N/A:
Hola! Tengo que agradecerles por el apoyo que le han dado a esta historia. Mil gracias por los 10 reviews y los favs and follows, espero no defraudarlos (:
Se que muchos están interesados y asustados de que va a ocurrir. Les adelanto de que esta historia tendrá mucho drama y angst, asi que preparaos xDD
Mil gracias por el continuo apoyo, los quiero!
ADVERTENCIA:
Contiene una temática adulta. Es un AU y tiene OOC
DISCLAIMER:
Bleach No me pertenece, es propiedad de Tite Kubo. A mí sólo me pertenece esta historia.
AVISO:
En el pasado episodio cometí un error en uno de los párrafos. Ichigo tiene 17 años, no 19 ^^
CAP II
En algunas ocasiones, Orihime se preguntaba si todos los riesgos que tomaba valían la pena. ¿Realmente valía la pena correr tantos riesgos por sentir sus caricias? Sus besos… ¿lo valían? ¿Realmente lo valía el que su matrimonio se estuviera yendo hacia el mismísimo infierno a causa de ella? Ella llegó a una conclusión.
Sí, lo valía. Una y otra y otra vez se decía a sí misma que lo valía. No importaba cuan doloroso era observar a Byakuya en las noches, tampoco el saber que estaba haciendo algo moralmente incorrecto… no importaba, porque algo dentro de ella le decía que lo ignorara.
"No estás haciendo nada malo, Orihime. La vida te ha dado esta oportunidad y es más que obvio que así lo quiere el destino y Kami-sama" solía decirle una voz en su interior. Esa vocecita era el pequeño demonio que la hacía recordar a cada instante a ese estudiante prohibido.
"Es cierto… sólo soy una víctima" se decía ella así misma. Ella no era la culpable... ¡No, no, no! Ella era sólo la víctima de una cruel jugarreta del destino. Ella no estaba haciendo nada malo, porque lo único que ella hacía era seguir sus instintos y su corazón.
"No es del corazón engañar a quien realmente te ha amado, Orihime" comenzaba siempre su conciencia "y no, no eres una víctima, porque tú misma accediste a esto. Eres tan culpable como él"
Orihime en ocasiones detestaba su conciencia. Deseaba tener el poder suficiente para asfixiarla, para ahogar de una vez y por todas esa estúpida voz que la hacía sentir miserable. "Ya cállate, ya cállate" solía decirle a esa voz, la voz de su razón y cordura.
"No le hagas caso, Hime. No vale la pena que te sientas culpable de algo que te gusta y añoras a cada instante"
"Orihime, estas a tiempo… ¡rectifica! ¡Sálvate de ese futuro sufrimiento!
"¡Ya cállense!"
—Sensei— llamó uno de los estudiantes, causando que ella parpadeara dos veces antes de enfocar su vista sobre el estudiante de lentes y de cabello oscuro. Uryu Ishida era el mejor alumno de la escuela y en muchas ocasiones (aunque Orihime pensara que estaba siendo muy malvada) era un gran dolor de cabeza para ella. ¿Cómo complacer educativamente a un chico genio? Ese era el gran dilema de todos los profesores.
— ¿Ocurre algo, Ishida-kun?— titubeó, para luego sonreír. Ishida arregló sus lentes mientras que un tímido sonrojo se extendía por sus pálidas mejillas. El chico humedeció sus labios y luego procedió.
—Sensei, usted se equivoco acerca de la batalla del Peloponeso. No fue Atenas quien la ganó, sino Esparta— corrigió él en voz muy baja, sólo para que ella lo escuchara y que ningún alumno se burlase de ella.
¿Hasta a eso había llegado? ¿Había llegado ya al punto de perder el interés de su trabajo, perder la noción del tiempo y comenzar a equivocarse en una materia que claramente dominaba?
—Lo lamento, Ishida-kun. Muchas gracias por decirlo— murmuró ella, antes de ir al pizarrón y comenzar a borrar la serie de kanjis que nombraban a Atenas y Esparta. Procedió a cambiar los nombres y utilizó todas las fuerzas que tenía para así evitar el perderse en la clase.
Cuando la clase culminó y el recreo comenzó, ella se dejó caer sobre la silla de su escritorio y se miró de reojo en el pequeño espejo que había pegado en la pared. Su cabello naranja estaba despeinado, pero lejos de darle un estilo de abandono, la hacía lucir más joven de lo que era, aparte de darle ese toque "hot" como los yankees* (n/a: término utilizado para referirse a los norteamericanos) solían llamarle, a su apariencia. Tomó de encima de su escritorio una pequeña bolsa de cosméticos y sacó la amplia brocha de rubor. Sin interés alguno, lo aplico sobre su nariz y pómulos.
—No está dando un buen ejemplo, Kuchiki-sensei, las chicas tienen prohibido maquillarse dentro de las aulas— Orihime soltó su brocha y la dejó caer al suelo al ser interrumpida y asustada por el causante de su insomnio y casi colapso emocional.
Kurosaki Ichigo.
El joven estaba recostado del marco de la puerta, con un aire informal. Su uniforme escolar estaba desarreglado, los puños de las mangas estaban enrollados hasta los antebrazos y varios botones estaban abiertos. Él tenía una de sus manos dentro de sus bolsillos, mientras que la otra jugueteaba con el cerrojo de la puerta.
— ¿K-Kurosaki-k-kun? Me has causado un gran susto— replicó ella, llevando sus manos a su amplio busto. Él sonrió de lado, de esa forma tan él. Ichigo ladeó la cabeza y se alejó de la puerta, no sin antes haberle puesto el seguro.
— ¿Acaso estaba haciendo algo malo? Porque si no es de esa forma, no entiendo por qué debería haberle asustado mi presencia— comentó él con diversión, acercándose a ella sigilosamente, de la misma manera que lo hacen los leones a sus presas. '
—N-No, obviamente no estaba haciendo nada malo— respondió ella en un hilo de voz, bajando su vista como lo hace una niña regañada por un adulto. Él continúo acercándose, hasta detenerse frente a ella y colocar sus fuertes y musculosos brazos sobre el escritorio.
—Claramente usted está mintiendo— retó, alcanzando la brocha de rubor que estaba en el suelo. La observó sin importancia, para luego rozar con ella las piernas al descubierto de Inoue. La joven profesora maldijo entre dientes el no haber utilizado unos pantalones o un vestido más largo…
"sabes que utilizaste esta falda corta para captar su atención, no lo niegues" repuso con burla esa voz en su interior. Esa voz tenía un punto a favor.
—K-Kurosaki-kun…— murmuró ella, siguiendo el rastro de la brocha subir y bajar por sus piernas. Los ojos de él, de un fino tono chocolate, estaban oscureciéndose a causa de la más profunda y salvaje lujuria que un chico de diecisiete años puede soportar. —Aquí no…— los ojos de él se despegaron por primera vez de los ojos de ella, para subir hasta el rostro de la profesora y hacer una clara mueca de burla.
— ¿Aquí no fue donde estuvimos por primera vez? ¿O la semana anterior?— las mejillas de ella se ruborizaron ante el comentario y el recuerdo. Él atrajo con sus manos el rostro de ella, tomándola por la barbilla y acercándolo hasta él, quedando sus labios suspendidos sobre los de ella por apenas unos micro-centímetros. — ¿Por qué perder el tiempo de esta forma?— murmuró sobre los labios de ella, antes de intentar besarlos, pero Orihime fue mucho más rápida y negó la cabeza, provocando que el beso de él fuera a dar a su cuello.
—No, he dicho no— repuso ella con fiereza, apartándose de él. —Hay demasiadas personas en este instituto a esta hora y no voy a permitir que me encuentren contigo. No es sólo mi empleo el que estaría en juego, sino mi matrimonio. — él fue tomado por sorpresa ante el repentino cambio de la profesora. Con disgusto, se apartó del escritorio y le dio la espalda.
—Bien, ya le he dicho que no soy un violador. Sólo estoy con quienes realmente así lo desean. — replicó, antes de girar sobre sus talones y mirarle de forma peligrosa. Tomó la mano de Orihime sobre la suya y le dio un beso sobre la palma de ella —sólo recuerde que sabe dónde encontrarme— dijo, antes de lanzarle una guiñada y apartarse de ella, para luego marcharse del aula.
Orihime suspiró hondamente, tomando entre sus dedos la brocha del rubor y recostándose de forma informal en la silla. Esto estaba volviéndose cada vez más y más complicado…
…pero de cierta manera, eso le apetecía.
xXxXxXx
—Ohh Ichigo— murmuró ella sobre los hombros de él, mientras que el joven succionaba de forma seductora el lóbulo de la oreja de ella. ¿Cómo era posible que un chico de esa edad fuera tan apasionado? ¿Acaso eran las hormonas? Sus dedos eran expertos, igual que esa caliente y húmeda lengua que recorría su oreja y cuello.
Siempre terminaban dándose esas caricias luego de haber tenido una sección salvaje de sexo. Él era todo un experto en el tema de caricias post-forniquer. Y eso, aunque le avergonzara a ella, le hacía sentir celos.
¿Con quién él había aprendido todo eso? ¿Quién fue su sensei? ¿Él había amado a su sensei? Ella no tenía idea alguna.
Orihime dejó escapar un gritito de dolor en cuanto él mordió su cuello, dejando una pequeña pero visible marca. Inoue se dejó llevar por placer antes de incorporarse de manera esporádica y correr, aun desnuda al enorme espejo que poseía la habitación de motel...
— ¡Oh por Kami!— exclamó ella, llevando sus manos hacia su cuello. — ¿Por qué me hiciste eso?— cuestionó ella, volteándose y mirándolo horrorizada. Oh Dios, Byakuya iba a darse cuenta de ese pequeño moretón.
Oh Kami-sama, ella estaba realmente jodida.
Ichigo sonrió de lado, antes de llegar hasta donde ella y rodearla por la cintura y recostar su rostro sobre el blanquecino cuello de ella. —Me gusta lo que me pertenece— murmuró, respirando sobre el cuello de ella y provocando que el corazón de Orihime comenzara a latir como loco.
—Él se dará cuenta— ella era incapaz de pronunciar el nombre de su esposo. Ese nombre era demasiado perfecto como para ser pronunciado por sus sucios labios. Los dedos de Ichigo recorrieron de forma peligrosa el vientre plano de la chica, antes de llegar hasta los pechos de ella y rozar sus pezones con ellos. Ella gimió.
— ¿Y?— cuestionó él con un aire divertido en su voz.
—Es mi matrimonio el que está en riesgo— ella, por segunda vez en ese día, se liberó de él y cubrió su desnudez con sus manos. —Yo no puedo perder mi matrimonio, no de esta forma— murmuró, mirándolo fijamente. Por unos instantes, ella creyó ver el reflejo de dolor y desilusión en sus ojos color chocolates, pero sólo duró segundos...
—C'est une honte… parce que je t'aime*— murmuró él en un hilo de voz que ella no fue capaz de entender. A ella le sorprendía que ese chico pudiera hablar un francés tan fluido como lo había hecho. Pero Orihime no entendía el francés, por ello no pudo descifrar sus palabras. —Te doy mi palabra de que él no se enterará.— al final le dijo él, cruzándose de brazos y con cierta molestia en su voz...
Orihime no estaba muy segura de ello. El pequeño mordisco en su cuello era bastante visible y ella temía ser descubierta. —Pero esto…
—Invéntale algo. — Ichigo se subió sus pantalones y luego se echó por encima su camiseta. —Se te da muy bien el mentir— ese señalamiento provocó que su pecho diera un fuerte y muy doloroso giro. Ella deseaba gritarle que era falso, que ella no era una mentirosa y que todo lo que hacía… todo lo que ella hacía era producto de una total confusión, pero ella no encontraba su voz.
A Orihime le dolía que él la hiciera sentir como la villana de la historia. Ichigo Kurosaki tenía una estupenda habilidad no sólo para conquistar y manipular, sino para hacer sentir culpable a las personas. Ella no entendía el por qué él era de esa manera y suponía que él era producto de una mala niñez u otro evento traumático.
Pero aun así, Orihime estaba consciente de que él no tenía derecho para tratar a las personas de esa forma.
— ¿Por qué eres de esa forma? ¿Por qué?— ella deseaba saber sus razones, porque quizás, sólo quizás ella podría ayudar a sanarlo y a convertirlo en una persona de bien…
Oh joder.
Ella realmente estaba jodida.
Orihime comprendió por primera vez en esos tres meses una cosa que la dejó estupefacta. Ella estaba comenzando a tener sentimientos románticos hacia ese joven. No, ya no era sólo sexo casual y liberal, no… ahora había otra cosa envuelta.
Ella negó la cabeza ante la mirada de confusión que él estaba lanzándole. —Olvidalo, ¿quieres? Sólo olvidemos esto antes de que todo se complique mucho más— ella caminó hacia la cama y comenzó a vestirse con rapidez, mientras él la observaba con el ceño fruncido.
— ¿Olvidarme de que?— cuestionó Ichigo.
— ¡De todo! Esto jamás ocurrió, nada de esto, ¿entiendes? Nos estamos acercando a un punto donde todo cambiará y todo se complicará…
—Y es eso precisamente lo que espero— la interrumpió él.
Orihime negó la cabeza, para luego suspirar cansada. —Yo no… yo no estoy preparada para algo más que esto, Kurosaki-kun. — una vez más los ojos de él mostraron ese brillo de desilusión. —Esto no está bien… yo… yo lo lamento— ella necesitaba salir de allí, ella necesitaba aire…
xXxXxXxX
Orihime entró a su habitación de forma silenciosa. Se quitó su abrigo y se encaminó hasta su tocador para volver a mirar el pequeño moretón que Ichigo le había dejado. Ella suspiró suavemente, para luego saltar del susto al percibir las manos de Byakuya en su espalda. —Lo lamento, no planeaba asustarte, cariño— murmuró él, besándole la frente.
—Jajaja— rió nerviosa —sólo estaba observándome en el espejo y no te vi llegar— comentó, antes de que los dedos de Byakuya tocaran el moretón en su cuello. "Oh mierda"
— ¿Qué te paso aquí?— cuestionó visiblemente preocupado — ¿Te pegaste o algún mosquito te picó?— Orihime tomó los dedos de él entre los de ella y sonrió tímidamente, tratando de controlar sus nervios.
—Siempre he sido el plato fuerte de los mosquitos— bromeó ella, dándose la vuelta y rogándole a Kami-sama que él le creyera. Si Byakuya sospechaba… era su fin.
—Debes tener más cuidado, Hime, hay demasiadas enfermedades que son trasmitidas por ellos— Byakuya le besó la mejilla y luego se fue hacia su despacho. Orihime no se había percatado de que temblaba como gelatina. Sus manos y sus pies… incluso su respiración estaba entrecortada.
Llevando sus manos a su pecho, ella se dejó caer sobre la cama y "enterró" su cabeza debajo de sus almohadas. Una vez más, la voz de su conciencia estaba presente. "Estas hiriendo no sólo a Byakuya, sino a ese chico que es demasiado joven. ¡Él no tiene experiencia en la vida, Orihime! Él sólo se ha dejado llevar por las hormonas y ahora te ve como algo más que una chica para follar. Eres algo más para él"
Las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas humedecieron la tela de las almohadas. "No sé qué hacer. Sé que estoy hiriendo a Byakuya, pero Ichigo… yo siento algo por él, pero estoy demasiado confundida. Él es sólo un joven y está comenzando a vivir… no es justo, nada de esto es justo. No sé qué hacer"
"Continuar con lo que haces, Orihime", esa voz, la voz quede sus instintos, la misma que la estaba llevando por el camino de la perdición. "No puedes darte el lujo de perder a Ichigo. Nada va a ocurrir, sólo diviértete y deja de pensar en todo lo malo que podría ocurrir pero que no ocurrirá"
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de su teléfono móvil. Ella lo tomó, luego de haberse limpiado las lágrimas con el dorso de su muñeca. Observó la pantalla y se percató que había recibido un mensaje de texto de parte de él.
'Ce n'est pas fini, princesse' leía el mensaje. Orihime no entendía el francés, por lo que tomó su computador que estaba sobre su escritorio y buscó un traductor. Su respiración se entrecortó tan pronto leyó la traducción.
"Esto no ha terminado, princesa"
* C'est une honte… parce que je t'aime* es una lástima, porque realmente te quiero.
¿review?
