Disclaimer: Hetalia no me pertenece.


Capitulo II: Si te dan la mano, agarra del codo

Me resulta increíble como todo puede ir de "mal" a "un completo y monumental desastre" en tan sólo unas cuantas palabras. En teoría, podría encontrarme en peores circunstancias, aunque eso no significaba que la situación en sí fuera menos irritante.

¿Qué eres?

Aquella había sido la pregunta que, después de ignorar la mía junto a una cuantas miradas incrédulas, siguió la conversación.

Eh, soy un ser humano―. Aquella declaración había sido acompañada por una única y burlesca ceja levantada, antes de continuar con un tono antagónico.—Y una mujer, como aparentemente todos han podido verificar.

Por lo menos, habían tenido la decencia de parecer avergonzados después de esas palabras; incluso Francia.

Pero… no lo comprendo―. Inglaterra se decía mientras frotaba sus ojos, su tono infundido de confusión.—El hechizo solo es capaz de invocar espíritus y otros seres incorporales. Debería ser imposible transportar un humano a través del éter¿cómo es que tu…?

¿Cómo quieres que lo sepa?— Había siseado, asegurando que mi voz denotara impaciencia.

Oh, por supuesto que sabía a la perfección lo que había ocurrido. Inglaterra, por pura suerte, había invocado mi alma; hecho que había coincidido con la manifestación de su estado físico pocos segundos después. El drama no había sido más que una excusa para ganar algo de tiempo y planificar mi siguiente jugada.

De alguna u otra forma debía: O inventarme una historia y antecedentes plausibles en cuestión de segundos, o encontrar la forma menos chocante de anunciar que era una viajera multidimensional fantasma.

Después de recapitular, me doy cuenta de que la segunda opción habría sido potencialmente la menos dañina. Quiero decir, estamos hablando de un universo donde hay personificaciones de países; una que ve unicornios y otra que tiene un alienígena de mascota.

¿Por qué no había decidido explicarme a tiempo?

Podrá parecer una excusa, pero en ese momento me encontraba bastante nerviosa ante la idea de que éste no fuera el Hetalia que yo conocía, a pesar que la existente evidencia me demostraba lo contrario. Aquello explicaría también mi carencia de sentido común cuando respondí a la siguiente pregunta.

¿Cómo te llamas?

Soy Danna Necker.

Entonces, el silencio inundó la habitación, lo cual en seguida percibí como una mala señal. Nadie permanecía callado en Hetalia; jamás, a menos de que se hallaran en sus momentos más serios o solemnes. No me tomó mucho tiempo darme cuenta de mi error. En realidad, solo bastó unos segundos, cuando China hizo que recordara cierto detalle importante:

Ah, pero, Necker es un apellido alemán. ¿No es así, aru?

Y como diría mi sabio abuelito, que en paz descanse: "Todo se fue al carajo."


—¿Sabes? Hay un nombre para manía como la tuya. Se llama "paranoia".

Inglaterra me fulminó con la mirada y añadió otro nudo a las cuerdas atando mis muñecas. La soga se enterró dolorosamente sobre mi piel, por lo que no pude retener un indignado gruñido que me había estado guardando desde hace unos minutos.

—Arthur, no es necesario ser tan brusco con la señorita—. Francia vino a mi rescate. Su semblante se veía por un lado contrariado, y por el otro, divertido debido al trato que Inglaterra estaba recibiendo por parte mía. Si ellos insistían hacerme el día tan difícil, yo les devolvería el favor.

—Has silencio, Francis. Sé que es mucho pedir, pero usa tu cabeza: Ella podría ser una espía alemana.

Lo miré pasmada, no sabiendo por donde comenzar a enlistar las falacias de su lógica.

—Eh, Iggy… Si ese fuera el caso, fuiste tú el que de alguna forma la trajo aquí, ¿no? Eso te haría el mayor culpable—. América trató de razonar, a lo que muchos parecieron sorprendidos. Inglaterra también se había quedado sin palabras, antes de gritar:

—¿¡Desde cuándo eres el adulto razonable aquí?!

—El americano tiene un punto—. Sonreí complaciente.—Me parece que yo soy la verdadera víctima aquí. ¿No merezco por lo menos el beneficio de la duda? Te lo estoy dando a ti.

Inglaterra parpadeó confundido.

—¿A mí? ¿Cómo?

—Dudo que seas tan inteligente como tú crees que eres.

De acuerdo, ese no fue el mejor curso de acción. Aunque admitiré que el chiste había valido la pena. Francia y América parecían pensar lo mismo, si sus risas lo demostraban. Inglaterra tosió indignado, y su piel adquirió un lindo color "rojo enojo".

Creo que estaba cavando mi propia tumba.

—¡Ca-cállate!— Me ordenó. Decidiendo que yo también había tenido suficiente de burla y teatro, opté por seguirle la corriente.

América y Francia no fueron así de considerados, a lo que resultó otros cinco minutos de discusiones y demostraciones de poder antes de que se pudiera seguir con la interrogación.

«Bienvenida a Hetalia.» Pensé rodando los ojos.

—Bueno, mis benévolos anfitriones—. Interrumpí. —Tenía la impresión de que querían saber más de mí, ¿no es verdad?

Inglaterra refunfuñó entre dientes, antes de recuperar su aire digno.

«La verdad, debieron dejar que Rusia se encargara del trabajo. Cualquiera cantaría como un canario bajo la presión de esos ojos violetas. Pero, eh, a caballo regalado no se le ve el diente, supongo

—¿Cuál es tu relación con el ejército alemán?

—¿Qué te hace pensar que tengo una relación?— No esperé a que respondiera mi pregunta.—Lo digo en serio. Soy sólo una ciudadana común. No dispongo de ese tipo de información. ¿Por qué habrías de pensar lo contrario? Mi apellido es alemán, ¿y qué? Es el apellido de mi abuelo; un emigrante. Mi familia no ha vivido en Alemania desde hace dos generaciones.

Una vez más, el silencio reinó en la habitación. Todos redirigieron su mirada a Inglaterra, quien se encontraba paralizado desde su posición, probablemente reprendiéndose a sí mismo por no haber pensando en posibilidad tan obvia. No iba a culparle demasiado: En la guerra, era imposible saber en quien confiar. Además, los pobres estaban malditos por la extraña lógica del anime.

China fue el primero en reaccionar:

—Europeo inepto, aru.

—¡E-ella podría estar mintiendo!— Inglaterra insistió.

—Ah, bueno, hablando de eso; sí les he mentido.

—¡No trates de negar…!— "Arthur" exclamó, para luego inmediatamente empezar a balbucear cuando procesó mis palabras. —¿!D- de verdad!? Quiero decir… ¡por supuesto! ¡Ha! Era obvio que como el mejor espía, yo no podría equiv…

—Sé porqué tu hechizo me trajo aquí—. Lo interrumpí.

—…¿Disculpa?

—Ah, esto será difícil de explicar—. Me sobé la nuca, ahora un tanto insegura.—Pero tú sí invocaste a un espíritu.

Considerando la cantidad de veces que los países habían caído en silencio gracias a mis palabras, estaba ahora completamente convencida de que mi mera presencia no era más que una anomalía para este mundo.

—…¿Qué… quieres decir…?

—¿¡ESO SIGNIFICA QUE ERES UN FANTASMA?!— América chilló, apenas acordándose de su dignidad mientras evitaba que su cuerpo reflejara el mismo horror que su voz poseía. Hice una morisqueta, encogiéndome un poco por el volumen.

—¿Ah? ¿Un fantasma? Creo que estás equivocado, compañero. La pequeña señorita parece bastante real.

América observó a Rusia con desdén y parecía listo para empezar otra pelea, pero acabó siendo interrumpido por Francia.

—Estoy de acuerdo con Ivan, ma beauté, creo que deberías explicarte mejor—. Se acarició el cabello.—¡Pero no me sorprendería si una belleza como vous, fuera de otro mundo!

Lo observé anonadada, no tanto por sus palabras, pero por las rosas que habían aparecido como por arte de magia y flotaban a su alrededor.

«¿Qué… demonios?» Eso era nuevo. Demasiado nuevo, diferente, y rompía los pocos moldes de sentido común que aún había conservado incluso después de todo este tiempo. Cerré los ojos con fuerza y los abrí de inmediato para convencerme de que no estaba alucinando; las flores habían desaparecido. «Voy a pretender que no vi eso, pero creo que mi ente me odia.»

—De acuerdo…—. Proseguí con cautela.—No estoy muerta, per se, pero la mayoría del tiempo no soy más que un alma andando por el mundo astral, entrando y saliendo de diferentes planos dimensionales. Por métodos que aún desconozco, mi alma adopta un cuerpo físico durante mi estadía temporal en estos nuevos mundos, adaptándose a ellos.

—…¿Qué? — América preguntó confundido. Suspiré agraviada, notando como la mayoría de los otros países parecían estar al borde de aventarlo por una ventana.

—No estoy muerta, mi cuerpo original está en coma—. Simplifiqué.—Mi alma viaja a través de mundos paralelos por accidente. Cada vez que entro a un mundo, obtengo un cuerpo físico, tal como éste, después de un tiempo. Arthur invocó mi alma incidentalmente a la vez que ésta se preparaba para… convertirse en un cuerpo real. En cualquier caso, no soy un fantasma; soy una viajera de mundos.

Opté por fijarme en las ahora cambiantes expresiones de América, adivinando que los otros países probablemente me observaban como si hubiera perdido la cordura. Lo cual no habría sido cien por ciento incorrecto, pero aquello no iba al caso.

—Wow, chica, eso es tan… ¡ASOMBROSO!

Inglaterra lo contempló estupefacto.

—¿¡A- A ELLA SÍ LE CREES ESTE TIPO DE COSAS!?

—¿Por qué no habría de creerle?— América le pregunto extrañado.—¿No viste el momento en el que ella apareció de la nada? ¿Qué hay de todas esas luces? ¡Es obvio que tiene superpoderes!

—¡Pero esa fue mi magia!

—Estar en coma no es un superpoder…—Susurré exasperada.

—¡Ai yah! Un momento, algo no tiene sentido. —China se había recuperado del shock y me miraba con desconfianza. —Si eres de un mundo paralelo como dices ser, ¿cómo es que conocías acerca de este mundo y su situación?

«Ah, China, por algo eres el país más sabio.» Le ofrecí una leve, pero genuina sonrisa a la nación asiática.

—Ah, señor…

—…Wang Yao—. Me informó después de dudar un instante, tal vez asegurándose de que no revelara su verdadero nombre.

—Wang Yao—. Repetí. —Esa es una excelente pregunta, aunque posee una respuesta sencilla: Mi mundo es bastante parecido al suyo. Casi mellizo. Incluyendo la Segunda Guerra Mundial.

—¿Eh?― Rusia expresó con suavidad, inclinando su cabeza hacia un lado.―Entonces, ¿cómo sabes que no estás en tu mundo? ¿En que se diferencia?

—Bueno, señor… ¿Ivan…?

—Braginsky.

—Señor Braginsky. Cómo lo sé, pregunta usted. Bueno, en primer lugar, la última vez que estuve en mi propia dimensión, eran mediados del año 2015.

Cerré los ojos y tomé una gran bocanada de aire, anticipando su reacción.

«… Apuesto que América será el primero en responder.»

—Espera, ¡eres del futuro! ¡CHICA! ¡ESO ES TAN ALUCINANTE!

«Bingo.»

¿Vraiment? ¿¡Cómo es posible?!

—¿Del futuro…? No me lo puedo creer…—Inglaterra murmuró, papando moscas, con los ojos abiertos como platos.

—¿Pero eso no significaría…— "Wang Yao" empezó a preguntarse en voz alta. —…que tú sabes los resultados de esta guerra?

Como si hubiera sido golpeada por un relámpago, la atmósfera cambió en cuanto China exteriorizó aquella proposición. Cual magneto, la mirada de todos se vio atraída sobre mi persona, observándome penetrantemente. Desvié los ojos y me relamí los labios ante el sofocante ambiente. Era la primera vez que me sentía tan nerviosa desde que había despertado.

—No exactamente—. Dije. Inglaterra parecía estar preparado para protestar. —Provengo de otra dimensión, no sólo del futuro. La historia es parecida, pero no la misma.

—De nuevo, ¿cómo puedes estar tan segura?— Inglaterra insistió.

—En el futuro, ya se han creado diferentes teorías respecto al tema—. Traté de explicar con más paciencia de la que me quedaba. —Por el momento, creen que viajar al pasado podría ser teoréticamente posible, pero sumamente improbable. Además, el viaje a través del tiempo ha creado demasiadas paradojas que solo pueden ser resueltas con el concepto de los mundos paralelos. Es, por lo tanto, mucho más factible que me encuentre en una dimensión diferente a que me encontrara en el pasado.

Decepcionados, todos agacharon la cabeza, pero Inglaterra no se había rendido por completo.

—Pero incluso si no provienes de la misma dimensión, ¿no acabas de decir que tu mundo también sufrió de una Segunda Guerra Mundial?

—¡Ah! Iggy tiene razón. —América exclamó. —La historia de tu mundo no debe de ser demasiado diferente a la nuestra, si has podido reconocer donde te encuentras en el pasado.

«América, maldita sea.» Resistí la repentina urgencia de estampar mi frente contra el suelo «Éste no es momento para tener tus inusuales lapsos de inteligencia.»

—Mi historia es diferente a la de ustedes, de eso estoy segura.

—¿Da? ¿Podrías explicar cómo?

Ignoré el ligero escalofrío recorriéndome la espalda. Tenía cosas mucho más importantes de las que preocuparme en ese momento.

«Ahora o nunca…»

—Bueno…— Esbocé una sonrisa titubeante. —En primer lugar, en mi mundo no hay personificaciones de países que peleen las guerras por nosotros. Sip.

«La suerte está echada.»

Ahora solo tocaba esperar a que no me echaran por mi mala suerte. Aunque viendo como el rostro de Inglaterra palidecía con cada segundo transcurrido, y las expresiones de horror de los otros países, no diría que me iba a ir demasiado bien. ¿Era mi idea, o Rusia parecía querer sacar algo de su gabán?

«Si se trata de la maldita tubería, escaparé aunque no sé cómo. Lo juro por Dios

—L-lo… ¿¡Lo sabiias!? ¿¡Todo este tiempo lo has sabido?!

—Espera, Inglaterra, déjame terminar de explicar…

—¿¡Y sabes mi nombre?!

—¡Oh! ¡Oh! ¿¡Sabes quién soy yo!?— América preguntó emocionado. Traté de ignorar el aura maliciosa que emanaba del país inglés, el cual ahora yacía ignorado a espaldas del estadounidense.

—Ergh, por supuesto que sí. Tú eres los Estados Unidos de América.

Por más imposible que me pareciera, su sonrisa se ensanchó aún más.

—¡Sí! ¡Pero llámame América!

«Nah, lo siento. Así se llama todo el continente, no sólo el paísDe acuerdo, no sería prudente decir eso en voz alta.» Necesitaba tantos aliados de mi lado como fuera posible si quería que el resto de mi plan funcionara.

—Ah, América, déjala terminar—. El francés trató de aplacarlo.

—Como decía—. Continué. —Ésta es la razón principal del porqué estoy segura que me encuentro en una dimensión paralela. En mi hogar, su realidad no es más que una historia. Los países, como personas, no existen.

Todos parecieron incómodos ante esta idea. ¿Y cómo no? Enterarse de que en otro mundo todo lo que conocían no era más que ficción, debía resultar muy chocante.

—No existen países como nosotros… ¿Cómo puedes estar tan segura de ello?— China habló después de un tiempo. No pude evitar soltar una ligera risa ante esa pregunta, aunque no estaba segura si se dieron cuenta de que no existía humor alguno en ella.

—Estoy segura. Por eso les dije que las guerras son diferentes donde yo vengo.

Los países compartieron miradas inseguras. «Me pregunto si comprenden las implicaciones de mis palabras.»

—Pero, pequeña señorita…

—Danna—. Corregí. —Ya les dije mi nombre. Pueden usarlo.

—Danna—. Rusia había dejado de sonreír. —Tú dices que has visto nuestra historia, ¿da?

—No a profundidad—. Expliqué, antes de que se pudieran hacer ideas. —Conozco… un resumen, por decirlo así… Y tengo algunas referencias de las fechas originales en mi mundo. Nada más.

—No creo que no tengas nada que decirnos.

—No tengo—. Suspiré con cansancio, observando a Inglaterra de reojo. —Y créeme cuando te digo, que incluso si lo tuviera, no sería inteligente revelar ese tipo de conocimientos.

—¿¡Ah?! ¿Por qué no?— América cuestionó con un tono algo infantil.

—Lo digo por su bien. Como ya expliqué, mi mundo ha investigado mucho respecto al tema. Existe algo llamado "el efecto mariposa", un concepto de la teoría del caos. La idea básica es que cualquier discrepancia en las condiciones iniciales podría acabar en resultados completamente diferentes, sea para bien o para mal.

Inglaterra aspiró con violencia, entendiendo por fin la situación. El resto de los países parecían también sobrecogidos ante la idea. Menos América.

—…¿Qué?

Inglaterra gruñó.

—¡Por el amor de…! Eres un idiota, América.

—¿Qué puedes esperar, mouton noir? Fuiste tú el que lo crió.

—¡No digas nada, cara de sapo!

«Dios, si en verdad estás allí afuera, te pido que me des paciencia. No fuerza, porque si me das fuerza, terminaré por darles una paliza a estos hijos de…»

Golpeando a ambos países pendencieros sobre la cabeza, China hizo que conservara el esfuerzo.

—Lo que Danna quiso decir, América. — China explicó mientras ignoraba las protestas de Francia e Inglaterra. —Es que el futuro podría terminar peor si algo incorrecto del pasado llegara a cambiarse.

América se veía decepcionado.

—Entonces, no sirves para nada…— Inglaterra me ojeó con desdén. Le devolví la mirada con el cenó fruncido.

«¡Desgraciado! ¿¡Cómo te atreves a tratarme de esa forma!? ¡Oh, no! ¡Estoy siendo denigrada por un personaje paródico que hasta el momento había creído ficticio! ¡Vaya vergüenza, y la humillación! ¿Cómo podré volver a ver a mi madre al rostro después de esto?»

Ante mi risa silenciosa, el semblante de Inglaterra se tornó confuso.

—Sí, sí, pero fuiste tú el que invitó al oráculo inútil usando magia ineficaz, ¿verdad?

América reventó en carcajadas.

—¡JA! ¡Te tiene en jaque, Iggy!

—¡S-silencio!— Volteó a mirarme. —¿¡Y tú por qué sigues aquí?

—…¿Cómo… esperas que me vaya?

—¡De la misma forma que llegaste!

—Era un espíritu—. Le recordé. —Sólo entonces tenía posibilidad de cambiar de dimensión. Cuando me invocaste, robaste esa posibilidad porque hiciste que esperara demasiado tiempo. Ya no es posible para mí regresar.

«Ah, mentir se ha vuelto tan fácil.»

—E-eso…—Inglaterra balbuceó, obviamente sintiéndose culpable. —Aún así, ¿qué haces viajando a través de dimensiones? Además, debe haber una manera para que vuelvas a tu forma espiritual. Tú misma admitiste que ya habías adquirido cuerpos físicos con anterioridad, entonces debes de conocer un modo para revertirlo.

«Ah, Iggy, deja de poner las cosas difíciles para los dos.»

—Juro que he estado hablando con una pared todo este tiempo. Estoy en coma. No puedo regresar a mi cuerpo porque mi alma está perdida, incluso si volviera a ser un espíritu, ¿de que me serviría empezar otro círculo vicioso? No, no. Te propongo otro trato.

—¿Un… trato?

Levanté mis muñecas atadas, y con el dedo índice, señalicé que se acercara. Inglaterra hesitó unos instantes, antes de arrodillarse y aproximar su oreja a mis labios.

—Aquí entre nos—, le murmuré al oído —yo creo que tu magia es real.

—Por supuesto que lo es…

—Como sea. ¿Crees que puedas devolverme a mi dimensión?

—¿¡Disculpa!?— Giró la cabeza rápidamente y me miró a los ojos, sólo para pegar un respingo cuando cayó en cuenta de la cercanía de nuestros rostros.

«Ugh. Mojigato.»

—En verdad, mi habilidad no es coincidencia—. Aclaré en voz alta, sorprendiendo a todos los países que ahora volvían a prestarme toda su atención. —Es hora de que explique algunas cosas más.


—Entonces… ¿dices que un Jīngshén es el responsable de lo que te está pasando?

—…¿Y que la única forma en la que te dejará regresar a casa será cuando "termines la historia"? ¡Sacrebleu! ¡Qué despreciable es colocar a una dama en tal situación!

Asentí, conteniendo una sonrisa que amenazaba con pintarse en mi rostro. Había narrado parte de mi historia a los países, y su empatía los tenía comiendo de la palma de mi mano.

— ¡Y pensar que si hubieras podido viajar a través suficientes dimensiones sin adquirir un cuerpo físico, también habrías ganado la apuesta!

Por supuesto, unas mentiritas aquí y allí también habían sido inevitables.

Inglaterra desvió la mirada, avergonzado.

«Me sentiría culpable, pero esto fue necesario.»

—¡No te preocupes, Danna! — América me palmeó la espalda —¡Prometo que te ayudaré a regresar a tu mundo!

—Lo sé—. Le sonreí. —Tú eres un héroe, ¿no es verdad?

América rió, obviamente sintiéndose orgulloso con el cumplido.

—¡Damn straight, I am!*

China suspiró agraviado.

—Por favor, trata de no incitar sus ilusiones.

—¿¡Eh!? ¿¡Cómo que ilusiones!? ¡Yo soy el héroe!

—Entonces, ¿Danna está a nuestro cuidado hasta que "la historia" termine, da?

—… O hasta que encuentre una manera de enviarla a su dimensión— Inglaterra apostilló, aunque su voz poseía cierto elemento un tanto fuera de lugar. —A-acepto parte de mi responsabilidad. Hasta que llegue el momento de tu despedida, podrás residir en mi casa.

Atragantándome con aire, lo examiné perpleja. «Wow, hombre, vaya forma de hacerme sentir como la mayor escoria de este mundo… aunque teniendo en cuenta a sus personajes, probablemente lo sea.»

—¡Bah, como si ella quisiera vivir en un país tan aburrido! ¡Puedes venir conmigo, te encantará mi hogar!

Inglaterra lo fulminó con la mirada, mientras que yo solo le ofrecí una leve sonrisa.

—Aprecio la invitación, pero creo que será mejor quedarme con Inglaterra. Él es el que estará a cargo de buscar una forma para regresarme a casa, después de todo.

Ignorando la expresión desilusionada de América, Francia dio un paso hacia delante y me sujetó de las manos.

—¡Ah, ma beauté, estaría mas que honrado si alguien como tú se quedara en mi hogar! Tengo mucho más que ofrecerte que este marinero vulgar; deliciosa comida, la mejor moda a nivel mundial, y si quisieras, las noches más placente…

Arranché mis manos de las suyas.

—Por favor, monsieur Francis, me ha parecido un hombre muy charmant hasta ahora. No lo arruine.

Francia, sorprendido, se detuvo a parpadear unos segundos antes de reír con extravagancia.

Oui, Oui, ¡vaya dama tenemos aquí! No se preocupe, por alguien como tú, seré paciente. ¡Es sólo cuestión de tiempo hasta que caigas por mis encantos!

«Cristo Jesús.»

Inglaterra parecía querer vomitar.


—Aquí está tu dormitorio—. Inglaterra me informó, abriendo una de las tantas puertas del amplio pasillo. — Aquella entrada de allá conduce al baño. ¿Es de tu gusto?

«Hombre, si no fuera de mi gusto, bien podría ser de ese tipo de personas que se limpian los mocos con billetes de cien dólares.»

La habitación era grande, más grande de lo que había esperado recibir, y bastante elegante también. Un pequeño candelabro colgaba incluso del techo, bañando los muebles con su leve luz dorada. La alfombra blanca y afelpada que yacía en el epicentro del dormitorio parecía ser la perfecta representación de un paraíso para los pies. Sobre la alfombra, lucía una cama de cómoda y elegante apariencia, siendo perfilada por un toldo color crema que se encontraba suspendido sobre ésta.

«Wow

—Me encanta—. Admití con honestidad. Inglaterra parecía más que satisfecho.

—¡Por supuesto! Sólo los artesanos ingleses podrían crear muebles tan bellos.

—Ya veo.

Me fijé en el silencio que cayó después de esas palabras, y escudriñé a Inglaterra por el rabillo del ojo. Él me observaba de pies a cabeza, con cierto nivel de incomodidad, y deduje que examinaba la ropa que llevaba puesta, la cual no era más que el capote de militar con el que había despertado (el cual resultaba ser de mi anfitrión) y unos pantalones de hombre demasiado grandes para mis piernas, sostenidos únicamente por la correa abrazándome la cintura.

—Ah… —tosió en su mano y retiró la mirada, dándose cuenta de que me había fijado en su escrutinio. —Mañana me encargaré de conseguirte ropa adecuada, ahora es demasiado tarde…

«Si me sigues tratando con tanta benevolencia, en verdad harás que me sienta mal.»

—Inglaterra. No te sientas culpable por lo que pasó, en primer lugar, no fuiste tú el que me separó de mi familia. «Además, no tienes culpa alguna, todas fueron mentiras.»

Azorado, las mejillas del país ingles se pintaron de rosado, y éste balbuceó unas cuantas palabras indescifrables antes de recupera la compostura.

—¡No lo hago por ti! Si te mantengo cerca, eventualmente bajarás la guardia. Me terminarás por revelar el futuro, lo quieras o no.

—Si así lo dices—. Canturreé, asegurándome que mi tono sólo denunciara escepticismo. El sonrojo de Inglaterra se volvió mas violento, y éste frunció el ceño.

—¡Por supuesto que sí!

—Igual, estoy agradecida.

—Si estás tan agradecida, podrías trabajar un poco para demostrármelo en lugar de vivir de mí como una gorrona—. Declaró con pedantería, levantando el mentón.

—De acuerdo—. Acepté. Inglaterra cesó su gesto anterior, abriendo los ojos de par en par.

—¿Eh?

—Que tienes razón. Vivir sólo de ti sería muy abusivo. Si piensas que debo trabajar, trabajaré.

—E-espera, no es…

Dios, mi lado sádico hacia mas que disfrutar esas expresiones; se estaba regocijando ante ellas.

Antes de que Inglaterra pudiera decir cualquier otra cosa, lo tomé de los hombros, dándole la vuelta, empujándolo con suavidad por el marco de pino.

—Que descanse, patrón—. Guiñé un ojo —Nos vemos mañana.

Y de esa forma, le cerré la puerta en la cara.


De acuerdo. Exposición terminada. Es probable que edite este capítulo dentro de poco.

Muchas gracias a "aguilareal88" por poner seguir esta historia, y gracias a MMRA por comentar. Me alegro que te encante :D

¿Qué les ha parecido el nuevo capítulo? Estaría muy agradecida si comentaran. Por cierto, si tienen curiosidad, por el momento escribo otras tres fanfictions. Una del juego "Slenderman", otra del anime "One Punch Man" y una en inglés de "Death Note".

Vocabulario:

"Damn straight, I am": Damn straight es un expresión, quiere decir; claro que sí.

Si tienen otras preguntas respecto al vocabulario, no duden en hacerlas.