Disclaimer: Los personajes de Inuyasha son propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi.
Aroma del alma
-por: sakuraflower94-
Capitulo 2: Rin
Miro por el rabillo del ojo hacia el lugar donde con anterioridad estaba la puerta y a pesar de que todo estaba en una penumbra parcial su vista le permitió ver perfectamente al infante parado allí, mirándolo.
-¿Quién es usted? – preguntó Kohaku tratando de sonar decidido a pesar de que tenía algo de miedo. Sesshomaru inmediatamente olió el miedo emanar de aquel mocoso humano y sinceramente se sorprendería si no lo sintiera. – ¿Y qué hace cerca de mi nee-chan? – preguntó con una leve mueca de disgusto controlando sus labios para que no le temblaran tanto.
Sesshomaru no respondió solo se quedó viendo al pequeño humano. Vio al mocoso desaparecer en el pasillo. ¡Mierda! Seguramente iría a buscar a alguien. Sinceramente no estaba de humor para soportar más humanos, ya había comenzado a sentirse bastante mareado gracias al olor tan detestable de los humanos y si fuera peor el hedor de los bebes. ¡Como apestaban! ¡Y los adultos tampoco eran nada menos hediondos que los escuincles!
-Kohaku – se escuchó a la abuela llamar por su nieto que la jalaba por el brazo hacia la habitación con los recién nacidos. – ¿Qué pasa mi amor? ¿Por qué tanta prisa mi cielo?
-Baa-san, mi nee-chan está en peligro tenemos que ayudarla. Hay un hombre en el cuarto con mi nee-chan – hablaba Kohaku agitado pero al entrar ya el hombre que había estado parado junto a la cuna de su hermana había desaparecido.
-Aquí no hay ningún hombre, cielito lindo. – le dijo amable.
-Pero… pero si yo lo vi. – balbuceó el pequeño confundido. –Ahí estaba. – mostró con el índice.
Kaede examinó la habitación de nuevo, ver la puerta pegada a la pared le pareció extraño y cuando notó la cortina moverse por el viento en una de las ventanas que estaba abierta le era aun más extraño. Comenzaba a creer que Kohaku en verdad había visto algo – o alguien – en el cuarto y la ventana abierta con cortina balanceándose tapándola era la prueba contundente para ella saber que en efectivo alguien había estado en el cuarto pero por el momento no quería preocuparse.
Cerró los ojos, seriando su semblante. –Vámonos Kohaku – dijo cogiendo la mano de su nieto –No hay nada que podemos ver aquí.
Con una expresión completamente relajada guió a su nieto por el pasillo lejos de la habitación.
"Que extraño" – se dijo a sí misma. "Que cosas más extrañas están sucediendo. Primero Kohaku dice ver luces en los pechos de Rin y Kagome. Después, extrañamente las luces en los pasillos están destruidas y como último, el hecho que Kohaku haya visto a un hombre en el cuarto con los recién nacidos. Definitivamente eso no significa nada bueno ¿o solo es algo… extraño y una terrible coincidencia que justamente el día del nacimiento de mi querida nieta Rin sucedan esas cosas?" – medito con más intensidad pero al final llego a solo una conclusión. "Es todo muy confuso, curioso y extraño, muy extraño."
Sintió el aire fresco llenarle las ventanas de la nariz y los pulmones. ¡Por fin podía respirar sin que nada le estorbe o irrita! Bueno, casi nada, seguía oliendo humanos en cada maldita esquina que volteaba su nariz. ¡En serio que en este mundo no había nada más que los apestosos y débiles humanos! Le provocaba gruñir, gritar y hasta matar pero tenía que contenerse, no se permitiría un descontrol de ese tamaño. Siempre con mente serena, incluso cuando estaba rodeado con la especie más despreciable en su opinión… los humanos.
Miró el lugar en donde había terminado y se sintió algo "aliviado" al ver que se trataba de un lugar abierto y que la luz que emanaba desde el cielo era luz natural. Vio un par de arboles, el pasto finamente cortado, y luego solo cosas raras. Algo enorme hecho de piedra que se extendía por varios metros, ventanas hechas de algo raro y transparente, estatuas de las que constantemente salía agua.
Caminó un poco por el patio hasta que llegó a un sitio lleno de más cosas extrañas. ¡Rayos! Maldijo internamente. ¡Qué demonios es todo esto! Pensó refiriéndose a masas de metal, curvadas y esculpidas en unas esculturas que nunca antes había visto en su larga vida.
Algo tuvo que haberse encendido porque él otra vez vio a una luz muy fuerte salir de varias cosas extrañas. Instintivamente cerró los ojos pero la luz parecía no afectarle a esa distancia larga. Caminó un poco mas por un camino, siendo alerta por cualquier cosa, topándose con humanos a cualquier paso que daba. Gruñó por lo bajo mientras avanzaba estoico y parsimoniosamente recibiendo miradas curiosas e interrogativas y para el colmo había cuchicheos viniendo de todos lados a sus oídos.
Cerró los ojos, fastidiado ¡que tanto miraban aquellos imbéciles! Y en ningún momento se le había cruzado por la mente que él era el extraño entre toda aquella multitud de seres que él tanto odiaba… humanos. No solo por ser demonio sino porque él era el único que vestía hakama y haori, armadura, pelaje y portaba espadas en la cintura.
Cruzó la calle con el mismo tranquilo y estoico caminar y al estar en medio de cruzar la ancha calle en pleno tráfico de automóviles sintió algo golpearle la cadera con fuerza. Un olor sumamente irritante y vertiginoso llegó a su nariz, aun mas irritante y asqueroso que el hedor de los bebés. Se detuvo, miró a su derecha y vio la cosa rara de metal con luces de frente, una fina cortina de humo salir de la caja metálica un cretino humano dentro de la cosa gritándole cosas que medio no entendía y los que si lograba entender eran puros insultos.
Endureció su semblante ¡como se atrevía aquel humano insultarlo! Nadie insultaba a su persona. Nadie, menos un humano insignificante. Un sonido ensordecedor golpeó sus oídos, un sonido realmente molesto. Sin perder su expresión gélida y asesina ajustó sus garras y de un solo golpe perforó la parte delantera de la caja metálica con sus garras dejando salir acido de sus garras desintegrando el metal.
El hombre dentro del objeto extraño dejó de gritar y todo de pronto se hizo gloriosamente silencioso. Pero desgraciadamente el silencio fue cortado nuevamente por el hombre del objeto extraño volviendo a insultarlo esta vez por haberle destruido a… a… su coche. ¿Coche? ¿Qué demonios era coche? Rápidamente dedujo que coche era la caja masiva de metal delante de él. El hombre seguía diciéndole insulto tras insulto hasta que decidió callarlo cogiendo al coche elevándolo y lanzándolo muy lejos con el hombre dentro.
Les echó una mirada gélida a todos y absolutamente todos se inhibieron de él. Dejó salir un arrogante bufido, avanzando como si nada hubiera pasado aunque tenía que reconocerse que ese metal sí le había dado un buen golpe. ¿Cómo es que se llamaba la cosa? ¿Coche? Sí, era eso. Coche. ¡Maldito coche combinado con el humano repugnante! Pensó internamente, más que objeto parecía tener vida propia y muchas agallas de golpearlo. Pero ningún coche tendría mas oportunidades de tomarlo así desprevenido. Pero era rápido el condenado pero no tan rápido que él y tampoco tan fuerte como él. Ni siquiera supo defenderse de él cuando le desintegró una parte del cuerpo con su veneno y tampoco era nada difícil elevarlo y lanzarlo. Definitivamente era algo débil.
Pronto se hartó, tenía pensado quedarse en la época en la que se encontraba la reencarnación del alma de Rin pero al ver que no había ni un solo lugar algo más tranquilo sin que algún humano no aparezca a unos metros de él, volvió a su tiempo usando Tenseiga de la misma manera que la había usado para cruzar la barrera del tiempo desde su tiempo.
Qué bien le caía la diferencia. La inigualable tranquilidad de su palacio y los extensos campos donde no había nada más que pasto y algunos árboles, los bosques y no había nada que provocara ruido, no había humanos en el diámetro de más de 800 metros de él y tampoco había cosas raras. Lo único que causaba ruido de vez en cuando eran armas de fuego cuando era tiempo de guerra pero nada más.
Ni modo, esperaría paciente – como siempre – que llegara el momento indicado para volver al mundo paralelo, tomar a Rin y regresarla al lugar y tiempo del que nunca debió haber salido; su lado, en su palacio con el hijo que habían tenido.
-16 años después, actualidad-
Venía caminando de la escuela, escuchando su música preferida en su celular, vistiendo pantalones abolsados, una camiseta deportiva, encima de ella una chaquetilla de felpa color chocolate y con capucha. Esa venía encima de gorra blanca con visera roja y calzaba zapatillas algo maltratadas. En sus manos tenía el balón de futbol, de su hombro estaban colgadas sus dos mochilas. Pasó por el buzón justamente en la baranda que daba a la acera.
Miró si había algún correo y encontró tres sobres. Una era de su padre que estaba de viaje en Europa por asuntos de trabajo, la segunda era para Kohaku de la escuela, seguramente nada bueno pensó y el tercer sobre era para ella de su abuela. Estaba tan absorta viendo los sobres que no escuchó a Kikyo hablarle.
-Kohaku. – llamó Kikyo detrás de Rin pero la azabache no la escuchó. Kikyo se molestó porque desde atrás Rin se parecía mucho a su hermano y ella pensó que Kohaku la estaba ignorando. Corrió detrás de ella llamándola de nuevo.
-¡Kohaku!
Le jaló la chaquetilla haciendo que Rin sintiera una punzada algo dolorosa en la espalda, quejándose.
-¡Au! – exclamó volteando molesta, sacándose los audífonos.
-Ah, eres tú. – suspiró disgustada Kikyo al darse cuenta que no era Kohaku. –Dios, es realmente espantoso como tú y tu hermano se parecen desde atrás. Debe ser por completa ausencia de tus curvas. – comentó sarcástica.
Rin desfiló su mejor sonrisa forzada y sarcástica junto con un falso suspiro.
-¡Hola Kikyo! Que gusto verte a ti también. – habló sonoramente, exagerando.
-Estoy buscando a tu hermano Kohaku. ¿Dónde está? – preguntó Kikyo tajante buscando a Kohaku con la mirada, ignorando a Rin por completo.
-No lo sé. – le respondió Rin relajada con absoluta indiferencia.
-Cuando lo veas… solo recuérdalo lo afortunado que está al estar en mi vida y que si le da tiempo que me llame de vez en cuando.
-Con mucho gusto le paso tu mensaje.
Volteó e inmediatamente roló con los ojos, no soportaba a aquella mujer. ¡Cómo era posible que su hermano estuviera saliendo con una mujer así! Kikyo era fría, falsa, solo era amable con ella cuando Kohaku estaba cerca, cuando estaban a solas, como hoy, o la ignoraba o la trataba mal. Definitivamente Kikyo no era el tipo de mujer que ella quería para su hermano.
Entró. Dejó el sobre de papá en un mueble junto a la entrada y las otras dos las guardó para sí misma. Apenas y había cruzado bien la puerta inmediatamente se encontró con su madre esperándola, agitada y emocionada.
-Rin, querida, te tengo una sorpresa.
"Y eso es por qué no traigo mis amigos a casa" – se dijo Rin ensombrecida a sí misma.
-Mamá, no ahora, no he tenido un buen día. – dijo lo más tranquila posible, tratando de escurrirse a su cuarto por las escaleras pero su madre no le dejó.
-No importa mi cielo. Cierra los ojos, mi amor. – le dijo tapándoselos y conduciéndola hacia el salón.
-Está bien. – suspiró vencida.
-Ciérralos.
-¡Está bien!
-¿Los tienes cerrados?
-¡Sí, están cerrados!
-¡Sorpresa! – exclamó chillando emocionada. Rin abrió los ojos y dio un respingo a la vez que sus ojos mostraron horror. Delante de ella estaban esparcidos vestidos, su peor pesadilla. –Hermosos vestidos para mi pequeña señorita.
-Mamá – la llamó seria. –que no te había dicho como mil veces que no tengo ningún interés en participar en ese club. Es algo completamente arcaico.
-¿Cómo es posible que pariera una hija que lo único que quiere hacer en su vida es patear un mugroso balón en un estadio de fútbol?
-Pues parece que el mundo se arregló, mamá. Me botaron del equipo. – finalizó decaída.
Su madre cogió el primer vestido que tenía enfrente – ¿Qué? ¿No más fútbol? – preguntó emocionada aun sin poder asimilar lo que sus oídos acaban de escuchar.
-Así es mamá… no más fútbol. – dijo seria dispuesta a irse a su cuarto.
-Qué triste. – comentó la mujer sin realmente sentir un miligramo de tristeza.
-Sí, puedo ver cómo estás destrozada. – comentó Rin sarcástica dando la media vuelta en medio de la escalera y terminar de perderse en la primera planta.
Caminó hacia su cuarto pero la puerta abierta de la habitación de su hermano llamó su atención.
-¡Hola, Kohaku! – lo saludó alegre atravesando la puerta encontrándolo en apuro empacando su maleta.
-¡Hola! – le contestó de prisa a la vez que lanzaba una camiseta de mangas cortas en la maleta.
-¿Todo bien? – cuestionó Rin, sentándose en la cama de su hermano, depositando a su mochila al piso aun con el balón en las manos.
-Sí.
-Kikyo te estaba buscando. – dijo con una mueca de disgusto haciendo que Kohaku sonriera al ver la mueca desagradable de su hermana. – ¿Por qué sales con ella en primer lugar?
-Porque es sexy. – dijo pensando alguna otra respuesta que contestar pero no la encontró. –Cosa de hombres.
-Pero es realmente horrible como persona. – insistió Rin, Kohaku, mientras tanto, cerró la maleta y la lanzó por la ventana.
-¿Sabes? Podrías usar la puerta principal. – habló Rin sarcástica, indicándole las puertas con sus ambos índices.
-Mamá no puede verme. Ella cree que estoy en la escuela y tengo que aprovechar que papá está de viaje.
-Espera – lo detuvo Rin de repente completamente seria. – ¿y a dónde vas?
-Nueva York.
-¿Estamos hablando sobre El Nueva York? ¿El Nueva York en los Estados Unidos?
-Sí. Mi conjunto ha sido invitado a participar en un festival músico por una semana.
-¿Y qué harás respecto a la escuela?
-Eso es algo que yo esperaba y pensaba podrías ayudarme. – balbuceó Kohaku sonando lo mas angelical y amable posible. – ¿Crees que podrías hacerte pasar por nuestra mamá, llamar y disculparme por alguna grave enfermedad que duraría por una semana? – pidió con su mejor mueca de perrito abandonado que está pidiendo desesperado cariño y ayuda.
-Kohaku – lo llamó seria. –acabas de ser expulsado de la seca por faltar demasiado. Esta no es precisamente la manera para empezar en tu nueva escuela.
-Mira – sentenció serio. –yo quiero ser un músico, ¿está claro? Y no recuerdo que en ningún momento los músicos hayan tenido que saber algebra o geometría para tocar y aparte. Si quieres perseguir tus sueños, a veces tienes que romper las reglas. – finalizó sonriente.
-¿Y tienes idea del porcentaje de conjuntos que realmente lleguen a hacerse famosos? – preguntó en un último intento de hacerle ver que la carrera de músico es una carrera insegura e inestable. Pero Kohaku la ignoró por completo, trepó con una pierna por la ventana dispuesto a irse con la guitarra en la espalda.
-Seguramente es igual al porcentaje de jugadoras de futbol. – le devolvió colgado de la ventana. –Nos veremos en una semana. – sentenció antes de soltarse de la primera planta.
-Kohaku. – llamó Rin tranquila, pero seria, detrás de él. Pero al ver que no le contestaba volvió a llamarlo esta vez espetando entre dientes. – ¡Kohaku!
-¿Estabas hablando con tu hermano? – su madre pasó por la habitación llevando un vestido blanco, interrogando, le pareció escuchar a Rin llamar a su hermano por el nombre.
Rin palideció tensa al instante, negando todo inmediatamente.
-No… sí… por teléfono… está en la escuela – balbuceó tomando rápidamente el teléfono en sus manos. – ¡Bye Kohaku! – exclamó en el auricular con sonoridad.
Colgó el auricular y esperó por todos los santos que su madre se haya creído esa mentira tan… improvisada. Pero tenía que inventar algo para encubrir a su hermano, al fin de cuentas no quería que él se metiera en problemas y al final de todo ella podía decidir matarlo con sus propias manos si por encubrirlo ella se mete en problemas.
Aunque viéndolo mejor no tendría que llegar a esos extremos porque le parecía que su madre se creyó absolutamente todo porque continuó hablando con normalidad. Bueno… con exageración e importancia.
-Acaban de llamar del club para señoritas – habló emocionada y apretujando el vestido contra su pecho. –Y eligieron tu nombre – en aquel mismo momento Rin supo que lo que venía a continuación no era nada bueno. –y harás tu marcha solemne en este vestido. – declaró decidida estirando la falda del vestido. – ¡Ta da!
Rin palideció horrorizada al ver el vestido pero ya en el momento siguiente hizo una mueca arrugando las cejas.
-¡Arg! – se quejó desfilando su disgusto abiertamente. –lo siento mamá pero te tengo un rotundo NO como respuesta. Ni lo sueñes. – dijo levantándose de la cama y cogiendo la mochila del piso.
-¿Sabes que Rin? – habló la mujer, molesta, apoyando una mano contra la cadera. –A veces realmente pienso que cada vez te pareces más a un hombre. Te vistes como un hombre, te comportas como un hombre, casi caminas como un hombre y siempre participas en deportes que son para hombres. Así ningún hombre se interesara en ti.
-Y créeme que no me siento desesperada para tener uno. – sentenció perdiéndose en el pasillo.
Cerró la puerta con fuerza, aventó la mochila en el primer rincón más cercano. Suspiró molesta y frustrada, a veces no podía evitar impacientarse con sus padres, especialmente con su madre. Cuando tenía aquellos arranques de malhumor sentía que odiaba a medio mundo incluyendo a sus padres y la mitad de su familia. Y esos arranques eran bastante frecuentes, los únicos que nunca podrían fastidiarla eran su querida mascota; un hermoso, peludo y enorme samoyedo blanco con ojos oscuros que desde que era un cachorro parecía un osito de peluche. Su abrigo era tan suave y peludo. Aun recordaba perfectamente el día en que lo encontró como pequeño cachorrito en aquella cajita bajo el árbol navideño con aquella cinta roja y moñito alrededor de su cuello.
Ya habían pasado 3 Navidades desde que lo recibió, 3 años que ya han estado juntos y los que aun pasarán unidos. Rin adoraba a su perro y sinceramente no podía imaginarse la vida sin su querido Peluso. Seguramente no saldría de su cuarto por un mes entero porque no podría. Las lágrimas la tendrían incapacitada de pasar un solo bocado por la garganta. Pasaría día tras día viendo el álbum donde salen ellos dos juntos desde que ella era una nena que apenas comenzaba la preparatoria y él un cachorrito hasta que ambos habían crecido.
Y cuando ya se hubiera recuperado parcialmente de la perdida de Peluso cada vez que viese alguna foto suya de cachorro o cualquier otra mostrándole aquella irresistible y adorable expresión, cuando viese esos ojitos negritos en medio de lo blanco irrumpiría nuevamente en un inconsolable llanto. Pero lo más probable lo que ella, o Kohaku, haría sería ir inmediatamente de nuevo a una tienda con animales y comprar uno nuevo igualito. A veces se imaginaba a su hermano llamarla por teléfono todo agitado y en lágrimas comunicándole la muerte de Peluso.
-Rin… Peluso murió. – hablaría Kohaku con voz quebrada y llorando por teléfono.
Al principio no podría decir nada por la magnitud del shock pero luego sentiría lagrimas llenar sus ojos y su voz quebrarse, tratando de convencerse de que no podía ser cierto.
-Por favor Kohaku no me digas esas cosas. ¿Cómo que murió?
-Rin… yo, yo no sé cómo pasó. – empezaría a explicar Kohaku lo más sereno a pesar de las lagrimas. –Yo fui a buscar algo en la cocina y cuando regresé ya estaba muerto. Pero tú no te preocupes – intentaría tranquilizarla con su voz dramática. –que yo ya lo enterré en el jardín y ya tenemos otro cachorrito igual que él.
-¿Como así? – se extrañaría limpiándose las lagrimas que empaparían sus mejillas.
-Rin, yo no pude resistir. – empezaría a explicarse Kohaku tocándose el pecho. –Yo, yo no pude soportar su muerte y me metí en el coche y conduje a la primera tienda con animales para comprar uno nuevo.
Otras dos personas que nunca llegarían a fastidiarla eran sus abuelos. Los padres de su madre. Eran las personas más majas del mundo. Muchas veces, después de las clases, ella los visitaba. Vivían en algo que parecía un templo que tenía un montón de escaleras enfrente y daba la impresión de que era antiguo pero la casa principal era muy moderna, casi se parecía a la suya. Su abuela siempre le preparaba el almuerzo porque sabía perfectamente que salía hambrienta de la escuela mientras que su abuelo siempre andaba haciendo algo en la antigua parte del recinto. Y lo que más le gustaba de ellos es que con ellos si podía ser como ella era, sus abuelos nunca la habían criticado por su forma de ser o su forma de vestirse y comportarse, la aceptaban tal y como era, incluso si algunas veces era sarcástica. Porque cuando ella usaba sarcasmo con sus abuelos, especialmente su abuela, no era para ofender o ser grosera, simplemente para que todo fuera más divertido. Le gustaba saber que con sus alocadas muecas y expresiones podía sacarles risas y sonrisas a sus abuelos.
Después de haber sido recibida por un ladrillo y un beso bien mojado por parte de su perro Peluso, terminó poniéndole seguro a su puerta, tomó los restantes dos sobres, se lanzó a la cama y fue abriendo la primera, la que era para Kohaku. Tal y como lo había pensado. Nada bueno. No solo fue expulsado de la secundaria la que atendía también resultaba que le faltaban notas o eran tan bajas que terminaría reprobando todo junto. Podría entender que le gustaba la música, que era importante para él pero que se lo tomara como un pasatiempo y no como algo en serio.
Kohaku era un tipo muy inteligente, ella lo sabía. Pero si tan solo pusiera interés en sus estudios estaba segura la situación sería completamente diferente. No tendría problemas con la falta tampoco con las notas. Sinceramente no podía imaginarse lo defraudados que estarían sus padres si llegaran a enterarse de la situación con las notas y las faltas. Aquí ella no le daba la razón a Kohaku, nunca lo apoyaría en algo que supiera de antemano que era para conducirlo a fracaso. Nunca lo había apoyado en la relación con Kikyo y tampoco nunca lo había apoyado cuando le iba mal en la escuela.
Tan solo le faltaba un año para terminar la secundaria, un año que ya había comenzado y ella sabía que lo comenzó mal a propósito. Estaban en mayo desde hacía ya un mes que las clases habían empezado y claro que la época de los exámenes también.
Decidió hacer a un lado el informe catástrofe de Kohaku para abrir el sobre que era para ella de su querida abuela. Saco una tarjeta cantante con cinco chicos en la portada y otras fotos más de los mismos chicos en el interior. Al abrirla, esa empezó a cantar. La escuchó unos dos segundos y luego la cerró haciendo una mueca declarando rotundamente que era la peor canción que había escuchado en su vida.
Retiró la tarjeta lejos de su vista y, como era viernes por la tarde, prefirió hacer su tarea de casa. Se metió a resolver los cálculos de matemáticas, luego la tarea para la literatura, ciencias, ingles… le tomó casi una eternidad terminarlo y cuando por fin lo terminó, era la hora de la cena. Lo supo cuando su madre llamó desde la planta baja.
Estaba por bajar cuando de pronto se acordó de algo.
-Ah – suspiró golpeándose la frente. –Kohaku – corrió como un relámpago a la habitación de Kohaku para coger el teléfono en su habitación para marcar a la planta baja.
-¿Aló?
-Hola mamá – habló con voz profunda, imitando a su hermano. –oye te llamo solo para decirte que hoy no voy a estar en casa.
-¿Cómo que no vas a estar? ¿Dónde estás? – preguntó preocupada sin darse cuenta del pequeño e inocente engaño.
-En casa de un amigo, es que quedé en quedarme en su casa para estudiar, ya sabes lo exigentes que son los exámenes y pasaré la noche aquí.
-Eso sí, bueno si estás en casa de un amigo no hay problema solo espero que hayas comido algo y que te la pases bien hijo.
-Sí, estaré bien mamá, no te preocupes. Y salúdame a Rin.
-Lo voy a hacer… aunque… si quieres la puedo ir a buscar ahora mismo para que la saludes.
-¡No! – gritó efusivamente. –No es necesario mamá, en serio, no la llames. – dijo calmada.
-Está bien hijo.
Se creó un profundo silencio, Rin de pronto comenzó a sentirse muy mal, no le era nada fácil engañar así a su mamá. Aunque tenía aquellos arranques donde se decía a si misma cuanto odiaba a su progenitora, cuando estaba calmada siempre terminaba arrepintiéndose de lo que había dicho en su cuarto en aquel arranque de malhumor. Precisamente ése mismo día había tenido un arranque donde ella realmente le fastidiaba y hasta había llegado a desear no tener que verla nunca más. Pero ahora se arrepentía de haberlo pensado siquiera. Ni siquiera se podría imaginar lo mucho que le dolería no tener a su madre consigo, porque madre era madre, una persona que no solo te había dado la vida al decidir tenerte, cargarte en su vientre por nueve meses sino que también, cuando naces, está contigo cuidándote, dándote protección, amor. Madre es una sola y si pierdes a esa una te quedas solo porque nunca más la tendrías a tu lado y nada podría reemplazarla.
De pronto sintió el impulso de decirle, aunque fuera haciéndose pasar por su hermano, que la quería mucho.
-Mamá – llamó con la garganta hecha un nudo.
-¿Si?
-Te quiero mucho.
La mujer en el otro lado del auricular sonrió y contestó diciéndole lo mismo, que la quería mucho también. Bajó, comportándose como si nada hubiera pasado, se sentó con ella en el comedor. Le encantaba la cocina de su madre junto a la de su abuela, para ella no existían mejores cocinas que las de su mama y su abuela.
-Mama – empezó Rin para romper el silencio. –y Kohaku ¿dónde está? – preguntó disimuladamente para despistar.
-Acaba de llamar para decir que se quedaría en casa de un amigo para estudiar y te manda saludos. – contestó la mujer sonriendo.
Rin sonrió agriamente, ahora ese sentido de culpa se había agrandado un tanto más. Pero no se sentía mal solo por eso también porque el mismo Kohaku estaba hiriendo a las personas que les habían dado la vida, que habían estado con ellos todo el tiempo cuando lo necesitaban y él pretendía echarlo todo a perder con sus malas notas en la escuela, siendo expulsado en el último año y para el colmo escaparse, sin decirles nada, a Nueva York disque a un festival músico por una semana. No dudaba que era un festival músico pero que se fuera así de repente, hasta a ella le había tomado por sorpresa y aun no terminaba de asimilarlo. Pero tendría que hacerlo pronto por la simple razón de que tendría que encubrirlo por la semana completa.
…
Aunque el viernes había declarado rotundamente que la canción de la tarjeta era la peor canción que había escuchado terminó escuchándola durante todo el fin de semana. La canción terminó siendo su adicción, una adicción que empezó el sábado por la mañana que fue empeorando durante el día hasta el domingo. La había repetido tantas veces que el domingo por la noche la sabía de memoria. Se la pasaba cantando en el cuarto, en la ducha, mientras estudiaba. Pero desgraciadamente terminó el domingo por la noche cuando de repente la tarjeta murió en medio del estribillo.
Hizo una pequeña pausa pero después quería seguir escuchándola así que encendió su ordenador e inmediatamente buscó un archivo mp3 para descargarlo y subirlo a su celular y seguir escuchando.
Había logrado encubrir exitosamente la ausencia de su hermano, claro que evitaba encuentros con su madre cuando estaba haciendo de Kohaku tapándose con el edredón por encima de la cabeza simulando que estaba dormida. Era realmente difícil encubrir pero por suerte las habitaciones estaban la una junto a la otra y solo necesitaba un poco de acrobacias para trepar de un balcón o ventana al otro.
El lunes pidió el permiso para ir al baño y, asegurándose de que no había nadie, marcó el número de la escuela de su hermano que había encontrado en la carta que había leído para disculparlo por alguna grave enfermedad. Tenía suerte porque fácilmente podía sonar como adulta porque su voz era algo más profunda pero seguía siendo femenina.
-Buenos días, me llamo Ayuzawa Midoriko, tengo entendido de que mi hijo Ayuzawa Kohaku había sido trasladado a su escuela y que con esta semana está empezando sus clases allá.
-Así es señora.
-Lamento informarle pero, mi hijo estará ausente por toda la semana, estoy perfectamente consciente de que en la escuela anterior una de las razones por las que lo expulsaron era precisamente la ausencia. Es realmente penoso señor director. – actuó fingiendo una voz llorosa por teléfono.
-No se preocupe señora, pero que tan grave es lo que tiene su hijo.
-Bueno… vera. – dijo serenándose. –Durante el fin de semana le salieron unas horribles pústulas por toda la cara, esas grandes y llenas de estiércol en el medio que terminan explotando por si solas. – habló con exageraciones, arrastrando algunas palabras. El director en el otro lado del auricular tragó grueso sintiendo nauseas de solo imaginar cómo se veía eso. Se aflojó un poco el nudo de su corbata y empezó a sudar frío.
-Bueno fuimos a ver al doctor – continuó Rin. –y fue precisamente el doctor que le recomendó reposo a mi hijo porque no solo es asqueroso de ver, también muy contagioso y no quisiera que ningún estudiante de su escuela llega a infectarse con algo parecido.
-No, sí, claro señora. – contestó balbuceando desabotonándose la camisa para hacer que el aire llegara a sus pulmones. –En ese caso, no hay problema, libremente podrá entrar la semana siguiente.
-Muchas gracias señor director, no sabe lo aliviada que me siento. Realmente no podría dejar que pensaran que él estaría faltando a propósito, por eso me tomé la delicadeza de llamar y comunicárselo.
-No se preocupe señora. Nunca pensaríamos que su hijo faltaría a propósito.
-De todos modos gracias nuevamente. ¡Que tenga un buen día! – colgó, suspiró y luego se pasó la mano por la cara.
-Rin – se habló a sí misma. –en serio… ¿pústulas? ¿No se te ha podido ocurrir nada mejor?
Al final de las clases, tomó sus dos mochilas, se metió en el baño y una vez ahí se fue cambiando de ropa. Como le era incomodo llevar falda o vestido siempre traía a la escuela otra mochila en la que tenia ropa más cómoda para ella. Cada día después de clases, cuando ya no era obligatorio llevar el uniforme, se metía en el baño para poder cambiarse. Era todo una rutina pero que no le era difícil de hacer. Siempre entraba vistiendo uniforme y cuando salía vestía ropa que a ella le gustaba llevar. Se sentía liberada cuando por fin podía quitarse la molesta falda del uniforme para poder ponerse los pantalones, sus pantalones o pantalones de su hermano. A veces vestía ropa que era de su hermano y no le daba vergüenza decirlo.
Estaba saliendo de la escuela y vio a su prima Kagome a punto de doblar. Corrió hacia ella alcanzándola.
-Kagome, ¿vas conmigo a casa de abuela? – preguntó sonriente y con amabilidad.
-Lo más probable que no. – contestó la otra azabache con voz baja e insegura.
-¿Y eso por qué? – se extrañó Rin seriando su semblante de inmediato.
-Es que tengo que estudiar. – se justificó Kagome y aquella frase mató a Rin.
-No me digas Kagome – dijo con su mejor faceta de sarcasmo haciéndose la sorprendida y como si fuese algo de otro mundo. –en serio ¿tienes que estudiar? ¿Y yo qué? ¿Que no tengo que estudiar? – empezó a atacar con preguntas retoricas y impregnadas de sarcasmo sonando áspera. –Vamos a la misma clase, tenemos los mismos profesores y los mismos exámenes.
-Sí, pero para ti basta leer la materia de enseñanza para sabértela la mitad mientras que yo tengo que estudiar mucho más para memorizar la cantidad que tu.
-Ay por favor Kagome – bufó Rin fastidiada. –no seas dramática. Eres completamente capaz de aprenderte todo así que por favor no dramatices. Y si no eres capaz de cargar con la secundaria entonces realmente no sé para que te inscribiste si no tienes el cerebro suficiente y la fuerza de voluntad para estudiar.
-Rin ¿será que puedes dejar de hablar así? – pidió Kagome a punto de llorar. –Siempre me andas atacando con tu sarcasmo.
-Pues perdón Kagome si te ofendo con mi sarcasmo y mi manera de hablar. – contestó usando el mismo sarcasmo y la misma manera bruta de decir las cosas. –Pero mira mi amor, yo te digo lo que pienso. Así soy yo. Y si te gusta como soy qué bien para ti y si no ¿sabes qué? me vale gorro. Yo te digo las cosas como son y ya.
-Pero si ya me las tienes que decir dímelas con tacto Rin no disparando y siendo sarcástica.
-Y tú, Kagome, ya deja de ser tan sensible ¿quieres? Entonces, ¿vas conmigo a ver los abuelos o no?
-No sé. – seguía siendo indecisa.
-Mira, el examen es el miércoles, así que te quedan dos días para estudiar, además solo vamos a ver a los abuelos.
Kagome titubeó unos momentos más y después terminó aceptando. Caminaron quince minutos y al llegar visualizaron a la abuela barrera el piso. Rin fue la primera en correr hacia ella para apapacharla y abrazarla, preguntó por su abuelo y, como siempre, andaba arreglando algo en la parte antigua. Fue a buscarlo, lo saludó, también abrazándolo, pasándole el brazo por el hombro y apoyando su cabeza en el que tenía cerca.
Terminó adentrándose en la casa moderna siendo invadida por el olor a la comida, sabiendo perfectamente lo que tendrían para el almuerzo.
-¡Hay, abuela, que rico huele!
Kaede carcajeó divertida. –Aun falta un poco para que esté listo.
Rin se quedó cerca de la estufa, junto a su abuela abrazándola por el hombro esperando con ella que la comida esté lista.
-¿Y recibiste mi tarjeta? – le preguntó disimuladamente Kaede.
-Sí, la vi. – contestó con un semblante serio.
-¿Y?
-Pues – seguía con la cara seria. –me la pase escuchando todo el fin de hasta que murió en medio del estribillo.
Kaede volvió a irrumpir en nueva carcajada, su nieta era tan divertida cuando se lo proponía y hasta la seriedad con la que suponía hablar ahora era de lo más entretenida.
–No en serio – protestó Rin para recalcar que estaba halando en serio y que no era sarcasmo. –abi me contagiaste, el asunto es tan grave que cuando tarjeta murió busqué un archivo mp3 para bajarlo y pasarlo a mi celular para poder escucharlo.
La anciana seguía en una carcajada, que alegría le daba haber logrado contagiar a su nieta con aquella canción. Porque eso quería decir que le gustaba. Mientras tanto, Rin buscó su celular y rápidamente buscó la canción que había bajado del internet haciendo que su abuela siguiera carcajeando.
Después de la comida Kagome tuvo que irse mientras que Rin se quedó un tanto más. Una vez a solas con su abuela, Rin le confesó que no podía venir a verla y al abuelo durante aquella semana por tener que encubrir a su hermano. Cuando la abuela le pregunto a donde se había ido Kohaku ella también terminó confesándole que se había ido a Nueva York.
-Ya seguramente tiene que haber llegado, salió el viernes por la tarde y vendrá el viernes cuando yo termino con clases. Abuela...
-Dime mi niña.
-Podrías no decirle nada a nuestra mamá. Es que no quiero que Kohaku se meta en problemas.
-No te preocupes, no le diré nada a tu madre.
…
Si pensó que lo que tenía que encubrir durante el fin de semana estaba muy equivocada, porque durante la semana era peor, al principio le hizo creer a su madre que Kohaku estaba llamando desde la escuela cuando en realidad ella estaba llamado desde su celular al teléfono de la casa desde su habitación y cuando su madre insistió en traerle el teléfono colgó cuando recibió el teléfono y solo aparentaba hablar con Kohaku. Y cuando se lo regresaba a su madre se encargó de haber cancelado la llamada para que ella no pudiera sospechar. Mientras ponía música en su cuarto para simular que ella estaba ahí volvía a trepar de su balcón a la ventana de la habitación de Kohaku y aparentar que estaba enferma.
Si fuera poco el miércoles tenía un examen y el viernes otro. Al final de la semana estaba tan exhausta que el viernes, cuando llegó a casa, se dejó caer en la cama como un saco durmiéndose por unas tres horas, lo suficiente para sentirse algo descansada. Cuando despertó, se llevó con dos sorpresas muy agradables que compensaron la estresante semana que había tenido. Kohaku había regresado el viernes tal y como lo había dicho y también su papá regresaba esa misma noche.
Lo bueno de estar encubriendo a su hermano era que ahora podía usar sus cosas, desde la ropa, instrumentos que había dejado a casa pero lo mejor de todo es que podía jugar los videojuegos. Le fascinaban los videojuegos, aun recordaba exactamente cual era su primer videojuego. Tenía unos 6 años cuando su hermano le había dejado jugar Harry Potter y la piedra filosofal en el ordenador. Le había fascinado tanto que luego había coleccionado todos los videojuegos de Harry Potter. Sin mencionar que había visto las películas una por una y leído los libros.
Ahora solo faltaba la llegada de su papá. Cuando llegó, después de haber cenado y platicado en el salón un poco, cada uno se fue a hacer sus cosas. Kohaku se metió en su cuarto con la intención de esforzarse en sacar adelante los estudios, Rin también pero a escuchar música y bailar acompañada de su perro Peluso.
Estaba tan absorta que no escuchó ni sintió nada extraño mientras que Peluso sí. Algo extraño comenzó a suceder dentro del armario. El perro empezó a aullar, ladrar, gruñir mostrando sus colmillos. Por entre las aberturas pequeñas del armario podía ver una luz violácea resplandecer desde el interior. De pronto sintió la presencia de alguien extraño, una aroma masculina e inusual. El armario se abrió, una bota negra apareció pisando el suelo.
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¡Hola, hola! ¡Aquí actualizando! algo tarde lo sé pero aun es viernes. :) Bueno ahora al capi. De seguro que ya saben de quién es esa bota negra ¿no? ;) Bueno este capítulo fue pensado ser divertido en general. Aquí me centre en Rin pero también hay algo de Sesshomaru en el principio. ¿Les gusto la siguiente reacción de Sesshomaru a nuestro mundo? Fue pensado hacerlo divertido pero también para mostrar la gran diferencia entre épocas. Y como nuestra época afecta a un demonio como Sesshomaru. Aunque aquí lo irónico es que el único extraterrestre en nuestra época es Sesshomaru cuando él piensa que algo tiene que haber mal con la época porque solo hay humanos.
Después, Rin, que puedo decir que es una chica con carácter, sarcástica a más no poder, masculina y que tiene una verdadera falda y vestido fobia. Esto es lo que voy a decir por ahora porque el carácter completo de Rin aun lo estoy evolucionando con los capis y prefiero andarla mostrando poco a poco.
Ahora… quiero darles muchísimas gracias a las chicas que se animaron a dejar sus reviews: Sora-Rin111, Erachii. D. Drakonian, Hanabi. ness y black urora. Muchas gracias chicas por dejar el review y espero les guste el capi. Y los demás también. Animo!
Y ahora antes de que me despida quiero aprovechar para decir que hoy no publicare Como en un Cuento de Hadas pero si lo hare mañana pero hoy sinceramente he estado molida y solo me deje caer en mi cama y me quede dormida. Y una última cosita más… ¿Les gustan las peleas graciosas? ¿Les gustan las peleas en general? Espero que si porque en el siguiente viene una bomba porque hay pelea y una muy "fiera" entre… No se los puedo decir pero en serio ¡prometo que será una pelea buenísima súper divertida!
¡Hasta el viernes!
