Declamier: Los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi, la historia es mia.

Advertencia: OcC, Error de dedo o de ortografía.

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Capítulo dos

Hojo era un profesional respetable. Desde que era pequeño su sueño había sido convertirse en policía. Así que cuando terminó la secundaria, abandonó el pequeño pueblecito donde había estado viviendo toda su vida, dejando atrás a sus padres orgullosos y algunos corazones rotos e ingresó en la academia de policía.

Sus notas fueron magníficas y su trabajo era ejemplar. Se llevaba muy bien con todos y no tardó en ganarse a sus jefes. A todos, excepto a uno.

Cuando el jefe Tachibana fue jubilado la comisaría dio un respiro. El anciano , como la mayoría, era muy chapado a la antigüa y a veces se excedía en sus disciplinas, pero Hojo no se preocupó ni se demoró pensando en cuán estricto había sido en anciano, sino que empezó a idear nuevas estrategias para sorprender a su nuevo jefe e iniciar una relación de cordialidad que seguramente lo llevaría a su tan deseado ascenso.

Pero las cosas no fueron como de esa forma. El nuevo jefe era algo que ni Hojo, ni su pelotonería podían manejar. Aquel hombre, para empezar, era muy joven para ser jefe de policía, apenas entraba en sus treinta, pero lo más extraño e incluso se atrevía a pensar que molesto, era su actitud. Era tan serio que a veces el muchacho se preguntaba si no le dolía la cara. Sólo mandaba, exigía y no admitía ningún error ni réplica.

Sesshomaru Taisho no parecía humano, con aquella estatura, aquella cara y esa falta de sentimiento. Hojo decidió, después de incansables intentos de caerle bien, que ese hombre era, con diferencia, el peor jefe que había tenido nunca.

Había una joven, a quien Hojo le había echado el ojo desde que había llegado a la comisaría llamada Kagome Higurashi. La mujer era pequeña y estaba llena de curvas. Quedó prendado desde el momento en que la vio. La pobre se convirtió en el blanco de todos los malestares de su jefe. La ignoraba completamente y su función en la comisaría se reducía a rellenar informes y alguna que otra patrulla.

Así que como en el ámbito laboral estaba completamente estancado Hojo había decidido que cuidaría otras áreas de su vida. Y el lunes por la mañana cuando iba de camino al trabajo, con su gorra bajo el sobaco, decidió que invitaría a salir a la hermosa Kagome.

Pero por la mañana no se atrevió, la muchacha parecía más distraída de lo normal y el jefe se mostró muy mandón con ella "Higurashi haga esto" "Higurashi ordene lo otro" y más de una vez la había encontrado a la pobre de rodillas en el suelo recogiendo papeles bajo la estricta mirada de Sesshomaru Taisho.

Cuando llegó la hora del almuerzo Hojo se demoró más de lo esperado, tratando de retrasar el tan esperado momento, se sentía nervioso y al entrar en la comisaría notó que le sudaban las manos. Caminó hasta el escritorio de Kagome y se extrañó de no encontrarla allí, de hecho el resto de escritorios también estaban vacíos. De inmediato se dirigió hacia el tablón de informes y allí decía que todo habían salido de patrulla, excepto Kagome.

Frunció el ceño, revisó nuevamente el tablón cuando escuchó un ruido en el cuarto de lo abrigos. Era verano, así que no estaba siendo utilizado. Miró extrañado hacia la puerta cerrada y se acercó despacio y sigiloso. Los ruidos incrementaron, unos fuertes golpes que amenazaban con derribar la puerta de madera.

El joven dirigió su mano hacia la pistola que colgaba en su cintura y todo su cuerpo se posicionó preparado para lo que fuera que encontrara allí, pero antes de que pudiera abrir la puerta los ruidos cesaron.

De pronto la puerta se abrió y una despeinada Kagome salió con la respiración agitada y las mejillas rojas. Cuando se dió cuenta de su presencia sus ojos se abrieron como platos .

―¡Ho-Hojo! Hola.

Y salió disparada en dirección al baño

Hojo se quedó paralizado, tratando de descifrar la situación, cuando su jefe, que apenas cabía por la puerta salió del cuarto, atándose su largo pelo en la nuca y con su rostro tan serio como de costumbre.

Miró Hojo durante un largo rato que al muchacho se le hizo eterno y sintió cómo se le erizaban los vellos de la nuca.

―Akitoki.― dijo con voz de hielo.

Hojo se envaró.

―Sí, señor― respondió de inmediato, temeroso.

―Vuelva a su trabajo.

―Sí, jefe.

Hojo pensó que acercarse a Kagome sería peligroso.


Este es el segundo capítulo ^_^, pero no me deja satisfecha así que dejaré el fic en progreso, para añadir uno o dos capítulos más, pero no sé cuando.

Espero que os guste. ¡Dejad vuestros comentarios!