Nota: Hola a todos los que lean este fic que solían leerlo la primera vez que lo publique, notaran que quizá este sea el más cambiado de todos los capítulos, prácticamente lo reescribí. Por otra parte me disculpo por unos problemas ya corregidos en el capítulo 1, el próximo capítulo lo publicare el martes o el miércoles de la próxima semana, siguiendo la regla de publicar cada 8 o 9dias, sin más que decir, disfruten, y comenten, ¿qué opinan?, pues a todos nos gusta que nos dejen reviews, recuerdenlo.

LAS CONFESIONES DE CUBONE

Cambio

La verdad no estaba muy seguro de que hacer, pero si sabía que era lo que deseaba, que alguien me tratara con cariño y tener a alguien con quien jugar, que cuidara, alguien que se dignara a tratarme bien y que no me ignorase. Pero un humano para eso, esa idea me causaba dudas, habían muchas cosas sobre ellos que yo aun no sabía, pues eran seres que no había tenido la oportunidad de ver más de 2 veces, además las cosas que sabía y que oía sobre humanos llevaban siempre a la misma conclusión, es cuestión de suerte, pues nunca sabes con que te toparas. Los humanos eran complicados en extremos, pues hasta donde sabia, habían humanos que asesinaban pokemons solo por el gusto de verlos sufrir, muchos de ellos eran pura perversión, desalmada, y por lo tanto deplorable, pero aun así habían humanos buenos, que estaban dispuestos a hacer algo bueno por los demás, y por los pokemons.

La verdad, no se veían muy a menudo humanos cerca de donde yo vivía, y con los días de nuevo fui perdiendo el interés en los humanos, y me concentre en hacerme fuerte, si lograba evolucionar el dolor se acabaría, y todo eso. Pero a medida que el invierno comenzaba, la comida desaparecía, y las noches se hacían más frías, y más me lamentaba, las reglas dicen que si no llegas a ser suficientemente fuerte, puedes morir, los humanos lo bautizaron como "selección natural", y la verdad me aterraba pensar que, al parecer el invierno era una de las mayores causas de muerte en crías de tipos tierra, en donde yo vivía no caía nieve, pero durante las mañanas había escarcha en el suelo húmedo, y durante las noches podías ver tu aliento, los días eran frio y ligeramente sobrios, y el frio me hacia anhelar algo tibio contra que acurrucarme, y también me hubiese gustado subir más mi peso, pues la verdad llegaban a pasar hasta 3 días entre ocasiones en las cuales encontraba comida, y eso me estaba debilitando. Quería comida y quería calor. Un día me debilite por una pelea, un fruto seco que cayó al piso hizo que yo y un Machop nos enfrentáramos, y él me venció. Me quede en el piso, arriesgándome a ser presa de depredadores, estaba mal, muy mal, no había comido en 5 días, y la verdad, creo que podía sentir mis huesos a través de la piel, al final me levante, me acerque a un estanque y bebí, el agua fresca me ayudo a recuperarme un poco, me había alejado mucho del lugar donde vivía, me adentre demasiado en el bosque, pero aun así sabía dónde estaba, me sentía adolorido, hambriento, con frio, y cansado, la verdad no quería moverme, pero tenía que hacer algo, estaba cerca de ese lugar al que llamaban "túnel roca", donde habían humanos, comencé a imaginarme en los brazos de una niña humana acurrucado y con comida, pero llegue a un punto en el cual me imaginaba tranquilo dentro de una de esas pokebolas, donde no hacia frio, y de hecho estaría bien, pues para que un pokemon este fuerte para una batalla tiene que comer, así que mi entrenador hipotético me daría comida, y me alejaría del frio, no era fuerte como para pelear, ni tampoco era bonito, pues, ni siquiera entre pokemons era bonito, así que tampoco me querían por eso, pero quizá, con algo de suerte alguien me vería como un pokemon valioso, estaba algo desesperado y la verdad hasta ya comenzaba a ver mi propia muerte, mi carne pudriéndose, siendo comida por los pokemons insecto y carroñeros, y luego mis huesos serian parte de la colección de algun Marowack que los encontrase. No tenía nada que perder, con lo que me quedaba de fuerza, camine en dirección al túnel roca, en un momento pensé en lo que me había dicho aquel pokemon, que mi vida cambiaria antes de que terminase el invierno, era hora de ver si era verdad, me esperaba un destino exactamente igual al común de mi especie, la muerte, o algo más.

La verdad cuando llegue a un claro, ya estaba punto de dormirme del cansancio, me sentía agobiado, había un aroma extraño en el aire, y ruido lejano, aun faltaba algo de 2 o quizá 3 horas para el atardecer, y recién me di cuenta que había cometido un error en la dirección, no me acerque al túnel roca, me acerque a un pueblo humano, me dio igual me aproxime, con suerte, alguien se apiadaría de mi mal aspecto. Ya no era bosque, era una zona llana, pero con rocas que caían desde la montaña, ya estaba en mi limite, cuando tropecé en una pendiente, no muy pronunciado, pero me raspe parte del cuerpo, mi piel era dura, pero la falta de alimento la hizo frágil, mi herida era superficial, pero ardía, y era amplia, en mis pata, y en el costado, vi algo de sangre, por todo lo anterior y eso creí que era mi fin, cerré los ojos, quería morir dormido, así no sufriría, comencé a temblar, estaba algo asustado, escuché pasos, eran pasos de algun bípedo, escuche un gruñido humano leve, abrí los ojos, y vi una figura humana, me aterre, pues con los humanos no se podía estar seguro, trate de levantarme, pero apenas pude sostener el peso de mi cabeza un rato, el humano puso su mano sobre mí, luche un poco.

- tranquilo, tranquilo, voy a ayudarte – me dijo, era la voz de un macho, probablemente muy joven.

No confiaba, pero no luche, ya no tenía fuerzas, y de cierto modo su mano tibia me calmo. Una vez que me quede quieto, ese humano me cargo entre sus brazos, su ropa estaba fría, pero aun así me abrigo con su brazos, y salió corriendo, ni siquiera le vi bien la cara, cerré los ojos, estaba comenzando a sentirme más caliente, estaba cansado así que termine inconsciente.

Cuando abrí los ojos, ya no tenía frio, mi hueso estaba a mi lado, estaba oscuro, y yo estaba dentro de una caja, abrigado con una bufanda humana tejida, no sabía qué era eso, pero estaba a gusto al menos ya no tenía frio. Me movía o mejor dicho la caja de cartón se movía constantemente, un humano me llevaba caminando en una caja, me quede quieto, aun no me encontraba bien, y cuando se abrió la caja pude ver por fin a ese humano, el que logro salvarme, era joven, aun me parecía una cría, adolescente creo que es la mejor palabra para describirlo, recio, de pelo negro largo y picudo, ojos marrones, su ropa era oscura, trato de tomarme y le di un golpecito con mi hueso, aun estaba asustado.

- lo siento, tranquilo, está bien, te daré comida – dijo ese humano, puso la mano a su bolsillo y de una envoltura plástica saco una barra de cereal, me la dio, era comida humana, una golosina, yo nunca había visto algo parecido, la olfatee, olía dulce, ligeramente a bayas, y me la comí. Recién con algo en el estomago me fije a mi alrededor, era una estructura humana, una casa, no hacia frio.

Escuche pasos por el pasillo, y apareció un hombre adulto, pero estaba envejecido, de pelo blanco, a decir verdad me sorprendió, el envejecimiento en humanos era exagerado, pero su apariencia no me importaba, los humanos siempre me parecieron ¿Cómo decirlo? feos, calvos, con mechones de pelo, y esas narices raras. Su ropa, creo yo, los hace más agradables a la vista, aunque aprendí a diferenciar con el tiempo los rasgos que ellos consideraban bonitos en sí mismos, pero bueno, no era al final la gran cosa. Ese humano anciano se nos acerco.

- un Cubone, pobrecillo ¿Dónde lo encontraste? – le pregunto ese anciano.

- de camino al túnel roca, estaba inconsciente – dijo mi rescatador.

El viejo le dio un golpecito en la cabeza.

- no seas tonto, no le des comida chatarra, dale vayas o comida pokemon – le regaño levemente el anciano.

- perdón abuelo, pero se nota que no ha comido en un tiempo – se disculpo mi rescatador diciéndome quien era ese anciano.

- no puedes liberarlo, está herido, pero no creo que tu papá te deje conservarlo después de lo que paso con Houndour, puede quedarse aquí, pero solo hasta que el clima mejore, y más vale que no te encariñes, los Cubone usan en su cabeza, el cráneo de su madre difunta, que muere cuando ellos nacen, están solos y lloran mucho, si se encariñan con un humano, el dolor de la perdida disminuye y luego no lo quieren dejar, y no creo que debas conservarlo – dijo el hombre viejo.

Eso me dejo confundido, los humanos creían que el cráneo de mi cabeza era de mi mamá, pero en realidad mi madre estaba viva, solo que me había abandonado, probablemente en ese momento estaba con mi padre, en una cueva, sin ningún remordimiento de haberme abandonado a mi suerte a penas nací; y el cráneo era de un hermano mío que nunca llego a abrir los ojos siquiera, quizá ni siquiera tubo ojos, un hermano que murió sin más para que yo pudiera vivir, un hermano que en realidad seria el único que no me abandonaría, los humanos estaban en un error. Pero el resto de lo que dijo ese anciano no me gusto tampoco, no me podía quedar, por algo que le pasó a algun ser que yo no conocía, eso no permitiría que el padre de mi rescatador me permitiera quedarme, pero el viejo me acogería hasta el clima mejorase, luego de eso, tendría que darme media vuelta y volver. Eso no me gustaba.

- No me parece – dijo mi rescatador poniendo una expresión de disconformidad.

- Ya sabes que tu abuela odia los pokemons, y ella regresara de ese crucero para la primavera, no puede quedarse más tiempo, así que no te encariñes, yo no lo haré – dijo el abuelo de mi rescatador de un modo tajante.

La verdad no era como me lo había imaginado, con los humanos era como jugar a ruleta rusa, claro que entonces no tenía idea de que era la ruleta rusa. Por un lado, al parecer no era bienvenido en esa casa, pero aun así me albergarían por un tiempo, "nada ha cambiado" pensé en ese momento, recordando la profecía de ese pokemon, que ahora sé, se llama Xatu, incluso creo que lo dije en voz alta, pero claro, los humanos no me entendían. Pues si bien me darían comida y un lugar cálido para dormir, ya podía presentir el tipo de trato que iba a darme el anciano, pero la verdad estaba algo equivocado con respecto a los porqués. Por otra parte mi rescatador, era más cálido, algo más burdo, y falto de conocimientos, pero sin duda más noble y amable, era inmaduro, aunque creo que me estoy adelantando un poco.

Me llevo a una cochera, donde en lugar de tener un auto había cosas amontonadas en cajas, dejando espacio libre. Me acomodo en un rincón, y se puso a tratar mis heridas, lo hacía con paciencia, y me sorprendió, realmente sabía lo que hacía, la verdad, lo mordí cuando me puso algo que ardía, pero me sonrió de modo descarado.

- oye, yo solo trato de ayudarte – me dijo, luego me mostro indiferencia, ese humano me resultaba interesante – sabes pequeño, sé que no debo encariñarme, pero supongo que no sabes lo que sucede, y debo explicarte, yo sé que los pokemons entienden – me dijo sentándose a mi altura, la verdad aun estaba nervioso, pero me calme – Para comenzar, me llamo Franco, ese hombre con cara de pasa, es mi abuelo materno, se llama David, la verdad es estricto, y parece molesto, pero es buena persona, y me ha apoyado mucho, mi abuela en cambio es odiosa, creo que ella arruino a mi madre, no le gustan los pokemons por eso no debe saber que estuviste aquí, y bueno sobre mí, no soy mala persona, pero he hecho cosas de las que me arrepiento, aun no soy entrenador, pero antes solía tener un Houndour, es una larga historia, pero por mi culpa ahora debe estar sufriendo, me lo arrebataron, y bueno, mi papá cree que antes de volver a tener un pokemon, necesito madurar, y calmarme, soy un desastre en muchos aspectos, de cualquier modo, me gustan mucho los pokemons, y aunque no pueda quedarme contigo y tú seas un pokemon solitario, puedes contar conmigo – me dijo.

Luego su abuelo lo llamo, y Franco se fue. Me acurruque en mi nueva cama, ya había comido, mis heridas estaban curadas, y no hacía más frio, en muchos aspectos estaba a salvo, y aunque no tenía mucha fe en ese hogar humano me dormí y a decir verdad estuve a gusto.

Al día siguiente, el ruido de pisadas me despertó, David entro, y puso sin mirarme un plato de comida y agua, y dejo la puerta de la cochera abierta. Comí y me fui a recostar al sol, ya había comido, y la verdad no tenía idea de que hacer, ese humano no me hablaba, me preguntaba donde estaba Franco, pero una vez que me resigne a afrontar aquella situación, me dispuse a explorar la casa, veía muchas cosas de las cuales desconocía su nombre, y a decir verdad al actitud de mi anfitrión me hacia desistir del deseo de tocarlas, mi desconocimiento termino convirtiéndose en asombro, los humanos eran más complicados de lo que pensaba, así que era fácil entretenerse mirándolos.

La verdad poniendo atención a las conversaciones humanas llegue a aprender mucho, los nombres de los múltiples objetos que ellos habían creado, pero bueno. Franco iba una vez al días a verme, temprano en la mañana y con mucha prisa, a veces dejándome golosinas, y revisando velozmente como sanaban mis heridas, si por alguna razón, no venía en la mañana, venía en la tarde, en esas ocasiones solía dedicarme más tiempo, con el pretexto de revisar mis heridas y ver si estaba listo para ser liberado, Franco me agradaba, de hecho en cierto punto deje que me cargara, y a escondidas de David, solía rascarme la espalda, algo que era extrañamente agradable, también a ratos solía sentarse a hablarme de muchas cosas, principalmente sobre su vida, y ahí fu cuando me di cuenta de que en realidad el humano joven que me salvo, no mentía cuando decía que era un desastre, pero de cierto modo, a veces me sentía identificado con él, no ´se, pero le tenía empatía, como sí mediante lo que él sufría, podía entenderme, algo que me era muy extraño.

El padre de Franco, se llamaba Carlos, al parecer era un buen hombre y como su hijo, adoraba a los pokemons, aunque claro, nunca se convirtió en entrenador, La madre de Franco, bueno, nunca llegue a saber su nombre, pero si Franco no se refería a ella como su madre, la llamaba "la idiota esa" o "jodida vieja" entre otros, al parecer la odiaba, siempre usaba términos muy ofensivos para hablar de ella. Hasta donde entendía, Franco tenía un hermano y una hermana, que eran mayores que él, y no llevaba bien con ellos. Si bien los humanos son cuidados por sus padres hasta que son adultos, en ese caso la madre de Franco, después de separase de Carlos, al parecer dejo de cuidar a su hijo, y por esto Franco la odiaba, pero sus hermanos mayores ya eran adultos así que ignoraron esto, por eso Franco solo tenía a su padre, desde el divorcio, al parecer su abuela también comenzó a tratarlo mal, por lo tanto solo tenía a su abuelo y padre. Pero apartando esas historias, él me preocupaba, era muy inquieto, no podía quedarse quieto, y sí tenía que, movía los pies, las manos, se mordía las uñas, eso no me parecía normal y a medida que más entendía a los humanos más me daba cuenta de lo extraño y preocupante de este comportamiento. Pero a pesar de eso yo veía algo de valor en ese humano, pues al igual que yo, solo intentaba hacer algo para dejar de sentirse como estaba.

Con el pasar del tiempo supe que era una escuela, un lugar donde los humanos jóvenes eran instruidos para que en un futuro, y después de seguir estudiando pudieran trabajar, tenían que ir 5 días de la semana, y quedarse casi toda la mañana, Franco me visitaba antes o después de la escuela, los días que no iba a la escuela, se quedaba largas horas conmigo. Franco me enseño a jugar con una pelota, y también me enseño a abrir envolturas de golosinas. A pesar de la prohibición de su abuelo, él se estaba encariñando conmigo, y yo también con él, ese humano, fue mi primer amigo.

Recuerdo un día, Franco llego con migo, y a escondidas de su abuelo, se sentó a mi lado, traía una bolsa de bayas frescas, puso un puñado a mi plato, y el también empezó a comerlas.

- sabes Cubone, hay una chica en mi clase, que es muy linda, era tímida con todos, y me gustaba bastante, desde inicios de año, nunca me atrevía hablarle, las chicas con las que se junta son odiosas, sobre todo una de ellas, que es una mierda, se hace la graciosa con todos, pero es el ser más hipócrita de este mundo, esa tipa me llama "emotic" dice que soy un puto emo, y para colmo se burla de cómo muevo los pies y las manos, de ahí el "tic" – estaba hablando molesto, él solo usaba palabras ofensivas cuando lo estaba, a pesar de que hablaba con calma – nadie nunca se burlo de eso, la puta esa se fija en las personas hasta encontrar algo con que burlarse, pero qué más da, es solo una idiota, y bien, su amiga no parecía ser como ella, y antes de ayer, el profesor nos mando a hacer trabajos en parejas, ella fue mi pareja, la chica que me gustaba, y bien tuve la oportunidad de hablarle, y ella me sonrió, me trato bien, fue linda conmigo, hablamos bastante, ayer me envió un mensaje de texto, preguntaba que hacía y nos pusimos a conversar, y hoy, voy a la escuela, llegue temprano, y la vi a ella con su amiga idiota, y me di cuenta, todo cae en su lugar, la gente de mierda termina con gente de mierda, y esa chica que fue linda conmigo, hablaba mal de mí con su amiga, diciendo que estaba acosándola, que estaba arrastrándome por el suelo por ella, que soy un asco, que soy aburrido, que mi música es basura, maldita puta – dijo, yo me acerqué con algo de miedo, estaba realmente enojado, entonces sonrió – le dan miedo los Cubone, cree que son feos por su cráneo, pero no, la verdad mí me gusta cómo te ves Cubone, y es genial que a pesar de lo que sufriste, sigas luchando, cuando te rescate, nunca te diste por vencido, además, puedo confiar en ti, porque mientras yo sea bueno contigo, tu serás bueno con migo – dijo Franco rascándome la espalda con suavidad, entonces vi que de molesto paso a triste, la verdad no entendía muy bien la decepción, nunca nadie me decepciono en la vida, por el simple hecho de estar solo, pero podía entender aquello hasta cierto punto, estaba molesto porque lo habían engañado, alguien que él pensó, podía darle afecto, en realidad se burlaba de él, eso era cruel, pues fingió estar dispuesta a darle afecto a Franco, a pesar de considerarlo de lo peor. Esa humana, me pareció un ser repulsivo.

Franco, suspiro.

- sabes que es lo peor, yo no soy emo, y creo que esas idiotas no saben lo que es un emo – se puso a decir y ladee la cabeza, yo tampoco sabía lo que era un emo – yo soy solo yo, no soy punk, no soy metalero, creo que soy algo rockero, pero no toco ni la pandereta, así que no estoy seguro, además, mi música no es basura, la de ellas sí, bandas pop de plástico con chicos lindos que seguro son maricas, y claro, reto a cualquiera de esos cantantes de baladas a tocar el solo de guitarra de cualquier canción que yo escucho, no podrían – se puso a decir más animado de la nada, casi gritando, eso me espanto.

Franco me cargo de improviso, y me sostuvo a la altura de su cabeza sonriendo me forma rara, yo le di un golpe con mi hueso en la cabeza.

- lo siento Cubone, perdón, pero quiero enseñarte algo, no me juzgues, creí que estabas de acuerdo con migo, aunque seguro no entendiste ni la mitad de lo que dije – dijo bajándome con suavidad, y era cierto, entendí muy poco.

Saco ese aparato llamado celular, lo encendió, y se pudo a toquetear la pantalla hasta que al parecer encontró lo que buscaba.

- escucha esto, y a ver qué te parece – dijo, yo me quede desconcertado, entonces comencé a escucharlo.

La música humana y su variedad no terminaban de convencerme, la música no era algo humano, pues los pokemons hacíamos música mucho antes que los humanos, o eso tenía entendido, de hecho, algunos ataques no eran más que forma especiales de usar el sonido, la música humana no me llamo la atención, hasta ese día.

El sonido que escuche se parecía al rugido de algun pokemon molesto, pero era rítmico, muy veloz, desgarrador, complejo, pero era genial, creo haber hecho un gesto de celebración, ese sonido vibraba dentro de mi cráneo, y eso me daba una sensación de cosquilleo, que era agradable, y por alguna razón me puse a mover la cabeza de adelante hacia atrás.

- nunca había visto a un pokemon hacer head-banding ¿seguro que no eres liberado o estás perdido? – dijo primero con asombro y luego con duda.

Yo lo mire con desconcierto.

- olvídalo, solo que me sorprendió, los humanos hacemos lo mismo cuando escuchamos esa clase de música – dijo él – sabes en unos días regresa la abuela y ella no permitirá que te quedes, pero yo quiero que te quedes, a menos que no quieras – dijo él algo decaído, supongo que considero la posibilidad de que quisiera volver a estar en libertad.

Yo me acerque a él y apoye la cabeza contras sus rodillas.

- bien amigo, no sé cómo, pero no tu serás mi compañero – me dijo con cariño.

Poco después de eso se fue, aun tenía muchas dudas sobre las cosas que él me decía, algunas bastante tontas como ¿qué era un emo? ¿Que era pop de plástico? ¿Por qué se refería las personas como excremento cuando estas eran desagradables?, y otras más importantes como ¿qué fue lo que paso con ese tal Houndour? ¿De qué se arrepentía Franco? ¿Por qué no podía quedarse quieto? A decir verdad estaba con la cabeza bastante revuelta por esas cuestiones tontas e importantes. En ese momento, me di cuenta de algo importante, la abuela de Franco llegaría cuando el invierno acabase, y Franco ya me había prometido que seriamos compañeros, a diferencia de cómo iban las cosas hasta ese entonces, en realidad ese si era un cambio, y uno grande, realmente la profecía de ese Xatu se hizo realidad, lo cual me abrió grandes dudas, entonces aquello llamado destino si existía.