Cuando Star llevaba un mes en la escuela, Marco reafirmó con hechos lo que había sido obvio desde un principio: ellos podían tener aparentemente algo en común, pero seguían estando a "orillas opuestas del río."
Ella era la princesa de la escuela. Todos querían sentarse con ella en el almuerzo y ser parte de sus equipos en clase; era común verla acompañada en todo momento, atrayendo la atención. Él, por su parte era todo lo contrario. Se consideraba a sí mismo el marginado del colegio que solo tenía 2 amigos: Alfonso y Ferguson, quienes junto con él eran esa clase de chicos que suelen estar al último de la escala social.
Sinceramente, de todos modos esa situación no le importaba demasiado. Marco ya no esperaba nada de la escuela más que graduarse, y eso era otra cuestión que le causaba conflicto. ¿Qué haría después de la preparatoria? ¿A qué universidad asistiría? Todas esas dudas parecía atormentar su de por sí ya complicado futuro, haciéndolo sentirse en descontrol de su vida y sus decisiones.
Siempre que se acercaba a sus padres a pedirles ayuda, ellos le daban el mismo consejo: "Sigue a tu corazón, Marco. Así no errarás." Y como cada ocasión, él solo agradecía y se iba a su habitación, aún más confundido y atemorizado que antes. Todos esos pensamientos habían generado un huracán en su mente tras la prueba de aptitudes vocacionales de esa mañana cuando, nuevamente, salió el frustrante resultado de "No asignado" al que Marco comenzaba a acostumbrarse.
En eso estaba, perdido en sus pensamientos en medio de un salón de clases desierto, cuando Star Butterfly apareció apresuradamente por la entrada. Sujetaba firmemente sus libros contra su pecho y lucía agitada, como si hubiese estado corriendo de un extremo a otro de la escuela. Había entrado precipitadamente al salón por lo que dio un brinco por el sobresalto que le causó encontrar a alguien ahí.
-Disculpa- dijo ella, sonrojándose por su reacción. -Es solo que no esperaba que hubiera alguien.
-No te preocupes- respondió Marco, sorprendido al pensar que era en realidad la primera vez que hablaban. -Es en parte mi culpa por estar aquí a esta hora.
-No te culpo- Star se apresuró a su sitio, dejando las cosas en el escritorio y girandose para quedar de frente a Marco. -Es extrañamente cómodo cuando no hay nadie.
-Si- sonrió él de forma involuntaria. -Es la atmósfera ideal para...
-Pensar- dijeron al unisono.
Intercambiaron miradas de sorpresa, sin poder evitar estallar en risas.
-¡Concuerdo contigo!- exclamaron nuevamente al mismo tiempo, causando que sus carcajadas aumentaran.
Por casi un minuto sus risas fueron el único sonido en aquel salón, provocando un eco cálido. Era reconfortante, de esas alegrías que se contagian porque surgen de lo más profundo de las emociones.
-Hacía tanto que no me reía así- comentó Star, aún entre leves carcajadas y limpiando algunas lagrimas que se le habían escapado.
-Igual yo- concordó Marco, respirando profundamente. "Y me hacía mucha falta", pensó.
Star le dedicó una última sonrisa antes de girarse diciendo:
-Debo terminar unos deberes, espero no te importe si te doy la espalda.
-Adelante- dijo él, bajando la mirada y fingiendo también concentrarse en su cuaderno para que evitar que se sintiera incómoda.
Mientras Star escribía con absoluta concentración, Marco observaba cada uno de sus gestos y movimientos, sorprendido todavia porque llegaran a sostener una conversación. A diferencia de otras chicas populares de la escuela, ella era algo completamente distinto: amable, dulce, humilde; como si la popilaridad fuese solo algo adicional con lo que tuviera que lidiar.
Ni siquiera se percató de que se había quedado ensimismado viéndola hasta que un fuerte golpe en su escritorio lo despertó a la realidad. Con una mano en el pecho y la respiración acelerada, lanzó una mirada fulminante a la persona causante de su sobresalto, quien le sonreía con diversión mientras continuaba apoyada en su mesa.
-¿En qué tanto piensas, Diaz?- dijo la chica sin que su expresión cambiase en lo más mínimo.
-¿Y eso desde cuándo te interesa, Janna?- respondió, soltando un suspiro de fastidio y girandose para mirar por la ventana, mientras ella solo reía con fuerza.
Janna siempre parecía disfrutar de molestarlo y así había sido desde la escuela primaria. Había aprendido a ignorar sus comentarios y bromas, ya que sabía que no eran nada comparado con lo que le había sucedido.
-Marco Diaz viene de mal humor...- río Janna. -Pero el verdadero enigma es... ¿cuándo no?
-Eso no es verdad- exclamó él en un tono neutral. -Es solo que no comparto tu sentido del humor- permaneció todo ese tiempo con la mirada perdida a través de la ventana.
Janna ya no río, más bien soltó una sonrisa ladina que ocultaba un deje de tristeza. Secretamente molestaba a Marco con la esperanza de volver a encontrarse con ese chico alegre y amante de la música por el que sentía una especie de amor platónico; pero siempre sus intentos eran todos en vano. Sin embargo, cuando entró a clase ese día y lo vio despistado con una sonrisa ligera, decidió probar suerte, confirmando algo que le sorprendió enormemente: en definitiva había algo que, por más cruel que sonara, había hecho a Marco menos miserable.
Sonrió para sus adentros mientras se dirigía a su propio sitio, pensando en que podría ser aquello diferente en la auto-inducida rutina de Marco Diaz.
El resto de la clase, por su parte, Marco no fue capaz de concentrarse. Le era extraño cómo se sentía intrigado por su compañera de clase y se sorprendió con mil preguntas rondando en su mente: ¿Qué había en ella que le era tan peculiar? ¿Por qué sentía que había más de lo que aparentaba? ¿Ella le respondería si le preguntaba sus dudas directamente?
Descartó esa última idea de inmediato mientras la observaba acomodando un mechón de su larga cabellera para alejarlo de su rostro. Soltó un suspiro. Ella era la princesa y él... para comenzar, ni siquiera tenía un rol establecido. Sería esa clase de personajes secundarios que se presentan en una única ocasión para luego ser mandados al baúl de los recuerdos. Optó, después de tanto pensar, por recurrir al mismo método que aplicaba con las ideas y sentimientos problemáticos: arrinconarlos al fondo de sus pensamientos e ignorarlos hasta que prácticamente no existieran.
Sonó el timbre, provocando que el ruido de los pasillos y salones se reavivara con los cientos de estudiantes ansiosos por irse a casa. Star fue de las primeras personas en salir, sin molestarse siquiera en mirara atrás, algo que Marco interpretó como la señal que necesitaba y que lo hizo soltar un suspiro.
-¡Hey, Marco!- se acercó Alfonso, con una sonrisa enorme de entusiasmo. -Compre un nuevo videojuego, ¿vamos a casa a probarlo?
Ferguson se había acercado también, permaneciendo unos pasos atrás de su amigo. Asentía con efusividad, prácticamente apunto de dar saltos por la emoción.
-Creo que paso- respondió Marco. -Pero vayan ustedes. Ya luego me contaran si vale la pena.
-¿Estas seguro?- Alfonso lo miraba con insistencia.
-Completamente- asintió, fingiendo una sonrisa tranquila.
Ellos prefirieron no insistir, sabiendo que sería en vano. Aunque Marco fuese su amigo, siempre había sido alguien que optaba por su soledad así que, sin más, se despidieron con un ademán rápido y salieron del salón a toda velocidad, cargados de energía por el entusiasmo.
Marco se quedó unos minutos más en el salón, perdiendo sus pensamientos en el problema de matemáticas que había ignorado toda la clase. No se detuvo hasta que lo hubo terminado, estirandose una vez que se permitió soltar el lápiz. Al levantar la vista, casi se cae de espaldas al ver el reloj marcando las 3:40 pm. Llevaba casi una hora desde que habían terminado las clases y él ni se había percatado.
-¡Diablos!- exclamó, guardando apresuradamente todas sus cosas.
Había prometido que pasaría por algunas compras para la cena después de la escuela y, si no llegaba a casa en 20 minutos, era muy seguro que su madre se enfadaría.
Tanto fue su esfuerzo para apresurarse que la torpeza le ganó y lo hizo caer en el pasillo. Soltó un gruñido de frustración, mientras se ponía de pie y recogía un par de libros que habían salido disparados de su mochila.
"Just let me be
who i am,
it's what you really need to understand..."
Se quedó petrificado en su sitio, con esa voz haciendo eco a su alrededor. No recordaba que ningún taller se quedará a practicar hasta tarde ese día. Su mirada buscó con rapidez la puerta del salón de música al final del pasillo, quedándose clavada ahí de forma inevitable.
"And i hope so hard
for the pain to go away..."
Dio algunos pasos involuntarios, como si esa melodía lo hechizara y el tiempo se hubiera detenido, congelando ese instante.
"And it's torturing me
but i can't break free,
so i cry and cry
but just won't get it out
the silent scream."
"Suena" pensó Marco, escuchando atentamente ", como si estuviese atrapada..."
Cuando ya estaba a menos de 2 metros de la puerta, algo en su conciencia le recordó la promesa hecha a su madre. Decepcionado dió media vuelta, saliendo a toda velocidad del edificio y montándose en su bicicleta.
La urgencia de cumplir con lo encargado hacía que pedaleara con todas sus fuerzas, pero en realidad era como si se encontrara en modo automático. Esa canción retumbaba en su cabeza, acompañándolo en el supermercado y en el regreso a casa. Incluso seguía presente cuando saludó a su madre y, tras dejar las bolsas en la cocina, se apresuró a subir a su habitación.
Se dejo caer en su cama, mirando el techo. Tenía que admitirlo: esa voz lo había dejado embelesado.
Canción: "Silent Scream - Anna Blue" Todos los créditos a sus respectivos autores e intérpretes.
No será la última vez que la escuchen, así que es mejor si la tienen a la mano.
Una disculpa por la tardanza, les prometo que tratare de que las actualizaciones sean en menos tiempo ;)
