Bueno, aquí viene el capítulo 1. Como prometido es mucho más largo. Gracias a todos por vuestros reviews. ^_^
Capítulo 1: El chico nuevo
Otro día más, en este desastre de vida que es la del chico-que-vivió. Me pregunto si ya que tengo tan mala suerte siempre, habrá alguien en el mundo que se haya llevado para sí, la suerte que me correspondía. Al pensar en ello me enfado conmigo mismo, de nada me vale quejarme ahora. Estoy atrapado en esta maldita época hasta que halle una solución.
Lo peor es que no puedo hablar con nadie, ni siquiera pedirle ayuda al que tanto me gustaría acudir, Dumbledore. Ahora, mi viejo director, era tan sólo un profesor más del colegio, y para mi gran 'satisfacción', no creo que creyera ni una palabra de lo que saliera por la boca de una de las serpientes viles y traicioneras de Hogwarts. Aún así, tan poco quiero confiar en él. Jugar con el tiempo ya es lo suficientemente peligroso, pero confiar en alguien al que, sinceramente, no conozco de nada en esta época, podría acarrear consecuencias de las que no estoy ni quiero estar seguro de cómo cambiarían las cosas. Cómo tampoco sería inteligente ponerse en manos de uno de los mejores Legilimens del mundo mágico.
Eso es otro punto del que llevo un mes intentando mejorar, la puta oclumencia. Pensaba que si había algo en lo que podía ser más negado que pociones eran las artes mentales. Pero estaba visto, que la desesperación y la necesidad son buenos incentivos para aprender algo, que de otra manera, me sería imposible. Así que tan sólo con varias semanas de estudio y con una gran paciencia, había logrado mejorar rápidamente en este angustioso arte.
¿Y os preguntaréis porqué es tan necesario? Pues a pesar de mi estupidez, hasta yo me di cuenta, que la información dentro de mi cabeza podría ser la más importante que haya ahora en todo el mundo mágico, y que en malas manos (véase Voldemort, Grindelwald, etc.) podría causar un desastre terrible. Así que decidido a ocultar todo lo que esconde el futuro decidí centrarme y esforzarme en aprender, por primera vez en mi vida, el arte de la oclumencia.
Miro mi reloj con cansancio y veo que son las ocho y cincuenta, hora de ir a encantamientos. Me levanto rápidamente dejando en mi plato media tostada con mantequilla que no me he podido acabar dispuesto a dirigirme al salón de clases, pero en mi camino un mano me para.
"Harry, te has olvidado esto." Dice una voz suave y dulce a mi espalda. La reconozco en seguida, y al girarme me encuentro con la preciosa chica rubia que esperaba ver.
"Gracia Mel. No sé qué me pasa últimamente, estoy en las nubes." Le lanzo una de mis sonrisas y sin dilación las mejillas de la chica se tiñen de un tono rosado. Melaxea Malfoy es realmente un ángel. Desde el primer día, fue la única que fue amable y sincera conmigo, y me explicó muchas de las normas no escritas de Slytherin. Gracias a eso, aprendí cómo funcionaban las cosas aquí.
"¿Vas a encantamientos Harry? Podemos ir juntos." Dijo con esa voz suave y encantadora de nuevo. Sus ojos azules y su pelo largo y rubio destacaban sus rasgos aristocráticos y la hacían parecer una muñeca de porcelana. En verdad, un ángel.
"Por supuesto, Mel. Vamos." Añadí dirigiéndome de nuevo hacia la salida.
Pero en mi camino hacia fuera del gran comedor no vi que unos ojos grises se posaban sin descanso sobre nosotros, observándonos con detenimiento.
"No me lo puedo creer. ¡Qué hace esa estúpida con ese chico de nuevo!" Oí a mi espalda otra vez la voz rabiosa de Abraxas, que miraba sin descanso hacia la otra parte del gran comedor. Mi vista se desvió allí, y vi a Melaxea Malfoy hablando con un chico de pelo azabache y altura media. Otro alumno mediocre más de este gran colegio. Volví mi mirada al frente para seguir la conversación anterior hasta que de nuevo fui sacado de mis casillas por la voz de Malfoy junior.
"Y ahora se va con él. ¿Esa mocosa no se da cuenta de quién es o qué?"
"Abraxas, ¿qué ocurre?" Dije con tono serio esperando que se me respondiera rápidamente.
"Melaxea está de nuevo con ese Evans. ¡Le advertí que no se acercara a él! ¡Una sangre pura no puede rodearse de gentuza como él! ¡No puedo creer que me haya ignorado completamente!" Añadió con enfado sin dejar de mirar a ambos chicos que salían por la puerta del gran comedor.
"¿Quién es ese Evans del que hablas Malfoy?" No era común que me interesara por nadie fuera de mi círculo, a no ser que tuviera algo que me sirviera para algún propósito, pero viendo la reacción de Malfoy debía saber de quién se trataba.
"Ese chico nuevo, Harrison Evans. Nadie sabe nada de él. Apareció hace un mes solicitando entrar en Hogwarts, por lo que sé, es huérfano, y ese apellido… Sé que no es un sangresucia, porque al fin y al cabo, está en Slytherin. Pero de lo que estoy seguro es de que no está al nivel de un Malfoy, y Melaxea no debe ni puede relacionarse con alguien como él." Vi que su puño se cerraba con fuerza demostrando la rabia que sentía al ver que su hermana pequeña ignoraba sus consejos, u órdenes, depende cómo quisieras verlo.
"Así que, un chico nuevo…" me quedé pensativo durante unos instantes. Incluso para el poco interés que ponía en los alumnos de cursos menores, era extraño que no me hubiera dado cuenta del muchacho. "¿Qué más sabes de él, Abraxas?" pregunté con curiosidad.
"Poco, la verdad. Ese chico es como una sombra. Él no habla sobre sí mismo ni sobre su vida, así que mis intentos por encontrar algo con que atacarle ha sido infructuoso. Pero lo que sí sé, es que es bastante inteligente, y que su asignatura predilecta es defensa contra las artes oscuras. También parece que tiene algún profundo rencor hacia el dark lord Alemán, Lord Grindelwald."
"¿Por qué dices eso, Abraxas?" Oí que preguntaba Bilmus enfrente nuestro adelantándose a mi propia curiosidad.
"Melaxea me lo comentó. Parece ser que el joven Evans tiene muy fuertes opiniones sobre los dark lords y sobre el uso de la magia negra. Y el único al que se podría referir hoy en día es al dark Lord alemán."
Miré estupefacto a Abraxas. El crio aquel o era muy estúpido o muy valiente, y visto en la casa en la que estaba, la valentía no era uno de nuestros rasgos. Se había atrevido a mal hablar del Dark lord que muy próximamente gobernaría Europa.
"Interesante este Harry Evans." Me picaba la curiosidad, por lo que averiguaría más cosas sobre este chico, quisiera él o no.
Estaba de nuevo en el gran comedor con Mel y Bri, cansado y esperando a que apareciera la comida después de una clase doble de encantamientos seguida de otra de transformaciones. Ésta última había sido realmente provechosa, y antes de terminar había sido el único que había conseguido transformar un pergamino en una preciosa planta. Incluso Dumbledore había venido a felicitarme por tan perfecta transformación, otorgando a Slytherin veinte puntos. Con eso me gane un gran abrazo de parte de Bri, que era mi compañera en encantamientos, y el respeto de muchos de los integrantes de la clase.
Brittany Murphy es mi otra gran amiga aquí en esta época. Cabello rubio ondulado y grandes ojos avellana hacían de ella una hermosa mujer. Aunque aún muy lejos de la belleza incomparable de Mel. Aún así Bri, poseía muchas cualidades que Mel no. Era atenta, minuciosa, y una gran conversadora, y al contrario que la otra Slytherin no era para nada tímida sino más bien abierta y vivaracha. Era alguien que hubiera visto seleccionado antes en Griffindor que en Slytherin, la verdad.
"¡Aún no me lo puedo creer, Dumbledore dándonos 20 puntos, increíble! Eres el mejor Harry" Y dicho esto se inclinó y me dio un fuerte beso en la mejilla, a lo que me sonrojé inevitablemente.
"Mírale que mono todo sonrojadito. "Dijo Bri mirando a Mel con una sonrisa pícara.
"ya os vale jugar con mi pobre corazón humano." Añadí simulando una voz derrotada. "¿Sabéis la tentación que suponéis para mí?"
"Nos lo podemos imaginar, Harry." La sonrisa de Bri se ensanchó aún más si era posible, y Mel se reía disimuladamente a su lado.
Entonces apareció la comida y me dispuse a comer. Y en medio de un mordisco sentí algo extraño, mi sexto sentido (o llamándolo de otra forma, el sentido que moody me había hecho desarrollar a base de estar paranoico) me decía que alguien me estaba observando. Levanté mi mirada y observé con sigilo a mí alrededor hasta que noté quien era el responsable de mi malestar.
"Mierda." Añadí por lo bajo bajando rápidamente mi mirada al plato.
"¿Decías algo, Harry?" Oí que preguntaba Mel a mi lado.
"No nada, nada." Respondí rápidamente, cerciorándome de nuevo con disimulo, que era él y no otro quién tenía sus inescrutables ojos sobre mi persona.
Vaya suerte de mierda que tengo. Por qué coño me miraba tan atentamente. Decidí que lo mejor era dejarlo pasar. Lo más probable es que tuviera un breve lapsus de curiosidad hacia el chico nuevo y nada más. Me auto convencí de que era tan sólo eso.
Miré de nuevo con precaución, pero esta vez sus ojos si me cazaron en mi intento. Permanecí unos segundos mirándolo fijamente a esos ojos oscuros y profundos, hasta que yo mismo me abofetee mentalmente, aparté la mirada y bajé mi rostro a la mesa en señal de una sumisión que no sentía pero que me veía obligado a aparentar.
Por Merlín, de verdad tengo una suerte de mierda. Pensé de nuevo antes de ignorar todo y ponerme a comer.
Ahora mismo iba por el pasillo dirigiéndome como siempre a la biblioteca, aunque esta vez acompañado de Mel. Hasta que mi camino se vio truncado por dos alumnos de séptimo y uno de sexto que reconocí en un instante.
"Hermano." Oí que decía en un susurro un poco tembloroso la chica a mi lado.
Allí, en frente mío se hallaban tres de las personas que había intentado evitar durante todo lo que llevaba aquí: Abraxas Malfoy, Orion Black y Bilmus Lestrange.
Noté como la copia de Lucius Malfoy me miraba con superioridad evaluándome.
"¡Qué haces con él! ¡No te dije que no quería volver a verte con éste!" En su tono pude sentir todo el desprecio que sentía hacia mí. Era como si hablara de un insecto que no fuera ni lo suficientemente digno para ser pisoteado por él.
"Hermano, tú no decides sobre mi vida ni sobre la gente con la que debo o no debo hablar." Añadió con un tono frio con el que nunca había visto expresarse a la joven Malfoy. Ahora entendía que era lo que hacía de Mel una de ellos. "Puedo hablar y hablaré con quien me dé la gana, y tú no podrás hacer nada por impedirlo." Dijo orgullosamente mirando con esos ojos fríos como el hielo a su hermano mayor.
"¿De verdad crees que no podré impedirlo?" Se jactó con la típica mueca Malfoy que siempre había odiado. "Puede que a ti no pueda tocarte, pero que me dices de él." Entonces su vista se centró en mí. "¿No querrías que sufriera un accidente verdad, Melaxea?" Vi como en la cara de mi amiga se mostraba un poco de terror.
Y ahí fue cuando decidí intervenir. Y que a pesar de todo lo que había intentado durante ese mes por pasar desapercibido nada iba a lograrlo nunca. Era ley universal que Harry Potter no podía estar fuera de los problemas, así que ya que no podía evitarlos para que malgastar tiempo intentándolo.
"Creo que ya es suficiente." Añadí con voz estricta y dura sorprendiendo a los cuatro Slytherin a mí alrededor.
"Así que la pequeña serpiente tiene colmillos." Dijo Lestrange con una sonrisita macabra. "Qué sorpresa."
"Pues parece ser que sí, así que más te vale dejar en paz a Mel. Ella puede relacionarse y hablar con quien le apetezca, y no tiene porqué dar explicaciones a nadie. Y menos porque una panda de críos con aires de grandeza crea que puede acobardar a sus amigos con un estúpida amenaza." Y con eso me acerqué rápidamente y cogí del cuello de la camisa al mayor de los Malfoy y lo estampé contra la pared. Debido a lo inesperado de mi acción no pudo evitarlo. Así que sin soltar mi agarre me acerqué a su oreja y le susurré. "No es la primera ni será la última vez que alguien me amenace, de eso estoy seguro, pero ten por cierto que yo no soy como el resto de los estudiantes aquí. Así que si piensas que puedes intimidarme fácilmente, piensa de nuevo, Malfoy. Si tocas un pelo de Mel, de Bri o de mi, te aseguro que no saldrás tan bien parado como crees." Dicho esto lo solté y miré fríamente a los otros dos que me miraban con cara sorprendida. Les dediqué una sonrisa macabra y me giré hacia Mel.
"Vámonos." Añadí suavemente, y con eso me puse en marcha sintiéndome por primera vez en mucho tiempo como el auténtico Harry Potter. Cuánto había echado de menos esa sensación.
"Ese estúpido crío." Oí que decía de nuevo Abraxas con rabia.
"Ya es suficiente Abraxas." Dije ya harto de oír sus incesantes lloriqueos.
"Pero Tom…" No había nada peor que oír a un mago adulto y encima sangre limpia quejarse de esa manera.
"He dicho que ya es suficiente." Tanto en mi tono como en mis ojos se mostraba la orden implícita que le daba al heredero Malfoy.
"Tenías que haberlo visto, Tom. Ha sido desternillante." Añadió Orion Black con una risita en sus labios mientras se acomodaba mejor en el sillón en el que se había sentado.
"Joder. No tiene ni puta gracia, Black." Oyó a Abraxas maldecir.
"Si que la tiene" Añadió Lestrange con otra sonrisita que sabía intentaba irritar más al joven Malfoy.
"Basta vosotros dos también. No os da vergüenza. Un crio de 15 años ha podido con los tres y aún os reís."
"No ha podido con los tres, Tom. Sólo con Abraxas." Y dicho esto Lestrange se unió a Black en sus carcajadas.
"Y vosotros sois amigos míos." Añadió el rubio con desprecio en su voz mirando a los otros dos Slytherin.
"La verdad es que este Harry Evans parece ser más de lo que aparenta. Y tranquilo Abraxas, le haremos pagar. Al fin y al cabo no podemos dejar que te intimide, ¿cierto? Debemos proteger al pobre Abraxas." Añadí esto último mirando a los otros Slytherin en la sala, para que segundos después una risita saliera de mi boca uniéndose con la de los otros. No pude evitar que mi diversión aumentara al mirar la indignación en la cara del rubio frente a mí. De veras tenía que conocer a ese Harry Evans.
