Disclaimer: Los personajes de Digimon no me pertenecen.

CAPITULO 2: CONOCIENDOTE

El rubio escuchó sus pasos acercándose.

Apareció en la puerta con un semblante temeroso. Sus relucientes y grandes ojos rubíes irradiaban algo que él enseguida identificó como pavor. ¿Por qué estaría tan nerviosa? Él no era tan imponente. Aunque le habían dicho muchas veces que sí lo era.

Estuvo a punto de dar su verdadero nombre, pero no se movió, quería que primero ella se tranquilizara. No se le había ocurrido pensar que la iba a asustar, pero así había sido.

—Hola— saludo cortésmente — soy Yamato Takeishi. Vivo al lado, soy tu vecino.

—Sora…Tachikawa—respondió ella indecisa.

Ishida se dio cuenta inmediatamente de que ella también le había dado un nombre falso.

—Disculpe que la haya asustado.

Sonó demasiado formal, pero es que no podía apartar de ella la mirada. Se percató de que se parecía a Rika en lo pelirrojo, ya que ella no tenía ni los ojos violetas ni su piel era tan pálida. Pero Rika nunca parecería asustada ni temerosa, ni siquiera cuando estaba rodeada de los camaradas de la gente a la que había traicionado.

—¡Oh! No… no te preocupes—dijo por fin, consciente del nerviosismo al que estaba siendo sometida. —Es… es solo que no esperaba a nadie.

—Si está ocupada o tiene otros asuntos, puedo irme —exclamó el rubio con cortesía.

—¡Oh no! Perdone que parezca tan nerviosa. — se sonrojó —Es solo… cuestión de personalidad…—lo dijo bajando la mirada.

—No es de mi incumbencia pero ¿por qué? Yo no le doy miedo, ¿o si?

Sora levantó la vista, quizá tenía unos treinta y algo, voz profunda, tremendamente atractivo aunque en sus ojos color mar tenían un toque melancólico. Abundante cabello rubio, ojos azules, alto, de complexión fuerte.

—En absoluto— contestó ruborizándose y tratando de ocultar su nerviosismo

Yamato sonrió de medio lado.

—Y… ¿Qué tal? ¿Le gusta la casa?

—Mucho— dijo ya más tranquila.

—¿Piensa arrendarla?

—¿No quiere que la alquile?— dijo leyéndole el pensamiento.

—No, al contrario. No me importa quién se mude aquí, siempre que haya tranquilidad. ¿Me permite preguntarle si vivirá sola?

Sora lo miró atentamente, intentando buscar una respuesta. Su presencia era imponente pero no amenazante. Duro, con experiencia, pero no era de los que levantaba la mano a una mujer. Seguro que le parecía algo repulsivo.

—No es ningún crimen vivir sola, ¿verdad?

—Sí, si pone música pop muy alta -dijo con una sonrisa que iluminó el recibidor.

—No sé mucho de música pop— confesó sonriente —Soy más de música clásica, me gusta relajarme cuando diseño.

—¿Diseñas?

—Supongo que sí.

—¿Supones? No entiendo, ¿Qué pasó?

—Mmmh, creo que no salió del todo bien. Por cierto— dijo para cambiar de tema — La señora Yamazaki me dio unas galletas, ¿gusta algunas?

—Claro— respondió sonriendo de lado.

Sora hizo un ademán para que pasara.

—Sé que la casa no está en mal estado, sin embargo no he tenido el tiempo de familiarizarme con todas estas cosas — la escuchó desde la cocina. Mientras tanto Yamato se dedicaba a ver el interior de la casa.

En una esquina vislumbró una maleta y bolso. Eso le pareció extraño.

—No te preocupes, fui yo quien decidió venir aquí…

Sora regreso a la sala con un par de tasas de té y colocó en medio de la mesa una caja grande de galletas.

—La señora Yamazaki fue muy amable conmigo — Sora lo invito a sentar con la mano. —Pero, jamás me advirtió de un vecino cuestionador.

Yamato soltó una risa.

—¿Sí? ¿Sientes que te cuestiono demasiado?

—Que me cuestionas e interrogas.

Sora le siguió el juego

—«Interrogar» y «cuestionar» son conceptos peligrosos.

—¡Wow! ¿Ha estado usted en el ejército? ¿O en el Servicio Secreto? ¿FBI?

Lo decía en broma, pero su presencia era la de un soldado en alerta.

—¿Por qué se le ha ocurrido eso? -preguntó desconcertado.

—¿Tengo razón?

—No podría estar más equivocada. Soy un humilde carpintero que en sus tiempos libres toca en una banda para un bar.

—Discúlpeme, Señor Takeishi, pero usted no tiene cara de considerarse humilde.

—Dígame entonces quién soy.

—Una víctima de alguna batalla.

¡Dios mío! ¿Había dicho eso realmente?

—Señorita Tachikawa, me ha descubierto.

Ambos rieron. De repente, se estaba estableciendo cierta intimidad entre ellos.

—Si cree que sabe algo sobre mí, permítame preguntarle si ha venido a este pueblo a empezar una nueva vida -dijo con un tono falsamente neutro.

—¿Lo he hecho enfadar?

Preguntó Sora temerosa.

—No, sólo le devuelvo el desafío.

Aquella mujer había sabido atravesar barreras con facilidad asombrosa.

Poca gente sabía hacerlo.

Sora negó.

—No lo molestaré, si eso es lo que lo preocupa.

—No parece del tipo de mujer que moleste a los hombres. Perdóneme. Estoy seguro de que seremos buenos vecinos. Siempre que nos limitemos a darnos los buenos días por encima de la cerca.

Sora asintió.

— ¿Qué hay de usted? ¿No tiene una historia que contar?

—¿Es usted realmente insistente, no? -dijo con aspereza-. Tiene ojos de bruja, psiquiatra o psicóloga. Aunque a lo mejor es sólo una niña mimada que se ha fugado de casa.

Sora trago fuerte. Mordió su labio y lo miró intensamente.

—Si lo fuera—dijo ella palideciendo —, ¿me protegería?

Ahora fue turno de Yamato que se quedó callado, consciente de la confianza que se iba estableciendo entre ambos.

—Lo veremos cuando llegue el momento. No debe tener miedo de mí, señorita Tachikawa. No sé quién es usted, pero sé que corre algún riesgo.

—¿Es acaso usted brujo, consejero espiritual, psiquiatra o psicólogo también?

Yamato negó riéndose para regresar a su expresión natural, aquella neutral.

—Puede que seamos iguales en eso. Ocultamos algo. No le diremos nada a nadie.

—No tengo ni idea de cómo hemos empezado esta conversación— dijo ella sinceramente sorprendida.

—Yo sí -dijo él amablemente —. A veces, la gente encuentra atajos para conocerse.

—A mí me parece muy raro, de todas formas.

—No tenga miedo. La verdad es que cuando la vi antes en el jardín, usted no parecía saber lo que era el miedo. Parecía tan inocente...

Sora lo miro expectante, ¿Cuándo la había visto en el jardín?

—¿Qué lo ha hecho cambiar de opinión?

—Hay demasiada intensidad en usted. Lo veo en sus ojos.

A Sora Le brillaron los ojos de una forma intensa.

—Así que en realidad es usted psiquiatra -dijo ocultando con humor su turbación —¿Un escritor serio? ¿Un premiado periodista? Usted también transmite intensidad.

— Ésa es una de las cosas que debo ocultar.

—Nos hemos revelado muchas cosas esta mañana…

—Es cierto. No estoy acostumbrado a conocer jovencitas tan perceptivas. Resulta enigmática. Es usted demasiado joven para tener tanta experiencia. ¿Qué años puede tener? ¿Veintitrés? ¿Veinticuatro?

La mirada de Yamato descendió por aquel cuerpo esbelto. Pese a estar sentada pudo observar que llevaba una falda blanca de algodón y una ligera camisa mezcla de algodón y encaje. Refinada. Virginal. Deseable.

—Más bien veinticinco.

Yamato pestañeo, era demasiado joven.

—Toda una niña.

—No creo— dijo apretando los puños. Era lo bastante adulta para haber vivido experiencias terribles.

—¿Por qué lo dice, Señorita Tachikawa, ¿Sabe lo que es el dolor? -preguntó él, dándose cuenta de su reacción.

—Mucha gente experimenta dolor. A lo mejor el mío es diferente del suyo, ¿Cuál es su caso?

—Señorita Tachikawa, tendré que conocerla mucho mejor antes de hablar de ello -contestó él sarcásticamente —. Además, estoy seguro de que usted tampoco está dispuesta a contarme su historia.

—¿Reportero de investigación? Algo me dice que debería conocerlo.

Su presencia era demasiado imponente para ser una persona normal.

—No, no me conoce— repuso rápidamente —. De todas formas, no somos enemigos, ¿verdad?

—Espero que no, señor Takaishi. Me sentiré mucho más segura teniéndolo cerca.

Yamato la miro expectante, su mensaje era tan extraño.

Ella al notar su no contestación prefirió cambiar de tema.

—Bueno— hizo una pausa —¿Se le ofrece algo más?.. es decir…Sólo esperaba una breve presentación. ¿Siempre es así con los desconocidos?

—Usted no es una desconocida— repuso él encogiéndose de hombros —Yo tampoco contaba con que usted me gustara. Ha sido agradable platicar con usted…

A Sora se le subieron los colores al rostro. No esperaba esa contestación.

—Así que no me equivoqué. Pensé que venía usted con cierta hostilidad. — cambió de tema.

—Es posible. Por un momento, me recordó a, una persona.

—¿Alguien que de su pasado? -su sonrisa se desvaneció al ver la expresión del rubio.

—Evidentemente. Pero, aparte de unas pocas coincidencias, he comprobado con esta breve charla que no se parecen en nada.

—Me alegro de oírlo. Me tenía preocupada, hasta que ha sonreído.

—¿Una sonrisa le basta?

—Sí, para mi… es suficiente—dijo ella casi aliviada.

A Sora le parecía que aquel hombre tan fuerte y atractivo llenaba el espacio su alrededor. A Joe, con su imperiosa necesidad de ser el macho dominante, le faltaba la presencia que tenía aquel hombre, a pesar de su arrogancia y atractivo masculino.

—Tengo un par de horas libres— dijo él casi sin darse cuenta —¿Quiere que la

ayude desempacar?

Sora se sonrojó, no tenía la gran cosa por desencapar, solo había llevado con ella una maleta y un bolso.

—¿Quiere eso decir que me acepta como vecina?— preguntó ella radiante.

—Acepto el hecho de que es usted una persona amable.

Sora negó.

—No, solo traje conmigo un par de cosas… no es la gran cosa.

—Bueno, es ese caso ¿Le apetece almorzar?

¡Vaya que la había dejado sin escapatoria, se le secó la garganta!

Sólo intenta ser amable, ¿verdad? A él le importaba la gente. Igual que a ella.

—¿Qué acaso no es lo que hacemos ahora?

Sora miró el té en la taza completamente lleno, no había dado ni un sorbo al igual que no había tomado ni una sola galleta.

—¡Bahh! — se quejó —Esto no llena.

—De acuerdo, me encantaría.— Sora sonrió —¿Por qué no me llama Sora?

—Muy bien, en ese caso puedes llamarme Yamato— Contestó embelesado extendiendo la mano.

Ella no desaprovechó el momento y estrechó su mano, era firme, pero cálida. Y pudo percibir como su mano se perdía en la enormidad de las manos de él.

—Tienes una mano muy delicada, Sora.

—Y tú tienes unas manos muy fuertes— respondió sonrojada, llevándose un mechón de cabello atrás de la oreja.

—Toco el bajo en una banda. Si tienes tiempo puedes ir un día de estos a vernos tocar.

—Sería maravilloso.

-.-.-.-.-.-

El mercado en el pueblo estaba repleto. Los puestos callejeros vendían su mercancía: frutas y verduras de todo tipo, comida para llevar y también artesanía. Las dos cafeterías del pueblo, una con cortinas pintadas en rojo, la otra con una llena de volantes rosas y blancos, estaban a rebosar de gente.

—¿Te apetece que compremos unos emparedados y hagamos un picnic en el parque?— Preguntó Yamato al ver a la muchedumbre, no era un hombre al cual le gustase ser visto.

La observo y ella se encogió de hombros. Ni siquiera le llegaba a los hombros. Más bien al corazón. Era tan menuda que le daba la impresión de que podría agarrarla y metérsela en un bolsillo.

—¡Claro! ¿Por qué no?— sonrió ella —. Hida es tan bonito... No esperaba que fuera un lugar tan hermoso y lleno de paz. El aire es tan puro que desentumece el corazón.

—¿Tenías el corazón entumecido?— preguntó él mirándola con profundidad.

—Bueno… Digamos que me siento muy cómoda y relajada— dijo ella desviando la mirada hacia el parque que se encontraba más despejado y solitario.

Yamato sonrió.

—Vamos a dar de que hablar a la gente— dijo él divertido.

Había notado que la gente murmuraba a su paso.

—Bueno…Conoces esta ciudad mejor que yo— dijo, feliz de que la gente los saludara —Pero no te apures. No quiero causarte algo que no te guste…

—¿Qué importancia tiene?

—A veces es difícil dar gusto a la gente— se limitó a decir ella.

—¿Cómo a tu novio?

Sora lo miro cuestionándolo

—Habíamos quedado en no hablaríamos acerca de ello. — contestó cortante.

—Tienes razón. Ve a buscar un lugar agradable en el parque yo mientras voy por los bocadillos y el café. ¿Solo o con leche?

—Me gusta el Capuccino— se sonrojó —Bueno… solo si tienen.

—Mira, aquí hay capuccinos, lates, expressos, frapuccinos...

—Disculpa, ya veo que hay de todo en el pueblo— interrumpió ella sonriendo.

Era un auténtico placer sentirse tan a gusto con un hombre.

—No tardo -dijo el rubio alejándose.

Yamato al darse vuelta se dio cuenta que una chica del pueblo llevaba tiempo observándolos con la nariz pegada a la ventana de la tienda. Yamato la saludó con la mano e, inmediatamente, ella despegó la cara del cristal.

Se sentaron en sillas de madera a la sombra de los árboles cuajados de orquídeas.

—Tus ojos son del mismo color que este arroyo—dijo él con naturalidad, haciéndola sonrojar —de un rojizo radiante.

¡Qué voz tan profunda! Cálida y masculina. Le pareció notar un cierto acento extranjero.

—La comida está deliciosa— cambio de tema — ¿Eres de por aquí, Yamato?

El rubio negó.

—Nací en Francia pero mi familia es japonesa.

Ahora entendía todo: su aspecto, su voz, sus ojos, todo él le parecía perfecto.

—Nunca he estado en Francia, supongo que es maravilloso…

—Podemos ir algún día si gustas— lo dijo despreocupado dando un mordisco a su comida.

Sora no sabía en donde meterse. Se sonrojó de sobremanera, agradecía a todos los Dioses que él estuviese mirando al lago para no verla en esas condiciones. Simplemente se sentía segura con aquel desconocido.

Una vez terminaron sus respectivos desayunos, Sora observó como el rubio sacaba de una bolsa un par de pasteles.

—¿Y eso?— preguntó divertida —¿Uno para cada uno?

Él negó.

—Los dos para ti. Estás muy delgada.

Sora se sentía cautivada por el escaso sol, el agua, el canto de las aves, por todo su contexto y aquel hombre fascinante que parecía entender sus pensamientos más ocultos.

—¿Bromeas? — dijo divertida —. Estoy más que satisfecha.

—En ese caso compartiremos uno, ¿Te parece? —La vio asentir —¿Qué tienes pensado hacer mientras estés aquí?

—¿Hacer? -repitió sorprendida —.No lo había pensado. Estar aquí es ya suficiente.

Él la miró fijamente. No se acostumbraría a su bello y bronceado rostro.

—A ver si lo entiendo. ¿Tu novio te asustaba?

Era evidente que ni se le ocurría imaginar que estuviera casada. Debía de parecerle demasiado joven e inexperta.

—¡No! Yo no he dicho eso.

El rubio asintió con la cabeza. No preguntaría más del tema, era evidente que a ella le disgustaba hablar de eso.

—¿Tus padres?

—Están en Kyoto. Están bien. —él asintió —¿Los tuyos?

—Viven en Odaiba, mi madre es reportera y mi padre trabaja para una empresa de telecomunicaciones. — Sora lo miró sorprendida —¿Qué? — dijo divertido —Continúa con la investigación. Estoy acostumbrado a que me examinen.

—¿Quién? O ¿Quiénes? ¿Las mujeres del pueblo?— preguntó ella ruborizándose.

—Las mujeres de este pueblo son muy… ¿Cómo decirlo?... ¿lanzadas? -contestó él esbozando una sonrisa.

—Y tú… ¿le temes al compromiso?

Yamato asintió.

—Claro que sí. De mientras tengo que poner orden en mi vida.

—¿Has tenido malas experiencias?

Lo vio removerse molesto.

—No quiero hablar de eso, Sora.

—No estoy conociendo demasiadas cosas de ti…

—Yo tampoco. Pero eres tan lista que me extraña que no me leas la mente.

—Hago lo que puedo. ¿Te gusta la música? ¿O sólo lo finges?

—Nunca mentiría en algo así.

—¿Y en otras cosas?

Preguntó dudosa, no sabía si se acercaba a terreno desconocido.

—Todos tenemos secretos, Sora. Algunos son verdaderas pesadillas.

Sora llevo la vista al lago y cerró los ojos, en eso coincidía con él, se llevó la mano al pecho.

—¿Estás bien? -preguntó él sorprendido.

—No lo sé. No soy una persona valiente. A veces siento pánico.

—Eres como yo. Estamos en un punto en nuestras vidas en el que necesitamos este campo abierto para respirar…

Sora asintió. Se sentía tan identificada con él. Ambos compartían un pasado misterioso, no sabía por qué pero sentía una extraña conexión con el rubio. Decidió no mirarlo más. Había pasado el suficiente tiempo con Joe que se había encargado de destruir cualquier rastro de auto estima en ella.

—¿De verdad? —decidió Sora indagar un poco en aquello

—Claro… lo digo con sinceridad.

Sora asintió.

—Me parece extraño que digas que eres carpintero o músico.

—¿Por qué lo dices?— no se dio cuenta de su tono, había sonado alerta.

—Es… es… es solo que pareces más un hombre de acción...

—No dejas de hacer conjeturas.— Yamato la interrumpió —Ya te he dicho que soy carpintero. Si quieres te hago algo. Una silla. Una mesa. O un joyero. ¿Has traído las perlas y los diamantes? Seguro que tienes algunos.

—¿Por qué dices eso?— preguntó Sora con voz temblorosa.

—No sé de dónde vienes, Sora. Pero pobre no eres.

—Resulta extraño que hablemos con tanta franqueza, ¿no? -dijo ella ocultando el rostro detrás de su cabello—. Apenas hace una hora que nos conocemos.

—Qué no te extrañe. La verdad es que la gente siempre viene a mí con sus problemas. En especial cuando estoy en el bar.

—Bueno… soy especial— hizo una pausa —. Yo no te he contado los míos.

—Un poco sí. Está claro que no sabes elegir a tus novios. ¿Por qué huyes? ¿Eres de las que no acepta un «no» por respuesta?

—¿Podríamos cambiar de tema, por favor— suplicó ella.

—Está bien. — Yamato fijó su vista en el pastel completo que no había sido probado —No estás a dieta, ¿verdad?

—¡Yamato! Pero si me comí los emparedados.

—Pues ahora cómete los pasteles. No pienso tirarlos.

—Está bien— dijo tomando uno de los pasteles —. Eres peor que un padre— añadió maliciosamente.

—¿El de hermano mayor? Me siento como un viejo a tu lado.

—¿Qué edad tienes?

—Hace mucho que dejé de ser joven…

—Dime…

—Tengo treinta y dos, Sora.

Ella sonrió satisfecha.

—¿Te gustaría ir a dar una vuelta?

Sora negó.

—No, creo que ya fue suficiente. Viaje mucho y por ahora quiero descansar.

Yamato maldició por debajo

—Y yo que tenía ganas de ver si el nombre de tu tarjeta coincide con el que me diste –añadió.

—¿Cuál es tu prisa? —preguntó perpleja. —Para que sepas todo lo pago con efectivo.

—Pero, sabes que los bancos no pueden proporcionarle a nadie información privada, ¿verdad?

—La gente puede averiguar cualquier cosa si se lo propone. No debes preocuparte por mí, hermano mayor.

—Sí que debo. Al fin y al cabo eres mi vecina.

—Y eso me hace sentir mejor.

Exclamo con sinceridad. Se sentía tremendamente bien estar a su lado.

—Contéstame algo… ¿las mujeres del pueblo han intentado sacarte de tu soledad?

—¿Quién te ha dicho eso?

—¿Cómo que quien? Soy nueva aquí al único que conozco es a ti… Lo digo por que lo he visto yo. En la mirada de la gente en el mercado.

—¿Tu piensas que las mujeres se mueren por mi compañía?

—Tranquilo— sora sonrió divertida —. Solo indagaba…

—Solo te diré que toda mujer quiere a un hombre que sea bondadoso con ella y con sus hijos.

—No todas queremos eso…

—Y tu novio no respondía a esas expectativas.

—Así es -asintió ella apesadumbrada.

—Pero lo echas de menos…

—Contéstame una cosa— contraatacó Sora —. No se lo diré a nadie, ¡Vaya! Que ni conozco a nadie aquí…— respiro profundo —acaso, tu… ¿Estás casado?

—No, Sora. Nunca lo he estado— contestó Yamato mirándola fijamente.

—¿Por qué no?

—Durante muchos años viví sin saber dónde iba a estar al día siguiente. Siempre viajando.

—¿Cómo carpintero? -observó ella escéptica.

Él bufó.

—Dejemos las cosas claras. Soy carpintero.

Sora asintió, pensó por su mirada que iba desencaminada. Temió haberse sobrepasado.

—Perdona, no quería ser entrometida— dijo ella palideciendo—. Era…era solo una broma...

-¡Oye! -dijo él dándose cuenta de su reacción-. Perdona si he sido demasiado brusco. ¿Quién te ha hecho daño, Sora?

—¿Por qué te interesa saber? De verdad, todo va bien.

—Claro, por eso te has puesto a temblar. Quedaría entre nosotros. Así podría ser tu guardián para que ese novio tuyo no te localizara. Totalmente gratis. Bueno, en todo caso podrías invitarme a cenar. ¿Sabes cocinar?

—Antes creía que sí. Ahora no lo sé.

Lo dijo bajando su cabeza.

—También tu autoestima ha sufrido.

—¿Por qué lo dices?

—Eres muy inteligente. Cuando tengas más años y más seguridad, lo sabrás y serás un peligro…

Sora no entendió sus últimas palabras, pero ya no quiso indagar más por el momento solo quería ir a su casa a descansar…

.-.-.-.-.-.-.

—Espero que podamos ser amigos.— dijo Sora una vez que habían llegado hasta su casa.

—¿Sólo esperas? Está decidido. Yo seré el hermano mayor y tú, Sora, mi vecina. Ése es el primer paso para ser grandes amigos. Los dos vivimos a la defensiva. Y te regalaré una silla y un escritorio que tengo en casa que te iría muy bien en tu hogar, sobre todo para que tomes ese pasatiempo tuyo, ese de diseñar.

-¿Los has hecho tú?

-Sí.

Sora pestañeó sorprendida.

—¡Wow! Yamato no sé que decir, muchas gracias…

—Sora, son solo un regalo de bienvenida a tu nueva casa.

—¡Oh! No puedo aceptarlo— dijo conmovida por su generosidad.

—Claro que puedes— hizo una pausa—. Espera aquí, iré por ellos.

—¡YAMATO! — gritó su nombre haciéndolo volverse.

—Dime.

—¿Por qué eres tan bueno conmigo?— su corazón le latía a toda velocidad.

Él se acercó hasta donde estaba ella.

—Me gusta echar una mano. Además, lo he pasado muy bien. Estaba empezando a aburrirme aquí –dijo con una sonrisa irresistible.

Ambos rieron.

—Me facilitas mucho el cambio. En verdad…Muchas gracias.

Sin poderlo evitar, Yamato le acarició la mejilla con el dorso de la mano.

—Te lo dije— susurró —. Ahora estás segura…

Se miraron a los ojos.

Y no sabían por qué, pero parecía que el aire entre ellos iba a estallar…

-.-.-.-.-

¡MUCHAS GRACIAS POR SUS REVIEWS!

Me llenaron de buenísima energía y estoy cargando pilas para no quedarles mal en nada.

Obviamente planeo ir lento, aunque tampoco planeo que este fic rebase los 10 capítulos. Me gustaría que la relación de ambos se vaya forjando poco a poco, iniciando como una amistad para después transformarse en una relación pasional.

Como pudimos ver en esta segunda entrega Yamato también tiene motivos para esconderse o huir, pero le comenzará a resultar muy difícil mantenerse alejado de Sora…

No diré más...

¿Nos leemos?

Regálame un Review que en verdad muero de amor…

.

IreneFl: Muchas gracias a ti por tomarte unos minutos de tu precioso tiempo para escribirme, la verdad es que no estaba segura en si subirlo o no, pero después de leerte créeme que estoy más que animada para darle continuidad a este fic. Te mando un enorme abrazo.

Ana Maria: Que bonito volvernos a encontrar por aquí, ¡Claro que si! Regrese y con mucho Sorato. Te entiendo a la perfección, demasiada escases de Soratos, pero aquí estoy yo, a mi paso lento pero seguro. De hecho tengo como 4 escritos sin publicar de diferentes temáticas, debido a que estuve fuera un tiempo por cuestiones laborales y me sobraba tiempo para escribir, sin embargo, ningún proyecto se concluyó más que este. Espero y poder terminarlo y que sea de tu agrado. Cualquier aclaración o consejo es más que bienvenido. Te mando un abrazo enorme y muchas gracias por leerme.

Lin Lu Lo Li: ¡Gracias por tu review! Te mando un enorme abrazo y espero y sigamos leyendo.