullen; todos viven con el doctor Cullen y su esposa —me respondió con un hilo de voz.
- "¿Por qué se tiene que agregar que vivimos juntos?" pregunto Esme.
- "Porque a los ojos de todos el hecho de que todos vivimos juntos mientras Rosalie y Emmett y Alice y Jasper están juntos es uno de los siete pecados capitales. Y les encanta el chisme. Sus pensamientos son muy egoístas y viciosos" explicó Edward.
- "Que chica tan horrible" Esme se quedo sin respiración.
- "No tienes ni idea, mamá." suspiro Edward y apretó los brazos alrededor de mí.
Miré de soslayo al chico guapo.
- "¿Guapo? Edward enarco la ceja. Me encogí de hombros inocentemente.
- "¿Por qué crees que estaba hablando de ti?" preguntó Emmett. "Yo también estaba sentado ahí".
-"Sí Emmett, pero tú no eres su tipo" sonrió Edward. Puse los ojos en blanco.
que ahora contemplaba su bandeja mientras desmigajaba una rosquilla con sus largos y níveos dedos. Movía la boca muy deprisa, sin abrir apenas sus labios perfectos. Los otros tres continuaron con la mirada perdida, y, aun así, creí que hablaba en voz baja con ellos.
¡Qué nombres tan raros y anticuados!, pensé. Era la clase de nombres que tenían nuestros abuelos, pero tal vez estuvieran de moda aquí, quizá fueran los nombres propios de un pueblo pequeño. Entonces recordé que mi vecina se llamaba Jessica, un nombre perfectamente normal. Había dos chicas con ese nombre en mi clase de Historia en Phoenix.
—Son... guapos.
Me costó encontrar un término mesurado.
— ¡Ya te digo! —Jessica asintió mientras soltaba otra risita tonta—. Pero están juntos. Me refiero a Emmett y Rosalie, y a Jasper y Alice, y viven juntos.
Su voz resonó con toda la conmoción y reprobación de un pueblo pequeño, pero, para ser sincera, he de confesar que aquello daría pie a grandes cotilleos incluso en Phoenix.
- "Esa chica es terrible" suspiro Esme.
— ¿Quiénes son los Cullen? —pregunté—. No parecen parientes...
—Claro que no. El doctor Cullen es muy joven, tendrá entre veinte y muchos y treinta y pocos.
- "Eso crees tú" dijo Jasper.
Me pregunté qué edad tendrían en realidad.
Todos son adoptados. Los Hale, los rubios, son hermanos gemelos, y los Cullen son su familia de acogida.
—Parecen un poco mayores para estar con una familia de acogida.
—Ahora sí, Jasper y Rosalie tienen dieciocho años, pero han vivido con la señora Cullen desde los ocho. Es su tía o algo parecido.
—Es muy generoso por parte de los Cullen cuidar de todos esos niños siendo tan jóvenes.
—Supongo que sí —admitió Jessica muy a su pesar. Me dio la impresión de que, por algún motivo, el médico y su mujer no le caían bien. Por las miradas que lanzaba en dirección a sus hijos adoptivos, supuse que eran celos
- "Y tienes razón" dijo Edward.
- "No tienes idea de las oleadas tan fuertes de celos que emana esa chica" se estremeció Jasper.
luego, como si con eso disminuyera la bondad del matrimonio, agregó—: Aunque tengo entendido que la señora Cullen no puede tener hijos.
- "Gracias, cariño." Esme me miró con ojos agradecidos, pero tristes. Carlisle estaba serio, mientras los otros siseaban enfadados.
disminuyera la bondad del matrimonio, agregó—: Aunque tengo entendido que la señora Cullen no puede tener hijos.
Mientras manteníamos esta conversación, dirigía miradas furtivas una y otra vez hacia donde se sentaba aquella extraña familia. Continuaban mirando las paredes y no habían probado bocado.
— ¿Siempre han vivido en Forks? —pregunté. De ser así, seguro que los habría visto en alguna de mis visitas durante las vacaciones de verano.
—No —dijo con una voz que daba a entender que tenía que ser obvio, incluso para una recién llegada como yo—. Se mudaron aquí hace dos años, vinieron desde algún lugar de Alaska.
Experimenté una punzada de compasión y alivio.
-"Interesante combinación. ¿Pero por qué?" pregunto Jasper.
Compasión porque, a pesar de su belleza, eran extranjeros y resultaba evidente que no se les admitía. Alivio por no ser la única recién llegada y, desde luego, no la más interesante.
- "Para mí tú eres la más interesante" murmuró Edward y me ruboricé.
Uno de los Cullen, el más joven, levantó la vista mientras yo los estudiaba y nuestras miradas se encontraron, en esta ocasión con una manifiesta curiosidad. Cuando desvié los ojos, me pareció que en los suyos brillaba una expectación insatisfecha.
- "¿Por qué?" Le pregunté a Edward.
- "Traté de leer tu mente pero no podía." me sonrió. "Aún es frustrante".
— ¿Quién es el chico de pelo cobrizo? —pregunté.
Lo miré de refilón. Seguía observándome, pero no con la boca abierta, a diferencia del resto de los estudiantes. Su rostro reflejó una ligera contrariedad. Volví a desviar la vista.
—Se llama Edward. Es guapísimo, por supuesto, pero no pierdas el tiempo con él. No sale con nadie. Quizá ninguna de las chicas del instituto le parece lo bastante guapa —dijo con desdén, en una muestra clara de despecho. Me pregunté cuándo la habría rechazado.
Todo el mundo se echó a reír.
"El primer año que nos mudamos aquí. Trató de seducirme, una y otra vez, pero la rechacé. Lo más educadamente que pude" explicó Edward. "Pero ella todavía tiene fantasías en su mente acerca de nosotros juntos, frecuentemente" se estremeció. Le besé la mejilla.
Me mordí el labio para ocultar una sonrisa. Entonces lo miré de nuevo. Había vuelto el rostro, pero me pareció ver estirada la piel de sus mejillas, como si también estuviera sonriendo.
- "Lo estaba." me sonrió, entonces apretó sus labios con los míos.
- "¡Oh, qué lindos. Su primera broma interna" arrulló Alice.
Los cuatro abandonaron la mesa al mismo tiempo, escasos minutos después. Todos se movían con mucha elegancia, incluso el forzudo. Me desconcertó verlos. El que respondía al nombre de Edward no me miró de nuevo.
- "Simplemente, no lo notabas " me susurró al oído. Lo mire al instante y él asintió con la cabeza sonriendo.
Permanecí en la mesa con Jessica y sus amigas más tiempo del que me hubiera quedado de haber estado sola. No quería llegar tarde a mis clases el primer día. Una de mis nuevas amigas, que tuvo la consideración de recordarme que se llamaba Angela, tenía, como yo, clase de segundo de Biología a la hora siguiente. Nos dirigimos juntas al aula en silencio. También era tímida.
- "Oh, Angela" suspiró Edward "Me gusta mucho esa chica. Ella tiene una mente muy pura, con pensamientos agradables. Es a menudo mi refugio cuando estoy cansado de todos los pensamientos sucios de los demás "
Le sonreí. También me gustaba mucho Angela.
Nada más entrar en clase, Angela fue a sentarse a una mesa con dos sillas y un tablero de laboratorio con la parte superior de color negro, exactamente igual a las de Phoenix. Ya compartía la mesa con otro estudiante. De hecho, todas las mesas estaban ocupadas, salvo una. Reconocí a Edward Cullen, que estaba sentado cerca del pasillo central junto a la única silla vacante, por lo poco común de su cabello.
Edward se envaró. Su sonrisa desapareció. Le apreté la mano para tranquilizarlo.
Lo miré de forma furtiva mientras avanzaba por el pasillo para presentarme al profesor y que éste me firmara el comprobante de asistencia. Entonces, justo cuando yo pasaba, se puso rígido en la silla. Volvió a mirarme fijamente y nuestras miradas se encontraron. La expresión de su rostro era de lo más extraña, hostil, airada. Pasmada, aparté la vista y me sonrojé otra vez. Tropecé con un libro que había en el suelo y me tuve que aferrar al borde de una mesa. La chica que se sentaba allí soltó una risita
Le acaricié la mejilla. Sus ojos estaban tan triste y enojados al mismo tiempo.
Me había dado cuenta de que tenía los ojos negros, negros como carbón.
- "¿Te asusté?" preguntó Edward. Las manos le temblaban un poco.
- "No pensaba eso" Le dije.
- "Cómo ..."
- "Sólo escucha." Me apretó la mano.
El señor Banner me firmó el comprobante y me entregó un libro, ahorrándose toda esa tontería de la presentación. Supe que íbamos a caernos bien. Por supuesto, no le quedaba otro remedio que mandarme a la única silla vacante en el centro del aula. Mantuve la mirada fija en el suelo mientras iba a sentarme junto a él, ya que la hostilidad de su mirada aún me tenía aturdida.
- "¡Oh Edward!" suspiró Esme preocupada.
No alcé la vista cuando deposité el libro sobre la mesa y me senté, pero lo vi cambiar de postura al mirar de reojo. Se inclinó en la dirección opuesta, sentándose al borde de la silla. Apartó el rostro como si algo apestara. Olí mi pelo con disimulo. Olía a fresas, el aroma de mi champú favorito. Me pareció un aroma bastante inocente.
- "Es increíble como cuentas todo esto, sin asustarte de el, solo estabas confundida por su extraño comportamiento." Dijo Carlisle.
Dejé caer mi pelo sobre el hombro derecho para crear una pantalla oscura entre nosotros e intenté prestar atención al profesor.
Por desgracia, la clase versó sobre la anatomía celular, un tema que ya había estudiado. De todos modos, tomé apuntes con cuidado, sin apartar la vista del cuaderno.
- "Fue una suerte que no lo miraras a los ojos." Dijo Jasper.
- "¿Por qué?" Le pregunté.
- "Desataste al depredador en él. Cuando la presa nos mira a los ojos, sólo nos dejamos llevar por nuestro instinto de caza" explicó.
Edward gruñó.
No me podía controlar y de vez en cuando echaba un vistazo través del pelo al extraño chico que tenía a mi lado. Éste no relajó aquella postura envarada —sentado al borde de la silla, lo más lejos posible de mí— durante toda la clase. La mano izquierda, crispada en un puño, descansaba sobre el muslo. Se había arremangado la camisa hasta los codos. Debajo de su piel clara podía verle el antebrazo, sorprendentemente duro y musculoso. No era de complexión tan liviana como parecía al lado del más fornido de sus hermanos.
- "¿Por qué tu instinto no te gritaba que huyeras? ¿Por qué no tenías miedo de mí? ¿Por qué todavía al darte cuenta de esos detalles te mantenías cerca de mí?" pregunto Edward. Acune su cara entre mis manos con suavidad y miré su expresión torturada.
- "Yo no tenía miedo de ti entonces" Susurré "Y no estoy asustada ahorita" miró hacia abajo pero levantó la cabeza. "Tú no eres un monstruo. Créeme, por favor."
-"Te amo, Bella". suspiró.
No le contesté. Después de un minuto me sonrió débilmente y le devolví la sonrisa.
-"Yo también te amo"
La lección parecía prolongarse mucho más que las otras. ¿Se debía a que las clases estaban a punto de acabar o porque estaba esperando a que abriera el puño que cerraba con tanta fuerza? No lo abrió. Continuó sentado, tan inmóvil que parecía no respirar.
- "¿Te diste cuenta de eso también?" preguntó Jasper.
Asentí con la cabeza.
¿Qué le pasaba? ¿Se comportaba de esa forma habitualmente? Cuestioné mi opinión sobre la acritud de Jessica durante el almuerzo. Quizá no era tan resentida como había pensado.
Edward me miró de manera interrogante. Suspiré.
No podía tener nada que ver conmigo. No me conocía de nada.
Me atreví a mirarle a hurtadillas una vez más y lo lamenté. Me estaba mirando otra vez con esos ojos negros suyos llenos de repugnancia. Mientras me apartaba de él, cruzó por mi mente una frase: «Si las miradas matasen...».
- "¡Oh, preciosa mente …!" Edward suspiró y besó la parte superior de mi cabeza suavemente.
El timbre sonó en ese momento. Yo di un salto al oírlo y Edward Cullen abandonó su asiento. Se levantó con garbo de espaldas a mí —era mucho más alto de lo que pensaba— y cruzó la puerta del aula antes de que nadie se hubiera levantado de su silla.
- "Estamos muy orgullosos de ti, hijo." dijo Carlisle mirando a Edward que me abrazaba con fuerza.
- "Y Bella tiene razón. No eres un monstruo, Edward." Dijo Esme en voz baja. Edward asintió con la cabeza. Suspiré.
Me quedé petrificada en la silla, contemplando con la mirada perdida cómo se iba. Era realmente mezquino. No había derecho. Empecé a recoger los bártulos muy despacio mientras intentaba reprimir la ira que me embargaba, con miedo a que se me llenaran los ojos de lágrimas. Solía llorar cuando me enfadaba, una costumbre humillante .
- ¿Estabas enojada conmigo?" preguntó Edward. Su voz estaba llena de incredulidad. " De todas las emociones que podías haber sentido, sentiste enojo?"
Me sonrojé y le sonreí inocentemente.
- "¿Estoy loca?"
- "Por supuesto que no, tonta. Eres tan increíble". me acarició las mejillas calientes y se echó a reír débilmente, aunque todavía quedaba un poco de dolor en sus ojos topacio.
—Eres Isabella Swan, ¿no? —me preguntó una voz masculina.
Al alzar la vista me encontré con un chico guapo, de rostro aniñado y el pelo rubio en punta cuidadosamente arreglado con gel. Me dirigió una sonrisa amable. Obviamente, no parecía creer que yo oliera mal.
Edward siseó.
—Bella —le corregí, con una sonrisa.
—Me llamo Mike.
- "¿Tu mejor amigo, Mike Newton?" Preguntó Emmett a Edward, quien le dirigió una mirada asesina.
- "Definitivamente tenemos que hacerle algo a ese niño" murmuró Edward.
- "¿Cuál es tu problema con él?" Preguntó Alice.
- "Sus pensamientos son simplemente viles." Gruñó Edward. "Y son mil veces peores desde que Bella se mudó para acá".
—Hola, Mike.
— ¿Necesitas que te ayude a encontrar la siguiente clase?
- "No" gruñó Edward.
- "Edward" le advertí.
—Voy al gimnasio, y creo que lo puedo encontrar.
—Es también mi siguiente clase.
Parecía emocionado, aunque no era una gran coincidencia en una escuela tan pequeña.
Fuimos juntos. Hablaba por los codos e hizo el gasto de casi toda la conversación, lo cual fue un alivio.
- "¿Para que no pensaras en Eddie?" pregunto Emmett. Me sonroje.
Resultó ser la persona más agradable que había conocido aquel día.
-"¿Era la más bonita?" preguntó Edward.
-"Sabes lo que quise decir"
-"Lo siento". susurró entonces picoteado mis labios.
Pero cuando íbamos a entrar al gimnasio me preguntó:
—Oye, ¿le clavaste un lápiz a Edward Cullen, o qué? Jamás lo había visto comportarse de ese modo.
-"Muy gracioso" se quejo Edward.
-"Es realmente divertido." Emmett se echó a reír.
Tierra, trágame, pensé. Al menos no era la única persona que lo había notado y, al parecer, aquél no era el comportamiento habitual de Edward Cullen. Decidí hacerme la tonta.
— ¿Te refieres al chico que se sentaba a mi lado en Biología? pregunté sin malicia.
- "Sigues siendo una pésima actriz" se rió Edward mientras besaba mi mejilla.
—Sí —respondió—. Tenía cara de dolor o algo parecido. —No lo sé —le respondí—. No he hablado con él. —Es un tipo raro —Mike se demoró a mi lado en lugar de dirigirse al vestuario—. Si hubiera tenido la suerte de sentarme a tu lado, yo sí hubiera hablado contigo.
- "Él es realmente un dolor en el culo." murmuró Emmett mirando furtivamente a los ojos con Edward.
- "Emmett!" le advirtió Esme.
- "Lo sentimos Esme" murmuró.
- ¿Crees que deberíamos hacer algo con él? " Pregunto Jasper.
- "Definitivamente". Edward hizo una mueca.
Le sonreí antes de cruzar la puerta del vestuario de las chicas. Era amable y estaba claramente interesado, pero eso no bastó para disminuir mi enfado.
- "¿Así que no fue suficiente para sacarme de tu cabeza bonita?" me preguntó Edward frotando su nariz contra mi mejilla.
- "Definitivamente no". Negué con la cabeza sonrojándome.
- "Espero que siempre sea asi" sonrió.
El entrenador Clapp, el profesor de Educación física, me consiguió un uniforme, pero no me obligó a vestirlo para la clase de aquel día. En Phoenix, sólo teníamos que asistir dos años a Educación física. Aquí era una asignatura obligatoria los cuatro años. Forks era mi infierno personal en la tierra en el más literal de los sentidos.
Fruncí el ceño. Odiaba E.F. (Educación Fisica)
Contemplé los cuatro partidillos de voleibol que se jugaban de forma simultánea. Me dieron náuseas al verlos y recordar los muchos golpes que había dado, y recibido, cuando jugaba al voleibol.
- "Impresionante. Definitivamente tengo que verte jugar un día" se echó a reír Emmett.
Gemí.
Al fin sonó la campana que indicaba el final de las clases. Me dirigí lentamente a la oficina para entregar el comprobante con las firmas. Había dejado de llover, pero el viento era más frío y soplaba con fuerza. Me envolví con mis propios brazos para protegerme.
Estuve a punto de dar media vuelta e irme cuando entré en la cálida oficina.
- "¿Por qué? ¿Qué pasó?" Preguntó Emmett.
- "Yo estaba ahí". Dijo Edward
Edward Cullen se encontraba de pie, enfrente del escritorio. Lo reconocí de nuevo por el desgreñado pelo castaño dorado. Al parecer, no me había oído entrar. Me apoyé contra la pared del fondo, a la espera de que la recepcionista pudiera atenderme.
Estaba discutiendo con ella con voz profunda y agradable. Intentaba cambiar la clase de Biología de la sexta hora a otra hora, a cualquier otra.
- "¿Lo intentaste?" Preguntó Carlisle.
- "Sí. Pensé que sería suficiente. Pero no fue posible y cuando ella entró en esa pequeña oficina ... " Edward cerró los ojos haciendo una mueca.
Le acaricié la cara, sus ojos se abrieron de inmediato y me sonrió.
No me podía creer que eso fuera por mi culpa. Debía de ser otra cosa, algo que había sucedido antes de que yo entrara en el laboratorio de Biología. La causa de su aspecto contrariado debía de ser otro lío totalmente diferente. Era imposible que aquel desconocido sintiera una aversión tan intensa y repentina hacia mí.
Edward frunció el ceño.
La puerta se abrió de nuevo y una súbita corriente de viento helado hizo susurrar los papeles que había sobre la mesa y me alborotó los cabellos sobre la cara. La recién llegada se limitó a andar hasta el escritorio, depositó una nota sobre el cesto de papeles y salió, pero Edward Cullen se envaró y se giró —su agraciado rostro parecía ridículo— para traspasarme con sus penetrantes ojos llenos de odio. Durante un instante sentí un estremecimiento de verdadero pánico, hasta se me erizó el vello de los brazos. La mirada no duró más de un segundo, pero me heló la sangre en las venas más que el gélido viento. Se giró hacia la recepcionista y rápidamente dijo con voz aterciopelada:
- "Te asusté" murmuró Edward.
- "Yo estaba enojada y confundida" dije pasando la mano por su cabello. Suspiró.
—Bueno, no importa. Ya veo que es imposible. Muchas gracias por su ayuda.
Giró sobre sí mismo sin mirarme y desapareció por la puerta.
Me dirigí con timidez hacia el escritorio —por una vez con el rostro lívido en lugar de colorado— y le entregué el comprobante de asistencia con todas las firmas.
— ¿Cómo te ha ido el primer día, cielo? —me preguntó de de forma maternal.
- "Maravillosamente. Gracias a nuestro querido hermano." Emmett se echó a reír.
—Bien —mentí con voz débil.
No pareció muy convencida.
Cuando llegué a la camioneta, era casi la última en el estacionamiento. Parecía un paraíso, era la cosa mas cercana que tenía a casa en este agujero verde y húmedo. Me senté en el interior por un rato, simplemente mirando a través del parabrisas sin comprender. Pero pronto se enfrío lo suficiente y tuve necesidad de prender la calefacción, así que di vuelta la llave y el motor rugió. Me dirigí a casa de Charlie, conteniendo las lágrimas todo el trayecto.
- "Estabas llorando". Murmuró Edward.
- "No" Le dije.
- "Siento mucho haberte lastimado" me acarició la mejilla.
- "Oh, Edward. No es necesario pedir disculpas. No hiciste nada malo".
- "Pero ..." empezó pero yo le puse un dedo en los labios.
"Tú fuiste muy fuerte y estoy orgullosa de ti. Igual que tu familia. Confía en nosotros, por favor." Lo miré y finalmente asintió. Luego me abrazó mas fuerte.
- "Este fue el final del capítulo." Dijo Esme.
- "Voy a leer a continuación." Dijo Carlisle y Esme le entregó el libro.
