Disclaimer: Ni Fairy Tail ni sus personajes me corresponden, puesto que pertenecen a Hiro Mashima. Esta historia está hecha sin fines lucrativos.

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«Las encrucijadas no ayudan a decidir, sino más bien a arrepentirse.»

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2.- Encrucijada

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Lucy resopló hastiada en su totalidad. Casi veía a la pantalla de su portátil devolverle una sonrisa burlona. Observó con desgana el reloj de su fondo de escritorio. La una y media del mediodía. Bajó la tapa de golpe, y agarró su gabardina de un color arena, junto a su inseparable bandolera. O salía, o se volvería loca. Menos mal que había quedado con Levy para comer. Desde hacía unas semanas portaba un humor de mil demonios, cosa que no la sorprendía en absoluto. Dieciséis días exactos, desde que había conocido a su pesadilla particular. Y tenía nombre y apellido: Natsu Dragneel.

En realidad era un poco absurdo, puesto que no había vuelto a verlo desde la noche de su cumpleaños. Y no sabía qué era lo que más la molestaba.

—¿Ya te vas, Lucy?

Su compañera la observó sobre la montura de sus gafas. Yukino Aguria había comenzado a trabajar hacía relativamente poco en el periódico, pero se llevaban bastante bien a pesar de ello. Era muy agradable, aunque bastante reservada. Por lo poco que sabía de ella, llevaba saliendo con el mismo chico desde los dieciséis años, y aun seguían juntos. Ambos compartían un piso en el centro.

Lucy bufó con exasperación. —Sí. Lo cierto es que desde hace días no consigo escribir nada decente, así que o me despejo, o terminaré volviéndome loca. Más de lo que ya estoy, al menos… —divagó malhumorada, mientras se colocaba el cuello de su chaqueta.

Yukino rió alegremente con un tono cantarín. —No te desanimes, Lucy. Bajo mi punto de vista tus artículos son muy buenos, pero no me extraña que estés tan bloqueada después del último reparto de asignaciones. Escribir respecto al último cotilleo de la alta sociedad de Magnolia, tampoco es que a mí me llame demasiado la atención.

Lucy volvió a suspirar. No la interesaba en absoluto que a Minerva Orland la hubiesen pillado infraganti engañando a su flamante marido con el aparcacoches.

Mientras esperaba al ascensor, volvió a rememorar una y otra vez la noche en la que conoció a Natsu. Su mente entraba en punto muerto cada vez que lo hacía. No sabía porque lo hacía, pero él tenía algo que había llamado completamente su atención. Puede que fuese su actitud un tanto despreocupada, o su mirada intensa, o incluso su boca deslenguada. Lo cierto era que no estaba segura, pero si sabía algo a ciencia cierta. De algún modo retorcido, la había impactado por completo.

No le tomó más de veinte minutos llegar al local. La puerta del restaurante tintineó una vez se colocó bajo el umbral. Divisó a Levy sentada en una de las mesas cercanas a uno de los grandes ventanales. Llevaba un bonito vestido blanco veraniego, junto a unas sandalias a juego. Su amiga rezumaba autentica dicha por todos y cada uno de sus poros. Al menos eso la levantó un poco el ánimo, puesto que últimamente lo tenía por los suelos.

Tiró la bandolera sobre la mesa, provocando que el cuerpo de su amiga pegase un respingo del susto. Puso la cara más seria que hubiese dirigido en su vida. —Hazme un favor: mátame.

La cara de Levy se torció en puro espanto. Al cabo de unos segundos, las comisuras de la boca de Lucy comenzaron a curvarse, intentando aguantar la risa. Sin embargo, momentos después estalló en auténticas risas livianas. Eso era justo lo que necesitaba.

—¡Dios mío, Lucy, no tiene ninguna gracia! ¡menudo susto me he llevado, no vuelvas a hacerme algo así, ¿me oyes?!

Lucy tomó asiento, y su mirada tornó en una mueca un poco más culpable. —Perdona, Levy, pero necesitaba algo como eso. Las últimas semanas están siendo un auténtico coñazo —reconoció, mientras tomaba la carta para echarle un vistazo.

Levy adoptó en seguida una postura comprensiva. —Lo sé. Juvia me ha llamado. Erza y ella están preocupadas por ti. Apenas respondes los mensajes, y empiezan a estar hasta las narices de tu contestador automático. Cielo, ¿qué ocurre? desde tu cumpleaños estás muy extraña —admitió.

La joven de cabellos rubios suspiró. —No lo sé. Mi jefe me ha asignado un estúpido reportaje sobre un cotilleo que me tiene de los nervios. No soy capaz de escribir tres frases seguidas con coherencia. ¡Yo no tendría que estar haciendo esto, ¿sabes?! —aireó frustrada— ¡yo quería ser escritora! ¡tendría que estar escribiendo al menos mi segunda novela! —puso una mueca— no me malinterpretes, me gusta mi trabajo, pero… no sé —se pasó una mano por la frente—. Últimamente me siento fuera de lugar.

La chica de cabellos azules y cortos suspiró con profundidad, tras escuchar con atención las divagaciones de su amiga. —Lucy, si tantas ganas tienes de escribir, ¿por qué no lo haces de una vez?

Ella desvió la mirada hasta el cristal. —No lo sé. Me bloqueo. En el momento en que quiero empezar, no me sale absolutamente nada. Sé lo que quiero escribir. Lo tengo en mi cabeza desde que tengo memoria, pero sencillamente, no me veo capaz.

Levy se cruzó de brazos. —Tienes que relajarte Lucy, y tampoco deberías alimentarte solo a base de cafeína, te conozco —se adelantó, viendo como ella abría la boca para protestar—. Necesitas desconectar un poco. Vas del trabajo a casa, y de casa al trabajo, igual que si fueses un zombi recién salido de «The Walking Dead¹». ¡Nos costó sangre, sudor y lágrimas sacarte en tu cumpleaños a que te divirtieses un poco! —exclamó irritada.

Lucy torció el rostro en una mueca de disgusto, y desvió la mirada hacia otro lado. —Para lo que sirvió… —farfulló.

Levy suspiró, comenzando a irritarse de verdad. —Por favor Lucy, ¿qué demonios ocurrió entre Natsu Dragneel y tú? sinceramente, creí que te gustaba —reconoció.

Lucy puso una cara de auténtico espanto. —¿¡Qué!? ¿¡a mí!? ¿¡ese arrogante!? —resopló con fuerza, haciendo que su flequillo se balanceara— más le gustaría a él… —musitó altanera.

Levy se cruzó de brazos totalmente seria. —A mí no me mientes, Lucy Heartfilia —se echó hacia atrás, apoyándose contra el respaldo de la silla—. Sé perfectamente lo que vi, y te puedo prometer que jamás te había visto igual de turbada por un chico. Y te aseguro que también lo noté en él. ¡Por favor, ni siquiera era capaz de quitarte los ojos de encima!

Lucy puso los ojos en blanco, pero no dijo nada. Muy a su pesar, era cierto. Natsu Dragneel le habían puesto la cabeza totalmente del revés. Desvió la mirada hasta el cristal de su copa.

Levy rió con fuerza tras tropezar sutilmente en uno de los escalones. —Ups. Alguien ha puesto un estúpido escalón donde no debía —musitó feliz, mientras se tambaleaba ligeramente. Gajeel iba tras ella, con una sonrisilla entre resignada y divertida.

Nosotros vamos a coger un taxi —anunció Juvia, seguida de un impertérrito Gray—, ¡así que si queréis uno, ya os podéis ir buscándoos otro! —se colgó del brazo del chico, quien puso una cara de auténtica paciencia.

Lucy puso los ojos en blanco, y se abrazó a sí misma. Eran las cinco y media de la mañana, y se sentía completamente agotada. Erza apareció tras ella, con una mirada cansada, pero totalmente satisfecha. Lo cierto era que finalmente lo habían pasado en grande, y habían conocido a un grupo de chicos encantadores. Bueno, todos lo eran, excepto uno en particular.

Jerall se ha ofrecido a acompañarme. Lo cierto es que no vive muy lejos de mi casa, y vamos a ir caminando. ¿Por qué no te vienes con nosotros? —preguntó.

La rubia no pudo evitar una enorme sonrisa. Adoraba a su amiga Erza. Por muy formal que siempre pareciese, lo cierto era que su amiga tenía un corazón que no la cabía en el pecho. Siempre se preocupaba más por los demás que por sí misma, con lo que conseguía hacerse un hueco en el cariño de cualquiera que la conociese. Sin embargo, negó con suavidad con la cabeza. Sabía cuanto le había gustado a Erza ese chico, y no iba a permitir de ninguna de las maneras terciarle el final de la noche, terminase como terminase.

Nah, no te preocupes —agitó la mano, restándole importancia—. Voy a coger un taxi, porque refresca un poco, y no llevo chaqueta. Así que tú —se acercó a ella en actitud conspiratoria— procura aprovechar y conseguir su teléfono, o lo que sea, ¿eh? —susurró.

Erza rió divertida. —Está bien, como quieras —la abrazó—. Feliz cumpleaños, Lucy —repitió por quinta vez en lo que iba de noche.

Gracias. Jerall —alzó la mano en signo de despedida al chico que esperaba tras ellas—, ha sido un placer. ¿Cuídamela, vale? —pidió con sutilidad.

Las mejillas del chico se encendieron ligeramente, pero también sonrió. —Claro, descuida. Ya nos veremos.

Levy se abrazó a ella de improvisto, cual koala desesperado. —¡No puedo permitir que mi amiga coja un taxi y se vaya sola a casa! —lloriqueó— ¡y en su cumpleaños…! ¡desvergonzados! —gritó dirigiéndose hacia Juvia y Gray, que estaban terminando de montar en un taxi— ¡Gajeel y yo te acompañaremos a casa, Lucy! —balbuceó emocionada.

Lucy no pudo evitar una carcajada al aire. —Levy, tú necesitas descansar mucho más que yo —aseguró divertida—. Además, vosotros vivís justo en dirección contraria, y yo apenas tardo quince minutos en coche. Así que, hala —la dio la vuelta tras desenganchársela del cuerpo, y la dio un pequeño empujoncito en dirección a su novio—, ya estáis tardando.

Gajeel torció la boca en una mueca preocupada, aunque intentó disimularla. —Vamos Lucy, en serio, nosotros te acompañaremos —durante unos segundos el mecánico se perdió en sus pensamientos y se dio la vuelta, buscando con la mirada por los alrededores. Lucy adoptó una cara de espanto en cuanto se dio cuenta de sus intenciones, pero lo hizo demasiado tarde—. ¡Eh, Natsu!

El chico de cabellos rosas paró de caminar, y miró a su amigo por encima del hombro.

¿La has traído?

Natsu arqueó una ceja, pero asintió levemente con la cabeza.

Gajeel miró a Lucy. —Le he encontrado un transporte a su majestad —murmuró.

Gajeel, de verdad, no es… —perdió el habla, en cuanto Natsu terminó de acercarse a ellos.

Se paró frente a ellos, y mantuvo el contacto visual con ella durante unos segundos. Después, desvió la mirada hacia otro lado, como si la cosa no fuese realmente con él. —Vamos —ordenó—, te llevaré a casa.

Lucy intentó tragar en seco. No pudo hacerlo. Se sentía demasiado nerviosa. Apenas se soportaban, ¿y pretendía llevarla a casa? ¿es que quería matarla en el camino? Era de madrugada, era sencillo deshacerse de un cadáver, solo…

¿Vienes o no?

Lucy torció el gesto, malhumorada. Levy la guiñó un ojo, totalmente ajena a la mala tensión entre ambos. Gajeel se encogió de hombros, y se echó a Levy sobre uno de ellos, igual que un saco de patatas, para echar a andar calle abajo tras despedirse de ellos con un gesto de la mano.

Resignada, comenzó a caminar tras él. Sin darse cuenta, clavó la mirada sobre sus hombros. Eran cuadrados y rectos. Caminaba seguro de sí mismo. Seguro que era un hombre al cual no le faltaban las conquistas. Aquel pensamiento la desanimó un poco. Cuando quiso darse cuenta, tenía un casco de moto frente a sus narices. Boqueó, aturdida. Una moto negra, y de gran cilindrada, permanecía aparcada en la acera, justo al final de la calle. El pecho le brincó, emocionado por completo. Contempló la reluciente moto con un brillo complacido en los ojos.

¡Venga ya! —exclamó, emocionada igual que una adolescente— ¡es una Kawasaki! ¿¡de dónde demonios la has sacado!?

Por primera vez en la noche, Natsu rió completamente divertido. —La he robado, ¿qué creías?

La sonrisa se desvaneció del rostro de Lucy de un plumazo.

Natsu puso los ojos en blanco. —Es broma, piernas —apuntó socarrón—. La compré hace un par de años de segunda mano. Su anterior dueño tuvo un accidente con ella, dejándola prácticamente para el desguace, así que la compré, y Gajeel me ayudó a restaurarla.

Lucy paseó los dedos con cuidado sobre el sillín.

No muerde —reconoció Natsu, divertido.

Lucy le miró directamente. —Creo que su dueño sí —respondió veloz.

Sin darle tiempo a seguir conversando, se subió ágilmente tras él. Antes de ponerse el casco, su aroma varonil la golpeó con fuerza, abrumándola. Tenía que haberse ido en taxi. Natsu suspiró con profundidad, antes de enfundarse el suyo. Cuando Lucy quiso darse cuenta, sorteaban los pocos coches de las carreteras con velocidad. Se abrazó a su torso. El viento le zumbaba sobre la piel, pero en el fondo lo agradecía. Su cumpleaños estaba resultando ser de todo excepto común. Sobre todo, por el chico con el que iba. Porque la confundía. Por momentos parecía todo un encanto, y al segundo, se transformaba en alguien completamente desagradable. Al menos, con ella.

Tras varias escuetas indicaciones, y en un tiempo record de apenas nueve minutos, Lucy se sacó el casco, dejando libre su melena rubia. La fachada de su edificio lució tan bonita y tranquila como siempre. Tras bajarse, sacó sus llaves del bolsillo trasero de su vaquero, y devolvió el casco a su dueño. Natsu ni siquiera se apeó de la moto, pero apagó el motor.

Te lo agradezco —se llevó una mano al brazo, repentinamente cohibida.

Natsu no la miró. —No hay de qué, piernas.

Lucy reprimió un refunfuño ante el apodo. Abrió la boca para decir algo, pero dudó. —Oye… —ahora, Natsu si ladeó el rostro para mirarla—, emm… n-no sé si… tal vez… otra ocasión…—el nudo del estómago apenas la permitía respirar.

Es tarde, y mañana madrugo. Debería irme —Lucy alzó la cabeza con rapidez. En el fondo, y por un bizarro motivo que no alcanzaba a comprender, no quería que él se fuera. Algo le anclaba a él con una intensidad que casi la aturdía.

Oh, claro. Bien, si, yo…

No alcanzó a terminar. De un fuerte tirón en su muñeca, Natsu la había lanzado contra él, hundiendo su boca en un beso tosco, pero cálido al mismo tiempo. Algo estalló con violencia dentro de ella, y ahogó un gemido contra su boca. Posó una mano en su mejilla, y sintió el brazo de Natsu comprimiendo su cintura.

Sin embargo, igual de rápido que llegó, se fue.

Lucy respiraba aun de manera agitada, contemplándole totalmente sin aliento. Él abrió la boca para decir algo, pero no lo hizo. Sorprendido consigo mismo, y con algo retorciéndose dentro de sus ojos con intensidad, se puso el caso, y arrancó la moto para salir despedido, al punto de casi derrapar.

No miro atrás.

Lucy se quedó en la acera.

No era capaz de entender lo que acababa de ocurrir.

Levy suspiró de nuevo, intentando armarse de paciencia. Su amiga se había vuelto a quedar en las nubes durante los últimos cinco minutos. Chasqueó la boca con fuerza. Esto empezaba a pasar de castaño oscuro. Lo peor de todo, es que Gajeel le había asegurado –un montón de veces, de hecho– que Natsu lucía igual de atontado. Y también portaba un humor de mil demonios.

—¿Lucy…? —nada— ¿hola…? ¡Lucy! —exclamó.

La aludida pegó un respingo, aturdida. —¿Qué pasa?

Levy boqueó. —¿Que qué pasa? —se llevó los dedos al puente de la nariz— en serio, esto empieza a desquiciarme, ¿vas a contarme de una vez lo que pasó o no? —preguntó airada.

Lucy se encogió en su asiento, y una nube de desanimo pareció envolverla de nuevo, lo que ocasionó que el rostro de Levy volviese a curvarse en preocupación. —No pasó nada —admitió.

Durante unos segundos, Levy contempló a su amiga con silenciosa gravedad. Nada y un cuerno. Jamás había visto a su amiga tan confundida por culpa de un chico. Desde el momento en el que Lucy había posado sus ojos sobre él, algo había despertado en su amiga. Puede que fuese su extraña curiosidad innata, pero la tensión entre ambos había sido palpable hasta para los demás. Cual cerilla prendida sobre un charco de gasolina. Sin embargo, parecía que el principio no es que hubiese sido malo, sino que había sido catastrófico.

Se arrastró una mano por la frente. Esos dos iban a provocarla canas prematuras. Una idea atravesó su cerebro cual foco en mitad de la niebla. —Gajeel y yo vamos a ir este fin de semana a Hosenka. ¿Por qué no te animas y te vienes?

Lucy casi se atragantó con su copa de vino blanco recién servida. —¿Qué? ¿te has vuelto loca? ¿es que ahora tengo pinta de gondolera?

Levy puso los ojos en blanco. —No seas absurda, Lucy. Vamos a pasar el fin de semana en una casita cerca de la playa. Perteneció al abuelo de Gajeel, y su familia va a veranear allí de vez en cuando. Va a ser un fin de semana de relax, ¡te vendrá bien! si quieres, podemos invitar también a los demás —intentó convencerla.

La rubia inspiró con profundidad. —Claro, todos en parejitas felices menos yo —ironizó—. No. Lo siento, pero la respuesta es no. Prefiero la comodidad de mi apartamento.

Los ojos de Levy se prendieron en indignación. —Claro, y su soledad también la prefieres. Tienes dos opciones —Lucy abrió los ojos, impresionada ante la determinación de su pequeña amiga—: o te vienes por las buenas, o por las no tan buenas, pero te aseguro que vas a venir, ¡aunque tenga que arrastrarte!

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Golpeó el saco con fuerza. Un gancho derecho, y se movió rápidamente hacia un lado. Otro golpe. Otro más. No hacía nada más que atizarlo desde un lado u otro. Desde hacía días portaba un humor nefasto, y el turno de noche le jorobaba como a cualquier otro. Arreó otro puñetazo al saco, provocando que se balanceara con brusquedad. La silueta de una joven rubia enfundada en unas sencillas botas vaqueras centelleó con fuerza en su cerebro. Rechinó los dientes, irritado por completo. Una vez más, golpeó el saco con violencia.

—Joder, espero que nunca, nunca, y jamás de los jamases, te enfades conmigo.

Natsu paró de lanzar golpes, y reconoció los cabellos rubios de su compañero, justo al otro lado del saco. Tenía una sonrisilla divertida pintada en el rostro, cosa que le puso de peor humor. ¿Dónde estaba la puta broma? Desde hacía días Gajeel no hacía otra cosa que llamarle por teléfono, con el fin de mantener conversaciones absurdas. Y la única sensación que le dejaba, es que su amigo también portaba la misma absurda sonrisita de las narices.

El chico arreó un último puñetazo al saco, que de haber podido, hubiese llorado lágrimas de alivio tras verse liberado de la ira del muchacho. —¿Dónde está la broma?

El otro muchacho se rió. —¿Qué broma?

—Sí, la broma —insistió—. Desde hace días tengo la sensación de estar siendo la víctima de algún chiste gracioso, y yo también quiero reírme un poco —apuntó irritado.

—Tío, no hay ninguna broma. Sencillamente, desde hace un par de semanas no hay quien te sople. Ni siquiera el comisario Makarov es capaz de llamarte la atención. Creo que al pobre viejo le impones bastante. De hecho, no creo que haya persona en el mundo a la cual no le impongas —aclaró divertido.

Natsu bufó ante la estupidez, y se separó del saco, comenzando a deshacerse de las vendas que le recubrían los nudillos. Reconocía que su humor no era el mejor, pero no pensaba que fuese para tanto. Su compañero no se dio por vencido.

—¿Es que ha pasado algo? —preguntó.

Natsu bebió un poco de agua, antes de contestar. —No, ¿por qué lo preguntas?

Sting Eucliffe volvió a esbozar una sonrisa enigmática. —Por nada, ya te lo he dicho. Pensé que a lo mejor había ocurrido algo, y por eso luces como el mismísimo Cerbero².

El joven de cabellos rosados chasqueó la boca con fuerza. —¿Es que tengo aspecto de chucho? —espetó, comenzando a cabrearse.

Sting silbó con suavidad. —Bueno, de acuerdo, tranquilo —su endemoniada sonrisa le sentó como un puñetazo al hígado—. En realidad, no quiero terminar recibiendo un mordisco —apuntó por lo bajini.

El chico, gracias a sus rápidos reflejos entrenados, alcanzó a agacharse por los pelos. Natsu le había lanzado la botella de agua justo en dirección a su cabeza. Terminó chocándose contra la pared, salpicando el líquido por todos lados.

—¡Ey, ey, cuidado! —se atusó los cabellos rubios con mimo, una vez volvió a incorporarse— ¡eso puede ser peligroso! —continuó en un tono burlón.

Natsu emuló un rostro sorprendido. —Vaya, ¿en serio? —ironizó— no lo sabía.

—Oye —continuó, como si la cosa no hubiese ido con él—, algunos hemos quedado esta noche para salir un rato por ahí, ¿te animas? prometemos mucha cerveza, y unas buenas partidas de billar. Y esperamos que unas cuantas buenas piernas femeninas también —divagó contento.

Piernas.

Durante un instante, Natsu se vio tentado de agarrase los cabellos y ponerse a escupir fuego, cual lanzallamas sin restricción. Guardó la toalla en su mochila con rapidez, repentinamente desesperado por salir de ahí. —No —espetó con brusquedad.

Sting captó en seguida el cambio de registro en su compañero, y entrecerró sus ojos con sospecha. —¿Por qué no? no sé porque me da —se llevó el dedo índice a la nariz, para golpearla varias veces seguidas con suavidad—, pero creo que eso es justo lo que necesitas.

Una vez recogió sus cosas, Natsu se colgó la mochila y continuó en dirección a la salida del vestuario, igual que si estuviese persiguiéndole el mismísimo demonio. —No me interesa —respondió escueto.

—¿Piernas masculinas, entonces? —bromeó.

Natsu le dirigió una mirada que hubiese congelado el mismísimo infierno. Sting tuvo que aguantar la risa. Jamás había visto a su compañero igual de trastornado. Lucía como si no hubiese podido pegar ojo en semanas. Conocía perfectamente de antemano que a Natsu le gustaban las mujeres, pero no podía evitar chincharle de vez en cuando. ¡Era tan divertido! siempre y cuando no se pasara demasiado de listo, claro. Era consciente de que Natsu podía llegar a ser un auténtico demonio cuando lo cabreaban, pero para eso, había que llevarle seriamente al extremo.

El sonido de un teléfono móvil desvió a ambos chicos de la conversación. Sting se encogió de hombros. —A mi no me mires, no es el mío —declaró.

Natsu reprimió un improperio, y abrió uno de los bolsillos laterales de su bolsa de deporte. Efectivamente, Sting tenía razón. Era el suyo. No pudo evitar blasfemar en cuanto reconoció el nombre que parpadeaba en la pantalla.

—Joder —blasfemó con fuerza. Se llevó el pequeño teléfono inteligente al oído—. ¿Qué coño quieres, Gajeel? —cuestionó, con la irritación en su punto más álgido.

Yo también te quiero, cabrón.

—Lo digo en serio —ladró.

Yo también —apuntó Gajeel.

—Es la quinta vez que me llamas en dos semanas —aclaró.

Cierra el pico de una vez, y déjame que te lo explique, joder. Hablar contigo es como conversar con una motosierra, ¿lo sabías?

Natsu inspiró con profundidad, y haciendo un esfuerzo titánico, se mantuvo en silencio.

Este fin de semana vamos a ir a Hosenka. Levy quiere aprovechar para irnos el viernes, puesto que no tiene que trabajar en la escuela. Hemos hablado con los demás, y también van a venir, de modo que solo faltarías tú.

—¿El muñeco y Jerall también van? —preguntó extrañado.

Hubo un silencio momentáneo al otro lado de la línea. —Levy a invitado a sus amigas; a Juvia y a Erza.

El estómago de Natsu volcó con violencia. Traidores. —Paso—contestó sin siquiera pensarlo.

Gajeel resopló hastiado. —¿Cómo que pasas? llevas meses sin tomarte un fin de semana libre, y estoy más que convencido de que aun te deben vacaciones en el trabajo, así que deja de joderme, y trae tu puto culo inquieto, ¡son dos puñeteros días, Natsu!

Sintió como un sudor frío comenzaba a recorrerle la espalda. —Tengo turno doble este fin de semana —añadió.

Sting arqueó las cejas, sorprendido. No se había movido ni un ápice desde que había comenzado la conversación, por lo que se mantuvo cruzado de brazos, y apoyado sobre el marco de la puerta. Su compañero había olvidado completamente su presencia. Esto sí que era divertido. Natsu Dragneel, mintiendo como un bellaco.

¡Joder, pues coges y lo cambias! —exclamó exasperado el mecánico al otro lado. El silencio volvió a tomar la línea, y después de unos segundos, Gajeel volvió a hablar después de bufar con fuerza— vale… —suspiró, justo como si hubiese claudicado en algo—, puede que Lucy Heartfilia también venga —agregó.

Natsu abrió los ojos con fuerza, y perdió momentáneamente el hilo de sus pensamientos. —No puedo —sentenció con inhumana rapidez.

¿¡Qué!? ¡no, joder, espera! ¡Natsu, no se te ocurra colg…!

En otra parte de la ciudad, y con ruido de motores de fondo, Gajeel contempló incrédulo su móvil. Aun se escuchaba el molesto «tup, tup, tup». ¡El muy cabronazo le había colgado!

—No sabía que ibas a sustituirme este fin de semana.

Natsu alzó aturdido la vista de tu teléfono. Mierda.

Sting se encogió de hombros. —¿Sabes qué? no me interesa —se dio la vuelta—. Lástima que me venga tan bien trabajar este fin de semana. Sino —le miró por encima del hombro, y utilizó un tono realmente lastimero—, puede que te lo hubiese cambiado y todo.

El muchacho de rosados cabellos boqueó, cual pez fuera del agua. La estruendosa risa de su compañero le acompañó mentalmente durante el resto del día.

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Lucy se esperezó con fuerza, estirando los brazos a lo alto. Levy había tenido razón, ¡esto era justo lo que ella necesitaba! menos mal que aun la debían días sueltos de vacaciones en el trabajo y había podido pedir el viernes, sino, su jefe hubiese sido capaz de encadenarla a la pata de su escritorio. Apoyó los brazos contra la barandilla del balcón, disfrutando de la vista. El mar se mantenía en calma justo en frente de sus ojos.

—Esto es precioso —musitó encantada con la vista nocturna que la ofrecía el balcón de su habitación.

En realidad, la casa era bastante sencilla, y con varias habitaciones. Lo mejor de todo, era que tenía una terraza con acceso directo a la playa. Eso si era estilo.

—¿Te gusta?

Lucy se dio la vuelta, y reconoció a Levy bajo el umbral de la puerta de la habitación que le habían asignado. Sus ojos lucían totalmente satisfechos.

—Esto es una pasada, Levy —reconoció.

—¿Lo ves? —preguntó burlona— deberías hacerme caso más a menudo.

Lucy rió. —Procuraré acordarme para la próxima vez.

Levy alzó la barbilla, completamente orgullosa. —Eso espero.

Lucy volvió a girar la cabeza en dirección al mar. La luna resplandecía sobre las aguas salinas volviéndolas negras. Se encontraban en la segunda quincena de julio, y el ambiente aunque fabuloso, era muy caluroso. Recordó su bonito bikini de un color verde menta. Estaba deseando calzárselo y tirarse sobre una hamaca a tomar el sol.

—Siento que Natsu no haya venido al final —murmuró Levy a sus espaldas.

Un escalofrío trepó con saña por la espalda de la rubia. Frunció la boca con gravedad. Por ella, Natsu Dragneel podía irse al infierno, o a donde él quisiera. No era asunto suyo. Ya se había calentado la cabeza lo suficiente por algo que no iría a ningún sitio. Se dio la vuelta, y apoyó la espalda contra la barandilla, cruzándose de brazos.

—¿Por qué lo sientes? —cuestionó con simpleza.

Levy inspiró con profundidad, y la mantuvo el contacto visual. No contestó a la pregunta. —Vamos a ir al pueblo a cenar algo y a dar una vuelta, así que puedes prepararte tranquilamente, aún tenemos tiempo de sobra.

Lucy contempló a su amiga con tremendo cariño. —Te lo agradezco Levy, pero prefiero descansar.

Levy chasqueó la boca con fuerza y lució irritada. —No pensarás que vamos a dejarte aquí sola, ¿verdad?

La rubia se armó de paciencia y se acercó a ella. —Levy, estoy aquí. He venido —la duda inundó los ojos de su amiga—, y te lo agradezco muchísimo, de veras, pero prefiero quedarme a descansar. Me duele un poco la cabeza, y no quiero ser mal tercio de nadie.

—Cielo, tú no eres ni serías mal tercio de nadie —se quejó.

—No me malinterpretes, ya lo sé, pero prefiero recargar las pilas para que mañana podamos pasar el día en la playa —prometió.

Su pequeña amiga dudó. —¿De verdad que no te importa? —consultó dudosa.

Lucy puso los ojos en blanco. —Levy, no seas tú ahora la ridícula. Ya estáis tardando en iros, necesito que tú y Erza controléis a Juvia —auguró.

La chica de azules cabellos rió animada. —A Juvia no hay quien la controle, pero creo que Gray está aprendiendo bastante rápido —declaró divertida.

—Pues ya solo con eso, pienso que es toda una hazaña.

Levy volvió a suspirar resignada. —Está bien, de acuerdo —claudicó—, pero mañana a la playa, ¿vale?

La rubia alzó una mano en signo de promesa. —Claro.

Su amiga la atrapó en un rápido apretujón. —Tú tranquila —musitó sobre su pelo—, ya verás como todo sale bien, estoy segura, Lucy.

Por algún motivo que no fue capaz de comprender, Lucy dudó.

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N/A: ay, ay… recuerdo que alguien dijo una vez: «un poco de ingenuidad nunca se aparta de mí; y es ella la que me protege».

Con eso, acabo de deciros todo.

Bueno, parece que esta historia ha tenido mejor acogida de la que me esperaba. En el primer capítulo no puse notas de autora por ese mismo motivo, puesto que quería comprobar qué tipo de bienvenida tendría. He de deciros que siempre me sorprendéis.

Bien. Sé que dije que no entraba en mis planes embarcarme nuevamente en una historia larga… vale, olvidad lo que dije xD.

Sé que aun nos encontramos en plena salida, pero os advierto de que ya he empezado a tejer mi tela de araña cual implacable viuda negra. Por este motivo, solo os diré lo siguiente: Pieces empezó igual…

¿Nos leemos?

¹The Walking Dead: serie de televisión estadounidense basada en el cómic homónimo de Robert Kirkman. La serie se sitúa en un mundo posapocalíptico y está protagonizada por Rick Grimes, un oficial de policía que al despertar de un coma se encuentra con un mundo repleto de zombis salvajes, denominados «caminantes».

²Cerbero: En la mitología griega, Cerbero era el perro de Hades. Guardaba la puerta del inframundo griego, y aseguraba que los muertos no salieran, y que los vivos no pudiesen entrar.

Nindë