Chapter 2.

Prov. Riza Hawkeye.

Esto me parece sospechoso en todos los ámbitos, una excusa tan poco creíble como esa es muy típica de un ataque hacia las personas de esta reunión. Espere el momento en el cual se valla, me acerco a la puerta y escucho a ese mismo hombre hablar.

—Nos han informado que unos ex-militares insatisfechos con el nuevo mandato de Central y el apoyo hacia Ishbal han arremetido contra un establecimiento el cual sería abierto dentro de 2 días, esa información fue dicha en la última reunión y como no nos pudieron oír por afuera ya que teníamos todo asegurado para que nadie escuchara se ha deducido que se trata de alguien quien estaba dentro de la reunión ya que todos los presentes están a favor del bien de Ishbal se ha dado a entender que se trabara de un asistente o guardaespaldas quien da información sobre el tema.

Por favor, que conclusión más poco profesional, no esperaría al momento en el cual le hiciera daño a alguno de los presente así que me prepare para abrir la puerta y cuando estaba a punto...

—Me parece estúpida esa conclusión —dijo el General Mustang— puede que se trate de alguien a quien le obligaron hablar de ello, quizás fue una pura coincidencia o haya sido una persona de aquí mismo, uno de los propios de seguridad que "impedían" el que otros escucharan he incluso usted mismo. Eso y un conjunto de otras miles de historias con causas y razones sin sentido.

Al parecer y sin sorpresa alguna, el General ha deducido lo mismo que yo así que preferí esperar al momento justo para abrir la puerta.

—Buena observación Mustang...—dijo el hombre. — Ahora te llego la hora de morir.

Se escuchó una gran cantidad de disparos, no espere ni un segundo más y abrí la puerta a la fuerza, mire al atacante y le dispare en las manos, suficiente para inmovilizarlo y no matarlo. Llegue hasta el General y le extendí sus guantes.

—¿Esta bien señor? —pregunté.

—Sí, ¿y usted?

—Todo bien señor.

Mientras que el buscaba a alguien sospechoso yo me dirigí hacia el atacante, coloque sus manos en la espalda y lo levante del piso, parecía que ese sería el final de todo pero de repente sentí una fuerte punzada y mire hacia abajo y vi una espada incrustada en mi pecho, brota sangre y por más que lo intento no puedo moverme, trato contra mi voluntad no desmayarme pero alguien me da un fuerte golpe en el cuello, mis ojos se cierran lentamente, siento mi caída al suele. Lo último que veo es a Mustang luchar con algunos hombres y lo último que escucho es a él gritar

— ¡Teniente!, ¡resista!, ¡Teniente!

...

Siento unos simples dolores de cabeza, la luz tenuta de la mañana invade mis ojos, no estoy en la sala de reuniones ni mucho menos tengo una espada atravesando mi cuerpo.

—Ya despertó la bella durmiente —dijo alguien atrás de mí.

—¿Eh?...

Alguien planta un dulce beso en mi mejilla, luego veo a Black Hayake correr hacia donde estoy.

—¿Que sucede?, ¿otra pesadilla?

Unos segundos más y reconocí esa voz, me quede en seco... ¿qué está pasando aquí?

—Riza... ¿todo está bien? —preguntó

Miro a mi derecha y me encuentro con un Roy Mustang semidesnudo, con el cabello más alborotado de lo normal, me miro a mi y solo tengo una sábana que me protege de mi desnudes, sigo observando la escena y reconozco el lugar al instante, Black Hayake se lanza a la cama y veo cómo se va deleitando con las caricias dadas por el General.

¿Qué está pasando?, ¿de cuándo acá vivo en la casa de mi padre? y sobre todo ¿desde cuándo tengo una relación con Roy? Debo estar alucinando o teniendo un sueño muy esperanzador.

—Espera... ¿eres Riza Hawkeye... o la Teniente Hawkeye? —preguntó, mirándome.

—Yo... —pronuncie aun sin entender la pregunta.

—Oh... ya veo —dijo levantándose de la cama, sacando sus conclusiones.

Eso lo que pienso y lo único que se me ocurrió, en realidad aún estoy un poco confundida.

—Toma —me extendió un camisa— No creo que te guste estar como estas ahora conmigo.

El caminó hasta una ventana, en ella se veía el puro paisaje de la mañana, me puse la camisa, me levante de la cama y después de acariciar a Black Hayake caminé hasta donde él estaba

—No eres mi Riza, pero sigues siendo igual de hermosa. —hablo mirándome.

—¿A dónde estoy? —pregunté.

—Espiritualmente estas en Tú mundo alterno, físicamente debes estar gravemente herida en un hospital y en términos de alquimia... estas en el hilo de la vida y la muerte o siendo más específicos, estas en el otro lado de la puerta, pero no completamente. —respondió.

—¿Cómo estuvo Ed Elric?

—Sí, aunque deberías recordar este mundo, no es la primera vez que estas aquí.

—¿No?

—Nop, estuviste aquí a ese día que tú misma llamaste El Día Prometido.

Y entonces caigo en cuenta, es verdad, no es la primera vez que tengo un encuentro con un Roy el cual me ve como una mujer, de lo que recuerdo estábamos en la mansión Armstrong en uno de los jardines de la misma pero yo tome eso como una alucinación.

—En este mundo tú eres mi esposa, somos los padrinos de los 2 hijos de Maes, Armstrong es un amigo de nosotros, tienes una estrecha relación con Grumnam ya que es tu abuelo y vivimos aquí en casa de tu padre quien no las dio antes de su muerte. No llegaste a ser Teniente y yo no llegue a ser Coronel.

—¿Así que esta sin conocimiento de la alquimia incendiaria?

—Deje la alquimia, para estar contigo.

—Ya veo...

Sigo mirando hacia el paisaje y siento como me sujeta de la cintura, dándome un beso en el cuello para luego apoyar su mentón en mi hombro de manera cariñosa.

—Yo te amo así seas de otro lugar y sé que otra personita en tu mundo también lo hace pero lo oculta como lo oculte yo en un momento. No te diré que lo esperes, quizá haya alguien que te haga feliz, pero así sea en ambos mundos tú y yo tenemos que estar juntos. Cuando digo esto no me refiero a una unión de amorosa, no... Me refiero a que siempre tendrán una conexión sea cual sea la situación, tenemos que estar juntos pues si se rompe eso...

De repente siento ese mismo dolor de algo incrustándose en mi pecho, al mirarlo es blanco, como una luz.

—Creo que le has ganado a la muerte... otra vez —dijo burlonamente.— Espero que pase mucho tiempo Riza... mucho tiempo, para que regreses aquí. Aun tienes que hacer entrar en razón al General Roy Mustang

Se quitó de donde estaba antes, dando paso a la luz la cual ahora me recorría por todo el cuerpo. Se quedó frente a mí, acerco sus labios a los míos y me dio un suave beso que lentamente se dejaba de sentir...

—¿Dónde...?

Lentamente mi vista dejaba de ser tenue y comenzaba a tener una mejor visión, lo primero que vi fue a una enfermera.

—Cómo se siente señorita Hawkeye —pregunto.

—Bien.

—¿A dormido bien?

—Sí.

—¿Le duele algo en específico?

—No.

—Bueno ¿Desea que le traiga su desayuno?

—Por favor.

La mujer se fue, pasaron unos segundo y se abrió la puerta y me sorprendo ver a las personas que entraron.

—Buenos días Teniente —dijeron el Suboficial Fury, el Teniente Brenda y el Teniente Havoc, dando un saludo militar

—Buenos días —respondí. — ¿Que hacen ustedes aquí?

—Pues... estábamos intentando comunicarnos con usted para darle una sorpresa al General pero cuando llamamos y supimos que estaba aquí, decidimos cancelar todo y venir a visitarle —explico Havoc.

—¿Así que cancelaron una sorpresa para su superior por un subordinado?

—Para nosotros usted es un superior Teniente Hawkeye —respondió Fury.

—Aun así... siento que por mi falla el General se ha perdido de una sorpresa de sus subordinados, estos años ha estado muy ocupado con Ishbal

— ¿Cree que deberíamos intentar hacerle una sorpresa aquí, Teniente? —pregunto Havoc

—Yo no he insinuado tal cosa. —dije mirándolos a todos.

—Creo que debemos hacerlo. Él también está herido —propuso Brenda

—Muy buena idea chicos —hablo entusiasta Fury.

—Bueno, bueno ¿cómo está el General? —pregunte.

—Pues, la enfermera dijo que solo tiene unos que otros dolores musculares y otras cosas, nada del otro mundo, o de lo tipico —respondió Havoc.

—Mmmm, antes de eso. Casi lo olvido, tome Teniente.

Continuara...