La que en otros tiempos había sido la casa de la prestigiosa familia Black, era ahora el hogar de los Potter. Hacía ya 20 años desde que el joven Harry había heredado aquel lugar. Mucho antes había pertenecido al que fue su padrino, para pasar por las manos de la Orden del Fénix y terminar en las suyas. Pero hasta que no fue un hombre casado no se trasladó a vivir allí, al número 12 de Grimmauld Place, ocultado aún por el hechizo "fidelio" que tiempo atrás uno de los directores de Hogwarts había conjurado, Albus Dumbeldore. Pero hacía ya tiempo que la Segunda Guerra Mágica había terminado, y aquella era una noche como muchas otras. La luna creciente iluminaba la mayor parte de la calle junto con un par de farolas. Tres lechuzas sobrevolaban la zona, una de color negro, otra de color marrón y por último la que brillaba más que ninguna otra, una de color blanco. Un par de muggles paseaban por la calle cogidos de la mano, se detuvieron a la altura de una de las farolas con la sonrisa puesta en los labios. El hombre se apoyó en la farola mientras rodeaba a la mujer por la cintura. Desde las ventanas de la casa la escena se contemplaba de lo más tierna, hasta que la luz del interior de la farola salió literalmente de esta en forma de esfera. Esta se dirigió hacia la ventana situada más a la izquierda, colándose por esta y dejando la calle prácticamente a oscuras. Los dos muggles se miraron con un gesto que denotaba que ninguno entendía lo que acababa de ocurrir. De nuevo la bola de luz atravesó la ventana volviendo a la farola. El hombre pegó un grito, sobresaltado, mientras que la mujer lo agarró del antebrazo fuertemente empezando a andar calle arriba. En menos de un minuto ambos desaparecieron cogidos de la mano, igual que habían llegado allí. Una carcajada sonora retumbó en la habitación de la izquierda, mientras que un suspiro de desgana se escapó de la situada a la derecha. James Potter seguía riendo a carcajada limpia cuando entró en el cuarto de su hermano.
- Dime que no te ha parecido de lo más graciosa la cara de ese muggle. Y eso que no ha visto un dementor, sino...
- Tú tampoco has visto a ninguno.- cortó Albus con tono seco a su hermano sin desviar la mirada de la ventana.-
- ¡Vamos Al! No te pongas así, solo me estaba divirtiendo un poco.
- Me llamo Albus. Y sí, sin duda te lo has tenido que pasar en grande.
- Al... Albus... Como quieras. Es decir, ¡venga! ¡Mañana empieza tu curso en Hogwarts! Deberías estar más ilusionado. Yo estoy deseando de volver, de ver a mis compañeros de nuevo, comer golosinas con Roxanne en el tren, lanzar un par de bombas explosivas,...
- ¡James! – dijo con tono seco mientras se bajaba de su cama quedando a varios metros del mayor. Eran hermanos, todo el mundo mágico lo sabía, pero se parecían lo mismo que un hipogrifo y un basilisco. Ambos ojos se encontraron, los de color crema de James y los cian de Albus, justo antes de que este último comenzara a hablar de nuevo.- No deberías de haber robado el desiluminador al tío Ron. Él no te dirá nada, claro está, y la tía Hermione te mirará con esa mirada inquisitiva suya, te dirá que ha estado mal, y finalmente te dejará quedártelo un par de semanas con la promesa de que lo uses con conocimiento y que finalmente se lo devuelvas. Pero no ha estado bien, ni robarlo, ni utilizarlo delante de muggles.
- ¡Pero Al... Albus! – se mordió el labio durante unos segundos mientras su rostro reflejaba como estaba pensando lo que iba a decir antes de hacerlo.- No lo he robado, lo he cogido... prestado. Pensaba llevármelo a Hogwarts para gastar bromas a los de primer curso, es decir, a ti y a todos los demás que entréis en Gryffindor, podría pasármelo bien... Es decir, podríamos pasárnoslo bien, vosotros y yo, en fin... todos. Pero si te hace especial ilusión iré directo a la chimenea de los tíos y...
- No hace falta que lo hagas por mí, deberías de hacerlo por ti. Ya eres mayor como para saber lo que hay que hacer.- contestó de nuevo en el mismo tono cortante de siempre mientras se cruzaba de brazos y volvía a mirar por la ventana.
James no supo que responder por lo que dejó el desiluminador en la mesilla de su hermano justo antes de situarse a su lado mirando también al cielo nocturno. La lechuza marrón y la blanca estaban apoyadas en la verja del jardín, mirándose como si estuvieran manteniendo una conversación de lo más interesante. Por su lado, la negra estaba apoyada en una rama de un árbol cercano el cual estaba prácticamente seco. James se decidió a pasar el brazo por el hombro de su hermano atrayéndolo hacia él. La diferencia de altura entre ambos era bastante, lo que hacía que Albus aparentara tener cinco años menos a su lado. Al menos en la oscuridad de la noche los cabellos de ambos parecían del mismo color, aunque el de James fuera del pelirrojo tan característico de los Weasley y el de Albus más oscuro aún que el de su padre.
- ¿Te has decidido ya por el nombre de tu lechuza?
- No, aún no... - respondió Albus con un tono algo más amable apoyándose levemente en el hombro de su hermano.
- Pues no sé a qué estás esperando, no esperarás que responda por "lechuza negra". Sería ridículo ¿no crees? Llamarla así y decir "Ven aquí lechuza negra". El resto de Gryffindor te tomarían por un Hufflepuff, o peor, por un Slytherin. Deberías pensar en un nombre lo antes posible.
- He pensado en llamarla Nym. Puesto que es un regalo de Teddy creo que es lo más adecuado.
- El primo Teddy siempre te ha querido mucho, eso es verdad. Aunque desde que trabaja en "El Profeta" creo que se le ha subido un poco a la cabeza ¿no crees? – una risa sonora salió de los labios de James mientras que solo una ligera mueca cruzó los de Albus.
- Sí, creo que Nym me gusta.
- Solo espero que las plumas no se le tiñan de azul un día como a Ted el pelo. Pero, sí, me gusta.
Un silencio largo se creó en la habitación de Albus mientras ambos miraban por la ventana sin saber muy bien qué. Lo cierto es que los nervios recorrían el cuerpo del pequeño desde hacía ya una semana. Al día siguiente tomaría el Expreso a Hogwarts y tras eso no habría vuelta atrás. Le tranquilizaba al menos que su hermano, y su prima Rose, entre otros muchos primos más, lo acompañarían, o al menos eso esperaba. Un miedo se le había agarrado al pecho en los últimos días y era el de entrar en la casa de Slytherin. Se decía a si mismo que aquello era imposible. Su hermano y Roxanne habían entrado en Gryffindor. Teddy, al cual consideraba más hermano que primo, había entrado en Hufflepuff, pero Albus distaba mucho del carácter de los tejones. El resto de su familia también habían entrado en la casa de los leones a excepción de Victoire y Dominique. Lo cierto es que tenían más de Fleur que de Bill, por lo que habían entrado en Ravenclaw. A pesar de todas las justificaciones que buscara el miedo no se quitaba de la cabeza de Albus, sino que se iba haciendo cada vez mayor. Un sudor frío le recorrió la espalda y le hizo separarse del abrazo de su hermano dejando así de mirar la ventana. Se llevó el dorso de la mano a la frente secando un par de gotas de sudor traicioneras a la vez que daba la espalda a James. Este miró a su hermano extrañado mientras se mordía una uña de la mano derecha.
- ¿Te encuentras bien Al? – Dado que había conseguido relajar la tensión se permitió el lujo de volver a llamarlo Al en vez de Albus.
- Sí... sí... Es solo que estoy un poco cansado, y tengo que terminar de meter las cosas en el baúl.- dijo con la voz más calmada y tranquila que encontró en su interior mientras intentaba esbozar una sonrisa sincera.-
- Está bien ¿quieres que te ayude? – preguntó su hermano mientras se acercaba un poco a él.-
- No, puedes irte a dormir si quieres... Tú también deberías descansar si mañana quieres gastar muchas bromas a los de primer curso.
- ¡Eso espero! – contestó de nuevo sonriendo mientras daba un par de palmadas en el hombro de su hermano antes de dirigirse a la puerta.- ¡Te espero en la sala común de Gryffindor! – dijo justo antes de abrir la puerta y desaparecer tan rápido como había aparecido.-
- Sí... En la sala de Gryffindor... - contestó a pesar de estar solo de nuevo en su habitación.
Albus metió el par de cosas que quedaban por llevar a Hogwarts en su baúl con manos temblorosas. Aquel gesto le delataba siempre que se ponía nervioso. En la voz, en la mirada o en la actitud podía llegar a ser la persona más fría del mundo mágico, pero aquellas manos lo delataban siempre. Se tumbó en su cama de espaldas apoyado sobre sus antebrazos. No se molestó ni en desplegar las sábanas, ni en ponerse el pijama. Tenía claro que aquella noche no dormiría prácticamente nada, y eso sin tener en cuenta que ya era tarde de por sí. Miró la mesilla y se dio cuenta de que justo al lado de su carta de admisión, la cual no había movido de allí desde el día en que llegó, estaba el desiluminador que su hermano había robado a su tío Ron. Pensó en devolvérselo, se levantó de la cama y lo cogió con la mano izquierda. Lo observó durante un tiempo recorriéndolo con los dedos. Lo habría utilizado de tener alguna luz encendida, pero era tarde y todas estaban apagadas a excepción de las luces de las farolas que se filtraban por la ventana. Se le cruzó la idea de hacer lo mismo que James, pero eso implicaría tenerlo de nuevo en su habitación y no le hacía demasiada gracia la idea. Se dijo así mismo de bajar las escaleras y entregárselo a su padre, el cual estaría leyendo en su despacho como todas las noches, pero sin saber por qué lo metió en su baúl. Volvió a tumbarse en su cama, en la misma posición que antes, aún con los nervios a flor de piel. La noche fue avanzando y el cansancio gano la guerra contra los nervios. Lo último que vio fue a Nym apoyada en la ventana de su cuarto mirándole con aquellos ojos negros.
AN: ¡Aquí va el primer capítulo del fic! Espero que os guste y sigáis apoyando la historia.
Katsumi-phoenix: Me alegro mucho de que te hayas emocionado, espero conseguir eso varias veces.
Jafar 2018: ¡Muchas gracias por seguir la historia! Espero que te guste este nuevo capítulo.
