A veces la impulsividad trae consigo curiosas consecuencias. Para Rachel Berry la impulsividad significó Quinn. La morena anda por los pasillos del McKinley perdida en sus pensamientos, perdida en ella, camino a la sala de coro, que por la tarde mientras las cheerios ensayan sigue abierta. Ha pasado una semana desde que comenzase su idilio a escondidas y Rachel siente que cada vez va a más y eso la asusta porque ¿a dónde irá a parar su historia con Quinn?

Se juraron que lo que pasó en la sala de ensayo se quedaría ahí y para ella es frustrante mirarla y sentir que se muere de deseo por la rubia pero que no puede tocarla al pasar a su lado en los intercambios de clase. Sin embargo, cuando el instituto calla y los pasillos se vacían, es la rubia quien la espera en la puerta de la clase para ir a la sala del coro, pero eso sí, sin que nadie la vea esperando. Y allí, en esas cuatro paredes que lo saben todo es donde por fin pueden besarse, eso sí, antes de que sus compañeros lleguen. En el momento en el que empiezan a llegar, Quinn se aparta de su lado y finge que acaba de llegar.

Todas esas cosas son las que preocupan a Rachel pues ve que su relación está y estará por siempre limitada. Pero todo eso se diluye cuando al entrar la ve. Porque ahí está su diosa, con un precioso vestido de lino blanco que resalta tímidamente su incipiente embarazo, su pelo rubio que cae en forma de tirabuzones por sus hombros y el color de su piel que a juego con su vestido le hace parecer la más bella de las esculturas griegas. No puede evitar que una sonrisa surque su rostro.

Quinn: ¡Rachel!

La rubia deja a un lado el cuaderno que tenía en las manos y se acerca a ella en apenas dos zancadas. Con mucho disimulo, la morena cierra la puerta tras de sí y corre a su encuentro. Los escasos 5 metros que hay entre ellas le parecen millas en este momento. A Rachel no le da tiempo pronunciar su nombre cuando Quinn la besa. La besa con una intensidad distinta y Rachel lo nota pues se da cuenta de que Quinn le imprime más pasión a ese beso. La rubia le da un pequeño intervalo para respirar mientras le mordisquea la comisura del labio inferior.

Quinn: Te he echado mucho de menos hoy.

Rachel (jadeando): Uaa! Lo he notado. ¿Se puede saber qué te ocurre? Verás (beso) yo no me que (beso) no me quejo, pero no sé, sueles ser más recatada.

Quinn sonríe mientras le estampa otro beso.

Rachel: Hoy no has venido a clase (beso) y no has venido a ensayar. Ayer tampoco viniste (beso) tampoco viniste a ensayar. ¿Qué ocurre?

Rachel interpone las manos entre ella y la rubia para que ésta entienda que exige una explicación.

Quinn: Hoy…hoy he ido a hacerme una ecografía. Es una niña Rachel, una niña.

La morena la abrazó; sabía lo duro que se le estaba haciendo el embarazo y que al principio pensó en abortar y todo, sin embargo había decidido quedársela. También sabía que el hijo que esperaba no era de Finn sino de Puck y que ese detalle atormentaba a la rubia.

Rachel: Lo… ¿lo sabe Noah?

Quinn: No. No quiero hablar con él. No sé Rachel, si me la quedo quiero que sea mía. Joder…la…la…estoy empezando a querer.

Rachel: Q, es normal. Es tu hija.

Quinn (sollozando): Ya, pero no quiero que crezca sabiendo que fue fruto de un error. No quiero que tenga a un delincuente juvenil como padre, no quiero atarme a Puck…no…

Rachel: Shtt. Mírame.

Rachel le alza la barbilla.

Rachel: Tanto si te la quedas como si se la das a otra familia, me vas a tener aquí.

Quinn: ¿De veras?

Rachel: Lo juro.

Quinn pudo ver en la profundidad de esos ojos marrones que decía la verdad.

Rachel: ahora dime. ¿A qué venía tanta pasión si puede saberse?

Rachel: Una mini Fabray rubia de ojos verdes como su mami.

Quinn: ¿Te imaginas?

Quinn apoya su hombro sobre el de la morena. El silencio se adueña de la habitación. Sienten que podrían estar así toda la vida.

Rachel (bajito): ¿Por qué te hace ilusión tener una niña?

Quinn (bajito): Porque siempre he querido que primer hijo fuera niña. Eso de peinarla, comprarle vestidos…

Rachel río.

Rachel: Va a ser verdad que Quinn Fabray es una moñas.

Quinn: Qué graciosa, Berry.

Rachel: No te enfades tonta.

Quinn: No lo hago.

Rachel: Sí lo haces, ¡mira tu ceño fruncido!

Rachel haciendo muecas hace que a Quinn se le escape una carcajada. A esta carcajada se le unen más y Rachel acaba por reírse también. Quinn se da cuenta de que con Rachel se ha reído en una semana más que en todo el año.

Pero esa burbuja en las que ambas ríen se rompe cuando el reloj de Quinn suena, señal de que debe de volver a casa de Finn porque "está saliendo de las clases de preparto de media tarde".

Rachel: Te vas ya, ¿no?

Quinn: Así es. Finn me llamará dentro de diez minutos preguntándome si quiero que me recoja.

Rachel: Finn…

La mirada, hasta entonces brillante de la morena se oscurece.

Quinn: Sí Finn…no te hace gracia que viva en su casa, ¿verdad?

Rachel: ¿Sinceramente? No. Es mi ex, nuestro ex.

Quinn: La verdad es que me siento fatal respecto a él. La niña no es suya, le engañé con Puck…en fin, estoy…estoy contigo.

El corazón de Rachel se aceleró ¿había dicho "estoy contigo? ¿De verdad?

Rachel: Quinn, respecto a eso…quiero hablarlo, con tranquilidad.

Quinn: ¿Respecto a qué?

Rachel: Respecto a lo nuestro.

El móvil de Quinn vuelve a interrumpirlas.

Quinn: Eso en otro momento, ¿vale?

Rachel: Sí, supongo.

La rubia se apresura en darle un beso rápido y contestar al móvil. Rachel se ha dado cuenta de que sea lo que sea que tienen, está creciendo. Se le cruza por mente Finn y el estómago le da un vuelco. Él siempre será "él". Decide que es mejor no pensar por ahora y se marcha a casa.