Disclaimer: Ni Draco ni Hermione me pertenecen, pero su amor sí!
Note: Sé que es un poco tedioso estar leyendo todo lo que está en cursiva, pero es para diferenciar los diálogos en los recuerdos de Draco.
¿Cuántas veces te hice llorar, Hermione?
Parte II
"No tengo miedo al fuego eterno
Tampoco a esos cuentos amargos
Pero el silencio es algo frío
Y mis inviernos son muy largos"
Fue tan humillante, el "octavo" año en Hogwarts. El Ministerio no había encontrado mejor forma de castigarme por los servicios que mi familia había prestado durante la guerra, que enviándome de regreso al colegio para terminar mis estudios (como si eso les importara). Seguía siendo Slytherin, pero definitivamente ahora era diferente. Ahora hasta los Hufflepuff creían que podían enviarme miradas desdeñosas o de desprecio. ¡Los Hufflepuff!
Estaba solo, completamente solo: ni Theo, ni Blaise, ni Gregory regresarían… ni siquiera la que se hacía llamar mi mejor amiga, Pansy. La muerte de Vincent los había afectado de alguna manera a todos ellos, y habían decidido cosas distintas a las que yo estaba obligado. Sólo me quedaba compartir momentos con la insoportable de Astoria, ¡cómo la odiaba!
Pero, a pesar de todo esto, les haría saber que aunque el linaje ahora ya no importara, seguía siendo cierto. Te lo haría saber a ti, a ti, sangresucia.
Tú eras Premio Anual, por supuesto. Eras una heroína, ahora todos te conocían, todos te admiraban, todo te querían. ¿Cómo meterme contigo sin que todo el colegio me odiara por eso? ¿Cómo hacerte llorar sin correr el riesgo a que me matasen?
Ideé otro plan para meterme contigo, para hacerte sufrir sin levantar sospechas: haría que te enamoraras de mí, y yo te rechazaría tajantemente. Era ideal, ¿qué podía salir mal?
Más tarde me daría cuenta de que me saldría el tiro por la culata.
Mis compañeros de cuarto no me hablaban, y no es que me importara tener amigos, sólo se me hacía difícil concebir la idea de que alguien no se inmutara por mí.
Llámame egocéntrico, pero sabes que soy así.
Los profesores me trataban con una dura amabilidad, pero había algunos que de vez en cuando me veían con recelo y ceños fruncidos. Me tenían, como quien dice, "entre ceja y ceja".
Y sabía que tú también, cosa que usaría a mi favor.
Filch seguía siendo el mismo squib de siempre, así que era fácil persuadirlo y que cayera por mi encanto Slytherin. Me dejaba andar por los pasillos del castillo a mis anchas.
Pero tú no.
No sé si sufrías de insomnio igual que yo, o si sentías algún tipo de obsesión por acecharme y perseguirme, pero siempre estabas ahí, en los momentos donde buscaba estar solo, cuando me sentía más solo.
Todo comenzó en la Torre de Astronomía. Yo estaba repantingado contra la pared de piedra, observando las estrellas y pensando en mi incierto futuro; cuando tú caminaste directo hacia mí, decidida.
-"Sabes que no puedes estar aquí, Malfoy"- dijiste con esa voz aflautada. Yo rodé los ojos, irritado.
-"Me importa un cuerno, sangres…"
-"Cuidado con lo que dices, no querrás que…"
-"¿Que qué? ¿Qué le digas a McGonagall? Adelante, Granger, acúsame si quieres, lo mejor que pueden hacer es expulsarme"
Y como sabías que eso era lo que yo más quería, te sorbiste el orgullo y te diste media vuelta.
Así empezó nuestra extraña alianza; cada noche me encontrabas ahí, en el mismo lugar, y me saludabas amargamente, yo te ladraba un insulto y antes de irte, soltabas un bufido. Poco a poco me acostumbré a que me buscaras, incluso te esperaba cuando ya estabas tarde. Pero siempre llegabas.
Así pasaron varias semanas, donde nos sentábamos por horas, en silencio, sólo compartiendo el cielo y el tiempo
-"Sabes que mañana tienen clase de Astronomía aquí"- dijiste en uno de nuestros largos silencios. Y no era una pregunta, quizás una insinuación, una intriga.
-"Estaré en el Bosque Prohibido"- te dije.
-"Pero sabes que está pro…"- empezaste a decir, pero te callé con una mirada larga. Una mirada socarrona, porque hacía mucho tiempo que no te dedicaba esas de odio o asco. Tú sonreíste.
-"No llegues tarde"- fue lo que te aconsejé, antes de irme, justo en el alba.
Me quedé esperando unos minutos, apoyado contra un árbol y con ambas manos detrás de la cabeza. Los sonidos que producía el bosque en la oscuridad ya no me asustaban, no después de lo que había vivido. Oí que te acercabas con paso cauteloso, temerosa.
-"Llegas tarde"
-"¡Dios, no me asustes así!"- brincaste, con la varita izada.
-"Para ser una heroína, eres bastante miedosa, Granger."
-"Sí, bueno, el miedo me hace actuar. ¿Por qué estabas escondiéndote?"
-"No me escondía."- repuse con calma.- "¿Sabes? Quizás deberíamos acordar un lugar en especial."
-"¿Especial?"
-"Sí."- te sonrojaste cuando respondí. En ese entonces no supe por qué, pero ahora creo que vengo a darme cuenta. ¿Creíste que quería tener un lugar especial?
-"¿Q-qué tal La Sala de los Menesteres?"- propusiste, y de ahí en adelante mudamos todos nuestros encuentros a ese lugar.
-"¡No me digas que no sabías de esto!"- me gritaste la primera vez que entraste.-"¿Qué creíste que iba a pasar, Malfoy?"- sí, estabas indignada.
-"¡No fue a propósito, Granger! Yo no sabía lo que quería, el cuarto apareció esto…"- excusé. Bueno, sólo una vez antes había usado la Sala, y era para otro propósito. Ahora quería un lugar para que nosotros podamos conversar… de verdad.
-"¡Una cama! ¡Y matrimonial!"- chillaste, horrorizada.
-"Escucha"- puse mis palmas hacia arriba, como una rendición.- "Lo único que deseé fue un lugar tranquilo. Además, si lo piensas bien, es lógico que el cuarto hiciera aparecer una cama… ya que ni tú ni yo podemos conciliar el sueño y…"- Guau, nunca antes me había quedado sin palabras. Nadie nunca me había hecho tartamudear tanto en una sola oración.
-"Tal vez podría hacerte una poción para que bebas y puedas dormir"- ofreciste.
-"¿Por qué querría hacer eso?"-te pregunté como un acto reflejo. Ambos nos quedamos mirando por diez segundos completos, acoplando nuestras respiraciones y tratando de descifrar un millón de cosas a la vez. Tal vez había sido un poco obvio, pero tú no pudiste decir ni una sola palabra.- "Prometo que no haremos nada que no quieras…"
-"Oh, cállate y entra de una vez."- dijiste aún molesta, empujándome del brazo para ingresar. Mi vista periférica captó un asomo de sonrisa que bailoteaba en la comisura de tus labios.
No sé si estabas nerviosa, o querías vengarte y aburrirme hasta la muerte con tus conocimientos, pero por alguna razón comenzaste a hablarme del insomnio, sus causas y sus consecuencias. Supongo que una de mis causas era el estrés post traumático, sea lo que sea que eso fuera, fue lo poco que entendí de tus extensas explicaciones científicas.
En algún momento cerré los ojos, somnoliento. Iba a decirte que tu voz era el perfecto arrullo, y me referiría a tus pesados datos sobre lo que ambos padecíamos, pero lo reservé porque bien podías interpretarlo de otra forma. Otra forma que no quería que supieras. Así que después de varios minutos de habladuría, mi cabeza terminó en tu regazo.
-"Tienes el pelo tan suave."- susurraste, peinándome con tus dedos. Yo entreabrí los ojos, dándome cuenta de lo que estabas haciendo. Estabas tan roja.
-"No puedo decir lo mismo…"
-"¡Eres tan molesto! Justo cuando pienso que puedo hablar contigo, sales con esas cosas."- me reí, interrumpiendo tu reprenda.- "¿Dije algo gracioso?"
-"Si a eso le llamas conversar…"- tu rostro empezó a adoptar esa forma de indignación, así que antes de que pudieras abrir la boca, seguí.- "Sé que tienes que probarte que todavía eres inteligente, Granger, y no lo tomes a mal, pero tus palabras me duermen".- te estudié, mientras debatías internamente. Relajaste el ceño.
-"Vaya, cruda sinceridad."- dijiste, tiesa como una varita.- "Tal vez prefieras morirte de sueño".- rodé los ojos, te conocía lo suficiente como para saber que te habías resentido, pero aún así no protestaste que yo siguiera recostado.
-"¿Por qué no me cuentas otra cosa?"- pregunté, con deseos de seguir así… Me revolví.
-"¿Te refieres a un cuento muggle?"- y antes de que me negara, volviste a emocionarte-" ¡Me sé muchos! Está Cenicienta, Blancanieves, La Bella Durmiente, La Sirenita… oh, La Bella y la Bestia…"- todos sonaban terriblemente cursis, pero tu rostro estaba tan iluminado por la ilusión que no pude resistirme a escucharlos de tu boca.
Te oí por horas, cada cuento. No tenías uno favorito, porque cuando empezabas a nombrar las cosas que te gustaban de uno, en seguida saltabas a otro. Me sorprendía que los muggles estuvieran tan fascinados con la magia, dado que todos los villanos la utilizaban.
Poco a poco fui adentrándome en ese lugar donde nada importa, donde nada hace daño. Mis ojos se cerraron fácilmente y caí en la inconsciencia.
Cuando abrí los ojos, supe que serían alrededor de las siete de la mañana. Me tomé unos momentos para relajarme antes de empezar el día, hacía tiempo que no dormía tan bien, tantas horas seguidas.
Entonces lo recordé. Recordé dónde estaba y con quién.
Ladeé la cabeza y vi que estabas recostada en la cama, durmiendo pacíficamente. En alguna hora tú tampoco pudiste huirle al cansancio, así que decidiste dormir aquí. Mi cabeza estaba apoyada en tu vientre, y tu mano estaba ensortijada en mi cabello todavía. Sin advertírmelo, acuné mi rostro contra tu mano, sintiendo su suavidad y textura.
Coco. Qué agradable aroma.
Me separé de un salto, incómodo y sonrojado. Mi corazón latía rápidamente, y me sorprendió que todavía siguiera perdiendo mi autocontrol. Tú también saltaste, asiendo tu varita y buscando por la amenaza que nos había despertado, pero cuando me viste a mí, viéndote de regreso con una expresión alarmada, te sonrojaste hasta lo infinito.
-"¿Q-qué sucedió?"- mascullaste.
-"Nada."-me miraste con desconfianza, yo rodé los ojos.-"Vamos, Granger, ya amaneció, la gente empezará a especular que te he matado si no llegamos a clases"- te tomé de la muñeca y te arrastré fuera de la cama hacia la salida. Ambos teníamos que ir a nuestras Casas para cambiarnos y bajar al Gran Comedor.
Generalmente todo esto me parecía tedioso, pero algo me decía que hoy iba a ser un buen día.
-"¡Oh! Hola, Granger"- era increíble cómo había cambiado durante el último medio año junto a ti. Antes cuando entraba a la lechucería, iba directamente hacia mi águila sin importarme quién estuviera en la Torre, y me largaba tan pronto tenía mi carta en mano. Si fuera el yo de antes, jamás hubiera saludado a nadie, y menos a un ser inferior como tú.
Te vi absorta en tu carta. Así que me encogí de hombros y fui por mi correspondencia. Pasados unos cinco minutos, la curiosidad se escapaba por mis poros, y empecé a enviarte miradas furtivas para ver qué sucedía.
-"¿Carta de Weasley?"- aventuré, impaciente e inquieto. Tú elevaste la vista hacia mí como si fuera la primera vez que me vieras. Lucías desorientada.
Luego volviste a ver la carta y tus ojos se llenaron de lágrimas. Yo no sabía si llorabas porque era la primera vez que no le había dicho comadreja a la comadreja, o si era por la emoción de lo que sea que te hubiera escrito. No me respondiste al instante, así que terminé de leer mis mensajes sin concentrarme en realidad, porque estaba al pendiente de ti. Después de otros cinco tensos minutos, abriste la boca.
-"Se encontró con Lavender…"- dijiste, con la voz rota.
-"¿Con Brown?"
-"Volvió con Lavender. Ron volvió con Lavender"- repetiste, no a mí, porque ya había entendido la primera vez, te lo repetías a ti misma, como si todavía no te lo pudieras creer, o como si intentaras convencerte de que esa frase no fuera lo que significaba.
Era claro. Él era un imbécil, era obvio que en algún momento iba a hacer algo así, porque el infeliz no se podía contener. Mis músculos se llenaron de rabia y apreté los puños, aunque no sabía qué era lo que me enfurecía más, él por su idiotez, o tú… por tus lágrimas. Quería rugirte, tomarte de los hombros y sacudirte, hacerte entender que no valía la pena llorar por nadie ¡y menos por él! Pero estabas conmocionada, llorando en silencio.
-"Granger…"- me acerqué un paso hacia ti, sin saber muy bien qué decir. Agradecí cuando decidiste interrumpirme.
-"¿Por qué, Malfoy? ¿Valgo tan poco?"- acortaste la distancia de una sola zancada, y envolviste mi cintura con tus brazos. Tu rostro se acomodó en mi pecho y te echaste a llorar quedamente.
Por un segundo me quedé estático, no sabía cómo reaccionar. Antes Pansy había llorado en mis hombros, y yo la había consolado rudamente, gritándole que era una estúpida por llorar por ese bueno para nada. Pero no te podía hacer eso a ti, tú eras diferente a Pansy (eso estaba más que claro), tú eras delicada y... susceptible.
Así que te abracé con todas mis fuerzas para hacerte entender que te apoyaba, que podías contar conmigo, que me importabas… Hundí mi rostro en tu pelo, y para qué lo hice, mi nariz se embriagó con el aroma a almendras que despedías. Qué delicia. No quería separarme de ti, así que te abracé más fuerte aún, y no te solté.
No te solté por diez minutos, en los que dejaste de sollozar poco a poco y después, quieta, oíste los latidos de mi corazón. Tu respiración había vuelto a la normalidad, pero podía sentir que te estremecías ante mi contacto. Yo ya no quería hacerte daño nunca más.
Te separaste unos centímetros para verme a los ojos, y cuando nos cruzamos, tu cuerpo se tensionó por completo. Tenías miedo. Tal vez se debía a que mi rostro estaba duro de expresión: yo tenía aquella máscara de mortífago, metafóricamente.
-"¿Malfoy?"
-"¿Quieres que lo mate?"
-"¡¿Qué?"
-"A Weasley ¿quieres que lo mate?"
-"¡Por supuesto que no! Merlín ¿qué estás diciendo?"- te volviste a abrazar de mí, como intentando relajarme. Yo estaba tan enojado que era capaz de Aparecerme ahora mismo en su pequeña madriguera y matarlo con mis manos, mi varita sería innecesaria.- "No vas a matar a nadie, Malfoy. No te puedo perder a ti también…- tu voz se ahogó, o tú la acallaste tan rápido que pareció que te hubieran sumergido en agua helada.
Eso debió alarmarme también, debió enviarme alguna señal de estás muy lejos de la raya ya, pero… sirvió para calmarme. Me tranquilizó saber que ahora yo era importante para ti, tanto como tú lo eras para mí. Matar a ese desgraciado sólo serviría para separarnos, y eso, a estas alturas, era algo que no podría soportar.
-"Tienes razón."- suspiré, exhalando toda mi ira pesadamente.-"Tienes razón, será mejor que lo olvides, ya viste que no sirve de nada."-me encogí de hombros, incómodo y sin saber muy bien qué palabras eran adecuadas para esta situación.- "Olvídalo y… sal conmigo".
-"¿Q-qué?"
-"Ya oíste. La próxima semana hay excursión a Hogsmeade, ¿no quieres ir?"
-"¡Oh! ¡Oh, sí, claro! H-Hogsmeade… S-sí, me encantaría."
-"Nos tomamos un par de Whiskey de Fuego, o Cerveza de Mantequilla, para las damas".- te señalé, y por primera vez me viste con una mezcla de asombro y admiración.- "¿Qué?"
-"Nada."- pestañeaste.- "Es sólo que… nunca me habías dicho dama."
-"Yo soy todo un caballero, Granger. A menos que prefieras que te llame sangresuuu…"
-"¡Malfoy!"
-"¿Entonces, qué dices? ¿Cabeza de Puerco?"
Te reíste con gracia. ¡Ésa era la actitud que buscaba! Después de nuestra plática, te tomé de la muñeca y te volví a arrastrar al castillo, antes de que tuvieras tiempo a guardar aquella patética carta y volvieras a lloriquear.
Después de aquel día, fuimos inseparables.
Ya estaba bueno ¿no? Que me tuvieras como un demente. No podía dormir, pero era por motivos diferentes esta vez, no podía comer, no podía concentrarme en clases y no podía ni siquiera estar a solas conmigo, porque empezaba a enloquecer.
¡Algo me habías hecho!
Yo nunca había sido una persona nerviosa, pero ahora me echaba a temblar por cualquier minúscula cosa. Tenía que confrontarte, no podía seguir así.
Te cité aquella noche en el Bosque Prohibido, donde creí que sería más seguro, después de todo, nadie iba por allí a estas horas. Me revolvía las manos con inquietud mientras te esperaba, caminando de un lado para otro. Podía sentir un par de ojos a mis espaldas, vigilando mis acciones. Tal vez eran centauros, o trolls, o acromántulas, no me importaba; sólo tenía que ocuparme de ti ahora.
-"¿Malfoy?"- susurraste, y te tuve que tapar la boca con una de mis manos para que no chillaras de horror cuando me viste salir detrás de un árbol, con mi túnica negra encapuchada.
-"Shhh"
-"¡¿Qué demonios? ¿Intentabas matarme del susto?"- me siseaste, irritada. Al ver mi rostro esquizofrénico, retrocediste un paso.-"¿Qué te sucede?"
Pude sentir tu pulso acelerarse, de miedo, de adrenalina, preparada para echar a correr en caso de ser necesario. Pero lo único que yo iba a hacer no tenía nada que ver con la lucha. Te observé profundamente durante casi un minuto completo, clavé mis ojos en los tuyos, te penetré con mi mirada. Tú te estremecías insegura, pero no te moviste un centímetro, estabas paralizada.
Yo estaba tan alterado que me tardé bastante en juntar las palabras en mi cabeza para formar una oración coherente, y usé todas mis fuerzas para no sonar como un vociferador. Pero ganas no me faltaban de gritar.
-"¿Qué me hiciste, Hermione?"- siseé en voz grave.
-"¿Qué?"- preguntaste con voz débil y con los ojos llenos de lágrimas otra vez. ¿Te había hecho llorar? ¡Pero yo no quería eso! ¿Era porque había dicho tu nombre?
-"Por tu culpa no puedo dormir, no puedo comer, no puedo estudiar… Tú eres lo único que ronda mi mente y… ¡me tienes como loco! Tengo tantas ganas de que llegue la noche para poder verte, y cuando me dices que no vas a poder venir, me pongo paranoico y quiero romper cosas. No está bien que hagas esto, Hermione, es cruel".
-"Malfoy…"
-"Digo ¡a mí ni siquiera me gustan los frutos secos! Ah, no me mires como si no supieras de qué hablo, sé que lo has hecho a propósito"- te señalé con un dedo tembloroso.- "Me has vuelto adicto a esos aromas: tu champú de almendras, tu crema humectante de coco, tus ojos avellana, tu cabello castaño, tu perfume de ¿anacardo? ¿Es eso posible? No, me has hecho algo y quiero una explicación."
-"Yo creo que estás enamorado, Draco… Lo cual encuentro irreal"- sorbiste por la nariz antes de volver a continuar.-"No pensé que sentías lo mismo que yo. N-no me atrevía a decir nada porque antes me ha pasado, creo que le gusto a alguien pero me equivoco. No quería que te burlaras de mí… además ¿para qué arriesgar nuestra amistad? Nunca pensé llegar a disfrutar tanto el tiempo contigo…"
-"¿Qué dices?"- escucharte decir mi nombre hizo que me dieran escalofríos. Tus ojos se agrandaron, asustadizos.- "¿S-sientes algo por mí?"- y antes de que te negaras, o de que te echaras a llorar otra vez por no entender lo que quería decir, te grité.-"¡YO TAMBIÉN! ¡Y no sé si es bueno o malo, pero no puedo dejar de pensar en eso y sólo quiero hacer una cosa!"
Me acerqué con determinación, me incliné y te rocé los labios con los míos, contacto ante el cual ambos nos estremecimos. Pude sentir con claridad cómo mis pupilas se dilataban más de lo normal, entonces te tomé de los hombros, te empujé contra ese árbol que tenías a las espaldas, y me encargué de besarte de manera salvaje, como debía ser.
Oh! Tercera parte :O
Trataré de actualizar más rápido.
Gracias por leer
=)
