Disclaimer: KHR pertenece a la mangaka Akira Amano, yo solo tomo los personajes prestados con el fin de entretener.
Dispara y huye – Justiciero de la mañana
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El cielo cambiaba de oscuro a claro, junto a los rayos del sol pintaban las nubes de una suave tonalidad naranja anunciando así un nuevo amanecer, con ello lentamente las personas del pueblo despertaban para dar inicio a sus actividades matutinas.
Entre ellos un perezoso azabache refunfuñaba por el simple hecho de tener que levantarse. Se había pasado la noche anterior jugando al póker y bebiendo en compañía de su invitado del pueblo del agua. El aprendiz de la sheriff Lal, Colonnello.
Había llegado un par de días antes con un mensaje de parte de ella, comunicando los respectivos inconvenientes ocurridos respecto a los forajidos Vongola. Pero también para jugar un poco con su gran amigo, el sheriff del condado del sol, Reborn.
Aquello ahora le traía un enorme dolor de cabeza, nada que un trago no pudiera solucionar. Lo divertido es que en su pequeña aventura había salido bien librado, dejando los bolsillos de su amigo completamente vacíos. Le causaba gracia que aún creyera, después de tantos juegos perdidos en su contra que aún tenía la posibilidad de vencerlo.
Sabía que el estar sin dinero iba a ser un gran problema a la hora de regresar, por lo que lo obligaría a trabajar bajo su mando una semana completa, torturándolo solo para su disfrute personal.
Con ello en mente y una perversa sonrisa sobre sus labios, se dispuso a comenzar su día. Alejó las cobijas de una sola patada, con la intención de asearse e ir a desayunar al bar del pueblo. Una bella cantina, propiedad de extranjeros del otro lado del mar. Dos hombres y una hermosa dama, que hacían la estadía mucho más agradable en el lugar.
Salió de su hogar con rapidez, saludando por el camino a uno que otro habitante sin desviar su destino, en el que probablemente a esa hora de la mañana los únicos despiertos serían el barman Hayato y el cocinero Takeshi. Ambos hombres eran expertos en sus especialidades, por ello el bar era el lugar más concurrido de todo el pueblo.
Nada más al ingresar, pudo observar como la gran mayoría de las mesas eran ocupadas a la espera de sus respectivos alimentos. Desde que llegaron, familias enteras dejaron de cocinar solamente para ir a probar los exquisitos platos de aquel hombre de sonrisa amable y divertidos modales.
Se acercó a la barra, observando como el barman iba a su encuentro.
—Buenos días, Sheriff ¿lo mismo de siempre? —Pregunto Hayato, al momento de tomar su orden.
—Buenos días. Si, lo mismo de siempre —Ordeno, viendo como era apuntada su orden y con un asentimiento de cabeza el barman se retiraba a preparar su pedido. Suspiro profundamente, retirando su sombrero para depositarlo en un costado, masajeando el puente de su nariz, estaba tratando de mermar la espantosa jaqueca que se estaba formando en su cabeza, hasta que un sonoro golpe sobre su espalda lo hizo estremecer por completo.
—Buenos días sheriff, de haber sabido que iba a ser abandonado en el sofá y sin la posibilidad de desayunar, hubiera traído mi propio despertador, kora. —comentó alegre Colonnello, mientras sobaba sus manos entre ellas a la espera del barman para pedir su desayuno también. O eso intento, hasta que el azabache pateó su asiento con fuerza mandándolo al suelo de un solo golpe. —¡OYE, Kora!
—No estoy para tus juegos, aprendiz de cuarta. Quiero desayunar en paz. —Sus miradas chocaron, mientras la tensión crecía a tal punto de que podía cortarse con un cuchillo. Solo necesitaban una razón para comenzar a pelear, pero fueron interrumpidos por el suave toque del plato sobre la barra.
—Su pedido está listo, sheriff. —comentó el barman, viendo después al caído de manera interrogante. —¿su invitado, sheriff?
—Si. —Cerró los ojos, suspirando nuevamente. Frustrado, más teniendo la intención de tomar su desayuno en paz. —Mi invitado. Hayato, te presento al aprendiz de la sheriff Lal, Colonnello.
—Un placer, kora. —contestó el rubio, colocándose en pie del suelo para volver al lado del azabache. Presentándose apropiadamente. —Un gusto. —Se presentó el barman al susodicho, volviendo con rapidez la atención al azabache. —¿Lo mismo para él también?
—Sí, lo mismo. —respondió antes de comenzar a comer tranquilamente. Viendo partir nuevamente al barman y sintiendo la insistente mirada azulada perforando a su persona. —¿Qué? —exclamó fastidiado, tratando de que su molesto invitado no le arruinara su preciado alimento.
—Es raro verte levantado tan temprano luego de lo de anoche. Usualmente estarías haciendo pereza y maldiciendo por lo bajo el dolor que probablemente tienes de cabeza.
—Yo no soy un aprendiz, Colonnello. Yo si tengo deberes que cumplir. —comentó mordaz. —Ahora cierra la boca y come. —señaló a Hayato que regresaba con el desayuno del rubio. Pero tenía sed y el ron no hacía buena pareja con el tocino. Que no daría por un delicioso café.
—Creo que necesita uno de estos, sheriff. —Una suave voz comentó muy cerca de su oído, sintiendo como su cálido aliento acariciaba su piel. Apoyando una de sus manos sobre el hombro del azabache y con la otra depositaba una taza de café fresco sobre la barra.
El contacto despertó cada una de sus terminaciones nerviosas. Allí estaba, la razón más importante por la que despertaba cada mañana, además de disfrutar sus visitas al bar para el desayuno, almuerzo y comida. Sonrió sutilmente, deseando que su mano jamás se apartara de su lado, detener aquel momento en el tiempo por siempre, pero como siempre su toque se alejó dejando solo su ausencia. —Gracias, Tsuna. —Agradeció el sheriff, volviendo su mirada a la castaña que le devolvía la sonrisa de manera juguetona.
—¿Otra vez de juerga, sheriff? —preguntó la joven. Dejando al lado del rubio otra taza de café.
—Nada del otro mundo, solamente estaba dejando limpio al aprendiz. —comentó divertido el azabache.
—¡OYE! Estuve a punto de ganar, kora. —refunfuño el rubio, agradeciendo la bebida y mirando de mala manera a su amigo. —No hay necesidad de hacerme ver mal enfrente de la señorita.
—Yo no hago nada, tu solo te colocas en ridículo. —masculló el sheriff, dejando de lado su plato vacío para tomar entre sus manos la taza de café, tomando su primer trago, disfrutando de su sabor. Nadie podía hacer el café tan delicioso como lo hacia ella.
—Tranquilo. —comento la castaña. —Entiendo que el sheriff tiene una curiosa manera de expresar su afecto hacia los demás.
—No, él es así desde que lo conozco, kora. Es un bastardo que disfruta el sufrimiento de los demás. —Aseguro el rubio, agachándose con rapidez antes de que el puño del azabache le diera directamente en la cara. —¿Se da cuenta? Es un bruto, señorita.
—Cierra la boca, Colonnello. Nos vamos. —Tomo su bebida en dos largos tragos, antes de dejar la taza sobre la mesa, tomar su sombrero y halar del cuello de la camisa al rubio que comenzó a pelear con él para que lo soltara.
—Tsuna. —Se acercó a la chica, colocando su sombrero sobre su cabeza e inclinado el rostro a modo de despedida.
—Sheriff, que tenga un buen día. —Esta le guiño el ojo, despidiéndose divertida por la escena que estaban haciendo en medio del bar.
—Nos vemos, señorita. —Como pudo Colonnello se despidió, sin lograr aún soltarse del férreo agarre del azabache. Salieron del bar, con rumbo a la comisaría. Solamente cuando estuvieron dentro de esta, finalmente Reborn lo soltó con fuerza, lanzándolo a una de las sillas enfrente de su escritorio.
—¡Cuidado! Sin dañar la mercancía. —dijo molesto el rubio, acomodando sus prendas nada más al verse libre. —Sí que amaneciste muy enérgico.
—Y tu demasiado bocón ¿Acaso quieres que te mande de regreso a pie hasta el pueblo de la lluvia? Te recuerdo que son tres días a caballo. —puntualizó el azabache, tomando los documentos que estaban sobre su escritorio, comenzando a leer. Tenía que analizar todo lo que sabía respecto a aquellos bandidos que estaban convirtiéndose en un enorme dolor de cabeza, no solo para el terrateniente más poderoso del cañón, sino también para ellos mismos.
Su aparición fue repentina, daban sus golpes con precisión. No existían imposibles para ellos y en ninguno de sus golpes llegaron a tener rehén alguno. Solo tomaban el dinero o las provisiones y se retiraban. Sin daños, sin heridos o por lo menos no de su parte.
Se enfocan específicamente en todo lo relacionado con Primo ¿Tendría algo que ver el terrateniente con los atrevidos pistoleros? No podía afirmar nada aún, aún necesitaba recolectar más información al respecto.
—Estas muy callado —comentó el rubio, leyendo después de un buen rato en el que noto que el azabache no le prestaba atención su parte de los informes referentes a los golpes de Vongola.
—Es extraño. Que tantos atracos sean a la misma persona. —colocó en palabras sus pensamientos, volviendo la mirada a su acompañante. —A menos que tengan algo que cobrar. —continuo Colonnello, teniendo una idea de lo que se estaba refiriendo el sheriff.
—Tendremos que hablar entonces con Primo. —dijo antes de escuchar como alguien azotaba la puerta de su oficina y como un remolino un joven entraba con rapidez.
—¿Es usted el sheriff del sol? —preguntó el muchacho, jadeando como si hubiera estado corriendo por todo el desierto.
—Soy yo. —Afirmó el azabache. —¿Quién quiere saber? —pregunto de vuelta.
—Disculpe Sheriff, soy el mensajero del pueblo de la niebla. El Sheriff Mammon me ha enviado a entregarle con suma urgencia este documento. He cabalgado toda la noche con tal de llegar a tiempo. —Informo el joven, sacando de un pequeño maletín que traía una carta que dejó en manos del azabache.
—Gracias, puedes retirarte. —le informo Reborn al joven, que con un suave "con permiso" se retiró para buscar un lugar en donde descansar.
—¿Qué es? —pregunto con curiosidad el rubio, observando como el sheriff abría el sobre en el que venía el documento, para leer seguidamente el contenido de la misma.
—Nos vamos inmediatamente. —Apoyo con fuerza el papel sobre la mesa. —Si lo que dice Mammon en esta carta es cierto, tenemos pocos días antes de que Vongola de su próximo golpe. —Se levantó de golpe y sin decir más salió de su oficina, seguido con rapidez por su ayudante amigo.
—Así que ¿Las cosas se pondrán interesantes?
—Más que interesantes, se convertirán en un dolor de cabeza. —Afirmó el azabache, montando su fiel caballo y junto a Colonnello, partieron rumbo al encuentro del terrateniente.
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—Bienvenido —saludo Hayato, detrás de la barra a su nuevo cliente. Sonriendo suavemente al ver de quién se trataba.
—Muchas gracias, quisiera pedir la especialidad de la casa. —El joven solicitó sonriente a pesar del cansancio que se reflejaba en sus facciones. Cabalgar toda la noche lo había dejado completamente exhausto.
—¿Le gustaría disfrutarlo en la mesa especial?
—Por favor.
—Entonces, por aquí por favor. —El barman levantó la entrada de la barra, indicando al joven que podía seguir.
—Gracias. —Sin decir más, se adentró y avanzó por la puerta al respaldo del bar. Ingresando así a los terrenos privados del hogar que existía tras bambalinas, en donde vivían los dos hombres y la hermosa dama.
Avanzó un buen tramo, llegando sin dificultad hasta la sala, está estaba bellamente decorada, adecuada con todo lo necesario para que siete personas vivieran con comodidad. Pero si vivían tres personas en aquel lugar ¿Porque necesitan tanto espacio? Eso se preguntaría la gente normal, pero él ya conocía la respuesta.
Estaba corto de tiempo, así que avanzó conociendo la ruta hasta el tercer piso en donde se encontraban los cuartos, dirigiéndose hasta la última puerta en donde dando tres ligeros golpes, espero. Un suave "adelante" le permitió ingresar al cuarto, sonriendo como un niño pequeño al ver después de tantos meses a la persona dentro de la habitación.
—¿Estás cansado? Ven aquí, niño rebelde. Deja que tu hermano te dé un abrazo como mereces. —hablo divertido y este ni corto ni perezoso se abalanzo sobre su hermano.
—Estoy en casa, Tsuna-nii —exclamó el joven, dejando que el castaño rodeará su cuerpo con sus brazos, correspondiendo de igual forma.
—Bienvenido de vuelta, Fuuta. ¿Una noche larga? —pregunto, mientras lo guiaba a la cama, recostando su cuerpo sobre ella y apoyando su cabeza sobre su regazo, mimando a su pequeño hermano con dulzura.
—Demasiado larga, pero nada que no pueda recuperar con un par de horas de sueño. —suspiro, dejando que la suave mano del castaño lo arrullara.
—¿Todo en orden, entonces? —pregunto, más por rutina que otra cosa. Ya conocía la respuesta.
—Todo está listo para dar el golpe en tres días, Tsuna. —confirmó el joven, permitiendo que el sueño se apodera lentamente de él. —¿Seguirás vistiendo así hasta el día del golpe? —pregunto entre dormido el muchacho. Haciendo referencia al vestido y peluca que portaba el castaño.
—Es más divertido así, cerca de los amigos y más cerca a tus enemigos, Fuuta. Será un golpe al ego de los alguaciles cuando se den cuenta de que sus bandidos estuvieron todo el tiempo bajo sus narices.
—¿Entonces te gustan los encajes? Porque aunque seas hombre te lucen, hermano. —rio por lo bajo, cayendo finalmente en los brazos de Morfeo, sin ser consciente de cómo el castaño se ponía de todos los colores ante semejante revelación.
Sin embargo, estaba determinado a dar aquel golpe, el último que acabaría con Primo para finalmente reclamar lo que le pertenece por derecho. Lo había planeado por años y ahora estaba al alcance de sus manos.
Había llegado a ese pueblo con el fin de cumplir su venganza, tomando la apariencia de una joven para mantener la atención lejos de él. Todo iba según lo planeado, pero entonces alguien más se agregó a la ecuación. El sheriff Reborn.
Al principio fue odio puro entre los dos, después el tiempo hizo su magia transformando su relación en una divertida amistad y en los últimos meses no sabía qué pensar al respecto.
Su cuerpo reaccionaba cada vez que él estaba cerca, sus sonrisas coquetas y sus miradas furtivas le ponían la piel de gallina. Estaba adentrándose en un mundo en el cual sabía era peligroso, no solo para su objetivo sino también para su corazón.
Y allí en su habitación, mientras peinaba los cabellos de su pequeño hermano se preguntaba ¿Qué sucederá cuando el sheriff se dé cuenta de la verdad?
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Continuará~
Segunda parte a la velocidad de la luz. De hecho esta historia se está escribiendo en wattpad, pero estoy haciendo un respaldo aquí en FF por si a la otra plataforma se le da por tumbarme el libro nuevamente ¿si sabían que me borraron el libro de "Cortos R27"? fue una tragedia, pero no permitiré que ocurra de nuevo.
Con esto y un chocolate, nos vemos en la próxima actualización.
Ciao~
Marhaya
