*Sale de un rinconcito agitando una bandera blanca* Vale... me he restrasado... ¡gomenasai! Por lo menos este capítulo es más largo que el anterior y eso compensa, ¿no? *pone ojitos*

Disclaimer: Hetalia no es mío blablabla

De nuevo, este fic es para RozenAnn, ¡disfrútalo! 3

Espero que os guste :3


Polonia POV

Llamé al timbre por cuarta vez, completamente nervioso por lo que iba a pasar a continuación.

"Si esto no funciona – pensé –, haré que Francis me compre un poni."

Flashback

-Así que eso fue lo que pasó – concluyó Francia tras oír mi historia sobre la pasada noche con Suiza.

-Sí, he intentado hablar con él, pero cada vez que le llamo su hermana coge el teléfono y me dice que no está, de eso ya hace como una semana, tipo, no puede llevar tanto tiempo fuera.

Paseábamos sin rumbo fijo por las calles de París, disfrutando de un helado comprado en un puesto ambulante. Después de una semana de desesperación había venido a buscar ayuda al experto en amor (y otras materias) Francia.

Nos quedamos en silencio mientras Francis analizaba mis palabras, apoyados en una de las barandillas que separan el río Sena de las avenidas. Seguí degustando mi helado de frambuesa, sumido en mis pensamientos. Al cabo de un rato, miré de reojo al mayor, que chupaba con lascivia su cucurucho de nata mientras guiñaba el ojo a las señoritas y, por qué no, algunos chicos que transitaban la zona.

-¡O sea, tipo! – Le reprendí – ¡Deja de traumatizar a medio país y ayúdame!

Rió coquetamente mientras jugueteaba con mi pelo.

-Mon amour, ¿qué quieres que te diga? ¿A ti te gusta?

Le aparté con disimulo la mano de mi cabello.

-Pues, sí, ¿sabes? Al principio, pensé que era un capricho porque está súper mono cuando se enfada y es un chico muy lindo, pero todos estos días he estado pensando en él y me he dado cuenta de que no sólo me gusta… creo, que me estoy enamorando de él.

-Entonces, ¿por qué todavía no te has plantado en su casa para declararte? –soltó con simpleza, mientras mordía el barquillo de su helado.

-Es que, todo esto es como muy raro porque después de lo de Liet, nunca pensé que podría enamorarme de otra persona de esa forma. ¿Tú crees que tengo posibilidades?

-Creo que hace falta ser muy valiente para besar a Suiza – el país del amor sintió un escalofrío al recordar las numerosas veces en las que el suizo le había apuntado con un arma al pasarse de la raya. – Si alguien tiene posibilidades, ese eres tú.

No pude evitar sonrojarme un poquito al oírlo.

-Vale, pero… ¿me das algún consejo para decirle lo que siento? No soportaría otro rechazo.

-Por supuesto, has venido a ver a la persona más indicada. – sonrió ampliamente.

Fin del flashback

Salí de mi ensimismamiento al ver una cabecita rubia asomarse tímidamente por la puerta.

-Lo siento, señor, mi hermano me ha dicho que no abra a nadie mientras él esté fuera, si lo necesita puedo darle un recado de su parte cuando hable con él. – dijo Liechtenstein.

"¿Así que realmente no está?" pensé. No podía arriesgarme, debía comprobarlo por mí mismo.

-Pero no tienes de qué preocuparte, soy Polonia, amigo de tu hermano. – le tendí la mano a modo de presentación. – Estaba un poco preocupado porque la hermanita de mi compañero lleva sola en casa unos cuantos días, así que he venido a ver si todo te va bien.

Ella miró con un poco de desconfianza mi mano, pero finalmente optó por estrecharla.

-¿Es usted el chico que ha estado llamando toda esta semana?

-Esto… sí, creo que sí. – reí con nerviosismo.

Cerró la puerta de golpe, por un momento pensé que no debí haber dicho eso último, pero entonces escuché con quitaba algunos cerrojos de la puerta y la volvió a abrir.

-Pase. – dijo mientras se apartaba un poco, dejándome camino libre para entrar a la vivienda.

Seguí a la pequeña hasta un salón, dónde me indicó que tomara asiento. Me acomodé en un sofá bastante antiguo, algunos lo llamarían clásico, para mi gusto estaba anticuado.

-¿Y exactamente a dónde ha ido tu hermano?

-Tenía que resolver unos asuntos de sus bancos en Estados Unidos, pensó en llevarme con él, pero acabaría pasando mucho tiempo sola en el hotel, así que decidimos que lo mejor es que me quedara aquí.

-Pobrecilla, y ¿no te sientes un poco sola?

-Bueno… mi hermano me ha estado llamando muy a menudo… más o menos cada dos horas – murmuró eso último.

Sonreí sin saber qué más decir, algo extraño en mí, pero realmente estaba nervioso.

-¿Desea tomar algo? – me ofreció, tratando de evitar un silencio incómodo.

Los modales de esa niña me parecieron de lo más adorables, me extrañó que fuera así teniendo en cuenta el carácter de su hermano. Me imaginé que Suiza debía tener un lado tierno cuando se trataba de su hermanita.

-No, gracias, ya casi es la hora de almorzar. –le contesté, entonces se encendió una bombillita sobre mi linda cabeza. – Pero he venido aquí para ver cómo estás, por lo que hoy preparé la comida.

Aún albergaba la esperanza de que Basch estuviese en algún lugar de la casa, al menos debía comprobarlo para estar seguro.

Sin esperar respuesta, me encaminé rápidamente hacia el pasillo, donde aproveché para echar un vistazo.

Liechtenstein me siguió alarmada.

-Señor Polonia, la cocina está en aquella dirección. – dijo mientras señalaba el lado contrario al que me dirigía. – Pero no hace falta que haga nada de verdad.

-Bah, deja de llamarme de usted, me haces sentir viejo. Y no te preocupes, yo estoy súper encantado de cocinar. Dime, ¿te gusta el barszcz*?

-El… ¿qué?

-También se le llama borscht, ¿nunca lo has probado? Está realmente bueno, necesitaré remolacha, zanahoria, cebolla y o sea, laurel… mmm ¿qué más? – continué enumerando los ingredientes de la sopa mientras buscaba un delantal en los cajones de la cocina.

La rubita pareció rendirse y comenzó a sacar los ingredientes que precisaba la receta. Sonreí complaciente, sé perfectamente que cuando empiezo a hablar es muy difícil pararme.

Me dispuse a pelar y cortar la remolacha mientras Liechtenstein cortaba la cebolla. La pequeña comenzó a llorar a causa de la hortaliza.

-Anda, trae, yo las termino de trocear. – le sonreí, los ojitos hinchados de la niña eran tan tiernos.

Y entonces oímos abrirse la puerta de la entrada.

-¡Lily! Ya he vuelto.

El corazón me dio un vuelco al escuchar la voz de Basch. Parecía que al final, sí era cierto que estaba fuera.

El suizo entró a paso ligero en la cocina, quedándose boquiabierto al verme allí.

-TÚ. – bramó.

-Jeje… Yo también me alegro de verte. –reí inquieto.

-¡¿Qué le has hecho a mi hermana? – sacó su revólver de quién sabe dónde y me apuntó en la frente.

-¿Yo? O sea, tipo, no sé de qué me hablas.

-¡No me vengas con "o sea, tipo", maldito degenerado! ¡Está llorando!

-Hermanito, el señor Polonia no ha hecho nada, sólo estaba cortando cebollas.

Suiza observó la tabla en la que estaba a medio cortar la hortaliza y se relajó un poco. Tiró de mí y me dirigió fuera de la cocina.

-Tengo que habla un par de cosas con este tipo, Lily, no tardaré. – dijo antes de cerrar la puerta.

-Dame una sola razón para no volarte la cabeza ahora mismo. – exigió.

-Pues como que muchos países te odiarían por matar a alguien tan fashion como yo.

-Quizás si te mato sí, pero si sólo te hiero un poco… – sonrió maquiavélicamente – ¿Qué haces aquí?

Muchos me llaman temerario, pero nunca he tenido miedo al arma de Suiza, de algún modo sé que nunca me dispararía.

-Que yo sepa aún tienes ropa mía, me gustaría recuperarla. – improvisé.

Tras unos segundos de vacilación, Basch bajó el arma y se encaminó a su cuarto en busca de mis prendas.

Era mi oportunidad.

Le seguí hasta su dormitorio, donde cerré la puerta y le tomé por la espalda. Sin previo aviso y después de unos instantes de forcejeo me apoderé de su pistola y la lancé a la otra esquina de la habitación. Al instante, el suizo abrió la boca para dedicarme todo tipo de improperios, pero siguiendo las instrucciones de Francia, se la tapé con la mano y le empujé sobre la cama, lo suficientemente rápido como para tomarlo por sorpresa y que tardara en reaccionar.

Aún sin liberar su boca de mi mano, coloqué mis rodillas a los lados de su cadera (también sugerencia del francés). Comenzó a patalear y retorcerse bajo mi agarre, pero soy más fuerte de lo parece.

-Tenemos que hablar. – dije serio esquivando uno de sus golpes.

-Ñoj tehnguo jnafa quesh jaglar constigho. – luchó por hacerse entender bajo la opresión que ejercía mi mano, a lo que entendí un "no tengo nada que hablar contigo". Uno adquiere experiencia para comprender a gente hablar con la boca llena cuando asiste a las reuniones de cierto estadounidense.

-No voy a soltarte hasta que no me escuches, luego si quieres te dejo que me mates.

Aún con el ceño fruncido y la cara al rojo vivo (de la frustración, quizás), Suiza dejó de moverse un poco.

-A ver tipo, ¿cómo digo esto? Jejeje… - supe que con esa risilla acababa de estropear mi faceta imponente cuando Basch me insultó incoherentemente bajo mi agarre.

-Vale, vale. ¡Ya lo digo! – sentía el corazón chocar con fuerza bajo mi pecho, pero no era momento de venirse abajo por nada del mundo. – Yo… me he enamorado de ti como totalmente.

Ya lo había dicho, sentí esfumarse un enorme peso sobre mis hombros.

Suiza estaba más rojo si era posible, apartó la mirada sin saber muy bien cómo reaccionar. Liberé sus labios, sabiendo que en este instante preferiría no poder hablar.

-Tú… estás loco… -murmuró- No sabes lo que dices, no tienes ni idea.

Alzó un poco la voz al decir lo último. Me sentí molesto.

Me acerqué peligrosamente a su rostro y le miré a los ojos con firmeza.

-¿Qué no tengo ni idea? ¡Tipo, eres tú el que no se da cuenta! –Tomé su muñeca e hice que tocara mi pecho – Mira, ¿lo notas latir? ¡Late tan fuerte por ti! Te quiero, lo supe desde el momento en el que me besaste.

-¡¿Que yo te besé? Perdona, pero que yo sepa, tú eres el pervertido que me travistió aprovechando mi borrachera y a la mañana siguiente me besó.

-¡Eso no es cierto! Bueno… un poco sí… ¡pero tú me besaste primero!

-¿Qué? – su mueca de enfado se transformó en una de confusión.

-Aquella noche, en mi casa, después de vestirte –no pude evitar sonreír al recordarlo – de chica, nos reíamos, los dos. ¿Sabes?, me gusta cuando ríes. En ese momento, como que me agarraste y me diste un beso. De hecho, por si te preguntabas qué hacía sin camiseta, tú me la quitaste.

Él abrió los ojos desmesuradamente, el rostro de mi amado suizo pasó de rojo a verde.

-Mmm… pero tranquilo, no pasó nada más – dije avergonzado yo también – te quedaste como dormido en ese momento.

Volvió al color rojo. Parecía un semáforo. Le temblaba todo el cuerpo, alzó el puño, planteándose si golpearme, pero estaba demasiado confuso.

-Esto es una declaración – me levanté de la cama – te doy tiempo para pensarte una respuesta. Ahora, si no te importa, voy a huir por la ventana, no es nada personal, es que tu pistola está muy cerca y valoro mi vida. Quédate con mi ropa, la tuya no tiene estilo.

Dicho esto, abrí la ventana y salté a través de ella. Había una buena caída, pero solo me hice un poco de daño en el tobillo. Ventajas de ser un país.

"Espero que funcione" pensé.

Continuará…

* Barszcz: Borscht en polaco, es una sopa de verduras típica de varios países, como Lituania, Polonia, Rusia o Ucrania, pero cada uno lo prepara de una manera, los ingredientes que menciona Feliks son los del borscht polaco.


Eso es todo por hoy... ¿os ha gustado? ¿no? ¡Hacédmelo saber por un review!

El próximo capítulo será el último, ¡nos vemos! :D