Palabra 50. Petricor: Olor que produce la lluvia la caer sobre suelos secos. Propuesta por Selenee Nelia
Disclaimer: Digimon no me pertenece.
Los teru-teru bōzu que dejaron.
I. Los teru-teru bōzu de Takeru y Natsuko.
Cuando Takeru iba de regreso a su casa, cogido de la mano de su madre, el olor de la tierra mojada después de tanto tiempo sin humedecerse siquiera un poco llena sus fosas nasales mientras Natsuko le advierte sobre pisar los charcos lodosos.
—Mamá, ¿crees que mañana vaya a llover?
Natsuko se lo pensó detenidamente, era algo que la había estado preocupando después de que el clima alrededor del mundo pareciera estar vuelto un caos. Había incluso sopesado que tal vez sería mejor no dejar a Takeru ir al dichoso campamento.
Se agachó a su altura. Lo que habían salido a comprar era todo lo que Takeru había decidido que era mejor llevar: una gran dotación de dulces.
Natsuko había estado renuente en un principio, pero a veces no se sentía con la capacidad para negarle algo a su hijo después de todo por lo que lo había hecho pasar.
Miró al cielo, había sido una pequeña llovizna la que ahora hacía resaltar el olor de la zona urbana como a petricor. Luego volvió a ver a su pequeño, que lo miraba con la duda reluciendo en sus ojos.
—¿Quieres que hagamos teru-teru bōzu para asegurarnos de que no sea así?
A Takeru le tomaron apenas un par de segundos el responder, dando un pequeño salto emocionado y soltándose tan solo ese momento de su madre. —¡Sí, sí! ¡Brilla, brilla, monje! —Luego se volvió a tomar de la mano de su madre y comenzó tirar de ella para volver lo más pronto posible a su hogar.
A Natsuko le dio muy poco tiempo para sonreír y dejarse apresurar por su pequeño. Y entre sonrisas y risas los dos llegaron a la morada Takaishi para comenzar a preparar con varias láminas de papel lo que serían sus amuletos para que el campamento próximo no se fuera a arruinar por el mal clima.
Con la montaña de dulces empacada y los varios muchos de aquellos muñecos con forma de fantasmas dispuestos en las ventanas de manera aleatoria, Natsuko mandó a dormir a Takeru, puesto que el día que venía habrían de madrugar para llegar a tiempo.
Y ya todo estaba listo para el campamento del primero de agosto.
