Lo que un Malfoy quiere un Malfoy lo tiene

- Vez que todo tiene solución, tu y yo podemos ser mucho más que amigos- dijo el rubio tomando de entre los brazos de la castaña a su hijo acomodándolo en su regazo- podemos hacerlo, podemos ser un familia- había un extraño brillo en sus ojos al pronunciar aquellas palabras y por alguna razón Hermione tuvo que reprimir la sonrisa boba que se formo en su interior.

-¿Una familia?- pregunto analizando la idea y una imagen de ella misma del brazo del rubio, con Scorpius de la mano y una pequeña niña en brazos se hizo presente en su cabeza, definitivamente se veían bien juntos… - Draco no creo que…

- Piénsalo – dijo él y el coche se detuvo frente al Ministerio de magia- pasare por tu casa en la tarde y espero una respuesta, además me gustaría ver las ecografías de mi hija… me he perdido bastante y tengo muchas ganas de conocerla.

Ronald Weasley apareció aquella tarde frente a la puerta con un ramo de rosas, una túnica negra impecable y un pequeño paquete en el bolsillo. El sonido de sus nudillos al golpear la madera le pareció música celestial, después de unos segundos de espera la puerta se abrió y frente a él una sorprendida y desencajada Hermione retrocedió instintivamente.

- ¿Qué… que haces aquí?- pregunto titubeante; acababa de regresar del Ministerio y lo último que hubiera esperado era tener frente a ella al pelirrojo.

- Pues veras… - Ron suspiro como si se preparara para dar un largo discurso- he venido a hacer lo correcto. Cásate conmigo Hermione Granger- dijo confiado hincando una rodilla en el piso y extendiéndole con una mano la pequeña cajita abierta donde relucía un anillo.

- ¿Qué?- replicó la castaña confundida mientras el pelirrojo se enderezaba y cogía el anillo dispuesto a colocarlo en su dedo.

- Se que debería habértelo pedido antes pero bueno, cierta persona desapareció sin dejar rastros y eso dificulto un poco las cosas pero ahora que te he encontrado todo irá bien…- repuso acercando a ella con la misma expresión que usaba para convencerla cuando estaban juntos, antes del engaño, antes de que el mundo girara 360 grados y todo cambiara- Creo que la boda podría ser en la Madriguera, estoy seguro de que mis padres estarán complacidos, tendremos que vivir un tiempo allá hasta que pueda ahorrar la suficiente para comprarnos nuestra propia casa pero no te preocupes te prometo que no tardare mucho, estoy a punto de firmar un muy buen contrato con un equipo de Quidditch de Alemania…- siguió diciendo con una sonrisa en los labios como si aquello fuera lo más natural, como si de verdad ella podría aceptarlo de vuelta en su vida; ¿es que acaso pensaba que olvidaría su engaño y se lanzaría a sus brazos agradecida por el ofrecimiento? Maldito idiota… nunca… nunca podría perdonarlo. Busco en su corazón algún retazo del amor que alguna vez sintió por él y se dio cuenta de que no quedaba nada.

- De qué demonios estás hablando Ron- lo interrumpió Hermione airada, es que se había despertado en un universo paralelo o que, alguien allá arriba debía estar jugándole una muy buena broma. En otro tiempo su propuesta la hubiera hecho la mujer más feliz del mundo y ahora no podía sentir nada, le era completamente indiferente.

- Vamos Hermione no esperaras que me crea eso de que Malfoy es el padre del bebé que esperas… sabes tan bien como yo que eso no es posible, tú no me habrías engañado con ese idiota… Vamos a casarnos y criaremos juntos a nuestra hija, las cosas serán como siempre debieron ser- exclamo acercándose a ella en un intento de abrazo.

- Porque estas tan confiado, que te hace pensar que tu eres el padre de mi hija-replico Hermione roja de ira y al borde del colapso retrocediendo como bruscamente sin permitirle tocarla, es que ese cabeza hueca tenía que aparecer ahora, justo ahora que se sentía tranquila y en paz.- Tú no eres el padre de mi hija Ron- grito enfurecida.

- No lo creo, no me creo eso de que Malfoy es el padre… Hermione sabes que lo mejor que puedes hacer es casarte conmigo, yo cuidare de ti y de ella.

- Tú, !¿cuidarnos?¡… no me hagas reír; nisiqueira puedes cuidarte a ti mismo- se mofo acomodándose un mechón de cabello detrás de la oreja- No voy a casarme contigo- deletreo ella como si hablara con alguien a quien le costara entender las palabras.

- Esta bien- dijo el pelirrojo respirando agitadamente en un esfuerzo por permanecer calmado- pero esa niña es mía Hermione y no pienso permitir que Malfoy la corrompa, voy a pedir la custodia de mi hija cuando nazca… Ella no puede crecer con un mortifago, no voy a permitirlo…

- No tienes ningún derecho- grito Hermione forzándose a mantenerse calmada, el no podía quitarle a su hija, no lo permitiría –Cuantas veces tengo que decirte que mi hija no es tuya, entiéndelo.

- A mi no puedes engañarme, esa niña es mía y si no te casas conmigo nunca más volverás a verla – amenazo Ron.

La puerta que había permanecido entre abierta hasta ese momento, se abrió dando paso a una figura enlutada – Comadreja- dijo el rubio muy tranquilo- te agradecería que te marcharas de una vez, ya has alterado demasiado a mi mujer- camino hacia la castaña que estaba tenía los ojos nublados por el llanto que se forzaba a no soltar y la abrazo posesivamente- Ya no eres bien venido en esta casa y convendría que lo recordaras, ni Hermione ni yo estamos complacidos con tu presencia… vete, aquí sales sobrando.

-Maldito mortifago, esa niña es mía y…- respondió Ron con enojo.

- No sé qué te llevó a pensar algo así pero estas en un error, aquí no hay nada tuyo- dijo Draco con una mueca de autosuficiencia- Ella es mi mujer y esta es mi hija- repuso acariciando el vientre de la castaña con una mano mientras con la otra tomaba su barbilla con delicadeza – Estas bien amor, lamento el retraso… me costó mucho convencer a Scorpius de esperarnos en la mansión, se hace tarde debemos irnos ya- dijo dirigiéndose a Hermione mirándola a los ojos- ¿Entonces nos vamos? – pregunto expectante.

Hermione lo observo confundida durante un segundo y luego su mirada se clavo en el pelirrojo que flaqueaba la entrada, su expresión enfadada difícilmente tenía comparación- Por supuesto mi amor- respondió al rubio.

Ronald Weasley se quedo paralizado en la entrada de la casa mientras la pareja caminaba con los brazos entrelazados hacía un elegante automóvil y permaneció así varios minutos después de que ellos se hubieran marchado, se sentía tan vacío, había ido a aquel lugar con la certeza de que Hermione aceptaría su propuesta, de que podría recuperarla pero ahora más que nunca estaba seguro de que ella no volvería a ser suya nunca más, de que la había perdido, si es que alguna vez la había tenido.

Los niños corrían y jugaban complacidos, por momentos algunas personas se detenía a observar desconcertados a un hombre rubio vestido de forma estrafalaria que permanecía de pie frente a una mujer castaña que lucía un embarazo avanzado. - ¿Cómo es que siempre consigues llegar en el momento oportuno?- pregunto Hermione tomando asiento en una banco debajo de un árbol en medio del parque.

- Es por la conexión, nuestra hija nos une… puedo sentir cuando estás pasando por un mal momento- respondió el exslytherin con naturalidad y algo de arrogancia.

- ¿Conexión? – Pestañeo la castaña confundida- pero si…

- Vamos Hermione sabes tan bien como yo que esa niña es mi hija, puedo sentirlo. Por eso te busque, me costó bastante encontrarte, no sabía por qué deseaba tanto volverte a ver y en cuanto supe que estabas en América vine a buscarte, cuando te vi en el ascensor supe que había hecho lo correcto pero no contaba con que le idiota de Weasley te encontrara también.

- ¿Has estado buscándome?- pregunto ella mirándolo extrañada- ¿a mí? ¿Pero por qué?

- Esa noche tú estabas devastada, tenías que estarlo como sino explicas que acabaras bebiendo conmigo. Sabía que lo que paso entre los dos esa noche había sido fruto de tu ira y mi melancolía, de alguna manera acabamos juntos en aquel cuarto de hotel, ¿lo recuerdas?- sonrió con arrogancia y picardia ante la expresión sonrojada de Hermione.

- ¿Así que piensas que mi hija puede ser tuya?

- Sé que es mía- respondió el rubio sonriendo confiado acortando la distancia - Tendrás una familia, un apellido respetable, una fortuna incalculable… y a mí; que más se puede pedir.

- ¿Amor?- la palabra se había escapado de sus labios antes de que tuviera tiempo siquiera de penarla, Hermione bajo la mirada reprendiéndose mentalmente por su indiscreción.

- ¿Y quien dice que no habrá amor?- susurro Draco peligrosamente cerca de sus labios, sin darle tiempo a reaccionar tomo la cara de la castaña entre su manos y envolvió sus labios con los suyos, para su sorpresa ella le respondió.

- Papá, mamá- grito el niño corriendo hacía ellos con pasos todavía algo tambaleantes y una sonrisa inocente, la pareja se separo apresuradamente y Draco extendió los brazos hacía su hijo pero este lo rechazo y dirigió su atención hacía la castaña- Ma conta cuento- pidió el niño dando saltitos y aplaudiendo emocionado.

- ¿Un cuento? ¿Cuál te gustaría?. Pregunto Hermione al pequeño rubio.

- Dagon- pidió el niño acomodándose en su regazo. Draco observo la escena paralizado durante unos segundos, sentía una extraña calidez al ver a su hijo tan feliz y se recordó que pronto tendría una niña, Hermione lucía radiante. Una familia, una madre para mis hijos… pensó antes de unirse al relato del cuento. Quizás los dragones podían tener un final feliz…


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