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capítulo 2
Dressed To Kill
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—Hello, gorgeous —ronroneó amistoso el agente cuando se encontró de frente con Bonnie en la puerta de entrada de la comisaría. Enzo no pudo más que sostenerle la puerta para que ella saliera, no por caballeroso si no para verla por detrás—. Ufff… Deténgame, agente Bennett. ¡Haga lo que quiera conmigo! —bromeó entrando a trabajar.
Bonnie le sonrió, sabía que la piropeaba con cariño, el agente Enzo ya tenía un interés amoroso. Aunque, pensó con regocijo, la verdad es que iba vestida para matar, en todos los sentidos. ¡Ja! Incluso Aiden estaba parado en la acera mirándola boquiabierto la falda criminal que llevaba.
—Bon… yo no le llamaría a eso ir de incógnito exactamente —musitó Aiden, observándola detenidamente.
—No creo que a Josh le guste esa mirada —bromeó Bonnie, haciendo que su compañero riera. Aiden también iba vestido para la ocasión: vaqueros rasgados, camiseta de tirantes y una chupa de cuero. Llevaba el pelo revuelto y tenía un aspecto rudo, aunque ella seguía sin verle como a alguien peligroso.
—Y a mí no me gustará tener que cuidar de ti todo el tiempo —sonrió divertido. Está bien, las chicas puede que vistieran así en los barrios, pero de ahí a hacer patrulla con su compañera vestida así había bastante. Atraerían todas las miradas, aquello era cualquier cosa menos discreto, mierda.
—Como dijo Lincoln Child: "ya que pisas hielo fino, mejor bailar". Tenemos que jugárnosla, Aiden, hay que conseguir información como sea —comenzó a andar Bonnie—. Además, soy policía, puedo defenderme sola.
Los dos avanzaron a zancadas con un rumbo fijo. Tenían un consenso silencioso de llegar hasta la esquina del día anterior donde encontraron al sujeto Mad Kai, y si no estaba ahí lo buscarían en los barrios. La gente se apartaba ligeramente a su paso; sus miradas fijas al frente y su caminar rápido y seguro uno junto al otro, por no hablar de sus atuendos, los hacían temibles.
Caminaron en silencio, mentalizándose para lo que quisiera que pudiera pasar. Sin ser demasiado conscientes de ello fueron acelerando el paso, como si estuvieran sincronizados para llegar a Gardfield Park y nada más importara. Atravesaron varias calles, varias manzanas… Cuando entraron en la calle en que encontraron a Malachai el día anterior ninguno se detuvo, estaba claro que no estaba ahí. Atravesaron la parte norte de Wicker Park y todo el barrio Ucraniano. Se alejaron siete manzanas más y cuando ya pudieron vislumbrar la entrada a Gardfield disminuyeron sus pasos hasta detenerse en una calle poco transitada. Era pleno día y por un segundo volverían a ser agentes de la ley, sólo por un segundo.
—Escucha, Bennett: desde que entremos en el barrio iremos a distancia, separados pero sin perdernos de vista. Es más sencillo así, ya lo sabes. Así que ten cuidado, sabemos la clase de tíos que hay ahí —susurró advirtiéndole con una mirada penetrante de sus ojos grises.
—No soy imbécil, Rosza. Por cierto, por mucho que te cubras con la cazadora sé que llevas la pistola sujeta en la goma del pantalón —pronunció sin mirarle—. En cuanto vean que llevas una Glock 9mm a la espalda sabrán que eres poli.
—No voy a sacarla a no ser que sea nuestra última opción. Estaremos media hora como mucho buscando a Malachai, si para entonces no le hemos encontrado nos largamos.
—Y nuestra seguridad es lo primero. Cualquier cosa con tal de salir ilesos de aquí. Cosa difícil si nos descubren —musitó con retintín, haciendo que Aiden sonriera de medio lado—. Si preguntan me llamo Roxie, tú serás John. Vamos allá.
Bonnie comenzó a caminar, cuando Aiden se adelantó en un paso más rápido musitándole: "suerte, compañera". Quería decirle: "te cubro las espaldas si algo va mal", como buen policía que era; pero nada iría mal, Bonnie estaba segura. Sería fácil: encontrarían al chico mafioso en alguna calle con sus amigos, escucharían discretamente, se enterarían de dónde tenían secuestrado a Trevor Porter y saldrían de allí. Fin del asunto.
Una vez traspasada la entrada al barrio, las casas y las calles se volvían cada vez más sucias, resquebrajadas y peligrosas. Atravesaron varias calles y una plaza (3 camellos, 2 prostitutas, 5 pandilleros) pasando junto a un colegio (5 camellos, 13 pandilleros , 4 ladrones). Llevaban quince minutos caminando cada uno por una acera y nada, sólo habían conseguido varias miradas tanto lascivas como violentas, nada más. Siguieron andando al son de una sirena de ambulancia y gritos que venían desde varios puntos distintos.
Veinte minutos. Pasaron por una zona de casas de una sola planta con la pintura desconchada y barrotes en las ventanas. En una de las aceras entre todas las casas había un par de tiendas y un quiosco (1 camello, 5 pandilleros, 1 ladrón). Siguieron andando pero un aullido humano llegó hasta ellos; fue un quejido tan doloroso que ninguno pudo evitar redirigir sus pasos hacia el callejón desde el que había venido el gemido.
Les quedaban cinco metros para llegar, pero no podían ver qué ocurría ya que el edificio delantero les tapaba la vista. No era una gran idea meterse en una esquina apartada de la gente pero no pudieron evitarlo, incluso yendo de paisano el deber les llamaba. Llegaron a la esquina y se abalanzaron sobre el callejón, todavía separados. Un chaval estaba tirado en el suelo, a unos cien metros de ellos, con la camiseta ensangrentada y un evidente navajazo en el estómago.
Aiden dio un paso al frente, pero se detuvo cuando sintió la mano de Bonnie reteniéndole. La miró… Y supo que el sujeto estaba allí. Mierda, no podían ayudar a nadie delante de esa gente o sabrían quiénes eran.
¡Premio! Delante de Bonnie, a unos veinte metros, Mad Kai entraba en un bar con unos cuantos hombres. Todos y cada uno de ellos con un tatuaje que rezaba: "GEMINI". Separándose de Aiden como habían quedado, Bonnie caminó aparentemente tranquila hacia la puerta; se paró frente al bar y tomando aire entró al "The Other Side". Dedicando una última mirada al chico tirado sobre la acera.
Una música rítmica inundaba el local, que tenía las paredes oscuras y sin ventanas. Era un lugar estrecho y alargado, juraría que el pasillo que vislumbraba al fondo era específico para cometer ilegalidades. Mientras inspeccionaba con la mirada el bar, Aiden entró, evitando el contacto visual con ella, y Bonnie volvió a recordar por qué estaban allí. Se dio la vuelta hacia la barra y le habló al camarero.
—Un tequila —murmuró examinando el local con la mirada. Aiden se había metido por la parte del bar que giraba hacia la derecha, desapareciendo así de su vista. Probablemente allí estuviera Malachai, porque ella no lo veía por ningún lado.
—Toma, guapa —le llamó la atención el camarero, con voz rasgada—. Salgo de currar en un par de horas, si quieres…
—Gracias —casi ronroneó Bonnie, sabiendo por cómo la miraba que aquel chupito le salía gratis.
Para ser mediodía ese bar estaba bastante lleno. Las voces casi no dejaban oír la música, de hecho se habían puesto a gritar por el fondo. Cogió la bebida y, sin darle un sorbo, se dirigió hacia una mesa, esquivando varias manos que intentaban tocarla como si fuera algo público. Se acomodó en la silla y discretamente se puso a escuchar a uno de los chavales que tenía cerca.
—…que actuarán. La familia es la familia, tío, tanto la de sangre como la de los colegas.
—Que se joda. Necesita que le enseñen lo que es la lealtad.
—¡Y no hay mejor lección que la corbata colombiana! —canturreó uno de ellos soltando carcajadas y chocando las manos.
Dios… El instinto de Bonnie le pedía que saliera de ahí de inmediato, pero en cuanto vio a Mad Kai se olvidó del miedo. Estaba de pie junto a una mesa de billar, esperando que un hombre sucio y con varias cicatrices en la cara terminara su tirada. Kai se apoyaba sobre el palo de billar con una mano y con la otra fumaba un cigarrillo de liar. Volvía a vestir una camiseta de tirantes, "cómo no", bufó Bonnie al mirarla: llevaba dibujada una calavera atravesada por un zapato de tacón rojo, bajo lo que se leía "Dressed To Kill". Malachai soltó una carcajada, sostuvo el cigarrillo entre sus labios y se inclinó sobre la mesa para tirar.
—¿No bebes, morena? —la sobresaltó un chico que se había acercado a ella. Bonnie sonrió con seguridad y se tomó el chupito de golpe. Si no lo hacía sería demasiado evidente que había ido a espiar, y ahí eso tenía graves consecuencias. El chico soltó una carcajada pegajosa —Vente, te invito a lo que quieras.
"Lárgate, eso es lo que quiero", pensó Bonnie. Pero todo el mundo podía tener información allí, así que se levantó, recolocándose la escasa falda.
—¡Ven aquí, hijo de puta!
—¡Cierra la boca!
—¡Markos!
Bonnie se giró justo a tiempo para ver a Malachai avanzar hacia la parte interior del bar con el palo de billar asido como si fuera un bate de baseball. La agente Bennett se soltó del chico y se apresuró hacia el lugar de donde provenían los gritos.
—No sería agradable que te sacara los sesos por la nariz. Para ti, claro —sonreía letal Damon.
"Mierda", pensó Bonnie al ver que Aiden estaba rodeado de al menos cuatro tíos de la Gemini, Malachai entre ellos. Le daba igual que su compañero tuviera una mirada de seguridad y fiereza, como un lobo a punto de despedazar carne.
—Tranquilo, Markos, joder —gruñó uno de ellos, intentando frenar a otro empujándole hacia la pared contraria a Aiden.
El agente Rosza esbozó una sonrisa, pero él no veía lo que Bonnie: ese tal "Markos" estaba a punto de sacar una pistola. Ella tenía que actuar. YA.
Bonnie se abalanzó sobre Aiden, apartando a Malachai de un empujón, y aplastó su boca contra la de su compañero, simulando un beso lleno de hambre. Por un segundo los cuatro delincuentes se quedaron sin habla, esos segundos serían tiempo suficiente.
—Qué rico estás —ronroneó Bonnie lamiéndole los labios—. Llévame a casa, cariño.
Lo cogió de la mano y lo arrastró tras ella, como una amante extremadamente sensual; acababan de pasar delante de cuatro integrantes de la Gemini como si nada. Joder…
—Nos vemos —les guiñó un ojo Aiden, soltando una carcajada.
Atravesaron el bar en unos segundos, escuchando renacer los gritos a su espalda, y cuando ya sintieron el sol de la tarde sobre ellos, se abalanzaron hacia la salida del barrio.
—No pares de andar hasta llegar a Wicker Park —le ordenó Bonnie con la respiración ahogada, soltándole la mano.
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—Tendríais que haberle visto esta mañana cuando empezamos a patrullar —rió Bonnie señalando a Aiden con su copa—, me llamaba "Bennett" y todo.
Todos en la mesa rieron y Josh le acarició la mano a Aiden.
En cuanto Bonnie y Aiden habían llegado a comisaría, se cambiaron de ropa y desaparecieron de allí deseando que nadie se diera cuenta de dónde habían estado. Sin embargo Josh se había empeñado en quedar a tomar algo después de cenar y no habían podido aguantar el interrogatorio de Enzo y Lexi, les habían pillado al minuto.
—Un hombre profesional —bromeó Enzo con una media sonrisa.
—Os perdonamos lo del beso porque era para salvar el pellejo, que si no… —rió Davina.
—Lo que todavía no entiendo es cómo pudisteis meteros en Gardfield Park —les reprochó Lexi preocupada por ellos.
—Tranquilos que no diremos una palabra —rió Tom sosteniendo a Lexi de las manos—, que luego Forbes nos mata a todos.
—Si no nos han matado esos, no creo que Caroline… —rió Bonnie divertida.
—La verdad es que ya hacía falta alguien como Bonnie por aquí —sonrió Aiden, reconociendo la valentía de su compañera.
Todos rieron con cariño, y Enzo alzó su botellín de cerveza proponiendo un brindis.
—Por Bon Bon, porque al fin alguien se la juega para acabar con la mafia de Chicago.
—¡Oye…! —protestó levemente Lexi brindando también, al fin y al cabo ella trabajaba en Crimen Organizado y llevaba tiempo intentándolo, aunque dentro de la legalidad. Enzo le respondió con un guiño y continuó.
—Y porque hasta ahora nadie había tenido huevos de plantarle cara a la subinspectora rubita.
Todos rieron ante la broma y chocaron sus copas, llevándoselas a los labios después. Después de un duro día de trabajo Bonnie agradecía tomarse una copa de vino blanco con sus compañeros, pero en Virginia era una hora más tarde y la verdad es que se moría de sueño, además de que debía madrugar. Así es que dejó la copa sobre la mesa y se levantó de la silla, provocando la indignación de sus amigos.
—Pero, ¿dónde crees que vas, guapa? —canturreó Lexi con una sonrisa enorme.
—Lo siento, Lex, pero necesito descansar —respondió amistosa.
—Vaya, así que los de Virginia son unos blandengues —la provocó Enzo, haciéndola reír.
—Se enfrenta a la Gemini pero no es capaz de aguantar una horita de sueño —musitó Tom tomándola de la mano, incitándola a quedarse.
—¿Qué reservas para mañana, encanto? Espero que no sea arriesgar esta cara bonita de nuevo —bromeó Josh acariciando la cara de Aiden, que sonreía divertido.
El sonido tintineante de la puerta los silenció por un segundo, "salvada por la campana", pensó Bonnie con una sonrisa. El agente Oliver entró en el local con su pelo rubio revuelto como de normal y su aspecto de motero.
—¿Qué pasa? —saludó a Enzo, mientras chocaba la mano con Aiden—. Buenas, Bonnie —la saludó también, con una sonrisa, al tiempo que tomaba un trago del botellín de Lexi.
—¡Oye, tú, eso es mío! —le riñó ella aguantándose la risa.
—Vamos, Lex… Sé buena compañera —gimoteó Oliver imitando a un cachorro, haciendo que todos los agentes volvieran a reír.
—Hasta mañana, chicos. Terminad bien la noche —sonrió Bonnie acercándose a la puerta.
Una vez que sus compañeros le hicieron un gesto de despedida Bonnie salió del bar empujando la puerta. Caminó a través de la acera dirigiéndose hasta su casa, que estaba a unas siete manzanas. Andaba con una sonrisa, en ese momento con la luna llena iluminando el cielo del centro de Chicago la ciudad le parecía preciosa casi por primera vez en las dos semanas que llevaba allí. Puede que tuviera algo que ver el hecho de haberse adentrado en Gardfield Park y ahora el centro le parecía un paraíso, pero de cualquier manera tenía que admitir que ya apenas echaba de menos Virginia.
La calle estaba en una quietud apacible, sólo de vez en cuando pasaba algún coche, y Bonnie se sentía arropada bajo la seguridad de las farolas y el aire cálido de una noche de primavera. Cruzó un par de pasos de cebra y llegó a una esquina donde dormía un mendigo; siguió andando a través de la avenida junto al río, encontrándose con varias parejas apoyadas en las barandillas abrazándose. Bonnie sonrió, sí, cada vez Chicago le parecía más agradable.
De repente a Bonnie se le heló la sangre en las venas: uno de esos hombres que abrazaban a su chica era Mad Kai, y la miraba fijamente. "Tranquila", susurró para sí. Se dijo que continuar con su camino sin desviar la mirada hacia él sería lo más sensato. "¿Se dará cuenta de que soy policía?", volvió a tensarse, sobre todo porque la comisaría estaba a tan solo un par de calles de allí. Dio varios pasos más, algo acelerados, y pudo verle mejor: tenía abrazada a su cintura a la chica que había visto en la comisaría, Katerina Petrova. Kai le acariciaba el pelo con una mano, totalmente concentrado en Bonnie, y con la otra le tendía algo con disimulo. Katerina estaba esnifando de la propia mano de Mad Kai, no atinaba a acertar si era cocaína o heroína, pero esa chica estaba abrazada a él tomando su dosis cobijada en su estómago. ¿Mad Kai podía cuidar a alguien?
Bonnie se tensó como una cuerda bajo la mirada y la sonrisa cínica y agresiva de Malachai, por lo que apretó el paso y por fin se alejó de ellos. Si Mad Kai podía cuidar de alguien, o al menos acariciar su cabeza contra su regazo, ¿cómo podía amenazar a un chico con "reventarle" la cabeza con un palo de billar como a Aiden?
Se reprendió a sí misma al tiempo que atravesaba la calle: por mucho que ese chico tuviera una cara bonita y acariciara a… su chica, seguía estando cubierto por tatuajes de la mafia. La lágrima negra bajo su ojo no desaparecía, y el tatuaje de su pecho continuaba gritando: "Live and Let Die". Era un maldito delincuente y un mafioso. Bonnie sólo esperaba que Malachai no se hubiera dado cuenta de que ella era una agente; esa idea la ponía nerviosa y no rebajó el paso hasta que entró en su apartamento y por fin cerró la puerta.
gracias por leer y por los reviews con vuestra opinión,
son muy importantes.
Estad atentos, en muy poco tiempo actualizaré, ya tengo varios capítulos más casi terminados.
eos.
