La tercera es la vencida.

—¿Qué le hiciste, bastardo?— se rio.

Sasuke resopló un monosílabo en rechazo a lo que su mejor amigo acababa de decir.

—Nada.

Sakura se había vuelto loca, joder. ¿Cuánto había acontecido desde el último día en que hablaron? Ah, sí, un mes. Y ya habían vuelto a clases y ni habían cruzado miradas. Lo ignoraba por completo e iban por el tercer día. Es decir, a esa altura del semestre, la chica ya se habría asegurado de que él la esperaría después de clases para acompañarla a comprar dulces y después caminar juntos a casa.

Apoyó pesadamente su cuerpo en la pared contigua, cruzó los brazos y miró hacia la puerta. Hace apenas unos minutos la rosa figura había cruzado por aquella entrada para buscar su móvil y evitó olímpicamente al Uchiha, saludando con un gesto rápido a Naruto porque Ino la llamaba desde el pasillo. El rubio revolvió su cabello con hastío y se quejó por última vez de las tareas que dejaba el maestro Iruka. Cerró el cuaderno y se estiró.

—Está con la regla— sentenció el Uzumaki dado el silencio. El chico pelinegro lo observó serio.

—Estúpido, no les llega por tanto tiempo.

Bufó.

—Entonces no sé— declaró mentalmente agotado. Se levantó del pupitre y se sentó parcialmente en su escritorio—. Habla con ella y ya.

Estaba claro que el rubio dijo lo último por inercia. Era un consejo muy obvio y, a pesar de ello, Sasuke no iba a acercarse. Por lo menos no a hablar de eso. Era como admitir ante ella que de verdad le importaba su conducta de niñita tonta. Mientras tuviera la facultad de decidir sus actos él iba a pasar por alto toda oportunidad que tuviera de pasar por ese tipo de cosas.

—No voy a disculparme por algo que no he hecho— dijo con suficiencia.

Y Naruto suspiró habiéndose esperado esa respuesta.

Mantuvo esa actitud un día más.

Nuevamente no se la encontró después de clases el día anterior ni temprano ese mismo día. La Haruno había concebido un horario en el que los dos no se toparan por la mañana en el camino y una ruta distinta a casa en la tarde. Si le preguntaban al Uchiha qué opinaba sobre esta extraña nueva forma de actuar él simplemente evadiría. "Problema de ella". Sin embargo no dejaba de parecerle ridículo todo lo que estaba haciendo.

Aún sin saber la razón por la que ella se enojó, se aventuraba a una explicación: estaba buscando una forma de llamar su atención. No es que pecara de ególatra ni mucho más—aunque Naruto opinaba lo contrario—, pero el pueril acto de rehuir era solo evidente de esa manera. Porque no había motivo alguno para que se enfadase así del día para el otro. Sabía que esperando ella sería la que cedería y terminaría con toda esa mierda, por lo que no se sentía terriblemente preocupado.

O al menos eso pensaba minutos atrás, cuando no la había visto en el pasillo junto a Rock Lee.

Joder, era el mil-veces-rechazado Lee. No había motivos visibles para perder la cabeza por ello; Sakura no iba a aceptar ninguna salida con él porque hasta la directora sabía que a la chica de cabellera rosa no le gustaba aquél personaje. Giró por el pasillo para adentrarse al aula, mirando la patética y previsible escena con apatía. En realidad le valía una mierda si salían una vez juntos esos dos pero no pudo evitar pensar, por un momento, que la Haruno tenía implícitamente prohibido salir con otros chicos porque primero tenía que arreglar "el problema" con él. Si salía antes con alguien significaba que iba a dejar para después todo lo que era importante, en otras palabras, pedirle disculpas a él por hacerle la ley del hielo durante un mes.

Sasuke conservó su arrogancia hasta que, pasando por fuera del baño y de casualidad, encontró a la Haruno hablando con Ino y Hinata sobre lo ocurrido un par de horas atrás con Lee. Fue una jodida coincidencia que ellas estuvieran dentro del servicio de chicas y él haya caminado por allí en ese preciso momento.

—Me alegro mucho, Sakura-san— se escuchó la voz de Hinata en un murmullo a través de la puerta.

—¡Claro que sí! Qué bueno que ya olvidaste a…— celebró con estridente tono, precipitándose.

—¡Cállate, cerda!— espetó rápidamente la Haruno.

Había esperado allí, justo afuera. Si su sentido de la audición no le fallaba, la que estaba más cerca era la Hyūga, seguida por Ino y al final Sakura, por lo tanto, pensó que iban a salir en ese orden. Sintió pasos provenientes del interior acercándose y efectivamente las primeras dos en saltar a su vista fueron las nombradas. Sasuke cerró inmediatamente la puerta al contar a la segunda y ellas se dieron vuelta sorprendidas.

—Sasuke-kun— pronunció Ino con escaso aire.

Él entró al servicio de chicas en cuanto las dos mujeres se habían dado cuenta de su presencia. Sakura estaba justo en la puerta y al verla abrirse nuevamente mostrando el patio interior a través de la ventana, había variado su expresión de una confundida a enojo. Estuvo a punto de reprender a sus ambas chicas por haberle cerrado la puerta en las narices pero después vio al Uchiha. Sus pupilas se dilataron y sus ojos se reblandecieron por un momento para después retomar la cordura y fruncir el ceño.

—¿Qué haces aquí?— inquirió alejándose un par de pasos.

—Vengo por mis disculpas— contestó con seriedad infinita.

¿Alguna vez se prometió a sí mismo no enfrentar a Sakura directamente? Sí, lo había hecho. No era precisamente un cobarde sino que estaba haciendo sobrevivir su ego. Bien sabía él que la chica había estado ignorándolo para hacerle sentir mal sobre algo que ni él tenía idea. Pero así estaban las cosas. Sasuke no iba a pedir disculpas porque le parecía impreciso hacerlo y si la abordó en ese minuto fue porque no podía dejar que ella saliera con alguien sin antes se disculpara. Sí, eso era—o por lo menos intentaba convencerse de ello.

—No tengo nada de qué disculparme, Sasuke-kun— comentó ofendida.

La chica avanzó un par de pasos disponiéndose a apartar a su compañero y salir rápido de ahí, sin embargo, fue detenida por la voz masculina.

—Sí, por ser una cría.

Por un segundo pensó que "algo" en Sakura había explotado y lo estaba conteniendo. Lo notó porque, aún a un metro y setenta y dos centímetros de distancia y sin mirarla directamente, ella había enrollado un brazo sobre el otro, cruzándolos, frunció el ceño de manera efímera y desvió su vista a la izquierda. Y no era como hace apenas unos años, cuando discutía con Ino y se gritaban cosas. Ahora se veía que la chica estaba dominándose para no decir nada más que lo necesario.

—No soy una cría— logró resoplar al poco rato. Volvió su mirada al chico y añadió: —. Más bien tú lo eres, por estar aquí reteniéndome a la fuerza.

Sasuke se apartó de la puerta sin abrirla.

—Vete si eso es lo que quieres.

Siguió con ojos severos los pasos de la chica. Ella había avanzado ignorando su presencia—o intentando hacerlo— y tomó el pomo de la puerta. ¿De veras se iba? Entonces en realidad algo estaba pasando. Súbitamente el Uchiha la tomó por la muñeca haciendo que soltara el extremo de la entrada y la dirigió hacia él de manera sutil. Casi se le olvidaba.

—No vas a salir con Lee.

Estaba molesto. Maldita sea, no quería admitirlo pero la situación estaba logrando salir de su control. La chica se había tornado mil veces más fastidiosa y de una manera diferente a la común. Antes lo era porque siempre estaba y ahora porque prácticamente nunca escuchaba su jodida voz y, además, iba a salir con el gilipollas de Rock Lee. No estaba celoso, solo le hastiaba pensar en ello. El chico soltó el agarre cuando sintió a Sakura tirar.

Y antes de que ella volviera a la puerta y la abriera encontrándose con la rubia espiando y Hinata más atrás sonrojada, logró articular sin mirarle.

—Eso no te interesa, Sasuke-kun.


Se me había perdido el pen drive durante esta semana y lo encontré hace a penas unas horas, al tercer intento, en el cajón de los recuerdos. Es por eso el título (aunque tiene sentido para el capítulo). Como sea, muerte a los pen drives fugitivos :(

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