Aquí está un nuevo capítulo del fic. Muchas gracias por leerlo, comentarlo y seguirlo ;)

PD: el fic tendrá 11 capítulos como mucho.


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Día 1. Parte 2

-Ya era hora de que despertaras, Bella Durmiente -se burló una voz masculina.

La chica se sobresaltó al oírla. Uno de los encapuchados de la noche anterior estaba sentado cómodamente en un sofá, observándola desde la distancia, como si fuese un depredador esperando el momento oportuno para lanzarse a atacar a su presa.

-¿D-dónde estoy? -logró preguntar ella, incapaz de disimular el miedo que sentía.

-En casa. Este es tu nuevo hogar, al menos por el momento.

El hombre caminó hacia Elena, provocando que esta se tensase cuando se sentó en la cama, muy cerca de ella.

-¿Dónde está Alaric? -volvió a preguntar la chica-. ¿Qué le habéis hecho a mi chófer?

-Mi compañero le ha dado un buen derechazo, pero está vivo. Alguien tenía que denunciar tu desaparición, ¿no crees?

"Bueno, al menos algo positivo" se alivió ella. "Alaric estaba a salvo"

-¿Quién eres? -se atrevió la joven a volver a preguntar.

-Si te portas bien, un amigo. Pero si haces alguna tontería -le advirtió él señalándola con un dedo-, seré tu peor pesadilla.

A pesar de la penumbra que invadía la habitación y del oscuro pasamontañas de su secuestrador, Elena no pudo evitar fijarse en sus ojos, aquellos ojos azul claro que la miraban amenazante y la desnudaban con la mirada al mismo tiempo.

-¡Hey, Damon! -dijo otra voz masculina, proveniente de las escaleras.

El chico de ojos claros giró la cabeza para mirar al recién llegado, quien también llevaba pasamontañas.

-¿Qué pasa ahora, hermanito? -preguntó el tal Damon con voz pesada.

"¿Hermanito?" se preguntó Elena, "¿Es que los secuestradores son hermanos? Mira qué bien, delinquiendo juntitos y todo" ironizó al final.

-Salimos en la tele -anunció con júbilo el chico, quien parecía ser el menor de los dos-. Bueno, nosotros no, la chica -se corrigió, señalando a Elena-. Gilbert está que trina.

-Mejor -dijo Damon, no tan animado como su hermano, volviendo a dirigir la mirada hacia su joven secuestrada-. Así le sacaremos más pasta

"Conque era eso" comprendió Elena. "Buscan el dinero de mi familia".

En cierto modo, la joven se sintió aliviada. Si lo que querían era el dinero de sus padres, eso significaba que la necesitaban con vida.

-Tu papaíto va a recibir una buena dosis de su propia medicina -le sonrió con malicia el más joven, quien se había acercado peligrosamente a Elena-. No sabes el tiempo que llevaba esperando esto...

El chico de evidentes ojos verdes intentó tocar el rostro de la joven, pero su hermano le agarró la mano antes de que lo hiciese, apartándole de ella al momento.

-Ni se te ocurra, Stefan -gruñó Damon, lanzándole una mirada envenenada.

-Eres un aguafiestas... -se quejó este, alejándose a regañadientes.

"¿Qué acaba de ocurrir?" se preguntó la chica desconcertada.

Parecía como si Damon la hubiese protegido. Bueno, más bien, visto cómo se había desarrollado la escena, parecía como si la hubiese marcado como su propiedad.

Pero, otra cosa que la desconcertó fue lo que dijo el tal Stefan. ¿Qué era eso de ''probar de su propia medicina"? ¿Es que su padre había hecho algo para enfadar a este par de hermanos?

-Anda, Steff -le dijo el chico de ojos azules al otro-. ¿Por qué no vas a arriba a prepararlo todo?

-¿Me dejarás hacer la llamada?

-Ni lo sueñes, de eso me encargo yo.

El joven protestó pero obedeció a su hermano, subiendo las escaleras hacia la casa y dejando a Elena con el mayor de los secuestradores.

-¿Tienes hambre? -le preguntó Damon a la chica en un tono casi dulce-. ¿Sed? -volvió a preguntar cuando ella negó con la cabeza.

A Elena no le quedó otra que tragarse su orgullo y asentir ante esa última pregunta. Estaba realmente sedienta y fingir lo contrario no le ayudaría nada. Total, seguramente iba a estar allí días, tarde o temprano tendría que acabar cediendo.

Damon se fue hacia una mini nevera y sacó una pequeña botella de agua. Después regresó con ella y se volvió a sentar en el borde de la cama.

La chica estaba esperando que le quitase las esposas, pero en lugar de eso, su secuestrador abrió la botella y se la llevó a Elena a los labios. La joven se sintió como una niña a la que sus padres le daban de beber porque aún era demasiado pequeña. Sus mejillas se encendieron en un rubor, pero no por la escena, sino por la intensidad de la mirada del chico.

-Bueno, creo que ya está, ¿no? -dijo Damon después de haberle ayudado a beber media botella de agua.

La chica asintió con la cabeza, ruborizándose aún más cuando él pasó un dedo pulgar por sus labios para recogerle unas gotas que se le habían derramado. Elena se riñó mentalmente. ¿Cómo era posible que sintiese un cosquilleo agradable al contacto con su piel? Debía sentir miedo de su secuestrador, no sentirse atraída por él.

-Necesito ir al baño -dijo ella tímidamente.

-Claro.

Damon sacó del bolsillo de su pantalón una llave y le quitó las esposas. Después, la agarró suavemente del brazo y la condujo hacia un pequeño cuarto de baño que había en el sótano.

-Un zulo muy completito, sí.

Elena no se dio cuenta de que lo había dicho en voz alta hasta que oyó una leve risa por parte de su secuestrador.

-Prefiero llamarlo "zona de retiro" -le respondió él divertido por su comentario.

-Sigue siendo mi prisión al fin y al cabo -murmuró la joven con pena.

-No por mucho tiempo, esperemos. De tu padre depende.

Dicho eso, Damon la llevó al interior del cuarto de baño, el cual era muy completo a pesar de su pequeño tamaño. Al menos había retrete, lavabo y bañera.

Elena se giró sobre sí misma al ver que el chico no parecía tener intención de irse.

-¿Te importa? -le pidió ella-. Necesito intimidad.

-Está bien, pero no cierres la puerta ni hagas ninguna tontería. O tendré que volver a esposarte.

-No haré nada -prometió Elena, consciente de que de nada serviría ponerse difícil.

Damon murmuró algo que la chica no alcanzó a oír y salió del servicio, quedándose fuera apoyado contra la pared junto a la puerta, a la espera de que Elena terminase de asearse.

Elena se apoyó contra el lavabo intentado calmar el alubión de sentimientos que la abordaban. Todo era tan surrealista. Hacía unas horas era una niña rica cuya única preocupación era no perder a sus "amigos" y ahora se había convertido en una secuestrada a la espera de que sus padres pagasen un desorbitado rescato por ella. Esto parecía sacado de una película. Para nada parecía real.

-¿Elena, estás bien? -preguntó Damon aparentemente preocupado, entrando para verla.

-Sí, no pasa nada -murmuró ella no muy convencida.

-Te he llamado un par de veces y no has respondido. ¿Estás segura de que estás bien?

-Sí, es solo que han pasado muchas cosas en poco tiempo.

-Comprendo. Esto también es nuevo para nosotros, ¿sabes? –le confesó el chico-. No es que vayamos por ahí secuestrando gente todos los días...

-¿Por qué a mí?

-Tu padre nos debe una -se limitó a responder él.

-N-no lo entiendo -tartamudeó ella.

-No tienes porqué -dijo Damon de forma cortante, para luego continuar tras una pausa-. Bueno, ¿has terminado ya?

-Aún no.

-Está bien, pero date prisa.

El chico volvió a salir para dejarle intimidad. Elena se echó un poco de agua en la nuca y el rostro para refrescarse y, tras un breve minuto, comprendió que debía volver a salir y enfrentarse a lo que fuese que le esperase afuera.

Elena volvió a toparse con esos hermosos ojos azules que la miraban casi con cariño, como se sintiese la necesidad de protegerla, algo irónico teniendo en cuenta que era él de quien debía protegerse.

El chico la toma de la mano con delicideza, haciéndole sentir una vez más ese cosquilleo tan agradable que solo él le hacía sentir, y la llevó de vuelta a la cama, donde ambos se sentaron en silencio, mirándose intensamente a los ojos.

Un fuerte portazo sobresaltó a la joven, haciéndole pegar un bote en la cama.

-Solo es el bestia de mi hermano -la intentó tranquilizar su secuestrador, dóndele un ligero apretón a su mano-. Debe estar impaciente por llamar a tus padres.

Solo en entonces, Elena se dio cuenta de que aún estaban cogidos de la mano. Ella sintió la necesidad de darle un ligero apretón en busca de apoyo, pero se contuvo. Su secuestrador podría tomar ventaja de ello si la veía tan débil y falta de afecto.

-No vais a dejarme hablar con ellos, ¿me equivoco? -dijo ella, aún sin apartar la vista de sus manos unidas.

-Esto no es un motel –se burló él ante su petición-. No se permiten llamadas.

-Claro... -murmuró Elena cabizbaja.

Un nuevo golpe proveniente de la planta de arriba hizo sobresaltar a la joven. De inmediato, Damon soltó su mano y desvió su mirada hacia las escaleras, donde pronto apareció la figura de su hermano.

Stefan descendió con prisa, como si estuviese ansioso por hacer algo.

-¿Listo para el show, hermano? –sonrió el joven con júbilo.

-Vamos allá –murmuró sin entusiasmo Damon.

El chico de ojos azules le dirigió a su prisionera una mirada de disculpa y, con delicadeza, le ató una mano al cabecero de la cama para asegurarse de que se mantuviese quieta. Después de eso, acompañó a su hermano hacia la planta de arriba, dejándola allí sola.

D&E

Los Gilbert estaban en el salón principal su mansión con la policía, repasando cada último detalle de sus vidas en un intento de descubrir quién podría tenérsela tan jurada como para secuestrar a su hija. Cuando el teléfono sonó, se hizo un silencio sepulcrar. El inspector de policía le indicó a uno de sus hombre que se preparase para localizar la llamada, para después pedirle a John Gilbert que pusiese el manos libres al coger la llamada.

-¿Diga?

-He secuestrado a su hija -anunció una voz distorsionada al otro lado de la línea telefónica-. Si quiere volver a verla con vida, deberá ingresar 5 millones de dólares a la siguiente cuenta.

El secuestrador dictó un número de cuenta bancaria que un policía anotó de inmediato.

-Si no recibo el ingreso en siete días, su hija morirá -sentenció la voz con total tranquilidad, prometiendo cumplir con su amenaza-. ¿Le queda claro?

-Es una cantidad muy elevada para recoger en tan poco tiempo -dijo John a sugerencia del inspector de policía que le acompañaba, tratando así de hacer tiempo mientras un policía trataba de localizar el origen de la llamada.

-Siete días es el tiempo que tiene. Le sugiero darse prisa, señor Gilbert.

Y, sin más, el secuestrador cortó la llamada, antes de que la policía hubiese tenido la oportunidad de dar con su localización.

-¿Qué vamos a hacer ahora? -le exigió saber John al inspector-. ¡Ese cabrón tiene a mi hija!

-No podemos darle lo que pide –le respondió este-. Hay que detenerle, no regalarle dinero.

-¡Se trata de la vida de nuestra niña! -intervino Isobel.

-Amor -la llamó su esposo-, el inspector tiene razón. No pienso darle ni un centavo a ese cerdo.

El matrimonio se enzarzó en una pelea sobre qué era más importante: el dinero o su hija. Por raro y frío que pareciese, el dinero parecía estar ganando la discusión.

-Señor -le dijo un sargento al inspector-, la cuenta bancaria que nos ha ofrecido el secuestrador es de Italia. Se tardarían semanas en obtener la orden para descubrir el nombre del dueño de la cuenta y, para entonces, ya habrá transferido el ingreso a otra cuenta y abandonado el país.

-Será hijo de puta... -maldijo el inspector Connor.

D&E

Por la noche, los secuestradores bajaron al sótano con un par de pizzas y se dispusieron a comer con la chica. Stefan no paraba de lanzarle miradas, miradas que le hacían estremecerse de miedo. Por su parte, Damon estaba enfurecido con su hermano e insistía una y otra vez en mantener un conversación trivial con él para distraerle y para intentar que desviase su atención de ella.

Elena tenía un nudo en el estómago y fue incapaz de tomar más de una pequeña porción de pizza. El mayor de los hermanos se ofreció a prepararle algo que le apeteciese más, pero ella sabía que el problema no era la pizza, sino su miedo a lo desconocido.

Stefan fue el primero en irse, no sin antes lanzar una de sus indirectas a la chica. Damon le ofreció a la joven la posibilidad de tomar un baño y de ponerse un pijama, pero Elena lo rechazó porque no confiaba del todo en que él no intentaría sobrepasarse con ella. Al fin y al cabo, era su secuestrador y lo único que sabía de él no le daba mucho bote de confianza.

Así que, tras recibir varias negativas a su propuesta, Damon acabó aceptando que la cabezonería de la chica había ganado la discusión. Por ello, volvió a esposarle una mano al cabecero de la cama. Damon se sintió tentado a darle un beso de buenas noches en la frente, pero eliminó la idea de inmediato por ser totalmente absurda e inapropiada.

Cuando el chico apagó la luz al irse, el sótano quedó totalmente a oscuras. Entre lo incómodo de llevar ropa de calle puesta, las esposas rozando su piel y haciéndole daño y el baño de lágrimas en que se convirtieron sus ojos por el miedo a su destino incierto, la joven pasó una de las peores noches de su vida.