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Summary: -Déjame hacerlo, quiero hacerlo-Dijo Remus, agachado entre sus rodillas y con la cabeza entre las piernas de Severus, excitado e imbuido por aquellas insondables orbes negras-Déjame hacerlo-Insistió, atravesándolo con aquellos ojos ámbar color miel-Yo quiero hacerlo...-Susurró, seguro de sí mismo, como nunca antes lo había estado.
N/A: Harry Potter no me pertenece. Todos los derechos pertenecen a JK Rowling. Lo único que me pertenece es este fic, realizado con muchísimo mimo y cariño.
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CAPÍTULO II:
El profesor Slughorn estaba furioso. Algo sumamente inusual en él, siempre de carácter neutro y habitualmente cortés, amable, incluso bobalicón y, algo distraído. Y aquello, sin duda alguna, no podía ser la mejor forma de empezar el último curso escolar de los estudiantes en principio más mayores y maduros de Hogwarts. Al menos, eso pensó Remus, rodando los ojos con cara de: "Merlín, dame la paciencia necesaria para graduarme vivo e ileso y no matar a mis mejores amigos".
-Cincuenta puntos menos por cada uno de los alumnos que falten a clase-Borbotó el hombre, sin poder creer el soberbio descaro de su alumnado, que no se tomaba en serio la asignatura y, por ende, el noble arte de las Pociones -Y cámbiense de inmediato de asiento. Lupin, muévase al frente; Malfoy, con Longbottom… ¡Dense prisa!-Azuzó, moviendo su varita para hacer que la pizarra se llenara de extraños y complicados garabatos químicos.
Sirius Black había seguido con su fiesta en el Expreso tras la cena inaugural en el Gran Comedor y ahora, debido a unas terribles migrañas, náuseas, cólicos e indisposiciones digestivas, más de la mitad de los alumnos de séptimo estaba en la Enfermería, a cargo de una todavía más que furibunda Madame Pomfrey.
Naturalmente, el resultado de tal hazaña no pudo ser otro que la pérdida de cincuenta puntos por cada uno de los estudiantes que restaban en cama, así como un forzado e intempestivo cambio de compañeros de pupitre, y ello daba completamente al traste con aquellos equipos de trabajo vigentes desde primer año en Pociones.
-Oh… mierda-Fue el sentir común de todo el mundo en el aula, mientras comenzaban a mover sus cosas de lugar.
-Eso te pasa por imbécil-Lo amonestó Remus Lupin, golpeándolo sin piedad en la cabeza con un libro y, levantándose para cambiar de pupitre-¿A quién en este mundo se le ocurre montar una fiesta en el Expreso y, después de la cena en el Gran Comedor, seguir de juerga hasta las tantas en la Torre de Ravenclaw y, con los Hufflepuff?-Sermoneó, incrédulo, recogiendo todas sus pertenencias. Sirius Black era capaz de arrasar con todo y con todos.
-¿Qué?-Espetó Sirius, sobándose la cabeza, donde muy pronto le saldría un chichón-Estaban de paso por los vagones de Hufflepuff. No me quedó otro remedio que invitarlos. Ya sabes, es lo suyo, Moony, es lo que hacen los buenos compañeros de escuela. Lo que hacen los amigos.
Remus continuó guardando todas sus cosas en su maletín, ignorándolo completamente.
-Moony, no te enfades-Suplicó James Potter, haciendo pucheros, sin querer formar equipo de Pociones con su mejor amigo-No me dejes con Sirius. No sabe distinguir un trozo de bezoar de un grano en el culo.
-Gilipollas-Soltó Sirius, agarrándolo por la nuca y revolviéndole brutalmente el cabello.
-Para, Canuto, joder-Farfulló, riéndose, aunque molesto por ser todavía más despeinado frente a su novia, Lily Evans, que lo miraba enfurruñada desde su nuevo asiento, al lado de Parkinson.
-Necesito un cigarrillo-Murmuró Sirius, bostezando bajo la atenta mirada de Slughorn-Ojalá el bueno de Peter estuviera aquí para darme uno. Se pasó tomando Whiskey de fuego con lima y guindillas dulces. El alcohol no es lo suyo, se lo he dicho siempre, pero no me hace caso.
James, a su lado, se echó a reír, pero inmediatamente paró, también siendo fulminado de una forma sumamente solemne por el profesor de Pociones. Carraspeó, se pasó una mano por el pelo y, fingiendo estar de pronto atento y concentrado, se puso erguido en su asiento. Algunas personas suspiraron ante aquella pose, apreciando su físico en silencio.
-Morgana-Pidió clemencia Remus, riéndose también, mientras caminaba hacia el pupitre de un mortalmente serio y pálido Severus Snape.
-¿Por dónde íbamos, pues?-Murmuró Slughorn, dándose la vuelta de nuevo y comenzando con la explicación de la fórmula química de la poción para infecciones y sarpullidos producidos por la babosa de río venenosa.
Remus dejó todas sus cosas sobre el pupitre y, fingiendo desinterés hacia su compañero de al lado, miró de reojo a Severus, intentando descifrar algo de aquel rostro serio y silencioso, por cuyos largos mechones negros asomaba una protuberante nariz griega. Se mordió los labios con fuerza, indeciso, dudando entre preguntarle si estaba bien o no, pero se rindió, haciendo memoria de los sucesos acontecidos en el Baño de Prefectos de Séptimo y, tomando mientras tanto, algunas vagas notas de aquello que estaba explicando Slughorn.
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-Snape-Dijo Remus, sacudiéndolo con la punta de las manos, intentando despertarlo-Snape, ya hemos llegado-Prosiguió, esta vez sacudiéndolo con más fuerza.
Severus no se movía. Tan solo respiraba superficialmente, sudando copiosamente, el cabello pegado sobre sus sienes y, con los ojos haciendo un frenético zig-zag bajo aquellos párpados fuertemente cerrados. Remus, entrecerrando los ojos y moviendo la varita sobre su frente, se dio cuenta, preocupado, que Severus Snape estaba teniendo fiebre. Y una fiebre altísima, por lo que la punta de su varita, enrojecida y humeante, dejaba entrever.
-Mierda-Murmuró, mirando cómo se llenaba el andén, mientras algunos profesores y Hagrid se apresuraban a ordenarlos por años y Casas-¿Y ahora qué hago contigo?-Se preguntó, bajito.
Resolutivo como era, Remus sacó un pequeño frasco con poción revitalizante y sujetándolo de la barbilla se la dio a beber, entreabriendo sus labios con la yema de los dedos. Masajeó con la otra mano la sudorosa garganta del Slytherin y, después, le aplicó un hechizo refrescante sobre el cuerpo, incidiendo especialmente en la frente y toda la columna vertebral.
-Tienes que aguantar un poco-Le pidió, mordisqueándose los labios-Vamos-Dijo, aplicándole el último hechizo, que le devolvió algo de conciencia a Snape.
Remus había sido escogido como Prefecto aquel último año y, por lo tanto, dicha posición de poder le otorgaba la perfecta y brillante oportunidad de escabullirse de ciertos compromisos, sin que nadie en la escuela lo notara. Si a eso se le sumaba que se trataba de un Merodeador, no había nada que no pudiera hacer; tampoco nada que se le escapara.
Moony lo sabía todo.
-Eh, Adkins-Le pidió a un alumno de su Casa, también Prefecto, cuando se asomó por la puerta del compartimento y lo vio pasar.
-Hey, Lupin-Saludó el otro-¿Qué tal, colega?-Le preguntó, chocando palmas con Remus.
-Bien, gracias. Adkins, disculpa, necesito que me hagas un favor-Dijo Remus, sin abrir del todo la puerta, esperando ocultar con su cuerpo la figura dormida y febril de Severus Snape.
-Lo que necesites-Rió el segundo Prefecto de Gryffindor, apartándose del camino de un par de Hufflepuff demasiado contentos-Pide por esa boca.
-Voy a tener que ausentarme del Gran Comedor esta noche-Le confesó, sonriendo, como si no pasara nada tras de sí-¿Podrías encargarte tú de los alumnos de Primer año esta noche?
-No hay problema, eso es pan comido-Contestó Adkins, aunque arqueando una ceja, con algo de extrañeza-¿Se me permite preguntar el motivo de tan abrupta petición?-Quiso indagar.
Un ruido estrepitoso hizo que Remus tragara con algo de dificultad un poco de saliva, cerrando un poco más la puerta, quedándose él en el pasillo con el Prefecto y, sonriendo, como si nada hubiera pasado allí dentro.
-¿Qué ha sido eso, Lupin?-Preguntó el Prefecto, cruzándose de brazos y todavía con una cara de clara sospecha-¿Un ligue? ¿Vas a faltar a la cena por un ligue? ¿Cómo Potter o Black suelen hacer siempre?-Espetó, incrédulo.
-No digas tonterías Adkins-Rió Remus, desechando la idea con un aspaviento-Anda, hazme ese pequeño favor, si no te importa. Es algo importante, es todo cuanto puedo decir.
Adkins lo miró brevemente durante algunos segundos pero, finalmente, cedió, agarrando sus pertenencias y marchando por el pasillo.
-No hay problema, Lupin, pero me debes una-Le dijo-Recuérdalo cuando ese trío de idiotas la caguen próximamente y tenga que salir en defensa de nuestra Casa.
-¡Gracias, tío!-Exclamó Remus, volviendo al compartimento y abriendo los ojos como platos.
Severus estaba tirado sobre el suelo, con la mochila aplastándole la cara y sofocándolo, sin que pudiera respirar ni un ápice. Además, las redecillas del techo habían cedido –seguramente por contacto, si el Slytherin había intentado agarrarse de ellas para no caer– y sus maletas habían caído sobre el muchacho, aplastándolo y, muy seguramente, causándole graves moretones.
-¡Oh, Dios mío!-Exhaló, utilizando por una vez tal dicho muggle-Oh, por lo más sagrado, Snape.
Le quitó todas las cosas de encima y entonces, aplicándole un par de dedos sobre el cuello, se dio cuenta de que respiraba. Superficialmente, pero lo hacía. Suspiró, aliviado: "está vivo".
-No te muevas de aquí, ¿me oyes, Snape?-Susurró Remus, acostándolo boca arriba en el suelo, saliendo del compartimento y cerrando la puerta bajo varita.
Caminó a grandes pasos por el pasillo del Expreso, sorteando los últimos estudiantes que aún estaban por bajar, buscando a James Potter. Afortunadamente lo encontró, recolocándose la corbata y la túnica del colegio, mientras un despeinado Sirius Black se besaba con una alumna de Hufflepuff sobre uno de los asientos. Agarró a James por el codo y le dijo, casualmente, con la mirada puesta en una de las maletas del alegre Gryffindor:
-Cornamenta-Saludó, dándole la vuelta y tapando con su cuerpo la susodicha maleta.
-Lunático-Contestó James, abrazándolo y casi tirándolo hacia atrás con su cuerpo de buscador-En… o sea… ¿dónde estabas?-Preguntó, hipando. Tenía las mejillas algo coloradas y el flequillo levantado hacia arriba, como si un vendaval hubiese pasado por él-Te has perdid…
Remus aprovechó la posición en la que estaba y abrió lentamente los cierres de la maleta, bajo la mirada achispada de su amigo.
-Escucha, James-Le interrumpió Remus-McGonagall está furiosa, buscándote por todas partes, y a Canuto también-Inventó con descaro y desparpajo, viendo como los ojos de su amigo se abrían de golpe. Remus sabía cuánto la temían, siendo esta Jefa de su Casa-Se ha enterado de la fiesta en los vagones de Hufflepuff. Está furiosa, furiosa-Le aseguró, mientras rebuscaba con los dedos dentro del baúl.
-Joder, joder, joder-Balbuceó James, agarrando del cuello de la camisa a Sirius-Canuto, joder-Le espetó, poniéndolo en pie, mientras la chica se apartaba del chico, recogía todas sus cosas y se marchaba rápidamente del compartimento.
"Interesante poder el de usted, profesora", pensó Remus Lupin, sonriéndose por dentro.
-¿Pero a ti qué diantres te pasa, Potter?-Farfulló Sirius, molesto por la interrupción, mientras se encaraba contra su mejor amigo.
Remus volvió a aprovechar la situación. Se dio la vuelta disimuladamente, colocó la punta de la varita entre las tapas del enorme maletón y en seguida localizó la capa de James. La encogió y se la guardó rápidamente en el bolsillo de su túnica y, dándose la vuelta tan rápido como lo era el parpadear, se despidió de sus amigos.
-Yo de vosotros me daría prisa, está muy cabreada-Canturreó Remus, escapando por la puerta.
Los dejó atrás en seguida, corrió como más dignamente pudo por el pasillo y volvió a entrar en el compartimento. Snape todavía seguía ahí tendido en el suelo, entre su mochila y las maletas de Remus. Se acercó lentamente, bajando la persiana de papel de la ventana –para una mayor intimidad– y, volviendo a agrandar la Capa de Invisibilidad, se la colocó por encima con todo el cuidado que pudo. Después, le ató una fina cuerdecita en el cinturón y unió el otro extremo al suyo, uniéndolos.
-Wingardium leviosa…-Susurró el muchacho, alzándolo con cuidado-Vale, vale, no tan alto-Se dijo a sí mismo, sintiéndose tirar demasiado hacia arriba.
El eficiente y astuto Prefecto de Gryffindor volvió diminutas todas las pertenencias del lugar y se las guardó en el bolsillo de su túnica negra de segunda mano. Entonces, dándole una mirada al pasillo, que ya parecía desierto –el fuerte olor a Whiskey de fuego era penetrante, así como un olor sospechosamente parecido al perfume denso de Colagusano–, salió del compartimento y se acercó a la puerta más próxima del coche del Expreso. La abrió y, de nuevo, comprobando si había alguien por ahí, bajó con sigilo y mucho tiento.
Afortunadamente, ya no había nadie en todo el andén.
Remus se colocó la capucha de la túnica sobre la cabeza y siguió una dirección distinta al que los alumnos habían elegido, hacia Hogsmeade, donde tomaría un camino que lo llevaría directo al castillo. Después de media hora andando, preocupado por su durmiente acompañante, por fin llegó al dormido pueblo de los dulces y la exquisita cerveza de mantequilla y, colándose por la trastienda de Honeydukes, se adentró por el pasadizo secreto y llegó al colegio. Exhausto, se pasó una mano por el cabello sudoroso y siguió colándose por otros pasadizos hasta que arribó al baño privado de los Prefectos de Séptimo, que se hallaba completamente vacío. Todo el mundo estaba reunido en el Gran comedor.
-Joder, Snape, me debes una muy grande, ¿sabes?-Le dijo, depositándolo sobre el suelo con la lentitud requerida y, quitándole la capa de invisibilidad de encima, se dispuso a comprobar sus constantes vitales con la varita. Estaba ardiendo, así que se apresuró a desatar la cuerda que él había utilizado para mantenerlos unidos durante el trasiego del viaje.
Abrió a continuación los grifos multicolores de la gran bañera de los Prefectos y, observando la espuma anegar la superficie fresca del agua, se giró hacia el Slytherin inconsciente. Se acercó a él y agachándose, murmuró, sintiéndose de pronto algo cohibido:
-Vale, vamos allá...-Se dijo, carraspeando y sacudiendo sus brazos, como quien se prepara para una maratón-Accio toallas-Dijo, invocando unas toallas limpias de unas estanterías.
Le quitó la túnica al mago. Después la camisa, desabotonando los botones de su ojal. Entonces, le colocó la toalla encima, protegiendo su dignidad y, acercándolo a la bañera, mojó una de las otras toallas para comenzar a lavarle el cuerpo, despojándolo de cualquier rastro persistente y denso de sudor, sangre y barro seco.
"¿Qué te han hecho, murciélago?", se preguntó el Prefecto, sin evitar poder apreciar las vetas largas y rosadas que su compañero de clase tenía por todo el torso, cuello, hombros y brazos.
-Sé que no me creerás, ¿sabes?-Siguió hablando, mientras permanecía atento a su tarea-Pero lo cierto es que, sea lo que sea que te haya ocurrido, sea quien fuere el que te ha hecho esto, de algún modo… yo puedo entenderlo-Dijo-Porque yo también he sido marcado por la miseria. Aunque bueno, eso ya lo sabes, ¿eh? No hay nada que se te escape. No a ti, el chico más listo de toda la insoportable e insufrible e irritante Casa de las serpientes.
"Los Merodeadores me matarían si me escucharan hablarle así", pensó, torciendo una de las comisuras del labio superior, aunque ignorando este hecho por completo.
Terminó de bañarlo, aplicó un Fregotego a la ropa de Snape y, con igual esfuerzo, se la puso de nuevo, para que no pasara frío, pese a la fiebre, que esperaba que remitiera con la ducha y las pociones contra la fiebre y el catarro que guardaba en una de sus mochilas. Remus, en secreto, también adoraba el mundo de las Pociones. Más que Aritmancia o DCAO, que ya era decir.
Aunque eso nunca lo confesaría frente a sus amigos. No si quería seguir viviendo, pues era una asignatura que se asociaba siempre con la Casa enemiga; Slughorn era Jefe de Slytherin…
Remus se sentó contra el robusto borde de mármol de la bañera, colocó la cabeza de Snape en sus rodillas y, cerrando los ojos e inclinando la cabeza hacia atrás, se dejó ir poco a poco en las más densas de las inconsciencias del sueño. Despertaría en breve y, si Snape no se recuperaba iría derecho a la enfermería. Sabía muy bien cómo era de orgulloso su compañero y, lo mucho que valoraba su dignidad, así que esperaba haber hecho lo correcto salvaguardándolo de uno de aquellos legendarios y típicos enfados de Madame Pomfrey. Además, todo se sabía en la enfermería. No había nada que Peeves, o cualquier otro de los fantasmas y cuadros del castillo no averiguaran allí; gracias a esa poca discreción los alumnos se acababan enterando de todo.
De todo.
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Cuando desperté –recordó Remus, volviendo al presente–, Snape ya no estaba. Y, para colmo, para más inri, le había caído una pequeña bronca en el desayuno por parte de James y Sirius, que, aunque resacosos, habían notado su ausencia ayer por la noche en el Gran comedor. Les contó una mentira y salió del paso, pero aquello no atenuó sus miradas curiosas.
Ni el hecho de sentirse él mismo un poco preocupado y curioso por Snape.
-Basta-Soltó Severus, sin girar la mirada y con un tono de voz muy bajo-Deja de pensar en eso.
-¿Y tú cómo sabes en qué estoy pensando?-Preguntó Remus, girando rápidamente la cabeza hacia él.
-Puedo escucharlo-Espetó, todavía negándose a mirarlo; negándose a enfrentar la mirada de su nuevo compañero de mesa.
-¿Eres alguna especie de legeremántico?-Le preguntó, con sincera curiosidad, la cual cosa esta vez sí que atrajo la atención de Severus en él.
-Eso no te incumbe, Lupin-Siseó, como una auténtica serpiente, sus ojos oscuros haciendo que las orbes dulces de Remus se quedaran totalmente cautivadas por ellos.
Ambos volvieron las cabezas hacia delante e intentaron prestar atención a las anotaciones de la teoría que Slughorn estaba explicando tan detalladamente en el pizarrón. Remus garabateó algunas cosas más en su pergamino y, cuando ya estuvo a punto de terminar la clase, oyó una voz entrecortada y áspera que le dijo, muy bajito, cerca del oído, casi imperceptiblemente:
Gracias.
Y a Remus Lupin se le puso, por primera vez en su vida, la piel de gallina.
CONTINUARÁ…
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¡Bueno, pues aquí está el segundo capítulo! Espero de verdad que os haya gustado y que sigáis brindándome vuestro apoyo, que no tiene precio. Gracias por vuestros mensajes, por dadle a favoritos y, por leerme de nuevo en esta segunda entrega. ¡Ya me diréis qué os parece! Ah, y si os gusta, no dudéis en compartirlo (¡ay, qué difíciles son los comienzos!)
En cuanto a los reviews…
Moon9, gracias por darle una oportunidad a este fic y por pasarte a comentar, ¡espero que te haya gustado también! Por favor, no dejes de comentar, tus comentarios siempre serán más que bienvenidos :)
Sof77, me alegro mucho de que entonces esta sea la primera historia que lees de esta pareja y, espero de todo corazón que este segundo capítulo te haya gustado tanto como a mí escribirlo. ¡Gracias!
Un abrazo.
LadyYuukiBlack
