-Ahora sí, niño ¿Quién eres y que haces aquí?- Yo estaba bebiendo chocolate a la madruga en la cocina de mi casa con un niño que nunca había visto. En realidad si lo piensas, no podría ser tan raro. "Un hombre generoso encontró a un adolescente solitario en la fría calle y lo acogió" ¿suena bien verdad? Lo que sucede, es que no lo encontré en la calle ni nada por el estilo, lo encontré acostado en mi cama ¡DESNUDO! Una situación que, a esta altura de mi vida, nunca consideré que pasaría.
Antes que nada, le di un pantalón y una camisa, le quedaban mu grandes y puso una expresión de incomodidad; como si fuera más incómodo que estar desnudo frente a un desconocido. Pero lo más raro de todo es que él se parecía a alguien, no sé a quién pero, sentí que era algo muy importante que debía recordar.
-Responde ¿Quién eres y que haces aquí?-él me sonrió con picardía, absorbió el chocolate de una forma muy fastidiosa y por un momento se puso serio.
-Yo soy tú, Sora-dijo como si fuera una frase muy común.
-¿Cómo?!
-Sí, yo soy el niño que llevas en tu interior, todos tuvieron uno alguna vez.
-Ah, sí, como no me di cuenta. -dije afeminadamente moviendo las manos luego me puse serio-ya en serio.
-Es verdad-dijo muy apasionado-cuando eras pequeño tu dijiste que podía quedarme en tu corazón lo ¿recuerdas?
-No! ¡Deja de jugar o llamare a la policía!
-¿crees que podrás?-dijo en un tono que me dio miedo, un escalofrió paso por mi espalda.
-¿Q-quieres decir?
-¿Acaso quieres decirles que encontraste a un niño desnudo en tu cama?-dijo con una picardía que me daba ganas de agarrarlo del cuello y tirarlo por la ventana (cosa que seguramente no sería muy difícil) pero, lamentablemente, el homicidio es ilegal-vamos, Sora, yo soy tú y te lo puedo comprobar.
-¿Y cómo?-pregunté dudando de las palabras del chico.
-Pregúntame algo que solo tú sabrías.
-¿Quien fue mi primer amor?
-Eso es fácil, Roxas.
-FAIL! … eh? ¿Cómo dijiste?
-Te enamoraste de tu amigo Roxas en el jardín de infantes ¿o no?-dijo poniéndose pícaro otra vez.
Era cierto, mi primera y única novia (lo sé, soy patético) fue Kairi. Y por eso yo les decía a todos que ella había sido mi primer amor. Y nunca había dicho que en realidad fue mi amigo por razones obvias. Este niño me estaba comprobando algo completamente imposible
-¿Me crees ahora?-habría jurado que seguía jugando conmigo vilmente pero estaba muy impactado como para asegurarlo.
-¿Cómo te llamas?-dije intentando calmarme.
-No sé, yo soy tú,-susurró con un irrelevante toque de melancolía y miró por la ventana medio abierta-si quieres puedes darme un nombre.
-¿Eh?-intenté pensar, pero últimamente mi cerebro estaba demasiado seco, mi trabajo de contador me estaba secando la imaginación-Mmm… si eres yo deberías tener un nombre parecido al mío no-él se encogió de hombros y siguió mirando por la ventana, sin previo aviso, un viento frio sopló en mí nunca, causando que mi cuerpo se retorciera. Lo raro es que eso reactivo mi imaginación-¿Qué te parece Ventus? Podría decirte Ven.
Él no me miró. Indiferentemente volvió a sorber el chocolate y puso la tasa sobre la mesa y se quedó mirando el fondo blanco que había dejado.
-Me…-susurró sin dejar de mirar la tasa-¡Me encanta!-grito con al alegría y se me tiró encima para abrazarme. Al instante, lo separé de mí. Parecía un poco decepcionado.
-Vamos a dormir, Ven-le dije con la mayor amabilidad que pude, el recupero su emoción.
Le dije que podía dormir en el sofá, le di una almohada y una manta y fui hasta mi cuarto. Me tiré en la cama, y las tres horas que me quedaban antes de que sonara el despertador las dormí como tronco. Hasta que el maldito despertador produjo ese chirrido infernal. Pero eso sonido no estuvo tan mal comparado con el que le siguió.
-¡Sora, apaga eso!¡Quiero dormir!-exacto al lado mío estaba Ventus, pero esta vez al menos tenia camisa, solo camisa.
"Me siento enfermo" pensé. Pero mejor irme a trabajar, no quería estar a solas con él.
