Disclaimer: Naruto no me pertenece, es creación de Masashi Kishimoto.
Nota: Universo Alterno.
"No quieres ser como yo"
I Parte
Capítulo 2: De comida china, gorras ridículas y cabello extravagante.
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Sakura podía jurar que el apartamento de Sasuke duplicaba el tamaño de su casa en Bristol.
Y no solo bastaba con ello, el barrio donde él vivía parecía tranquilo; a pesar de ya haber oscurecido, los postes seguían alumbrando las calles, y los negocios de comida parecían seguros e higiénicos. Muy diferente a Bristol, la ciudad de Bath era el otro lado de la moneda. Sasuke vivía en un apartamento, uno demasiado grande para ser considerado uno. Chocó su nariz contra su espalda cuando este se detuvo a abrir la puerta. Entró y ojeó superficialmente el lugar, para no incomodarlo; notó colillas de cigarro sobre el cenicero de la mesa pequeña de la sala, había algunas prendas esparcidas en los sillones y algunas sillas; ubicó tres puertas, una abierta que podía ser la cocina. De inmediato ubicó un lugar donde dormir, pero esperó a que Sasuke le indicara qué debía hacer. Por alguna extraña razón se sentía más segura en esa casa que en la suya, se sintió terriblemente mal.
—Voy a entrar a mi habitación. No molestes, no hagas ruido —pronunció él, ingresando a una de las habitaciones.
Sakura lo vio desaparecer por la tercera habitación (contando de derecha a izquierda), dejando su casaca de cuero en el brazo del sofá. Pensó en descansar en aquel mueble, pero este tenía algunas prendas esparcidas; negó con la cabeza, no podía pensar en comodidades. Se dirigió a la esquina entre la sala y la cocina, pegó sus rodillas a su mentón e intentó dormir, sobándose el tobillo.
El sueño no tardó en llegar, el estrés tomó su cuerpo y adormeció todos sus músculos, por más cansados que estos se encontraban.
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Se quitó el polo azul y lo aventó a uno de los cajones semiabiertos de su cómoda. Se colocó una camiseta y un pantalón negro, se echó sobre la cama, tomó su celular y observó en la pantalla que recién eran las ocho de la noche.
Torció la boca recordando todo lo que había pasado en tan pocas horas. A pesar que tenía bastante tiempo metido en ese mundo, disparar aún creaba un peso extra en su consciencia.
Su visita a aquel suburbio no había dado frutos, seguía sin poder hallar a Itachi, era muy bueno huyendo, como una comadreja. Para coronar el día, el destino le había regalada una rata rosa; porque diablos, odiaba su color de cabello, por si no fuera poco se cubría la cabeza con un gorro amarillo del cual le colgaban hacia atrás dos orejas largas de conejo. Llevaba una polera sucia rosado pálido sobre una blusa blanca, y una falda por debajo de la rodilla celeste, unas zapatillas blancas para rematar su estilo estrafalario. Jamás había visto tanto color junto en su vida, sus ojos verdes, su corto cabello rosa imposible —¿acaso se lo teñía?— y su look salido de un cuento de hadas; todo ella era demasiado para su salud visual.
La primera impresión fue esa, esa niña era una pequeña rata rosa, escurridiza y del color que más detestaba. Entonces, si es que aquella niña solo le producía ardor a sus ojos, ¿por qué la había acogido en su casa? Volvió a torcer los labios.
Maldijo al recordar el pasado, prefería insultar a su nueva 'inquilina' que recordar su tortuoso pasado. El ruido en su estómago lo obligó a pararse y alejar los pensamientos que amenazaban con no dejarlo dormir.
Salió de su habitación y no encontró a Sakura en el sofá, como había pensado estaría allí. Prendió la luz y la vio hecha un ovillo en la esquina de la puerta de la cocina.
Se preguntó si acaso esa era una nueva estrategia para darle lástima y quedarse unos días más.
La movió con el pie y ella empezó a abrir los ojos perezosamente, cuando lo vio completamente, se levantó sin importarle el dolor en su tobillo, asustada de que haya elegido mal el lugar para dormir.
—Te vas a romper la espalda, vete a dormir en el sofá —le ordenó.
Sakura se dirigió hacia el sofá más largo y empezó a ordenar las casacas que Sasuke había dejado tiradas. Las puso a un lado dudosa, bajo la mirada del Uchiha.
—Espera, anda báñate, no vayas a ensuciar el mueble.
Ella le dirigió una enorme sonrisa y Sasuke sintió algo removerse en su interior; hambre, pensó. Sakura entró a la segunda habitación que por descarte era el baño. Se asombró de encontrar una tina grande, abrió el grifo y empezó a llenarla. Se fue quitando la ropa e hizo su gorro a un lado, lo lavó con cuidado, estaba realmente sucio y la tela era delicada. Mientras seguía rascando la suciedad del gorro, escuchó la puerta abrirse y se cubrió instintivamente, con el brazo izquierdo los senos y con la mano derecha, su zona íntima. Vio una mano aparecer y dejar una toalla sobre la ropa sucia, la mano desapareció al segundo.
Cerró la ducha y se sumergió en el agua, le dio cierto pesar y asco ver cómo el agua pasaba de transparente a turbia.
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Tomó su casaca de cuero y volvió a salir del apartamento, bajó las escaleras y caminó hacia los puestos de comida. Su cuerpo lo dirigió a la comida china y compró lo que siempre solía pedir, rutina de todos los viernes. Tomó los palillos chinos y agarró un poco de arroz con tallarines, antes de poder probarlo recordó que había visto un fideo delgado en la polera de la niña. Se levantó y pidió que le envolvieran su comida, a parte añadió otro plato para llevar.
Le sorprendió encontrar un efímero rastro de humanidad en su interior, sobre todo porque lo creía muerto.
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Sakura se encontraba trapeando el suelo de la ducha cubierta con una toalla que la tapaba por completo, incluso los hombros. Su gorro descansaba en el grifo de la ducha, algunas gotas se deslizaban por las largas orejas. Escuchó la puerta de la sala cerrarse y asomó su cabeza del baño, reconoció la figura de su salvador y respiró tranquila. Sasuke la observó por un segundo, cerró la puerta tras de sí y dejó las bolsas sobre la mesa del comedor. Lo vio entrar de nuevo a su habitación y el olor a comida china invadió sus sensibles fosas nasales, sentía que estaba en el paraíso. Su reciente instinto delincuencial le decía que rebuscara en las bolsas, se mordió el labio inferior; si sacaba un miserable pedazo de pollo, estaba segura que no se daría cuenta.
Antes de siquiera salir del baño, lo vio salir de su habitación con un bulto en sus brazos, juntó sus rodillas cuando lo vio acercarse a ella. Le aventó el bulto y ella lo cogió con un brazo, la otra mano aseguraba que no se cayera la toalla.
—Cámbiate, luego lavas tu ropa, sino seca para mañana te quedas con la polera, no me sirve.
Sakura susurró un 'gracias' y volvió a cerrar la puerta, se quitó la toalla y pasó la polera por la cabeza hasta que el largo cayó en la mitad de las rodillas; por último, volvió a ponerse su ropa interior. Llenó de nuevo la tina y dejó su ropa remojando, mezclando el agua con el único detergente del baño. Cerró la puerta con delicadeza y el olor a gloria hizo que volteara su rostro: Sasuke comía del paquete que había traído.
Caminó sin mirarlo hasta el sofá y se echó, colocando su cabeza en el brazo del mueble. Cerró los ojos intentando dormir, pero se lo impedían unos tallarines que bailaban mambo, invitándola a masticarlos. El olor era insoportablemente delicioso.
—¿No piensas comer? —escuchó, tal vez era su inconsciente. Abrió los ojos, Sasuke la estaba mirando, ¿qué era eso?, ¿miel saliendo de la boca de su salvador?
Saltó del sofá y en un segundo estaba sentada a su lado, tomando los palillos entre sus delgados y ansiosos dedos. Se metió una gran porción de arroz a la boca mientras un fideo le colgaba de los labios. Sus mejillas se inflaban con cada bocado, acompañado del sonido desesperante que hacía cuando absorbía los fideos.
Fue cuando Sasuke notó que su caja estaba medio vacía que escuchó un fuerte suspiro. A su costado, Sakura tocaba su estómago con ambas manos, una sonrisa somnolienta adornaba su pequeño rostro. Sasuke continuó comiendo, como si la niña no existiera; incluso la ignoró cuando ella se levantó y empezó a buscar algo en su cartera rosa de la cual nunca se despegaba.
—Muchas gracias, señor Uchiha; permítame pagarle la comida —le extendió algunos billetes.
Sasuke casi ríe, y lo hubiera hecho si tan solo hubiera recordado cómo hacerlo. ¿De dónde había sacado los billetes esa niña? Al parecer había acogido en su casa a una pequeña ladronzuela. Con una mano le apartó los billetes de enfrente, Sakura no lo pensó dos veces y guardó el dinero en su bolso, no podría saber si necesitaría el dinero después.
—Voy a lavar mi ropa. Muchas gracias de nuevo, señor Uchiha— pronunció, mientras hacía una leve venia.
La vio desaparecer por la puerta del baño y se concentró de nuevo en su comida. Mientras comía, pensó sino sería más fácil mandar la ropa sucia de la niña a la lavandería. Descartó la idea, lo que la niña necesitaba era una mano, no un brazo entero. Además, él se enfrentó al mundo solo, sin ayuda de nadie salió adelante, ¿por qué ella no podría hacer lo mismo?
Dejó la caja vacía sobre la mesa y se dirigió al sofá, buscando el control remoto entre los cojines. Prendió el televisor y sintonizó el noticiero de la noche, casi todas las noticas eran sobre accidentes y muertes, mostrando el dolor ajeno y alimentando el morbo de los televidentes. Cambió de canal y un documental acerca de los sicarios más buscados en Inglaterra llamó su atención. Diversos rostros pasaron por la pantalla, pero ninguno era el que buscaba. El documental acabó, y en ningún momento citaron el nombre de Itachi.
Llegó a la conclusión que Itachi era experto en esconderse, tanto así que la policía ni siquiera sabía de su existencia; después de todo, él era la 'Comadreja'.
—¿Dónde puedo dormir? —lo interrumpió una vocecita tímida.
Sasuke entendió la pregunta de la niña, se había sentado donde ella había estado descansando antes de comer. Le señaló el otro lado del sofá y de un brinco, ella se posicionó de esa parte, flexionando sus piernas para no molestarlo.
Detuvo el zapping en un partido de fútbol repetido. Pasó alrededor de media hora para que sus párpados empezaran a caerse. Antes de levantarse e irse a su cama, observó a la niña que ya se encontraba dormida. Tenía el puente de la nariz arrugado como si estuviera molesta con alguien en su sueño, sus piernas estaban tan flexionadas que su polera se subía de tal modo que dejaba a la vista el inicio de sus glúteos.
¿Acaso era otra de sus tretas para quedarse? Luego de la propuesta sexual que ella le había hecho al conocerse, podía esperar cualquier cosa de parte de ella; parecía inocente y medio tonta, pero sus palabras la contradecían. Acercó su mano para desenganchar la polera de sus rodillas y esta pudiera aflojarse para esconder su trasero.
Sasuke no contaba con que Sakura había desarrollado una habilidad para sentir el peligro aun estando dormida.
Sus ojos verdes observaron con insistencia la mano derecha intrusa. No dijo nada, pasaron algunos segundos para que ella pudiera reaccionar.
—¡Oiga! —gritó, sentándose en el sofá para poder bajar su polera—. Pensé que no era un pervertido —le dijo escandalizada.
—Y no lo soy —le contestó algo molesto—. Si tan solo aprendieras a sentarte.
Sakura se dio cuenta que había dejado a relucir su verdadero carácter, y ello no estaba en sus planes, se supone que debía comportarse como una señorita complaciente y de buenas costumbres.
Intentó relajarse, pero sus cejas no podían separarse. Más que molestia, sentía vergüenza, sus mejillas estaban ardiendo. Vio a Sasuke levantarse y dirigirse a la puerta, todos sus sentidos se alarmaron, estaba segura que la botaría por insolente.
—Discúlpeme señor Uchiha, no quise decir eso, de verdad discúlpeme, no me bote, por favor…
Sasuke la miró fríamente, sin lástima en sus ojos.
—Estoy cerrando la puerta con llave, por si se te ocurre llamar a tus amigos a venir a robar algo.
Sakura se alarmó aún más, Sasuke estaba formando en su cabeza una mala imagen de ella.
—Eso no pasará, discúlpeme de verdad, señor Uchiha —se disculpó con temor.
Resopló hastiado, estaba realmente cansado como para discutir con una niña.
—Me voy a dormir, y deja de llamarme así —le mencionó, para luego encaminarse hacia su habitación.
'Señor Uchiha' lo hacía sentir mayor, además que la hacía ver como una empleada, y él no necesitaba una. Siempre había trabajado solo y así se quedaría hasta que cumpliera con su objetivo.
—¿Solo Sasuke está bien? —le preguntó.
Él le respondió cerrando la puerta de su dormitorio, Sakura se volvió a recostar en el sofá. Había empeorado todo, después de esto, Sasuke no debía querer volver a verla jamás en su vida.
Intentó pensar en algo, pero su cerebro no colaboraba en lo absoluto. Los constantes pestañeos cesaron, dando paso a un sueño pesado y profundo, donde los malos recuerdos no la dejaban en paz.
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El sonido de una llave moverse la logró despertar. Desde la muerte de sus padres, sus sentidos se habían agudizado sorprendentemente. Abrió los ojos con pereza, sin levantarse del mueble.
—Ya pasó un día, cuando regrese espero no verte aquí —avisó Sasuke mientras avanzaba hacia la puerta—. Si robas algo me enteraré, Sakura, te buscaré hasta encontrarte y haré que pagues; no con dinero, sino con tu vida.
Sakura supo que no bromeaba, aun así, eso no fue lo que más le asustó, sino el hecho de que no la quería ver más en su casa. Acusarlo de pervertido no había sido la idea más grandiosa que se le había ocurrido en su vida.
Debía hacer algo. La sala, para su mala suerte, no estaba tan sucia. Se paró y botó la caja que Sasuke había dejado sobre la mesa la noche anterior y listo, la sala estaba en completo orden. Resopló con desesperación, la única habitación que no había revisado era su dormitorio. Se dirigió hacia la puerta y no la pudo abrir, estaba con seguro.
Llevó sus dos manos hacia la cabeza y masajeó su sien, esperando que alguna buena idea hiciera su aparición. Observó el sofá donde había descansado, una parte de este se encontraba descosido. Era lo único que podía hacer. Salió dejando la puerta semiabierta y cruzó la pista para comprar hilo y aguja.
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Ya era tarde y Sasuke aún no regresaba, ella tampoco había terminado con la labor de coser el forro del sofá. Aun así, si regresaba Sasuke a esa hora, seguro la vería en mitad de la labor; se daría cuenta que ella le podía ser útil y la invitaría a quedarse el tiempo que ella quisiera.
«¿En qué diablos estás pensando? Ponte a coser».
La aguja se le escapó de los dedos cuando escuchó la puerta abrirse con brusquedad.
Sasuke entraba manchando el suelo de la sala con su propia sangre. Sostenía su hombro por donde salía el líquido rojo vivo, mientras se recostaba sobre la pared con la respiración agitada.
—¡Sasuke! ¡¿Qué te ocurrió?! —Se acercó a él, alarmada.
Él no dijo nada, como siempre, pero su rostro se deformaba en muecas de dolor. No sabía por qué, pero los ojos le picaban y estaba segura que las lágrimas se le saldrían en cuestión de segundos.
Sus pequeñas manos temblaban sin saber qué hacer. Quería tocarlo para ver la gravedad de su herida, pero Sasuke era demasiado arisco para dejarse. Tragó saliva y sacó fuerza para parar sus lágrimas, aunque no entendiera muy bien la razón de estas; es decir, recién lo acababa de conocer, ¿por qué llorar por un desconocido? Tal vez por el shock, o por su extrema sensibilidad, o porque no tiene a nadie más a quien acudir.
Tomó la mano con la que apretaba su hombro e intentó retirársela, Sasuke la empujó con su otra mano.
—Déjame ver, quiero ayudarte —insistió, a lo que Sasuke respondió con una mirada despectiva.
—Lárgate. —Llegó a pronunciar con dificultad, hasta hablar le dolía.
Sakura dio un paso atrás, mientras veía cómo Sasuke seguía quejándose del dolor.
—Entonces llamaré una ambulancia —le dijo, mientras sus ojos intentaban buscar un teléfono en la casa.
—¡No! —le respondió rápidamente—. No llames a nadie, nos meterás en problemas.
Sakura reparó en las consecuencias que hubiera producido su arrebato: Sasuke podía ser acusado de retener a una menor en su casa y a ella la mandarían al orfanato.
Pero él… Sasuke se estaba desangrando. Sakura tembló ante el asomo de la muerte.
—Entonces déjame ver, Sasuke. Yo era muy buena con los primeros auxilios en mi colegio. Déjame intentarlo —habló con seguridad.
La vio tan pequeña y segura de sí misma que si no hubiera estado en ese estado, le hubiera respondido burlándose de ella. Para ser una niña, sus ojos verdes demostraban mucha determinación. Dejó caer su mano y reprimió un grito de dolor, dejándose a cargo de la pequeña de cabellos rosas.
Sakura vio la herida y se dio cuenta que esta era muy profunda, como si le hubieran clavado un puñal allí. ¿Acaso era por ella? ¿La estaban buscando? Bueno, Sasuke no era el tipo más ejemplar del mundo, tenía toda la pinta de meterse en problemas; pudieron haberlo atacado porque él mismo se lo buscó.
No era una herida superficial como las que estaba acostumbrada a curar en su escuela, era algo mucho más grave, todo un reto para ella. Un reto que estaba dispuesta a tomar.
—No te muevas por favor, iré al baño por el botiquín. —Corrió de inmediato.
Sasuke no podía creer que su salud -y puede que su vida- dependiera de esa espalda tan frágil.
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N/A: Ya era hora de un poco de Sasusaku. Como ven, no hay romance, recién se están conociendo. En resumen: Sakura necesita probarle a Sasuke que necesita de ella.
Muchas gracias a quienes comentan la historia. A quienes no pude responder: sakurahime25 (muchas gracias por seguir mis historias, lloro ;-; Lamento la tardanza :)), Fernanda (adk muchas gracias, aquí está la continuación), Leslie (es larguísimo, bueno para lo que tengo pensado, son dos partes, ya verás :) Muchas gracias por escribir).
Esta historia es la única que tengo donde los capítulos superan las 3000 palabras, es por eso que pido me tengan paciencia (Chavo mode on); además tengo muchas historias por actualizar (quién me manda a escribir historias cuando no concluya una ;-;). En fin, disculpa de antemano si tardo en actualizar.
Un beso a los que leen, dos a los que comentan (?)
:B
