AHOGO
La luz de la mañana resplandecía tras las ranuras de las mal cerradas persianas, mientras aspiraba el aire frio que persistía entre las paredes de su alcoba. Pero él seguía ahí, en su cama, casi inmóvil, moviéndose solo lo necesario para evitar el posible dolor en la espalda.
Todo había parecido ser solo un instante, a pesar del cansancio y lo tormentoso de la situación. Aun le afligían las insistentes y repetitivas preguntas que los implacables reporteros no dudaban plantear.
–Es cierto que no fue un accidente? –todos, sin excepción, de distintas formas, habían preguntado lo mismo desde que aquel inevitable hecho sucedió– es cierto que lo hizo por usted? Es cierto que fue un suicidio?
Culpa, de nuevo salía a relucir esa maldita sensación de culpa. Aquel ya incesante interrogatorio aunado a las desdeñosas miradas y la despectiva actitud con que siempre iban acompañadas; habían terminado en sacar a relucir aquella actitud de culpabilidad, en su mayor potencia.
Durante los funerales había sido merecedor de infinidad de comentarios que no hacían más que atormentarle en mayor medida. La gente murmuraba entre sí. Así mismo había sido merecedor de las miradas curiosas, furiosas, reprobatorias, simpáticas, unas cuantas, coquetas; pero sobre todo, las que sin mediar palabra, lo inculpaban de lo sucedido.
Algunos lamentaban la perdida; pero era obvio en algunos otros, que solo habían asistido gracias a su posición como figuras públicas, y solo unos pocos estaban ahí apoyando al rebelde de los escenarios.
Fuese como fuese; no tenía ninguna duda de que a partir de ese momento su vida se complicaría de una manera que quizá, en ese preciso instante, ni siquiera pudo imaginar.
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Sin importar distancias, sin importar si se trataba de un lugar lejano como Londres u otro más cercano como New York; las noticias referentes a ciertos eventos sociales siempre llegaban incluso más allá de ciudades como por ejemplo: Chicago. Donde el patriarca de la familia Andrew, al enterarse de esa función tan peculiar, no dudo en pedir a su secretaria que hiciera todo lo posible por reservar un palco.
Avisar a todos los integrantes de su familia, excepto a los apellidados Leegan, no le llevo más que un par de días, mientras que la organización del viaje quedo en manos de George, quien también había sido invitado a acompañarles. Sin embargo, Candy fue la última en enterarse, una vez que estuvo todo ya organizado; previniendo su posible negativa.
Una semana, en aproximadamente una semana, la familia Andrew estaría en New York, apoyando en su más reciente logro, a quien consideraban como uno de sus mejores amigos.
Aquella semana transcurrió rápidamente. La familia arribo por la mañana, se instaló en la propiedad que tenían en la ciudad y aprovecharon el resto del día para descansar del largo viaje.
Realmente emocionada, esa noche Candy no pudo dormir demasiado. Por más que deseaba, sus pensamientos no podían evitar alejarse de aquel a quien consideraba como un viejo amor y ahora, simplemente un buen noble amigo. No importaba en aquel momento, que tiempo atrás él no contestara ni una sola de sus cartas, no importaba que, aparentemente y durante mucho tiempo, él no hubiese deseado saber nada acerca de ella.
Si bien, era cierto que por el momento no tenía ningún tipo de relación amorosa con nadie, eso no quería decir que en el pasado no lo había intentado. Sin embargo y a pesar de todo, estaba segura de tampoco desear una nueva relación con el inglés. Lo único real es que estaba más que entusiasmada con la idea de verlo una vez más; aunque solo fuera de lejos; mientras actuaba. Pero pensar en la idea de encontrarlo después, era algo que en ese instante suponía casi imposible. Pero fuera como fuera, su entusiasmo era notorio para todos.
La siguiente noche, mientras se preparaba para asistir a la función, Albert le había hablado respecto a las actividades que tendrían esa noche; actividades que hasta entonces, ella desconocía. En específico; una cena baile que le había dejado ilusionada con un añorado reencuentro que horas antes creía casi imposible.
Si se trataba de ser honesta, en realidad no presto demasiada atención a la representación, aun así se percató de la gran maestría con que aquel joven que resurgía de cierta parte profunda y dulce de su pasado, representaba su papel en la obra.
La realidad es que estaba segura de que lo que sentía no era más que admiración y un inofensivo sentimiento de amistad. Sí. Solo amistad, una amistad añeja y sincera; una amistad que solo podría comparar con el lazo que le unía a Albert.
Nerviosa, en el trayecto al hotel donde se daría la cena, no lograba dejar de frotarse las manos, eso hacía solo para que nadie notara el temblor que le delataba. Hasta que finalmente llegaron e ingreso haciendo el papel de segunda acompañante oficial de su tutor y querido amigo, casi hermano. Candy entro al salón y se situó en la mesa que había sido reservada para todos ellos.
–Te luciste… –después de tomar asiento, le murmuro al rubio sentado junto a ella– una mesa exclusiva para los Andrew, en una reunión como esta… debiste gastar demasiado…
–Es lo mínimo que nos merecemos; no crees? –sonrió cómplice– además; somos justo diez. Era ilógico que nos separaran.
Archie y Annie, Pattie acompañada por su abuela Martha, La señora Elroy junto a su dama de compañía, George, Albert que asistió del brazo de su prometida y ella; eran todos aquellos que ocupaban dicha mesa.
Pasaron algunos minutos en los que la rubia no dejaba de ver la entrada principal, de hecho comenzaba a desesperarse al no ver llegar a su antiguo compañero de colegio. Ansiosa y sin saber exactamente cómo actuar frente a él, lo único que deseaba era poder saludarlo de una vez por todas.
–Tranquila –no estaba segura de cuánto tiempo había pasado y sin embargo, aquel sutil llamado de atención por parte de su protector, la regreso a la realidad– llegará; tarde o temprano. Tiene que venir
–Albert; lo conozco. Estoy segura de que no vendrá; de lo contrario, ya habría llegado… –aseguro decepcionada
–También lo conozco. Sé que tienes razón. Pero confió en que correremos con un poco de suerte y podremos saludarlo, aunque sea de lejos –trato de consolarla, recibiendo una sonrisa cansina.
Tratando de seguir el consejo de su buen amigo, Candy trato de concentrarse en otras cosas, como el gracioso relato que la Abuela Martha contaba con tanto frenesí.
Finalmente llego aquel a quien esperaba y a ciertamente ella no se percató de su entrada; pero si se dio cuenta del momento en que Albert se retiraba. Tratando de aparentar desinterés, siguió atendiendo la charla que se desarrollaba sobre la mesa.
Fueron varios minutos los que el patriarca tardo en regresar, minutos en los que ansiosa, la rubia esperaba que en su ausencia, él hubiese encontrado a su antiguo amigo en común.
–Y bien? –una vez tomo su lugar en la mesa, no tardo en querer averiguar– lo has visto? Hablaste con él? –lo observo reír con parsimonia– está aquí?
–Supongo que si… –disimulo su burla– pequeña; te prometo que terminando la cena, lo buscaremos –entonces ella sonrió accediendo a la idea, pero sin lograr encubrir su la decepción que le envolvía.
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Solo dos semanas y un par de días habían pasado. A pesar de haber iniciado pocos días atrás, el otoño estaba en su apogeo, dando las primeras muestras de lo que pronto traería al invierno y sin embargo el seguía sin decidirse entre la autocompasión o el seguir adelante. Después de todo, ella jamás fue amada por él.
Que haría ahora?
Era una gran pregunta que, en la mente de aquel joven e intrépido actor, aun no contaba con su correspondiente respuesta.
Aun restaban otras dos semanas, antes de que tuviera que presentarse en los escenarios; pues al notar la misteriosa ausencia del joven, ese inusual ensimismamiento; Robert le había concedido un periodo de "vacaciones" que mínimo debían durar un mes.
Que haría hasta entonces?
Por el momento, mientras trataba de tomar una decisión, aun recostado en su cama, pensaba en todo aquello que había acarreado Susana a su vida.
Obligación, una obligación que no deseaba, desesperación, destrucción, odio, desamor y una extensa serie de comportamientos que debió tolerar.
Apretó los ojos dejándose llevar por las emociones, mientras recordaba la forma tan maniática en que Susana había actuado. Era tan falsamente dependiente de él, tanto que resultaba notoria la asfixia que se había desarrollado en su interior y sobre todo, también en el de su propia madre. Era tan obviamente falsa, que a veces lograba hacer que los demás dudaran de sí mismos y más aún, de las esperanzas que pudiese albergar cualquier médico. Era tan miserablemente desvalida, que gracias a ello, aquel accidente resultaba una tragedia de magnitud mucho mayor a la de cualquier otra, y la triste historia que le precedía, alentaba al escándalo.
El sol estaba ya en lo alto, mientras el aun no tomaba la decisión de salir de la mullida cama en que reposaba; pero fue su estómago quien exigió atención con un claro reclamo. Con movimientos taimados, se sentó, dejando que las sabanas resbalaran por su cuerpo; se tallo los ojos con suma pereza y bostezo. Era casi medio día cuando finalmente había decidido hacer otra cosa, en vez de seguir acostado…
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Chicas, mil gracias por apoyar mi experimento. Sé que algunas no lo comprendieron del todo y una vez he releído el comentario que les deje, me di cuenta del porqué. Y es que en realidad, me trague unas cosillas por ahí. Enserio, disculpen, fue la prisa de que tenía que ir a trabajar y ya era algo tarde (igual que hoy)… =P
Y retomo; contándoles la historia más a fondo.
Mi amiga, de quien soy una asidua lectora; tenía la costumbre de condicionar sus publicaciones. Absolutamente en todos sus capítulos decía algo como esto
"Yo sé que me leen muchas y me pone muy triste que de tantas, tan poquitas comenten. Así que no publicare el próximo capítulo, sino hasta que haya mínimo X comentarios"
Lo admito; hubo una ocasión en que realmente se ofendió con un comentario y dijo que ya no iba a publicar. Muy intrigada y hasta decepcionada, quise hacerle ver que eso era injusto, al igual que lo de los comentarios. La situación cambio, pero sinceramente, mi curiosidad se incrementó; y esa es la verdadera razón por la que decidí hacer este experimento; porque no logro entender la razón de su propia necesidad de comentarios.
Comprendo si es que llega un punto en el que ustedes no quieran seguir apoyándome y descuiden, esta historia no será tan larga, así que espero sigan conmigo, al menos de vez en cuando. Además, pues si, también soy consciente de que ninguno de mis fic es miel sobre hojuelas. Ustedes lo saben, me lo han dicho un montón de veces, y créanme que quisiera cambiarlas pero la verdad es que, es mi estilo al escribir, créanme, aunque lo he intentado, no mas no salen otro tipo de historias. Con decirles que hace poco, un "amigo" de la vida real me reclamo por mi obsesión con la muerte y las historias complicadas, realistas, desesperadas y tristes. Por supuesto conteste que el día en que deje de creer que la muerte es hermosa, será porque finalmente haya comprobado que siempre he estado equivocada. :P Soy rara… lo sé…
Créanme que dude demasiado, sin embargo al final aquí está el experimento. Yo sé que en ninguno de mis otros fics lo había hecho y créanme que no pienso volver a hacerlo, porque igual que algunas de ustedes, pienso que puede ser hasta un poco absurdo. :P y lo admito, en parte también lo hago para comentar y comparar mis resultados con los de mi amiga (que siempre había usado esa táctica), en la próxima charla que tenga con ella :D
Bueno, espero que hayan entendido un poquito más la razón de este experimento, espero también que les haya gustado este capítulo y les aviso. La cuota cambia pero no demasiado; 6 reviews y les traigo el siguiente. ;)
Ustedes saben que agradezco, de todo corazón, sus comentarios. Siempre les prestó atención y aunque trato de complacerlas, la verdad, lo saben, se me dificulta.
eupppgrand (si soy sincera, no me moleste; al contrario!) , Remiel22, LizCarter, Lady Supernova, ccc (Jajajaja me encanto eso de "conejillos de indias" y la respuesta a tu pregunta, llegara), MagaCAfi, Cecy (gracias, aunque admito, cuando me comen las prisas, me olvido de la puntuación :P), ara, Luna (amiga, espero no tardar en traerles algo para Que Sople; todo depende de la acumulación de trabajo), Alejandra y F.L. Rowe
Ah! Casi lo olvidaba! Lo que mencione sobre que la trama podría confundirles, es porque manejare una especie de antes y después. Pero por supuesto habrá momentos felices, aunque también habrá momentos dolorosos; lo menciono, porque tienen razón, no todo es siempre triste, destructivo o feliz y creo que ese es otro sello de mis tramas que siempre tienen un poco de todo aunque no terminen con un "felices para siempre" o no terminen de la forma esperada (lo digo por mi LLOVIZNA).
Chicas, finalmente les mando un enorme beso y fuertes abrazos. Gracias por acompañarme y espero leerlas pronto.
Monse – 4tardecer
P.D. A quienes esperan la próxima actualización en "que sople el viento" les aviso que posiblemente traiga el próximo capítulo para la próxima semana. Repito; posiblemente…
