Summary: El compartir la habitación con otra persona puede ser un poco problemático... Sobre todo si es del género opuesto, tiene un humor de los mil demonios y ama a los conejos.
Disclaimer: Los personajes de Bleach son enteramente propiedad de Tite Kubo. Yo soy tan sólo una fanática loca que intenta emparejar por todos los medios a Ichigo y Rukia para su satisfacción.
*Editado: Miércoles, 18 de diciembre, 2013.
-Compañeros de piso-
Capítulo II:
El comienzo de un malvado plan
El compartir la habitación con otra persona puede ser un poco problemático… sobre todo si es del género opuesto, tiene un humor de los mil demonios y ama a los conejos. Ichigo y Rukia habían sido un poco ingenuos al pensar que su convivencia se reduciría a tan sólo pagar el alquiler.
La recámara era un lugar espacioso, en comparación al resto del departamento. Sus paredes color crema, maltratadas por el paso de los años, aún libraban una formidable batalla en contra del tiempo. La única ventana que tenía la habitación, estaba enmarcada por un par de cortinas verdes y las colchas de las camas eran de un descolorido tono azul. A la izquierda de la puerta, se hallaba un pequeño armario de madera (conservando todavía una caja cerrada, con pertenencias de sus anteriores inquilinos); junto a él, la primera cama, un buró y la segunda. Y para completar el mobiliario, había un escritorio frente la ventana.
Luego de su burda presentación, Ichigo y Rukia procedieron a registrar más a detalle el sitio donde vivirían de ahora en adelante. No pasaron más de diez minutos, cuando se suscitó la primera pelea entre ellos.
—¿Por qué has puesto tus cosas ahí? —preguntó la pelinegra irritada, al observar que el ojimiel ya se encontraba acomodando sus escasas pertenencias en la cama derecha.
—Porque yo quiero —respondió sin detenerse.
—¡Yo quería ese lugar! —exclamó la ojiazul, quitando la ropa de Ichigo.
—Lo siento mucho, pero yo lo gané —gruñó, arrebatándole las prendas de las manos.
—¡Yo necesito más el armario que tú!
—¿Y qué quieres que haga? —Desafió a Rukia— ¿Qué me ponga a llorar?
—No… —murmuró un poco intimidada por su altura— Solo… solo ¡Qué te quites de ahí, hombre! —gritó con furia renovada y empezó a empujarlo.
A pesar de ser mujer, tenía mucha fuerza. Ichigo intentó defenderse (pero sin lastimarla, obviamente) y ella no le estaba haciendo la tarea fácil. Luego de forcejear unos minutos, jalando una camiseta del peli-naranja, hicieron un movimiento muy brusco que terminó derribándolos encima de la cama izquierda. Rukia quedó por debajo del abdomen del ojimiel. Como si de polos iguales, inmediatamente se separaron.
Este hecho confirmaba que no existiría cualquier tipo de tensión sexual, ¿cierto?
En el instante en que ambos iban a abrir la boca para continuar con la discusión, alguien llamó a la puerta.
—¿Esperas a alguien? —inquirió el ojimiel, dirigiéndose a la entrada
La morena negó con la cabeza.
—No que yo sepa —musitó pensativa, siguiéndolo— ¿Y tú?
—Es más probable que lluevan cerdos.
Ichigo abrió y se encontró con una chica sumamente hermosa. Era peli-naranja al igual que él y llevaba unas pequeñas horquillas azul cielo decorando su cabello. Sus ojos parecían claramente llorosos y traía un sencillo vestido verde limón que le llegaba hasta las rodillas. El muchacho se quedó en estado de shock durante unos segundos y cuando Rukia llegó, su boca se abrió sorprendida.
—Orihime… —susurró lentamente.
La desconocida se lanzó hacia ella y le rodeó con los brazos efusivamente.
—¡Rukia-chan, pensé que jamás volvería a verte! —chilló, ya con lágrimas escurriéndose por sus mejillas.
Ichigo se sintió fuera de lugar, pero la curiosidad no le permitió moverse.
Cualquier hombre hubiera deseado ser Rukia… la chica que le abrazaba poseía una delantera muy voluptuosa y fundida en aquel abrazo, se podría sentir sin problemas.
—Lo siento, Orihime… mi intención no era preocuparte.
Rukia parecía claramente incómoda ¿Quién era esa chica? ¿Cuál era el motivo por el que estaba preocupada? ¿Cómo demonios había conseguido la dirección? Y sobre todo ¿Cuál era su relación? En la cabeza del ojimiel había bastantes preguntas sin resolver, pero dejó sus cavilaciones en el momento que la muchacha soltó el siguiente comentario:
—N-no sabía que de nuevo tenías novio.
Los rostros del ojimiel y la pelinegra se volvieron asustados y tras unos segundos, sus mejillas se tornaron en un intenso carmesí. Rukia fue la más afectada, debido a que casi inmediatamente negó con gesto exagerado.
—No, no, no. Tan solo es mi compañero de piso —se explicó rápidamente—: se llama Ichigo. Ella es Orihime, mi hermana —presentó rudimentariamente, más por obligación que por cortesía.
—Ichigo Kurosaki —aclaró con amabilidad y dando su mano, participando por primera vez en la conversación.
—Inoue Orihime —dijo apenada y respondiendo al saludo.
Una presentación muy distinta a la que había aplicado en ella, pensó Rukia mientras le observaba fríamente. Orihime en sí era una persona muy tímida, pero en esa ocasión parecía aún más cohibida. No quería que un tipo extraño como él, tuviera algo que ver con su amiga.
—Por favor, pasa y ponte cómoda en la sala. Ahí podremos hablar bien —invitó Rukia y luego le dedicó otra mirada inquisitiva a Ichigo— a solas.
—Mucho gusto, Orihime —expresó como despedida y se perdió por el final del pasillo.
Él también tenía derecho sobre el departamento y ella no debía correrlo, pero se fue de buena gana. Por el rostro de la chica que se había presentado como Orihime, sabía que tendrían una larga conversación y muy privada. Si algo le caracterizaba era que no se metía en asuntos ajenos. Entró en la habitación y se puso en movimiento para acomodar una parte de sus cosas. Todavía debía ir por un par de cajas al departamento de Ishida.
Afortunadamente, el chico friki no se opuso y se fue a la primera. La presencia de su amiga le desconcertaba. Cuando salió de su casa se había asegurado de que nadie le siguiera. La había subestimado. Pasaron a la sencilla sala conformada por tres sillones en tono marrón e Inoue se situó en el de dos piezas. Rukia se acomodó el que se componía de tan solo un espacio y fue la primera en animarse a romper el silencio:
—De ahora en adelante, viviré aquí.
Orihime agachó la cabeza y de nueva cuenta, se echó a llorar silenciosamente.
—P-pensé que estabas bien con nosotros…
—Y lo estaba, pero sabía que no sería para siempre, Orihime —explicó con ternura y acariciando su larga cabellera— Siempre estaré agradecida por todo lo que has hecho por mí.
La chica levantó la cabeza y esbozó una pequeña sonrisa.
—Eso hacen las amigas, Kuchiki-san.
—Claro… pero por favor no me digas así, recuerda, soy Rukia a secas.
—¿Podré venirte a ver seguido? —preguntó Orihime con timidez.
—Todas las veces que quieras.
—Nunca vuelvas asustarme así… —susurró en medio de un afligido sollozo.
—Lo prometo.
Rukia le explicó detalladamente el contrato que le unía a Ichigo y las condiciones por las cuales ahora vivía con él.
Extrañamente, Orihime se sonrojó de nuevo.
—¿Y no te da miedo vivir con un chico… —corrigió sus palabras, pues Rukia sí que había vivido con otro chico— que no conoces?
La ojiazul lanzó un largo suspiro y miró hacia la ventana.
—No. No lo conozco, pero sé que es una buena persona —durante un minuto se quedó enfrascada dentro de sus propios pensamientos— Ya sé el porqué estabas tan preocupada… Te has enterado, ¿cierto?
—Sí, Kuchiki-san —afirmó Inoue entristecida por su amiga— Salió ayer en el periódico, Sora lo compró. Como no tenía nada que hacer porque era mi día libre y estaba lloviendo, lo leí y me di cuenta —explicó.
—Ya no soy la misma adolescente inestable —reconoció orgullosa Rukia— Quizás las cosas no funcionaron con Kaien, pero me enseñó muchas cosas y me hizo vivir los días más felices de mi vida. Deseo que sea muy feliz, se lo merece. Por mi parte, yo aprenderé a vivir sin él… —sus ojos se pusieron acuosos, pero se controló para evitar llorar frente a ella— Saldré adelante, ordenaré mi vida y cuando sienta que haya hecho algo bueno, daré la cara a mi hermano.
—¡Lo harás, Kuchiki-san! Ten fe en ello —exclamó Orihime con mucho entusiasmo. Luego tomó su bolso y sacó su móvil— Lo siento, tengo que irme. Pensé que era más temprano.
—Gracias por visitarme —esbozó una pequeña sonrisa, borrando todo rastro de melancolía—, creo que te debo una disculpa por actuar de esta manera y no contártelo.
Ambas se levantaron y se despidieron con un breve gesto.
Rukia cerró la puerta cuidadosamente, aunque no creía que nadie fuera a entrar. Mientras cruzaba por el pasillo para dirigirse a la habitación, recordó su asunto pendiente con el idiota y en su estómago se formó un nudo. Ella se quedaría con el armario, costara lo que costara, pero muy a su sorpresa, él ya estaba recogiendo sus objetos y acomodándolos en el lado izquierdo.
—Ni creas que cambié de opinión porque tú lo dijiste —comentó el ojimiel al advertir la presencia de Rukia— ahora que lo pienso mejor, prefiero tener la ventana.
La pelinegra sonrió socarronamente ante su victoria.
Entre acomodar y descartar las pocas pertenencias de las personas que sucedieron, ya se había llegado la tarde. Sus estómagos se sentían resentidos, pero por un silencioso común acuerdo decidieron esperar hasta que todo estuviera más o menos decente y habitable para dormir esa noche. En todo el tiempo transcurrido, no se habían dirigido ni una sola palabra. Cada quien se encargaba de sus problemas, pero fue Rukia la que ya no soportó más el ayuno prolongado y se encaminó hacia la sala para encontrarse con Ichigo.
—Creo que me siento un poco débil —expresó cansinamente, mientras se echaba a un sofá— ¿Qué tal si hacemos las compras de una vez?
El muchacho se hallaba quitando el polvo del ventilador y bajó de la silla que le había servido de medio para alcanzarlo completamente.
—Vamos —murmuró con gesto ausente y sacudiéndose unas motitas de polvo de la ropa.
Pasando dos cuadras del edificio se encontraba un pequeño supermercado. El nombre del establecimiento estaba escrito en enormes letras de color verde y en el exterior había una vieja bicicleta naranja. Se agradecía que estuviera cerca de casa, pero era probable que no tuvieran todo lo que necesitaban. Permanecieron andando unas seis manzanas más, hasta que se encontraron un supermercado (miembro de una gran franquicia en Japón).
Tomaron un carrito y empezaron hacer una lista mental.
Ichigo insistía en comprar sopas instantáneas, pero Rukia no le dejó y terminaron en una nueva riña. Luego de una escandalosa serie de argumentos que provocaron que muchos clientes volvieran las cabezas hacia ellos, llegaron a la conclusión de que cada quien compraría sus propios alimentos —según su conveniencia— y le marcaría de alguna forma para que el otro no pudiera comérselo. Al principio, cualquier persona que les observara pensaría que eran una joven pareja de recién casados. Sin embargo, al final del día volvieron a ser lo que eran: un par de desconocidos.
El hecho de vivir juntos, no les hacía automáticamente amigos.
Cuando por fin terminaron de acomodar cosas (al filo de la medianoche) sintieron la imperiosa necesidad de dormir. Ichigo nunca utilizó pijama cuando vivía con Ishida. Solo le bastaba quedarse en ropa interior y listo. Pero al vivir con una mujer, esos tiempos habían quedado atrás. Por su parte, Rukia acostumbraba usar camisones ligeros, sin embargo era muy inquieta al dormir y siempre terminaba con el camisón subido hasta al cuello. Por un momento, la pelinegra casi le deseó buenas noches a su nuevo compañero, pero se contuvo. Con Orihime era algo casi automático, sin embargo ya no estaba con ella. Sería demasiado cursi decírselo a un desconocido, así que solo apagó la luz, se tapó con la sábana de color azul y le dio la espalda a Ichigo. Hasta que Rukia apagó la luz, fue cuando tomó conciencia del cambio que ella significaría en su vida. No sabía si sería bueno o malo, pero de que muchas cosas se transformarían completamente, de eso estaba seguro. La luna era enorme esa noche y contemplándola, se quedó pensando en lo que su familia estaría haciendo a esa hora.
Los pájaros cantaban alegremente. El sol yacía orgulloso en lo alto del cielo y éste complacido, se mostraba despejado para que todos pudieran sentir al astro rey. A lo lejos se oían el ir y venir de automóviles, autobuses, taxis y quizá hasta algunas bicicletas. Era la hora en que todas las personas se dirigían a su centro de estudio o de trabajo, para cumplir con sus actividades designadas por la sociedad. Pocos eran los haraganes que permanecían aún en los brazos de Morfeo. Japón se proclamaba de ser un país lleno de gente disciplinada y dedicada —y lo era—, pero tenía sus excepciones. Ejemplo: el par que a nosotros nos interesa del departamento número quince.
Luego del sonoro traslado de las personas, siempre proseguía un momento de calma. No obstante, no fue así para aquel modesto edificio.
—¡Joder, sal ya! —Gritó la chica de poca estatura, golpeando la puerta del baño con la punta del pie— ¡Llegaré tarde por tu culpa!
—¿A dónde llegarás tarde? ¿Al jardín de niños? ¡Solo deja de fastidiarme! —gruñó desde el interior— ¿No te enseñaron a que hay momentos en que no se debe… molestar a las personas?
Rukia permaneció en silencio unos segundos e Ichigo también. Ese tipo de temas eran realmente cotidianos, pero, por alguna razón, a muchas personas les costaba hablar de ellos.
—Pues… —comenzó de nuevo la ojiazul— eso no te importa… ¡Solo sal de una puñetera vez!
Compartir piso con Rukia era la peor decisión que había tomado en su vida. Solo llevaban tres días juntos y se estaba volviendo loco. Nadie podría vivir tranquilo con esa psicópata rompe-cojones. Debía encontrar alguna forma de librarse de ella… pues él no tenía otro sitio a donde ir. La posibilidad de regresar al departamento de Ishida —y vivir colgado de su padre, otra vez— estaba completamente descartada. Además, de que tardaría algún tiempo para reunir dinero (y no podía ser demasiado, pues ella tendría la posibilidad de juntar la cantidad necesaria y quedarse con el departamento), pero… ¿y sí Rukia se iba? Tenían un contrato de por medio, ambos se habían comprometido a pagar el alquiler durante un año. Le haría la vida tan miserable, hasta que Rukia no soportara vivir con él. Si se quedaba o no, tenía la obligación de pagar de todas maneras.
¡Era un jodido genio!
Rápidamente terminó con sus necesidades fisiológicas, se lavó las manos y empezó con su malvado plan.
—¿Querías el baño? —Inquirió abriendo la puerta— ahí lo tienes.
Conocía esa mirada, ella creía que haber ganado la contienda. Sin embargo, esa mirada desapareció inmediatamente cuando ingresó al sitio de la discordia. Él, probablemente no era la persona más higiénica del mundo, pero tenía sus límites. Ahora todo había cambiado… se convertiría en la persona más asquerosa que Rukia hubiera conocido en su vida. Las mujeres odiaban a los hombres sucios ¿cierto?
—¡Ichigo Kurosaki! —vociferó con una mueca de repulsión. El baño olía terriblemente mal y ni siquiera había bajado la palanca del agua… Casi se había vomitado cuando vio el "regalito" que le había preparado. Abrió inmediatamente la ventanita del baño para que los malos espíritus pudieran salir.
Ichigo oía todo el jaleo que hacía la pelinegra desde la cocina. Abrió el refrigerador, sacó los ingredientes para hacerse un sándwich y susurró complacido para sí mismo:
—De nada.
