En una de las oficina de la enorme mansión, hombres de traje, parecidos a los MIB* llegaron tropezándose hacia la puerta titubeando y murmurando blasfemias entre ellos, al entrar a la oficina de su jefe hicieron una reverencia antes de comunicarle las noticias.

-¿Cómo que la perdieron?, imbéciles, si algo le pasa a mi hija, ustedes la pagarán- despotricaba un hombre de ojos jade contra varios hombres vestidos de traje y lentes oscuros, al parecer habían llegado de un maratón.

Kizashi Haruno se encontraba en el despacho de su oficina y mientras leía documentos, sus sirvientes llegaron hiperventilando, anunciando que su hija había escapado. Debió haberlo visto venir, ella se comportaba muy extraño desde hacía semanas, pero no quiso tomarle mucha importancia. Enojado miraba a sus sirvientes y sopesaba la reciente noticia. ¿A dónde habría ido?...Aunque…

-Kizashi, ¿qué pasa?- la cabeza rubia de la señora Haruno se asomó por la puerta de madera del despacho. Los hombres la miraron haciendo una reverencia.

-Nada, mujer, solo unos asuntos de la empresa, necesito que nos dejes un momento.- Ella lo miró con desconfianza, pero asintió y cerró la puerta con suavidad. Sabía que él tramaba algo, no podía negar que su actitud, todo él había cambiado tiempo después de dejar Konoha, el lugar que dejaron por una ambición… No pertenecían a esas altas paredes con joyería, escaleras esbeltas y espacios vacíos. Se quedó parada frente a la puerta solo mirándola ausente sin la intención de oír lo que seguro gritaría aquel hombre, pero lo que escuchó llamó su atención. Susurraba con un deje de molestia, lo que dejaba entrever mal augurio.

Escuchó atentamente sin inmutarse, pidió a sus lacayos* duramente que localizaran a su hija. Cerró los ojos con dolor, sabía lo que se avecinaba.

Camino con parsimonia hacia la espaciosa recámara que compartía con su marido. Pensó en su hija, jamás había tenido que preocuparse tanto por ella, sin embargo ahora que ella no estaba, y con la posesiva determinación de su esposo a encontrarla tenía motivos, después de tantos años de casada con ese hombre, sabía de lo que era capaz.

-Espero que encuentres lo que tanto has buscado y que nosotros te quitamos, mi niña- dejó escapar una lágrima mientras miraba por la ventana, pidiendo a su dios y al universo que protegieran a su hija.

Cuando despertó de su prolongado sueño no pudo evitar pensar que amanecía en su cama y que sería otro día más en el confort de su indeseada vida, sumisa a los deberes cotidianos y esclava de sus pensamientos de libertad y crecimiento. Bajó un pie después de otro y al tocar el frío suelo todo volvió a su mente como un rayo.

Flash back

POV Sakura

No puedo decirlo con otras palabras, estaba completamente aislada de todo ese tumulto de gente. Hace 8 años, mis padres decidieron cambiar nuestra modesta vida en Konoha-lugar donde nací- para vivir en una nada modesta casa con grandes ventanales, balcones, puertas infinitas, columnas imponentes y demás. Eso no les bastó, porque ni siquiera pude despedirme de mis amigos, lo más importante que tengo, o tenía. Lo único que tenía era la irrompible amistad de mi amiga de infancia, Ino Yamanaka, quien había sido mi soporte desde que mis padres y yo nos mudamos a Osaka. Ino es hija de uno de los abogados más importantes de Kioto, Inojin Yamanaka. Cuando éramos chicas, sus padres la llevaron a vivir un tiempo a Konoha, ella me protegía de la gente que se burlaba de mi particular cabello rosa y mi notable frente que solo hacía que los niños dijeran tonterías acerca de ella. Desde entonces siempre estuvimos en contacto.

-¿Pasa algo, Sakura?- me preguntó tocando suavemente mi hombro. Solo sonreí falsamente y gesticulé negativamente con mis manos. -Sabes que puedes engañar a todo el mundo menos a mí, ¿verdad?-preguntó de nuevo alzando una ceja en señal de irritación.

- ¿Qué quieres que diga? No siento que esto sea un logro, no si me siento como lo hago.- mi voz destiló amargura llamando más la atención de mi rubia amiga. Sonrió comprensiva y me abrazó por sorpresa, ni siquiera lo pensé dos veces a corresponderle, solo en ella podía confiar ahora. Antes de que se me hiciera un nudo en la garganta hablé claramente.-Tengo que…-hablé sin poder disimular que la voz se me iba por el gran nudo en mi garganta. Ella me apretó más. Me dio la determinación que necesitaba para decirle y lo que yo necesitaba para salir adelante sin titubear, o al menos eso quería hacerme creer.

- Me voy, Ino- solté. Su expresión fue de sorpresa, pero segundos después me mostró una sonrisa comprensiva y hasta un poco nerviosa. Ella lo sabía.

- Espérame aquí, ya vengo- me dio la espalda y la vi desaparecer entre los compañeros con los que compartí los últimos 5 años.

POV Sakura

Miraba ausente a mis, ahora ex compañeros, festejar y tomar trago tras trago, llenándose de su propio ego, dejando de lado la vida que les esperaba ahora, responsabilidades, trabajar y vivir de ello, criar una familia, aunque sin dudarlo mucho seguirían viviendo a costa de sus padres, porque realmente no saben lo que querían. Eso simplemente me daba más repulsión el estar ahí. Sentí una mano grande y cálida en mi hombro y giré mi cabeza para saber quién era, mi sorpresa fue tal que la copa que había estado meciendo en mi mano cayó a mis pies manchando los zapatos de la tercera persona que se encontraba frente a mí.

-No te preocupes, es un líquido lavable en los zapatos- me dijo la melodiosa voz de él.-Hola, Sakura- me sonrió como hace mucho no lo habían hecho.

Un muchacho seguía a paso flemático a un hombre de traje, su padre, mientras hablaba sobre las personas con las que estaría, personas importantes, blablá, murmuraba algo sobre su actitud y que no fuera irrespetuoso. No sabía cómo había acabado ahí, solo fue a su antigua casa a saludar a su madre y tal vez llevarla a comer, pero su padre se entrometió y cuando se dio cuenta, estaba dentro de un avión con destino a Osaka donde habría una graduación universitaria que por extrañas razones los hombres de negocios aprovechaban la reunión de sus hijos para hablar de adivinen qué: si, negocios. De repente ahí estaba su padre dando su monólogo sobre lo importante que era el trabajo y como había sido un hombre exitoso a corta edad.

Aun cuando la ciudad en qué vivía, Konoha, tenía tiempo que empezó a recibir a más habitantes por el aumento de empleo y la llegada de los comercios grandes por ende la construcción de edificios, sus padres se habían ido a vivir a las afueras de Konoha hace tiempo, buscando dar espacio a sus hijos, pero no tanto para darles rienda suelta y por otro lado su padre que era un adicto al trabajo que quería tener a la mano a su empresa y manejarla sin problemas.

Y ahí estaba él oyendo a puros viejos hablar de dinero; y no es que no le importara el dinero, pero, jamás podría entretenerse en fiestas hablando de como guardarse el dinero en el pantalón. Qué ironía.

Miró a su madre, lucía tan bella como hace 20 años que él empezaba a tener uso de razón, su cabello negro azulado-herencia genética que le dejó a él- seguía brillante y ondeaba sutilmente cuando el aire lo acariciaba, ella no era como su padre, no le importaba si tenían dinero o no, él amaba a su esposo y a sus hijos, y era lo único que pedía. Su vista divagó entre los presentes, el lugar era una explanada llena de áreas verdes, había mesas de cristal, vestidas de mantel que parecían flotar y debajo de llas bella piedra laja que marcaba un camino hacia distintos puntos del lugar, aunque notablemente era más césped, flores, y un gran árbol al fondo y cerca de ahí veía gente, seguro de su misma edad, festejando lo que supuso que era la tal graduación, bonito lugar para que esos señores se reunieran a hablar de cosas tan vanas.

POV Sakura

-Keita…- no pude evitar que mi voz sonara como un susurro. No había pronunciado su nombre en meses, después de haberme dejado plantada la última vez casi dos años atrás, me había enamorado perdidamente de él, cuando pensé que jamás lo volvería a hacer.

-Mi nombre sigue escuchándose tan dulce en tus labios aun después de todo este tiempo- esa sonrisa de nuevo, quise esconder mi rostro, no quería que viera que aún me hacía ruborizarme; pero él fue más rápido y me tomó de la barbilla para que lo mirara, él siempre había sido más alto que yo.- ¿No vas a saludar, Sakura?- eso desató mi labia.

-¿No vas a salir huyendo?-le reté con sorna, aunque por dentro, estaba tan nerviosa que sentí mis rodillas flaquear por un momento. Su sonrisa desapareció un segundo, pero después achicó sus ojos con una sonrisa más amplia y juguetona, casi cínica.

-Vamos, amor, no puedes rechazarme así…-lo corté

-No puedes pretender que todo está bien- tomé la mano que sostenía mi mentón, en mi mano se sentía aún más cálida. La puse sutilmente en su costado, de alguna manera seguía siendo débil ante él. Cuando lo conocí, recién había empezado mi segundo semestre de universidad, al principio me daba igual, yo llegué aquí a la defensiva como si el mundo estuviera acechándome esperando una oportunidad para verme caer. Pero él había sido comprensivo –e insistente- para ganar mi corazón, aunque era 4 años mayor que yo, la atracción entre nosotros era palpable. Me enamoré de él y tiempo después me pidió ser su novia y no pude negarme, porque después de tanto tiempo estando sola, sentí por primera vez que podía adaptarme a esa vida junto a él. Pero mi padre no estuvo de acuerdo con eso y utilizó sus tácticas –ahora que era rico y tenía más autoridad- para que él me dejara, no quise volver a confiar en nadie más que me jurara amor, porque sabía que de igual manera no estaría dispuesto a protegerme como alguna vez pensé que Keita lo haría…

Su mirada se suavizó, pero aunque era así, su estúpida sonrisa no se borró.

-A veces no se puede hacer nada contra lo que un padre dice, creí que lo entenderías- percibí un tono condescendiente.

-Sí, yo también creí muchas cosas, Keita- al parecer me había vuelto una experta hablando con ironía, pero ya no podía quedarme callada.

-Estás siendo infantil, si no te dije nada, fue porque no quise meterme en más problemas ni a ti.

-¿Infantil yo?, ¿A caso crees que fue fácil para mí, que mi novio me dejara así sin más?, si me hubieras querido de verdad, jamás te hubieras ido y estaríamos juntos, pero no quisiste afrontar las cosas, no puedo esperar compromiso de tu parte.- solté más enojada que antes. Soltó una disimulada carcajada que me hizo crispar, no sé si por enojo o por lo melodioso que se escuchó en mis oídos.

-Eres hermosa cuando te enojas, y esa determinación en tus ojos es más notable- susurró en mi oído, aunque la verdad no me di cuenta cuando se acercó tanto.- No puedo estar mucho tiempo aquí, pero te encontraré, lo prometo…- y sin más besó cálidamente mi mejilla antes de seguir su camino, dejándome una sensación de soledad que me hizo pensar que jamás le volvería a ver.

Ino se paró frente a mí, mirándome raro y llamándome, pero yo no oía nada, solo sentía la calidez en mi mejilla derecha. Hasta que su voz me golpeó de lleno en la cabeza y di un respingo.

-No me grites, cerda, no estoy sorda- me quejé

-Hace un momento parecías estarlo, ¿pasó algo?- cuestionó preocupada.

-No- negué con la cabeza rápidamente- solo divagaba en mis pensamientos- y parece que eso la convenció porque no volvió a preguntar, solo puso un papel blanco perfectamente doblado sobre mi mano.- Con esto, podrás empezar de nuevo- me sonrió, mi cara se iluminó y la abracé como nunca lo había hecho.

El pelinegro siguió observando el lugar, con ojos de ingeniero que era, su carrera era lo más importante que tenía y ejercer como uno lo hacía sentir satisfecho. Contempló un edificio a lo lejos esbelto y brillante, nada que ver con Konoha, aunque empezó a trabajar por su cuenta y tenía planes de hacerlo crecer, no quiso dejar el lugar de su procedencia, pues quería empezar desde abajo y sin ayuda de su padre, bueno, sin tanta.

Bajó un poco la mirada y distinguió un punto rosa, no sabía que cerca de ahí crecía un árbol de cerezo, quiso averiguarlo y disimuladamente se separó de su padre que se encontraba muy concentrado en su plática. Se acercó y su sorpresa fue tal que dejó de respirar un momento. A poco más de 20 metros una chica de cabello rosa se encontraba sola mirando entre la gente, meciendo una copa entre su mano distraídamente, usaba un bello vestido guindo hasta las rodillas con ligero corte caído de atrás que se ajustaba perfectamente a su esbelto cuerpo, no usaba mucho escote, pero su espalda quedaba totalmente descubierta, su cabello recogido en un peinado sencillo dejaba caer graciosamente su fleco en su mejillas. Cuando se dio cuenta que ya había escaneado de pies a cabeza a la chica se encontró acalorado y rápidamente dirigió su mirada al edificio que contemplaba antes, pero solo causó más ansias en él querer verla, imaginó antes de ver su rostro, que sería bella. Se acercó un poco más y vio a un hombre más grande acercarse a ella, lo vio sonreír y a ella sonrojarse aun viendo un poco de su perfil. Pudo haber imaginado que ya no estaba disponible al ver que el hombre levantaba su mejilla lentamente, supuso que para besarla. Se acercó un poco más…

-¿No vas a saludar, Sakura?- escuchó de aquel Hombre, ¿estaba imaginando? Había llamado a esa chica como a ella, tenía que estar bromeando. Vio a la chica retirar la mano del hombre y ladeó el rostro y entonces la vio de nuevo.

-Sakura…- susurró.

Ojos grandes y jades, nariz pequeña y exquisita, labios medianamente gruesos, era igual a ella y después de todo no había muchas mujeres con el cabello rosa en Japón, ¿cierto? Su mirada cambió a una irónica.

-Así que aquí estuviste siempre…-dijo para sí- al parecer nunca te importó realmente regresar, ¿cierto?- preguntó al viento, observó de reojo como ese hombre la había besado. Despojó todo sentimiento de atracción por ella y se reprendió mentalmente, se volvió hacia su madre que lo llamaba de cerca.

-Sasuke, requiere tu presencia- mencionó la mujer al llegar junto a él.- ¿Qué era lo que veías con tanta aprehensión?- indagó gentilmente mientras miraba la dirección a la que su hijo mantenía antes de su llegada.

-Hmph… nada importante- respondió el pelinegro arrastrando las palabras guiando a su madre hacia donde se encontraba su padre.