PENSAMIENTOS DE HERMANOS (continuación):
Los tres hermanos dormían plácidamente hasta que algo hizo despertar a Kankuro y Temari. Ambos oyeron de repente la voz de su hermano más pequeño.
- ... no... no soy un monstruo... ¡no te vayas! ... ¡espera! ... ¡no me dejes solo!
Al parecer Gaara hablaba en sueños, estaba algo agitado y enseguida Temari intentó calmarle procurando no despertarle. Le acarició de nuevo y le susurró al oído.
- Todo esta bien... estamos aquí, ya no estás solo, ya no estarás solo.
Aunque todo estaba en penumbra, Temari podía percibir la angustia de Kankuro y su gesto de preocupación.
- ¿Crees que algún día se le pasarán estas pesadillas? – susurró.
- Supongo que sí, pero aún es pronto, ha sido demasiado sufrimiento, demasiado dolor... Lo único que podemos hacer es cuidar de él y quererle como nuestro hermano que es.
- Dentro de poco será su cumpleaños, tenemos que prepararle algo, nunca le hemos hecho ningún regalo... ¿Qué crees que pueda gustarle?
- No tengo ni idea – respondió Temari en un susurro aún más débil – No sabemos que le gusta a nuestro hermano, es horrible, me siento tan... frustrada, apenas si le conocemos.
- Bueno, él no es muy abierto a expresarse que digamos... podemos preguntarle.
- De acuerdo, por la mañana le preguntamos... ahora sigamos durmiendo – terminó de decir Temari con un largo bostezo.
Ambos se recostaron de nuevo, ahora Gaara parecía más tranquilo y ya no hablaba, cambió de postura y entreabrió un poco los ojos para ver el pelo rubio de su hermana, sonrió tímidamente por debajo de las sábanas y pensó en qué le gustaría que le regalasen.
Se hizo de día y los hermanos comenzaban a desperezarse. Temari estiró los brazos y puso la mano donde estaba Gaara pero... éste no estaba, tan sólo un hueco vacío en la cama. Se incorporó bruscamente y zarandeó a Kankuro que estaba en el lado opuesto.
- ¡Kankuro! ¡despierta! ¿dónde está Gaara? – preguntó Temari un poco sobresaltada.
Kankuro la miró a ella y luego vio el hueco vacío, se restregó los ojos y volvió a mirar. Eso le recordaba a los viejos tiempos, Gaara siempre se escapaba en plena noche para hacer de las suyas. Pero esa vez, se iban a llevar una sorpresa. Ambos empezaron a buscarle por la casa y le encontraron en la cocina, revolviendo por los armarios y abriendo la nevera.
Temari quiso entrar de golpe pero Kankuro la detuvo en la puerta y dejaron una rendija para observar lo que hacía. El comportamiento de Gaara era bastante extraño aquella mañana.
- Está... está... – comenzó a decir Temari absolutamente sorprendida.
- ... haciendo el desayuno – terminó de decir Kankuro igualmente sorprendido.
Gaara jamás había preparado un desayuno, todo lo hacía la servidumbre, y menos aún prepararlo para él y sus hermanos, de ahí la absoluta sorpresa de Kankuro y Temari, los cuales seguían observándole a través de la puerta entreabierta. Gaara aún llevaba el pijama y parecía nervioso y un poco torpe, estaba claro que la cocina no era lo suyo, y harto de que todo le saliese mal y los cazos terminasen por el suelo, comenzó a usar el chakra para intentar hacer unas tortitas, una vez se lo había visto hacer a Temari... no podía ser tan difícil.
Cuando vieron que al fin Gaara había terminado, Kankuro y Temari entraron en la cocina haciéndose los sorprendidos. Gaara estaba cruzado de brazos al otro lado de la mesa y se mostraba más serio y temible que nunca.
- Sois unos ninjas patéticos... se os huele a distancia.
Era evidente que Gaara se había percatado enseguida de la presencia de sus dos hermanos.
Kankuro y Temari le miraron con fastidio, pensaban que Gaara estaría al menos un poco de mejor humor, pero estaba claro que seguía siendo el mismo de siempre.
Pero al darse Gaara la vuelta y coger unas servilletas habló de nuevo.
- Os he preparado el desayuno... espero que os guste – y dicho esto se giró un poco para que sus hermanos pudiesen verle una pequeña sonrisa dibujada en sus labios.
Al verlo, Kankuro y Temari se miraron satisfechos y se sentaron a la mesa. Al ver lo que había en ella intentaron no poner gesto de asco, ya que el desayuno no es que tuviese un buen aspecto. Pero no podían menospreciar aquella hazaña, tenían que complacer a su hermano. Las tortitas parecían algo requemadas y tenían un color extraño, pero era lo único que había a parte del café, la leche y un poco de zumo. Ambos hermanos cogieron una tortita cada uno y comenzaron a comer, pudiendo observar que Gaara no les quitaba la vista de encima, miraba a uno y a otro sin pestañear siquiera, esperando algún tipo de aprobación.
Kankuro se puso pálido y Temari le dio una pequeña patada por debajo de la mesa.
- Es-tá... bue-no... – dijo Kankuro con la boca llena y como a punto de echarse a llorar, era evidente que era lo más asqueroso que había probado en su vida.
Temari también sonrió con la boca llena y en cuanto Gaara se dio la vuelta, ambos hermanos escupieron aquella bazofia sobre las servilletas, disimulando nuevamente cuando Gaara se sentó delante de la mesa, haciendo como que se chupaban los dedos.
- ¿Cómo las has hecho? Las tortitas me refiero – se atrevió a preguntar Temari con una sonrisa falsa.
- ¿Por qué? ¿acaso no os gustan?
- Oh, ¡no, no! ¡no es eso! jejeje – dijo Temari agitando los brazos nerviosa – Es por curiosidad... ¿qué has utilizado?
Gaara parecía disfrutar con todo aquello, aunque evidentemente procuraba no demostrarlo. Estaba poniéndoles a prueba y ya había obtenido su respuesta, era la hora de descubrirse.
- Arena.
- ¡¿QUÉ! – exclamaron Temari y Kankuro a la vez.
- Tendríais que ver vuestras caras – soltó Gaara cerrando los ojos y sonriendo, parecía como si se estuviera conteniendo la risa – Aquí tenéis las buenas – y sacó otro plato con tortitas que tenían mejor aspecto.
Kankuro y Temari se miraban boquiabiertos, se sentían estúpidos, su hermano les había gastado una buena broma, sin lugar a dudas. Kankuro se echó a reír a carcajada limpia y Temari le imitó enseguida, menudo mal trago habían pasado y todo para nada. Ahora tendrían que acostumbrarse a las bromas de su hermano más pequeño.
- Y por cierto... – dijo Gaara con aire solemne – me gustan las katanas.
