2. Conociendo a Lily.
Pocos segundos después Harry estaba aterrizando en las Tres Escobas de manera poco ortodoxa, es decir, de cabeza. Pero afortunada o desafortunadamente, depende desde el punto de vista de quien se lo viera, no sufrió ningún daño.
- ¿Estas bien niño? - preguntó preocupado un hombre desde detrás de la barra, inclinándose sobre esta para ver mejor al chico.
- Claro, señor. - dijo Harry con voz ligeramente temblorosa y se paro medio tambaleante.
Sin prestar atención a la mirada preocupada que le daba el cantinero salio del bar y se encamino hacia Hogwarts, una vez que todo dejó de moverse a su alrededor y pudo estar seguro que no se caería a mitad del camino.
Media hora después se encontraba llegado al castillo sin una sola muestra de cansancio, rápidamente entro e hizo el ya muy conocido camino hacia el despacho del director.
Justo cuando llego, por suerte, estaba saliendo una profesora de allí, morena con mechas rojas y túnica del mismo color, que debía tener no más de 25 años.
- ¿Que haces aquí, niño? - pregunto la mujer de mala manera, ya tenía suficiente con los críos durante la época de clases como para que también tuviera que cruzárselos en vacaciones.
- Necesito hablar con Albus Dumbledore, es un asunto muy importante. - dijo Harry sin perder la calma, ignorando descaradamente el tono enfadado de la mujer, aunque era mejor así, tanto para el como para ella.
La mujer frunció el ceño pero de todos modos dijo la contraseña de la gárgola y subió junto al chico, golpeó tres veces la puerta y, después de obtener el permiso correspondiente, abrió, encontrándose con un Dumbledore que la miraba extrañado desde su asiento detrás del escritorio.
- ¿Qué necesitas, Margaret? - preguntó el hombre confuso, aunque su común amable sonrisa aun estaba impresa en su rostro. La mujer en silencio se hizo a un lado mostrando a Harry, que se veía impasible. - ¿Si, joven¿Necesitas algo? - pregunto de manera amable mientras la mujer salía, luego de darle una mirada fulminante al chico que había "arruinado" la paz de sus vacaciones.
Harry ignoro la primera pregunta y se sentó sin molestarse a contestarle. Después de subir debidamente todas sus barreras de oclumancia lo miro a los ojos tratando de encontrar alguna manera para comenzar a explicar.
- Soy Andrew Carson y quiero saber si podría hacer el séptimo año en Hogwarts, ya que este es el lugar más seguro que puedo llegar a encontrar y hay un par de mortifagos tras mi cabeza, porque mis difuntos padres los desafiaron y ahora soy yo quien paga las consecuencias. - "bueno no es del todo mentira, pero tampoco es una gran verdad" pensó Harry mientras le decía todo con rostro impasible y libre de sentimientos, una mascara fría que nunca caería en frente de ese hombre, no si quería permanecer en aquella dimensión.
- Oh, ya veo. Y ¿de qué academia vienes? - preguntó el hombre jugando con el envoltorio vacío de un caramelo de limón, curioso al notar que no podía ingresar en la mente del joven que tenía en frente para confirmar la historia.
- Del Colegio Australiano Magic Force. - mintió Harry, "por fin saber el nombre de esa dichosa escuela sirve de algo, es una suerte que ni los directores de las Magic Force estén comunicados entre si, nadie los conoce" pensó sonriendo mentalmente.
Dumbledore abrió los ojos de par en par por la impresión ante la respuesta del chico.
- ¿No es más segura la Magic Force que estar aquí? - preguntó extrañado, según lo que él sabia esas escuelas eran las mas difíciles de encontrar, y si no eras un miembro activo de ella se te hacia imposible.
- No, claro que no. - dijo Harry mostrando un poco de diversión. - Además, mis padres murieron y no tengo ningún otro familiar vivo, por lo que estar ahí, siendo que ciertas personas son hijos de mortifagos, no me sirve de nada más que para que me encuentren. En cambio este es el único lugar que el señor oscuro no atacara en breve, ya que es a usted al único al que teme. - dijo Harry con tono confiado, como si quisiera demostrarle al hombre frente a él que había analizado perfectamente los hechos.
Albus Dumbledore, un mago que normalmente es difícil de sorprender, no pudo evitar hacerlo al oír la manera de pensar del chico, el cual parecía confiar completamente en el miedo que Lord Voldemort parecía profesarle y aun así comprendió perfectamente la idea del chico, una idea muy buena si había que ser sincero.
- En ese caso haré todos los trámites para tu inscripción y mientras tanto podrías comprar los útiles que utilizaras este año. - dijo y le dio un sobre sin nombre. - Si no te importa querría que te seleccionaras ahora. - dijo el director, ampliando su común sonrisa amable.
- No hay problema, yo también estoy curioso por saber en que casa me tocara. - dijo Harry dejando que se formara en su rostro una más que fingida sonrisa curiosa.
Con un simple movimiento de varita Albus hizo que el sombrero descendiera volando de su estante y se posicionara en la cabeza de Harry.
- Mmm… astuto y bastante más calculador que cuando eras joven, pero aun así curioso y valiente. Gryffindor… Slytherin… - murmuró el sombrero lo suficientemente algo como para que Dumbledore lo escuchara, provocando que el anciano frunciera el ceño intrigado, nadie podía estar predestinado a ir a dos casas opuestas. - Pero prevalecerá sobre ti ¡SLYTHERIN! - dijo esa ultima palabra en voz alta.
- Slytherin y… ¿qué casa es esa? - le preguntó Harry a Dumbledore con fingida ignorancia.
- Es la casa de los astutos, ambiciosos, calculadores y varias cosas más. - dijo Dumbledore dándole una sonrisa amable. - No sabes mucho de Hogwarts¿no es así? - pregunto el hombre más afirmando que preguntando.
- No demasiado, solo sé que la enseñanza se divide en cuatro casas y no mucho más. - dijo Harry con un asquerosamente falso interés, "como odio a este viejo manipulador" pensó, pero rápidamente suprimió esos pensamientos, "podría matarlo aquí mismo con solo mover mi varita, pero no, yo quiero una vida tranquila, no como la anterior" pensó tratando de calmarse.
Una persona abrió la puerta de golpe, al parecer algo apurado y alterado.
- En ese caso, señor Carson, lo mejor será que vaya con algún alumno que le pueda explicar. - Harry simplemente levanto una ceja. - Aquí tiene la dirección de la persona que lo puede ayudar y ya que va a ir, le entregará la carta¿de acuerdo? - Harry tomo el sobre que se le ofrecía y vio con satisfacción que estaba dirigido para Lilian Jane Evans, en el 4 de Privet Drive. Bien, a eso se le llama suerte, con todas las letras de la palabra.
Sin pensarlo mucho metió la carta en su bolsillo, se levantó, saludó al anciano senil con un movimiento de cabeza, más por cortesía que por cualquier otra cosa, y se fue pasando por al lado de la persona que había abierto la puerta sin mirarla siquiera.
Inconscientemente le dio un vistazo al reloj de pulsera que tenia, regalo su mejor amigo Alex, en el marcaban las 19:00 y había llegado allí a las 17:25, lo que significaba que solo faltaban 25 minutos para que empezara el ataque que había mencionado Tom.
Sin saber por que se fue por el pueblo tranquilamente hasta llegar a una colina desde la que se veía todo el pueblo, pero ninguno de los que se encontraba allí lo podía ver a el.
"Vamos a ver que hace ese viejo holgazán cuando lo atacan en sus propias narices" pensó con una sonrisa ligeramente sádica y un tanto psicópata cruzando por su rostro mientras se tiraba sobre la hierba para ver el espectáculo que estaba por comenzar.
No pasaron ni diez minutos cuando más de 200 mortifagos aparecieron junto a Voldemort y comenzaron a atacar inmediatamente después de ver la señal de su señor, destruyendo y matando a todo el que se les cruzara, sin importar si vivían allí o no.
Tom se encontraba dando ordenes cuando sintió la mirada fija de alguien clavada en su espalda, inconscientemente volteó y buscó a aquella persona, alcanzando a divisar a un joven moreno que miraba el ataque desde una colina cercana al pueblito. Concentrándose un poco apareció al lado de ese joven, el cual ni se sobresalto por la repentina aparición.
- Tom, buenas tardes. El ataque esta genial pero le falta un poco de estrategia, una buena sesión de cruciatus sería muy buena para tus estrategas, tal vez se vuelvan más ingeniosos luego de ella. - dijo Harry en un tonó frió e impersonal, como si estuviera comentando el clima.
El primer pensamiento de Voldemort fue tirarle un crucio, pero después lo pensó mejor y simplemente enarcó una ceja, dejando pasar el hecho de que lo había llamado por su nombre, curioso por lo que el chico le diría.
- Según tú¿por qué este ataque esta mal? - preguntó dejándose caer en el piso, al lado de Harry, observando como él el ataque.
- Primero y principal, alguien debería haber aparecido unos minutos antes para poner un escudo alrededor del pueblo para que ningún auror pudiera pasar, segundo, tienen que acorralar a la gente, empezando por el limite del pueblo y llevando a todos hacia el centro para hacer allí la gran masacre, tercero, los mortifagos tiene que ser más rápidos con sus victimas y no torturarlas porqué es una perdida de tiempo, si quieren torturar, que rapten a alguien y cuarto y ultimo, tu deberías estar allí.- dijo Harry sin mirarlo siquiera mientras señalaba con un dedo los errores que había en el ataque.
Voldemort observó desconcertado al adolescente que estaba sentado a su lado.
- ¿Se puede saber desde cuando los críos de diecisiete años son buenos estrategas? - pregunto Voldemort en un siseo.
- ¿Quién dijo que tengo diecisiete? - pregunto Harry desviando por primera vez la vista del ataque y mirando a su acompañante con una pequeña sonrisa de sincera diversión.
- Entonces ¿cuántos años tienes? - le preguntó enarcando una ceja.
- Treinta y cuatro. - dijo Harry mirando hacia el pueblo nuevamente.
- Déjame ponerlo en duda, Carson. - dijo Voldemort sin variar de su tono frió común, pero pensando que la supuesta edad del chico era una total mentira.
- Por una extraña reacción en mi sangre al ser mezclada, por una mordedura, con la de un vampiro, soy un medio vampiro y por lo tanto medio inmortal. No envejezco, necesito muy poca sangre, soy más rápido de lo normal y varias cosas más, pero el sol no me daña y tampoco pueden matarme las estacas, aunque no es por eso que no me hacen nada las imperdonables, eso ya era desde antes de ser mordido. - dijo Harry mirando el ataque con gran concentración que después cambio a cansancio y aburrimiento. - Espero que el próximo ataque sea más divertido, podría enumerarte muchos más errores de este ataque sin necesidad de mirarlo siquiera, pero volviendo al tema que quería ir, tus mortifagos acaban de destruir las Tres Escobas¿cómo se supone que voy a ir al caldero chorreante sin una chimenea y sin un traslador?
- Esa es una indirecta muy directa¿no crees? - pregunto el hombre al tiempo que tomaba una pequeña roca y le tiraba un rayo azul, esta resplandeció unos segundos de ese mismo color antes de volver a su estado original.
- Acaban de seleccionarme para Slytherin. - murmuró Harry mirando el cielo. - En la otra dimensión estaba en Gryffindor. - dijo y el Dark Lord frunció el ceño, "si ese chico era un Gryffindor yo soy Merlín." Pensó sarcásticamente. - Este año va a ser divertido, estoy hablando civilizadamente con el Dark Lord mas grande de todos los tiempos, siendo que en la otra dimensión yo trataba de asesinarlo y ahora me entero que voy a estar en Slytherin. - suspiró, todavía no veía a nadie en particular. - Bueno, me voy, te puedo dar un consejo?
- Si es tan bueno como la estrategia, podría llegar a escucharlo. - dijo Tom indiferente.
- Si fuera tu bajaría al pueblo, en cualquier momento llegara Dumbledore y no quieres perder mortifagos¿o si? - pregunto antes de tomar el traslador e irse, dejando nuevamente al Dark Lord solo y con la palabra en la boca.
- Así que Gryffindor. - murmuro a nadie en especial antes de desaparecer y aparecer en el pueblo para dar la retirada.
Esta vez Harry cayó de pie al aparecerse en el Caldero Chorreante. El tabernero lo miró solo unos segundos antes de continuar con lo que hacía y el adolescente, dándole la misma importancia al tabernero de la que este le dio a él, se encaminó hacia el mundo muggle, sin dirigirle ni una palabra al hombre.
No tardó demasiado en llegar hasta un hotel cercano, dirigiéndose hacia la recepción sin prestarle mucha atención al lugar.
- Disculpe¿cuánto saldría un cuarto para lo que resta de este mes? - le preguntó Harry a la mujer que había estado tecleando algo velozmente en la computadora sin prestar real atención a la puerta o a los clientes que ingresaban, dejándole todo el trabajo a su compañera.
- Serían 455£ - dijo la mujer después de hacer un par de cuentas en la computadora. - ¿Va a tomar la habitación? - preguntó la mujer desviando la vista por primera vez de la pantalla para posarla en el rostro de Harry.
- Si. - contestó Harry sin pensarlo demasiado, tenía el dinero y se ahorraba el problema de buscar un lugar para dormir más tarde.
Ante la afirmación de Harry la mujer procedió a hacer todo lo necesario, es decir, registrar al chico que tenía delante en la base de datos y cobrarle.
- Aquí tiene, su habitación será la 23, que esta en el segundo piso. - dijo la mujer dándole una llave con un llavero que tenía el número grabado en plata.
Harry miró el llavero sin poder creerlo durante unos cuantos segundos y justo cuando la mujer estaba por preguntar si sucedía algo él tomó las llaves de la manera más alejada posible de la plata y fue al ascensor a paso rápido.
Al llegar al que sería su dormitorio hasta que comenzaran las clases en Hogwarts se arrojó en la cama sin siquiera detenerse a observar el cuarto y cerró los ojos, pensando algo adormilado en lo largo que había sido ese día.
"¿Por qué rayos le habré dicho a Tom que era Gryffindor?" Pensó molesto consigo mismo y la respuesta le llegó casi instantáneamente "Tal vez será por que es el único en esta dimensión que sabe la verdad" le respondió su cerebro con un tono que le pareció terriblemente sarcástico.
Por suerte para él y para lo poco que quedaba de su cordura, cayó dormido antes de poder contestarle nada a "aquella voz en su cabeza"
A la mañana siguiente se despertó más temprano de lo esperado debido al molesto sol que le daba de lleno en la cara gracias a que había olvidado cerrar las cortinas la noche anterior de lo cansado que estaba. Aun así esto tuvo un lado positivo, dado que para las ocho treinta él ya estaba bañado, vestido y listo para ir a desayunar.
Cogió la carta y se fue al comedor del hotel en donde comió un rápido desayuno que consistía en una pequeña tasita de café que ni siquiera estaba llena hasta donde debería.
El contenido de la minúscula tasa desapareció en menos de cinco minutos y Harry no perdió tiempo en comer algo más, yéndose a paso veloz del hotel para tomar un taxi e irse en dirección a la casa de Lily, notando en el trayecto que no estaba tan feliz ni eufórico como pensó que estaría cuando era más joven.
Tardó cerca de media hora en llegar hasta la casa de Lily y se pasó otros diez minutos observándola, después de haber pagado el taxi al bajar. No pudo dejar de notar que la casa estaba tal y como la recordaba, con el jardín un poco más descuidado y un poco menos exageradamente limpio que cuando él vivía allí con sus tíos y su primo.
Conciente de que no podía retrasar más el inminente y ligeramente esperado encuentro se acercó con paso lento a la puerta y justo cuando estaba por tocar el timbre escuchó unos pasos detrás de él y volteó rápidamente, encontrándose cara a cara con un joven muy parecido a él cuando tenía diecisiete, James Potter.
- Buenos días¿tu vives aquí? - le preguntó Harry, aparentando ignorancia.
- Nop, claro que no. - rió el chico bastante divertido. - Pero mi novia vive aquí¿tu a quien estás buscando? - preguntó James curioso.
- Estoy buscando a… - el moreno fingió observar la carta. - Lilian Jane Evans¿sabes si vive aquí?
- Si, ella es mi novia. - dijo el chico un tanto extrañado y justo en ese momento Lily abrió la puerta.
- ¡James! - exclamó la pelirroja antes de tirarse sobre su novio, ignorando a Harry completamente.
- Ehh… disculpa… - dijo Harry feliz por ver la efusividad con la que su madre recibía a su padre, lástima que nunca había podido verlo en su dimensión y en su infancia, ahora que tenía su vida hecha ya no importaba demasiado pero aun así lo reconfortaba.
- ¿Si? - preguntó la chica al tiempo que volteaba a ver a quien la había llamado, extrañada.
- ¿Tu eres Lilian Evans? - preguntó Harry, pensando por unos instantes que odiaba fingir y luego recordando que aquello era el comienzo de una nueva vida, no la continuación de su patética vida anterior, además no podía decirle a una adolescente de diecisiete años quien era él en realidad, no teniendo él treinta y cuatro años.
- Si¿tu quién eres? - preguntó Lily frunciendo el ceño, dándole un vistazo de pies a cabeza que no le gustó nada a su actual novio el cual dicho sea de paso era extremadamente celoso.
- El director Dumbledore me mandó hacia aquí, empezaré este año en Hogwarts, cursando mí último año y el director dijo que debías informarme cosas sobre la escuela… además de aprovechar para mandarme como lechuza para darte esto. - terminó de contar antes de darle la carta a la pelirroja, la cual por la cara que tenía se podía llegar a pensar que en cualquier momento se subiría a una escoba e iría a matar a Dumbledore.
Por un momento la chica dudó en abrir la carta, temiendo que contuviera peores noticias que le dieran más trabajo en plenas vacaciones, sin embargo después de unos instantes terminó resignándose y abriendo la carta para leerla rápidamente.
La cara de Lily cambió de un momento a otro, pasando de la furia e indignación a una total felicidad antes de ponerse a saltar gritando cosas casi inteligibles con una reluciente medalla en su mano.
Varios minutos, muchos gritos y aun más saltos después Lily se detuvo, aun teniendo una gran sonrisa impresa en su rostro.
- Bien, vamos. - dijo Lily ampliando ligeramente su hermosa sonrisa, dejando a los dos chicos sin saber que hacer o decir.
- ¿Qué¿Qué quieres decir con "vamos"? - preguntó James, dejando que se notara que no estaba para nada contento con ir con Harry a ningún lado. - ¡Hoy íbamos a salir juntos! - se quejó James.
- Escucha, James, - dijo Lily, tomando el brazo de su novio y arrastrándolo lejos del chico. - El director me acaba de enviar la placa de premio anual junto con el chico y un favor, creo que no sería bueno empezar mi año de premio anual con el pie izquierdo, solo será por hoy, te prometo que saldremos todo el mes si quieres. - le susurró Lily bien bajito, tanto que Harry no pudo escucharlo aunque si podía suponer lo que le decía y muy acertadamente. - Además va a cursar el séptimo año y no tendrá a ningún conocido allí, así que trata de ser amable. - lo amenazó en voz baja antes de soltarlo y dirigirse hacia donde el moreno de ojos azules los esperaba.
- Si tu lo dices… - murmuró James resignado a pasar su cita con un molesto chico que ni conocía.
Durante el corto trayecto desde donde se había llevado a James hasta donde los esperaba el chico Lily no pudo evitar volver a observar al chico de pies a cabeza, pasó rápidamente sus ojos por el pantalón negro con varios bolsillos, la camiseta verde con parte de algo negro dibujado en la espalda que no podía ver completamente gracias a que el chico estaba de costado, un buzo amarrado alrededor de la cintura del chico. Siguió subiendo su mirada y la centró en la cabeza algo girada del chico que la observaba acercarse, un par de ojos azules violáceos muy extraños fue lo primero que notó, unos ojos extrañamente atrayentes de los que le costó mucho desviar la mirada para seguir con su observación, descubriendo unos labios ni muy finos ni muy gruesos aunque sí muy colorados, su piel pálida y a primera vista suave, su nariz algo recta, su cabello negro azulado lacio que estaba atado en una coleta baja, con un mechón suelto que caía por su frente, alcanzando a cubrir parte del ojo izquierdo.
Lily tuvo que parpadear repetidas veces para conseguir desviar la vista y recordar que tenía novio y que su novio no era ese adonis que tenía en frente, si no el otro muchacho precioso que la esperaba a unos pasos de distancia.
- ¿Co-cómo dijiste que te llamabas? - preguntó Lily, tratando de que no se notara que estaba casi babeando por el chico.
Harry sonrió y acortó la distancia entre ellos.
- No lo dije. - le sonrió divertido. - Me llamo Andrew Carson. - le dijo y amplió su sonrisa, consiguiendo que Lily pensase seriamente en dejar a su novio.
- Vamos. - dijo Lily, aprovechando para tomar la mano del chico y poder satisfacer su curiosidad acerca de si de verdad esa piel era tan suave como parecía, descubriendo que en realidad era mucho más suave y tersa que la suya y la de varias chicas que conocía. Antes de que alguien pudiera pensar algo que no era por aquel gesto Lily arrastró al chico hacia donde estaba James, a quien también le tomó la mano para arrastrarlo rumbo a la vereda, para caminar hacia el caldero chorreante.
- Y… ¿de qué colegio vienes? - preguntó James tratando de fingir un tono interesado, fallando estrepitosamente, no le gustaba en lo más mínimo que su novia estuviera tomando de la mano a aquel extraño.
- Del Colegio Australiano Magic Force. - dijo Harry con total naturalidad, consiguiendo dos miradas incrédulas sobre él.
- ¿Del Magic Force? - repitió Lily, habiendo leído aquel nombre en un par de libros, en los cuales se lo mencionaba como un colegio de magia aun mejor que Hogwarts en ciertos aspectos, igual en otros tantos, pero que solo aceptaba magos verdaderamente fuertes y capaces, sometiéndolos a un estudio realmente duro, al mejor y más completo estudio que cualquiera pudiese imaginar.
- ¿Por qué te cambiaste a Hogwarts si el Magic Force es uno de los mejores? - preguntó James, sin poder creer que aquel chico había rechazado continuar con sus estudios en un colegio tan prestigioso como secreto siendo que él habría dado la mitad de todos sus millones de galeones por entrar, claro, eso era en otra época, ahora estaba perfectamente en Hogwarts y no cambiaría ni por la mitad de todos sus millones de galeones.
- Porque a ese colegio van hijos de mortifagos y yo estoy siendo buscado por ellos. - contestó Harry con simpleza, como si hablara del clima.
- ¿¡Qué rayos haces solo en medio de Londres si te están buscando!? - casi chilló Lily, bastante preocupada por que atacaran al chico, sobre todo por el hecho de que ella y James estaban con él.
- No hay verdadero peligro, para mi esto ya es casi rutina, una o dos veces por semana mandan a dos o tres mortifagos yo los capturo y los dejo en algún lugar deshabitado a su suerte, es una sencilla manera de que dejen de molestar por un tiempo. - dijo el chico con una sonrisa, como recordando algo sumamente divertido. - Además, por algo me tenía que cambiar a Hogwarts¿no? Albus Dumbledore es un mago lo suficientemente poderoso como para hacerle frente a Voldemort.
Ese fue el comienzo del paseo de Harry con los otros dos adolescentes, con los cuales pasó el resto de la mañana caminando hasta el Caldero Chorreante para después ingresar al Callejón Diagon.
La mañana pasó más rápido de lo esperado entre unas visitas a librerías para comprar los libros del colegio y otros tantos más, una visita a la tienda de Quidditch y una a la heladería.
Tanto James como Lily congeniaron rápidamente con Harry al notar que compartían bastantes gustos con el moreno, e incluso debido a la diversión a James se le había olvidado que el chico con el que estaba riendo en esos momentos era el mismo que le había arruinado la primera cita que había podido tener en esas vacaciones con su novia.
Cerca del comienzo de la tarde, cuando los chicos estaban paseando entre risas por el final del Callejón Diagon, unos doscientos mortifagos aparecieron de la nada, causando con solo su aparición en el lugar una gran cantidad de gritos que ellos mismos se encargaron de continuar luego con torturas y destrucción.
James y Lily sacaron veloces sus varitas sin embargo no pudieron mover ni un músculo por el pánico que sintieron al ver aparecer a Lord Voldemort a pocos metros. Harry en cambio había esbozado una media sonrisa divertida y se encontraba parado allí, tranquilo como siempre, analizando el ataque más por costumbre que por otra cosa, notando que la manera en que el señor oscuro planeaba los ataques en esa dimensión era bastante diferente a los que planeaba en la suya, "aun le falta práctica" pensó Harry divertido.
Voldemort estaba dando órdenes, torturando de vez en cuando a algunos magos sangre sucia que pasaban demasiado cerca en sus inútiles y patéticos intentos de huidas, cuando sintió la ya conocida mirada de alguien centrada en él, consiguiendo que dejara de torturar a un par de asquerosos sangres sucia para voltear y observar directamente hacia los ojos azules violáceos que lo miraban con gran diversión brillando en ellos.
El hombre esbozó una sonrisa bastante macabra, que heló la sangre de la pareja de adolescentes y que consiguió que Harry ampliara ligeramente su media sonrisa, al tiempo que veía a Voldemort acercarse.
- Buenas. - lo saludó Harry con un pequeño movimiento de cabeza que el señor oscuro devolvió más por cortesía que por otra cosa.
- Esta vez mejoró¿verdad? Tengo mortifagos a cada lado de este asqueroso callejón, hay hechizos anti-aparición, anti-trasladores y cerramos todas las entradas que pudiesen haber. - dijo Tom, dándole un rápido y resumido informe al moreno, dejando tanto a James como a Lily preguntándose que rayos estaba sucediendo allí.
- Ya lo he notado. - murmuró Harry para después continuar hablando con voz normal. - Pero sigue teniendo errores, el principal es que no estés allí dando ordenes, el segundo es que en vez de destruir locales y chimeneas se ponen a matar personas y el tercero, como ya dije antes, es su falta de concentración en la tarea a realizar, torturan mucho y matan poco, de esta manera solo consiguen que un ataque que podría durar quince minutos dure media hora.
Luego de escuchar aquel análisis por parte de Harry los otros dos adolescentes que lo acompañaban ya no sabían que creer, al ver a Voldemort tan cerca de ellos al comienzo les había entrado pánico, pensando que morirían inevitablemente y en cambio este se había puesto a hablar con el moreno como si lo conociera de toda la vida, dejando a los pobres chicos sumamente confusos.
- Los mortifagos se centran principalmente en torturar, les gusta, si no tienen un buen incentivo no matan. - dijo el señor oscuro, frunciendo imperceptiblemente el ceño.
- Yo creía que tus 'incentivos' eran lo suficientemente buenos. - dijo el muchacho refiriéndose a la cruciatus.
- Y lo son, pero no es como si ellos lo tuvieran en mente una vez que aparecen en el lugar del ataque, Carson. - dijo el señor oscuro fríamente.
Uno de los mortifagos, que había estado divirtiéndose torturando a un tonto que se le había cruzado, volteó a buscar a su próxima victima, encontrándose con tres adolescentes, dos terriblemente aterrados y otro que a como él lo veía debía estar suplicando por su vida al señor oscuro.
Con los dos adolescentes aterrados elegidos como futuras victimas, el mortifago se acercó por detrás del grupo silenciosamente, no queriendo arruinar la 'charla' que su señor estaba manteniendo con aquel crío mas fue notado de forma inmediata por 'aquel crío'.
Harry enarcó una ceja, al tiempo que recuperaba la sonrisa de lado que no había notado que había perdido.
- Te recomendaría que no dieras un paso más. - advirtió Harry con voz helada cuando el mortifago estuvo lo suficientemente cerca como para escucharlo y el hombre, sin prestarle atención a aquella advertencia, continuó avanzando.
Voldemort se alejó un paso para poder ver al mortifago, ligeramente intrigado por como reaccionaría el chico con el que estaba hablando, al tiempo que Harry volteaba para ver al mortifago, ignorando a los dos adolescentes como si ni siquiera estuvieran ahí.
- Una sola luz sale de esa varita y no la cuentas. - volvió a advertir, esta vez convirtiendo su voz en un siseo que consiguió estremecer al mortifago por su parecido con uno de los de su señor.
- Niño ignorante, ni siquiera tienes una varita y quieres enfrentarte a un mortifago. - dijo el mortifago con voz ronca y tono entre burlón y arrogante.
- Cuida tus palabras¿no has comprendido a esta altura de tu vida que no debes faltarle el respeto a tus superiores? - preguntó Harry al tiempo que daba dos pasos y se situaba en frente de los dos chicos, para que no salieran dañados. - Mortifago inútil. - le espetó sin variar su tono de voz, consiguiendo que el mortifago enfureciera.
- ¡Avada Kedavra! - gritó y un rayo verde salió de su varita directo hacia Harry.
- Mala idea. - murmuró el señor oscuro por lo bajo, más para si mismo que para el resto.
El rayo impactó en el pecho de Harry de lleno, consiguiendo que Lily se horrorizara y que James entrara en shock, sin poder creer ninguno de los dos que aquel chico que les había caído tan bien y el cual les estaba dando últimamente muchas sorpresas juntas hubiera sido alcanzado por aquella maldición mortal.
Harry no se tambaleó, no siquiera parpadeó, solamente frunció el ceño molesto, consiguiendo que Voldemort sonriera burlonamente con ciertos tintes macabros en su sonrisa que le hubieran dado una idea de su futuro al mortifago si este no hubiera estado tan ocupado preguntándose por que el chico no había muerto que aquel hechizo.
- Creo que te advertí antes que si una sola luz salía de esa varita tu estabas muerto. - dijo Harry con voz fría, consiguiendo que el hombre diera dos pasos hacia atrás aterrorizado.
Los dos adolescentes que habían entrado en shock salieron abruptamente de él al notar que su nuevo amigo estaba vivo.
El moreno, con lentitud y tranquilidad impropias de la situación, se acercó al mortifago que temblaba sin parar, muerto de miedo. De un tirón le arrancó la varita, partiéndola en cuanto la tuvo en sus manos, dejando caer descuidadamente los pedazos al piso, para después darle una patada al mortifago en el estomago que hizo volar al hombre dos metros, cayendo luego de cabeza quedando tirado en el piso muerto o inconciente.
Harry no le dirigió una segunda mirada al hombre mientras volteaba y recuperaba su puesto al lado de Voldemort.
- Tus mortifagos son unos inútiles. - comentó Harry sin despegar su vista del ataque, como si nunca se hubiera movido de allí.
- Ya lo sé. La fuerza de la patada… - el señor oscuro no alcanzó a terminar de preguntar que Harry ya estaba asintiendo, sin querer que los dos adolescentes se enteraran de lo que era en realidad.
- Si, eso influye en cosas como estas. - dijo el adolescente con su recientemente recuperada media sonrisa.
- Bien, Carson, fue interesante intercambiar estrategias contigo, procura no estar en el próximo ataque. - dijo antes de darse media vuelta e irse hacia donde estaban sus mortifagos, iniciando la retirada después de cerciorarse con una mirada que ya habían cumplido con su misión, destruir el callejón y no dejar a nadie vivo.
- Vamos. - dijo Harry, volviéndose para mirar a los dos adolescentes, los cuales seguían en shock.
Sin muchas contemplaciones los agarró a uno por cada brazo y desapareció de allí, apareciéndose en la habitación de su hotel.
- ¿Qué fue eso? - preguntó James aturdido.
- ¿Qué fue qué? - preguntó Harry inocentemente, no queriendo responder a esa pregunta en esos momentos.
El moreno aprovechó el momento en que sus ojos se cruzaron con los de James y borró parte de su memoria con un pequeño truquito que había aprendido con el tiempo, dejándole los recuerdos de lo que había pasado con Tom pero borrando todas las muertes de su memoria, de ese modo no tendría pesadillas ni traumas, aun era muy inocente como para ver algo así de primera mano y no quedar con algún shock.
Una vez que terminó con James, Harry fijó sus ojos en los de Lily y realizó el mismo truquito, fácil y rápido, poco tiempo y evitaba largas charlas.
- Hablabas con el señor oscuro como si se conocieran de toda la vida. - dijo James fijando sus ojos en los de Harry.
- Es verdad, nos conocemos desde que tengo un año, mató a mis padres, peleé con él cuando tenía once, doce, catorce, quince y dieciséis años, podría decirse que nos conocemos de toda la vida.
- ¡Pero hablaban como si fueran amigos! - chilló Lily, sin recuperarse del todo de su corto encuentro con la muerte.
- No soy su amigo y tampoco estoy de su lado, simplemente soy un buen estratega que no está del lado de la luz y que puede colaborar dándoles un poco más de trabajo. - dijo Harry indiferente, como si no acabara de decir que ayudaba a que los mortifagos mataran personas.
- Si no estás del lado de la luz, pero tampoco del de la oscuridad… ¿de qué lado estás? - preguntó James algo confundido, no era fácil para él pensar en estado de shock, del cual le estaba tomando un poco más de lo normal sobreponerse.
- Del gris. - comentó el moreno con tono casual, como si hablara del clima.
- ¿Cómo que del gris?
- Es sencillo, si gana el lado de la luz, no me molestan por que yo no mate a nadie ni nada por el estilo, y si gana el lado de la oscuridad, tampoco me molestan por que yo los ayude con los ataques. Las muertes no me importan, por que se supone que tienen varitas para defenderse, en el caso de los magos, y en el caso de los muggles tienen pistolas y esas cosas, no es que son seres indefensos. - expuso Harry dejando a los dos adolescentes pensativos.
- Pero… pero… - trato de quejarse Lily pero nada salió de su boca.
- Mejor dejémoslo así. - dijo Harry y se sentó en la cama con gesto cansado. - No necesito que me entiendan, si quieren pueden irse y yo me encargo de averiguar cosas de Hogwarts.
- No, esta bien, tu dijiste que estás en el lado gris, es decir que no eres ni bueno ni malo. Por lo tanto no tenemos ninguna razón para alejarnos de ti. - dijo Lily rápidamente, el chico dentro de todo no le caía mal, y además… sería una lástima privarse de semejante vista durante las vacaciones solo por que no le gustaba como pensaba el chico.
Harry la miró y a ella le pareció notar que sus ojos azules violáceos resplandecieron unos segundos de una manera bastante extraña.
- …Entonces… podríamos salir mañana para que me terminen de explicar lo de la épica pelea de las casas. - sugirió Harry esbozando una pequeña sonrisa que ellos correspondieron.
- ¡Claro! Yo también voy y les digo a Moony y a Canuto que vengan. - dijo James ligeramente más emocionado ante la idea de ver a su novia tan pronto, aparentemente completamente recuperado del shock. - Colagusano no puede venir porque está cuidando a su abuela. - le dijo a su novia al ver su mirada extrañada.
- Y yo podría decirles a Monika y a Elizabeth que vengan. - dijo Lily.
- ¿A dónde vamos a ir? Hoy destruyeron el Callejón Diagon y ayer Hosmeade. - les informó Harry.
- ¿De verdad¿También destruyeron Hosmeade? - preguntó Lily.
- Si, yo recién había terminado de hablar con Dumbledore cuando comenzó el ataque.
- Entonces podríamos ir al Callejón Golden Phoenix. - propuso James.
- Sería una gran idea. - dijo Harry ampliando su sonrisa, tratando de ignorar el recuerdo que le vino del callejón, la primera y única vez que lo vio estaba en medio de un ataque y tenía que luchar para evitar que lo destruyeran, cosa que no consiguió ni con la ayuda de los aurores y los miembros de la orden debido a la cantidad de calles que tenía ese lugar y a la cantidad de mortifagos que había, era un lugar demasiado amplio como para poder protegerlo completamente.
- ¿Lo conoces? - preguntó James extrañado.
- Claro que sí, está en el Valle Godric. - dijo Harry encogiéndose de hombros descuidadamente, la verdad era que no era un lugar muy fácil de encontrar la primera vez pero ya después era mucho mejor que ir al Callejón Diagon, o al menos eso creía él. - ¿A qué hora nos encontramos?
- Al medio día. - dijo Lily no preguntando si no afirmando.
- Perfecto, al medio día.
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Gracias por los reviews n.n
Espero que les siga gustando mi fic ;)
CAP EDITADO si encuentran cambios, por más minusculos que sea es por eso n.nU
