Muerte Frustrada; Pesadilla Alargada


Todos se quedaron callados al escuchar cómo me referí a mí mismo. Probablemente les resulte extraño ver cómo alguien se autocalifica como el perdedor de su pueblo. Claro, eso debido a que desconocen mi historial de vergonzosas derrotas y paupérrimo desempeño dentro de las ligas; ni siquiera podría decir que esté a la altura de un amateur de buen nivel. El silencio permaneció inalterado por unos segundos, hasta que el mismo moreno que preguntó por mi nombre reanudó la conversación.

–Es un gusto, Ash. –Posteriormente, me señaló a sus acompañantes y me los presentó uno a uno. –Estos mis amigos y compañeros de aventura: Dawn, Misty, May, Iris y Cilan.

Los cinco chicos que el moreno señaló respondieron a la presentación con un saludo. Además de la chica peliazul que había hablado antes, estaban una chica pelinaranja de ojos verdes, una castaña que llevaba una bandana verde en su cabeza, una chica morena de pelo morado peinado de forma estrambótica y un joven que parecía ser el mayor, de pelo y ojos verdes.

Los analicé detenidamente, escaneando todo lo que podía ver a simple vista y en aquella penumbra crepuscular. Mi primera impresión fue que parecían buenas personas, todos tenían apariencia de ser amigables y de carácter calmado, por supuesto, las apariencias pueden ocultar bastante bajo la piel. Por lo tanto, me mantuve alerta ante cualquier señal de peligro proveniente, tanto del campamento donde estábamos, como de afuera del mismo: en los alrededores del bosque.

–¿En qué parte del bosque estamos? Si se puede saber. –Pregunté devolviendo mi mirada al chico de ojos rasgados y piel morena, si no me equivoco su nombre era Brock.

–Cerca del lago que se encuentra en medio del bosque, tal vez a unos veinte minutos a pie de Ciudad Ecruteak.

Por suerte no me alejaron mucho del punto de partida donde me encontraba, dado que ahora mi intento de suicidio fue frustrado, y no creo volver a hallar agallas para volver a intentarlo en un rato, necesito regresar al Centro Pokémon para recoger a mis Pokémon. Debido a que no soy entrenador profesional, y por lo tanto no poseo los privilegios de uno, el servicio de cuidado Pokémon no es gratis; lo que implica que, si los dejo más tiempo del estipulado con la enfermera encargada del lugar, que se me da como empleado del lugar, recibiré un cobro extra. Mis cinco horas de cuido están por acabar dentro de una media hora, así que debo apresurarme en partir a la ciudad, no estoy en posición de manejar un gasto extra, mi economía es más que deprimente en este momento.

–Chicos, fue un placer haber estado con ustedes esta tarde, pero realmente debo volver al Centro Pokémon, y no tengo tiempo que perder. –Sin más que añadir me levanté del tronco en el que estaba apoyado, y empecé mi retirada en la dirección que Brock me había indicado que estaba Ciudad Ecruteak.

–¡Espera un momento! Claramente es un tema que todos aquí, en especial tú, estamos evitando, pero si estás aquí en este momento es porque evitamos que acabaras con tu vida. ¿Cómo sabremos que no piensas volver a intentarlo? Estoy segura que ninguno de nosotros aquí presentes deseamos cargar con la culpa de no haber evitado que una vida se apagara. –Dijo súbitamente la morena de pelo pomposo, que súbitamente se levantó de donde se hallaba sentada y blandió sus brazos cuales espadas de samurái. Al ver la reacción de su amiga, el resto del grupo asintió compartiendo su punto de vista.

–Iris tiene razón. Está más que claro que de no haber sido por el Crobat de Brock, estarías muerto. No puedes simplemente irte así de fácil, al menos no sin antes estar seguros que no intentarás nada extraño. –Añadió la castaña con la bandana verde, su nombre era May.

–Miren, si me intenté suicidar o no, es mi asunto, no el suyo. Y no pienso hacer tal cosa, yo me voy en este momento, no tengo que asegurarles nada, ni darles ninguna clase de seguridad; no les corresponde, tan siquiera me conocen. –Me empecé a alejar bastante fastidiado, estaba claro que ese grupo de chicos jamás sería capaz de comprender mis razones. Pero la voz de la chica pelinaranja, que había permanecido callada y expectante, me detuvo.

–¿Así nos agradeces por salvarte la vida? No solo Brock te ayudó, todos aquí hicimos algo para ayudarte, te acomodamos en el tronco de forma en que no te lastimaras y te cuidamos mientras estuviste desmayado, lo que fue un par de horas. No fue mucho, pero todos aquí, aun sin conocerte, nos llegamos a preocupar por ti.

–Yo no les pedí ayuda. Y no me vengas con eso de: "Nos llegamos a preocupar por ti". Es imposible que realmente lo hicieran sin tan siquiera saber quién soy; no lo saben, y nunca lo harán. Ustedes no me salvaron, solo alargaron una pesadilla de la que al parecer nunca voy a poder despertar.

Y sin ganas de escuchar más discursos cargados de mentiras de falsa moral, me aleje de los samaritanos apócrifos, adentrándome en el bosque, Al poco tiempo de haber ingresado en la zona más frondosa, la total oscuridad se hizo presente, complicando mi vuelta al Centro Pokémon, donde suelo laburar desde hace un par de meses. A pesar de la negrura del ambiente, mi conocimiento debido a la experiencia de recorrer aquel bosque, me permitió encontrar el camino a la Ciudad, y de esa manera logré llegar a ésta en tiempo record.

Con quince minutos sobrantes, antes de que acabara el tiempo de cuido que se me otorga como empleado del Centro Pokémon, logré al fin llegar a la famosa Ciudad Ecruteak. Crucé unos arbustos y salí justo al lado de la Torre Quemada. Tras haberme vuelto a acostumbrar a la oscuridad, me vi en la necesidad de cerrar mis ojos nuevamente, similar a lo sucedido con fogata, pues las luces de la calle estaban encandilando mi vista. A tientas empecé a dar unos cuantos pasos, para así adentrarme en las calles de la ciudad; rápidamente mis ojos se acostumbraron de nuevo al brillo de la luz, por lo que, a un paso veloz, seguí mi camino al Centro Pokémon.

Debido a mi naturaleza antisocial, producto de mis años de soledad, no he formado amistad con ninguna persona de la ciudad, por lo tanto, me limité a caminar al costado de la acera, metido en mi propio mundo. Crucé una calle y giré a la izquierda, frente a mí se encontraba el gimnasio Pokémon. Los recuerdos del día que reté a su líder, más de cuatro años atrás, inundaron mi mente.

La pelea contra Morty resultó bastante compleja, en esos momentos él ya era un entrenador Pokémon forjado, y yo apenas era un chico que venía de haber sido humillado en la fase de grupos de la Liga Indigo, aún me sentía solo, pues Gary Oak, mi primer acompañante y el único que ha estado más de medio año conmigo, ya no se encontraba viajando conmigo. La primera vez que enfrenté a Morty barrió el suelo conmigo, no pude vencer a su Mismagius por mucho que lo intenté. La segunda vez fue su Gengar, y la tercera su Hunter. Finalmente me sobrepuse, y gracias a Pikachu pude derrotar finalmente al equipo fantasma del líder de Ciudad Ecruteak, la verdad me sentía bastante feliz; él fue mi mayor reto la primera vez que estuve en Johto.

Volví al presente al verme fuera del edificio al que necesitaba llegar. Consulté mi Pokédex y miré que la hora marcaba las seis y veinticinco de la tarde, logré llegar con cinco minutos de sobra. La Pokédex es un dispositivo que sirve para identificar y catalogar a los Pokémon, además de mostrar sus atributos. Existen de varios tipos y modelos; la mía es una versión extendida por Johto, el Pokégear, que además sirve como dispositivo de rastreo, GPS, y como medio de comunicación. Es como un pequeño ordenador portátil de color rojo. Lo compré la primera ocasión que estuve en la región, en esa época, su diseño ergonómico y táctil la hacía de lo mejor en el mercado, así que usando el dinero que obtuve, resultado de mi participación en la Liga Kanto, me hice con él.

Sin más dilación, ingresé al lugar y me dirigí al mostrador donde se encontraba la enfermera Joy. Esta al verme hizo cara de fastidio, casi como si esperara que hubiera finalmente desaparecido de la faz de la tierra.

–Buenas tardes, Joy. Vengo para recoger a mis Pokémon. –La chica me miró con desdén y se retiró a la parte trasera del mostrador.

Es irónico, pero podría apostar a que su actitud amargada se debía a que era mi día libre, los domingos. Suele ser un día bastante sofocante, y es cuando más entrenadores retan el gimnasio de Morty, y producto de esto, más personas llegan al Centro Pokémon buscando usar sus servicios. A pesar de esto, yo firmé un contrato que me permitía elegir un día a la semana como descanso, y claro, yo elegí los domingos. Eso no impide que la enfermera me suela convencer de ayudarla con los clientes, debido a esto suelo retirarme los domingos del lugar, provocando el mal humor en mi compañera de trabajo.

Al poco tiempo la chica apareció con una bandeja con cinco Poké Balls y a mi Pikachu en sus brazos. Sin decir nada coloco la bandeja en el mostrador, y liberó su agarre en mi tipo Eléctrico, que inmediatamente saltó de sus brazos y trepó a mi hombro. Yo le agradecí a la chica, tomé las Poké Balls y las coloqué en mi cinturón, y acaricié la cabeza de mi amigo amarillo. La rubia hizo un gesto con la mano y se sentó frente al ordenador, donde empezó a tipear algo en el teclado. Yo tomé eso como señal de que podía retirarme, así que eso estaba por hacer, hasta que su voz me detuvo.

–Las cinco horas que se te conceden de cuidado Pokémon se agotaron hace media hora. Lo que significa que como multa se te descontará una semana de paga. –Me dijo la enfermera, sin despegar su vista del monitor.

–¿Cómo? Pero si yo salí de aquí a la una y media, mis cinco horas acaban de terminar, llegué a tiempo. –Argumenté, bastante exaltado por la noticia.

–No, según el sistema, los Pokémon ingresaron a la una en punto de la tarde de hoy. Y puesto que ya se te ha reclamado y multado debido a lo mismo en varias ocasiones, esta vez se te descontará una semana de paga. –Mi estómago se revolvió y se me bajó la presión, me era imposible comprender que estaba ocurriendo y el porqué de aquello. O así era, hasta que recordé que la chica tenía razón, salí media hora antes porque tenía pensado buscar un buen lugar para acabar con mi vida, ahora definitivamente deseaba haberlo logrado.

–Liz, por todo lo bueno, hemos sido compañeros un par de meses, te he ayudado en varios domingos en los que supuestamente tenía libre, ¡me conoces desde que vine por primera vez a Johto hace varios años! Ayúdame, sé que puedes hacerlo, dame una mano esta ocasión. ¡Por favor! –Le dije a la chica al borde de la desesperación, perder una semana de paga implicaría pasar un hambre terrible todo el final de mes. Esperando que haber usado su nombre real, ya que Joy es el nombre que por decreto usan todas las enfermeras de los Centro Pokémon, la ablandara un poco; no fue el caso.

–No puedo hacer nada. Y solo mis amigos me llaman Liz, que quede claro. Yo soy Elizabeth o Joy para ti. –Me respondió con una frialdad capaz de congelar a un Lapras. No añadió nada más y siguió trabando en el ordenador.

Tratando de controlar unas cuantas lágrimas de frustración furtivas, me alejé en dirección de mi habitación. Caminé por los pasillos hasta llegar a la última sección del edificio, lugar donde se encuentran las habitaciones de los empleados, por ahora solo somos la enfermera y yo. Seguí hasta la puerta del fondo, y al abrirla ingresé a mi habitación, un lugar pequeño con una cama, una mesa de noche y un televisor de pantalla plana antiguo colocado en la pared.

Me dejé caer en la cama con un suspiro, Pikachu imitándome se hizo espacio en la parte inferior de la misma, cerca de mis pies, y se durmió. Yo, ya que no tenía nada mejor que hacer, encendí la pantalla y me puse a cambiar de canal en canal en búsqueda de algo interesante que ver.

En el canal de documentales estaban pasando un programa sobre migraciones Pokémon, el cual he visto varias veces, así que seguí buscando. Luego me encontré con que, en el canal de noticias, estaban afirmando que según una prueba de chi en una muestra poblacional de Johto y Kalos, y tomando en cuenta la varianza y bondad de ajuste, se predecía un aumento interesante en la cantidad de nuevos entrenadores Pokémon. Mostraron una estadística que mostraba una línea en un punto alto hace más de seis años, y luego fue descendiendo hasta hace unos tres años, que volvió a elevarse, y mostraba un enorme incremento previsto para los siguientes tres años; pero claro, yo no necesito estudios ni estadísticas para saber eso, para mí ha sido más que claro al notar el enorme volumen de entrenadores que ha llegado al Centro Pokémon, durante el periodo que he estado trabajando.

Ya habiéndome aburrido de ver tantos números, seguí cambiando los canales. Me detuve un momento en el canal económico, donde afirmaban que, tras el Gran Fenómeno Laboral, la economía global se volvería a estabilizar, inclusive predecían una disminución de la cantidad de indigentes y desempleados. Volví a cambiar el canal, la verdad nada de eso me importaba por el momento, solo quería sacar de mi mente la cruda realidad. Al pasar por el canal de farándula, el cual no suelo ver, me detuve de improvisto. En la pantalla podía ver a una reportera pelirroja, hablando desde lo que parecía un enorme teatro adornado con cortinas rojas y doradas. Pero lo que me llamó la atención, fue que estaban mostrando las repeticiones de la presentación de una chica que se me hacía familiar. Le subí el volumen al televisor y me acomodé en la cama, sentándome en la orilla.

–…Y fue de esa manera que en Kalos se coronó una nueva reina de los performances, derrotando a la por tres años consecutivos Reina de Kalos, Serena Yvonne Gabena. Claro, no hay que olvidar que la señorita Gabena tomó el título derrotando a la famosa Aria Elle. Ahora solo queda esperar a la ceremonia de coronación de la joven Bonnie Miare, la nueva Reina de Kalos.

Mientras la chica hablaba de lo que ocurría yo no podía quitar mi vista de las repeticiones del evento, en especial de la chica pelimiel que se encontraba haciendo un performance hermoso, sus movimientos eran como los de un ángel, era algo completamente increíble. De todas formas, no podía sacarme de encima ese sentimiento de que la conocía de algún lado, el nombre Serena me sonaba mucho, estaba seguro que la había visto antes.

–¿Y se sabe algo de que podría llegar a ocurrir con la relación entre la ex reina y el actual Campeón Regional de Kalos? –Preguntó otra mujer desde el estudio. Una chica de unos treinta años, castaña y con anteojos.

–Bueno, hasta el momento no hemos obtenido ninguna clase de declaraciones por parte de… Esperen un momento, me están confirmando que uno de nuestros periodistas está con nuestro campeón, Alain.

–Claro, acá en el estudio ya tendremos conexión con nuestro compañero. –Pasaron unos segundos, y apareció un sujeto, en el recuadro esquinero izquierdo de la pantalla, debajo de la reportera pelirroja, y al lado del recuadro donde estaban dos reporteros, la mujer que habló antes desde el estudio, y un hombre pelinegro vestido de traje.

–Buenas noches desde Ciudad Gloire hacia el estudio. En este momento el Campeón de Kalos acaba de ser visto acercándose a la zona de camerinos del Castillo de Gloria, presumiblemente para reunirse con su pareja, la ahora ex Reina de Kalos, intentaremos obtener algunas declaraciones.

El sujeto que estaba vestido de manera bastante extraña, muy colorida y vistosa, se acercó a un joven alto, de pelo negro y mirada seria. Lo reconocí inmediatamente por los programas de luchas Pokémon, Alain Tsuyomaru, el campeón de Kalos desde hace tres años, logró ganar la liga de Kalos con la ayuda de solo su poderoso Mega-Charizard X. Retó al Alto Mando, venciéndoles y quitándole su puesto a Diantha, que quedó como la líder de la Elite Four, remplazando a Drasna, que quedó descartada de su puesto por eliminación directa en base al nivel de cada entrenador del grupo.

–¡Alain, Alain! Cree poder darnos unas declaraciones. –El chico se veía bastante incómodo con aquel exabrupto, en un principio parecía que se iba a negar, pero al final suspiró y aceptó responder una sola pregunta. –Esta derrota sobre su actual pareja, la señorita Gabena, ¿Es posible que genere alguna clase de problemas en su relación? Es bien sabido que usted es considerado uno de los Campeones más fuertes que ha tenido Kalos.

–No creo, que yo sea campeón o no, o que Serena sea Reina o no; no influye en lo más mínimo en ningún aspecto de nuestra relación. Eso es todo. –Y aunque el reportero insistió, Alain simplemente se zambulló en los camerinos, donde unos guardias evitaron a la prensa seguir con su persecución.

Suspiré al ver ello, me recordó cuando la prensa me estuvo acosando, claro, no por las mismas razones. En mi caso fue porque se difundió que yo era el peor entrenador profesional dentro del record histórico de la Liga Pokémon, fue bastante deprimente. Salí de mis pensamientos y seguí viendo la pantalla, en búsqueda de una mejor toma de la cara de la chica, estaba seguro que me era conocida, y no iba a descansar hasta estar seguro.

Por una media hora se limitaron a pasar imágenes de las batallas que hubieron antes de la final y la final misma. La ganadora fue una chica bastante joven, de pelo rubio, que venció a la Reina de Kalos con una presentación increíble de su Dedenne y su Tyrunt. Al cabo de la media hora, volvieron con el mismo reportero que entrevistó a Alain, que, según sus propias palabras, estaba esperando para entrevistar a Serena, la chica pelimiel que había llamado mi atención.

Pero cuando la chica salió del camerino, no se detuvo en lo más mínimo a prestarle atención al sujeto, que insistió hasta el último de sus alientos. En las tomas podían apreciarse lágrimas en la cara de la chica, detrás de ella salió Alain que se limitó a seguirla llamándola por su nombre de manera insistente.

–Eso es todo, estudio. Ninguno de los dos dejó que la prensa se les acercara, pero estaba claro que algo ocurrió allá adentro entre esos dos. Que tengan una linda noche.

El recuadro de dicho reportero se cerró y volvieron a la imagen del estudio, donde ambos presentadores estaban discutiendo lo sucedido, nada de valor, solo pura especulación farandulera. Lo que me dejó seco, fue ver la imagen de cerca de la toma de cuando la chica salió del camerino. Me fue imposible no reconocer esos ojazos azules, ese hermoso pelo color miel, esa piel blanca como la arena de una playa virgen. La realización me cayó como balde de agua fría, ella era aquella chica, la primera y única de la que me he enamorado, Serena es la niña de mismo nombre que conocí en mi pueblo natal hace años, ella es la niña del sombrero de paja.