Disclaimer: Todos los personajes que reconozcáis así como el universo del harryverso pertenecen a Jotaká Rowling.

Notas de autor: Esta historia participa en el reto "Hogwarts a través de los años" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.

Vuelvo con otra viñeta, más corta que la anterior, que va sobre Severus Snape. El nexo, como expliqué, sigue siendo el amor, en este caso el no correspondido.


"Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal"

Nietzsche.


Dicen que el amor duele pero que dulces son sus recompensas. Y, ¿qué ocurre cuando solo duele? ¿Qué sucede cuando la persona objeto de tus más profundos anhelos no te corresponde? ¿Ese dolor es suficiente para seguir amando?

¿Tiene mucha importancia que seas hijo de muggles?

Snape titubeó y sus ojos –muy negros-, codiciosos en la verdosa penumbra, recorrieron el pálido rostro y el cabello pelirrojo de Lily.

No —respondió—. No tiene ninguna importancia.

La habitación estaba sumida en una penumbra que empezaba a desaparecer gracias a los débiles rayos de sol que se colaban por los resquicios de la vieja cortina. Severus se estiró escondido entre las grises sabanas y se quedó petrificado cuando escuchó un ruido proveniente del exterior. Una sonrisa radiante se dibujó en su pálido rostro y abrió los ojos, dirigiendo la mirada hacia la ventana. Solo había sido un suave tintineo, como si alguien hubiera colocado un pequeño objeto en ella.

Ese día cumplía once años y desde su cumpleaños número nueve estaba acostumbrado a ese ritual. Si en ese preciso momento se hubiera puesto de pie y hubiera corrido la cortina, se habría encontrado a una niña de ojos verdes y cabello rojo arreglándoselas como su ingenio le permitía para colocar una pequeña piedrecita en el alféizar de la ventana. Sin embargo contuvo la respiración y esperó pacientemente.

Pasados unos minutos el joven niño no aguantó más en su mullida cama y de un salto y un par de zancadas se acercó hasta la ventana y corrió la cortina. Once pequeñas piedrecitas se amontonaban en una fila un poco desordenada. El niño movió con mucho cuidado la novena piedrecita para que quedara a la par de las otras y sonrió muy satisfecho. Sabía que el resto del día lo pasaría con los típicos gritos de su padre y lamentos de su madre, sin que nadie se percatara de que ese día era diferente a los demás. Nadie excepto ella, y ella era suficiente para llenar todo su día.

¡No necesito la ayuda de una sangresucia como ella!

Y en ese momento las pequeñas piedras que engalanaban el sencillo alféizar de la ventana de su habitación se congelaron en el número quince. Y pasó un año y Severus aguardó un milagro, recostado en la cama, escuchando perfectamente el sonido del latir de su corazón en una atmósfera demasiado abrasadora, esperando algo que con total seguridad sabía que no sucedería. Y cumplió diecisiete y todas sus esperanzas se esfumaron de la peor de las maneras.

Abrió los ojos y contempló el verde paisaje de Hogwarts. La primavera había llegado con todo su esplendor ofreciendo un auténtico paraíso para los sentidos. Se irguió sobre sus brazos y escudriñó en dirección al lago, sintiéndose seguro en el pie del viejo haya. Las alegres carcajadas pronto llegaron a sus oídos y sintió furia. Poco después fue el sonido del agua siendo golpeada y más risas.

—Lo estás haciendo mal, James, mira…

—No puedo mirar a un trozo de piedra teniéndote a ti enfrente —repuso el muchacho de cabello azabache.

Y Lily volvió a reír y solo castigó a aquel imbécil de gafas redondas por su estúpido comentario con un leve golpe en el costado. Y Severus vio cómo Lily lanzaba otra piedrecita en dirección al lago, la cual revotaba varias veces para acabar hundiéndose al final. Y otra piedra. Y una más.

Severus cerró sus puños sobre el césped, hundiendo los dedos en la fresca tierra y maldiciendo aquellas piedras que Lily lanzaba tan alegremente. Maldiciendo que las desperdiciara de esa manera cuando en su ventana faltaban dos pequeñas piedrecitas para que él fuera feliz. Mirarla desde la lejanía junto al engreído y estúpido de Potter le provocaba un dolor que ninguna cruciatus podría emular con tanta precisión. Y sin embargo, allí seguía, gris, fundiéndose con la oscura sombra del haya.

Odiaba y detestaba a Potter y sus aires de arrogancia, y sentía furia porque Lily hubiera puesto sus ojos sobre él. ¡Cuántas veces le había asegurado que Potter no era más que un estúpido inmaduro! Y ahora allí estaba ella, más bella que nunca, regalándole los oídos con su suave risa. No soportaba la estampa pero no podía moverse y abandonar la imagen de la joven Gryffindor porque entonces solo tendría sus recuerdos para consolarse. Recuerdos que ya eran imposibles, de una amistad que nunca más existiría. Porque a Severus Snape solo le quedaban nueve piedras colocadas sobre un frío muro de lo que un día fue la amistad que iluminaba su vida. Y él, sin embargo, la seguiría amando en la distancia pese que eso lo fuera matando poco a poco.


Uy... esta me salió más corta que la anterior, poco más de 700 palabras (recordad, no puedo excederme de las 1000).

¿Qué os pareció? ¿Qué opinan los amantes de Snape/Lily? Nunca he trabajado con esta pareja y no suelo leer sobre ellos... Pero eso no es excusa. Aprecio mucho vuestras opiniones y más cuando me adentro con personajes que no suelo tratar. En la siguiente viñeta aparecerá Ginny Weasley, que sería el amor que al principio no es que no sea correspondido, es que es ignorado totalmente xDDD Y el que la sigue, la consigue.

¡Gracias por leer!