Capítulo 2.
Al fin era el día: 28 de diciembre. Byron estaba en casa de Elsie, ambos estaban viendo una película. Shawn había tenido que irse porque su madre le había pedido un favor. Elsie estaba de mal humor y deprimida y, aunque intentaba no demostrarlo demasiado, Byron se había dado cuenta.
– Vamos Elsie... No puedes pasarte todo el día así. ¡Es tu cumpleaños!
– Sí, y mira cuanta gente se ha acordado – replicó la peliañil en tono triste.
– ... Tienes bastantes comentarios en facebook y mensajes en el móvil – la peliañil se giró a su novio, para ver si estaba bromeando. Pero no, el rubio lo decía totalmente en serio.
– No estás ayudando.
Por suerte para el rubio, que no sabía ya como animar a la peliañil, su móvil sonó en ese momento. El rubio se levantó del sofá y comenzó a dar vueltas por el salón con el teléfono pegado a su oído, mientras Elsie paraba la película y comenzaba a seguirle con la mirada.
– ¿Tiene que ser ahora?... Pero mamá... Está bien... Sí mamá, estoy allí en diez minutos – dijo el rubio antes de colgar.
– ¿Qué pasa? – preguntó la peliañil, mientras el chico recogía su chaqueta.
– Lo siento amor, pero tengo que irme – el chico se acercó a ella y la abrazó por la cintura – Ainara y Deinara están solas y tengo que cuidarlas. Te llamo cuando pueda venir, ¿vale?
– Está bien... – suspiró la chica, antes de que el rubio la besase y se marchase.
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Dos chicos estaban esperando en una calle cercana a la casa de Elsie. Cuando vieron a Byron, le hicieron una señal para que se acercase a ellos, y así hizo el chico. En cuanto se acercó, los tres comenzaron a caminar, pero el rubio parecía pensativo.
– En el fondo Els me da pena... Está bastante deprimida – comentó el rubio finalmente.
– ¿Si te hicieran lo que le estamos haciendo, tú no te deprimirías? – replicó Shawn, haciendo que Byron se sintiera algo culpable – Luego se le va a pasar, ya verás.
– Piensa que va a merecer la pena, Byron – intervino Jude, intentando también animar al rubio.
– ¿Ya está el rubito deprimido? – intervino Nuria, quien acababa de aparecer por la puerta de una casa.
Era una casa antigua, que parecía deshabitada. El jardín estaba lleno de flores de lo más variado: desde tulipanes, pasando por rosas, plantas de arándanos, margaritas, hasta el gran roble que había en el jardín de la parte de atrás. La entrada y el pasillo principal tenían el suelo de madera y las paredes eran de color crema. Había un gran espejo al entrar con un candelabro a cada lado, que daba un aspecto de lo más tenebroso a la casa.
– ¿Estás segura de que la fiesta tiene que ser aquí? – preguntó Jude al entrar.
– Es el sitio perfecto. Y atrévete a negarlo, que igual tú acabas con Els – amenazó la castaña.
– Parece que alguien está nerviosa, ¿no, primita? – bromeó Shawn.
– Vamos a acabar de prepararlo todo, ya no falta mucho – anunció Byron yendo a una habitación cercana de allí, antes de que los demás le siguiesen.
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Elsie estaba en el salón de su casa, viendo una de sus películas favoritas mientras comía tiramisú. Sí, la escena era deprimente, pero es que así se sentía la peliazul. La situación consiguió empeorar cuando, tras el sonido del timbre, una señora de pelo blanco vestida con un abrigo de piel apareció en el salón.
– ¡Yaya! – dijo sorprendida la peliañil, levantándose del sofá.
– Querida, no deberías comer a deshora, ya sabes que provoca granos y espinillas – dijo la señora acercándose a su nieta y dándole un beso en cada mejilla.
– Ya lo sé, yaya... – suspiró la chica, decidiendo que su cumpleaños ya no podía ir a peor.
– Por cierto, feliz cumpleaños – añadió la señora, entregándole un paquete.
Algo más contenta, e intrigada, la peliañil abrió el paquete. La ilusión desapareció al ver el original regalo de su abuela: una cajita bastante hortera y, en su interior, un completo set de antigranos. Iba a decir algo sobre el regalo, cuando su móvil empezó a sonar. La chica se disculpó con su abuela y leyó el mensaje: Tenemos que hablar sobre tu examen oficial de Italiano. Ven a esta dirección en una hora. El mensaje adjuntaba una dirección y venía firmado por su profesora de italiano. Sin embargo, algo estaba mal en el mensaje porque eran las cinco y el mensaje había sido mandado a las cuatro y media.
– Lo siento mucho yaya, pero tengo que irme. Nos vemos – dijo la peliañil dándole dos besos a su abuela – Y muchas gracias por el regalo.
Elsie cogió su abrigo a la entrada y se fue, después de haber avisado a su madre, claro. Kaley fue al salón, a ver a su madre. Ambas se sonrieron, después de que la peliañil se hubiese ido.
– Parece que no sabe nada – dijo la abuela.
– En absoluto. Los chicos lo han hecho bien – añadió Kaley, sonriendo.
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Finalmente, Elsie llegó a la dirección del mensaje, que era la misma casa a la que habían ido Byron y los otros. Se acercó a la puerta y, al ver que no había timbre, picó con los nudillos. Al hacerlo, la puerta se abrió sola rechinando. Confusa y sorprendida, la peliañil entró en la casa. Dio un salto hacia atrás cuando los candelabros que había a la entrada se encendieron solos y, cuando se giró para ver si había alguien, se encontró con el reflejo de una sombra en el espejo que desapareció rápidamente.
– ¿Hola? – llamó la peliañil, temerosa.
La chica se adentró un poco en la casa. Al llegar al principio de la escalera, oyó un ruido extraño de la parte de arriba de la misma. Parecía un lamento, un lamento lúgubre y tenebroso en una casa que daba algo de miedo. La peliañil comenzaba a asustarse en serio. Subió las escaleras, con cuidado de no tropezar con la alfombra roja que las cubría. Cuando llegó arriba, sintió una brisa helada que provenía de una ventana que había al final del pasillo. Iba a caminar hasta ella, pero de nuevo el lamento la sorprendió. Provenía de una habitación a su derecha y, decidida, Elsie se dirigió hasta allí.
Sujetó con firmeza el pomo dorado de la pesada puerta de madera y, lentamente, lo giró y empujó la puerta. Con algo de miedo, Elsie entró en la habitación, que se encontraba vacía. Tan solo había unos cuantos muebles cubiertos con sábanas. Suspiró relajada, cuando un ruido a su espalda la hizo saltar hacia delante y gritar. Cogió lo primero que entró, que resultó ser la pata de una silla, y se dirigió al sitio de donde había salido el ruido. Venía de debajo de una de las sábanas. Rápidamente, Elsie la apartó y amenazó con el palo a lo que resultó ser un gato negro con ojos verdes.
– Miiaau... – maulló el pequeño gatito, haciendo que Elsie dejase el palo a un lado y se agachase para acariciar al animal.
– Ohh... Pero que cosita más guapa – comentó la peliañil cogiendo al gatito en brazos - ¿Sabes? Te pareces mucho al gato de mi abuela, Muffin.
Con el gato en brazos, la peliañil salió de la habitación. De nuevo, una brisa fría hizo aparición. El gato comenzó a maullar y a revolverse entre los brazos de la peliañil, hasta que consiguió librarse y comenzó a bajar las escaleras. En mitad de las mismas, se paró y comenzó a maullar, como si llamase a Elsie. La chica, confundida, asustada y sorprendida, siguió al gato negro. En el final de la escalera, el gato torció por un pasillo a la izquierda y fue hasta una puerta, en la que comenzó a maullar.
– ¿Quieres entrar ahí? – preguntó ella, recibiendo un nuevo maullido en respuesta.
La peliañil se acercó a la puerta y cogió el pomo dorado, antes de volver a mirar al gatito. La puerta era más grande que las que había visto hasta entonces, y tenía grabados en la madera. Finalmente, giró el pomo y abrió la puerta.
– ¡FELIZ CUMPLEAÑOS, ELSIE! – gritaron al unísono varias voces.
– ¡Inocente! – agregó una de esas voces.
(Continuará...)
