¡Hola de nuevo mundo!
Perdón por la tardanza pero tenía que ir a encargarme de una peste…
¿En que me quede? Ah sí, me queda cuando recién comienza mi vida como nueva España, y todo esto comenzó con mi nombre…si, esa I a la cual no le eh dado mucho significado, la verdad es que lo más cerca que estuve de saber su significado fue aquella vez cuando era pequeña…
Comenzare con este incidente y luego continuo contando cómo fueron los 300 años bajo el cuidado de mi padre.
¿Bien, recuerdan la caja que mi madre me dejo? Pues como habrán adivinado yo no sabía de la existencia de esa caja, y no lo supe si no hasta que un día la encontré por error. Verán estaba con mi jefe en casa de mi padre, este me dejo jugar en su estudio mientras tenía una audiencia con mi jefe. Y ahí estaba yo, de cien años, una mocosa que parecería de seis años, y como toda niña de seis años me aburría, mucho, así que me puse a explorar un poco.
Revise cajones y solo había papeles aburridos. Trate de jugar con un globo terráqueo que estaba en el escritorio de mi papa, pero no pude jugar mucho porque temía romperlo. Sin embargo cuando me acerque al escritorio sentí que algo me llamaba. Si, a mí personalmente. Por pura curiosidad abrí el cajón principal del escritorio y encontré una caja de madera adornada. Por instinto la olí, y supe que venía de mi casa, porque esa madera no se encuentra en Europa. Comencé a leer con dificultad las inscripciones
"La diosa de la fertilidad, a ella es la que le canta el oro azteca de Tenochtitlán" seguido por unas marcas que parecían decir lo mismo pero en un lenguaje desconocido, pero a la vez familiar .Comencé a mover la caja de arriba abajo y se oía que algo rebotaba en su interior, estaba a punto de comenzar a forcejear con la cerradura cuando entro mi padre y me encontró con las manos en la masa.
La sonrisa se le borro del rostro, mando a mi jefe fuera con un grito y nos quedamos los dos solos.
"¡Nueva España!" grito encolerizado
"¿Si…si…padre?"
"¿Que hacías con ese cofre?" pregunto aun sin sonreír
"Es que" supuse que la verdad era la mejor política "Sentí que me estaba llama, además, ¿Quién es Tenochtitlán?"
No recibí respuesta, más bien recibí una cachetada, sentí su mano perfectamente dibujada en mi cara.
"No vuelvas a mencionar ese nombre" dijo con una expresión que daba miedo
"Pero, ¿por qué?" por lo visto mis instintos de supervivencia fallaron miserablemente
No recibí una cachetada como me esperaba, más bien recibí una paliza en toda la extensión de la palabra. De ahí comenzó mi colección de cicatrices que tengo hasta la fecha en mi espalda...
Me mando maltrecha a mi casa con mi jefe, y lo único que hacía era llorar.
Cuando regrese eran puros problemas, los peninsulares abusaban de su rango, los mestizos eran discriminados y los indígenas venían a mí a rogarme por salvación o justicia, pero el discurso de i padre retumbaba en mis oídos.
Ellos no eran como yo, ellos eran inferiores a cualquiera. A sí que volteaba la cabeza y hacia oídos sordos, pero cada vez que los veía sufrir mi espalda dolía y a veces sangraba.
Y así pasaron los siguientes doscientos años. Me portaba "mal" y era castigada .Pensaba libremente y era castigada. Contradecía a mi padre y…bien se imaginan lo que pasaba
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Ahora, antes de que se pongan a llorar de cómo y qué tan triste fue mi infancia, tengo que darle algo de crédito a mi padre, digo, literalmente tener que cuidar a casi todo América menos Brasil, Las 13, Luisiana y Nueva Francia, debió de ser un trabajo duro, y no solo porque hay un charquito de por medio.
Aun que la vida como Nueva España era dura, tuve mis momentos brillantes, como cuando me toco ir a tomar clases a la UNAM que en ese entonces era la 'Real y Pontificia Universidad de México' con el cabello recogido por que las mujeres no estudiaban…
Otro de mis grandes logros durante la colonia es que fui la 'madre' de la decima musa o el fénix de América como mejor la conozcan, ella me inspiro tanto, era la primera que ponía en alto a las mujeres y criticaba a los hombres necios. A ella la perdí cuando me ataco la peste, una singular amiguilla que venía de la mano con mi amiga eterna la parca. Una personaje del cual hare hincapié más adelante, prodigamos.
A pesar de tantos siglos pasados, le guardo algo de rencor, pero eso es algo que me define…Para empezar las quemaduras no las hizo ninguna "santa" inquisición, nótese el sarcasmo. Bueno continuemos, antes de que se empiecen a cortar las venas con una galleta salada.
Todo comenzó un día en 1807, recibí una carta de que mi padre me visitaría. Suspire con pesadez, tenía la apariencia de diez y siete años, y me vestía como las demás chicas novohispanas de clase media baja. Una falda larga, una blusa a los hombros de manta y un chal sobre mi cabeza, por lo general no llevaba zapatos, porque me encantaba sentir mi tierra bajo mis pies. Pero una visita de mi padre significaría vestirme a lo "Europeo" con zapatos de tacón vestidos con grandes holanes y sombreros con muchos adornos. Y por si fuera poco con mucho maquillaje para que diera la impresión de que mi piel era más blanca.
En conclusión una lata, pero no me quedaba más que obedecer.
Fui a recibir a mi padre a Veracruz, y esperaba encontrármelo como siempre, cuál sería mi sorpresa cuando lo veo con un brazo en cabestrillo y un ojo morado.
Corrí a recibirlo bajando del barco y me recibió con un abrazo de un brazo.
"Mariana, como has crecido, si ahora pareces toda una nación…"
Iba a decir algo y por un momento pensé que me daría mi independencia y algo jugoso como eso…pero el continuo "…bajo el mando de la corona"
Di un resoplido y le pegue "juguetonamente" en el brazo. Lo recorrió un escalofrió de dolor
Ya en mi casa le serví un poco de café.
"Y dígame, padre, ¿qué es lo que os ah pasado? dije tratando de moderar mi voz que ardía de curiosidad.
"Tuve…más bien tengo ahora una pela grave con un viejo amigo" dijo con tono cansado "Además me temo que eh perdido contra ese pirata…"
"¿Quién?" pregunto lo más neutral que pude.
"Francia, desde que tiene a ese emperador ha sido imbatible, si nadie lo detiene, nada le impedirá posesionarse de Europa y sus colonias e Inglaterra que ah derrotado a mi poderosa Armada"
Pare en seco mientras caía en cuenta de lo que acaba de decir, acababa de decir que si perdía la guerra contra Francia yo y probablemente mis medios hermanos y mi primo Brasil acabaríamos bajo el mando Francés. Seguramente padre sintió el cambio en el ambiente, por que se dedico a hablar de cosas administrativas iglesia y otras cosas. Traté de decirle mis quejas respecto a los privilegios de los peninsulares y del enojo de los criollos y de los indígenas, pero me hiso caso omiso. Además me salió con el chiste de que estábamos en bancarrota. Se despidió rápidamente diciendo que tenía que ver a mis otros medio hermanos.
Cundo se fue no sentí nada que me atara a él ni a su ahora jefe Francés. Una idea se planto en mi cabeza y recordé a mi vecino Alfred. Una idea corrosiva que me movía como los terremotos en California.
Independencia
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Ok, ya saben a dónde me dirijo con mi relato, ¿no? Y que les puedo decir, ustedes humanos siempre pasan por un periodo rebelde, y tuve que esperar 300 años y una invasión para si quiera pensarlo.
Vayamos al principio, me empecé a codear con Francisco Primo de Verdad, Melchor de Talamates y José de Iturrigaray. Y di mi primer golpe de estado contra mi jefe, pero al no tener demasiado apoyo por parte de la población el golpe fallo y muchos de los implicados incluidos en virrey fueron destituidos, encarcelados o asesinados. Y si, como se lo imaginan recibí otra paliza de mi padre.
Poco después en 1809 empecé a ver a José María García Obeso, quien prestaba su propiedad para las reuniones convocadas por José Mariano Michelena. Ellos desconocían al Rey francés en el trono y se preparaban para una insurgencia en Valladolid, pero la idea no me llamaba la atención, eso de dejar la monarquía no me agradaba demasiado. Pero, de nuevo fuimos descubiertos por mi padre y paso lo mismo que en 1809. Solo que esta vez no recibí una golpiza, ya que unos de mis jefes intervinieron en mi favor y vio que ellos querían preservar al rey español así que mi padre lo dejo pasar.
Mi verdadera oportunidad llego en 1810 rumbo a Septiembre, donde me reunió con el cura Hidalgo y sus "conspiradores" que parecían emocionados en que yo estuviera de su lado. No contaba en que me estaban espiando a mí y a mis camaradas así que todo el movimiento se tuvo que adelantara a la madrugada del 16 de Septiembre.
¿Cómo se los cuento? Pues verán, cuando nuestros ejércitos se encontraron por primera vez e iba al frente de las tropas de indígenas, mestizos, criollos y otras castas, mi padre venia al frente de las tropas de gachupines. Cada quien con su fusil en la mano.
Para que les cuento toda la batalla, duro once largos años más que a muchos de mis medio hermanos, y yo sabía la verdad, con temor a sonar arrogante, yo sabía que era la joya de la corona española, quien si no yo estaba financiando sus guerras, a quien si no a mí, había recibido el honor de ser llamada Nueva España. Era su hija, me gustara o no y definitivamente tenia sobrados motivos para no dejarme ir…
Lo que comenzó como una revuelta desorganizada, se transformo en todo un despliegue militar. Hubo muchos heridos, yo misma fui herida varias veces, cuando estuve a punto de perder. Tras la muerte de Morelos caí en una guerra de guerrillas, fue lo más cercano que estuve de perder, tengo una cicatriz en el hombro derecho que me hizo la espada de mi padre, es de esas heridas históricas que no desaparecen.
Una vez durante el combate mi padre me pregunto cuando me volví tan fuerte…yo le respondí que no era fuerte, si no que él se había tornado débil.
Finalmente y después de más de 6 años de haberme declarado independiente, el 21 de Septiembre de 1821, al fin mi padre me dejo ir con un gesto duro en su rostro. Estaba segura que él me culpaba porque mis medios hermanos hubiesen decidido revelarse se también que me veía con recelo por que su colonia favorita, Italia, había comenzado a mostrar la misma chispa que yo cuando pensaba en independencia...
Por un momento pensé mientras mi padre firmaba el documento de mi independencia, si el chico Alfred sintió lo mismo al liberarse de Inglaterra. No, francamente lo duda ese chico no tenia arraigos reales con Inglaterra, el fue también alguna vez una de las joyas del imperio británico, pero ellos se separaron y crearon su nación. Yo no podía hacer eso, siempre iba a tener algo de España en mí, y eso era la mitad de mi sangre. Alfred podría fanfarronear que no tenía nada que ver con su 'padre' pero yo siempre compartiría un lazo indeleble con España…
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Así que finalmente era INDEPENDIENTE, pensé en todas las maravillas que podría ser y de cómo me convertiría en un poderoso Imperio, cosa que ya era gracias a Iturbide. Pero a la caída de este, muchos nuevos territorios surgieron. Quiero pensar que son como mis hijos aunque más bien sean mis medios hermanos.
Nicaragua, Venezuela, Guatemala y Nicaragua se fueron de mi destrozada cas en cuando cayó el primer emperador.
Y así comenzaría otro capítulo de mi historia, uno en el que lo más relevante es la peste que mencione al principio.
Si hablo del gringo aquel…
Olvide decirles realmente como me veo, creo que ya tienen una idea general, pero hay algo que no les mencione y es una enorme cicatriz que va de mi mejilla hasta mi cadera, la veo todos los días a todas horas, y además no veo bien tengo un 18/20 de visión, ¿Y saben por qué? Porque antes solía llevar unos lentes ante mis ojos…
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Lean y comenten, los datos son históricos (Wikipedia) pero modificados para fines de entretenimiento
Edit.: Capitulo editado 15.5.11
