Segundo año.
John Watson apenas se escapa de un castigo el primer día que vuelve a Hogwarts. Y sin ni siquiera bajar del tren.
Le habían pedido amablemente que abandonara el compartimento que estaba compartiendo con Harry. Expulsado, más bien, por una chica de Tercer Año de Ravenclaw llamada Clara, que había asomado la cabeza, y Harry prácticamente le había echado con una patada en el culo. Y ahora está echando un vistazo a los demás compartimentos para ver si encuentra a Carl o a Mike. O a esa chica tan guapa de Gryffindor del mismo año que Harry y con la que ella nunca habla, porque es demasiado bonita, dice Harry frunciendo el ceño, Sarah.
Pero lo que encuentra es una pelea.
Alguien cae de espaldas hacia fuera del compartimento que está frente a él, se estampa contra el suelo y se golpea contra la pared justo cuando otro estudiante salta encima de él, los puños cerrados y lanzado golpes contra la figura encogida. Un tercero está animando a su compañero desde la puerta. Es una pelea entre los de Slytherin y el pasillo es de inmediato un hervidero de gritos.
- ¡Ey! - grita John, arremangándose y estirando el cuello hacia atrás buscando la repentina aparición de un Delegado en el pasillo. - ¡Llamad a un prefecto!
Y John entra en la refriega sin pensar, agarrando al chico que estaba encima por la ropa y tirando de él mientras se agita. El de Slytherin agita los puños intentando llegar hasta John. Pero John tiene los pies clavados en la alfombra y empuja al de Slytherin con sus propias manos contra la ventana más cercana para aplacarle, el chico parece de Segundo Año, pero es más escuálido que John, que ha estado trabajando todo el verano y ha conseguido bastante resistencia. El que está en la puerta está a punto de entrar y ayudar a su amigo cuando por fin llega el prefecto al que habían llamado, una chica de Gryffindor que John no conoce.
- Diez puntos menos para Slytherin, por cada uno – gruñe la prefecta, una vez que coge a los dos luchadores por el cuello – Y diez menos para Hufflepuff. Se lo diré a los Jefes de vuestras Casas...
- Él la detuvo. No estaba peleando – interrumpe uno de Primer Año que de repente está al lado de John. Debe de haber venido del compartimento vecino, por la rapidez con la que ha aparecido – Lo vi todo.
La prefecta frunce el ceño un poco, pero finalmente asiente.
- Está bien. Hablaré con el Profesor Slughorn sobre el castigo de vosotros dos...
Y se los lleva pasillo abajo, dejando que el nudo de espectadores se deshaga.
John se arrodilla para ayudar al chico golpeado que sigue en el suelo, pero sabe quien es incluso antes de estar en el suelo. No hay lugar a dudas con esa mata de pelo negra. Sherlock Holmes se incorpora un poco apoyándose en el codo, limpiándose la sangre que le sale de la nariz del labio con aire medio altivo, medio avergonzado.
- Oh – dice John, un antiguo nudo de disgusto le arde en algún lado entre los pulmones – Er. ¿Estás bien?
Sherlock asiente, sin levantar la vista, lejos de los ojos que le miran desde arriba. Se levanta por si mismo ignorando la mano que John le ofrece, desapareciendo dentro de su compartimento.
John suspira fuertemente a través de la nariz, se cruza de brazos e intenta quitarse los nervios de encima después de la adrenalina. El de Primer Año se mantiene de pie a su lado, los ojos muy abiertos, expectante.
- Ey, gracias... - John hace una pausa para el nombre.
El chico salta con exceso de energía y exclama:
- Jimmy.
Cuando llega la Selección, el chico amable de Primer Año, James Moriarty, va hacia Slytherin con una tímida sonrisa.
- ¿No vas a intentarlo? - pregunta John cuando él y Carl toman el largo camino hacia el campo de Quidditch.
- Solo hay dos puestos vacantes – dice Carl evitando la pregunta con eficiencia – Soy demasiado flaco para un Golpeador, y no creo que fuera un gran Cazador. Tal vez cuando el puesto de Buscador esté libre.
- Si. Eres terriblemente escuálido – se ríe John.
Había tenido que pedir prestado una escoba a Mike, cuya familia le consiguió una muy bonita, aunque un poco anticuada, una Nimbus 2000 que nunca usa. Él había pensado en intentar ser Guardian el año anterior, pero nunca llegó hacerlo.
John había practicado todo el verano. O, al menos, sentía que había sido todo el verano. Cuando no estaba trabajando para su tío en el Hospital St. Mungo, nada especial, mayormente solo subir cosas y ponerlas en alguna parte, había estado encima de la escoba de Mike, esquivando a las Bludgers. Solo se cayó de la escoba una vez y fue cuando el hermano mayor de Mike le había golpeado desde un punto muerto con una bludger redireccionada, y fue solo una altura de cinco pies.
Había conocido antes al capitán del equipo de Hufflepuff, pero Greg Lestrade era un chico ocupado y tenía poco tiempo para fraternizar. Ahora que era de Quinto Año, había sido hecho prefecto también, y el estrés empezaba a reflejarse en su rostro. Pero sonríe cuando John y Carl aparecen en el campo. No hay muchos de ellos allí, y John se pregunta si es por las limitadas posiciones disponibles o por la calidad del equipo, o incluso por un desinterés general. Es cierto que la Copa de Quidditch no se encuentra muy a menudo en manos de Hufflepuff, algo que espera ayudar a remediar, pero no ve que sea una razón para perder la esperanza.
En todo caso, eso hace que John esté más decidido a demostrar que los tejones deben ser tenidos en cuenta.
- Muy bien, la verdad – dice Lestrade una vez que parece que todos los aspirantes han llegado: seis para Cazador, tres para Bateador. Los únicos de Segundo Año son John y una chica llamada Soo Lin Yao, que no ha intercambiado una palabra con él – Cazadores primero. Arriba, en el aire, todos vosotros.
Mientras espera, observando a los aspirantes pasarse el Quaffle a través del aire de forma experta, John se asoma a las gradas donde se encuentran un puñado de espectadores que han venido a ver las pruebas. Es difícil reconocer las caras desde el campo, pero los colores son suficientemente representativos: la mayoría es amarillo, una puñado de azul, una mancha roja, ¿Harry?
Uno de los espectadores con una bufanda azul se levanta y deja las gradas en mitad de las pruebas de Cazadores, y antes incluso de que John tenga una oportunidad de preguntarse quien era o a donde iba, alguien está detrás de él. John no salta, pero está definitivamente sorprendido. John palidece; es el Jefe de Casa, Microft Holmes.
Este mira a John desde arriba por un largo rato antes de que una gran y condescendiente sonrisa se curve en su rostro.
- Mary Morstan me dijo que eres el chico que paró el desafortunado altercado en el Expreso de Hogwarts el primer día de regreso. - Mary Morstan, debía de ser la prefecta de Gryffindor del tren – Lamento no haber podido haber hablado contigo antes, pero los días de un Jefe de Casa tienden a ser... caóticos.
John no dice nada, y sobre sus cabezas, Lestrade lanza un silbido.
- Como ya debes saber, el chico que era objetivo del ataque es mi hermano pequeño, Sherlock. Me gustaría darte mi agradecimiento personal por tu actuación.
John niega con la cabeza, y no sabe por qué.
- No... no fue nada. Ni siquiera sabía que era él.
O puede que me hubiera dado la vuelta y haberlos dejado. No le gusta pensar eso, y desaparece en ese mismo instante. Por supuesto que hubiese parado la pelea, sin importar quien estuviera lanzando o recibiendo puñetazos.
Parece casi como si Mycroft viera las palabras no dichas que pasan por la cabeza de John, porque le da una sonrisa comprensiva.
- Lo entiendo, John. Él se ha ganado en parte una justa venganza. Es incluso posible que se lo mereciera.
Y de repente, sin que John lo notara, otra figura envuelta en una bufanda azul aparece detrás del Jefe de Casa. Ella está sosteniendo un pequeño libro tan cerca que la parte inferior de su rostro está escondido y ni siquiera mira arriba cuando habla.
- ¿Señor?
- Sí, enseguida – contesta Mycroft – Buena suerte, John. Y mis agradecimientos, de nuevo. Me preocupo por él.
Lo último parece dicho para Mycroft mismo, ya medio girando para unirse a la chica de Ravenclaw detrás de él. Se alejan, no del todo hombro con hombro, pero desprendiendo la impresión de serlo.
Y entonces, Lestrade llama a los Golpeadores, y John tiene un montón de tiempo para olvidar el extraño encuentro.
Recibe una gran ovación de la pequeña multitud, sí, definitivamente oye a Harry gritar por encima del estruendo, cuando tira a Lestrade de la escoba con un poderoso golpe a la Bludger. Prácticamente flotando por la adrenalina, de regreso al castillo, John apenas escucha los elogios de Carl por su forma de volar, el chico está absolutamente seguro de que el puesto de John es suyo.
El grupo de Hufflepuffs se precipita escaleras abajo en un torbellino de pies, todos ellos charlando al mismo tiempo y animándose unos a otros. John y Soo Lin van a la cabeza, como jinetes en una ola. Atraviesan todos juntos, como una sola masa, el agujero de entrada una vez que alguien grita la contraseña:
- ¡Puffapod! - y Mike está cerca de John, a la cabeza, a medida que todos se acercan al tablón de anuncios.
Los resultados de las pruebas de Quidditch. John casi se desmaya.
John Watson, Golpeador
Soo Lin Yao, Cazador
Hay una estruendosa exclamación en algún lugar detrás de ellos, y la hermosa niña china con la que nunca ha hablado se lanza y le rodea con los brazos para celebrarlo. Alguien rompe una lata de dulces de Hogsmeade, y un recipiente cae sobre sus cabezas.
- Espero grandes cosas de ti, Watson – le dice Lestrade, su boca ya medio llena de dulces – Tienes un fantástico brazo, pero tendrías que tener más estabilidad para maniobrar más rápido. Lo solucionaremos lo antes posible. Esa chica que está con Stamford – Lestrade mueve el brazo para señalar a una chica de la edad de Mike, cubierta de pecas – es la otra Bateadora, Violet Hunter. Muy buena, con un golpe muy duro – por primera vez desde que John le ha visto, Lestrade rompe su estoicismo y da una sonora carcajada – Tengo un buen presentimiento este año, Watson.
John solo puede dar un asentimiento entusiasta, cuando alguien le agarra y lo lleva a través de la multitud de la sala común, recibiendo palmadas en la espalda.
Alguien grita:
- ¡Copa de Quidditch, aquí llegamos! - y hay una explosión de ruido.
Incluso cuando las luces se apagan y los gritos se han desvanecido en las paredes, y todo el mundo está acostado, los nervios de John están tan a flor de piel que no le dejan dormir.
- Mira eso – dice Violet con la boca llena de comida del desayuno una semana después.
Ella ya tiene los brazaletes puestos, vestida para el entrenamiento mientras come. John se vuelve en la dirección en la que ella ha señalado con la cuchara, e inmediatamente reconoce la figura que atraviesa el Gran Comedor.
- Alguien tiene nueva mascota.
Sherlock Holmes pasa a través de la puerta. Detrás, una pequeña Ravenclaw de Primer Año le sigue pisándole los talones y mirándole con unos enormes ojos de cachorrillo.
- ¿Quién es? - pregunta Soo Lin, y John no está seguro de si se refiere al chico o a su acosadora.
Abre la boca para contestar, pero Violet le corta.
- Molly Hooper. Su padre es Sanador a cargo de Errores Mágicos en St Mungo – dice mientras observa caminar a la pareja, y entonces sus ojos se abren de sorpresa - ¡Él le hace llevar todos sus libros!
John frunce el ceño ligeramente a medida que los dos desaparecen por el rabillo del ojo, distraído con la llegada del correo que entra volando.
Aparta su tostada justo a tiempo para que un familiar y viejo búho llegue revoloteando y se pare frente a él.
- Tranquilo, Toby – dice John mientras le acaricia las plumas al búho.
Le ofrece un poco de salchichas mientras le quita la carta y la abre. Toby le da un golpecito agradecido con el pico antes de irse.
Té en la clase número once después del entrenamiento. ¿Podrías por favor aceptar la invitación? Odiaría tener que ordenártelo.
Mycroft Holmes
- Oh – dice John, sin estar seguro de si esa es la reacción apropiada.
¿Cómo tenía Mycroft acceso al búho familiar? ¿Quizás era mejor no saberlo? No enseña la nota a nadie, y después de un entrenamiento especialmente lluvioso, da la primera excusa que pasa por su mente para escaparse:
- Tengo que preguntar al Profesor Sprout por la redacción.
La chica de Ravenclaw que recuerda haber visto con Mycroft ya está esperándole fuera en la puerta de la clase, su nariz metida en un libro diferente pero aún sin dignarse a prestarle atención. Antes incluso de que sus pies se paren, ella abre la puerta con la mano libre y le hace una señal para que entre.
La clase normalmente vacía ha sido complementada con una pequeña mesa redonda y una serie de sillas que no habrían estado fuera de lugar en una café parisino, John nunca ha estado en París, pero puede hacer esa conjetura. Mycroft Holmes está de pie junto a la mesa, apoyado en su paraguas con una paciente sonrisa. Mueve la mano hacia la mesa detrás de él.
- Siéntate, por favor.
John se acerca furtivamente a la mesa y toma asiento, y la chica de Ravenclaw ha dejado a parte su libro el tiempo suficiente para servir dos tazas de té caliente.
- Por lo que sé, nunca has recibido ningún punto para tu casa por parar al joven señor Anderson de apalear a mi hermano en el tren, señor Watson – dice Mycroft mientras toma asiento en el lado opuesto. John mira hacia donde estaba la chica, solo para descubrir que se ha ido sin hacer ni un sonido en su retirada – Creo que, ¿diez puntos para Hufflepuf deberían bastar?
John mira detenidamente dentro de la fina y blanca taza de porcelana sin estar muy seguro de qué hacer con ella, hasta que finalmente toma un largo sorbo. Se extiende un glorioso calor arriba y abajo de su garganta e incluso se irradia hasta sus dedos. Es la bebida más absolutamente maravillosa que ha tomado.
- Gracias – el té le hace parecer a John que diez puntos son cien – Pero... - puede sentir la afilada mirada de Mycroft en él, aunque una sonrisa estática permanezca en su rostro – Pero no necesitarías una clase vacía y un té para darme unos puntos extras. Podrías haber hecho eso antes del entrenamiento.
El Jefe de Casa se encoge de hombros, sin sorprenderse de haber sido descubierto.
- Si me permites hacerte una pregunta, John – comienza Mycroft en el silencio, sosteniendo su taza pero sin acercarla a los labios.
John sostiene su taza con ambas manos, justo bajo el labio para olerlo y toma otro sorbo. Asiente, aunque está seguro de que nadie niega nada a Mycroft Holmes.
- Como sabes, este es mi último año en Hogwarts. No es la posición ideal para un hermano mayor con una carga como la mía. No me atrevo ni a imaginar qué podría recibir él sin mi influencia cuidándolo. Me sentiría mucho más tranquilo si alguien estuviera... - coge su taza como si fuera un vaso de vino, observando fijamente al vacío frente a él – echándole un ojo.
John no está seguro, pero suena bastante a que Mycroft le está pidiendo que espíe a Sherlock Holmes. Puede sentir la palabra ESPÍA escrito a diez pies por encima de su cabeza, parpadeando en rojo y zumbando. No le gusta, nada en absoluto, porque conoce esa sensación demasiado bien.
- No lo sé – esconde la cara dentro de su té.
- Eres muy leal para ser alguien que no conoce a Sherlock también como yo.
Ese es el punto de ser de Hufflepuff.
- No soy... Quiero decir, el espionaje no es bueno para nadie.
Todas las luces están apagadas, como debería estar, excepto la de la cocina. John se cuela porque se supone que no está despierto. Un vistazo no hará daño. Harry, su rostro rojo y contorsionado en algo horrible, casi deja caer la botella de su mano y le lanza toda la fruta del frutero hasta que él se retira, se acurruca bajo la cama y se esconde.
- Como Jefe de Casa, puedo dar puntos a quien crea que se lo merece – dice Mycroft después de un breve silencio - ¿En qué puesto está Hufflepuff?
John ha estado luchando contra la idea antes, pero ahora que el hedor de la corrupción está firmemente en el aire, algo dentro de él se contrae, se alza y se clava con firmeza.
- No – se traga el nerviosismo y se levanta de la silla – Ni por trescientos puntos. No me importa a quién me hagas espiar, no lo haré de todas formas.
Mycroft frunce el ceño por solo un instante y es casi aterrador. Pero John no se mueve. La inexpresiva sonrisa vuelve tan rápidamente como se había ido.
- Por supuesto, no te forzaré a hacer nada, John. Estaba solo meramente preguntando. ¿te gustaría terminar tu té?
- Me gustaría volver a mi sala común ahora – John no tropieza con sus propias palabras y brevemente se pregunta como lo ha hecho, cuando se siente tan mal por dentro.
- Nadie te está deteniendo – y Mycroft sonríe en su totalidad, enseñando lo dientes. Pero no se mantiene – Que tengas una buena tarde, John. Y si cambias de idea, ya sabes cómo encontrarme.
Hay solo un puñado de estudiantes en el Gran Comedor cuando ocurre. Es el tres de abril, y justo antes de que empiecen las clases, después del almuerzo. John es el que está más cerca.
Al principio, ella ni siquiera hace un ruido, solo se curva sobre la barriga y se la sostiene con las manos por la mitad, con una expresión tirante de dolor en el rostro.
Su nombre es Jennifer Wilson, de Primer Año de Ravenclaw. Ha sido envenenada.
John es el primero en ponerse en pie cuando Jennifer Wilson da un grito. El nudo de chicos de Primer Año de Ravenclaw se abre alrededor de ella, agarrándose unos a otros y mirando con impotencia a la chica que primero cae de rodillas y luego cae al suelo.
Otra cabeza aparece, una cabeza coronada por rizos oscuros.
John aparta a los de Primer Año y se arrodilla en el suelo junto a Jennifer Wilson, cuyos brazos están rodeandose firmemente la barriga mientras patalea, se retuerce y grita. Sus manos están sobre ella, y debería estar asustado porque no sabe qué hacer. Pero no lo está.
- ¿Cuál es su nombre? - mira rápidamente por encima de su hombro a Molly Hooper, que salta. Ella tiene lágrimas en los ojos.
- Jennie – gime - ¿Ella está...?
- Jennie, todo va bien – insiste John, sus manos aún sin tocarla - ¿Jennie? ¿Puedes oírme?
- ¡Duele! - consigue decir con los dientes apretados.
- Calambres abdominales – dice la voz que desciende hasta arrodillarse junto a John. Solo lanza una mirada un segundo para confirmar sus sospechas: Sherlock Holmes - ¿Qué más? - John abre la boca, y cuando no puede contestar, Sherlock se gira y mira duramente a los chicos de Ravenclaw detrás de ellos y suelta - ¿Qué más?
- Ella... - habla de nuevo Molly – Ha estado sudando mucho. Le dolía la cabeza desde el desayuno, y... y... - empuja la palabra a través de lágrimas de frustración – Nauseas.
Los ojos de Sherlock vuelven a Jennifer Wilson, que ha empezado a temblar. Su concentración es tan intensa que es sorprendente la velocidad con la que los pensamientos se suceden. El cerebro de John debería estar gritando de pánico, lanzando alarmas. Pero no lo está.
- Que alguien traiga a Madame Pomfrey.
- No hay tiempo – dice Sherlock rápidamente – La cogeré de los pies, rápido. La chimenea del Profesor Cairns está conectada a la Red de polvos Flu, es la que está más cerca.
- ¿Red de polvos Flu? ¿Por qué necesitaríamos...? - John ya está cumpliendo, dirigiéndose a la cabeza de la niña y levantándola gentilmente bajo los brazos cuando Sherlock lo hace desde los pies.
- Ha sido envenenada – dice Sherlock como si fuera la cosa más obvia que ha salido alguna vez de sus labios.
Los de Ravenclaw dan un corto y horrorizado grito mientras los dos chicos y su carga los dejan atrás.
- ¿Envenenada? Deberíamos llamar al Profesor Slughorn, y llevarla a la Enfermería...
- Inútil – masculla Sherlock – Dudo que el Profesor Slughorn sepa algo sobre pesticidas.
La niña en sus brazos tiembla y se queja.
Sherlock lidera el camino, prácticamente corriendo a través de capas, de grupos de estudiantes que se vuelven a mirar. John tartamudea disculpas por la audacia, y se cuela en el despacho de la profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, ¿pero qué estaba haciendo?. Afortunadamente, la profesora Cairnes misma está ahí para poder explicarle todo el asunto.
Ellos no terminan de enviar a la pobre chica por la Red de polvos Flu. Una vez que sus apuros están claramente establecidos, preciosos momentos desperdiciados mientras esperan a que Slughorn llegue, Sherlock claramente agitado por la falta de acción por parte de los adultos, y aún más, que se trataba de algún tipo de veneno Muggle que nadie en la habitación conocía y que no tenía ni pies ni cabeza, es recogida en los sorprendentemente fuertes brazos de la Señora Pomfrey para llevarla a un lugar seguro.
John se encuentra a si mismo en el despacho de la Directora por primera vez, acurrucado junto al fuego con Sherlock Holmes, mientras esperan por instrucciones, y para que los profesores les digan que si lo que han hecho está bien o mal. Alguien les ha colocado una manta de ganchillo los hombros, y cada vez más, Sherlock la deshilacha, dándole un extraño aspecto antes de arrojarla por detrás de él.
- ¿Cómo lo sabías? - pregunta John al final, en poco más que un susurro. Unos pocos de los hombres en el retrato más cercano se inclinan más cerca. John va por su segunda taza de té. La de Sherlock se ha puesto fría como una piedra. El chico de pelo negro apenas aparta la mirada del fuego. - Lo del veneno, quiero decir.
Sherlock se encoje de hombros.
- Era obvio.
Y eso es todo lo que conseguiría de él.
McGonagall vuelve finalmente de cualquier de las reuniones que han estado teniendo sobre todo el incidente. Parece temblorosa y extrañamente anciana. Sus manos caen sobre los hombros de los chicos y les ofrece a ambos una cálida sonrisa de aliento.
- Se pondrá bien – se le escapa un largo y tembloroso suspiro, y parece relajarse ahora que las palabras han sido dichas. - Puede que no esté de vuelta un tiempo, pero, gracias a vosotros, chicos...
- ¿Quién lo hizo? - insiste Sherlock, su pálido rostro impenetrable.
McGonagall parpadea detrás de sus gafas.
- ¿Perdone, señor Holmes?
- El pesticida que fue puesta en su bebida – dice Sherlock – Lo más probable que en el desayuno, si no en la cena de la noche anterior. Nadie más ha mostrado los síntomas, así que ella era un objetivo. Por lo tanto, fue deliberado. Por lo tanto, ¿quién lo hizo?
Ella agarra el hombro de Sherlock con más fuerza.
- Le aseguro que estamos haciendo todo lo que podemos para descubrir que le ocurrió a Jennifer Wilson, y quien quiera que pudiera haber... - la Directora apenas suprime un temblor – Cincuenta puntos para ambos, para vuestras casas.
Entonces guía a los chicos hacia la salida del despacho y los excusa de las clases para el resto del día.
- Wow – murmura John una vez que llegan a la base de las escaleras – Eso fue... increíble.
Sherlock suspira con dureza a través de la nariz.
- No hay suficientes datos.
Y entonces se va con un remolino de la túnica y la bufanda.
Hufflepuff no gana la Copa de Quidditch. La fuerte ofensiva de Slytherin atraviesa cualquier defensa que John y Violet fueron capaces de lanzar, y perdieron de forma horrible. Nadie culpó a nadie, y ellos se lanzaron a si mismos a una espectacular fiesta de consolación la noche después del partido. No hay sorpresas cuando tampoco la Copa de la Casa es de su reclamación.
Nadie lo dice, pero es gracias a los puntos extras de John por el tema de Jennifer Wilson que no son los últimos. Se las arreglan para quedar solo por delante de Ravenclaw, cuya mayor parte de la mesa está solo feliz de tener de vuelta a Jennie, casi ninguna mirada puesta en la cantidad de zafiros que hay en el reloj de arena. John se vuelve de un interesante tono rojo cuando McGonagall menciona su nombre y el de Sherlock en el discurso de fin de año, y hay una ruidosa explosión de aplausos de parte de la mesa de Ravenclaw, unido a un puñado de aplausos de los demás.
Clara está sentada con Harry cuando John sube al tren, sus manos cosidas juntas y hablando con sus cabezas inclinadas cerca una de la otra. John ni siquiera llama a la puerta.
Considera por un momento unirse a Soo Lin y Violet en su compartimento, pero pasa y pilla un compartimento ocupado por solo un chico de pelo oscuro. Su cabeza se mueve bruscamente cuando John entra, y parece francamente sorprendido de que alguien tenga conocimiento de su existencia.
- Fue brillante eso que hiciste – dice John, dejándose caer en el asiento frente a Sherlock.
- ¿Cuál de ellas? - contesta Sherlock con suavidad, intentando sin éxito hacer pasar su sorpresa por fastidio.
La presunción de la declaración le choca a John por un momento, pero se revuelve rápidamente.
- Lo del veneno, y Jennifer Wilson. Podría haber muerto.
Sherlock se mira los pies.
- Todo es inútil si no puedo descubrir quién lo hizo.
Es obvio que él está acostumbrado a esa palabra, brillante, y ya ha perdido su lustre. Así que John se desplaza y el movimiento llama la atención de Sherlock que lo mira de reojo.
- Ya sabes, es como tú dijiste. No todos los héroes son de Gryffindor.
Es la primera sonrisa real que John llega a ver en el rostro de Sherlock.
