Capitulo Dos:
Desde el "accidente" nos quedamos a vivir con nuestra tía, hermana de nuestra madre, quien nos metió en el internado de Hokaido, que de hecho no fue así sino nos hecho de su casa y como los tratos legales no se lo aceptaron nos abandono en aquel sitio.
Aquel sitio requería del alumnado cierto rango de falencias cuyas cualidades no representaba mi hermana, por lo cual fue trasladada a un instituto para niños prodigios, excepcionales, de facultades anecdóticas.
Supongo que la falencia de un lugar constituido y del drama familiar ocurrido fomentaron mi forma de ser en aquel tiempo. En 6ª de primaria conocí a un grupo de personas que me pasaban por lo menos sus más de 4 años, con los cuales mis ratos se pasaban de manera amena y la confianza que fui agarrando con ellos y en ellos me llevó a conocer nuevas experiencias. Grupo el cual no me traería buenas consecuencias.
Tan así que el 8 de agosto fue cuando empezó mi adicción asía la heroína.
Habíamos salido a tomar, cuando de repente se acerca un individuo poco conocido, desde el años que andaba con aquel grupo jamás divisé aquel extraño sujeto, solo vi que le pasaba ciertos objetos al líder de mi grupo. Los cuales me dieron a demostrar que eran simple cigarrillos, pero de una mejor calidad. Por lo que después de un tiempo logre saber el verdadero material…. Marihuana.
Mi adicción en aquella sustancia tardo en llegar, por lo cual nunca me hice adicto a ello sino a las demás enjundias que probé, por la necesidad de llegar a experimentar sensaciones nuevas. Y a la que más me apegue fue a la heroína. Me hacia sentirme alucinante, extremadamente "sobre las nubes". A los 15 años era todo un experto la obtenía de una forma sencilla y su ingestión era inyectándola. Me las había ingeniado para que no me quedaran marcas en los brazos o en cualquier parte en donde me las inyectaba, a lo que después del trascurso del tiempo no fue de mi suma importancia.
Al año después, ya estábamos en proceso de dar la bienvenida a un nuevo año escolar. Empezaban las asignaciones de cuartos y la entrada de alumnos nuevos. Un nuevo año.
Mi cuarto se había mantenido vacio, o sea, solamente yo en el desde ya hace 2 años, ninguna preocupación se podía sentir en el ambiente de mi cuarto, pero al parecer ese año estaban decididos a cambiar todas las cosas.
Eran las dos de la tarde y yacía sentado en mi cama practicando guitarra cuando tocan la puerta. Mi indignación fue tal que deje, aun así, mi guitarra cuidadosamente sobre y cama, y fui a abrir la puerta con seño fruncido.
-Se puede saber que…- fue todo lo que pude decir, un niño de apariencia sensata y agradable estaba al frente de mi puerta con un montón de maletas.
-Me llamo Takashima Kouyou y seré tu nuevo compañero de cuarto- digo con una sonrisa en los labios.
