CAPÍTULO 2. Un momento de debilidad
Ella estaba convencida de que debía de ser fuerte, que no podía lamentarse el resto de su vida el compromiso de dos de sus amigos, pero sobre todo… de que debía afrontarlo de la mejor manera posible y eso incluía hacerlo con la frente bien en alto.
Por ese motivo, ahora se encontraba en la misma mesa que Tomoyo conversando de forma masoquista del tema que menos deseaba escuchar: Eriol Hiragisawa. Al principio la charla eran memorias de su larga amistad, pero como era de esperarse llegó el momento de hablar de la fiesta de compromiso, el vestido de la novia, el pastel, el lugar donde se efectuaría el banquete,... en fin, todas aquellas cosas que torturaban lentamente a Meiling.
—¡Ay, Meiling! No imaginas cuan feliz me siento de estar junto a Eriol—soltó Tomoyo, mientras la aludida contenía su sentir en sus ojos, cada palabra se clavaba cual trozos de vidrio en su corazón y no podía hacer más que sonreírle a su amiga —. Él es tan noble, educado,...
Ella debía ser fuerte, esa había sido la premisa con la cual había abierto su conversación con Tomoyo y la iba a cumplir, sin importar el dolor que comenzaba a punzarle cada vez que pensaba que ese amor del que tanto hablaba era compartido por su corazón y al mismo tiempo falto de correspondencia.
—De seguro que lo serás, Daidouji; y yo voy a felicitarte por ello. También, estoy segura… de que serán una gran pareja.
—Te lo agradezco mucho. Eres una de mis mejores amigas y me alegra que puedas acompañarme en estos momentos… — Daidouji no había notado que había acaparado la palabra hablando de lo maravilloso que era su futuro prometido, ni tampoco se había percatado de que su amiga aportaba frases que a duras penas hacían notar su presencia.
Así llegó el momento de despedirse. Tomoyo fue nuevamente la que tomó la iniciativa, había dicho algo sobre ver a Sakura, el baile, un traje… no podría precisar que ocurrió cuando el móvil de su amiga le había obligado a retirarse, ni tampoco el pretexto que utilizo para permanecer en aquel lugar.
Inmóvil en su silla con una sonrisa, la espalda recta y su brazo derecho repitiendo un suave movimiento en señal de despedida, se encontraba Meiling Li. En su interior, su conciencia le decía que de moverse un solo milímetro de su lugar, millones de astillas diminutas se clavarían por todo su cuerpo y desgarrarían la máscara que sostenía para su amiga.
Pasados unos cuantos minutos después de la partida de Tomoyo, y una vez calculando que esta se encontraba a una distancia considerable del local, Meiling corrió al baño y se quebró por completo.
Se cuestionaba la causa de su llanto. Había dejado atrás ese sentimiento, ella ya no debía llorar. ¡No! Meiling Li era fuerte, orgullosa y no se rebajaría a que la vieran lagrimear por un chico que no le correspondía, no le daría ese gusto a nadie…ni siquiera a aquel que creía el amor de su vida.
Ese era un momento de debilidad, uno que buscaría jamás volver a repetir.
