Los caminos se unen
Todas las historias podían contarse de forma diferente, aun cuando hablaran sobre las mismas cosas, los mismos hechos, o las mismas personas. Podían desplazar el inicio y el final de la historia según el gusto de quien la cuenta, o según la importancia de ciertos sucesos. Cuando se hablaba de mutantes, había quien podía decir que todo había comenzado la primera vez que las personas encontraron un mutante. Para otros, podía comenzar todavía antes, hablando del mutante en cuestión y su origen. Cuando se hablaba del incidente en Cuba, muchos iniciaban contando sobre las disputas habidas entre Rusia y Estados Unidos. Los que conocían la historia podían haber comenzado contando como un villano conocido como Sebastian Shaw había jugado con las hostilidades presentadas entre ambas naciones, pero aquello solo importaría a los que desearan adjudicar a Shaw el termino de "sadico homicida", o a los que desearan culpar a un mutante de lo acontecido. Para el caso de Evan, sin embargo, podía decirse que su historia comenzaba en el momento en que nació, o en el momento en que un solo científico decidió a jugar a ser Dios. Explicar la irónica sucesión de los hechos nos lleva a contar otra historia mucho mas interesante.
Todo comenzó con un hombre joven llamado Charles, cuyo apellido solo era importante a razón de los recursos que guardaba su familia y de los cuales solo él podía disponer. Una buena vida, rodeado de personas hipócritas y de aquellos de grandes ambiciones, lograron que éste joven dotado creciera bajo la esperanza de esperar algo mucho mas grande de la humanidad, alimentado por viejos libros de filosofía, llenando su cabeza de teorías sobre la genética y su propio origen evolutivo, y creyendo que el hecho de ser diferente no tenía por que apartarlo de la sociedad civilizada. Después de todo, si la sociedad había crecido tanto y su intelecto estaba abierto a nuevos horizontes ¿Qué impedía a la humanidad aceptar lo que era él? O bien, lo que era su única hermana. Solos, él y Raven, únicos en el mundo –hasta donde sabían - , podrían apoyarse el uno en el otro para aprender a sobrepasar los años venideros. Y en esos años venideros, Raven solo aprendió a ocultarse, mientras Charles aprendía a disfrutar de su juventud, como un conquistador, un hábil bebedor de cerveza y un hermano sobreprotector. Y era quizás solo su amor por la ciencia y la genética, y sus consecuentes teorías, las que lo llevaron al punto exacto de colisión. Lo llevaron a estar bajo la vista de la CIA, y le abrieron el mundo a la posibilidad de ser un héroe.
En otra historia, en otra parte del mundo, existía Erik Lehnsherr. Este era un joven judío con una honrada y humilde familia, que le fue arrebatada en épocas de guerra. Era entendible entonces que Erik creciera sin ninguna fe en la humanidad, una vez que había experimentado lo que los humanos podían hacerle a sus semejantes dentro de los campos de concentración. Con un número tatuado en su brazo, Erik había crecido con el dolor incesante de haber perdido a sus padres, de verse impotente ante la amenaza de Sebastian Shaw, de sentirse convertido en el monstruo de Frankenstein en las mesas de experimentación de los campos y vivir de la ira que se acumulaba en su alma. Él no tenía hermanos, y jamás había visto otro mutante en su vida. Creció solo, alimentado por el odio, se volvió un adulto impulsado por la sed de venganza, y fue ésta quizás, la razón de que estuviese destinado a encontrarse con aquel que era su igual. Erik creció para vivir su juventud esperando el momento justo para buscar y atacar a sus captores, hacer justicia por mano propia y cazar a aquellos cerdos que no habían tenido la voluntad de negarse a las ordenes y someter a su gente. Para encontrar y matar a los bastardos que habían destruido su vida, y castigarlos por atreverse siquiera a mofarse de aquellos años en que fueron el tormento de su familia y todos los suyos.
Cualquiera que buscara algo de magia en una historia, solo debería preguntarse cómo es que estaban ambos en el momento justo, en el lugar correcto.
Charles y Erik se conocieron persiguiendo el mismo objetivo, en una oscura noche donde el mar parecía un negro estanque dispuesto a cobrar la vida de cualquier inexperto. Y desde el primer momento en que sus mentes habían conectado había nacido algo diferente. Erik Lehnsherr jamás podría haber negado, ni al mundo ni así mismo, que habría muerto esa noche si Charles no hubiera saltado al agua para salvarlo de su sed de venganza, y del inminente ahogamiento. Pero mas alla de deberle la vida, la devoción del mismo Erik había nacido con el descubrimiento sublime de alguien como él, alguien que podía considerar era su igual, como si hubiese encontrado su alma gemela.
Fuera del agua y recuperándose de la agitación y la hipotermia, ambos habían podido presentarse debidamente en la cubierta del barco, estrechando sus manos como los buenos modales ingleses de Charles le pedían hacer. Pero no había nada mágico en ello, ni especial, el contacto parecía algo casual y necesario en esos momentos donde ambos se encontraban tanteando el terreno del otro. Habían hablado poco sobre lo sucedido y habían intercambiado la información necesaria para poder comprender su situación ante la amenaza de aquel mutante que se les había ido de las manos. Las charlas eran cortas, muy concisas, y ante los miembros de la CIA era mejor guardarse los secretos propios de cada quien. Y cuando llegó la hora de dormir, a ambos les había esperado la expectación en la respectiva cama de cada uno, pensando justamente en lo que acababa de pasar aquella noche en el agua, repasando el contacto que habían tenido sus mentes por breves y cruciales segundos, preguntándose que había más allá de lo que expresaban las miradas estoicas de cada uno. Había mucho por saber, y el amanecer parecía todavía muy lejano.
A la mañana siguiente cuando habían tomado el auto para regresar a la agencia de la CIA, el camino se había tornado silencioso y Charles presumía que la razón caía sobre el nuevo mutante entre ellos. Y es que Erik no parecía ser el tipo de persona que gustara de hablar demasiado, respondía lo justo y necesario a las preguntas, y no se explayaba en explicar absolutamente nada. Esto ponía nerviosos a los agentes, pero Charles se permitía comprender la razón de semejante sentimiento. Nadie podía escanear a Erik como hacía el por momentos, curioso de atrapar cualquier fragmento de información que escapara de aquella mente perturbada, llena de penosos recuerdos y cegada por el odio. Tenía que estar seguro de lo que Erik estaba buscando, verificar que eliminar a Shaw era lo único que quería y que no esperaba hacer daño a nadie más. La ilusión de Charles se esfumó por completo al momento de encontrarse sigilosamente incurriendo en la mente de Erik, en sus recuerdos más recientes, y pudo ver y sentir en carne propia el sentimiento que quemaba su carne cuando había acabado con la vida de tres sujetos en un bar en America del Sur, sin atender exactamente donde había sido el atentado porque entonces Erik había fijado sus ojos grises en los suyos, como si hubiera detectado lo que Charles estaba tratando de hacer. El gesto tomó a Charles por sorpresa. Pocas personas podían realmente aprender a percibir cuando alguien estaba tratando de entrar en su cabeza y observar lo que contenía en sus pensamientos, y Erik era al parecer, una de esas personas demasiado perceptivas para su gusto y fascinación.
Para Erik, llegar justo a las puertas de una de las agencias de la CIA parecía cosa de broma, y pudo hacerse a la idea de porque aquel telepata y su hermana habían aparecido en el mismo lugar en el que él se encontraba cazando a Shaw. Ellos también estaban detrás del mismo objetivo. Erik pensó por un momento esa mañana en agradecer el viaje y volver a su solitario camino. Pero entonces pensó que si aquellos sujetos habían logrado seguirle el rastro a Shaw, debían tener las herramientas adecuadas para conseguirlo y beneficiarlo en su causa, aun si no se daban cuenta. No, claro que no, solo Charles sabía lo que él tenía en mente. "No te arrepentirás de esto". Fue una sola idea, una promesa que resonó como eco en su mente y que despertó en él una chispa de exasperación al saberse invadido nuevamente por un telepata con demasiado poder. Primero Emma, después Charles, aunque éste tenía una manera muy particular de invadir los pensamientos. Era suave, casi como un murmullo, adentrándose con una gentileza comparable tan solo a su manera de tratar a las personas a su alrededor, con aquel aire político y educado del que suelen rebosar las personas de la alta sociedad. Aunque podía deberse también a que el sujeto en cuestión era tan solo un recién graduado de Oxford. Charles trataba las mentes agenas como si fueras de cristal, jugaba con sus pensamientos como si fueran tesoros muy delicados. Eso lo hacía diferente.
Charles caminaba cerca de él, ambos a la par, mientras el hombre regordete explicaba el uso de las instalaciones a donde los llevaba. Él decía que hacían investigación para la utilización de poderes paranormales en la defensa militar, pero Erik sabía que era un conocimiento que bien podía usarse para el ataque. Charles sin embargo, parecía de acuerdo con la idea de ser parte de una nueva división de mutantes para erradicar al mal de turno, que era Sebastian.
Entre un complejo sistema de pasillos y áreas delimitadas, Moira y el agente los llevaron a un área bastante amplia e iluminada donde solo podía encontrarse un modelo de nave avanzada colgando del techo, y mesas extensas de trabajo donde trabajaba, según él suponía, el único sujeto ahí presente usando anteojos, con un peinado bastante anticuado y con el carisma de una tortuga: lento para hablar –según el gusto de Erik- y nula capacidad de atraer la atención, sino fuera porque el agente le presentó como a alguna especie de genio que había fabricado extraordinarias invenciones y mejoras. Graduado de la universidad de Harvard con tan solo 15 años de edad, Erik pensó que se trataba de alguna especie de lunático amante de los libros. Por supuesto, solo hasta que Charles se acercó a él para presentarse con sus ridículos modos y alegar cuanto le agradaba conocer a otro mutante. Entonces para Erik, todo tuvo sentido, desde la incómoda expresión del dichoso Hank McCoy cuando Charles comentó su verdadera naturaleza, hasta el hecho de que un chico de semejante edad trabajara para la CIA e inventara artefactos tan avanzados. Y no fue lo mejor del espectáculo, por que tan pronto como Hank se quitó los zapatos y descubrió su verdadera adaptación física colgándose de cabeza desde el modelo de la nave, Erik supo que estaba ante algo grande. Era una especie de revelación, conocer personas como él que se mostraban ante los ojos de mutantes y humanos, en la aparente confianza que Charles creaba a su paso. El profesor de genética había tenido razón, no estaba solo. ¿Cuántos más iba a encontrarse con semejante casualidad? No lo sabría a menos que se quedara con ellos, y era definitivamente no era la opción mas razonable. Se había quedado por información, y era todo lo que necesitaba en su maleta cuando saliera de las instalaciones de la CIA.
Indudablemente había tenido que esperar hasta el anochecer para poder conseguir la información de las oficinas, y pudo aprovechar el momento para estudiar y observar todo aquello que se desarrollaba a su alrededor. Podía ver a todos aquellos hombres de traje yendo y viniendo por los pasillos, mientras escuchaba en un eco lejano la abrumadora conversación entre Moira, el agente regordete y el mismo Charles. Le causaba gracia escuchar como el profesor respondía a las abundantes dudas sobre su don al dueño de sus instalaciones, como si no tuviera reparo en alardear de lo que podía llegar a hacer, y sobre lo que lo había llevado a perfeccionar todos sus trucos. No hablaba sobre los detalles sustanciales de su poder, no explicaba totalmente como era que funcionaba su mente para lograr cualquiera de sus trucos telepáticos, pero sin lugar a dudas estaba inflado de orgullo de poder servir a su nación en algo más y Erik no podía evitar preguntarse, si debió confiar en ese hombre que lo había salvado de ahogarse en las aguas oscuras en que el submarino de Shaw lo habían llevado, cegado por la rabia. A su parecer, era posible que solo hubiera caído en la tentación del saber, y en la expectacion que aguardaba tras esos ojos azules que le sostenían la mirada con tanta confianza. Pero si había algo que reprobaba absolutamente de Xavier y sus euforicas ideas de grandeza para los mutantes, era la forma en que ignoraba que su propia hermana mutante sufria de su condición. Ella hablaba con Hank a solas en una de las salidas de ventilación del complejo, sobre la loca teoría del joven genio sobre una cura para erradicar las características mutantes que los acompañaban y obligaban a mantenerse en el exilio, ocultos como monstruos. El solo hecho de escucharlos hablar de normalizarse, de mostrarse tal cual era el común de la raza humana solo para obtener aceptación, logró hacerlo emerger en el momento justo para arruinar un precioso momento, cuando la pequeña e inocente hermana de Charles estuvo a punto de besar a un nervioso y asustadizo genio. Pero era inconsebible para Erik permitir una idea tan aberrante.
-Si yo me viera como tu, no me cambiaría nada.-Las simples palabras parecieron retumbar en las jóvenes mentes por segundos, en los que ni Raven ni hank eran capaces de mirarse el uno al otro por mucho tiempo, avergonzados. Y Erik siguió de largo, satisfecho con su tarea. Con las cosas como eran, con la clase de personas que se vería obligado a trabajar, estaba dicho que él no podía seguir soportando por mas tiempo la mascara de aliado.
Esa noche solo tuvo que esperar lo suficiente para desplazarse, tomar su maleta y andar con sigilo hacia la oficina de archivos para extraer la información que necesitaba. Y por el largo pasillo que debía conducirlo hacia el lugar previsto, otro pasaje interrumpió su camino y de pronto se encontró siendo captado por la mirada de Charles que iba pasando a la vez por el pasillo paralelo al suyo, pero en dirección contraria. Ambos detuvieron su marcha, y se miraron fijamente analizando lo que estaban por decir. Pero Charles, que parecía más preparado para el habla y el trato con cada persona, tomó ventaja y cuestionó primero.
-¿A dónde vas?-El sonido de su voz, ligeramente demandante y sin embargo curioso, logró que Erik no se resistiese demasiado a responder, llevado ante la necesidad de fingir naturalidad.
-Iba hacia el gimnasio.-Respondió simplemente, dirigiendo la mirada hacia el camino que tomaba en un gesto simple se acentuar sus palabras. Charles sin embargo, sacó una de sus manos del bolsillo y señaló el camino frente a él.
-Está en esa dirección.-Aclaró, sin inmutarse. Erik le miró y por un momento se preguntó si no estaría jugando con él, burlándose del posible desconocimiento de Erik sobre la orientación del complejo y sus distintas áreas. Claro, para Charles debía ser más fácil, a él solo le bastaba buscar direcciones en la mente de alguien cuando le viera pasar, con nítidas imágenes que señalaran el claro camino al objetivo. Bien… siempre podía alegar que él era nuevo en el trabajo. Lo curioso era realmente encontrar a Charles a aquella hora, en la que había calculado que estaría con la agente Moira discutiendo sus planes de acción.
-¿A dónde vas tu?.-Cuestionó de vuelta, mirándole con extrañeza. Charles entonces asumió una postura defensiva, levantando una ceja y pretendiendo que la pregunta estaba de más para la respuesta que tenía en mente.
-Iba a hacerme una taza de té.-Fue su resolución. Su simple, predecible y lógica respuesta a una pregunta cargada de sospecha. Y por supuesto, Erik no se lo creyó en ningún momento. Charles le resultaba a menudo tan cliché con su acento inglés y su manía por el buen té.
-La cocina está en esa dirección.-Señaló ahora Erik, imitando el gesto anteriormente demostrado por Charles. Y notó, un leve y vago suspiro de derrota en el pecho de su interlocutor. Después de todo no había perdido contra su aparente "suspicacia".
-Cierto.
Fue un incomodo momento, en que ambos se encontraron en el visible error de cálculos. Poco a poco, cada uno retrocedió sobre el camino por el que habían llegado, sin dejar de mirarse, como si se declarara perdedor aquel que finalmente abandonara la voluntad de mantener la cabeza en alto. Desviar la mirada, podía ser tomado como reconocer el estúpido error que cada uno había cometido, y retirarse dignamente era dar oportunidad al empate. Fue un momento en el que seguramente sus mentes habían pensado lo mismo, aun cuando Charles no había leído la de Erik, y éste tampoco había querido estudiar a Charles lo suficiente para saber el efecto que había tenido en el perfecto graduado de Oxford. Simplemente desaparecieron ambos por el pasillo, y tan pronto se perdió de vista, Erik pudo tomar otro camino para ganarse el tiempo requerido, y volver por la ruta planeada con aun más cautela para no ser descubierto, una vez más. Después de llegar a la oficina, correr el seguro de la puerta con sus dotes había sido sencillo, encontrar el archivo de Shaw había resultado molesto entre tantos papeles dentro de una gaveta, y salir con la información oculta en su maletín había sido la liberación de una situación imprevista. Claro, hasta que la voz se alzó para detenerlo en su escape hacia la noche, justo detrás de él. Erik entendió entonces que encontrárselo en el pasillo en la dirección equivocada no había sido un descuido, Charles había, de nuevo, leído su siguiente movimiento.
-Por lo que se de ti me sorprende que te hayas quedado tanto.-Aseveró, con aquella seguridad tan propia de alguien que posee todas las respuestas sobre las personas. Erik se detuvo en su camino y se giró lentamente para encarar aquella figura que se erguía ante él, sin siquiera demostrar rigidez en sus facciones. Charles se sentía en su elemento, estaba claro porque a pesar de que parecía relajado con las manos en los bolsillos, sus pies estaban bien plantados en el suelo, para enfrentarlo. Con palabras, por lo menos.
-¿Qué sabes sobre mi?
-Todo.-La sola respuesta era molesta, altanera, la palabra más irritante para la pregunta que había planteado. Y la había dicho con tal seguridad, que ignorando el hecho de que podía ver lo que había en su cabeza, podía haberle creído. Charles no parecía alguien que diese fácilmente su brazo a torcer, mucho menos ante una causa aparentemente importante.
-Entonces sal de mi mente.-Era una amenaza, en su interior estaba dispuesto a derribar las barreras que fueran necesarias para conseguir su venganza. Si eso requería, de algun modo, apartar al telepata de su camino, no iba a dudar un segundo en hacerlo. Y cuando recobró su marcha para no volver a atrás, Charles no se rindió. Charles nunca iba a rendirse con él tan fácilmente. En algun punto de la consciendcia del profesor, estaba seguro de que no podía dejarlo partir, no podía dejar que se fuera sin poder decirle lo que había estado pensado toda esa tarde. Necesitaba decirle a Erik todo lo que había experimentado tan solo con mantener el contacto con él.
-Lo siento Erik, pero vi lo que Shaw hizo contigo.-Su voz se alzó ligeramente, y logró su cometido. Los pasos de Erik cesaron, pero no giró su rostro hacia su interlocutor. Charles tomó esto como una invitación a seguir, a indagar un poco más y aprovechar el leve momento de duda que atravesó el cuerpo del mayor de los dos. En Charles crecía la necesidad de hacerle entender cuán importante era para él poder ayudarlo, por que su noble alma no podía darle la espalda a aquel que se había creído solo en el mundo, sobreviviendo de la manera mas cruda, soportando cada dia con recuerdos tortuosos. Eso era lo que Charles había sentido en su mente, el sentimiento que lo había acompañado toda aquella tarde, la noche anterior, y en el momento en que desesperadamente trató de calmar su mente. Charles había vivido en un momento fugaz de memorias el dolor del otro.- Sentí tu agonía – Añadió, logrando que en el silencio que siguió, las palabras hicieran efecto en Erik. Y lo tuvieron. Si las palabras de Charles no habían logrado mover el suelo bajo el que descansaban sus creencias la noche anterior, seguramente éstas habían calado en el fondo de su ser, habían conectado con aquel niño desesperado que esperaba volver a ver a su madre. Pero Erik había sido astuto para no dejar que esa parte de él emergiera rápidamente, y lo encerró en una esfera de plena desconfianza y escepticismo.- Yo te puedo ayudar.-Continuó diciendo el joven profesor, esperanzado, pero firme.
Erik rió breve para si mismo, un gesto tan breve que se burlaba de aquella aseveración para si mismo. Se giró nuevamente hacia Charles, lentamente, dispuesto a rebatirlo aunque su argumento fuese mas un acto de terquedad.
-No necesito tu ayuda.
-A quien engañas. Anoche me necesitaste.-Alegó Charles en contra, sabiendo bien que recurrir al breve momento de debilidad del otro podía costarle muy caro.- No solo a mi me das la espalda. –Hubo una pausa, en la que Charles se permitió avanzar un poco más, mientras continuaba hablando.- Aquí tienes la oportunidad de formar parte de algo importante. – Se detuvo. Y pudo apreciar la mirada fija de Erik, calando en él, tratando de estudiar su mirada para descubrir cualquier indicio de una miserable mentira. Pero no lo encontró, Charles era transparente, estaba hablándole desde el fondo de su verdadero yo. Le había dado una cara distinta al Charles que aquella tarde había fanfarroneado acerca de su grado escolar o sobre su don. Había visto en él a un hombre que sencillamente se creía capaz de hacer mucho más, tanto como abarcaran sus manos, o su mente. Su seguridad no era nada más que la plena decisión de seguir sus ideales del bien, aun cuando Erik pensara que estaba erróneamente orientado.- No impediré que te vayas. Podría… Pero no. -Y en esto, Erik dudó si en verdad se creía esa última aseveración, si Charles se creía capaz de detenerlo. Pero el profesor había emprendido su camino de regreso, caminando hacia atrás, sosteniendo su mirada mientras el silencio reinaba entre ambos. Y cuando Charles se giró para regresar hacia la agencia, añadió.- Shaw tiene amigos… A ti no te estorbaría.
Y con esto, Charles había dejado su jugada. Había dejado a un Erik meditabundo y congelado en su sitio, con la mirada perdida en el suelo evaluando sus opciones, mientras Charles desaparecía por la puerta de entrada y regresaba al lugar que le habían asignado para descansar. Cualquiera que los hubiese visto habría pensado que Charles había hecho una jugada arriesgada, pero efectiva y sin lugar a dudas, victoriosa. Había removido los cimientos de su oponente y se había retirado sin ninguna objeción a lo dicho. Pero solo Charles habría sufrido las secuelas de semejante momento de tensión, sus manos temblorosas en los bolsillos de su pantalón y la sensación de que su corazón estaba enjaulado como un animal en su pecho. Porque había estado cerca de aquel ser que prometía tanto, cuyo poder aun debía ser puesto a prueba y llevado a límites insospechados. La expectación lo descontrolaba, y estaba seguro de que la ansiedad no lo dejaría dormir. Porque secretamente, bajo su máscara de noble caballero templado y en soberbia tranquilidad, Charles esperaba con toda su alma que Erik no les diera la espalda.
Después de todo y sin saberlo, ambos habían esperado demasiado para conocerse.
Las ventanas abajo y la brisa fresca revolviendo los cabellos de ambos, la caja del pedido ya casi estaba vacía, al igual que el vaso de malteada, y el único problema entonces había sido la escasa cantidad de servilletas que habían dejado con la orden. Ese había sido el primer instante en que James comenzó a arrepentirse de llevar a un niño como pasajero. Evan había pasado cerca de 5 minutos con las manos extendidas lejos de su cuerpo, hacia el tablero del auto, porque no había encontrado nada mas con que quitarse de las manitas el jugo de tomate, la kétchup y la mayonesa que provenían del emparedado. Ya no había servilletas, y alguna imperiosa razón evitaba que el niño se limpiara en su propia ropa como hubieran hecho todos los demás. Había tenido que pararse en el camino, tan solo para mirarlo como si no pudiera entender aun porque lo estaba haciendo. Evan le miró de soslayo, sin saber él tampoco la razón para que James decidiera detener el auto.
-¿Esperabas quedarte así todo el camino hasta Nueva York? -Cuestionó seriamente, recargándose en el volante del auto. El niño lo miró ahora de frente, después miró sus manos, y volvió a mirarlo a él. Entonces simplemente se encogió de hombros. James regresó la vista al camino, se quedó callado unos segundos y después salió del auto, rodeando el vehículo para llegar a la puerta del copiloto y abrirla. Hizo una seña al niño para que se acercara y así poder tomarlo por debajo de los brazos para bajarlo, y en todo el trayecto el menor hizo hasta lo imposible para no tocar a James, ni a él ni a su preciada chaqueta. El hombre comenzaba a preguntarse si el niño era extraño por ser mutante, si estaba mal de la cabeza o simplemente así eran algunos niños. Él no lo sabía. Él NO cuidaba niños. Cuando estaban en el costado del camper, James abrió una puerta y del interior sacó un galón de agua.- Coloca las manos debajo.
Evan trató de recorrerse la chamarra lo mejor que pudo para evitar mojarla, pero James perdió antes la paciencia. Dejó de lado el galón de agua y se agachó para subirle las mangas al menor, hasta la mitad del antebrazo, para entonces hacer lo que debía hacer. Bajo el flujo de agua el menor se lavó las manitas y entonces si las secó en la tela de su pantalón, haciendo a James preguntarse por que no había hecho eso desde el principio. Evidentemente, estaba tratando con uno de aquellos críos a los que los padres han cuidado demasiado. O a los que les han prohibido demasiadas cosas en toda su vida. Cuando ya estaban por subirse de nuevo al auto, a James se le ocurrió que no podía dejar subir al niño a menos de que quedara otro asunto arreglado.
-Es mejor que vayas al baño ahora, no voy a detenerme más adelante por ningún tipo de urgencia.-Advirtió, parándose entre Evan y la puerta del copiloto, con los brazos cruzados y una ligera sonrisa después, como si lo estuviera retando a desobedecer. El menor bajó las cejas, abrió mucho los ojos y le miró desde abajo, apelando a su piedad. Pero era seguro que James no iba a ceder tan fácilmente a un par de ojos llorosos, cuando ni siquiera había decidió ayudarlo aquella mañana después de verlo casi llorar. Quien sabía qué clase de artimañas podían usar los niños después de que uno cede tan fácilmente.- ¿No me crees? Entonces sube y moja tus pantalones más tarde.-Declaró, dispuesto a abrir la puerta del copiloto.
-Está bien.-Asintió, apurado, retrocediendo del alcance de James, como si hubiera previsto que lo empacaran dentro del auto como un paquete. Miró a todos lados, buscando con sus grandes ojos azules. Y volvió de nuevo a mirar al adulto.- ¿Dónde está el baño?
-¿Realmente crees que hay un baño aquí, en medio de la nada?-Cuestionó, como no creyéndose tampoco la inocencia del niño. Señaló los arboles a la orilla del camino, y los arbustos delimitándolo.- Ahí está tu baño. –Evan miró, pero no encontró nada que le aclarara las cosas.
-Esos son arboles…
-Si.-Confirmó, metiéndose las manos a los bolsillos, esperando que el niño entendiera. Y cuando los segundos dieron por hecho que el niño no entendía, James volvió a exasperarse ligeramente. Recordó entonces que estaba tratando con un niño que salía de su casa por primera vez, un niño que hablaba sobre gente que lo estudiaba, como si fuera un animal de laboratorio, un niño identificado con una cadena que conocía demasiado bien, una que él mismo llevaba en el cuello y cuyo significado realmente seguía siendo un misterio. Ese era un niño que no sabía cómo funcionaba el mundo y posiblemente no sabía ni siquiera las ventajas de ser hombre en el mundo.- Esta bien, ven. Te enseñaré para qué sirven los árboles.-Avanzó nuevamente hacia el lugar señalado, y Evan le siguió de cerca, casi imitando sus pasos, hasta que se detuvo donde la vegetación podía cubrirlo lo justo y necesario desde la vista del camino.- Párate por ahí, hay suficiente espacio. No quiero que me salpiques.-Alegó como explicación, una que Evan no entendió y que sin embargo aceptó para obedecer la indicación. Imitó la postura de James, tan solo hasta que lo vió llevarse las manos al pantalón y bajarse el cierre. La cara del niño habría hecho reír a cualquiera, por que en su vida jamás había orinado de pie cerca de un árbol, y Evan se alejó un poco más del adulto, ahora él temiendo que se mojaran sus zapatos. No pasó mucho antes de que el mayor terminara su tarea y decidiera marcharse de vuelta al automóvil.- Solo sigue el ejemplo. Entenderás porque la gente dice que todo el mundo es un baño para un hombre.
-Todos los arboles son baños.-Comentó, tratando de entender, y después soltó una risa traviesa.
-Ya entendiste. Apresúrate o te dejaré aquí.-Advirtió, sin poder evitar sonreír ligeramente cuando vio, por fin, a Evan imitar exactamente lo que él había hecho. Cuando James estaba metiendo el galón de agua en el camper, el niño volvía trotando y presuroso se obligó a sí mismo a abrir la puerta del copiloto, y trepar hasta el asiento él solo. James solo tuvo que cerrarle la puerta y volver a su asiento, encendiendo el auto y poniéndose una vez más en marcha.- Lo que acabas de ver, solo sirve para estos árboles, los del camino. No es algo que puedas hacer una vez en la ciudad.
-… ¿es algo grosero?
-Algo así.
-Porque, se ve como algo grosero… Pero fue divertido…-De nuevo el silencio, y cada vez que se quedaba callado, el niño se quedaba mirando por la ventana, leyendo los letreros que pasaban ante ellos, señalando los kilómetros recorridos, los nombres de las rutas, y reconociendo los paisajes de los libros que solía curiosear en casa. Poco después, añadió.- En casa lo hice una vez, en la tina del baño, y la señora se enojó mucho conmigo.
-¿Tu madre?.-cuestionó extrañado James, casi por reflejo. No le interesaba la historia en absoluto, pero algo no cuadraba bien en la oración. En general, muchas palabras, modos y gestos en ese niño no parecían pertenecer al estándar de normalidad de un niño de 6 años. En ese caso ¿Qué niño se refiere a su madre como una "señora"?
-No, la señora que me cuida.-Corrigió pacientemente.
-Tu madre.-Alegó de nuevo, mirándole firme, sabiendo que él no se equivocaba.
-No, esa señora no es mi mamá.
-Y tú que sabes, eres demasiado pequeño para juzgarlo.-Declaró sin darle importancia, pero Evan miró de nuevo hacia él, como si fuera ahora el adulto el que decía algo insensato.
-Siempre lo supe… Lo sentí. Y después ella me lo dijo. Me dijo…-Trató de recordar fielmente sus palabras, y se quedó un momento callado mientras recordaba cada una de ellas.- Me dijo que ella quería cuidarme como si yo fuera su hijo. Bueno... no lo dijo.-Se corrigió después, mirando al suelo del vehículo mientras recordaba, un poco mejor, aquel momento.- No movió los labios cuando lo dijo. Eso también lo sentí, por aquí.-Entonces se tocó la cabeza, con ambas manos, señalando exactamente un punto en toda su cabeza que respondía a esos estímulos.- La voz que busco también se siente ahí, pero me hace sentir diferente. Es como escuchar que alguien que quieres mucho te habla por teléfono, te saluda, y luego se va, muy rápido. A veces me despierta de noche, a veces, en la escuela, lo oigo.
-Dices que es una voz, pero no lo oyes, solo lo sientes en tu cabeza.-Rectificó el adulto, conduciendo el auto relajado ahora, sin reparar demasiado en entender completamente lo que el niño estaba diciéndole. Pero, una parte de todo eso, la parte de de la llamada, tan breve y repentina que solo dejaba la sensación de nostalgia. Si aquello era una invención, no podía falsificar los sentimientos que se entreveían en los ojos azules de Evan. James le creyó, de momento.- Entonces no lo oyes, solo lo sientes.-Evan lo pensó un momento, cavilando en esa conclusión. Levantó la vista hacia James y asintió hacia él, enérgicamente.
-Es cierto, quizás solo lo puedo sentir en mi cabeza. A veces, siento que me da ideas.-Y cuando dijo esto, se agachó en el asiento, quitándose el cinturón de seguridad para poder alcanzar su mochila y de ella extraer las únicas hojas que había guardado del cuaderno anterior. Estaban dobladas dos veces, y parecía un gordo paquete de cartas muy viejas, o solo demasiado maltratadas por sus torpes manitas. Apartó una en particular, dejando el resto a su lado en el asiento.- Cuando aprendí a escribir, traté de escribir las palabras que me llegaban. Pensé que tal vez podía tomar su nombre, pero solo escribí una X, una V, y una R, si las juntara es como decir ex – vi – ar. No parece un nombre.
-Tal vez no es un nombre.-Aseguró el mayor, comenzando a intrigarse por aquella convicción del menor. Si tenía que ser honesto, y recordando todos los niños que había visto de lejos en su corta vida consciente, allá hasta donde su memoria borrosa lograba llegar, Evan era el único con un afán tan grande de encontrar algo que solo para él tenía sentido. Se recordó mentalmente que él vivía haciendo exactamente lo mismo, que junto a su hermano solamente habían encontrado nuevas maneras de seguir viviendo con el pasar de los años, buscando una manera de refrenar su propia fuerza sin limite. Alguna vez él había sido tan enclenque y débil que había tenido que correr muerto de miedo, aterrado de si mismo y del mundo. Tenia que dejar atrás un hogar que ya no le daba seguridad, y no era cosa de aquel tiempo cuando vivió su infancia. Los peligros asechaban aun en tiempos modernos, y si Evan tenía tanto miedo de su hogar, podía entenderlo.- Tal vez son letras de un nombre. O de un lugar. No hay muchos nombres con una X y creo que será difícil si también lleva una V.-James miró por el espejo retrovisor, y sacó un puro del bolsillo de su camisa, para ponérselo en la boca, por el simple gusto de entretenerse con algo más, pensando mientras el niño miraba, con el seño fruncido, la hoja en sus manos.- Es mas fácil que sea un lugar… ¿La… voz …no te muestra ningún lugar?-Cuestionó, cortándose a menudo, como si le fuera difícil después de todo ese tiempo, aceptar la teoría de una voz que solo una persona puede escuchar. Bueno, de sus nudillos emergían garras de hueso, debía recordarse que todo era posible.
-No…-respondió, dudando. Después guardó silencio, y añadió, como en un destello de lucidez.- A veces tengo sueños con una casa muy grande, un castillo. Y árboles, y pasto. Cada vez que siento esa voz en mi cabeza, después, sueño con cosas extrañas. Soñé una vez con un sujeto enorme, que era azul, con mucho pelo. En el sueño me sentía bien por él, como si hiciera cosas que me hacen feliz.
-Orgullo.-Respondió, con cierto desgano en las palabras. Evan le miró.
-¿Qué es orgullo?
-Hazme un favor y enciende esto.-Interrumpió James al menor, mostrándole el puro.- Toma el encendedor. Es esa cosa metalica ahí.-Señaló la guantera, y el niño, atento como era, no reparó en cuestionar la petición para abrir el compartimiento y encontrar un zippo en el fondo. Se deslizó en el asiento para acercarse y se subió de nuevo con un saltito, poniéndose de rodillas ante el mayor con el metal en sus manos. James se ocupó, mientras el niño buscaba el encendedor, en cerrar su ventanilla solo para que el viento no lo molestara.- Solo ábrelo y acerca la llama al extremo.- Evan asintió, abrió la tapa metalica y sus ojitos se abrieron al ver con que facilidad la llama emergía. James se ocupó en el camino, pero tuvo que acercar su boca al puro para jalar aire y lograr que el fuego quedara bien asentado en el extremo de su tabaco. Una vez que terminó, contuvo el volante con la mano que cargaba el puro y volvió a bajar la ventanilla para poder exhalar el humo.- Ciérralo y vuelve a tu lugar.-Indicó al menor, aunque el niño ya estaba sentándose de nuevo en su asiento y cerraba el zippo.- Eso estuvo bien. Ahora sabes encender cigarrillos y usar los arboles como baño.-Se tomó un momento de silencio, una probada del puro y una suave exhalación, antes de añadir.- Podría estar orgulloso de lo que aprendes.
Evan torció su rostro en una mueca de confusión, mirando a James sin entender. Y como éste no le explicó nada mas, tuvo que quedarse callado a pensar. Tenía el seño fruncido, miraba al suelo y al techo del auto pensando, razonando. Después de un momento de silencio, más de cinco minutos realmente, la mueca comenzó a desaparecer en el rostro de Evan para reemplazarla por una tenue sonrisa.
-Ah… Ya entendí.-Aseveró, observando de nuevo a James con un nuevo brillo en sus ojos, como si hubiera encontrado la respuesta a un acertijo.- Entonces, si eso se siente, la voz viene de alguien. Alguien que vive en un castillo, y… se siente orgulloso. Y las letras si son un nombre.-Perdió la alegre expresión, antes de añadir.- Un nombre muy difícil.-Calló una vez más, para pensar, pero ese pensamiento se prolongó bastante tiempo mientras razonaba acerca de sus pistas. Y mientras él valoraba todo aquello, James no pudo evitar preguntarse otro detalle además, algo que a él lo había atormentado dejar, en plena confusión y que parecía no tener cabida en la mente del más pequeño.
-Deberías considerar que tal vez esa persona podía ser tu padre o tu madre.-No fue una pregunta, casi parecía una afirmación, como la mayor parte de las palabras de James. Él no se daba el lujo de dudar la mayoría del tiempo, él simplemente tomaba la decisión de creer o no en algo, titubear no era cosa suya.- Si cualquiera de ellos es como tú, y lee las mentes, tal vez sea cosa de ustedes. Estar conectados.-Y señaló su propia cabeza, dando un par de golpecitos en su frente con el dedo medio, antes de jalar una vez más el aire a través del puro que sostenía con esa misma mano.
La mención de aquella posibilidad, finalmente silenció a Evan por mucho tiempo. Y es que hasta el momento, había estado tan concentrado en entender todas las señales que nunca se había detenido a pensar en la verdadera razón por la cual escuchaba esa única voz lejana. Se había preguntado el origen, si, su cuerpo reaccionaba de manera en que la idea de estar más tiempo alejado de su origen parecía generar en él una tremenda ansiedad, una necesidad latente era encontrar el origen. Asociarlo a una madre o a un padre era algo en lo que simplemente no había pensado, ni siquiera un momento. Quizás era porque él nunca se había visto en plena necesidad de tenerlos. O la había ignorado. En algún momento de su vida, con su cabeza trabajando en posibilidades, imaginando, había creído que tal vez él no los tenía. Que si la gente llegaba a examinarlo y lo estudiaban con atención, era tal vez alguna especie de monstruo de Frankenstein. Que tal vez había sido hecho de algo diferente, que tal vez no hubieran necesitado a un hombre y una mujer para que él pudiera estar en el mundo, como explicaba su maestra. Preguntó, como cada niño pregunta a su edad, de donde venían los bebes. Su maestra se limitó a explicarle que los niños venían al mundo cuando un papá y una mamá se quieren mucho. "Qué raro" él pensó. Pero tenía lógica. Si cada niño de su escuela tenía a un papá o una mamá esperándolos después de un dia de clase, es por que los habían extrañado. Los extrañaban, porque los querían. Y aunque su cuidadora lo esperaba también, él veía en su rostro no una sonrisa de alegría, o de alivio. Era una sonrisa que pretendía hacerlo sentir familiar, cercano, pero que no era mas que una rutina. Las rutinas eran cosas que debía hacer cada dia, de la misma manera, a la misma hora.
Cuando llegaron a la estación de gasolina a cargar combustible por fin, James se extrañó de que el niño se quedara adentro, recargado contra la puerta del copiloto, mirando al cielo como si de pronto le hubieran quitado la razón de tener los pies en la tierra. Sintió algo de pena por él. Finalmente, debía reconocer que no podía ser del todo indiferente a su nueva "carga", era alguien que sentía tremendamente familiar. Había huido de su hogar, había recorrido el camino durante la noche en completa soledad y no se había amedrentado aun cuando él le había gritado por entrar en su mente. A través de los años James aún podía recordar lo mucho que había sufrido cuando quien creypo que era su padre había muerto, y matando a su verdadero padre se había ganado el primer reconocimiento como monstruo a los ojos de su madre. Solo le quedaba su hermano, y una vida que no parecía tener fin y la cual se veía inevitablemente vinculada a la de Victor, su único compañero. Tenían la voluntad de seguir por miedo y rabia. Evan habría estado solo con su terquedad, curiosidad y determinación, sentimientos mucho mas saludables para seguir el camino que se proponía. Al menos entendía que no se volvería tan salvaje como él o su hermano.
Tocó el vidrió de la puerta, que estaba tan solo ligeramente abierto para proveer ventilación, y Evan sufrió un pequeño sobresalto, que sin embargo no lo hizo abandonar del todo su desganada posición. James colocó una mano sobre la manija, y botó el seguro al jalarla anunciando que no le importaba abrir la puerta de cualquier modo. Evan se retiró de inmediato.
-Aquí si hay baños. Baja y ve, no quiero que tengas accidentes dentro del auto.-Alegó con firmeza, y aun si el niño no contestó, él mismo lo tomó debajo de los brazos y lo bajó del camper. Señaló en la dirección de los baños, Evan siguió la señal con sus ojos, pero volvió a mirar a James.
-No tengo ganas.
-Las tendrás tan pronto entremos en la carretera, y no me voy a detener para entonces.-Se colocó las manos en los costados, mirando hacia abajo sin titubear ni demostrarle que tenía una mínima posibilidad de ganarle. Y como no obtuvo respuesta, simplemente lo cargó de nuevo, resistiendo la tentación de haberlo tomado de la chamarra, y lo llevó directo hacia la puerta del baño.
-Está bien, está bien! Ya voy.- Aceptó el menor forcejeando, alejándose de James tan pronto como éste lo soltó, de forma un poco ruda, aunque no con intención. James era un tipo osco, rudo y de poca delicadeza, no era como si hubiera algo que hacer al respecto. Evan se metió pronto al baño, y duró ahí un par de minutos mientras James se quedaba afuera, fumando un cigarrillo esta vez. Y mientras el niño se lavaba las manos como indicaba la señal dentro del sanitario, se detuvo en seco.
Un eco lejano le enchinó la piel, y pudo sentir en su mente algo que se arremolinaba, un llamado cada vez más claro. ¿Por qué ahora parecía tan intenso? Lo sentía con claridad, casi como si retumbara en su mente mientras él mas se centraba en esa sensación. Abandonó el lavabo, secándose las manos en la camisa negra y echó a correr hacia la puerta del baño, saliendo de ésta tan rápido que a James apenas le dio tiempo de reaccionar ante su escape. Sus piernitas corrieron tanto como podían, olvidándose de todo por un momento para seguir aquella señal que ahora se sentía tan clara en su mente. Su corazón latía desbocado, furioso ante la marcha inesperada y constante de sus piernas. Ni siquiera escuchaba los pasos fuertes de James detrás de él mientras el niño corría con todas sus fuerzas hacia la carretera, allá donde ningún otro sonido pudiera estorbar en sus pensamientos. Los autos se oían lejanos, las mentes ajenas ya no era distracción para él, podía seguir la misma señal hasta el cansancio, descubriendo nuevas pistas. Estaba tan cerca, podía sentirlo. Y se detuvo de pronto, como si cambiara de lugar, como si cada vez se alejara más de él hasta desaparecer. Y el quedó solo, a un lado de la carretera, con el pecho subiendo y bajando, ansioso, inquieto, no duró mucho tiempo ahí parado mirando hacia el camino, tan pronto como se recuperó de la impresión, volvió de nuevo sobre sus pasos y pasó a James que apenas se detuvo y lo miró como si estuviera siendo en exceso exasperante. Evan se giró para observarlo, saltando y señalando el camper.
-Lo sentí, lo sentí, está muy cerca! Tengo que alcanzarlo!-Y sin decir nada mas volvió a correr de vuelta al camper. James suspiró y se talló los ojos, sin poder creer lo que estaba haciendo. Estaba siguiendo a un niño lunático e impredecible. Se rió de él mismo por aceptarlo, y comenzó a andar hacia el camper nuevamente, aun cuando el niño ya se había subido al asiento del copiloto y parecía escondido. Y es que estaba ocupado sacando su cuaderno para anotar rápidamente algo que había descubierto. Cuando James entró en el auto, el niño le mostraba su cuaderno.- Xavier, era Xavier, eso es lo que estaba buscando, esa es la voz.
-Xavier, ¿Qué demonios es eso?-Cuestionó James mirándole incrédulo.- ¿Un nombre, un lugar, que? -Evan se encogió de hombros, y se sentó. James tuvo que respirar hondo, ese viaje de caridad estaba drenando su paciencia por momentos.- Supongo que podemos llegar a Nueva York y preguntar-Evan asintió enérgicamente, y luego miró a James muy serio, como si le fuese a hacer un comentario muy importante.
-No comeré ni iré al baño hasta que lleguemos.-Estaba siendo firme, estaba tan cerca que no podía permitirse más retrasos. Pero James pareció bastante divertido por su demostración de "madurez".
-Entonces tampoco vas a beber nada hasta que lleguemos.-Puso el camper en marcha, y decididamente retomaron el camino hacia la ciudad.- No se si puedas soportar algo como eso.-se burló de él, riéndose para sus adentros de la ingenua convicción del pequeño.
-Estoy decidido.
-Se nota. Tienes demasiada voluntad para un cuerpo tan pequeño.
-Rendirme no fue nunca una opción.-Aseguró, apretando su cuaderno entre sus manitas, con la vista fija en el camino. James lo miró de soslayo, seguramente ese niño había nacido en una época equivocada. En la época de él, estaba seguro de que habría sido todo un caballero de cuidado. Y aunque por un momento pensó en que habría pasado si Victor hubiera estado con él al momento de encontrarse con Evan, descartó la idea de un final favorable. La mera casualidad de que hubiera tenido esa oportunidad de ayudarle sin rechazarlo, le dio a James una ligera sensación de tener una epifania.
-Te diré que cosa si es una opción. Dormir. Los niños que no duermen se quedan enanos, como tu.-Y dicho esto, le pasó la chaqueta que él ya había abandonado antes.
-¿Usted dormía mucho, James? -La sola pregunta logró sacar una sonrisa en el adulto. Evan se rió bajito, como si entendiera la gracia de lo que acababa de decir.
-Duérmete ya. Anda.-Le revolvió el cabello al niño, y volvió a señalarle la chaqueta. El menor asintió, haciendo un rollito con la chaqueta para improvisar una almohada, y se recostó en el asiento. Después de tantas horas despierto, no fue extraño que se quedara dormido al instante. Y mientras dormía, soñaba con un lejano momento en una vida que no era la suya. Soñaba con el momento en que un posible amigo había regresado para ayudarle a construir los cimientos de una gran idea.
Nota del autor: Como ésto finalmente viene a ser un fanfic Cherik, pensé que sería bueno iniciar el segundo capitulo con algo que hablara de ellos. Se que puede ser tedioso leer algo que de hecho ya se explica en la pelicula, pero me gustó la idea de indagar en lo que pudo sentir cada uno en determinados momentos. Solo es fantasia al fin y al cabo. Espero que los siguientes capitulos tengan aun mas de Charles y Erik para escribir, la idea es hacer la dinamica similar a la que se muestra en August Rush. De antemano aclaro que no habrá genios musicales, solo mutantes.
Agradezco sin embargo a Youko Saiyo por ser la primera persona en darle una oprtunidad a este fic. Aun si los lectores escasean, es bueno saber que alguien se tomó el tiempo de leer, asi como uno se toma el tiempo de escribir. Muchas gracias Youko.
Editado: 15/sep/13
