08/09/2009

Muchas gracias por vuestros comentarios, de verdad, me encanta recibirlos y saber qué pensáis de la historia.

Sólo una cosita más. Al subir los archivos, la página se 'come' los espacios en blanco que indican un cambio en la escena o en el tiempo. Ahora estoy sustituyendo esos espacios en blanco por ooOoo, ¿vale?


2

A la mañana siguiente, muy temprano, llamaron por teléfono.

–¿Sí?

–Hola.

–¿Cómo? –no podía creerlo–. Sasuke, ¿eres tú?

–Sí, perdona que te llame tan tarde.

A Naruto le costó un poco reaccionar. No esperaba esa llamada.

–No importa. Por cierto, ¿cómo que 'tan tarde'? Si son las... –miró el reloj– las siete y cuarto.

–¿En serio? Bueno, es que yo voy a acostarme ahora. Acabo de llegar. En realidad no sabía la hora que era. ¿Te he despertado?

Naruto sonrió para sí. Se dio cuenta de que Sasuke había estado bebiendo y le resultaba gracioso.

–No pasa nada.

–Verás, al entrar he visto el teléfono y, antes de que pudiera fijarme en la hora que era, ya estaba marcando el botón de rellamada. La verdad es que quería hablar contigo. Lo de ayer tarde fue un poco extraño, ¿no crees?

–Sí –"¿un poco extraño? ¡Qué va!" ¿Sólo porque no había dejado de pensar en un completo desconocido o tal vez porque desde que había escuchado ese 'hola' su corazón parecía haber comenzado una huelga a la japonesa?

–Bueno, pero no estuvo mal.

–No –lo dejaba hablar divertido. Le hubiera gustado ver la expresión de su cara, sus ojos negros vencidos por el sueño…

–Oye, ¿tú siempre duermes por la noche?

–Claro.

–Pues yo no lo veo tan claro.

–¿A qué viene eso? ¿Qué quieres decir?

–Que no sé por qué hay que dormir a una cierta hora por obligación.

–Pero nadie te obliga a hacerlo.

–¿Tú crees? ¿Entonces, por qué la gente llama sinvergüenzas a los que trasnochan? ¿Por qué está tan mal visto?

–No tengo ni idea, Sasuke –sus argumentos eran casi tan extraños como él mismo.

Escuchó un suspiro derrotado del otro lado de la línea y deseó por un momento estar allí con él.

–Pues yo tampoco. La noche es increíble, me… me hubiese gustado pasarla contigo.

Naruto se sonrojó. El tono de aquellas palabras… No era sólo eso. La voz de Sasuke le enredaba, le atraería incluso si estuviese recitando la tabla de multiplicar. Y eso le hacía sentir pesado, con una especie de resaca en su cabeza que no le dejaba pensar en nada que no fuera…

Soltó de golpe todo el aire que tenía en los pulmones. ¿Cuándo había dejado de respirar? Sasuke… ¿A quién quería engañar? En su mente, todas las palabras que le había dicho chocaban entre sí y él sólo quería que esos labios se las dijeran directamente al oído.

–¿Siempre eres así? –se obligó a sí mismo a no dejarse embaucar tan fácilmente.

–¿Cómo?

–No sé. ¿Siempre haces preguntas que dan dolor de cabeza?

–¿Te duele la cabeza?

–Aún no, pero como sigas así podría empezar a dolerme de un momento a otro.

–Pues te tomas una pastillita y listo.

Reaccionó. Entornó los ojos y arrugó la nariz, aguantando la opresión de un corazón que parecía quererse parar.

–Eso ha sido un golpe bajo, muy bajo.

Naruto colgó el teléfono y se volvió a echar sobre la cama. "Pues te tomas una pastillita y listo". ¿Cómo se atrevía a decirle eso? Normalmente le irritaba la gente así. Si no hubiera sido él, lo habría mandado a la mierda. Pero, ¿por qué no a él?

Se acurrucó un poco más en la cama e intentó que se le pasara el mosqueo. Allí se estaba muy bien, todo calentito. Era un crimen levantarse para ir a clase y, de todas formas, no iba a aprender nada interesante. Tan sólo pasaría el rato delante del profesor pensando en... lo más probable es que pensara en Sasuke.

.

ooOoo

.

Cuando se despertó de nuevo, miró el reloj. Eran las once y cuarto. Entonces se dio cuenta de lo extraño que podía ser el tiempo. Una hora es la misma en todos los relojes, es decir, es la misma cantidad de tiempo para todos. Sin embargo, podía parecer eterna si lo que estabas haciendo era esperar el autobús, por ejemplo; y podía parecer un segundo cuando hacías algo como dormir, como cuando aprovechas esos 'cinco minutitos más' en la cama y lo único que haces es cerrar y abrir los ojos y ya han pasado. Todo un misterio.

A las once y media decidió que ya había pasado demasiado tiempo acostado. Se levantó y se dirigió al cuarto de baño. Hoy tenía mejor aspecto que ayer. Le había sentado bien dormir. O quizá lo que le había sentado bien había sido hablar con alguien, con Sasuke.

Pensó que aún le daba tiempo de ir a dos clases: Historia y Filosofía. Entonces le vino a la cabeza la idea del 'eterno retorno', de Nietzsche y le gustó la idea de vivir de modo que no te importe que cada momento se repita eternamente.

Decidió no ir a clase.

Se vistió y salió a la calle. Le apetecía un helado de tarta de queso, uno enorme.

.

ooOoo

.

Cuando volvió a su casa, escuchó el teléfono desde la puerta y abrió a toda prisa.

–¿Sí?

–¿Dónde estabas? Llevo media hora llamando –no era un reproche, no sonaba como un reproche, sino como algo dicho con simple curiosidad.

–En la calle.

–¿No has ido al colegio?

–No, y no voy al colegio.

–¿No? ¿Y qué haces?

–¿Qué más te da? –"¿al colegio? A la guardería, no te jode".

–Vamos, dímelo.

"¡No, mierda, otra vez esa voz encantadora de serpientes!"

–Oye, no creas que se me ha olvidado la llamadita de esta mañana, ¿eh? –contra todo pronóstico, logró resistir, aunque para ello tuviese que morderse la lengua, literalmente.

Sasuke no contestó.

–¿Sasuke?

–Sí. Lo siento.

–De acuerdo –se sintió un poco culpable por la forma reprocharle aquello e intentó seguir con la conversación–. ¿Tú no estudias?

–Bueno, sí, acabo de empezar en la universidad, pero no le hago demasiado caso. Es importante saber distinguir las ideas interesantes de las pajas mentales de algunos profesores.

Naruto se rió.

–Vaya, tienes una risa preciosa, Naruto.

–Naruto… –repitió su propio nombre en un susurro como un idiota. ¿Por qué le había sonado tan bien?

–¿Te molesta que te llame así, por el nombre?

–No sé. No, más bien es lo contrario –el rubor volvió a sus mejillas.

El silencio se apoderó de la conversación. Sasuke lo rompió, una vez más.

–Escucha esto: 'A veces es como si no hubiera cielo, como si no hubiera suelo. Nada alrededor. Bajando despacio por una escalera de peldaños inexistentes de cristal azul. Y en el centro, yo. Solo en medio de todo. Solo en medio de nada. Sólo la nada.'

–¿Lo has escrito tú?

–Sí, es mío. Se suelen escribir muchas cosas cuando estás colocado. Es una mierda.

–Pues a mí me gusta.

–¿Te gustan las gilipolleces sensibleras?

–No.

–Bien, el romanticismo es una trola inventada por los vendedores de rosas. ¡Mierda!

–¿Qué te pasa?

–Me he quemado.

–¿Qué estás haciendo?

–¿Tú qué crees? Se me acaba de caer una china en la pierna.

–Vale.

–¿Tú fumas porros?

–No.

–¿Nunca?

–Bueno, sí, los he probado, pero no, no fumo normalmente.

–Ya, pero tomas pastillas.

–No –"No me digas eso, por favor".

–Perdona, Naruto, pero te tengo que dejar. Acaban de llegar unos amigos.

Naruto oyó una voz de mujer y unas botellas o vasos de cristal antes de que Sasuke colgara del todo.

Ahora tenía que esperar a que volviera a llamar si quería hablar con él de nuevo, y esa situación lo sacaba de quicio. Sobre todo, porque le hubiera gustado seguir con esa conversación. No sabía por qué, pero le gustaba hablar con ese chico. Tal vez fuera su voz, o tal vez los silencios entre frases, pero el caso es que se quedaba sin respiración cada vez que sonaba el teléfono. Sasuke era diferente, especial, eso lo había descubierto nada más oír su voz, y él no conocía a mucha gente así. "Más que especial, lo que es, es raro", se dijo a sí mismo mientras se desplomaba sobre el sofá. "Ojalá no volviera a llamar", y se sonrió a sí mismo por la incoherencia de sus pensamientos. Entonces notó algo mojado a su lado; la tarrina de helado que había comprado se estaba empezando a derretir. Se levantó y fue a la cocina para coger una cuchara. Volvió al sillón y se sentó con la tarrina sobre las piernas. "Tarde de cine", pensó mientras sacaba el mando de debajo del cojín y ponía el dvd.

.

ooOoo

.

Cuando se despertó, la película ya había terminado y la televisión se había apagado sola. El poco helado que quedaba se había convertido en batido. Cogió la cuchara y empezó a remover aquello. En ese instante sonó el teléfono.

–¿Sí?

–¿Naruto?

–Hola –su voz sonó tan aburrida como el hecho de remover helado derretido con una cuchara.

–No pareces muy contento de escucharme.

–Ya, es que me acabo de despertar.

–Sí, será eso... Te llamo porque no me gustó la forma en que te colgué antes el teléfono. Fui un grosero.

–Como siempre.

–No digas eso.

–Pues no lo vuelvas a hacer –"por favor…"

–De acuerdo. ¿Estás muy enfadado?

–Si te digo la verdad, lo de antes me molestó un poco. Bueno, me molestó bastante, pero no, no estoy enfadado... al menos no mucho.

–Me alegro. Pues te llamaba sólo para eso, ahora tengo que irme. He quedado con unos amigos. Bueno, hasta luego.

–Adiós.

"Prefiero las conversaciones un poco más largas", murmuró mientras colgaba el teléfono.

Volvió a sonar.

–¿Sí?

–Es que lo he pensado mejor y no me apetece salir ahora con mis amigos. Si quieres, podemos volver a vernos e intentar que nuestro cara a cara resulte mejor que el otro día.

–¿En el Akatsuki?

–¿Qué te parece en mi casa?