Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Todos los derechos están reservados por Katsu Aki y Sunrise.
El Llamado de la Luna Mística
Capítulo 2: Llévame de regreso
La chica abrió los ojos debido a la luz que le pegaba en la cara y se encontró descansando a los pies del tronco de un árbol. Hitomi se incorporó extrañada y admiró el paisaje frente a ella; un prado de un vivo color verde se extendía de un lado al otro, la copa de un gran árbol sobre ella y detrás de sí hierba.
La chica se puso de pie de un brinco; el lugar se la hacía bastante familiar.
— Pero, es imposible… —dijo en susurro. La brisa le meció el corto cabello y le dieron escalofríos. Regresó hacia al árbol y de pronto se percató de que había algo que la maleza ocultaba. Había pensado que era una roca cubierta de moho y enredaderas, pero un halo de brillo rosáceo le indicó que era algo más.
El corazón le dio un vuelco al acercarse más; entre hierbas y maleza, sentado, en silencio, descansaba el antiguo guardián del pueblo de Gaea, Escaflowne.
Hitomi arrancó como pudo las enredaderas que cubrían el armatoste, decidida a despertarlo.
— ¡Estoy en Atlantis! —gritó jalando las enredaderas que no querían ceder—. ¡Estoy en Atlantis!
La habitante de la luna mística continuó con su labor y despejó los últimos herbajes del corazón de Escaflowne. No llevaba consigo su pendiente, pero se le había ocurrido algo. Debía ir a Fanelia o a Asturias, a dónde llegara primero, de todas formas cualquier camino la llevaría hasta Van.
Hitomi colocó su palma derecha sobre el corazón del dragón y enseguida de éste emanó una luz que inundó el lugar.
— ¿Y bien? ¿Qué te parece la princesa Layra? — le preguntó Van a Merle, quién le ayudaba a acomodarse la capa. El rey estaba a punto de salir de paseo con su futura prometida. La princesa de Daedalus llevaba exactamente una semana en el reino de Fanelia y Van y ella habían estado paseando de arriba abajo por todo el pueblo, tratando de conocerse más y de que aunque fuera a la fuerza su matrimonio, pudieran llevarse bien y tener algo bonito.
Sin embargo para descontento del heredero, había descubierto que ellos no tenían muchas cosas que pudieran compartir. Salvo el amor hacia sus respectivos pueblos y los ideales para defenderlos pero, ¿qué gobernante no tenía eso en común con otro? Layra era una buena chica, muy bonita y considerada, atenta con la gente y de carácter fuerte pese a la primera impresión que había tenido de ella al ser algo callada. Ahora que ya habían convivido un poco más, Van había descubierto que no era tan tímida como pensaba. Sin embargo la princesa no le movía nada más y eso lo preocupaba. Más bien la veía como una amiga con la cual podía hablar sobre Fanelia, Gaea, Daedalus… la historia de los pueblos. Pero en todos esos días que había pasado con ella no había sentido ni una pizca de atracción o de arrebato. Era consciente de que en una semana no iba a amarla, sin embargo no había ningún indicio en su interior que lo alentara a seguir queriendo insistir.
— En realidad eso no importa amo Van. Lo que yo piense no es relevante… —sentenció—, sólo importa lo que tu pienses y lo que pase por tu corazón —le dijo, colocándose frente a él. Van guardó silencio por un momento, sintiendo el peso de aquello caer en su mente. Sí, ella tenía razón. ¿Qué importaban las opiniones de los demás? Si no le servirían para convencerse.
— Tú sabes que es lo que hay en mi corazón —la miró. El semblante felino de su amiga era serio. En ese momento cayó en cuenta de que Merle había crecido bastante y que ya no estaba hablando con la niña caprichosa e infantil de hacía unos años que hacía berrinche por todo y provocaba sin cesar a Hitomi. En cambio la chica ahora era miembro de su consorte real y consejera personal.
— Entonces díselo —aconsejó ella—. Háblale de Hitomi. Dile la verdad —Van abrió los ojos de par en par, sorprendido.
— ¿Hablarle de Hitomi…? ¿E-Estás loca? —balbuceó, sorprendido de que Merle le aconsejara tal cosa— ¡Layra va a odiarme! No puedo hacer eso Merle, voy a lastimarla —negó, visualizando el panorama.
—Mira amo Van, creo que es mejor que lo sepa y que ella decida si podrá con el peso de eso o no. Quizás se arrepienta de querer casarse o quizás lo acepte, no lo sé —la posibilidad de que Layra se arrepintiera sonaba esperanzador pero inverosímil. De ello dependían ambos reinos, de esa unión—. Además desde un principio te negaste. Sé que no la quieres y no te gusta, pero eso se consigue con tiempo. Te has estado cerrando a la posibilidad de conocerla bien y no lo has intentado del todo. Pon tu mejor esfuerzo y quizás las cosas sean diferentes, quizás le puedas tomar cariño, enserio inténtalo no se lo dejes todo a ella —pero para él era tan triste escucharlo. Tener que intentar sólo sentir cariño y no un amor verdadero. Ahora entendía a Marlenne, la antigua princesa de Asturias, que se había casado forzada por su padre con el Duque de Freid y había terminado teniendo un romance a espaldas de su esposo con Allen y hasta teniendo un hijo de éste. Y lo mismo había sucedido con Millerna, su hermana pequeña. Casada con Draiden por el bien de su pueblo aún enamorada de Allen Schezar. Podía compoadecerlas y justificarlas a ambas, ahora sabía lo que se sentía. Pero a diferencia de ellas dos, él no podía salir corriendo a los brazos de Hitomi.
— Pero… ¿Y si nunca puedo olvidar a Hitomi? ¿Y si no puedo intentarlo con Layra por esa razón? —preguntó derrotado.
La chica gatuna colocó las manos sobre los hombros de quien fuera su mejor amigo y rey.
— No vas a olvidarla nunca Van. Eso tienes que aceptarlo.
— Lo sé… —suspiró.
El sonido de un pitido repetitivo se abrió paso en su oído, alarmándola y haciéndole despertar súbitamente.
— ¡Hitomi! ¡Despertaste! —la voz de su amiga Yukari la sobresaltó nuevamente. Hitomi la observó por dos segundos, asimilando su presencia.
— ¿Yukari? ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Qué fue lo que pasó? —exclamó asustada al ver que se encontraba en una cama de hospital y que una manguera de suero entraba por su muñeca.
— Te desmayaste —le dijo con dulzura, acariciando su cabello—. El conserje de la secundaria te vio y llamó a una ambulancia y ellos me llamaron a mi… recuerda que ahora soy tu responsable —cuando los padres de Hitomi habían fallecido, su amiga había insistido en que la diera como referencia en caso de emergencia. Tenía tíos lejanos, pero la verdad era que la relación que llevaban era casi inexistente y no quería ser una molestia, por lo cual había aceptado—. Tomé el primer vuelo y vine hasta aquí. Me asusté mucho —se acercó y la abrazó con fuerza. Yukari siempre había sido así con ella. Su mejor amiga era muy demostrativa en cuestión de su amistad, cosa que ella no podía corresponder no porque no la quisiera, pero simplemente no era su estilo.
— Perdón por hacerte pasar estas molestias —se disculpó ella, apenada.
— Nada de eso Hitomi, me alegra estar aquí y saber que estás mejor. Pero por favor cuéntame lo que pasó. Hablé con Amano por teléfono y dijo que saliste corriendo de su departamento…
— Y supongo que te dijo que se me declaró… —Yukari asintió.
— Si, y me dijo que te negaste por… —no hacía falta decir que se iba a referir a Van pero prefirió evadirlo.
— Porque no lo amo —soltó Hitomi, molesta. Entendía que Yukari estaba en medio de los dos al ser ambos sus amigos, pero le molestaba demasiado que Amano tuviera que hacerse la víctima con su amiga a sabiendas de que ésta lo apoyaría un poco. Yukari se mordió los labios, nerviosa.
— Pensé que realmente lo querías.
— Yo también, pero no… —lo pensó miles de veces después de regresar. Que quizás podía haberse dado una oportunidad con él pero el simple hecho de imaginarlo le hacía sentir infeliz.
— Él te ama, Hitomi. Puedo saberlo incluso por su tono de voz, por todo lo que me dijo. Esta dispuesto a esperar a que te recuperes.
— No Yukari, no hay nada que esperar. Y sé que abogas por él porque aún lo quieres —soltó Hitomi, su amiga se retrajo enseguida. Yukari siempre había estado enamorada del superior pero se había hecho a un lado cuando se hizo evidente que Amano estaba enamorado de su mejor amiga y a Yukari no le quedó otra más que apoyar a los dos—. Deberías intentarlo ahora que estás aquí. Por mi no te preocupes, lamento que las cosas se hubieran dado así pero no estoy interesada en Amano. Si aún lo amas, inténtalo, házme caso.
— Ese golpe en la cabeza te afecto ¿verdad? Ya no digas tonterías —la pelirroja evadió el tema pero Hitomi pude ver como su mirada había cambiado—. Ya te van a dar de alta. Amano vendrá por nosotros en su auto, te llevaremos a casa y te vamos a cuidar hasta que seas capaz de prometernos que no harás más tonterías.
— No son tonterías Yukari —la chica se incorporó de la cama, un poco molesta por el comentario de su amiga—. Mira, sé que no puedes entenderme pero…
— No, no puedo entenderte —la interrumpió Yukari, y fue su turno de enojarse—, pero me preocupa que por estas cosas pongas en peligro tu vida. Los doctores dijeron que estás anémica ¿has estado comiendo bien? —apoyó las manos en sus caderas.
— Es que… no me da mucha hambre que digamos…—admitió, esquivando la mirada de Yukari.
— Pues eso está mal ¿quieres morirte o qué? ¿Por qué haces esto? Tu vida no depende de Van o de alguien más, ¡sólo depende de ti!
— No es eso. No es que no pueda vivir sin él o que mi vida no tenga sentido —aunque si había un poco de ello pero no iba a admitirlo ni frente a su mejor amiga—. Es verdad, perdí a mis padres, a mi hermano pequeño —la voz de la chica se quebró, pero siguió hablando determinada—, pero simplemente no encuentro aquí mi lugar. Todos los días me levanto y trato de dar lo mejor de mi, lo intento enserio, pero es muy difícil. Tú y Amano me han dicho lo mismo: "supéralo","ya pasó","acepta que no puedes volver". Es cierto, no puedo por más que quiera, por más que lo desee, porque si de eso se tratase no estaría aquí en estos momentos, sin embargo Van está aquí cada día —instintivamente se llevó las manos al pecho—. Pienso en él todos los días, desde la mañana hasta la noche y no puedo evitarlo… —la chica rompió en llanto nuevamente y su amiga la abrazó.
— Sólo tienes que aprender a vivir con eso, aunque te cueste o vas a arruinar tu vida Hitomi. Y para eso nos tienes a nosotros, tranquila.
Hitomi apreciaba muchísimo las palabras de su amiga y que la reconfortara. Sin embargo estaba segura de que nadie estaría cerca de entenderla jamás, ni un poco. Nadie excepto Van.
No habían tardado mucho en transladarse hasta su departamento. El camino de regreso había sido en silencio pese a los esfuerzos de Yukari en sacarles plática a sus dos amigos. Hitomi no estaba de humor y Amano seguía un tanto ofendido. De hecho la chica de cabello corto agradecía el gesto del superior por ir a buscarlas, sin embargo la idea de haberse regresado en un taxi hubiera sido la mejor por la salud mental de todos.
Apenas y se habían hablado cuando Amano la había ayudado a bajar del auto y cargado en brazos hasta su habitación.
— Gracias, Amano —había dicho ella.
— No me agradezcas, Kanzaki —le había vuelto a llamar de esa forma, Hitomi se imaginaba que era porque estaba sentido y por la presencia de Yukari.
Ya en casa. La periodista había tomado un baño y se había puesto la pijama que Yukari le había dejado sobre el cesto de ropa. Cuando la chica salió del baño, sus amigos se encontraban sentados en su comedor con algunos platillos recién hechos. Habían insistido en hacerla cenar pero ella apenas y había probado bocado.
— Por eso estás anémica, Hitomi —comentó irritada la abogada—, pero está bien, no voy a obligarte si no quieres. Ya te dará hambre —se rindió su mejor amiga.
— Iré a dormir —anunció ella.
— Y nosotros nos vamos a quedar aquí contando historias de terror para asegurarnos de que no vayas a ningún lado —dijo guiñándole un ojo.
— Que se diviertan —ironizó la aludida.
— Descansa, Kansaki. Buenas noches —le dijo Amano.
— Buenas noches, Amano, Yukari.
— ¡Déja tu puerta entreabierta! ¡Si necesitas algo así podré oírte! —gritó la pelirroja desde el comedor. Hitomi obedeció pues no quería mas reproches. Acomodó un poco su cama y se metió en ella. Nada más al tocar su cabeza con la almohada se quedó dormida.
La tarde estaba cayendo en Fanelia. Van y Layra observaban la puesta de sol desde el balcón del comedor. El rey no había podido apartar sus pensamientos la plática que había tenido con Merle horas antes. Internamente estaba llevando el debate al límite y eso hacía que su concentración fuera en picada. Había terminado por aceptar que su amiga tenía razón y debía decirle la verdad a esa chica para ver su reacción y saber si estaba dispuesta a intentarlo bajo esas advertencias. Era injusto, porque parecía que él iba a poner sus condiciones pero si quería intentarlo de corazón, ella debía saberlo.
— Y entonces mi padre hizo un pacto con los habitantes de Asturias y fue ahí en donde conocí a la princesa Millerna y a la princesa Eries…
— Oh —pronunció Van, totalmente ido en sus pensamientos. Era como la décima vez que hacia eso y Layra lo notaba muy claro, le molestaba bastante.
— ¿Desde qué momento dejaste de escuchar lo que te estoy contando? ¿En qué piensas? —alzó una ceja y lo confrontó.
Van salió de su ensimismamiento de golpe al ser descubierto por Layra.
— Perdona es que… no es a propósito —se disculpó nervioso, removiéndose el cabello de la frente—. Mira, hay algo que me preocupa un poco y creo que tengo que decírtelo—comenzó un poco inseguro pero ya había dicho las palabras que marcarían la pauta, ya no podía echarse para atrás.
— Te escucho —dijo ella y se cruzó de brazos.
—Espero que mis palabras no te ofendan princesa, no pretendo hacerte sentir mal y entenderé si te molestas pero… quiero que sepas que me alegra conocerte y profundizar mas esta relación contigo. Creo que estos días que has estado aquí la hemos pasado bien recorriendo Fanelia y platicando mucho acerca de nosotros —se detuvo un momento, observando a la chica de cabellos negros y largos. En los ojos de la princesa podía notar el desconcierto de no saber hacia dónde iba la plática. Layra era bonita pero su corazón no se aceleraba al verla y no había más que agregar—. Sin embargo, tienes que saber que si me caso no es por amor —enseguida se sintió mal al pronunciar aquello. Sonaba bastante duro.
— Supongo que de eso se trata un matrimonio arreglado—comentó ella con ironía. Y Van pudo ver una mueca de molestia en su boca.
— Si, ya sé que suena tonto pero debes saber la razón exacta… —no había punto de retorno, el rey lo sabía y podía que su sinceridad le costara caro o le jugara en su contra, la moneda estaba en el aire—. Hay alguien más en mi corazón y creo que, pese a mis intentos —que eran casi nulos—, nunca podré sacarla de aquí —llevó su mano al pecho y sintió el dije de Hitomi, tibio contra el esternón.
Layra lo miró por un instante en silencio. Escudriñaba sus ojos, buscaba algo, pero Van no sabía qué y el momento le pareció una eternidad.
— Entonces lo que se dice de ti y de la habitante de la luna mística… es cierto —su pose defensiva había cambiado en segundos. Estaba un poco sorprendida. No había visto venir aquello aunque sabía un poco sobre eso. Todo Gaea la sabía pero ella había pensado que era algo pasajero.
— No sé exactamente que dicen de nosotros, pero Hitomi fue muy conocida en Gaea…
— Dicen que tú la salvaste del reino de Zaibach…
— Si… —atinó a decir.
— Y que se amaban pero que ella tuvo que irse… —el pecho de la chica subía y bajaba rápidamente, la respiración se le había acelerado y apretaba los puños sin ser consciente.
— Así es —admitió Van un poco sorprendido de lo directa que había sido Layra y de que se supiera tal cosa ¿Cómo podía saber toda Gaea sobre su romance con Hitomi? Pese a esos pensamientos, a Van le dolía, incluso escucharlo de alguien ajeno a la situación—. No quiero hacerte sentir mal, pero me pareció que tenía que ser sincero contigo. Estoy intentándolo y así será, pero si las cosas no salen no quiero lastimarte, perdóname.
— Te entiendo y lo respeto —sostuvo, con seriedad—. Ahora te soy sincera yo, no sé que tanto pueda competir con esto. Esto es un matrimonio arreglado pero en verdad espero que las cosas sean diferentes, que podamos querernos un poco. Creo que debemos intentarlo por nuestro bien y el de nuestros pueblos.
— Si, tienes razón —fue todo lo que él pudo decir.
El sol se había ocultado ya y en el cielo las primeras estrellas comenzaban a hacerse visibles. Las Luna mística también estaba haciendo su aparición y Layra no pasó eso inadvertido. La princesa le dedicó una triste mirada a aquel lugar en donde residía el corazón del rey.
— Debo ir a dormir —anunció ella y Van hizo una reverencia. Sabía que no había salido tan bien la cosa y que ella se retiraba incapaz de seguir a su lado con tranqulidad. Pero estaba bien, ambos debían pensar sus propias cosas.
— Espero que descanses, te veré mañana —se despidió él al ver que Layra ya se dirigía a la puerta. La había lastimado, sin duda.
Antes de cerrar la puerta ella se volvió hacia él. Sus ojos, grandes y verdes se clavaron en los suyos con cierto reproche.
— ¿Van…? —lo llamó.
— ¿Sí, princesa?
— Me gustas, me gustas mucho.
No me odien, saben que me gusta el drama. He recibido reviews en donde coinciden en que no sea mala con ellos... xD no prometo nada.
Amano no me caía ni bien ni mal pero para efectos prácticos en este fic me va a caer gordo. Y Layra bueno, la señorita ya dio la sorpresa, veamos que pasa. Pobre Van lo he metido en un aprieto. Poer que se le hace cuando los dos no pueden ni quieren aceptar su realidad? El amor, ese que experimentan Hitomi y Van siento yo, es de esos que te duele hasta el alma, y que está en lo más recondito de tu ser, acompañándote por siempre y que nunca, hagas lo que hagas te abandonará... lo único que puedes hacer es aprender a vivir con ello y algo sé de eso.
Espero les guste y aprovecho para desearles un feliz año nuevo (atrasado). Espero que se la hayan pasado bonito durante su cena :) y les deseo lo mejor para ustedes este año que comienza. Luchen por sus metas, vayan por sus sueños, haganse hábitos, sean constantes, responsables, honestos, disciplinados y sé que no soy quien para decirlo porque no puedo simplemente actualizar cuando me lo propongo pero, hablo en general de otras cosas de su vida, los hobbies están bien, quién no los tiene? a quién lo le ayudan? En fin, un abrazo bien grande. Y que todo lo que tenga que ser para ustedes, lo sea, no hay más. Nos leemos pronto.
Princesa Saiyajin.
