Disclaimer: Digimon es propiedad de Bandai y Toei Animation. No hago esto con fines lucrativos.
Radiografía a una estrella de rock
Parte dos
Abrió los ojos a un techo blanco tintado de manchas por aquí y por allá. ¿Un hospital? No. Esos lugares siempre eran impolutos. No reconoció dónde estaba, sin embargo. Ninguna idea acudía a su embotada mente hasta que de pronto alguien se inclinó sobre él y se encontró mirando a unos ojos tan azules como los suyos, casi como si se estuviera viendo al espejo.
Aquellos ojos sonrieron y también lo hizo su dueño.
—Bienvenido de vuelta, superestrella. —Distinguió un pequeño matiz de burla en la última palabra. Nada nuevo viniendo de su hermano. Entonces no debía estar en un sueño o algún universo paralelo.
—¿Dónde estoy? —farfulló removiéndose con cuidado sobre lo que parecía ser un colchón a juzgar por lo blando que se sentía.
—En mi departamento. Era el más cercano. ¿Recuerdas algo? Jou dijo que podías sentirse un poco confundido cuando despertaras.
Yamato pestañeó un par de veces como si aquel acto lo ayudara a mirar mejor dentro de su memoria.
—Recuerdo estar en la subasta. —Empezó a hablar con cierta dificultad. Los recuerdos estaban un poco borrosos—. Fue mi turno para subir y las personas empezaron a ofrecer dinero. Entonces apareció Jun y... —Se detuvo de golpe y sin importarle el ramalazo de dolor que se extendió por su cráneo, se impulsó hacia arriba y agarró bruscamente a Takeru de las solapas de su chaqueta—. ¡Dime que no ganó una cita conmigo! —gritó frenético.
El menor, que se había empeñado en vestir formal para la ocasión, nadie sabía muy bien con qué fines, se deshizo suavemente del agarre de su hermano y sonrió.
—No, tranquilo. Hikari te salvó.
Yamato volvió a dejar caer pesadamente la cabeza sobre el almohadón en el que había estado segundos antes, acción que lo hizo soltar un pequeño quejido.
—¿Qué pasó? —Los recuerdos definitivamente estaban difuminados en su memoria, sentía como si los viera a través de un vidrio empañado. Sabía, intuía, pero no estaba seguro de nada.
—Te desmayaste y te golpeaste un poco la cabeza sobre el escenario. Según Jou fue producto de los nervios. Si Akira no te hubiera alcanzado a agarrar podría haber sido peor.
Claro, eso explicaba el dolor que acuchillaba su cabeza. Con cuidado, levantó una mano y se palpó la parte posterior del cráneo, identificando la rugosidad de un parche.
—Ahora recuerdo. Estaba en el escenario y vi que Jun se lanzó sobre Hikari.
Una pequeña risita escapó de los labios de Takeru, lo que hizo que el mayor frunciera el ceño. Si se burlaba de su mejor amiga, no podía tomarse a mal que se burlara de él. Todos conocían la estrecha e incondicional relación entre su hermano y la pequeña Yagami.
—Sí, pero por fortuna Taichi la agarró a tiempo y Hikari salvó sin un rasguño —le explicó. Yamato a punto estuvo de soltar un suspiro de alivio. Lo que menos quería era que la loca de Jun le hubiera hecho daño por intervenir en la subasta—. O bueno, casi —añadió al final con gesto pensativo. El suspiro se atascó en la garganta de Yamato.
—¿Cómo que casi? ¿Ella está bien?
—Sí, tranquilízate. Estaba siendo literal. Alcanzó a rasguñarle un poco la cara, pero Jou la curó y dijo que no dejará marca.
—Idiota.
—¿Te asusté? Lo lamento. —En su voz, no obstante, no había ni el más mínimo ápice de arrepentimiento.
Yamato rodó los ojos, descubriendo en el acto que aquel gesto también acrecentaba su dolor de cabeza.
—¿Dónde están los demás?
—Tenían cosas que hacer. Querían venir para acá, pero les dije que lo mejor sería que se fueran. Taichi, Jou y Hikari me ayudaron a traerte y luego se fueron también. Jou me advirtió que si tardabas mucho en despertar o te sentías mal fuéramos al hospital de inmediato. ¿Debería llamar a un taxi? —Sus cejas se alzaron ligeramente, dando a su expresión una seriedad inusual en él, aunque siendo Takeru de quien se hablaba Yamato sabía que no podía fiarse.
—No, déjalo así. Estoy bien. Solo un poco adolorido.
—Cierto. También me dijo que te diera un antiinflamatorio. Debería ir por él y aprovechar de avisar a los demás que despertaste. Estaban preocupados —explicó rápidamente, mientras se levantaba de la silla del escritorio de Yamato que él mismo había acercado a la cama para estar atento a cuando su hermano despertara.
—Espera. ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?
—Como una hora. En realidad reaccionaste casi enseguida y luego volviste a dormirte. Te íbamos a llevar al hospital, pero tus signos vitales estaban bien.
El mayor asintió y dejó que su hermano fuera por el analgésico que, contra su voluntad, se tendría que tomar. Odiaba los medicamentos y los evitaba todo lo que podía, pero por alguna extraña razón se sentía tan apaleado como si un camión le hubiera pasado por encima, suponiendo que así se sintiera porque nunca había sido atropellado por uno, e imaginó que no le vendría mal un poco de ayuda con el dolor de cabeza.
Cinco minutos más tarde tragaba con fuerza la pastilla que le acababa de dar Takeru y a continuación vació el vaso de agua que este último le extendió también, en un vano intento por deshacerse de ese mal sabor que siempre le quedaba en la lengua.
—¿Quieres dormir un poco más? Jou insistió en que no fue nada serio, pero tal vez te vendría bien descansar.
—Realmente te preocupé, ¿no es así?
—Claro que lo hiciste. ¿Qué clase de pregunta es esa? Eres mi hermano.
Yamato se encogió de hombros.
—Es difícil saber cuándo hablas en serio.
—La única razón por la cual no te demuestro que te quiero o que me preocupas es porque sé que lo odias.
—Por supuesto. Porque no adoras burlarte de mí para nada —ironizó—. Como sea. Tengo una pregunta más.
—Tranquilo. No dejamos que Jun se acercara a ti y te violara.
El mayor enarcó las cejas como diciéndole: "¿ves de lo que hablo?"
—Ya, lo siento. Dispara. No en serio, ¿entiendes? Digo que..
—Oh, calla de una vez.
—¿Cuál es tu pregunta? —Una sonrisa socarrona seguía pintada en sus labios.
—¿Sabes de dónde sacó tanto dinero? Y no te atrevas a preguntarme quién o a irte por las ramas.
Takeru se reclinó sobre la silla, haciendo que las patas delanteras se alzaran del suelo por unos segundos. Parecía estar meditándolo, aunque Yamato intuía que lo hacía solo para añadirle dramatismo al asunto. Sería un buen dramaturgo algún día, en serio.
Al final, continuando con su actuación y confirmando así la teoría del mayor, se llevó una mano al mentón en un gesto estudiado.
—Creo que estaba ahorrando para comprar una cámara profesional.
—Entonces debo compensárselo de alguna manera.
—Hikari no funciona así. No creo que lo hiciera esperando nada a cambio. Fue la única lo suficientemente sensible para querer ayudarte al ver que casi te estabas muriendo ahí arriba. Ella es así, ¿sabes? Y de todos modos no tienes ese dinero.
—Pero puedo darle otra cosa. Debe haber algo que quiera o necesite y que yo pueda darle. Sabes que no me gusta estar en deuda con nadie. ¿Se te ocurre algo? —preguntó, dejando un pequeño espacio para que Takeru pudiera responder—. Vamos, escúpelo. Sé que debes tener al menos una idea. La conoces demasiado bien como para que no se te ocurra nada.
—¿Lo que sea?
—Mientras esté a mi alcance.
Takeru dramaturgo volvió a llevarse una mano al mentón.
—Bueno, ella ha estado trabajando duro por entrar al periódico este año y necesita hacer un gran artículo para conseguirlo. Seguro que con una entrevista al líder y vocalista de Knife of day consigue esa plaza.
Yamato pestañeó, sorprendido de lo fácil que se le había ocurrido una idea tan buena.
—Puedo hacer eso. Por tu cara me doy cuenta de que ya lo había pensado antes, ¿no? —A veces, y solo a veces, se le daba bien leer a su hermano.
—Un poco.
—¿Y por qué no me lo pidió? No es como si le hubiera podido decir que no siendo hermana de Taichi y tu mejor amiga. Ustedes dos juntos son una especie de callejón sin salida.
—Pues gracias por los que no toca. —Se hizo el ofendido, lo único que no se le daba muy bien porque siempre estaba sonriendo. Realmente era difícil hacerlo enojar—. Honestamente creo que ese era el problema. Hikari no quería que le hicieras el favor solo por nosotros. Tú no la conoces, pero no le gusta molestar. Y no digamos que tú tienes una carácter precisamente fácil para acercarse.
—Pero habría aceptado. Eso es lo único que debería importar, ¿no?
—Bueno, ahora puedes ofrecérselo.
Dos días más tarde, a la salida de la preparatoria Tsukishima Sogo High [1] se había armado un pequeño alboroto.
Al atravesar la puerta principal Hikari no tuvo que mirar muy lejos para descubrir la razón.
Apostado debajo de un árbol estaba nada más ni nada menos que Yamato, conocido de sobra por esos lares debido a su banda, y quien permanecía tan inmóvil como si quisiera convertirse en un árbol a pura fuerza de voluntad. Tenía los brazos cruzados, gesto enfurruñado y llevaba puestas unas gafas oscuras que solía usar siempre para salir aunque no ocultaban muy bien su identidad.
Se notaba a leguas que hacía todo lo posible por ignorar los cuchicheos y a las chicas más atrevidas que se acercaban a pedirle un autógrafo o una foto. A todas las despachaba con un displicente movimiento de mano y unas cuantas palabras presumiblemente educadas, pues si bien no era lo que se dice amistoso, tampoco solía ser grosero con extraños a menos que la situación lo ameritara. Solo con Mimi tenía una relación de perro y gato que lo sacaba de sus casillas, haciéndolo actuar más brusco que de costumbre.
A Hikari le hizo gracia verlo así. Sonrió y volteó a la derecha para comentárselo a Takeru, pero donde hasta un segundo atrás había estado el chico, halló solo un espacio vacío. Su amigo se había esfumado como por arte de magia.
Contrariada y con un presentimiento de cuál podría ser la razón de su huida, si es que se valía llamarla así prematuramente, volvió a mirar el árbol y esta vez Yamato la vio también. Alzó un brazo para saludarla e hizo ademán de acercarse, así que ella caminó a su encuentro preguntándose qué podría querer.
—Hikari-chan —dijo él, quitándose los lentes y haciendo una pequeña venia.
—Hola, Yamato-san. Que sorpresa verlo aquí. ¿Se recuperó del golpe?
—Sí, no fue nada realmente. ¿Tú... estás bien? —Se llevó las manos a los bolsillos y apartó un poco la mirada con gesto culpable.
—¿Yo? —preguntó sin entender a qué se refería.
—Sí. Takeru mencionó algo acerca de Jun. También la vi saltar sobre ti antes de que me desmayara.
—Oh, hablaba de eso. Estoy bien, solo fue un pequeño rasguño.
—Ya veo.
—Si está buscando a Takeru, me temo que...
—No. En realidad te esperaba a ti... —Sus ojos finalmente se posaron en los de ella.
El presentimiento que tuvo segundos atrás se afianzó un poco más en el estómago de la chica.
—¿A mí? —preguntó entre curiosa y confundida.
—Sí. —Yamato echó un vistazo a su alrededor, notablemente incómodo—. Disculpa, ¿te molesta si vamos a un lugar más privado? Hay algo de lo que necesito hablarte.
—Claro. —La sonrisa apenas titubeó en sus labios.
—Tengo mi moto aparcada en la esquina.
Hikari asintió y ambos se dirigieron hacia el lugar señalado por el rubio sin prestar atención a las miradas que los siguieron por el trayecto, o al menos intentándolo.
Yamato la llevó a una pequeña cafetería que quedaba casi en la periferia del barrio, a unos treinta o cuarenta minutos de la preparatoria.
Hikari no podía saberlo con precisión porque le parecía que el tiempo corría distinto sobre una moto y nunca fue de las que llevara reloj.
—Siento hacer que te subieras a la vespa [2], pero como ves, quedaba un poco alejado para venir a pie. —Fue lo primero que le dijo cuando estuvieron instalados en una mesa a la espera de su pedido.
La chica había estado echando un vistazo a su alrededor, deseando haber tenido su cámara consigo para tomar alguna foto del local, que no hacía falta mirar mucho para descubrir la razón por la cual a Yamato le gustaba. No solo era discreto por su ubicación, sino también altamente acogedor. Con sillas acolchadas, buena iluminación y muebles de aspecto antiguo aunque muy bien mantenidos.
—No pasa nada —contestó, por fin centrando la mirada en él.
—Pero seguro que Taichi armaría un escándalo si se entera —resopló, agitando casi de manera imperceptible su flequillo.
—Sí, probablemente lo haría.
Compartieron una mirada y apartaron la vista cuando un par de sonrisas marcaron sus labios inesperadamente. Era, probablemente, la primera vez que estaban a solas hablando como dos amigos cualquiera, y más importante aún, la primera vez que compartían un momento de complicidad.
—Pero no le diré nada si eso le preocupa.
—¿Crees que Taichi es un problema para mí? —preguntó enarcando las cejas con una expresión soberbia.
—No. Como dice el dicho, perro que ladra no muerde —contestó ella dando un pequeño sorbo a su café cortado y limpiando con una servilleta el bigote de crema que le quedó sobre el labio superior.
—No sabía que bebieras café...
—Me gustan los sabores fuertes. —Fue toda su respuesta.
Yamato pensó que antes de que la viera beberlo, hubiera podido apostar que le gustaban los sabores suaves. Iban más con ella, pero descubrir que estaba equivocado no le pareció tan desconcertante como sí interesante. Después de todo no la conocía bien.
—Sé la razón por la que me trajo aquí. —Hikari se llevó un mechón de cabello detrás de la oreja y el chico se descubrió siguiendo el movimiento, sorprendido por la gracilidad de éste.
—¿Lo sabes? —preguntó apartando la mirada antes de que ella comenzara a sentirse incómoda.
Ella asintió.
—Quiere agradecerme lo de la subasta u ofrecerme el dinero de vuelta, pero nada de eso es necesario.
Yamato cambió el peso, reacomodándose en la silla.
—La verdad no puedo regresarte el dinero. Lo necesitamos para el demo. —Hikari asintió ante su afirmación—. Pero tienes algo de razón, quiero agradecerte lo que hiciste.
—Acaba de hacerlo.
—No. —Agitó la cabeza—. No he terminado. Lo que quiero decir es que me gustaría hacer algo para poder compensártelo.
—No tiene que hacer nada. Lo hice porque quise.
—Lo sé, y respeto eso. Pero no me gusta deberle nada a nadie, así que te pido que aceptes mi ayuda.
—¿Su ayuda?
—Me enteré de que necesitas hacer un artículo para ingresar al periódico de la preparatoria.
La reacción de Hikari fue progresiva. Primero entreabrió los labios, viéndose sorprendida de que él tuviera conocimiento de esa información y pocos segundos después, cuando lo hubo asimilado, infló ligeramente las mejillas como una niña en mitad de una rabieta.
—Takeru es un chismoso —reclamó apartando la mirada. Había estado en lo cierto al pensar que su mejor amigo huyó al ver a su hermano frente a la preparatoria. Claro, el muy cobarde lo hizo porque sabía que ella se enfadaría con él.
—No te enfades con él. Solo te quiere ayudar y yo agradecerte lo de la subasta, así que a los dos nos viene bien. Déjame hacer esto por ti.
—Pero necesitaría preguntarle muchas cosas para luego seleccionar las preguntas y también sacarle fotos. Sé que odia las fotos.
—¿Có-cómo sabes eso? —La sorpresa no le permitió articular bien la pregunta.
—Siempre frunce el ceño ante la cámara y no tiene muchas de niño. Takeru me enseñó un álbum de los dos, pero la mayoría eran suyas. No puedo decir que me extrañe. Él es un acaparador de atención por naturaleza. Usted también, solo que no le gusta.
—¿Cómo sabes tanto de mí? —preguntó verdaderamente intrigado.
—No lo sé. Supongo que se me da bien observar a la gente y analizarlos. Lo hago todo el tiempo sin darme cuenta.
Yamato pasó saliva y volvió a reacomodarse en la silla, esta vez apoyándose bien contra el respaldo.
—Lo siento, no quise incomodarlo.
Que la chica fuera tan observadora e intuitiva no debería haberlo sorprendido tanto, pues ya alguna vez la había visto haciendo deducciones muy correctas acerca de los demás, nunca de él, pero no pudo evitar sorprenderse de todos modos. Ella tenía razón, no le gustaba ser el centro de atención.
—Está bien, solo estoy impresionado.
Hikari se limpió la boca con una servilleta, Yamato pensó que solo por hacer algo.
—Estoy dispuesto a hacer todo lo que necesites para ese artículo. Trataré de no fruncir el ceño si eso ayuda —añadió con cierta gracia al final.
—¿Está seguro? Porque...
—Seguro.
La chica volvió a abrir los labios, seguramente para rebatir desde un nuevo flanco. Porque claro, era una Yagami, o al menos a eso atribuyó Yamato su terquedad antes de adelantarse y dejarla con la palabra en la boca.
—¿Sabes? Se supone que te debo veinticuatro horas de mi tiempo en las que debo hacer lo que tú quieras, así que solo intento cumplir con mi parte del trato. Tú pagaste y yo te daré la entrevista. Te aseguro que frente a la expectativa de pasar apenas cinco minutos con Jun, soportar el flash de una cámara no será nada.
Hikari siguió mirándolo un par de segundos, todavía sopesando las opciones por lo que pudo intuir Yamato, hasta que al fin sus hombros se relajaron en medio de un suspiro y sonrió. El chico pudo observar exactamente el segundo de la rendición en sus ojos.
—En ese caso acepto.
Salieron del local diez minutos más tarde, siendo sorprendidos por una intensa lluvia primaveral. Por más que Yamato intentó resguardarlos un poco cediéndole a ella una capa transparente con la que cargaba, la que por supuesto que le quedó algo grande, y aprovechándose de las cornisas de algunos edificios, lo cierto es que para cuando aparcó frente al departamento de los Yagami ambos estaban casi igualmente empapados.
—Siento mucho que te mojaras —murmuró cuando la ayudó a bajar de la moto.
—Está bien. No tenía forma de saber que llovería. —Al contrario que muchas chicas que Yamato conocía y que se hubieran mostrado horrorizadas al ver su ropa empapada o su maquillaje estropeado, Hikari parecía encantada con aquel inesperado baño. No pudo evitar pensar que lucía tan radiante como una flor agradecida por el riego. Era como si el agua la recargara o algo semejante. Quizá fuera por su sonrisa.
—De todos modos, lo siento y espero que no te enfermes. No necesitamos hacer enojar más a Taichi que por el viaje en moto.
Hikari rio y su risa se mezcló con la lluvia, que seguía cayendo ininterrumpidamente sobre ellos.
—Ya se lo dije, será nuestro secreto.
Yamato captó tarde su intención de quitarse la capa. Trató de impedírselo, decirle que podía quedársela, pero para ese entonces ella ya se la estaba extendiendo y la lluvia mojándola más de lo que lo había hecho ya.
—Gracias por el café y el paseo.
El chico asintió.
—Será mejor que entres. No quiero que sigas mojándote.
—Hasta pronto, Yamato-san —dijo con una sonrisa y a continuación se dio la vuelta y corrió hacia la entrada del edificio.
El chico se preguntó cómo había sido tan estúpido de retenerla más tiempo del necesario bajo el agua en lugar de haberla animado antes a entrar al edificio.
Para cuando volvió a subir a la vespa y echó un vistazo al portal, vio a la chica agitando una mano para despedirse. La imitó y encendió el motor. Al pasar por enfrente Hikari le pareció casi una alucinación o una especie de oasis, una imagen intermitente a través de la lluvia.
Referencias:
[1] Tsukishima Sogo High: Según tengo entendido es el nombre de la preparatoria a la que asisten todos en Tri.
[2] Vespa: Motocicleta ligera o ciclomotor, con ruedas pequeñas, que tiene una plataforma para apoyar los pies y en su parte delantera una plancha protectora de las piernas [RAE]. Según tengo entendido, es el modelo que maneja Yamato en Tri y si bien esta historia trascurre dos años después, pensé que sería mejor mantenerla.
Notas finales:
No lo había dicho y no es trascendental ni nada por el estilo, pero puede servir para contextualizar:
Taichi, Sora y Yamato tienen 19 años, por lo que Takeru y Hikari tienen 16.
También debo destacar que cambié el título del fic por uno que me pareció más acorde.
¡Gracias por leer!
