~.~...*...*...: Love is death (parte 2) :...*...*...~.~
—Lo siento. —Le susurró. Verdaderamente sentía que las cosas se hubieran desarrollado así, tan repentinas. Sentía también su acto de cobardía por huir de los problemas de esa manera tan fácil, pero no soportaba un día más sin él.
Volvió a acariciar su rostro sobre la foto y la apretó nuevamente contra su pecho.
—Te amo. —Le dijo y sin más espera se lanzó al vacío.
Sintió en milésimas de segundo como el aire daba de lleno contra su rostro, fuerte, furioso. Cerró los ojos para no ver lo que se avecinaba y apretó más fuerte la foto, evitó gritar y lo consiguió. Se abandonó directamente a su suerte.
Esa extraña sensación de la adrenalina recorriendo su cuerpo de manera fugaz, poderosa.
Cuando supo que el final se acercaba, que ya su cuerpo impactaría contra la espesa maleza llena de rocas, esperó por el fuerte golpe que tendría que darse, pero nunca llegó. En cambio sintió algo fuerte rodear su cuerpo, pero no supo reconocerlo. Eran… ¿Brazos? No lo sabía y estaba confusa.
—Bella… —Escuchar su voz, nítida y cercana fue lo que le dijo que ya no pertenecía al mundo de los vivos. Pero nunca imaginó que morir de esa manera fuera tan sencillo y dulce, indoloro.
—Bella. —Volvieron a llamarla y se deleitó con su melodiosa voz entrando por sus oídos. Lo disfrutó como nunca. Un movimiento la hizo abrir los ojos, asombrada.
Y fue cuando, al verlo, emitió el mayor grito de su vida. No podía ser real, era imposible que fuera real. Rompía con todas las leyes de la lógica. Alteraba todo lo que era real y humano, porque lo que ella veía no podía ser humano, era algo milagroso.
Miró asombrada su reconocido rostro, tan perfecto como siempre o incluso más bello de lo que ella lo recordaba, verdaderamente sus recuerdos no le hacían justicia a toda la belleza que poseía.
Se quedó paralizada, sin saber que decir, hacer o de que manera actuar. Su cuerpo había dejado de tener vida, dejándola completamente paraliza aún con sus brazos rodeando su cintura. Sus ojos no podían estar más abiertos, parpadeó para poder relajar los músculos de su rostro y cuando volvió a centrar su atención en él se produjo la catarsis esperada.
Chilló aún más fuerte que la primera vez y se removió violentamente en sus brazos. Él ya se esperaba esa reacción, incluso le pareció demasiado suave y controlada, por lo tanto la soltó despacio dejándola sobre sus pies y asegurándose de que estara bien, no quería que ella se desmayara.
Inconscientemente Bella se alejó del majestuoso cuerpo del hombre que más amaba, del hombre que creyó muerto.
—Esto no es real… No puede ser real… —Susurraba en imperceptibles sonidos. Gracias a su fino oído él podía oír todo con perfecta claridad.
—Estoy soñando… Estoy soñando… —Infantilmente llevó su dedo índice y pulgar hacía su brazo izquierdo y lo pellizcó fuertemente, haciéndola jadear de dolor.
En un movimiento no visible para el ojo humano, Edward se acercó a ella y detuvo su actuar, ya que su piel estaba quedando visiblemente roja.
—No hagas eso… —Colocó su mano, fría como el hielo, sobre la delicada muñeca de Bella. Ella al notar el helado tacto obligó a sus dedos a detenerse y elevó la cabeza para poder ver a su sueño hecho realidad.
—No es posible. —Susurró nuevamente. Aún se encontraba paralizada por el miedo que recorría sus venas.
Suavemente Edward llevó su mano hacia la cálida mejilla de Bella, en un simple roce le dijo que era real, que él estaba allí, junto a ella.
Sin saber que hacer, ella también elevó su mano y la colocó sobre la de Edward, sin percatarse siquiera de su gelidez, ese momento era tan perfecto, tan auténtico que el resto del mundo había desaparecido para ambos.
Lo miró con ojos sorprendidos, sin saber como asimilar el momento que estaba viviendo. Se obligó a parpadear nuevamente, pues su absoluta belleza la había dejado absorta en su rostro.
Nunca imaginó que lo que más anhelaba se cumpliría, nunca creyó en que su mayor deseo, el cual pedía cada noche, se fuera a hacer realidad. Viendo como él, su Edward, estaba delante de ella, tal y como lo recordaba llenó su corazón de una inmensa felicidad y melancolía a la vez. Lo había extrañado tanto que aún no podía creerse que todo lo que estaba viviendo fuera real.
Literalmente se lanzó encima de él, abriendo sus brazos todo lo que dieron de si para poder abarcar su cuerpo entero. Se agarró tan fuerte a él que si fuera posible lo hubiera roto en varios pedazos diminutos.
Sus brazos quedaron, enganchados como cadenas, alrededor de su cuello y su cabeza se hundió rápidamente en el hueco que había entre su hombro y su cuello.
A su lado se sentía el ser mejor protegido de la faz de la tierra. Debido a su pequeño tamaño su rostro quedaba a la altura de su pecho, dándole la ventaja de poder oler su característico y embriagador olor.
Las manos de Edward tampoco pudieron estarse quietas, necesitaba disfrutar del momento que le ofrecía la vida y sin dudarlo apretó lo más delicadamente que pudo la diminuta cintura de Bella, atrayéndola hacia su cuerpo para poder sentirla lo más cerca posible. Obligó a su cerebro a que olvidará la picazón que atenazaba su garganta.
Aspiró el olor de su pelo, fascinándose con el dulce aroma de fresias y flores que este desprendía, recordando velozmente que su aroma era igual que él lo recordaba, dulce y delicioso.
Estuvieron así por un prolongado tiempo en el cual no fueron concientes de lo rápido que avanzaban las manecillas del reloj.
—¿Cómo puede ser esto real? —Preguntó Bella con la voz amortiguada debido a que su rostro estaba pegado al cuello de Edward.
—Tengo que explicarte muchas cosas Bella que espero puedas comprender. —Su voz fue melancólica, debido al daño que le causaba imaginarse el rechazo de Bella cuando le desvelará en lo que se había convertido.
—Te extrañé tanto Edward… Tanto… —Juntó más su cuerpo al de Edward, para poder sentir como cada músculo se clavaba en su anatomía.
—Fue muy doloroso vivir sin ti a mi lado. —Sus cuerpos, sus almas, sus corazones estaban unidos de una manera idílica y perfecta.
—¿Por qué lo hiciste? —Le dolía recordar el pasado.
—Es lo que tengo que explicarte, mis motivos, por más irreales que te parezcan. —Sentía miedo de sus reacciones.
Bella elevó su cabeza para poder mirarlo directamente. Sentía la imperiosa necesidad de expresarle todo lo que estaba sintiendo, cada una de las sensaciones que atravesaban su cuerpo con actos y no con palabras.
Lentamente acercó sus labios a los suyos, sin dejar de mirar sus ojos, no podía reconocer su verde esmeralda por la oscuridad en la que se encontraban.
Continuó con su lento avance, sintiendo su respiración acelerada y a consecuencia de ello entrecortada.
Estaba ansiosa por volver a saborear sus labios, necesitaba saber que él verdaderamente era real y no un engaño de su traicionera mente. Quería saber si el toque de sus labios era igual que hace tantos meses, necesitaba recordar las enormes sensaciones que sus labios le trasmitían, quería volver a sentir ese cosquilleo adolescente que sus besos le trasmitían.
Se acercó más rápido, sintiendo casi sus labios rozarse, pero en un repentino movimiento que la dejó paralizada, Edward se alejó de ella, soltándose de su agarre y manteniéndose a una prudente distancia de su cuerpo. Ese movimiento le dolió como si le hubieran atravesado un puñal directo al corazón, Bella se daba cuenta que las cosas no eran igual después de todo.
Lo miró expectante, sintiendo como sus ojos se aguaban a cada segundo que pasaba. La imperiosa necesidad de sentirlo se desvaneció como la pólvora, haciendo que no pudiera retener las lágrimas de dolor y angustia. Las saladas lágrimas recorrieron su rostro de norte a sur como si de un torrente se tratara, no hizo nada para impedir su avance, no tenía la fuerza suficiente.
Edward la miró con el dolor atravesando sus ojos, siendo conocedor de porque las lágrimas mojaban el hermoso rostro de Bella. Ni su fuerte autocontrol se sintió con la fuerza necesaria para poder juntar sus labios, no podía perder el control con ella y sabía que besarla, probar su adictante aroma y saborear su delicioso aliento no sería la mejor alternativa.
—Lo siento… Yo… No quise incomodarte. —Bella había vuelto a la etapa de los susurros. Secó sus lágrimas con manos temblorosas y bajó la mirada, manteniéndola en la espesa vegetación que escasamente veía.
—Me es muy difícil controlarme contigo. —Su voz se había tornado ronca, producto del deseo que sentía por besar esos rosados labios. —Lo siento Bella. —Se acercó a ella con paso humano y secó el resto de lágrimas.
—Es comprensible. —Fue lo único que atinó a decir al sentirse abrumada por las sensaciones que su melodiosa voz le transmitían.
En un acto de posesión Edward la atrajo nuevamente hacia su cuerpo, apretándola suavemente contra su torso y dejándose envolver por su dulce aroma.
Bella también se apretó fuertemente contra él. Ese momento era tan único que todo lo demás dejó de importar, el pasado, el dolor, las noches enteras de llanto sin control, las pesadillas, todo. Sintió cerrarse las cicatrices que su corazón obtuvo cuando fue conocedora de su muerte.
—Tienes que explicármelo todo. —Dijo esas palabras mirando directamente dentro de sus ojos.
—Lo sé, será cuando tú quieras.
—Ahora. —Sonrió tenuemente. La felicidad que sentía era inmensa, pero no lo suficiente como para aplacar la curiosidad por saber que había pasado. Quería que él corroborara con sus palabras que todo lo que estaba viviendo no era un sueño, porque sabía que de algo así no podría recuperarse.
—Déjame mostrarte algo. —Bella asintió. —Agárrate fuerte. —No dudó en hacer lo que él decía. Se colocó en su espalda, confusa por lo que pasaría. Apretó fuertemente su cuello con sus brazos. Temerosa de estar lastimándolo aflojó su agarre pero Edward volvió a colocar sus brazos como estaban.
—¿Confías en mÍ? —Preguntó.
—Ciegamente.
—De acuerdo. —Notó la satisfacción en su voz debido a sus palabras.
Repentinamente sintió el aire azotar furioso su rostro. Abrió los ojos y se vio envuelta por un borrón de maleza oscura. Reprimió el chillido que se empezaba a formar en su garganta porque la adrenalina era tan fuerte que la dejó atontada por un momento. Estaba sintiendo lo mismo que cuando se había arrojado al vacío.
El cuerpo de Edward se movió ágilmente bajo el suyo, ni siquiera pudo contar el tiempo que estuvieron suspendidos en el aire pues la velocidad era tan rápida que le oprimía los pensamientos.
En tan solo dos saltos él estuvo en la superficie en la que había empezado todo el paripé de sus ganas de arrojarse al oscuro bosque para dejar de existir y sufrir por la muerte de Edward.
Sintió su cuerpo deslizarle lentamente por la ancha espalda de Edward, sus pies tocaron tierra firme y la parpadeante luz de la farola que se encontraba a unos pasos de ella dio de lleno en sus ojos.
Lo miró con la sorpresa y alucinación sombreando en sus brillantes ojos. Edward se giró, enfrentaron sus miradas y fue allí con la suave luz de la farola, que se percató del verdadero color de sus ojos. No había ni rastro del precioso verde esmeralda que poseía, en su reemplazo estaban dos hermosos ojos de un extraño y especial color ámbar.
Lo miró extrañada y se acercó con lentos pasos hacia donde él se encontraba, a unos diez pasos de distancia. Elevó su rostro para poder observar bien su bello rostro y quedó alucinada con el tono marmóreo de su piel y el extravagante tono de sus ojos.
Pero no se asustó por ese enorme cambio, nada proviniendo de él lo haría.
—Es lo que tengo que explicarte. —Su aliento dio de lleno contra su rostro, envolviéndola en una maravillosa sensación.
—Adelante. —No se separó de su lado y la única distancia que impedía su total acercamiento eran unos escasos centímetros.
Edward carraspeó suavemente, buscando las palabras adecuadas para no asustarla con la historia que tenía que contarle. Lo único que le animaba a dar ese gran paso era el resquicio de esperanza que le quedaba de que ella pudiera aceptarlo, tal y como era ahora.
—El día de nuestra boda desperté tremendamente emocionado y nervioso. Por fin daríamos ese gran paso y yo ya estaba impaciente por poder reclamarte como mi esposa ante los ojos de todos. —Bella sonrió feliz, dejando que sus recuerdos regresaran a ese día.
—Iba por la carretera a una velocidad prudente, agarrando fuertemente entre mis manos la pequeña cajita que contenía nuestros anillos. —Bella acarició suavemente la preciosa sortija que estaba enganchada a su de dedo con fuego.
—Mi peor error fue intentar acortar camino y elegir introducirme por un atajo, la carretera estaba totalmente desierta y centenares de árboles se extendían majestuosos a ambos lados. A mitad de camino algo se atravesó por delante del coche, cruzó la carretera y mi coche golpeó contra ese objeto desconocido. —Bella escuchaba atenta cada palabra, deleitándose con la suave reverberación de su voz que producía un suave eco.
—Frené precipitadamente y bajé a mirar que había sucedido. A unos cuantos pasos más adelante se encontraba tirado el cuerpo de una mujer que poseía un cabello negro azabache, su cuerpo estaba desmadejado sobre la carretera. Corrí para intentar socorrerla, en cuanto llegué hacia su posición coloqué mi mano sobre su pecho para comprobar si tenía pulso. —Se detuvo y miró los ojos de Bella, sabía que el momento de decirle todo había llegado y se sentía enormemente temeroso.
Ella escuchaba atenta la historia, sin parpadear prácticamente y escuchando cada palabra dicha por él, sorprendida por lo que contaba.
—Agarré su muñeca con manos temblorosas, tremendamente asustado. No sentí su pulso y eso me puso más nervioso aún. Intenté alejar mi mano de su muñeca para llamar a emergencias, pero su mano derecha apretó fuertemente mi brazo y con violencia me acercó a ella. Sus ojos eran de un atemorizante color rojo fuego. Se puso de pie a una velocidad inhumana y sin que pudiera detenerla me atacó.
Bella exhaló por sus repentinas palabras y dirigió su mirada temerosa hacia su rostro, que poseía una mueca de desagrado.
—¿Qué? —No pudo detener sus palabras.
—Bella por favor no te asustes ni pienses que estoy loco. —Un escalofrío recorrió el cuerpo de Bella debido al torturante tono de la voz de Edward.
—Jamás. —Dijo más firme que nunca.
—Esa mujer era un… —Fue raro escuchar tartamudear a Edward. —Un vampiro. —Tras escuchar esas palabras su cuerpo se paralizó.
Lo que Edward acababa de decir no tenía lógica alguna, el sentido de sus palabras se había perdido tras decir esas últimas palabras. Lo miró extrañada y pudo ver que él no mentía, sus ojos se lo decían. Bella lo conocía tan bien que podía leer a través de él, gracias a su mirada. Lo que Edward había dicho era verdad y extrañamente Bella no sintió miedo.
Sin apartar sus ojos de los de Edward y sus brazos de su torso meditó en las palabras recientes. Tras pensar unos rápido minutos en lo que había escuchado cayó en la cuenta de todo. Los mecanismos de su cabeza encajaron y todo cobró sentido.
Su huída el día de la boda, la repentina desaparición y su posterior muerte. El no saber nada del accidente que la provocó, el hecho de que hubiera desaparecido tan de repente sin dar explicaciones. Su inesperada aparición y la forma en la que la había salvado de morir estrellada contra la maleza del bosque. La velocidad inhumana, el cambio del color de sus ojos, el color de su piel. Todo se había resuelto con la palabra "vampiro".
—Ohh señor. —La cordura llegó a ella y la hizo separarse de su cuerpo, no por temor sino por expectación.
—Bella… —Edward susurró temeroso por su reacción.
—Tú eres… Tú eres… —No pudo terminar de hablar y él asintió.
—Se que es la peor locura del mundo pero no miento.
—Lo sé. —No dudó a la hora de decir esas palabras.
—¡Wauuh! —Exclamó y corriendo se volvió a acercar a él para posteriormente apretar sus cuerpos unidos.
—¿Bella? —Edward sabía que los pensamientos de Bella nunca fueron igual a los de los demás. Que sus reacciones siempre eran inesperadas y que actuaba de una manera difícil de comprender. El hecho de que corriera en su dirección en vez de en la contraria para huir de él le resultó sorprendente. Ella no lo rechazaba.
—¿No te importa lo que soy? —Quería asegurarse.
—Lo único que me importa es que estás aquí junto a mí.
—Para siempre. —Concluyó él recordando que esas palabras ya habían sido dichas en el pasado.
Sin poder soportarlo más elevó su pequeño rostro ovalado y lo más delicadamente posible acercó sus labios a los de Bella. Ella se entregó a él, deseosa de probar sus labios. Los unió a los de Edward con impaciencia y se dejó envolver por las sensaciones. El cosquilleo de su vientre no se hizo esperar y profundizó más el beso, envolviendo sus dedos en sus sedosas hebras cobrizas.
Se separaron por falta de oxígeno, mejor dicho, porque Bella tenía la obligación de respirar. Dejó pequeños besos de mariposa en sus labios y se abrazo a él con toda su alma.
—Esto debe ser un sueño.
—Sé que es difícil de creer.
—No, no es por eso. Lo que es difícil de que creer es el hecho de que la vida me de una segunda oportunidad para estar a tu lado, para tenerte junto a mí después de todo lo que sufrí cuando te creí muerto.
—Lo siento.
—¿Por qué has esperado tanto? Ha sido una agonía vivir sin ti.
—Porque tenía que estar seguro de estar lo suficiente controlado para poder acercarme a ti, para poder soportar oler el efluvio dulzón de tu sangre. —Tontamente a Bella se le había olvidado ese dato, los vampiros lógicamente y como todos los cuentos decían se alimentaban de sangre.
Bella volvió a besarlo, suavemente al principio y después con más insistencia. Casi todo un año sin probar sus labios, sin tenerlo a su lado había sido demasiado duro y ahora quería disfrutar de esta segunda oportunidad.
Poco después Edward le contó un poco más de como había sobrevivido con su nueva vida.
Al despertar, violento y asustado se encontró con que se hallaba en una espaciosa casa y que cinco personas lo observaban curiosos. El patriarca de la familia llamado Eleazar le enseñó todo lo que necesitaba aprender de su nueva vida. Le explicó que lo mejor era cazar animales y no humanos, pues nadie merecía la muerte injustificada. Edward comprendió rápidamente eso, él no quería ser un monstruo.
Rápidamente se adaptó a las condiciones de su nueva existencia y se integró con todos los habitantes del clan Denalí. Eleazar fue el que más le ayudó a controlar sus instintos y a cumplir su misión de ser lo suficientemente civilizado para su reencuentro con Bella.
—Pasados tres meses de mi transformación tenía tu recuerdo nítido en mi mente y la imperiosa necesidad de verte de nuevo, de saber de ti me llevó a vigilar tu sueño por las noches.
—¿Estabas a mi lado?
—Sí, cada noche y cada momento que podía. La desesperación por no poder acercarme a ti por temor a herirte se consolaba un poco con verte a la distancia y mientras dormías. Siento haberte causado tanto dolor. —Sus facciones se entristecieron.
—No es culpa tuya. —Besó su mejilla.
—Fue duro ver el sufrimiento de todos mis seres queridos. También he hecho una pequeña visita a hurtadillas a mis padres y hermanos.
—Han sufrido mucho también, sobretodo tu madre.
—Me entristece mucho eso. Ellos no se lo merecen.
—Fue un golpe muy duro, todos te aman Edward. —Sonrió.
—¿Se lo dirás a ellos? —Preguntó Bella.
—No me siento capaz de decir lo que soy a todos.
—No tienes nada que temer, sabrán comprenderlo.
—Desde siempre quise tener este secreto escondido, intenté muchas veces cambiar de estado y alejarme para que vuestras vidas siguieran su curso establecido, pero pensar en ti, en mi familia y en todo lo que debería de abandonar se me hacía insoportable.
Bella meditó en lo que quería preguntar, tal vez fuera inoportuno.
—¿Cómo es que te has… Decidido para decírmelo? —Respiró entrecortadamente con miedo por saber que le contestaría.
—Porque tú… —Tocó dulcemente su nariz. —Intentabas abandonarme. —Comprendió rápidamente sus palabras.
—No podía seguir viviendo sin ti. —Se sintió cobarde.
—Pero no era la mejor solución, la vida te de depara muchas cosas hermosas.
Alzó la mirada. —Sin ti, nada tiene sentido para mí. La vida se apagó cuando pensé que me habías abandonado en el altar.
—Tonta Bella… —Sonrió ladinamente. —Jamás haría una cosa así.
—Yo lo imaginé… Y todo lo que pasó después fue lo peor. —Torció los labios.
—Olvidemos eso por hoy. Seamos solo tú y yo empezando desde cero. —La idea le pareció fabulosa. Asintió y besó sus labios con presura.
Edward volvió a cargarla sobre su espalda y a una velocidad impresionante empezó a correr. Cuando Bella abrió los ojos se encontró sentada, sobre el regazo de Edward, bajo su árbol. El mejor lugar del momento para ambos.
A lo lejos se escuchaba tenuemente la corriente del río avanzar, el piar de los pájaros y el cantar de los grillos. La noche era fría, pero bastante soportable. El cielo encapotado de estrellas lucía hermoso y enorme sobre sus cabezas.
Intercambiaron palabras y besos durante largos minutos. Bella le contó ligeramente sobre su día a día, no quería decir mucho, pues la mayoría de sus días habían sido melancólicos y sin atisbo de vida alguno.
Edward le contó las sensaciones que ahora tenía, los cambios, lo difícil que fue al principio soportar la sed y muchas cosas que a Bella le resultaron fascinantes. También le habló sobre lo bueno y lo malo y fue cuando llegaron al momento decisivo de la noche.
—¿Edward que pasará ahora? —Tenía miedo de su respuesta.
—¿Qué es lo que tú deseas?
—Que estés conmigo siempre, que me demuestres cada día que todo esto no es un sueño.
—Estaré junto a ti todo el tiempo que quieras. —Le sonrió de esa forma que él sabía que dejaba atrancada la respiración de Bella.
Ella estornudó y un escalofrío le recorrió el cuerpo.
—Te llevaré a casa. —Bella se aferró a su brazo.
—Me gusta este sitio.
—No quiero que enfermes.
—Pero… —La besó de la forma más deliciosa que pudo imaginar.
—Eres un tramposo. —Edward sonrió consciente de porque lo decía y cargándola en brazos voló por las desiertas calles hasta la casa de Bella, la cual conocía como la palma de su mano. Muchas experiencias habían sido desarrolladas en ese cálido lugar.
Llegaron en unos pocos minutos. Las calles ante los ojos de Bella no eran más que simple borrones casi imperceptibles. En el camino agarró su camiseta deleitándose con su duro torso. Quería sentir que de verdad él existía, que estaba a su lado y que todo lo que estaba viviendo no era un sueño. Su mente no sería capaz de recrear tanta belleza.
Aún le quedaban muchas cosas por preguntar, sin duda esta noche sería la más larga de su vida y eso no le importaba para nada.
Llegaron al porche de la entrada y Bella se detuvo en seco ante el pensamiento que acababa de tener.
—Mierda… —Susurró entre dientes.
—¿Qué sucede?
—Las llaves… —No traía llaves con ella pues nada de lo que había sucedido estaba en sus planes.
—¿No las tienes?
—No pensaba volver. —Apenas susurró levemente y agachó la cabeza avergonzada.
—Tranquila. —Dijo Edward y en un movimiento seco la puerta se abrió.
—Pero que co… —Bella alucinó.
—Esto tiene sus ventajas. —Edward sonrió ladinamente y nada más importó para Bella.
Cogió su mano, sin prestar atención a la temperatura, y lo jaló dentro del departamento. Cerró la puerta con el picaporte interior y se apoyó en ella mientras le sonreía a Edward.
Él se había quedado absorto observando la estancia. Miró todo minuciosamente y dejó que cada objeto que veía le trajera un recuerdo, algunos claros, otros borrosos. Habían vivido muchas cosas dentro de ese departamento, muchas experiencias de todo tipo. Desde las más felices hasta pequeñas peleas tontas que se solucionaban rápidamente dejando que la pasión desenfrenada que siempre los envolvía hiciera de las suyas.
—Edward. —Lo llamó suavemente Bella.
—Umm.
—¿Qué… Qué haremos ahora? —Bella se había puesto repentinamente nerviosa porque no sabía cómo desarrollar la situación.
Él se acercó a ella con pasos felinos que la intimidaron más aún. No es que le tuviera miedo, lo que pasaba es que al tenerlo allí, después de tanto tiempo sin verlo, sin estar en su presencia le habían atacado pensamientos de lo menos castos y no estaba segura de si debía tenerlos.
Las manos de Edward se posaron delicadamente sobre sus mejillas.
—Supongo que esa cabecita tuya está llena de preguntas. —Sonrió ladinamente y lo que a Bella menos le importó fueron las preguntas.
—Sí. —Dijo sonrojándose por todos los pensamientos que estaba teniendo.
—Ponte cómoda, yo esperaré aquí. —Soltó lentamente el agarre de sus mejillas y sonrió suavemente.
Bella corrió escaleras arriba, con los sentidos nublados y la extraña sensación de felicidad completa recorriendo sus venas. Después de tantos meses por fin era feliz de nuevo, por fin se sentía una persona completa, un ser humano viviente.
Abrió con desesperación cada cajón de su espacioso armario, poco le faltó para sacar cada pieza de ropa y elegir lo que mejor le sentara.
Se desesperó cuando como ropa cómoda solo encontró su ancha camiseta negra y sus viejos pantalones de deporte de un rojo desteñido. Sintió la frustración instantánea y se paralizó por unos minutos. Quería estar lo mejor posible para Edward, él había regresado y nada más y nada menos que como un vampiro.
Para cualquier persona "normal" sería algo complicado de comprender, muchos saldrían corriendo despavoridos y llenos de miedo, otros hubieran llamado a la policía o a un loquero. Pero Bella Swan no era para nada normal, lo único que le importaba era que Edward estaba de nuevo a su lado, sea lo que sea ella lo amaría siempre.
Después de más de cinco minutos de búsqueda por todo su ordenado armario que ahora estaba totalmente descolocado encontró unos cómodos shorts de color cielo y una bonita camisa de manga corta con una gran boca estampada en la parte delantera.
Se aseguró frente al espejo de estar visiblemente bien, la sonrisa tatuada en su rostro ayudaba bastante.
Bajó las escaleras lentamente, contando cada escalón y se dirigió hacia el amplio sofá del salón, donde Edward estaba gloriosamente sentado. Su postura era desgarbada y tranquila, sonreía y observaba todo con ojos curiosos. Quiso acercarse silenciosamente a él pero de forma sorprende le habló mientras sonreía. Suspiró frustrada y se acercó hacia él más rápido.
Se sentó en el sillón individual en diagonal al que él estaba.
Lo vio moverse y en un parpadeo se encontró sobre su regazo mientras Edward reía a carcajada batiente. Solo había sentido una imperceptible brisa atravesar su cuerpo y cuando abrió los ojos ya se encontraba donde actualmente lo hacía.
—He pasado demasiado tiempo lejos de ti. —Besó su mejilla dulcemente y ella sintió derretirse.
—No quería incomodarte. —Se reprendió por eso, había muerto de ganas por sentarse a su lado pero no estaba segura.
—Nunca lo harías.
Por varios minutos prolongados se quedaron mirando directamente en los ojos del otro, dejando que los sentimientos mutuos recorrieran sus cuerpos de forma precipitada. Ambos eran inmensamente felices junto a la persona que más amaban en el mundo.
Sonrieron tenuemente y en un imperceptible movimiento ya tenían sus bocas juntas, saboreándose lentamente.
—Dispara. —Le dijo Edward después de que su cesión de dulces besos hubiera acabado.
Acarició tenuemente sus desnudas piernas, cerca de la rodilla. Desde que la vio aparecer notó rápidamente el cambio de su cuerpo. Estaba visiblemente más delgada y las ojeras de sus ojos eran más que notorias. No le gustó para nada eso. Él no la quería ver así, lo que más le gustaba era el toque divertido que siempre poseía su rostro y ahora su nuevo cometido era hacer que lo recuperara.
Lo que por el momento más inquietaba a Bella era no saber cómo es que ella había visto un cuerpo que aseguraron era el suyo. Se lo hizo saber enseguida, la intriga la mataba.
—¿A quién vi yo?
—¿Ehh?
—Nos enseñaron un cuerpo Edward, asegurando que era el tuyo. Tenía puesto tu traje.
—Ohh, ya lo recuerdo.
—¿Qué pasó con eso?
Edward se removió incómodo en su sitio debajo del cuerpo de Bella.
—A los pocos meses de mi transformación. —Dijo. —La mujer de cabello negro que encontré en la carretera fue en mi búsqueda a la casa de Eleazar. Según ella quería comprobar el resultado de su creación. Tanto Eleazar como yo estábamos indignados por su descarado comportamiento y de forma civilizada de pedimos que se marchara. Ella se negó alegando que el hecho de que yo "viviera" era gracias a ella y nos dijo que había venido en mi búsqueda. —Suspiró.
—Intentamos de la mejor forma que se fuera pero no hizo caso alguno. Sin ser conocedores de su reacción atacó a Eleazar y yo harto de su comportamiento la seguí bosque adentro mientras ella reía.
Era muy rápida, en algunos momentos estuve a poco de alcanzarla pero era buena esquivando. Finalmente llegamos al corazón del bosque y allí, para mi sorpresa, había un hombre atado a un árbol. —Bella se temía lo peor con sus palabras.
—Era un hombre que se parecía bastante a mí, alto, pelo pelirrojo casi cobrizo, blanca piel y delgado. No comprendí nada en primer momento pero me había dado cuenta de que ese hombre llevaba un traje negro, me acerqué un poco más y rápidamente lo reconocí como mío. Recordé que cuando desperté llevaba puesta una ropa que Eleazar había comprado para mí y no sabía nada del traje, él me encontró desnudo. —Se calló en ese momento y observó el comportamiento de Bella.
Sus mejillas se tiñeron rápidamente al recordar el glorioso cuerpo de Edward y los pensamientos de recuerdos de noches de pasión que la atacaron sin piedad. Se removió incómoda en donde se situaba y eso no fue ni mucho menos lo mejor, pues sentir su bien formado cuerpo bajo el suyo aumentó su inapropiada lujuria.
Edward olió su efluvio y escuchó el martillear de su acelerado corazón.
Inconscientemente llevó su mano hacia su rodilla y la apretó levemente, después pasó sus dedos por la misma zona de forma delicada, deleitándose con el suave tacto de su cremosa piel.
Sus toques para nada eran con fines lujuriosos pero no se hacía una mínima idea de lo que estaban causando en el cuerpo de Bella.
—¿Qué pasó después? —Preguntó entrecortadamente para disipar sus pervertidos pensamientos.
—Le pedí una explicación a sus actos. —Anunció. —Lo único que alegó fue que era su manera de divertirse, no era ni la primera ni la última vez que lo haría. En el trascurro de sus palabras se fue acercando al hombre que temblaba como una hoja a punto de caer. No pude impedirlo, cuando menos lo esperé ella ya había clavado sus dientes en el cuello de aquel inocente hombre. —Frunció el ceño.
—Corrí hacia ella pero rápidamente se fue dejando que el hombre se desangrara. Tuve que hacer mella en mi más fuerte autocontrol para no dejar salir a mi monstruo interior. En ese momento llegó Eleazar que se ocupó de todo. Él fue el que se encargó de matar al hombre, pues no sería justo convertirlo en un ser como nosotros.
—Ohh dios mío. —Fue lo único que una anonadada Bella pudo decir.
—Es horrible.
—La maldad de esa mujer no tiene límites.
—Tiene una espeluznante forma de divertirse. —Se quedaron callados.
—¿Qué pasó después? —Preguntó muy curiosa Bella.
—Lo llevamos a casa, nos parecía justo al menos darle un entierro digno. Cuando llegamos Carmen, la esposa de Eleazar que se estaba encargando de vigilar como avanzaba la investigación sobre mi caso nos informó un poco de todo y al ver el cuerpo se le ocurrió la idea de que para cerrar el caso sería bueno hacerlo pasar por mí, pues se parecía lo suficiente.
—Ahora lo comprendo todo.
—Es algo horrible y perverso. Me negué pero caí en la cuenta de que era lo mejor. —Lanzó un desesperante suspiro.
—Pensé que sería lo mejor para ti, que así dejarías de sufrir.
—Sin ti a mi lado era imposible. —Bella se sintió nuevamente melancólica con los recuerdos. —Fue el peor momento de mi vida.
—Lo siento Bella, no sabes cuanto.
—No seas tonto, no es culpa tuya. —Le sonrió mientras abrazaba con todo el amor de su corazón su cuerpo.
—Te amo Bella. —Esas palabras fueron las precisas, las precisas para que cada pedazo de su destrozado corazón se volvieran a unir, creando un corazón nuevo, rodeado por las cadenas de la protección y el amor que sentía por él.
—Edward… —Susurró. —Te amo. —Lo besó con desesperación, sin poder contener su emoción. Sintió tímidas lágrimas recorrer su rostro.
—Nena… ¿Por qué lloras?
—Porque aún pienso que todo esto es un sueño, que de un momento a otro despertaré y ya no estarás a mi lado.
—Nunca podré volver a dejarte Bella, al menos que tú me lo pidas. —Secó tiernamente sus lágrimas, haciendo que el corazón de Bella se deshaga.
—Te quiero siempre junto a mí. —Bella fue firme en sus palabras.
Volvieron a unir sus besos hambrientos. Edward se separó delicadamente de ella cuando sintió que la temperatura entre los dos empezaba a ascender peligrosamente rápido.
—Edward… —Le dijo Bella y pasó su brazo por detrás de su cuello, atrayéndolo hacia ella. Lo besó con desesperación y deseo contenido.
—Bella… No… No puedo.
—¿Por qué Edward? Te necesito junto a mí, de todas las maneras posibles. —Él intentó volver a negarse pero al ver sus ojos esperanzados, llenos de amor y deseo le fue imposible volver a hacerlo.
—Bella… —Se sintió en las nubes cuando ella tocó su pecho de forma suave mientras mordía sus labios con picardía.
Lo sentía mejor que nunca, como si con su transformación todo en él se hubiera perfeccionado hasta límites insuperables e incontables. Probar nuevamente sus labios le devolvía el alma al cuerpo. La sensación tan única que él le causaba era imposible de explicar con las palabras existentes en el mundo. Esa mezcla de mariposas y torbellinos en su vientre era indescriptible.
Quería sentirlo a su lado como tantas veces lo había hecho hace casi un año. Amaba siempre compartir todo con él, sus aficiones, sus gustos, sus hobbies, todo. Siempre y cuando cada uno respetara lo del otro aunque siempre tenían ese pequeño pique para defender sus opiniones.
Intimar con Edward era una de las mejores cosas de la vida, las sensaciones eran inigualables.
Lo atrajo más hacia su cuerpo, para sentir sus cuerpos más unidos. Acarició el cabello que se extendía por detrás de su cabeza y le dio un leve jalón cuando él la beso más insistentemente. Las manos de Edward abarcaban la pierna izquierda de Bella, sus manos la acariciaban de arriba abajo trasmitiéndole esa extraña corriente eléctrica que sentía siempre que la tocaba y que pensaba que había desaparecido.
Colocó con miedo las manos a cada lado de su cadera, un movimiento en falso, por más pequeño que fuera, podía ocasionar el caos y él lo que menos deseaba era lastimarla. Bella se veía tan frágil a su lado, como una pequeña muñeca de fina porcelana o incluso una pompa de jabón. Él podría romperla con un simple toque de sus dedos, está era la oportunidad perfecta para llevar al límite a su fuerte autocontrol que había desaparecido totalmente cuando ella le rogó un poco. Definitivamente era su debilidad, su talón de Aquiles.
Con mucho cuidado la fue tumbando en el amplio sofá de tres plazas, intentó ser lo más cuidado posible. Tenía su excitación al límite y la coherencia empezaba a abandonarlo.
Separó sus labios para dejar respirar a Bella, la cual lo miraba con una devoción increíble. El brillo de sus ojos era cegador, la rojez de sus mejillas se daba un toque de inocencia muy especial.
Con ojos cerrados buscó sus labios y fue echando su espalda hacia el sofá mientras sentía de manera gloriosa el cuerpo de Edward apretando el suyo. Unos pocos centímetros más y pudo sentir sus cuerpos totalmente juntos, deleitándose con el exquisito roce que ese movimiento provocó.
Avanzaban despacio, con miedo, como la primera vez la hicieron el amor, como aquel día en que decidió entregarle al hombre adecuado su virginidad.
Llevó sus manos hacia su espalda y la acarició de arriba abajo, su musculoso cuerpo se cernía espectacular bajo sus manos. Se removió bajo su cuerpo para poder sentirlo mejor y eso solo ayudó a que sus sexos se rozaran de forma exquisita haciendo que ella lanzara un gemido desesperado y Edward un suspiro de satisfacción.
Llevó sus manos hacia su camisa y acarició su vientre por debajo de esta, la levantó lentamente mientras acariciaba la suave piel expuesta.
Terminó de quitar la prenda y se deleitó con la exquisita vista que sus pechos desnudos y su cremosa piel le daban. Bella observó cada uno de sus actos, sintiéndose una pequeña hormiga ante tal hombre que la devoraba con los ojos. Él se había perfeccionado y ella todo lo contrario. Ese pensamiento le causó vergüenza por lo que jaló su cabello y atrajo sus labios encima de los suyos.
En movimientos imperceptibles la cargó sin esfuerzo aparente y a velocidad sobrehumana avanzó hacia la segunda planta de su departamento. La llevó a su dormitorio y con mucho cuidado la tendió en la gran cama matrimonial que tanto escondía, sus recuerdos, su pasado, sus vivencias y mucho más.
Se tumbó lentamente sobre ella, apoyando sus codos en la cama a cada lado de cuerpo para que ella no sostuviera todo el peso de su cuerpo. La besó con presura en sus enrojecidos labios y se llevó un gemido de su parte cuando él llevó nuevamente sus manos hacia su ahora desnudo torso.
Llevó sus ansiosos labios a su cuello y dio un suave beso. Ese pequeño roce le dejó con ganas de más y beso hambriento todo su cuello.
Sintió el punzante latido de su corazón que se había apresurado por las sensaciones. Prácticamente pudo saborear la sangre que fluía por sus venas, por su yugular. Su monstruo interior se relamió los labios y enseñó los dientes preparados para clavarse en el delicado cuello.
Se frenó en seco ante tales pensamientos, por un segundo, un solo segundo la idea de morder su cuello y beber su sangre lo atacó de manera poderosa.
Se separó bruscamente de ella causando que lanzara un pequeño gritito por la sorpresa. Lo miró desconcertante y le pidió respuestas con sus inquietantes ojos.
El cerró los parpados e intentó tranquilizarse, tranquilizar a u monstruo interior que clamaba por salir y el cual estaba potentemente hambriento.
—¿Qué va mal? —Preguntó una temerosa Bella. No de que él pudiera hacerle daño sino de que ya no la deseara, de que al besarla sintiera que no era igual, que podía encontrar a alguien mejor.
—No puedo perder el control contigo. —Su voz era torturante.
—Edward. —Lo llamó ella. —No me harás daño, yo confío en ti. —Le sonrió sinceramente y acarició las suaves hebras de su cobrizo cabello. Lo besó despacio, dándole un margen de elección de sus movimientos, no quería hacerlo sentir mal. Ambos debían disfrutar del acto que se estaba desarrollando.
Se acomodó bajo su cuerpo y acarició en pequeños círculos su espalda. Juntó más sus cuerpos anhelante de sentirlo más junto a ella.
—Te amo, te amo, te amo. —Repitió infinitas veces en el lóbulo de su oreja.
—Tú eres la razón de mi existencia. —Esas palabras la desarmaron, pues su voz sonó suave, llena de amor y pasión por lo que decía, como si un poeta estara recitando su última creación con la mayor de las devociones.
Gimió sin poder detener sus acciones cuando Edward llevó sus manos hacia sus dos montes que pedían a gritos atención. Los acarició suavemente haciendo que más jadeos abandonaron los labios de Bella. Las sensaciones eran extremas y necesitadas.
Bajó su cabeza por su cuerpo, dio un suave beso en su cuello, su clavícula, el hombro desnudo y poco después posó sus labios en el centro de sus pechos. Se deleitó con el adictante olor que su piel desprendía.
Besó con devoción sus dos cumbres y succionó suavemente los erectos pezones haciendo que Bella no pudiera detener los suspiros de satisfacción.
Acarició su vientre con sus manos mientras sus labios seguían en los rosados pezones, trasmitiéndole mil sensaciones por todo el cuerpo a Bella.
Una muy desesperada Bella llevó sus ansiosas manos hacia la camisa de Edward y casi a jalones desabrochó los desesperantes botones que se negaban a irse. Finalmente y con la desesperación al máximo agarró cada lado de la camisa y la jaló dejando que los botones rezagados volaran libres por la habitación.
Edward sonrió ante su desesperación.
Bella lo miró, primero con curiosidad, después con anhelo. Sus ojos estaban cargados de deseo y ver su espectacular torso, más musculoso y su marmórea piel la llevaron al límite.
Sin saber cómo los giró a los dos y dejó a Edward bajo su cuerpo, beso sus labios con desesperación y acarició su torso.
Las manos de él tampoco pudieron estarse quietas y se posaron en sus caderas, despacio fueron descendiendo y dejó suaves caricias en su baja espalda y su respingón trasero.
Bella mordió sus muy apetecibles labios y se dejó envolver por su aroma, por su dulce aliento.
Sintió punzadas de necesidad en su sexo y prácticamente se restregó contra él provocando que los dos gimieran audiblemente por la exquisita fricción.
Llevó sus desesperadas manos a la pretina de su pantalón y desabrochó desesperadamente lento el botón y bajó la cremallera. En todo el trascurro de la acción sintió su prominente bulto bajó sus manos y eso no era más que una tentación para el poco autocontrol que tenía con él.
Vio sus rojos bóxers y se relamió los labios. Esa acción provocó estragos en Edward el cual la miraba con desesperación.
Sujetó su cadera y los volvió a girar para quedar él encima de su cuerpo. Necesitaba de ella urgentemente.
Bajó con presura sus pequeños y provocadores shorts y se deleitó con la vista de unas diminutas bragas negras con encaje. Fue su turno de relamer sus labios, está acción solo provocó un gemido por parte de Bella.
Las caricias furtivas y los besos desesperantes siguieron su curso y cuando menos lo esperaron ambos estaban totalmente desnudos. Acariciando sus blancas pieles.
Edward había besado todo su cuerpo de arriba abajo, sin dejar ni un poco de su delicada piel, Bella por el contrario había acariciado su espalda, su cuello y su trasero con sus piernas.
El deseo era irreversible y la necesidad de sentirse uno solo se hizo tremendamente potente para los dos.
—Edward ya, por favor, te necesito. —Suplicó Bella después de que en un movimiento sus sexos se rozaran. Sintió gloriosamente su potente miembro y sintió desfallecer. Cada partícula de su cuerpo lo había extrañado.
Edward le sonrió y se posicionó entre sus piernas. Sin dejar de besarla se acomodó entre ellas y muy despacio, controlando sus impulsos cavernícolas se fue introduciendo lentamente en ella. Sintiendo como gloriosamente sus paredes lo atrapaban.
Dio una última estocada y se introdujo totalmente en su húmeda y estrecha cavidad. La marcó como suya, ahora le pertenecía física y mentalmente. Aunque verdaderamente ella le había pertenecido desde que nació, pues el destino ya había escrito que ambos estarían juntos siempre.
La amaba con cada partícula de su ser. Amaba todo de ella, su cuerpo, su personalidad, su bondad, su risa, amaba hacerle el amor y lo disfrutó como nunca.
Bella gemía en su oído y movía sus caderas para encontrarse con sus embestidas. Edward suspiraba y seguía moviendo sus caderas acompasadamente, sin prisas.
—Edward… ummm… —Sintió desfallecer cuando escuchó los gemidos de su mujer. —Te siento adentro, hasta mi alma y es la mejor sensación. —Las palabras habían salido entrecortadas por la falta de oxígeno y el deseo acumulado.
El autocontrol de Edward se fue al carajo y se movió más precipitadamente dentro de ella, aunque nunca dejó de ser cuidadoso para no lastimarla con sus instintos más primarios.
—Edward… Edward… —Esa era la palabra más coherente que Bella podía pronunciar.
La sensación de sentirlo de nuevo en su interior, en donde él pertenecía eran absolutamente abrumadoras. Lo sintió más adentro que nunca, con más deseo y ferviente pasión. El paso del tiempo había hecho estragos en sus cuerpos.
Colocó sus piernas alrededor de su cadera y sintió como entraba más profundamente en ella, haciendo que sus ojos se quedaran en blanco por todo el placer que estaba sintiendo. Siempre amó las sensaciones absolutas que él le provocaba y ahora, después de tanto tiempo eran todavía mejores.
Los gemidos por parte de ella se volvieron incontrolables. Mordió el lóbulo de su oreja y después besó con desesperación sus labios. Era suyo, totalmente suyo y ella de él, siempre fue de Edward y siempre lo sería.
Lo amaba con cada partícula de su ser y lo único que la extraña separación había demostrado era que dos almas que estaban destinadas a encontrarse y dos corazones a amarse nada podía separarlos ni la muerte.
Dio las últimas estocadas rezagadas y sintió como sus paredes lo apretaban dolorosamente. Se movió unas cuantas veces más dentro de ella y besó sus labios con desesperación. Llegaron juntos al éxtasis total, perdiéndose en el deseo y el placer, mordió su cuello suavemente y la marcó. Nadie más podía, nunca, tocar a su Bella porque era suya, para toda la eternidad.
Bella quedó desmadejada sobre la cama, todo su cuerpo parecía estar hecho de trapos los cuales no se podían mover.
Edward hundió su rostro en el cuello de Bella y respiró sobre él, causando que Bella se estremeciera por la fría sensación. Sonrió.
—Eres mía Bella. —Le dijo casi inconscientemente cuando vio la pequeña marca de sus dientes en su cuello.
—Tuya, siempre tuya. —Le dijo ella con voz cansada y la respiración acelerada. —Y tú me perteneces a mí y a nadie más. —Apretó sus brazos alrededor de su cuello.
El pensamiento de que más hermosas vampiras estuvieron alrededor de Edward la había llenado de cólera y desesperación.
—Siempre, no lo dudes. —Le contestó él antes de besar sus labios con insistencia.
Salió lentamente de ella dejándole esa sensación de vacío en su cuerpo.
Se abrazó a él para retenerlo por más tiempo y Edward sonrió.
—Te amo. —Dijeron al unísono con una deslumbrante sonrisa en sus labios.
Edward se quitó de encima de su cuerpo y se colocó a su lado derecho. Atrajo su cuerpo hacia el suyo y la abrazó delicadamente. Bella colocó sus manos en su pecho y le sonrió.
—Te dije que saldría bien. —Le susurró.
—Ha sido la mejor de las experiencias, cada partícula de mi cuerpo te ha extrañado.
Se besaron lentamente, disfrutando de la sensación de sus corazones unidos nuevamente.
Un mal pensamiento atacó a Bella y la hizo estremecer.
—¿Qué sucede? —Edward se puso alerta.
—Na-da… —No sabía mentir.
—Bella…
—Según lo que yo sé de lo que todo el mundo cuenta… —Titubeó. —Tú no… No vas a envejecer. —Las palabras pillaron desprevenido a Edward.
—Sí es verdad.
—Yo… Yo quiero pasar la eternidad junto a ti. —Edward se levantó apresuradamente de la cama al comprender hacia donde iban sus ideas.
—No Bella, no puedo hacerte algo así. —Negó rotundamente.
Ella se levantó, envolvió una sábana en su cuerpo y se puso de rodillas en el borde de la cama, mirando desde abajo a Edward. Él ya se había puesto sus pantalones.
—No será tan malo, no quiero envejecer y que tú no lo hagas.
—Es así como debe ser.
—No Edward, yo quiero estar junto a ti siempre y esa es la única manera.
—No… Puedo… —La idea se le hacía de lo más tentadora. Tener a su Bella a su lado por siempre sonaba muy bien pero sería demasiado injusto.
Bella agarró su mano y lo sentó a su lado en el borde de la cama, llevó sus manos hacia sus mejillas y lo miró con devoción y amor.
—Te amo con toda mi vida, con todo mi corazón, soy tuya entera. Qué hay de malo en que quiera estar siempre a tu lado.
—No sería justo. —Ella lo comprendió.
—Ya entiendo… Tú no quieres. —Dejó caer sus manos y sintió sus ojos aguarse.
Edward dedujo rápidamente hacia donde se iban sus pensamientos.
—No Bella, no es lo que estás pensando. —Ella tenía la mirada gacha.
—Mírame. —Le dijo y ella elevó temerosa el rostro.
—Lo que más quiero es tenerte siempre a mi lado.
—Pero…
—No sería justo contigo, mereces una vida humana.
—No me importa eso. Tú, solo eso importa, lo demás queda en segundo lugar.
—Pero yo… —Edward intentó decir después de un tenso silencio.
—Está bien… No te obligaré a nada. —Besó su mejilla y a gatas se fue nuevamente hacia la cama, se recostó en ella e hizo de todo su esfuerzo por no llorar. Él no quería y eso la había destrozado pero no insistiría, no lo obligaría a nada. El hecho de que la convirtiera era decisión suya y si él no quería nada podía hacer.
Parpadeó varias veces para disipar las furtivas lágrimas pero no lo logró. Una de ellas escapó de su ojo derecho y aunque intentó secarla rápidamente Edward ya lo había notado.
—Bella… —La llamó con desesperación por haber arruinado todo.
—Estoy cansada. —Fue lo único que dijo y cerró sus ojos. Apretó sus piernas en su torso e intentó dormir en forma fetal.
Edward se acercó a ella y se tumbó a su lado, apretando su cadera suavemente aunque ella no hizo nada, ni siquiera se movió.
Se sentía tremendamente mal, lo que más deseaba era tenerla siempre a su lado, pero sus principios le decían que no podía transformarla en un monstruo.
—Pero ella lo desea. —Le decía una vocecita interior.
Lo meditó por bastante tiempo y llegó a la única conclusión de que no podría vivir sin ella, de que si la dejaba avanzar en el trascurro natural de la vida llegaría el momento de su muerte y eso no podía permitirlo.
Apretó su cadera y ella se removió, estaba despierta.
—Bella… —La llamó suavemente.
—Ummm… —Dijo imperceptiblemente.
—¿De verdad deseas eso? —Quería estar cien por cien seguro.
Bella se giró y lo miró anhelante, llevó su mano hacia su cuello y lo atrajo hacia ella, lo besó tiernamente.
—Solo deseo eso porque es un paso seguro a estar contigo siempre. Pero no hablemos más de ello, como ya te dije no te obligaré a nada. Simplemente disfrutemos de este momento. —Le sonrió cálidamente.
Ante esa sonrisa Edward hizo otro pacto con el diablo. Se la llevaría, se la llevaría con él eternamente.
—Bella… Ehh… Está bien lo haré. —Le sonrió.
—No. —Le dijo ella dejándolo totalmente confuso.
—¿Qué?
—No es algo que tu deseas, olvídalo Edward.
—Deseo hacerlo, pero tengo miedo de no poder controlarme, de arrebatarte tu vida humana.
—Eso es lo que menos importa, yo solo pienso en ti y no quiero perderte.
—La besó tiernamente sellando su pacto.
—Emm… ¿Ahora?
—Sí, no quiero seguir envejeciendo. —Edward rió por sus paranoias.
Se colocó encima de su cuerpo y la besó por última vez.
—Una vida solitaria, un amor desdichado o la muerte junto a ti, no dudaría ni un segundo en elegir la muerte siempre y cuando tú estés en ella. —Fue lo que le dijo Bella al oído deshaciendo su muerto corazón.
—Te amo. —Le dijo y se preparó para hacerlo, para llevársela con él.
Beso tiernamente su cuello, sintiendo el efluvio dulzón de su sangre recorrer sus venas y el punzante latido de su corazón. Era desenfrenado.
—Serás mía para siempre. —Pronunció con firmeza antes de morder su cuello.
—Siempre. —Concluyó Bella con su último anhelo de vida.
*.*… …: Fin :… …*.*
Hello People! :)
Yo de nuevo dando guerra, que se le va a hacer, me hice adicta a sus palabras. :D
Bueno les dejo ya la segunda parte de este two-shot que ya llegó a su fin.
Espero sea de su agrado todo el transcurro de la historia y que les guste.
Sé que hay muchas cosas similares a twilight, pero bueno, me basé en ello. Jejeje.
Muchos Muerdi-Kisses.
By: Crazy Cullen.
PD: La portada en mi perfil.
Agradecimientos especiales:
*LoreMolina.
*Alma cullen.
*Lourdes.
Gracias por sus palabras y su apoyo. :D
Muchas gracias también a todas mis lectores silenciosas y a todas aquellas que me agregaron a alerta y favoritos. :D
