CAPÍTULO 1

Encuentro repentino durante el hálito del otoño†Naruto y Ryûbi

1

En las eminencias, aisladas de cualquier vestigio de vida humana, los ventarrones eran comunes efectos climatológicos que acaecían en esos lugares inhóspitos y desmedidos. Concretamente, aquella alborada de otoño en aquel lugar se antojaba a un perverso invierno; el hálito gélido presidía en los picos más altos de las colinas olvidadas por las personas. Cuchicheos recorrían las fronteras, manifestaban la entidad de un ser que se manifestaría en el cielo —todo aquello sería desencadenado por el descenso de una entidad omnipotente que detendría los conflictos que se cernían sobre la región entera.

Comparativamente con aquellos augurios, hubo un destello más allá de los chubascos plomizos otoñales. Hubo un efímero bullicio y nuevamente una incómoda calma que había impuesto el silencio en el terreno contiguo a las colinas de las comarcas agrarias.

Ninguno descifró los eventos que acababan de tener lugar en los montes fronterizos a las plantaciones de arroz, muchos creyeron que había sido un fenómeno natural relacionado con las bruscas perturbaciones climatológicas que distinguían a la época de otoño. Quizá aquel chispeo equidistante en los celajes advertían una iracunda tempestad. Fueron abundantes aquéllos quienes prefirieron figurar esa viabilidad e inmediatamente reanudaron sus labores cotidianas del día a día.

Una muchacha que había dado por obstaculizada su trayecto destinado a una urbe en particular por el brusco fenómeno. Los distintos peregrinos que se ubicaban en aquel mismo lugar partiendo hacia un objetivo distinto se tomaron un momento para contemplar su espléndida complexión, su ropaje verde ornamentado y su prolongada cabellera cereza. Ella se tornó hacia donde se experimentó el bullicioso estrepito y distinguió los velos de hollín encaramándose en la enormidad de los firmamentos plomizos. Pronunció un musito de fascinación por el inaudito acontecimiento a la vez que los orbes esmeraldas se dilataban por el sentimiento de impresión; esta fue la primera vez que ella era testigo de un evento que era como una señal de las deidades que existían.

—Qué extraño. —La voz de la muchacha expresaba un hálito de ingenuidad casi infantil a pesar de que la muchacha cumpliría los diecisiete dentro de unos pocos meses. Tras disponerse a contemplar el humo que gradualmente se desvanecía en medio de los vendavales otoñales, la muchacha reemprendió su marcha.

¡BOOM!

Sobrevino un bombazo. Múltiples seres que conformaban la fauna de aquélla pradera advirtieron una inquietud en sus impertérritas vidas cuando una particular zona en las inmediaciones del labrado, las criaturitas —presintiendo la manifestación de una forma de vida en sus territorios— se aproximaron precavidamente, imaginando algún tipo de hostilidad de parte del forastero. Un cervatillo en particular fue el primero de todos los integrantes de la fauna del paisaje campestre en presenciar al individuo que yacía boca arriba entre la maleza.

Le olfatearon, pretendiendo descifrar si el peregrino era un ser ruin o alguien afable. Un muchacho profundamente sosegado de una cabellera dorada con un extravagante chándal anaranjado y negro. Un brusco movimiento del personaje suscitó una inusitada histeria en toda la fauna y se dispersaron consternados cuando el individuo comenzó a desplazarse, recluyéndose entre las boscosas honduras de la neblina matinal.

Naruto no podía acordarse correctamente de los acontecimientos que habían culminado con él sentado en las inmediaciones de aquél descomunal ejido. Alcanzaba a presenciar un brusco y efímero brillo, una voz seca mascullándole algo relativo a la muerte y, a continuación, aquel vasto sembrado. Él volvía esporádicamente puesto que percibía las tenues cacofonías de las avecillas que se posaban en las proximidades mirándole desconcertadas.

Aquel yermo desamparado parecía tener hasta millas de anchura, no podía alcanzar a ver ni siquiera un minúsculo rastro de vida en aquel terreno. Una espesa neblina cubriendo una gran porción del incalculable ambiente, matizando el paisaje de una tonalidad bruñida. El muchacho no podía divisar mucho debido al espesor que ostentaba el fenómeno meteorológico, y aquello le evocaba ciertas memorias del país de las olas —lugar donde había acaecido la primera misión significativa que su equipo de antaño tuvo que afrontar—. Naruto desanudó su protector de frente y lo contempló durante momentos enteros mientras el lienzo de bruma se extendía, hundiéndose en una oleada de pensamientos que se habían apoderado de su mente.

¿Dónde estaba Obito? Naruto estaba bastante seguro de que un individuo con los poderes relativos a los de una deidad no podía pasar desapercibido por nadie. Había una interrogante aún mayor, y aquella era el porqué nadie parecía afectado por los acaecimientos que acontecieron debido a la última guerra no aparentaban haber sido gatillados. Naruto no podía evitar experimentar un descomunal desasosiego por el simple hecho de que toda la vida silvestre evidenciaba que las ambiciones perversas de ambos Uchiha no habían siquiera comenzado. ¿Lo habrían parado? Por más que Naruto quería creer que sus amigos y aliados habían triunfado sobre las tropas de Akatsuki aquello era descomunalmente improbable.

Obito se había convertido en lo más próximo a una entidad omnipotente, el derrotarlo era una proeza imposible. ¿Quizá alguna técnica secreta que solamente aquellos de un rango tal como los Kage habían logrado sellar a la criatura dejando a Obito impotente contra las tropas de la alianza shinobi?

Naruto sintió una descompostura abrupta en él cuando pretendió moverse. Él contempló su abdomen por debajo de sus ropajes (que enigmáticamente habían sido remendadas) sobrellevándose el estremecimiento más grande de toda su vida. El sello que mantenía a Kurama en su interior había sido borrado, allí no había más que simplemente su ombligo. El muchacho se empalideció cuando rememoró a Obito teniendo a ambos muchachos a su merced con un enganche de titanio.

Las suposiciones bombardearon la mente del muchacho. Él intentaba ensamblar el rompecabezas que se había formado debido a la inconmensurable cantidad de misterios acerca de los acontecimientos espeluznantes que le había pasado a él…

No pudo plantearse una solución a las incertidumbres y debido a eso, sintiéndose abatido, Naruto amparó sus manos en los bolsillos y emprendió una caminata. Tranquila y silenciosa mientras el labrantío parecía tornarse incluso más descomunal de lo que aparentaba…

—Demonios…

Tardó aproximadamente dos horas antes de que Naruto se encontrase con las primeras señales de vida tras permanecer en medio de lo que había parecido una viña desolada. Marchaba en medio de la monotonía de los bosques que bordeaban un sendero que le había estado orientando durante los últimos treinta minutos, desde la lejanía comenzaba a avistar lo que parecía ser un pueblo aunque no sabía perfectamente el nombre del lugar. Quizás una vez arribado a aquel lugar, podría pedir unas cuantas indicaciones acerca de a dónde se encontraría y así planificar una ofensiva contra Uchiha Obito y tras eso, ir al encuentro de Sasuke…

Chasqueó la lengua cuando su mente volvió a evocar a sus amigos, haciendo que Naruto se sintiese aún más miserable por no haber podido ser eficaz para luchar contra Obito. La profecía a fin de cuentas había sido errónea, él no había sido el chico profetizado sino un simple fracaso más.

Tuvo una idea. Se sentó hincándose en un árbol al borde del camino y de su bolsa de armas, sacó aquella antigua fotografía donde salían él y su equipo de antaño, y su antigua y estropeada banda regulatoria. Por causa del entrenamiento con Ero-sennin durante los tres años que aguardaron por el inicio de los planes de Akatsuki, la banda (junto con las antiguas prendas de Naruto) acabó damnificadas y tuvo que reemplazarlas con las actuales; había un orificio de considerable donde ocultó la antigua fotografía y en la vetusta placa, talló un cierto mensaje que le alentaría a continuar hasta encontrar el camino hacia sus amigos nuevamente:

No olvides el 11 de septiembre de 1993

—Ahí está —dijo satisfecho ante su obra—, por lo menos esto me servirá para seguir adelante. No se preocupen, muchachos, pronto estaré de vuelta, ¡dattebayo!

Entonces, sucedió algo que tomó desprevenido al muchacho.

—¡KYAAAAAAAH! —Hubo un aullido de pánico que había derivado de las profundidades del las malezas, el muchacho experimentó un dilema acerca de que si debía detenerse a socorrer a la persona que suplicaba o continuar con su objetivo original. Tras el segundo, Naruto, rechinando los dientes optó por ir en ayuda de la necesitada.

La misma muchacha que se había detenido a contemplar el fenómeno climatológico ahora se había metido en un predicamento considerable. Un pequeño grupo de bárbaros forajidos —constituido con tres personajes de desemejante compostura física (un muchacho diminuto, uno rollizo quien se podría apreciar como el menos astuto del grupillo, y finalmente uno que tenía una contextura más ordinaria ignorando el horrible mostacho que ostentaba con axiomático orgullo)— la había estado hostigando desde hacía unos pocos kilómetros y la tenían arrinconada. Si bien la joven estaba protagonizando una peripecia imprevista, ella desplegaba un porte estoico ante el incuestionable atentado.

Mientras tanto, los tres malhechores bromeaban acerca de esta compostura.

—¡Ya se los he dicho, trío de rufianes! —exclamó la ingenua muchacha reclinándose a una piedra cercana—. ¡No tengo nada que pueda interesarles!

—En eso tiene razón, señorita —musitó el de en medio situando sus dedos pulgar y medio en su barbilla—; pero tiene un par de cosas que me llaman mucho la atención.

—¡S-si intentan hacer algo… —guió su mano a su espalda y de allí sacó una manta enroscada, blandiéndola como un sable—… usaré esto!

El que parecía ser el cabecilla del trío la observó desconcertado.

—¿Y qué planeas exactamente hacer con eso, niña?

En una acción excesivamente absurda, imaginándose que la muchacha utilizaría aquellas desgastadas mantas para huir de ellos, ella en vez lo utilizó para ocultarse de una manera certeramente evidente. Los tres forajidos contemplaban boquiabiertos y estupefactos cómo ella temblaba ¡e incluso sus extremidades inferiores eran notables bajo la manta empolvada! O esta niña los conceptuaba como auténticos estúpidos o ella misma era estúpida…

—¡Eso no te salvará, maldita mentecata! —Aprisionó la muñeca de la muchacha de cabellos cerezos y la levantó, despojándola del edredón y la observó mientras soltaba una carcajada ante los aullidos y súplicas de ésta, implorándole que le dejase ir—. ¡Cierra el pico, no te dejaré ir, de hecho, vamos a disfrutarte todo lo que podamos!

En el momento en que sus manos estaban a escasos milímetros del busto de la muchacha…

—¡Eh! —Se volvieron hacia el farfullo para toparse con un muchacho de una extravagante ropaje anaranjado y una tupida cabellera dorada—. ¡Déjenla ir trío de imbéciles ttebayo!

—¡Oye! ¿Quién demonios eres? —exclamó el cabecilla de grupo.

El joven forastero sonrió anchamente.

—¡Uzumaki Naruto dattebayo!

—¡Jefazo! —el de estatura reducida miró al de en medio con cierta consternación.

—¡Es solamente un charlatán con aires de grandeza! ¡Vamos a llevar tu cabeza en nuestra mesa de celebración! —Los tres se desternillaron.

—¡Atrévanse, manga de imbéciles —formó un anormal símbolo que asemejaba a una cruz con ambas manos— les devolveré el golpe mil veces a la vez!

Los tres se arrojaron contra el muchacho.

—¿Todavía boconeando sandeces? ¡Vamos a cerrarte el pico, mocoso insolente!

—¡Tajû – Kage bunshin no jutsu!

Sucedió como si se tratase de magia negra. En menos de un instante, el muchacho había conseguido engendrar miles de replicas de sí mismo en todo el terreno; habían varios en las copas más altas de los árboles, otros debajo en el suelo delante de ellos y hasta por detrás. ¡Era casi como si éstos duplicados hubiesen emergido de la tierra!

«¡Bien! —pensó contentamente Naruto—. ¡Aún puedo hacer la replicación de sombras sin ningún inconveniente!»

—¡Jefazo! ¿Qué haremos? —el hombre rollizo y más grande del grupo miró al cabecilla genuinamente acobardado.

La muchacha observó el acontecimiento, puramente absorta.

—¡I-increíble!

Naruto sonrió maliciosamente.

—¿No van a venir? —Los tres le miraron trémulamente—. ¡Entonces yo iré a por ustedes, muchachos!

La muchacha se cubrió los ojos al son que los estrépitos de los puñetazos de los miles de réplicas y los aullidos de los hombres resonaron por las copas de los árboles. Cuando volvió a mirar al muchacho, los tres atacantes estaban tendidos en el suelo con sus rostros deformados por la millarada de porrazos que él les había dado y el chico se rascaba la nuca riéndose un tanto nervioso por lo sucedido.

—Je, je —él miró a la muchacha—, creo que me excedí un poquito con todo esto. Cómo sea, ¿estás bien, niña?

La muchacha parpadeó sobresaltada.

—¿Eh? S-sí —asintió frenéticamente—, muchas gracias, desconocido.

Con los brazos tras la nuca, Naruto sonrió radiante.

La muchacha se sosegó un poco tras el inaudito suceso.

—¿Cómo se llama, extraño?

Naruto arrugó sus labios, pestañeando desconcertadamente.

—Me llamo Uzumaki Naruto ¡es un gusto conocerte, dattebayo!

—¿Naruto? —musitó extrañada, situando su mano derecha por debajo de su barbilla—. Es un nombre un poquitín extraño… —luego volvió a mirarle radiantemente— ¡como sea! —se inclinó como señal de gratitud— es un gusto conocerte Uzumaki Naruto —se incorporó nuevamente— mi nombre es Ryûbi – mi nombre de cortesía es Gentoku.

Naruto pestañeó.

Conque Ryûbi Gentoku…

2

Tras aquel pequeño incidente, Naruto optó por seguir a Ryûbi, con la corazonada que quizás así, podría conseguir indicios para finalmente volver a casa. Durante el trayecto él miró pasmado el ambiente, era como una especie de mixtura ente el mundo que él había conocido y un mundo feudal. Aunque en su gran mayoría habían visto nada más que ciénagas de aspecto silvestre, el rubicundo muchacho había alcanzado a avistar lo que parecían enmohecidos rieles de tren que describían una ruta que curvaba hacia la derecha y luego izquierda, aunque no parecía ser que allí hubiese circulado ni siquiera un mísero tren manual.

El sol había llegado al punto más alto del firmamento, indicándole al muchacho que era mediodía aunque no hacía tanto calor debido al hálito templado del otoño.

—Así que, Ryûbi —Naruto resguardó sus manos en los bolsillos—, ¿podrías decirme a dónde ibas cuando ésos tres te atacaron?

La aludida asumió una gesticulación severa.

—Estuve viajando todo este tiempo para recuperar mi espada robada, Naruto-san.

—¿Espada?

—Sí, verás, cuando iba viajando un cierto muchacho se apareció cerca de mí; él me preguntó si podía ver mi espada y unos momentos después —ella hizo una especie de dramatización de lo que le sucedió, imitando una caída e incluso chillando un poco— ¡me tiró desde un desfiladero! tuve suerte de que hubiese una rama allí o sino no la hubiera contado…

Fue entonces que Naruto evocó a uno de los muchos cuchicheos que oyó durante todo el trayecto posterior a encontrarse con Ryûbi. Murmullos acerca de un general de una cierta armada o algo por el estilo «Sí…oí que Ryûbi Gentoku…»

—Creo que he oído algo acerca de un tal «Ryûbi Gentoku» y un ejército para algo —mencionó Naruto—, por un segundo pensé que fuiste tú.

La muchacha refunfuñó como una pequeña niña, hinchando las mejillas.

—¡Ése rufián, no solamente se está robando mi nombre sino que ahora está tratando de formar un ejército aprovechando mi nombre! ¡Es imperdonable!

—¡Te diré algo, Ryûbi! —exclamó de pronto Naruto—. ¡Voy a ayudarte con el problema del falso Ryûbi y a cambio tú me ayudas a regresar a mi hogar! ¿Está bien?

La muchacha profirió un murmullo de meditación durante unos instantes. Entonces, con sus ojos jades radiantes ella le dijo:

—¡Está bien, te ayudaré!

—¡Genial! —exclamó Naruto.

—Algo más, Naruto-san.

—¿Hm?

—Puedes llamarme Tôka.

Naruto hizo un ademán de desconcierto.

—¿Qué no tu nombre era Ryûbi?

Ahora era Ryûbi quien lucía confundida.

—¿No sabes lo que es un mana?

El rostro de Naruto seguía tornándose cada vez más turbada, cerrando los ojos como el rostro de un gatito.

—¿Qué es eso, ttebayo?

—Naruto-san ¿es que vienes de una tierra lejana?

Tierra lejana…

Era mejor que decir que provenía de una dimensión alternativa, por lo menos así no sería tomado por demente o algo similar…

—¡Sí, eso mismo, de una tierra —extendió los brazos largamente mientras experimentaba como un nerviosismo inusitado— muy lejana!

—¡Oh, ya veo! —dijo ella, por lo menos eso sosegó al muchacho—, verás, un mana es el verdadero nombre, solamente los amigos más íntimos se pueden llamar así. El mío es Tôka.

Naruto pestañeó nuevamente. Había mucho que debía aprender de este mundo extraño.


En el próximo capítulo:

No siempre hay que ser alguien de corazón frío. Demostrar la bondad a alguien que lo necesita es lo suficiente para demostrar la bondad que reside en uno, ¡el próximo capítulo!: «Sasuke † La aldea abandonada † Benevolencia»


Glosario:

Tajû – Kage Bunshin no Jutsu: Técnica de multiplicación masiva de cuerpos. Una variación más numerosa de la técnica Kage Bunshin. Una técnica que requiere de inmensas reservas de chakra para su correcta utilización, una vez utilizada, el usuario de antedicha técnica es capaz de crear hasta miles de réplicas de sí mismos; Uzumaki Naruto, protagonista de la serie tiende la tendencia de olvidar la diferencia fundamental entre esta variación y la técnica original llamándola de vez en cuando simplemente como «Kage Bunshin no Jutsu». Es además, la técnica predilecta de Uzumaki Naruto.

Dattebayo: Frase con la que Naruto termina varios de sus diálogos. Una traducción literal de la frase podría significar «te digo». En el doblaje latinoaméricano de la serie la frase es traducida como «de veras» mientras que en castellano es dicha como «vaya que sí».