By Messel.
02
¿Destino? ¿O simple casualidad?
Tras el hipnótico contacto visual, Sakura es quién desvió la vista al caer en cuenta de que la caja que tenía en las manos, se había desplomado y toda la documentación que había dentro, tanto como libros, se había esparcido por todo el piso.
Sakura reaccionó inmediatamente ante lo que había ocurrido, se dio una cachetada imaginaria debido a que la situación ya era bastante vergonzosa. Se preguntó en sus adentros, que rayos estaba pensando al mirar a ese hombre de esa manera. Se armó de valor y no dudó un solo segundo en reclamarle.
—¡Ha hecho caer todas mis cosas por estar concentrado en ese teléfono! —Lo señaló, ella tenía una expresión furiosa en el rostro. Pero al fijar la mirada en esos ojos tan oscuros como la noche, su expresión se apaciguó un poco.
El misterioso hombre la observaba impasible, en su rostro no tenía ni una pizca de emoción. Aquellos orbes observaron aquel brillante cabello rosa, era tan largo y parecía bastante suave. Aquellos ojos esmeraldas le sobresaltaron un poco, era una mujer con una belleza inverosímil. Ella se arrodilló para poder recoger todo lo que se le había caído para volver a situarlas en la caja.
—Oh no... Espero no se haya extraviado nada —Se dispuso a recoger las hojas que estaban esparcidas por todo el piso, pero por alguna razón se sentía observada—. Demonios... —se dijo internamente.
Aquel hombre, era un joven alto de cabellos negros y lacios, rozaba los dieciocho quizá, se podía notar claramente su elegancia y sobre todo, era muy atractivo. Había varias personas que miraban la situación, pero no era a la ojidade a la que observaban, el que llamaba la atención era ese joven, las miradas se posaban en el apuesto hombre que se encontraba frente a ella, de pie.
Él se puso en cuclillas mientras que con su mano tomaba una hoja que se encontraba en el suelo, despegó su mirada de ella y fijó su vista hacia la hoja.
—Así que Haruno Sakura —afirmó inspeccionando aquel documento que tenía en una de sus manos mientras que la otra reposaba en su rodilla. La observó una vez más, sin duda, aquél nombre le quedaba como anillo al dedo.
Sakura se sobresaltó al escuchar su nombre, era una voz intimidante, pero preciosa, un tanto grave, pero suave a la vez. Quedó maravillada ante semejante melodía, pero volvió a la realidad dándose cuenta de lo que estaba pasando, reaccionó rápidamente y vio que tenía una de aquellas hojas en su mano.
—¡D-Deme eso! —espetó, intentó quitárselo. El desconocido se limitó a alzar la hoja para que no pueda alcanzarla y no despegó su mirada del documento, lo examinaba con la mirada.
—Puedo ver que eres una sabelotodo —se burló mientras dirigía la mirada hacia ella que lo miraba expectante.
—¿Podría entregarme la hoja, por favor? —preguntó la chica, aunque sonó en un tono de exigencia.
—Debes de ser muy aburrida «Sakura»—aventuró el hombre con una pequeña sonrisa burlona en el rostro. Se levantó con elegancia y le devolvió el documento—. Bueno, creo que he perdido suficiente tiempo contigo —opinó, se dio medio vuelta y empezó a dar unos pasos con la intención de abandonar el lugar.
—Al menos debería haberse disculpado, maleducado —escupió furiosa, observó como el hombre se detenía. Regresó a verla con aquellos orbes coloreados de un imponente ónix, atravesaron su mirada esmeralda denotando leve asombro ante sus recientes palabras. Sus facciones se relajaron y su mirada se tornó lúcida.
—¿Maleducado? —preguntó secamente. La observó minuciosamente escrutándola con la mirada ante su repentina osadía.
—Así es —afirmó con seguridad, un poco intimidada ante su penetrante mirada.
—¿Sabes quién soy? —bufó exigiendo una respuesta inmediata.
—No —negó enseguida mientras tomó el valor para decir lo siguiente—. Pero al juzgar por su apariencia, deber un niño riquillo y consentido —farfulló. Esperaba una expresión de culpa por parte de ese hombre.
Él ni se inmutó ante lo que escuchó, su semblante serio permanecía impecable, incluso llegó a pensar que no lo había escuchado.
—A juzgar por el tuyo, debes de ser una mujer tonta y molesta —escupió sin rodeos.
—¿Qué? —preguntó atónita.
—¿Acaso estás sorda? Lo escuchaste claramente, sabelotodo —respondió aquel hombre sin remordimiento alguno, giró y se marchó del lugar dejándola sola.
—¡E-Es un idiota! —masculló furiosa.
Prosiguió a recoger lo que faltaba aun molesta por lo que había ocurrido. Estaba harta de que le suceda cosas tan desagradables. ¿Quién se cree que es? Era lo que se preguntaba en esos momentos, pero sabía muy bien que sería muy difícil olvidarse de ese hombre. Una vez recogió todo, se encaminó hacia su casa.
Últimamente el clima en Tokio estaba extremadamente frío, después de todo era invierno. Las personas hablaban de que pronto nevaría, lo cual le gustaba y le desagradaba la idea a la vez. Su nariz estaba congelada, las manos descubiertas por la caja que llevaba apenas las sentía debido al frío. Lo que más deseaba en esos momentos, era tomar un baño y olvidarse de todo por un largo rato.
El camino estaba desolado, se escuchaban ciertos pasos de vez en cuando causándole un poco de recelo, pero menos mal llegó bien a casa. En la entrada la esperaba una mujer muy atractiva, su cabello era negro, mediano y algo ondulado. Sus ojos eran rojizos, lo cual no eran tan comunes pero eran preciosos. Cuando la miró, supo muy bien de quien se trataba, era la dueña de la propiedad. Sakura se estremeció debido a que sabía muy bien porque se encontraba esa mujer en la entrada principal.
—Buenas noches, Kurenai-san —saludó la joven amablemente.
—Buenas noches, Sakura ¿ha estado todo bien? —preguntó aquella mujer, con una pequeña sonrisa en el rostro.
—Sí, gracias por preguntar —respondió algo apenada, dio un pequeño suspiro y continuó—. ¿Ha venido por el tema del alquiler, verdad?
—Así es, sé muy bien que no han sido días fáciles para ti —declaró Kurenai, un tanto triste—. Pero he venido a decirte que no te preocupes por el alquiler, pienso dejarlo pasar por este mes —sonrió.
La pequeña Sakura no se esperaba que aquella mujer hiciera ese gesto por ella. Sentía un poco de pena, debido a que era verdad que no tenía un solo centavo para pagar el alquiler y quizá Kurenai lo sabía perfectamente. Así que le dio un poco de alegría al saber que podía quedarse un tiempo más en ese lugar.
—¿De verdad? ¡Muchas gracias! —respondió contenta.
—Espero las cosas mejoren para ti, Sakura —suspiró—. Eres muy inteligente y sobre todo fuerte, podrás salir adelante —la animó.
—No me rendiré Kurenai-san, cumpliré sus sueños y los míos —manifestó feliz.
La mujer le dedicó una sonrisa mientras ponía su mano en el hombro de la chica haciéndola entender que no estaba sola. Se sintió reconfortada y le agradeció una vez más por el gran gesto que tuvo con ella. Se despidieron y poco después entró a la pequeña casa, dejó la caja que llevaba en las manos en la mesa del comedor. Se limitaba a observar el lugar ya que los recuerdos regresaban inesperadamente. Fue directamente al baño, donde por fin podía disfrutar de una larga ducha.
Giró la perilla haciendo que pequeñas gotas caigan intercaladamente. Mientras se iba calentando el agua, se quitó las prendas que llevaba puesta, lo dejó en un cesto de ropa sucia y prosiguió a entrar en la regadera. El agua estaba perfecta. Disfrutaba del agua caliente caer por su cuerpo, era relajante y la ayudaba a despejarse un poco.
Cerró los ojos y en un momento fugaz, el rostro de ese hombre misterioso se cruzó por su mente, se alteró de inmediato y movió la cabeza en forma de negación tratando de sacar a esa persona de sus pensamientos. Levantó la cabeza para que el agua pueda caer en su rostro, llevó las manos a sus mejillas y dio un largo suspiro.
«¿Qué diablos me pasa? Debo haber perdido la cabeza»—pensó mientras se dedicaba a enjabonar su cuerpo.
Pero resultaba totalmente inútil, no dejaba de recordar esos ojos intimidantes, esa voz que de alguna manera le resultó como una tranquila melodía, aunque sea algo cortante y duro al hablar.
Pero de alguna manera, formaba una sintonía junto a su expresión. Era difícil dejarlo pasar. Terminó su ducha un tanto fastidiada por los pensamientos que tuvo repentinamente hacia ese hombre.
Envolvió una toalla en su cuerpo y salió hacia la habitación, una vez dentro se dispuso a buscar algo que ponerse. El lugar era muy pequeño, no tenía demasiadas cosas, solamente lo básico, una cama, un armario y un escritorio. Para ella era suficiente y no se quejaba ni le sumaba importancia. Se puso algo de ropa, recogió su larga cabellera rosa en una trenza para que no le estorbase debido a la humedad de su cabello y finalmente se dispuso a dormir.
...
En otro lugar, apartado de los barrios comunes terminando por adentrándose a los finos y elegantes, se encontraba una enorme y preciosa mansión, donde se situaban las personas que abundaban en dinero poseyendo innumerables riquezas. Con tan solo verlo, se podía imaginar la familia exitosa que vivía en ella, sin duda, era la envidia de los demás.
Pero lo que no sabían, era que en esa mansión vivía todo menos una familia. Sin duda, el rencor se apoderaba de ellos, pero nadie lo sabía.
Un joven muy apuesto, alto, de cabello largo tan oscuro como la noche, entró sin temor a la habitación de su hermano con la intención de hacerle una pregunta. Observó que estaba alistándose para salir a pesar de que pronto sería media noche, pero eso no le importó, estaba decidido a buscar una respuesta.
Se apoyó en el marco de la puerta y decidió hablar mientras lo veía de espaldas sintiéndose completamente ignorado.
—Sasuke —carraspeó antes de continuar—. ¿Irás conmigo a visitar a mamá? —preguntó, sabiendo que no recibiría la respuesta que deseaba.
—No —respondió cortante.
—Sasuke, creo que deberías...
—No quiero que hables de esa mujer en frente de mí —lo interrumpió dirigiéndole a su paso una mirada amenazante.
—Es nuestra madre, Sasuke —suspiró resignado.
—Esa mujer jamás será mi madre —dijo con dureza. Tomó su chaqueta y pasó por al lado de su hermano de forma violenta, abandonando el lugar e ignorándolo por completo.
—Algún día te darás cuenta de muchas cosas, hermano tonto —resopló, acto seguido abandonó la habitación.
Afuera de la mansión se encontraba Sasuke con paso apresurado, se dirigió al coche totalmente molesto por la repentina conversación con su hermano.
—¿Por qué siempre tiene que hablar de esa mujer? —refunfuñó reciamente.
Su teléfono comenzó a sonar, Sasuke se sobresaltó debido a que lo tomó por sorpresa, aun de mal humor, sacó el teléfono de su bolsillo y sin ver de quien se tratase respondió a la llamada.
—¿Hola? —contestó molesto mientras abría la puerta del coche.
—¡Oye, ya estamos aquí! Date prisa, estos cócteles están deliciosos —se escuchó decir al otro lado del teléfono.
—Pronto estaré allí —Colgó y acto seguido entró al coche—. A olvidar todo por este jodido día —pensó en voz alta, encendió el coche y se marchó.
...
Al día siguiente, Sakura despertó con muy buen humor, estaba decidida a salir adelante. Lo primero que pensaba hacer, era buscar un trabajo. Después de todo no tenía dinero para algo de comida, aunque más le preocupaba la media beca que había obtenido mediante su esfuerzo, tenía que pagarlo de alguna manera. La universidad a la que iba era muy prestigiosa y lo que menos quería, era desperdiciar esa oportunidad.
Fue al baño, se lavó la cara y cepillo sus dientes, se dirigió a la habitación y se puso algo cómodo, optó por una camisa color beige, acompañado de un pantalón café que era realmente suave y sobre todo, algo flojo, lo cual le venía perfecto para un día soleado. El clima era realmente extraño, a pesar de estar en invierno, por las mañanas hacía mucho calor y por las tardes hasta llegar a la noche, hacía un frío insoportable. Cogió unos tenis, eran los únicos que no se veían tan viejos y se los puso. Se miró al espejo, soltó la trenza que se había hecho anoche y vio que el cabello estaba ondulado por el efecto de la trenza, no le apetecía mucho cepillarlo. Con sus manos hizo todo el cabello hacia arriba haciendo que su amplia frente quede al descubierto por completo. Cogió una goma y lo agarró en una coleta alta. Las ondas se veían tan naturales, le quedaba muy bien o eso creía.
Al ver que estaba más o menos presentable, cogió las llaves y salió del lugar, esperanzada en que pueda encontrar un trabajo que le ayude a pagar lo que necesitaba.
—Hace demasiado calor —se quejó, llevó una mano a su frente tratando de crear una sombra que le permita ver bien por donde se dirigía—. Menos mal recogí mi cabello, de lo contrario, hubiera sido muy molesto —espetó cansada mientras seguía caminando por las calles comerciales.
Después de caminar casi por una hora, a unos pasos de donde se encontraba pudo observar a un hombre que aparentaba unos cincuenta años de edad aproximadamente. Vio que llevaba un pequeño cartel en sus manos y lo pegó a la entrada del negocio. Fijó la mirada al cartel tratando de averiguar lo que decía y de un momento a otro, se formó una enorme sonrisa en su rostro.
«Se necesita ayudante para entregas a domicilio»—leyó en voz alta, totalmente entusiasmada.
—¡Era lo que necesitaba! —declaró totalmente feliz. Se dirigió al lugar corriendo, muy contenta por haber encontrado esta oportunidad.
Fue hacia la puerta y al entrar, se dio cuenta que se trataba de un restaurante. El plato principal era el ramen, el cual muchas personas se encontraban allí solo para deleitarse con su sabor. Al parecer era realmente bueno. Vio al hombre dirigirse hacia la caja, se acercó lentamente mientras observaba como una joven que tenía aproximadamente su edad, se acercaba al señor junto a unas anotaciones que llevaba en su mano con una expresión de preocupación.
Estaba lo suficientemente cerca para escuchar lo que decían.
—Papá, varias personas han llamado para las entregas a domicilio ¿qué debería hacer? —preguntó la joven, inquieta.
—Necesitamos cuanto antes contratar a alguien para que pueda hacer las entregas, por el momento no podemos hacer nada, el lugar está repleto y te necesito aquí —respondió el hombre un tanto decepcionado al tener que perder tantos clientes debido a que no había un repartidor.
—Este... ¿Interrumpo? —preguntó Sakura una vez había llegado hasta ellos.
—No, en absoluto —le respondió el señor con una sonrisa—. Bienvenida ¿se le ofrece algo? —preguntó mientras dirigió una mirada a su hija, haciendo que ella saque una libreta y tome nota pensando que ordenaría algo para comer.
—He venido por el anunció de trabajo —respondió con una enorme sonrisa en el rostro.
El hombre dirigió la mirada a su hija que se encontraba a su lado y esta hizo lo mismo, haciendo que ambos sonrían a la vez.
—¿Cómo te llamas? —preguntó ahora con muy buen humor, sabiendo que había encontrado alguien que le ayudase tan rápido.
—Haruno Sakura —respondió.
—Bien, Sakura. Podrás empezar desde mañana, espero lo mejor de ti en...
—Este... —le interrumpió—, ¿podría empezar desde hoy? —inquirió, buscando una respuesta positiva.
—Claro, ¿por qué no? —respondió, feliz ante el entusiasmo que tenía.
La joven Haruno le agradeció al hombre por el trabajo y poco después, el señor, con el nombre de Teuchi, le explicó lo que iba hacer a partir de ese momento. Se limitó a escuchar siendo cuidadosa para que no se le escape nada de lo que Teuchi decía. Deseaba comenzar ya, después de todo no le agradaba la idea de estar otro día más en casa, sola, hundida en el silencio... Es por eso que quiso comenzar cuanto antes, así mantenía la mente ocupada.
Estaba ansiosa por comenzar.
...
Un joven apuesto, alto, de cabello negro un tanto alborotado, se encontraba en la mansión Uchiha aún tendido en la cama totalmente dormido, debido al licor que había ingerido hasta altas horas de la madrugada. El silencio se vio interrumpido por un sonido molesto, no era nada más y nada menos que: La dichosa alarma.
—Hmmm —Cerró los ojos con un poco de fuerza, alzó la mano y apagó la alarma. No quería levantarse, aún tenía sueño pero tampoco era un perezoso.
Abrió los ojos lentamente, la habitación estaba oscura debido a que las cortinas se encontraban cerradas. Se sentó en la cama mientras llevaba una mano a su ojo izquierdo tratando de quitar una lagaña. Dio un pequeño bostezo, hizo el edredón a un lado y se levantó.
—Maldición, que dolor de cabeza —se quejó mientras se dirigía a la puerta—. No debí beber demasiado.
Iba hacia la cocina con paso firme, mientras el azabache recorría los largos pasillos se daba cuenta que todo estaba muy silencioso, como de costumbre.
—Al parecer no hay nadie en casa. Mi hermano reuniéndose con esa mujer y mi padre atendiendo asuntos de la empresa, que bonita familia somos —aventuró el pelinegro mientras sonreía burlón.
Tomó una aspirina que se encontraba en un botiquín que se situaba en la cocina, llenó un vaso con agua y se la tomó esperando que eso eliminara la molestia que sentía.
—Necesito darme un baño —mencionó mientras se dirigía a su alcoba.
No demoró demasiado, no tenía la intención de que sea un baño de dos siglos. Giró la perilla de la bañera y salió de allí. Tomó una toalla y la envolvió en su cintura, salió del lugar y poco después empezó a secarse. Se dirigió a una habitación que tenía dentro de la alcoba, la abrió y al entrar pudo observar una infinidad de ropa en la cual tenía de todo un poco, era ropa costosa, se podía ver a simple vista.
Optó por una camisa casual de color rojo, era de manga larga aunque tenía la costumbre de remangarlas, se adecuaba muy bien a su cuerpo, haciéndolo ver elegante. La mayoría de prendas que tenía en esa habitación fue diseñada por una mujer muy importante en la ciudad de Tokio, eran pocas las personas que podían usar la ropa tan costosa que ella tenía, pero valía la pena, no por algo costaba un ojo de la cara, aunque para ellos, eso no era nada.
Fue por un pantalón Jean, era de color negro, debido al material con el que estaba hecho era muy cómodo y hacia un perfecto conjunto con su camisa. Una vez hecho esto, dio media vuelta, había una estantería muy lujosa donde se encontraban muchos tipos de zapatos para toda ocasión, definitivamente, cualquier persona se quedaría atónita al ver algo como esto. Se decidió por un par de zapatos Oxford de color negro, haciendo compañía con su pantalón. Cogió todo el conjunto, sin olvidar el bóxer y las medias, poco después comenzó a vestirse.
Estaba a punto de terminar cuando sonó el timbre repentinamente. Sabía muy bien que cualquier empleada iba a abrir la puerta, pero tenía una idea de quien se trataba. Fastidiado, terminó de abrocharse los botones de la camisa, remangó las mangas y se dirigió a una cajonera. Al abrir el primer cajón, podía ver una diversidad de relojes, eligió uno y lo cerró. Pasó del segundo cajón, sabía que allí se encontraban diferentes tipos de corbatas y no pensaba usar una el día de hoy. Se dirigió al tercero, donde escogió un pañuelo de color rojo de entre tantos que tenía, lo que le gustaba de ellos, era que tenían las iniciales de su nombre grabados en él. Fue hacia el baño, tenía una diversidad de perfumes y escogió uno que había comprado recientemente, tenía un olor agradable, se lo puso en las muñecas, en el cuello y detrás de las orejas.
De repente alguien tocó la puerta de su habitación, molesto, se dirigió hacia ella.
—Hmph, solo espero no sea...
Abrió la puerta y no era nada más ni nada menos que su mejor amigo, haciendo una expresión estúpida pensando quizá que se reiría con eso.
—Naruto —concluyó con semblante serio.
—¡Sasuke! ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Es mi idea o has crecido? —dijo su amigo en tono divertido.
—Apenas nos vimos ayer —respondió el Uchiha, cortante.
—¡No seas aburrido! —le reprochó fingiendo enfado. Poco después entró a la habitación y se acostó en el sofá que tenía.
—Claro, adelante Naruto, siéntete cómodo, esta es tu casa —le dijo el intimidante hombre fingiendo amabilidad.
—¡Eso ya lo sabía! —repuso divertido.
Solamente pudo dar un largo suspiro, resignado al darse cuenta de que el tonto de su amigo nunca cambiaría.
—¿A qué has venido? —le preguntó.
—¿Eh? ¡Ah! Vine a visitarte ¿acaso es raro visitar a mi mejor amigo? —le respondió divertido—. Por cierto ¿Ya comiste? ¡Yo muero de hambre! —exclamó mientras llevaba una mano a su estómago y ponía una expresión de no haber comido durante décadas.
«Aún me cuesta creer que este adefesio es mi amigo»—pensó Sasuke mientras lo observaba con cara de pocos amigos.
—No, aún no he comido —respondió a su anterior pregunta.
—¡Yo quiero ramen! ¿Tú quieres? ¡Di que sí, anda! —insistió poniendo una expresión de perro abandonado.
—No entiendo como no te cansas de comer eso —resopló un poco molesto—. Siempre que vienes terminas ordenándolo. —manifestó resignado.
—¿Eso es un sí? —preguntó el rubio esperanzado.
—Así te diga que no, me ignorarás como siempre —respondió mientras se disponía a salir de la habitación.
—¡Oh, sí! ¡Ramen, delicioso ramen! —exclamó su amigo contento, sacó su teléfono para llamar a servicios mientras seguía a Sasuke por el pasillo.
«Debería molestarme, al parecer me he acostumbrado a sus idioteces»—pensó el Uchiha mientras caminaba por el pasillo escuchando a su amigo hablar por teléfono.
...
La joven de larga cabellera rosa se había adaptado fácilmente al trabajo que había obtenido hace un par de horas, había regresado de una entrega cuando su nuevo jefe la llamó de inmediato.
—Sakura, tenemos un pedido, necesito que vayas a entregarlo, este cliente es muy importante —le informó mientras le entregaba una enorme caja con mucho cuidado.
—Dios ¿cuántos platos lleva ahí? —preguntó asombrada.
—Es un cliente muy especial, tiene un gran apetito, ten —Le entregó un pequeño papel con información—. Ahí se encuentra escrito la dirección a donde debes llevarlo, ve con cuidado —concluyó.
—Vale, regresaré pronto.
Se puso en marcha, llevó la caja a la parte trasera de una bicicleta, la amarró muy bien para que no se cayera, subió al asiento y empezó a dirigirse al lugar que le habían dicho animada por realizar un buen trabajo.
El lugar estaba algo lejos, se sentía un poco preocupada al pensar que quizá se había enfriado la comida. Se situó frente a una enorme mansión de color beige, estaba sorprendida, nunca antes había visto un lugar tan enorme y precioso; el muro rodeaba más de una cuadra completa, frente a ella había una reja de color negro extremadamente alta. A un lado, había un solo timbre, donde se podía divisar una cámara de seguridad y un parlante pegado a la pared. Por un momento, pensó que se había equivocado de lugar, pero sus dudas se esfumaron al ver el número de la propiedad. Fijó la vista en una placa de bronce, donde efectivamente era la residencia que Teuchi había escrito en el papel.
«Residencia Uchiha» —Leyó en voz alta aún sorprendida ante semejante belleza.
—Bueno, debería darme prisa, de lo contrario la comida se enfriará y no quiero causar problemas —musitó aun maravillada ante lo que veía.
Se acercó al timbre, tocó el único que había y contestó una mujer con una voz agradable, terminó de dar su presentación con respecto a la familia que vivía allí y le preguntó qué se le ofrecía; Sakura respondió diciéndole que tenía el pedido que habían ordenado en sus manos, mientras que la mujer le dijo amablemente que esperara un momento. Se abrieron automáticamente las rejas hacia adentro y la mujer le dijo que pasara. Entró caminando con la bicicleta a un lado, totalmente maravillada por todo lo que podía observar. Era una mansión enorme, al lado izquierdo se encontraba un jardín inmenso con diferente tipo de flores, en el centro se encontraba una fuente de agua con una escultura de una mujer muy bella. Miró hacia la derecha, había una alberca inmensamente grande, era precioso, simplemente precioso.
...
Sasuke se encontraba sentado en el sofá de un gran salón, junto con su amigo que se encontraba en el sofá de al frente. De repente alguien tocó la puerta, el Uchiha fijó su vista en la entrada, poco después se levantó ya que iba por un cigarro. Antes de que una empleada vaya a abrirla, el amigo de Sasuke se adelantó sabiendo que era el pedido que había ordenado.
El joven entusiasmado, llegó a la puerta y la abrió con una enorme sonrisa plantada en el rostro.
—Buenas tardes, he traído su pedido.
«Esa voz» —pensó el joven Uchiha, giró impulsivamente y se encontró con la bella joven de cabello rosa.
—Tú eres... —pronunció apenas esas dos palabras totalmente sorprendido.
Sakura fijó la mirada a la persona que estaba detrás quedándose totalmente desconcertada, se heló por completo.
—¿Eh? U-Usted... —exclamó con sorpresa.
El joven de cabellos rubios, simplemente se limitó a dirigir la mirada a ella y poco después a Sasuke donde lo miró con extrañeza.
—Ustedes dos... ¿se conocen? —preguntó el joven totalmente confuso.
Sasuke y Sakura no se quitaban la mirada de encima, era tanto la sorpresa que se reflejaba en sus rostros, ninguno de los dos articulaba palabra alguna, solamente se observaban, extrañamente, sus miradas coincidían una vez más...
En ese momento, un torbellino de emociones recorrieron el cuerpo de la joven Haruno, sabía que algo no andaba bien, tenía tantas ganas de insultarlo por la última vez que se encontraron, pero a la vez solo quería quedarse callada y observar.
¿Qué demonios es esto? Es lo que la joven se preguntaba en ese momento, esa mirada la hechizaba por completo, desde la primera vez que lo vio supo que deseaba encontrarse con él una vez más, pero nunca se imaginó, que fuera posible...
¿Destino? ¿O simple casualidad? ...
¡Hola a todos!
Les dejo con un nuevo capítulo, seguiré trabajando en esta historia.
¡Muchas gracias por tomarse el tiempo de leer! De corazón, espero les guste, estoy poniendo mucho entusiasmo en esto.
¡Nos vemos pronto! Los quiero.
