Bueno, después de tiempo aquí está la conti. Agradezco a todos aquellos y aquellas que dejaron un comentario, lo agregaron a favoritos y lo siguen, en verdad :,3. Sin más por el momento, espero que lo disfruten.

...

Capítulo 2 Los rumores de Kikyo

Pasaban las horas y ni Kagome ni los demás veían el momento en que shion despertara de su letargo. Si bien Miroku ya les había explicado que el mismo chico les había dicho que no se preocuparan por eso porque era algo natural y a lo que debía adaptarse, ni Sango ni Kagome querían dejarlo solo por miedo a que algo le ocurriera.

Fuera de la cabaña Inuyasha maldecía su suerte, primera vez que aceptaba algo como lo que le propuso ese chico y ahora iban a retrasarse por una nimiedad (como él la pensaba) como esa. Pero todo eso tenía su lado positivo, así tenía más tiempo para pensar en cómo hacer para que los demás terminen por echaran del grupo.

—Tampoco debo de ser extremista—se dijo después de darse cuenta de que tampoco quería dejarlos para siempre, en especial cuando solo quería saber si Kikyo se encontraba bien—porque ellos me necesitan—terminó dándose aires de grandeza.

La fiebre de Shion no aminoraba ni un poco y Kagome ya estaba cansada de ir tanto al lago cercano por agua ahora que había permitido a Sango y Miroku dormir un poco.

Miro el cuenco nuevamente vacío y suspiro con pesar, levantándose con trabajo del suelo.

—Tengo que ir por más…—murmuró tomando el cántaro y saliendo de la choza.

Inuyasha había encontrado el momento perfecto para llevar a cabo el plan, Kagome sola y sin una Sango que lo amenazara con su boomerang.

Se hizo el desentendido subiendo a un árbol que Kagome tendría que ver quiera o no.

—Inuyasha…—susurró por lo bajo al verlo sobre el árbol. Por un momento el corazón de Inuyasha se encogió al escuchar el tono amortiguado de las palabras de Kagome.

Un sonoro Abajo se escuchó por todo el pequeño valle asustando a unas inocentes avecitas que solo querían descansar sus alas de tanto volar. Inuyasha a penas y tenía fuerzas para levantarse.

— ¡¿Pero qué te sucede?!—explotó una vez que estuvo de pie. Se arrepintió al momento cuando vio las lágrimas aflorar de nuevo en los ojos chocolate de Kagome. Oh no, la hizo llorar, de nuevo.

— ¡Eres un idiota Inuyasha! ¡Me tenías muy preocupada!—explotó está vez ella agitando el cántaro con mucha fuerza, casi tirándolo al suelo.

—Yo…—y justo cuando iba a disculparse y que todo volviera a la normalidad, recordó súbitamente que tenía que hacerla enfadar precisamente a ella de los demás—escuché los rumores de Kikyo y fui a buscarla ya que ustedes al parecer están muy entretenidos cuidando de esos debiluchos.

Soltó sabiendo el peso de sus palabras, más cuando vio el rostro de Kagome contraerse en una mueca de tristeza, una mueca de tristeza que le desagradaba en lo profundo, pero más que eso, la odiaba por haberla causado él, no quería lastimarla porque él la amab…un momento, ¿él la amaba? No, de seguro que su mente seguía confundida por todas las estupideces y verborrea que le aventó el tal Shion la otra noche.

Kagome guardó silencio un momento bajando su rostro, deseando tener la fuerza de arrojarle el cántaro en la cabezota al idiota de Inuyasha, pero simplemente no podía y no quería ni saber por qué.

—Creo que va al…

—Es suficiente—murmuró quedo Kagome con la vista clavada al suelo, deseaba más que aventarle el cántaro a Inuyasha no haberse dado cuenta de que jamás podría dejar de amar a Inuyasha, y lo que era peor que él jamás podría quererla de esa manera tan intensa, no tenía pesando compartirlo con Kikyo.

— ¿Cómo has dicho?—preguntó Inuyasha acercándose más.

—Dije que es suficiente, que no quiero escuchar a dónde va esa mujer, que no quiero saber por dónde quieres ir a buscarla, que no quiero saber cuántas almas inocentes más a hurtado, que no quiero saber cómo te desvives por ella, que no quiero saber que la amas tanto como para dejar de lado a las personas que en todo este tiempo te hemos apoyado ¡Que no quiero saber nada que venga de ella!

Un silencio sepulcral invadió el lugar, las manos hechas puño de Kagome en verdad hacían que sus uñas se clavaran en sus palmas, el cántaro vacío y roto en el suelo hecho añicos, pero lo que era peor, todo se había roto.

—Tú…no—murmuró entrecortado Inuyasha retrocediendo unos pasos. Soportaba y poco le interesaba que aquel niñato dijera todas aquellas irreverencias hacía Kikyo, que Sango no la soportara, que Miroku se dirigiera a ella en una fría cortesía, incluso el desprecio silencioso de Shippo y Kirara, pero lo que nunca espero y ni esperaba tener que intentar soportar era el que Kagome le dijera todo lo malo que opina de Kikyo y él, de cómo se sentía cada vez que no estaba con ella y lo estaba con Kikyo, sabiendo que si antes no dijo nada fue precisamente por él, pero que ahora ya no podía seguir guardándose algo como eso y al fin había terminado esa misma vuelta por el mismo lugar.

Si quería una excusa para irse ya la tenía, si quería que le tuvieran algo de coraje para ellos mismos correrlo por algún tiempo también, aunque temía que ese tiempo fuera permanente.

1

Lentamente fue despertando, sintiéndose más ligero que de costumbre, estando mucho más delgado que la última vez que se había puesto ese haori.

De pronto todo pasó rápidamente como un flash frente a él sintiéndose mareado por la cantidad de sucesos desagradables, terribles e injustos.

—Al fin despiertas—la voz de Sango lo recibió con calidez—comenzaba a creer que dormirías una eternidad, como tú eres…—no terminó su oración pensando que quizás Shion se molestaría, pero realmente el chico aún no había reparado en las palabras de Sango, estaba concentrado queriendo recordar cuánto había dormido.

— ¿Cuánto llevó dormido?—preguntó impasible.

—Dos semanas.

— ¿Tanto?—no tenía de qué sorprenderse, si al fin y al cabo había algunas representaciones que duraban años en despertar, algunos rumoreaban que incluso siglos, otros simplemente nunca despertaban y volvían a ser polvo, por eso debería de dar gracias de haberse despertado.

Fuera como fuera, las cosas no habían cambiado ni un poco, ni mucho menos su decisión de encontrar a Kikyo y hacerla que le devolviera su fragmento de alma a Toru, eso era todo.

— ¿Dónde está la señorita Kagome?—preguntó al fin cuando sintió más lucida su mente.

—Ha ido por algo de agua al rio, no debería de tardar tanto—y tras esas palabras se sumieron en un silencio grato, donde Sango quitaba el último paño húmedo de la frente de Shion y esperaba ansiosa el regreso de Kagome, al fin y al cabo, por más medio inmortal que fuera el niño no podían dejarlo sufrir.

Kagome entró a los pocos minutos, siendo apenas vista como un manchón verde que pasó como rayo frente a ellos, recargando sus manos en las hornillas como aguantando arcadas, y de las fuertes.

— ¿Qué sucede Kagome?—notó el tono sumamente preocupado de Sango al ver el rostro inundado en lágrimas de Kagome, que inútilmente intentaba quitarlas con el dorso de su manga de una forma brusca irritándose la piel solamente.

—Nada Sango, todo está bien…solo…solo no quiero volver a ver nunca más a Inuyasha—apenas y alcanzó a escuchar eso y su mente se disparó en él dándole el consejo a Inuyasha de hacer algo para que lo echaran del grupo y pudiera viajar solo, ahora sentía algo parecido al arrepentimiento.

Sango no preguntó nada más, no porque no quisiera o le molestara la incertidumbre, sino porque Kagome estaba bastante sensible como para recordar las canalladas del idiota de Inuyasha en ese momento, quizás más tarde.

Shion no perdió el tiempo y se levantó de inmediato, aguantando estoicamente el mareo que le recorrió de pies a cabeza, para no preocupar más a las mujeres. Se puso sus sandalias y ajustó su haori, resolviéndose en que esa noche, sin duda, tenían que partir de una buena vez, ya había pasado demasiado tiempo.

—Joven Shion, al parecer Toru lleva una buena recuperación, todavía está débil y seguirá así a menos que recupere del todo su alma, ha despertado cuando mucho unas tres veces de lo que van las últimas dos semanas, pero no ha durado mucho tiempo así, solo come y vuelve a dormir—al parecer el monje Miroku tenía algún extraño don para leer el pensamiento o él era demasiado obvio, o quizás ambas cosas, en todo caso un chispa de esperanza se encendió dentro de él al saber que Toru no iba a morir, así que su resolución de regresarle el restante de su alma creció como espuma.

—Muchas gracias monje Miroku, ahora si me lo permite, iré al rio a lavarme—informó acercándose a la puerta.

Miroku le mostró una enigmática sonrisa, como la de un padre que sabe lo que estas planeando en ese momento, que sabe que si beberás sake a pesar de que le acabas de decir que no.

—Vaya con cuidado, joven Shion—dijo adentrándose a la choza.

Quizás Miroku presintiera lo que sus pensamientos maquinaban, el plan elaborado para encontrar a la sacerdotisa muerta y traer de vuelta el alma del pequeño Toru, y quizás esa pequeña y a la vez gran ayuda fuera suficiente como para ya no preocuparse tanto por haber conspirado para que hirieran a la señorita Kagome, en verdad no tenía nada en contra de ella.

Llegó al rio y los primero que hiso fue lavarse completamente, dejando ropa limpia en la orilla junto con la que acababa de quitarse, salió y se vistió rápidamente y pensando en el mejor punto de la noche para poder partir, donde no estaba tan oscuro pero tampoco tan claro.

—Oye, enclenque, he cumplido con mi parte, has la tuya—le dijo Inuyasha desde lo alto de un árbol. Shion no se inmutó, después de todo, él era toda esa área y sabía perfectamente quien pisaba sus suelos.

—Esta noche, medio demonio, partiremos en nuestra búsqueda, espero que estés preparado—le dijo sin inmutarse, recogiendo sus cosas del suelo, preparándose para volver.

— ¿En qué momento?—preguntó de vuelta Inuyasha, molesto al haber sido llamado medio demonio.

—Cuando la luna alcance su punto más alto en el cielo, a media noche—anunció, retirándose.

Inuyasha se quedó ahí, sentado sobre la rama del árbol, pensando en todo el tiempo que había estado esperando para poder buscar a Kikyo, de asegurarse de que estuviera bien, pero una parte de él, quizás toda, no acababa de sentirse intranquilo, no por Kikyo, sino por otra cosa que lo desconcertaba. Debería estar feliz, muriéndose de la felicidad, pero lo único que hiso hasta el momento acordado para partir fue pensar en cómo tendría que llevar el hecho de no ver a Kagome en más de lo que pudiera recordar. Entonces cayó en la cuenta de que lo que estaba sintiendo en ese momento era nostalgia y anhelo, anhelo por ver a alguien a quien había lastimado, por deber quizás, pero eso era algo que no estaba dispuesto a admitir.

2

Dejó listo su envoltorio de provisiones, ropa y cosas necesarias para el viaje. Se ajustó el haori extra que se había puesto encima para esa noche fresca, reafirmó el amarre de sus sandalias y se puso ese molesto sombrero de paja sobre su cabellera castaña. Fue hasta la puerta con el menor ruido posible.

—Tengan cuidado, joven Shion, el camino es peligroso y difícil de llevar, además, su compañero es alguien totalmente inusual, intente llevarse bien con él—Miroku estaba sentado al pie de la ventana, con los ojos cerrados y sobresaltando a Shion que debió de haber visto venir aquello.

—Lo tendré, gracias, su excelencia—dio una reverencia y salió de la cabaña.

—Joven Shion, tome esto, estoy seguro de que en el camino les hará falta—le entregó en la unos cuantos pergaminos sagrados—no dude en poner todas sus esperanzas en ellos—dio como último consejo.

Shion asintió y avanzó bosque adentro, atento a cada movimiento y señal en todo el lugar.

—Andando—dijo un manchón rojo que pasó a su lado sin más. La voz de Inuyasha sonaba diferente, como dolida y a la vez emocionada, estaba seguro de que eran ambas, pero no terminaba de entender muy bien todo el significado.

Caminaron en silencio durante un buen rato, casi hasta el amanecer, más bien Shion caminaba e Inuyasha saltaba de rama en rama bostezando de vez en cuando, igual que la joven aldea.

Llegaron a un campo de girasoles, con sus cabeza gachas semi apuntando hacia el inicio del sol. Era un buen lugar para descansar después de todo lo recorrido.

Inuyasha desapareció entre los árboles mientras Shion rebuscaba en su pequeño equipaje el recipiente con agua. Volvió unos minutos después con ramas secas para la fogata.

-Tostaremos SEMILLAS ad prima Shion se ve totalmente irritada uno de Inuyasha.

—No voy a comer semillas, no soy ninguna clase de gusano—ladró Inuyasha molesto, cruzándose de brazos. Miroku tenía razón con la actitud de Inuyasha.

—No hay otra cosa para estas horas de la mañana, y aunque intentáramos cazar algo a estas horas están durmiendo—rebatió Shion zanjando ahí la conversación, al menos por su parte porque Inuyasha siguió quejándose que comer semillas era para gusanos.

Shion esperó un poco y tendió una manta en el suelo, preparado para dormir después de negociar con Inuyasha "tú dormirás en el día mientras que yo lo hago por la noche, lo digo por tus instintos más desarrollados" le había dicho.

Inuyasha lo vio quedarse dormido hasta que pudo él mismo recostarse en una rama y pensar con tranquilidad cuanto echaba de menos las comidas de Kagome, mentira cuando decía que sabía horrible, realmente le sabían a gloria, pero por alguna razón que no quería entender siempre prefirió guardarse sus elogios. Que distinto le resultaba ahora, ver a un desconocido dormir y velar su sueño, compartir el mismo aire, y no pudo evitar volver a echar de menos la compañía de los chicos, de Sango, de Miroku, de Shippo, de Kirara, pero en especial, la presencia de Kagome, porque la presencia de ella, con sólo sentirla cerca, lo hacía sentirse lo mejor sobre la faz de la tierra.

'Pero qué tonterías Estoy pensando en darse un DIJO bofetada al aire, porque era él, porque no podía aceptarlo como Gente normal, Kagome quería más de lo que él está Mismo imaginaba, y ESO llegaba a frustrar una de las más .

Cuando el sol despuntaba el medio día decidió que era hora de despertar a Shion, así que con una ramita comenzó a picotearlo lentamente.

—Hey, despierta, debemos seguir y no pienso ser más considerado con esto—dijo refiriéndose a la forma tan extraña de despertarlo—anda que si no te volcare un cuenco gigante de agua—nomás decir aquello Shion ya estaba parado, más rígido que un poste—vaya, de haber sabido eso lo hubiera dicho desde el principio.

—Debes de tener más respeto para con tus mayores—dijo Shion e Inuyasha estalló en carcajadas—no le hallo lo gracioso—espetó Shion molesto.

— ¿Mis mayores? Pero si tú apenas y llegas a los quince años—se mofó despectivo Inuyasha, comparando su estatura con la de Shion—además, yo soy un medio demonio, tengo más años que los que aparento—dijo con una sonrisa torcida.

—No sé si lo habrás escuchado cuando se lo comuniqué al monje, pero yo soy la aldea y tengo más de trescientos años, así que el mayor en este lugar soy yo—dijo inflando su pecho con orgullo, un acto meramente infantil, pero a pesar de todo, si mente todavía funcionaba como la de un niño.

—Entonces era cierto…—murmuró Inuyasha, sin creérselo ¿de qué más se había perdido en su momento de rabieta?

—Olvidemos el asunto, mocoso, tenemos camino que recorrer, a menos que tu inútil trasero no resista el viaje—dijo Inuyasha avanzando primero, sin esperar siquiera a que Shion recogiera sus cosas.

—Deja de llamarme mocoso, insolente—fue todo lo que rebatió Shion, porque no podía decirle más, porque Inuyasha era el único medio seguro que tenía para llegar a la sacerdotisa Kikyo y que esta le regresara el fragmento del alma de Toru.

Faltaba poco para la siguiente aldea, quizás llegarían al atardecer cuando mucho, y así fue. Primero hiso que Inuyasha se pusiera unas sandalias y soltara la parte inferior de su hakama, se colocara el sombrero de paja que hasta el momento él había estado usando y que no mostrara su rostro o cabello, tampoco sus manos, porque en aquella aldea les temían terriblemente a los demonios y despreciaban a los medios demonios por considerarlos una abominación.

—Joven Shion, que gusto tenerlo de vuelta por aquí—le dijo el anciano, jefe de Sora, la aldea, una muchacha verdaderamente alegre y asustadiza, justo como su entorno—me temo que Sora ha tenido una de sus crisis nerviosas y todavía no está disponible—se lamentó el anciano y Shion tuvo que reprimir la risa que por momentos lo quería invadir.

—Siento mucho lo de Sora, anciano Takeshi, pero la verdad es que he venido por otro asunto—dijo acomodándose mejor en su almohadón, volteando a ver a Inuyasha de reojo, recargado en la entrada de la cabaña, aguardando sin levantar el rostro.

—Oh, entonces te escucho—el anciano le pasó una taza con té humeante.

—Voy a ser directo, la aldea Shion ha sido…exterminada casi en su totalidad—vio el rostro pasmado del anciano, quizás y fue demasiado precipitado soltarle algo así por su avanzada edad—si aún sigo vivo es por un único habitante que sobrevivió a la masacre y unos improvisados huéspedes. A lo que quiero llegar es a solicitar su ayuda para brindarme una información necesaria para poder salvar a Toru, el sobreviviente.

—Adelante, y si sé algo te lo diré—ofreció el anciano, Shion asintió.

—La aldea en sí no fue destruida ni sus habitantes descuartizados o algún otro horror. Sino que sus almas fueron hurtadas por una magia procedente de una sacerdotisa errante que necesita de ellas para poder mantenerse en este mundo.

— ¿Estás hablándome de la sacerdotisa Kikyo?—preguntó el anciano abriendo sus ojos en horror, Shion asintió vehemente—joven Shion, tengo noticias de ella, algunos de mis hombres la vieron hace dos días cerca del rio Mizu, rondando sus aguas, desde ese día el rio no ha podido ser cruzado, y por estos lugares ese es el único camino para poder salir, justo estábamos pensando en solicitar su ayuda para crear un puente y volver a conectarnos con el exterior, pero ahora…

—No se preocupe, lo que sí es alarmante es el hecho de que el rio sea impasable, lo que me hace pensar que lo hiso a propósito para dejarnos encerrados, como ese juego del gato y el ratón, contra la espada y la pared.

—Pero que horror—chilló el anciano— ¿acaso esa mujer no tiene corazón? ¿Cómo pudo hacer eso?—graznó alarmado el anciano.

—Es sólo una suposición, pero en caso de ser cierta tendríamos que actuar de inmediato, no tenemos idea de cuáles sean sus planes, pero sean los que sean la detendremos, no volverá a tomar una vida más—dictó Shion molesto.

Más que nada eso parecía una afirmación, una amenaza, una profecía, un juramente, a Inuyasha le puso la piel de gallina, no por él, sino por Kikyo, Shion había dicho que no la lastimaría, sólo quería el alma de Toru de vuelta pero ¿y si sus intenciones realmente eran lastimarla, él que podría hacer? No estaba seguro a la respuesta a esa pregunta, pero no dejaría que nada le sucediera a Kikyo, porque se lo había prometido, se iría con ella en cuanto todo eso acabara. Todavía no terminaban con Naraku, lo que significaba que le quedaba tiempo para encontrarla, pero temía que las acusaciones de Shion fueran mentira, que las acciones de Kikyo tuvieran otro significado demasiado distante del que predijo Shion.

— ¿Shion…eres tú?—con pasos temerosos la silueta de una jovencita se dejó desde el otro cuarto, preguntando por la aldea con una voz dulce y temblorosa.

Salió en cuanto vio que se trataba de Shion y se arrojó a sus brazos, literalmente.

Inuyasha ya no se sintió tan extraño con su color de cabello y ojos, esa chica realmente más extraña que él en ese aspecto, su cabello era de un color negro azulados así como sus ojos acuamarina.

—Representan el agua que rodea estas zonas, los ríos que rodean la aldea y la prosperidad de la aldea—le dijo Shion a Inuyasha después de que el anciano los invitara a quedarse esa noche—nosotras las aldeas representamos las costumbres y forma de ser de nuestro pueblo en nuestro carácter, forma de ser y tratar a los demás, por ejemplo Sora, la aldea Takegawa es muy supersticiosa y temerosa de extranjeros y cosas nuevas, eso se ve reflejado en la personalidad miedosa de Sora, su timidez para adaptarse a cosas nuevas o a personas nuevas.

— ¿Cómo era tú aldea?—preguntó Inuyasha como quien no quiere la cosa. Shion se quedó medio minuto en silencio.

—Mi aldea mantenía las tradiciones y el respeto, era muy unida y no les gustaban los encuentros bélicos, muy conservadora pero sin límites para probar cosas nuevas, esa era mi aldea—remarcó bastante lo último, quizás olvidó decir que en su aldea la mayoría eran muy rencorosos, o demasiado engreídos, pero quería honrar la memoria de su pueblo caído con adjetivos positivos que resaltaran sus mejores características.

—Por eso es que nunca contestas normal ¿verdad?—retó Inuyasha, sin embargo Shion ni se inmutó.

—Exacto, así que si me disculpas voy a dormir que descanses—Inuyasha bufo acomodándose en la pared más cercana, dispuesto a mantenerse con un ojo cerrado y el otro abierto.