Dos: La Niña Que Vivió Y El Hermano Al Que Salvó

Dos: La Niña Que Vivió Y El Hermano Al Que Salvó.

Poke–Universo HP. Calle Shadow Drive, Ciudad Oscura, Zona Añil.

Pallet era un sitio al que pocos tenían acceso. Consistía en un castillo enorme y majestuoso, rodeado de verdes jardines, un bosque espeso y un lago extenso y profundo y cercano a la poca concurrida Ciudad Paleta. Era el lugar ideal para pasar un rato agradable, aunque quienes habitaban el castillo no tenían tiempo para disfrutar del paisaje. Tenían que estudiar. Al menos cuando estaban en periodo escolar.

Pero por ahora, ése no era el caso. Eran vacaciones de verano y el prestigiado instituto estaba desierto. De hecho, los encargados de éste dudaban que fuera a abrirse de nuevo, con la amenaza que se cernía sobre él. Esa situación solamente una persona la conocía a la perfección.

Ashlee Ketchum era una jovencita de agradable aspecto: cabello negro a la altura de los hombros y de puntas desordenadas, piel morena y ojos color verde aguamarina tras unos anteojos redondos. Sin embargo, era bastante peculiar. A punto de cumplir dieciséis años, había sufrido en lo que llevaba de vida todo lo que una persona común espera no sufrir en cien años. Su existencia había estado marcada por la mala fortuna casi desde que nació, pero eso no le impedía ser bondadosa en extremo. Cosa que Mish no lograba comprender.

Mish era el hermano mellizo de Ashlee, pero no se parecía nada a ella. De cabello rojo anaranjado, tez clara y ojos castaños, nadie que viera a Ashlee y a Mish juntos creería que son parientes, mucho menos hermanos, pero lo eran. Y él era muy distinto de su hermana en carácter también. Mish era alegre, un tanto despreocupado, impulsivo cuando se enfadaba y en general, espontáneo. Pero si algo lo entristecía era ver a Ashlee tan callada y pensativa, con un aire inconfundible de tristeza, y aislada del mundo.

No era para menos. Ashlee Ketchum había visto morir a alguien más ante sus ojos, como si las muertes que le habían tocado presenciar no hubieran sido suficientes. Ahora la infortunada había sido Polly Áxuki, la directora de Pallet, asesinada por nada más y nada menos que Rudolph Mane, el profesor del insitituto al que Mish más detestaba y que a ella siempre le causaba problemas. La historia era tan complicada que Ashlee no la explicó más que un par de veces, y eso porque sus amigos insistieron en conocer los detalles. Pero de eso a decir directamente cuánto le había afectado, era otra cosa. Ashlee era así, no le gustaba preocupar a los demás, por lo que solía cargar sola con sus sentimientos. Pero a Mish eso no le hacía gracia.

—Hermana… —llamó quedamente desde su cama —¿Estás bien?

Ashlee no le respondió, y siguió con la vista fija en la ventana, contemplando el cielo nocturno. Ése era un pasatiempo simple que practicaba la chica desde pequeña, dado que en aquella casa, en el número 400 de la calle Shadow Drive, no tenía nada animado qué hacer desde que tenía memoria. Mish a veces la acompañaba, pero para él lo de observar estrellas en silencio no se le daba bien.

—No lo estoy, Mish —escuchó el pelirrojo que le contestaba Ashlee —Pero llegaré a estarlo.

A Mish tuvo que bastarle con eso y volvió la vista a lo que tenía en el regazo, una carta escrita en pergamino con una caligrafía redondeada. Sonrió levemente al leer las últimas líneas y la firma antes de alzar la castaña mirada.

—Jackie dice que la veremos pronto —comentó intentando sonar despreocupado —¿Qué dices, hermana?

—Está bien —se limitó a decir Ashlee, sin apartar la vista de la ventana —¿Qué te cuenta de los demás?

Mish se animó, creyendo que podría sacar a su hermana de su ensimismamiento aunque fuera por unos minutos.

—Nancy se vuelve loca con tantas cosas que hay que hacer en su casa, pero que está bien. Mark sigue en Ciudad Celeste con sus hermanos, llegará en la semana a La Arboleda. En cuanto a la boda… Jackie dice que increíblemente, Jimmy aguanta un poco más a Fred. ¿Quién lo hubiera dicho?

A la mención de Jimmy, Ashlee esbozó una sonrisa triste.

—Me alegro por ellos —afirmó serenamente.

Mish temió haber metido la pata nombrando a Jimmy, ¿pero qué le iba a hacer? Él no tenía la culpa de que su hermana, por su excesiva nobleza, hubiera terminado su noviazgo con Jimmy para protegerlo. Sencillamente no lo entendía.

—La boda será en unas semanas —siguió hablando como si nada —¿Iremos?

Ashlee asintió.

—Lo prometimos —contestó —Además, si no vamos, Nancy nos matará.

Mish se echó a reír.

—¡Eh, anormales! —oyeron ambos hermanos que gritaban desde la planta baja de la casa —¡Hora de cenar!

Con distintos gestos de inconformidad, los dos dejaron lo que estaban haciendo, abandonaron el pequeño dormitorio que compartían y bajaron la escalera, pensando en qué cosa les esperaría en el comedor.

La casa era agradable, pero no para los hermanos Ketchum. Ahí, ellos eran vistos como una especie de estorbos necesarios, pero a últimas fechas les daba igual. Afuera las cosas estaban mucho peor.

—A cenar —ordenó de mala manera un hombre robusto, de cabello oscuro y ojos pequeños y castaños que miraban con calculadora frialdad —Y cuidado con dejar algo.

Ashlee y Mish tomaron asiento uno al lado del otro, observaron por un momento los insignificantes tazones de cereal con leche frente a ellos y acto seguido, sin réplicas, comenzaron a comer.

—¿Porqué tan callados? —espetó burlonamente una chica de su edad, de cabello corto y rubio y casi tan robusta como el hombre —¿Acaso ya no los quieren esos extraños amigos suyos?

—Eso quisieras —espetó Mish en voz baja, con la esperanza de que nadie oyera.

—¿Qué dices, tonto? —quiso saber la chica rubia.

Mish se encogió de hombros.

—Basta, a cenar —ordenó una mujer muy delgada, rubia y de ojos azules —Vanessa, ocúpate de cosas más importantes, ¿quieres?

La chica asintió de mala gana, observando de reojo a los mellizos.

—Y ustedes dos, no olviden asear la cocina en cuanto terminemos —agregó la mujer, fijando sus ojos en Ashlee y Mish.

—Sí, tía Daisy —dijo Ashlee sumisamente.

La vida de los hermanos Ketchum en esa casa siempre había sido la de unos criados. Sus tíos, Daisy y Víctor, los acogieron porque no les quedaba remedio, pero siempre habían dejado claro que Vanessa, su única hija, era su prioridad. Aunque bien pensado, eso no era raro. A fin de cuentas, tía Daisy nunca se había llevado bien con su hermana, la madre de Ashlee y Mish, y menos desde que se supo que ella era bruja.

Porque los hermanos Ketchum no eran chicos comunes y corrientes, sino magos. Magos a punto de hacer su último curso en el Instituto Pallet de Magia y Hechicería… si el verano terminaba bien. Después de mucho discutirlo, Ashlee había llegado a la conclusión de que era mejor volver al instituto a terminar su educación y Mish, como siempre en esa clase de asuntos, estuvo de acuerdo. La chica creía que no por todo lo que sucedía en el mundo mágico debía dejar de pensar en el futuro.

Aunque el pasado pronosticara algo escalofriante. Y es que cuando ella y Mish tenían escasos tres meses de edad, una hechicera malvada conocida como Lady Badshad había atacado la pequeña casa de los Ketchum a orillas del Lago Holy y mató a sus padres. El primero en caer fue Ash Ketchum, que a pesar de ser un excelente mago no pudo hacer nada contra semejante bruja, y apenas le había dado a su esposa tiempo de escapar con sus hijos. Pero Misty Ketchum no tuvo tanta suerte: pronto Badshad la alcanzó y pidió que le entregaran a la pequeña Ashlee. Misty se negó y esa fue su sentencia de muerte. Pero cuando Badshad creía haber conseguido la victoria y empuñó su bastón mágico para lanzarle a la bebé la maldición asesina, ésta rebotó en la criatura hacia su agresora, desvaneciéndola trece largos años. A Ashlee le quedó de recuerdo de aquella noche una extraña marca en la frente en forma circular que muchos describían como de una pokebola, y además, decían que con eso, Ashlee había evitado que Badshad acabara matando también a Mish. Era por eso que desde entonces, a los dos los conocían como La Niña Que Vivió y El Hermano Al Que Salvó, cosa que a ninguno de los dos les hacía gracia.

¿Y todo eso porqué fue? Ashlee aún sentía rabia al pensar en que una profecía era la causante de sus desdichas, una profecía pronunciada por boca de una mujer que decía que ella, Ashlee, era la destinada a acabar con Badshad. Cómo lo haría, no lo sabía, pero de una cosa estaba segura: lo intentaría. Badshad y sus Little Shad's, sus seguidores, ya habían causado muchos daños.

El sonido del timbre la sacó de sus pensamientos. ¿Quién podría estar llamando a esa hora a casa de los Avalon? ¿Acaso algún vendedor?

Vanessa, sin inmutarse, siguió degustando sus rosquillas, tío Víctor no apartaba la vista del televisor encima del refrigerador y tía Daisy atendía la tetera. Parecía que los únicos que podían abrir eran Ashlee y Mish. Él comenzó a levantarse con gesto de fastidio, pero ella lo detuvo.

—Yo lo haré —indicó, y se puso de pie.

Mish asintió, no de muy buen talante, y vio cómo Ashlee iba hacia la puerta. Mientras tanto, ella intentaba distraerse en algo tan trivial como atender a quien fuera que estuviera al otro lado del umbral, pero no se dio cuenta de quién era hasta que abrió y preguntó con voz cansina.

—¿Qué se le ofrece?

Se quedó paralizada a ver que no nada más era una persona, sino tres. Uno de ellos, un chico de cabello rojo anaranjado y profundos ojos azules, iba al frente y seguramente él había llamado al timbre. Lo seguían dos chicas: una de corto y ondulado cabello color caoba y ojos violetas y la otra, de cabello y ojos color castaño rojizo. Los tres le sonreían.

—Buenas noches, Ashlee —saludó el pelirrojo —Disculpa la hora, pero ya que pasamos por aquí, queríamos felicitarlos a ti y a Mish.

—¿Felicitarnos? —se extrañó Ashlee, sin salir de su asombro —Mark, ¿qué hacen aquí exactamente?

—¡No se acuerda! —se sorprendió la chica de ojos violetas, sonriendo —Bien escribió Mish que estaba distraída.

—¿Más que de costumbre? —bromeó la castaña y los tres se echaron a reír.

Markus Aquarium, mejor conocido como Mark, era el mejor amigo de los Ketchum. Extremadamente inteligente, tenía un sentido de la responsabilidad inquebrantable, flexible únicamente cuando de ayudar a sus amigos se trataba. Era el mejor mago de su curso en Pallet y aunque no lo sabía, uno de los chico más codiciados. En contraste con su sentido del deber, tenía una parte amable que pocos le veían, entre esos pocos sus hermanos mayores, la única familia que le quedaba. Mark nació en lo que los magos llamaban familia normil; o sea, que su familia no tenía magia, nada más él. Era en parte por eso que se esforzaba tanto en aprender.

Nancy Oak, la castaña, era de familia mágica. Los Oak eran bien conocidos por ser lo que los magos llamaban sangre limpia, pero eran de escasos recursos, lo que tal vez se debía a la cantidad de miembros: Nancy tenía seis hermanos, cinco hermanas mayores y un hermano menor. Pero a pesar de eso y no ser muy lista, era alegre y una buena amiga, la persona idónea para levantarle el ánimo a cualquiera. Discutía a menudo con Mark, pero por la diferencia de personalidades, ya que en verdad, se estimaban mucho. Fue la primera amiga que los hermanos Ketchum hicieron en Pallet.

Jackeline Milano, a quien llamaban simplemente Jackie, era la chica de cabello caoba y ojos violetas y una mezcla loca de Mark y Nancy. Hija de un mago y una cariñosa mujer conocida entre la comunidad mágica como pokesoul (por tener raras habilidades sobrenaturales que no eran mágicas en sí), sabía mucho respecto a los magos y normil's. Era tan inteligente como Mark y tan entusiasta como Nancy, lo cual la convertía en una chica curiosa. Su padre y el de Nancy eran amigos y trabajaban en el Ministerio de Magia, aunque en distintas áreas, y a pesar de que él y toda su familia por siempre habían ido a dar a la misma casa en Pallet, Añiclaw, resultó que Jackie fue asignada a Pow. Eso a Jackie nunca le incomodó y ahora menos que nunca, puesto que salía desde hacía casi dos años con Mish. A Ashlee le agradaba que Jackie hiciera feliz a su hermano.

—¿Quiénes son, niña? —quiso saber tío Víctor, pasando por el vestíbulo.

Ashlee, sin pensarlo, cerró la puerta rápidamente y se volvió hacia su tío, sonriendo de manera falsamente tranquilizadora.

—Nadie importante, tío —explicó —Unas personas perdidas preguntando por una dirección. Querían encontrar la calle Magnol.

Tío Víctor la miró con el ceño fruncido, para acto seguido subir la escalera, seguramente directo a su habitación. Ashlee suspiró con alivio y volvió a abrir la puerta quedamente, encontrándose con un trío muy desconcertado.

—Oye, si no querías vernos, nos lo hubieras dicho —bromeó Nancy.

—Lo siento, pero tío Víctor no es muy razonable —Ashlee inclinó la cabeza en señal de disculpa —Ya les contamos Mish y yo cómo se pone con la palabra con "M".

Los tres asintieron.

—Esperen aquí un minuto, enseguida saldremos —indicó Ashlee y cerró la puerta de nueva cuenta. Fue corriendo a la cocina, donde Vanessa y tía Daisy terminaban su cena, y distinguió a Mish comenzando a lavar platos. Se le acercó y le susurró —Vinieron a vernos. Las chicas y Mark.

Mish la miró con incredulidad, para acto seguido sonreír ampliamente y lavar los platos lo más deprisa posible. Ashlee, en tanto, recogió los platos de su tía y su prima, quienes se retiraron sen silencio a dormir, y ayudó a su hermano.

—¿Sabes a qué vinieron? —quiso saber Mish en cuanto vio que nadie lo oía.

—Dice Mark que quieren felicitarnos —respondió Ashlee, pensativa —Pero no entiendo, ¿porqué…?

—¡Hermana, ya sé! —exclamó Mish de pronto, secándose las manos en el regazo con dos movimientos —No te preocupes, espera aquí.

Y salió corriendo a las escaleras, procurando no hacer mucho ruido. Cinco segundos después, regresó con un sobre blanco en las manos.

—Lo había olvidado —musitó Mish, extendiéndole el sobre —Feliz cumpleaños.

Ashlee abrió los ojos desmesuradamente y miró un pequeño calendario que colgaba de una de las paredes de la cocina. No había duda, había olvidado por completo la fecha. Aquel día era treinta y uno de julio.

—¡Mish, lo siento! —Ashlee tomó el sobre con expresión apenada —¡Lo olvidé por completo! ¡Perdóname!

—No tiene importancia —aseguró Mish con una sonrisa —Ahora vamos a ver qué quieren los chicos.

Su hermana asintió y dejando ordenada la cocina, fueron a la puerta y abrieron.

—¡Jackie! —exclamó Mish y sin perder tiempo abrazó a la aludida.

—Hola, Mish, mucho gusto en verte —ironizó Nancy al verse ignorada.

—Sí, nosotros también nos alegramos de venir a visitarte —la secundó Mark.

Ashlee se echó a reír y eso fue suficiente para que Mish soltara a Jackie y mirara a sus otros amigos.

—Lo siento, pero me emocioné —se disculpó y abrazó por turnos a Mark y Nancy —¿Cómo han estado?

—Podría decirse que bien, pero qué más da —Nancy sonrió —Venimos a llevarlos de paseo.

—¿Ahora? —se extrañó Mish.

—¿A esta hora? —le siguió Ashlee.

—Sí, y no hay pero que valga —advirtió Jackie con rotundidad —Así que preparen sus cosas, que después, no queremos que vuelvan aquí.

—Pero… —intentó replicar Ashlee. Ella no tenía ánimos para pasear.

—Nada, vienen con nosotros —la cortó Mark —Suban por sus cosas.

A los mellizos no les quedó de otra más que obedecer. No tardaron ni media hora en recoger sus pertenencias, pues siendo su cumpleaños número dieciséis, eran mayores de edad en el mundo mágico y podían usar magia fuera del instituto. Cuando tuvieron todo listo, abandonaron la habitación para siempre y en el camino a las escaleras, se encontraron con sus tíos.

—¿A dónde creen que van? —inquirió tío Víctor amenazadoramente.

—A donde nos plazca —respondió Mish de mala gana y lo esquivó para irse.

—Somos mayores de edad —explicó Ashlee calmadamente —Aquí ya no es seguro. Es mejor que Mish y yo nos marchemos. Buenas noches y muchas gracias.

La chica imitó a su hermano y bajó, aunque fue detenida un instante.

—Ashlee —llamó tía Daisy.

Ella se volvió para encontrarla con sus azules ojos un tanto húmedos.

—¿Pasa algo malo? —quiso saber.

—Cuida al atrabancado de tu hermano —dijo tía Daisy con cierta dureza —Cuando se enfada, es igualito que Misty. Podría traerte problemas.

Tal consejo no lo esperaba Ashlee de su tía ni en sueños, pero aún así le sonrió.

—Gracias, tía. Adiós.

Y se marchó, consciente de que seguramente, ella y Mish no volverían a ver a sus parientes normil's jamás.

—¿Qué quería tía Daisy? —inquirió Mish en cuanto su hermana salió.

—Despedirse —Ashlee se encogió de hombros —¿Qué hacemos con los baúles?

Mark sacó una pequeña llave de su bolsillo, de color rojo y dorado, la puso en la palma de su mano y la llave pronto creció hasta convertirse en una especie de bastón. Acto seguido, Mark lo empuñó con decisión, lo agitó encima de los baúles de sus amigos y éstos desaparecieron.

—Ahora están en La Arboleda —indicó con satisfacción —Vámonos de paseo.

—¡Al fin! —soltó Nancy con alegría —¿Y adónde iremos?

—Yo sé a dónde —Jackie tenía una sonrisa pícara en su rostro —Si no les importa aparecerse, claro.

Mish y Nancy hicieron una mueca: el primero porque no le agradaba la aparición y la segunda porque aún no tenía licencia.

—De acuerdo, si es la única forma… —suspiró Mish —Pero yo aún no sé hacerlo bien, ¿recuerdas, Jackie?

—Sí, por eso te vas conmigo —Jackie le tomó una mano —Nos veremos —y acto seguido, ella y Mish desaparecieron.

—Ahora nosotros —Mark les extendió las manos a las chicas.

Nancy se aferró a una, pero Ashlee se quedó quieta.

—Yo sé aparecerme —recordó de pronto.

—Pero no sabes adónde vamos —le hizo ver Mark —Sujétate.

Ashlee dudó, pero acabó obedeciendo. Y tras la cortísima experiencia de sentirse pasar por un tubo apretado, pudo ver el sitio donde estaban.

—¡Ciudad Neón! —soltó Jackie cerca de ellos, exaltada —El mejor lugar para venir de paseo nocturno. ¡Vamos!

Llevando a Mish de la mano, Jackie pronto se perdió de vista entre la multitud. Nancy, en tanto, se entretenía en admirar las marquesinas de los distintos casinos y sitios públicos que inundaban la ciudad, y Mark observaba que Ashlee no sonreía nada.

—¿No te agrada? —le preguntó.

—No es eso —Ashlee intentó sonreír conciliadoramente —Me llama la atención.

—¿Qué?

—Que no haya llegado la guerra aquí.

Era cierto. Los habitantes de Ciudad Neón se veían tan despreocupados y felices que era evidente que la mayor parte eran normil's. Seguramente ninguno de ellos sabía lo que se les venía encima a los magos.

—Por ahora no pienses en eso —pidió Mark —Es tu cumpleaños, ¡diviértete!

Ashlee cayó en la cuenta que eso era cierto y logró sonreír ligeramente.

—¿Sabes? Así te ves mucho mejor —Mark apartó la vista, pues al decirle eso a su amiga, había sentido algo muy extraño —Ahora veamos que Nancy no se pierda.

Ashlee se echó a reír.

Los cinco amigos la pasaron sumamente bien en Ciudad Neón, yendo de un lado a otro. Tuvieron la suerte de que se había instalado una feria en el poblado, así que subieron a todas las atracciones mecánicas que pudieron, estallando en carcajadas cuando vieron que Nancy quería bajarse del inofensivo carrusel.

—Esa cosa está endemoniada —se quejó la castaña cuando por fin pudo bajar.

—Nancy, no sabes apreciar la vida —Jackie se rió de su propio comentario —Y ahora, ¿qué quieren hacer?

—¡Pastel! —soltó Mish de repente —Un cumpleaños no es lo mismo sin pastel.

—Mish, eres alérgico al chocolate —advirtió Ashlee entonces.

—¡Hermana! ¿Para qué me lo recuerdas? —se quejó el pelirrojo.

—Para que no pidas un pastel de chocolate. Mejor pide uno de fresas.

—Pero tú eres alérgica a las fresas —se extrañó Mish.

Los amigos de los Ketchum se echaron a reír.

—¿Qué tal un pastel de vainilla? —sugirió Mark, conciliador como siempre.

—¡Ay, Mark! Ese sabor no es divertido —se quejó Nancy.

Mark la fulminó con la mirada.

—Ya, ya —tranquilizó Jackie —Vamos a una pastelería y ojalá encontremos algún pastel digno de consenso.

—¿Digno de qué? —soltó Nancy.

Jackie lanzó un bufido de resignación y mejor indicó el camino a una pastelería cercana, siendo seguida por sus amigos.

Ya en el sitio, Ashlee y Mish decidieron que preferían comprar un pastel de nuez, para evitarse problemas. Salieron por delante de sus amigos, que no dejaron que pagaran el postre, alegando que los festejados no tenían porqué hacerlo.

—Considérenlo parte de nuestro regalo —sentenció Nancy.

Los mellizos no tuvieron otra opción más que aceptar. Ya instalados en una larga banca de la feria, se dedicaron a comer pastel, a decir bromas y a comentar detalles de los últimos días. Nancy, sobre todo, tenía mucho qué contar, dado que en la siguiente semana la mayor de sus hermanas, Jill, se casaría.

—Es un milagro que Fred lograra ganarse a mamá —afirmó, refiriéndose a Fred Delafour, el prometido de su hermana —Mira que es pesado cuando quiere y también sorprende. En fin, ya verán cómo está de cambiado cuando vayan a la boda.

—Yo lo vi y vaya que sorprende —Jackie asintió mientras se pasaba una servilleta por la comisura de los labios —No creí que alguien de Golden Rod fuera así. Desde cuarto, me quedé con la impresión de los de Golden Rod eran unos engreídos.

—Bueno, si a esas vamos, los de Jupiter no se quedan atrás —soltó Mish de repente, sonriendo con picardía —¿Ya se te olvida Kroy?

Jackie se echó a reír, Nancy frunció el ceño y Ashlee se limitó a sonreír.

—Vica Kroy es sólo una chica —Mark hizo una mueca de fastidio —Y una buena amiga por correspondencia. No comprendo por qué molestas tanto con eso, Mish.

Pero Mish pareció no escucharlo, puesto que se dedicó a reír con Jackie.

—Bien, ahora podemos irnos —declaró Nancy de pronto —Mamá se preocupará si no llegamos temprano.

Los demás asintieron, se pusieron de pie y buscando un sitio apartado y solitario, se desaparecieron, apareciendo en el exterior de una casa altísima y de aspecto viejo, que parecía mantenerse de pie por magia. A su alrededor, varios robles de tronco delgado le hacían honor al nombre que ostentaba la casa en una placa cercana a la puerta principal: La Arboleda. Los chicos se acercaron y Nancy abrió la puerta al tiempo que decía quedamente.

—Seguramente todos andan con preparativos de la boda, así que si quieren irse a dormir sin preocupaciones…

Pero no terminó la frase. La oscura cocina por la que circulaban entonces se iluminó de pronto, dejando ver a varias personas que gritaron al mismo tiempo.

—¡Sorpresa!

Los cinco jóvenes se quedaron muy sorprendidos, más Ashlee y Mish cuando vieron que la mesa de la cocina ostentaba como principal festín un pastel enorme, del que no podía saberse el sabor a simple vista por ser el betún de color entre verde y azul.

—¡Ashlee, Mish, queridos, felicidades! —un abrazo otorgado por una mujer alta, un tanto rechoncha y de cabello castaño les cortó la respiración a ambos.

—Muchas gracias, señora Oak —logró decir Ashlee.

—Disculpe, pero… apenas respiramos —se atrevió a mascullar Mish.

La señora Oak los soltó y les sonrió con cariño.

—¡Aquí está nuestra benefactora! —una pareja de chicas de cabello castaño rojizo, idénticas hasta el último detalle, se plantó frente a Ashlee y la aprisionó en un abrazo incluso más apretado que el de la señora Oak —¡Felicidades!

—Fleur, Joyce, ¿podrían intentar no asfixiar a mi hermana? —solicitó Mish, entre divertido y sarcástico.

Las gemelas, hermanas mayores de Nancy, soltaron a Ashlee al tiempo que rompían en carcajadas.

Las felicitaciones siguieron por un buen rato, y después de eso, los cinco amigos tuvieron que aguantar más pastel en su estómago, aunque no fue un gran sacrificio dado que el postre estaba delicioso. Fue mientras lo consumían que supieron que lo había preparado la señora Milano.

—Es lo menos que podía hacer —comentó la modesta mujer, que poseía el mismo color de cabello que su hija Jackie.

—Muchas gracias, señora Milano —dijo Ashlee cortésmente.

Mish negó con la cabeza, entre sonriente y resignado. Ya se había acostumbrado a la excesiva cortesía de su hermana. Incluso con aquellas personas cercanas a ella o aquellas que ni siquiera la merecían.

—Muy bien, ya es hora de dormir —anunció la señora Oak luego de un momento más de charlas y risas —Ya es tarde. ¡Buenas noches a todos!

A regañadientes, todos obedecieron, y ayudaron a limpiar el sitio como pudieron. Los matrimonios Oak y Milano fueron de los primeros en acostarse, encargándoles a sus respectivos hijos que terminaran el trabajo.

—Si para eso quiero ser madre —bromeó Fleur, granjeándose las risas de todos.

Al final, no quedaron en la cocina más que los cinco amigos y en un rincón, apenas sin moverse, dos chicos un año menor que ellos que conversaban en susurros: un rubio con aspecto despistado y mirada de chiflado y uno de cabello castaño rojizo que parecía muy alegre.

—Esto ha sido inesperado —dijo de pronto Mish —Pero me encantó.

—Sí, ¿verdad? —Nancy sonrió con entusiasmo —Mamá cada día se luce más.

—Y mamá no se queda atrás —agregó Jackie —Ese pastel estaba delicioso.

—¿De qué sabor era, por cierto? —quiso saber Mish.

—De vainilla —ante semejante respuesta, todos miraron a Jackie incrédulamente —¿Qué tiene de malo? Yo le dije a mamá qué sabores no podían comer, así que le dejé a su criterio el sabor del pastel.

—Ahora comprendo porqué tú y Mark se llevan tan bien —Nancy se rió un poco antes de seguir —Si les soy sincera, llegué a creer que acabarían juntos.

—¿Ah, sí? —se extrañó Jackie —Es cierto que Mark y yo nos llevamos bien, pero no para ser pareja. Creo que soy demasiado alegre para él.

—Sí, claro —ironizó Nancy.

—No, en serio —Jackie se puso seria —A veces las personas necesitan parecerse para quererse mucho, aunque aparentemente sean diferentes. Creo que por eso Mish y yo hemos estado tan contentos.

—Eso ni dudarlo —afirmó Mish, sonriéndole tiernamente a Jackie.

Nancy soltó un bufido.

Ashlee se limitaba a observar y escuchar. Sinceramente no tenía ánimos para participar en la conversación, y menos con el tema que habían tocado su hermano y sus amigos. Reflexionó las palabras de Jackie y pensó que algo de razón sí tenía, pero entonces, ¿qué la había llevado a relacionarse con Jimmy? Tenían cosas en común, eso era cierto, pero en cuanto a diferencias… No era nada fácil comprender a La Niña Que Vivió, claro que no. Ni siquiera Mish la conocía totalmente.

—Hora de dormir —sentenció Nancy, conteniendo un bostezo —Me caigo.

Todos los que quedaban en la cocina asintieron y subieron, pero no pasaron ni dos horas para que alguien volviera a bajar. Era Ashlee, que últimamente dormía menos que antes. Sufría de insomnio y además, las pocas veces que lograba dormir tenía pesadillas.

—¿Quién es? —oyó que alguien le preguntaba desde la cocina, cuando entró en ella —¿Ashlee? ¿Qué haces aquí?

—Buenas noches, Mark —saludó la chica, acomodándose los anteojos para enfocar mejor a su pelirrojo amigo —¿No puedes dormir?

—No mucho —Mark asintió con la cabeza —¿Y tú?

—Estoy acostumbrada —Ashlee se encogió de hombros —Pero las chicas ya están dormidas, así que bajé para no molestarlas.

Mark asintió.

—¿Quieres una taza de té? —ofreció de pronto.

Ashlee asintió, arqueando las cejas.

—No sabía que supieras preparar té —confesó, sentándose a la mesa.

—Viviendo con tres hermanos mayores, algo tenía que aprender sobre cuidarse a sí mismo —Mark se encogió de hombros, vigilando la tetera —Davis me enseñó.

Ashlee se puso a recordar lo que sabía de la familia de Mark. Él dijo que sus padres murieron cuando él tenía tres años y que quedó al cuidado de sus hermanos mayores. Davis era el mayor de los Aquarium.

—¿Tus hermanos están bien? —inquirió con suavidad.

—Davis va a casarse —soltó Mark, preparando las tazas de té —Nos tiene a todos locos con ese tema. Desde que Orla aceptó, no ha parado de sonreír. Lo envidio.

—¿Ah, sí? —se extrañó Ashlee —¿Porqué?

—Tiene a alguien que lo quiere —se limitó a decir Mark, tendiéndole una taza a su amiga al tiempo que tomaba asiento —Y tal y como están las cosas, es mejor que lo disfrute, ¿no te parece?

—No vas a empezar con lo mismo que Mish, ¿verdad?

Mark la miró con asombro, ¿cómo es que Ashlee podía adivinar tan atinadamente la intención de las personas? ¿Acaso usaba Legeremancia o qué?

—No quisiera, pero sí —se limitó a responder, viéndose descubierto —No sé cómo permites que tu propio hermano se arriesgue mientras que a Jimmy…

—Yo no le permito nada a Mish —corrigió Ashlee con energía, con la vista fija en su taza de té —En cuanto a Jimmy… Creo que es mejor así. No ha hecho el menor intento por remediarlo, así que algo de razón sí tuve.

—¿Sobre qué?

—No nos queremos lo suficiente.

—¿Y eso cómo puedes saberlo?

Ashlee suspiró, y Mark detectó cansancio en el gesto. Cansancio y tristeza.

—Yo lo quiero mucho —comenzó, tomando su taza con ambas manos —Pero no siento que pueda estar con él siempre, que estaremos juntos hasta que envejezcamos y nos marchemos de este mundo. En pocas palabras, Jimmy no me inspira nada a futuro.

—¿Nada más por eso? —se sorprendió Mark, sin molestarse en disimularlo.

—Para mí, eso es importante —Ashlee le dio un sorbo a su té antes de seguir —Si la persona a quien se supone que amo no me da las suficientes razones para seguir, para querer salir viva de lo que me espera, ¿la amo en realidad?

Mark comprendió a dónde quería llegar.

—En pocas palabras, cuando piensas en Jimmy, no te ves luego de acabar con Badshad. ¿Es eso?

Ashlee asintió.

—Conociéndote, debes estarlo analizando bajo microscopio —comentó.

—Tal vez —Mark se encogió de hombros —Es que… me resulta un poco curioso tu razonamiento, nada más. Aunque un poco lógico sí me resulta.

—Eso me alegra —Ashlee sonrió, comprensiva, y bebió más té antes de agregar —Me costó mucho trabajo llegar a esa conclusión, dado que siento algo por Jimmy. Solamente que mientras más lo pensaba, menos importante me parecía. Y no me refiero a que le restara importancia por todo lo que ha pasado.

Mark sabía mejor que nadie qué había pasado. Había escuchado atentamente a Ashlee cuando lo narraba, preguntándose cómo alguien podía aguantar tantas desgracias sin amargarse. Le sorprendía que a pesar de todo, Ashlee siguiera siendo una persona amable, con la que podía tratarse por las buenas, una persona fiel a lo que creía y a quienes quería, y sobre todo, hermosa. Un minuto, ¿acababa de pensar que era hermosa?

La observó detenidamente mientras ambos se sumían en el silencio, bebiendo su té. Sí, ya lo había notado antes, no había duda: Ashlee era hermosa. No era extraño que varios chicos de Pallet, Jimmy Oak entre los principales, la miraran con atención cuando se paseaba por el castillo. Pero eso era, en gran parte, por la fama de la chica Ketchum. Muy pocos se habían tomado la molestia de conocerla a fondo, de ver más allá de su cara bonita, de su fama, de aquella marca en forma de pokebola que tenía en la frente, de aquellos anteojos que le daban aspecto de sabelotodo… Pocos podían saber qué pasaba por su mente y su corazón en realidad. Mark imaginaba que incluso Mish ignoraba todo lo que Ashlee era en verdad.

—Las cosas son extrañas —musitó de pronto Ashlee, terminándose su té —No importando las circunstancias, al final mi destino siempre será el mismo.

—¿Qué quieres decir?

Por alguna razón, Mark sentía que aquellas palabras eran un mal presagio, sobre todo por la expresión de resignación y la leve sonrisa que mostraba su amiga. Una sonrisa que parecía indicar que no importando lo que pasara, ella estaba conforme.

—Cosas sin importancia —respondió Ashlee, poniéndose de pie —Intentaré dormir un poco, aunque no creo lograrlo. No te preocupes —agregó, notando la mirada dudosa de Mark —Ya me acostumbré.

—Mejor conversemos —sugirió el pelirrojo —Será más provechoso que ir a dar vueltas en la cama sin conseguir nada.

Ashlee pareció meditarlo y acabó asintiendo. Los dos amigos se retiraron a la sala, tomaron asiento en uno de los desgastados sillones y comenzaron a charlar de cualquier tema que se les venía a la mente, intentando no tocar el tema de la guerra, del efímero noviazgo entre Ashlee y Jimmy Oak y otros similares. Mark, al cabo de lo que parecieron horas, notó con cierto alivio que a su amiga le estaba dando sueño, pues entrecerraba los ojos suavemente, como si no quisiera cerrarlos.

—Ashlee, ¿no deberías…? —comenzó.

No terminó la frase cuando Ashlee dejó caer la cabeza a un lado, sobre él. Eso lo sorprendió hasta que cayó en la cuenta de un detalle: lo que había dicho ella de estar acostumbrada a la falta de sueño. ¿Qué tanto tendría en la cabeza para no poder dormir? ¿Sería que aún padecía pesadillas? Con sumo cuidado, depositó la cabeza de su amiga en su regazo y luego de dudarlo un segundo, le pasó una mano por la cabeza, acariciando su negro cabello.

¿Al final Mish y Jackie iban a tener razón con sus locas ideas? Mark negó con la cabeza. Ashlee era su amiga, Jimmy también. Él no sería el causante de sus desdichas.

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Ahora la presentación del segundo Poke–Universo, ¡menudo lío! La verdad es que al igual que con el anterior, no creo que sea difícil de deducir qué historias están mezcladas, así que ojalá no me cuelguen los fans de ninguna de las dos, aunque debo aclarar que yo soy parte de ellos y me gustó unirlas. En fin, mejor me dejo de cosas. Cuídense y espero que nos leamos pronto.