Disclaimer: Los personajes de la Saga Twilight no me pertenecen, son de Stephenie Meyer. La historia es obra mía, no autorizada para copia.
Capítulo 2: La chica que bailo contigo ... y tenía un corazón roto.
"Las expresiones más auténticas de la gente están en su baile y en su música. El cuerpo nunca miente."
Agnes de Mille
14 Años
Una de las veces que tuve más tiempo de verte y estar al lado tuyo fue durante la misa de la boda. Por ser parte de los familiares de los futuros esposos pidieron que estuviéramos juntos los integrantes de la nueva familia, tus hermanos, tú y yo sentados en primera fila observando un enlace lleno de amor, y aunque estaba feliz por mi tía Esme, la única felicidad que podía sentir en estos momentos era estar al lado de ti. De entre todas las personas que me rodeaban para mí solo seguías existiendo tú y solo tú.
Estar sentada a tu lado me hacía sentir importante y querida, deseaba más que nada que me vieras, ya no tenía trece años como cuando nos conocimos y tú no parecías notarlo, mi tía había dedicado todo un año al extenuaste trabajo de organizar su boda. Un año en el que apenas te vi, nuestros encuentros eran pocos y breves, y por si fuera poco Esme se había empeñado en no mudarse a la casa de tu padre hasta estar casada, y aunque nunca me dijo nada y yo jamás pregunte porque, sé que lo hizo con la esperanza de darme un buen ejemplo. Pero en ocasiones odiaba su decisión, después de la primera vez que te vi podía contar con las dos manos las veces que había vuelto a verte, muchas de ellas fueron por breves minutos, nosotras apenas llegábamos cuando tú ya ibas de salida, solo te detenías unos segundos a saludarnos, darnos un abrazo de bienvenida y en mi caso particular alborotar mi cabello aunque cada vez que lo hacías sabías que fruncía el ceño molesta, tú solo reías y te ibas agitando la mano. Las otras pocas veces eran en comidas que lograban reunir a toda tu familia, pues tanto tu hermano mayor Emmett, como tú ya iban a la universidad y ambos pasaban poco tiempo en la casa. Alice tu pequeña hermana sufría de un sobre exceso de energía que pocas veces se le veía quieta en un lugar, era difícil reunirlos y cuando lo lográbamos apenas terminaban de comer, Emmett y tú se levantaba a toda prisa para correr a ver a sus respectivas citas. Alice solo me dirigía una mirada de tristeza pues pese a ser tu hermana más pequeña fue la única que se dio cuenta de mi enamoramiento hacia a ti, y mientras yo te veía partir y un nudo en mi estómago se formaba, porque si bien no estábamos juntos en vez de acercarte cada vez parecías más lejos de mí.
Aún recuerdo una de las pocas veces que tuvimos que quedarnos a dormir en tu casa. Carlisle, tu papá se había llevado a cenar a mi tía y para evitar que me quedara sola en mi casa Alice se organizó una noche de chicas para que me quedara con ustedes y con la esperanza de poder verte un poco más accedí, grande fue mi desilusión cuando me enteré que te todo ese fin de semana te habías ido con tus amigos de viaje y por lo tanto no te vería.
Mis sonrojos se hacían fuertes cada vez que te veía y tú solo te burlabas de mí diciendo que parecía un enorme y rojo foco navideño, tal vez si supieras la verdad detrás de mis sonrojos dejarías de molestarme, y tal vez solo, tal vez podrías comenzar a fijarte en mí.
Angela mi mejor amiga conocía de mi enamoramiento hacía ti, pero me dejo claro que jamás me verías como una mujer mientras yo tuviera trece años y que posiblemente cuando yo tuviera más edad entonces podría llamar tu atención ya que por el momento no podría darte lo que tu como hombre seguramente querías. En ese momento no entendí lo que ella quería decir, hasta que una noche lo descubrí. Alice y yo en el poco tiempo que nos habíamos conocido nos hicimos muy cercanas y las noches de chicas se realizaban con más frecuencia ya fueran tanto en su casa como en la mía, ya me había acostumbrado que tu casi nuca estabas en ella cuando yo dormía allí, así que verte no era algo que esperara que pasara. Pero esa tarde que llegamos a tu casa y verte ahí fue una grata sorpresa para mí, tú estabas en la sala vestido con unos pantalones flojos y una playera sin mangas que se pegaba a ti, tan concentrado estabas en tu libro que no notaste que estábamos ahí, Alice camino hacia ti y tuvo que llamar tu atención acerca de eras un ratón de biblioteca, tú soltaste la carcajada y entonces desviaste tu atención a mí.
– ¡Hey Belly Bells! – me saludaste y yo no pude evitar que mis mejillas se pusieran rojas inmediatamente. Tú te reíste aún más fuerte mientras te ponías de pie y caminabas hacía mí. – ¡Ahí está, eres un rojo foco navideño! – dijiste mientras alborotabas mi cabello y yo fruncía el ceño, otra vez me despeinabas, pero si esa era la única manera de que me tocaras yo no diría nada.
– Bella se quedará aquí esta noche – te comentó Alice – Vamos a ver películas.
Tú te quedaste un momento pensativo, miraste la hora en tu reloj y te encogiste de hombros.
– Suena bien, iré hacer las palomitas – decidiste mientras caminabas a la cocina.
Yo no podía creer lo que habías dicho, mire a Alice por si había escuchado mal me devolviera a la realidad, pero ella a cambio me devolvió una enorme sonrisa y me jalo del brazo escaleras arriba rumbo a su recamara donde me obligo a cambiarme mi ropa por mi pijama, estábamos en verano y el calor era insoportable por lo que una playera y unos pantalones cortos era mi elección preferida para dormir. Yo moría de vergüenza de que me vieras vestida así, pero Alice logro convencerme de bajar así, cuando entré al cuarto donde veíamos películas tú ya estabas ahí poniendo una DVD, las luces en la habitación eran tenues, el ventanal estaba abierto para refrescar la habitación y el tazón de palomitas sobre una mesa de centro. Trate de ser lo más silenciosa que pude y tomé asiento en un sillón de tres plazas llevando mis rodillas al pecho y rodeando mis piernas con mis brazos cuando giraste y me miraste, tu mirada a causa de la luz era más oscura, penetrante y me observabas fijamente, temblé a causa de ella y tú te diste cuenta creyendo que era por el aire que entraba por la ventana, me dedicaste una sonrisa de disculpa y presuroso me pasaste una de las frazadas que estaban en cesto en una esquina perfectamente acomodadas. Yo la tome con manos temblorosas y me apresure a cubrirme con ella. Cuando Alice entró apago por completo las luces y corrió a sentarme en la otra orilla del sillón donde estaba sentada, mientras tú te sentaste un sillón aparte, me obligue a apartar la mirada de ti y concentrarme en los cortos de las películas cuando solté un gemido de terror y me di cuenta que clases de película había escogido, Alice soltó una risa ligera a mi lado dándome una leve patada y tú me dirigiste una mirada desconcertado, claro no había forma de que supieras que las películas de terror, me daban precisamente terror. Te di una media sonrisa la cual me regresaste y volviste tu mirada al televisor.
Inútilmente trataba de recordar cosas agradables mientras fingía ver la película, Alice y tú estaban tan concentrados en ella que ninguno se percató de mi miedo, la escena cambio rápidamente a una chica caminando sola en un bosque para dar más emoción a la cinta no grabaron sonido sumiendo a los espectadores en un silencio y tensión total cuando de la nada el sonido de un teléfono me hizo pegar un brinco y otro grito de terror. Tu hermana saltó inconscientemente mientras tú me mirabas nuevamente y pude ver como la comprensión llegó a tu mirada, el teléfono volvió a sonar y tomaste el celular que estaba a lado tuyo, saliendo de la habitación para no molestarnos con tu plática. Regresaste minutos después avisarnos que ibas a salir y nos recomendaste subir a dormir argumentando que yo me veía cansada. Tu pequeño gesto me hizo enamorarme más de ti, pues hace unos minutos te diste cuenta que las películas de terror no eran para mí, Alice no puso ninguna objeción y todos salimos de la habitación.
Alice y yo ya estábamos acostadas, irónicamente apenas toca la cama quedo dormida y yo a causa de la película no podía dormir cuando escuche ruido en la casa y la realidad cayo de golpe en mí. No sabía cuánto tiempo había pasado si ya habías salido o habías regresado, pero otra vez esa noche no estarías allí. Presurosa salí de la habitación con la esperanza de que fueras tú y no Emmett. Ni el silencio más allá de las pisadas ni la oscuridad me detuvieron para intentar llegar a donde escuchaba ruido, pero cuando llegué al pie de las escaleras no vi nada. Trate de buscarte, pero la oscuridad no me dejaba ubicarte, más allá de la luz de luna que entraba por la pared de cristal que tenía la casa no veía nada, tal vez después de todo fue mi imaginación, decepcionada por no lograr encontrarte retome mi camino rumbo a la habitación del pequeño duende, y cuando estaba por subir las escaleras te escuche.
– Isabella – susurraste con tu voz aterciopelada.
Rápidamente me gire para localizarte, pero no lograba ubicarte las nubes había cubierto seguramente la luna porque la luz se hizo aún más escasa dejando la casa en penumbras, por un momento creí a solo había sido mi imaginación en mi empeño en querer verte, derrotada me gire para volver a recorrer el camino de regreso.
– Isabella – ahí estaba otra vez, apreté con fuerza los ojos tratando de sacar tu voz de mi mente. Hasta que el un toque en mi hombro me hizo dar un brinco y girar nuevamente y entonces quede de frente a ti.
No podía verte bien, pero sabias que eras tú, tu olor tan grabado en mi mente me hacía reconocerte. Quise estirar la mano y tocarte, apenas y lograba ver tu silueta, me abracé a mí misma pues las ganas de poder abrazarte eran grandes y nuestro contacto físico siempre había sido muy escaso y no quería incomodarte.
– ¿Estas bien? – preguntaste, sentí tu aliento golpear mi cara y no supe identificar muy bien el olor de tu aliento, pero me entonces me di cuenta que estabas más cerca de lo que yo pensaba, y un escalofrió recorrió mi columna vertebral.
El silencio nos gobernó, no supe si pasaron horas, minutos o segundos, todo lo que sabía que aun seguías ahí conmigo y como siempre que estaba contigo todo a mí alrededor desapareció. No importaba sino podía verte, porque podía sentir tu presencia a escasos centímetros de mí, escuchaba tu respiración que por alguna razón era algo rápida. Quería perderme entre tus brazos, tocarte la cara y decirte cuanto te amaba, que supieras que aun con trece años eras lo más importante para mí y que si bien aún era una niña, en unos años más sería una mujer y entonces habría más espacio en mí corazón para quererte, porque no solo mi cuerpo crecería ¿cierto? También mi corazón lo haría y entonces en el cabría más amor para ti.
– Isabella – amaba como se escuchaba mi nombre entre tus labios.
– Bella, solo Bella – respondí. No importaba cuantas veces te haba dicho que no me gustaba que me llamarás por mi nombre completo, tu siempre me llamabas Isabella, o por ese ridículo sobre nombre de campanas que me habías puesto.
– ¿No puedes dormir? – Me cuestionaste – ¿Tienes miedo Belly Bells?
Y nuevamente tu aliento golpeo en mi cara y ese olor que no supe identificar al inicio lo reconocí, alcohol, olías a alcohol. Me desconcertó jamás te había visto beber, supongo que lo hacías solo con tus amigos y por eso no me había dado jamás cuenta.
Sentí tu mano en mi cabeza revolviendo mi cabello como siempre.
– Ve a dormir Belly Bells – me ordenaste suavemente apartando tu mano de mí – Te prometo que nada te pasara. Alice es una boba por poner una película de terror si te dan miedo.
– Ella no sabía – mentí.
– Oh Belly Bells, claro que sabía – dijiste.
– Tomaste – te dije cambiando de tema, no queriendo recordar la horrible película.
– Un poco si – admitiste con una suave risa – Anda, ve a dormir – me pediste otra vez, y por un momento vi el contorno de tu mano levantarse como si hubieras tenido la intención de acariciarme nuevamente, pero en vez de ello solo disté un paso hacia atrás y deseé pedirte que no lo hicieras, que no te apartaras de mí.
Por la poca luz que había pude ver como dabas la media vuelta y entre en pánico.
– ¿Te vas?
– Ve a dormir Bella – me pediste esta vez con voz cansada.
Y de repente cerré mis ojos por inercia, habías prendido una lámpara que estaba cerca, estabas de espaldas a mí y deseé que te voltearás para que pudiera verte, pero de alguna manera sabía que tú no querías verme a mí. Volviendo a abrazarme a mí misma di un paso atrás tropezando con el escalón, mis ojos se llenaron de lágrimas y caminé de regreso a la habitación de Alice. Me dolía tu rechazo y me dolía haberme enamorado de ti, pero podía soportarlo, tú eras el menos culpable de mi enamoramiento hacía ti, tú no te debas cuenta que cuando te alejabas de mi me lastimabas. Quería llorar, pero lo haría una vez que estuviera protegida entre cuatro paredes, sin que tú pudieras verme.
Y entonces lo escuche, el sonido de algo golpeando contra el piso, alarmada de que pudieras haberte lastimado me hizo regresar de vuelta a ti, pero antes de que pudiera decir o hacer algo escuche como mi corazón se rompía por primera vez en mil pedazos.
Mis ojos no podían apartarse de lo que estaba viendo, lo que se había caído había sido un retrato, afortunadamente no había cristales sobre el piso, aunque creo que si los hubiera visto tampoco te hubiera importado pues tu concentración estaba en otro lado, estaba en ella.
Nunca pude verle el rostro pues ella estaba de espaldas a mí, tú la sostenías fuertemente de las caderas mientras la pagabas más a ti, te había recargado sobre un mueble con algunas fotografías y ella tenía las manos alrededor de tu cuello. Podía ver como se devoraban los labios el uno al otro, como ella pasaba las manos por tu cabello despeinándolo en el proceso. Como tú atacabas su cuello mientras con una mano la pegabas más a ti y con la otra jalabas su cabello hacía atrás para tener más acceso a esa parte de ella que mordías y ella solo hacia pequeños ruidos de placer. Observe como la mano que tenías en su cadera fue descendiendo levemente hasta llegar al término de su vestido y como volviste a subir la mano llevando contigo la tela. Escuche como imploraba pidiendo más y como como tu nombre salía de sus labios en susurros suaves y eróticos, tu mano se había perdido en la parte delantera de su vestido y la otra estaba bajando el cierre que se encontraba a su espalda, su piel blanca se alcanzaba a ver por la luz que habías prendido, tus dos manos la recorrieron hasta llegar a sus tirantes y comenzar a bajarlos lentamente, ella no dejaba de decir tu nombre y tú no dejabas de acariciarla, cuando bajaste su vestido quedando atorado en sus caderas pude observar un leve tatuaje que tenía en el lado derecho de la espalda, delicado y todo marcado en negro, era una nota musical. Te escuche hablarle en susurros y la suave risa de ambos, la pasión que tenían hace unos momentos se había convertido en suaves caricias y respiraciones agitadas. Mire como la tomabas en brazos y como ella te rodeaba con las piernas y sus posiciones cambiaron, ahora tú me dabas la espalda y ella estaba sentada en el mueble, tus besos que comenzaron en su boca poco a poco descendían hasta toparse con sus senos, la oí suspirar más a causa de ti y como sus manos trabajaban contigo, pronto tu camisa estaba tirada a los pies de ambos y escuche la hebilla de tu cinturón y solo entonces acepte lo que estaba a punto de pasar entre ustedes dos.
Retrocedí lentamente, alejándome de ustedes tratando de negar la realidad, cubrí mis oídos en cuanto escuché el primer gemido salir de boca de ella. Y entonces las palabras de Angela tuvieron un verdadero significado para mí. Estabas dentro del rango de edad que muchos creen correspondiente para estar dentro del cuerpo del de una mujer. Me aleje corriendo de ustedes deteniéndome hasta sentirme protegida en la recamara de Alice, una vez ahí deje salir todo silenciosamente todo mi llanto, dolía tener el corazón partido en millones de pedazos.
Los aplausos de los invitados paraban de escucharse mientras el nuevo matrimonio bailaba en la pista de baile. Mi tía Esme se veía preciosa vestida blanco y Carlisle no paraba de sonreírle, serían un matrimonio encantador.
De repente te veo frente a mí con tu mano estirada en mi dirección en una clara invitación de baile, tus ojos juguetones no dejan de mirarme mientras el sonrojo no deja de gobernarme al aceptar el baile.
Tus brazos fuertes me sostienen, sabes de antemano que no se bailar, yo tiemblo de miedo porque no quiero hacer el ridículo frente a nadie y que esta boda sea recordada por el espectáculo que podría dar. Sientes mi miedo y aprietas más tu agarre en mí cintura en clara indirecta de que tenga confianza en ti. Me relajo entre tus brazos, sé que no me dejaras caer, me permito disfrutar de mi primer baile contigo, sentir tu cuerpo firme junto al mío, tus brazos al sostenerme, sentir el palpitar de tu corazón y tu suave respiración, puedo sentir el palpitar de tu corazón y me permito perderme en la fantasía de que tú y yo somos algo más que una futura familia y recargo mi cabeza a la altura de tu corazón, los invitados al ver lo que hago sueltan exclamaciones de ternura, soy solo una niña que ven que confía en su futuro ¿hermano?, al ritmo de la música no dejo de soñar que tal vez en algún momento tú me puedas amar.
Cierro los ojos, el vals no deja de sonar y deseo con todas mis fuerzas que mi sueño se haga realidad y entre tus brazos mi corazón se comienza a regenerar.
Continuara…
Nuevamente una disculpa por errores de edición con mi móvil tuve que borrar el capítulo. Pero ya lo tienen aquí corregido y como nuevo.
Nos leemos en unos días
¿Espero sus Review?
