Hello ~!

Primero que nada muchísimas gracias por sus comentarios/favoritos/follows, en verdad me hace muy feliz que les gustó mi idea y como la pasé al papel (o mejor dicho word)! No podría explicarles con palabras lo feliz que soy hahahaha. Bueno, el segundo capítulo sufrió unas alteraciones por que su autora se emocionó un poco [s]demasiado[/s] cuando lo escribió, resultando en un capítulo de 11 páginas... entonces decidí dividirlo en dos partes. Intentaré subir los siguientes capítulos los miércoles, jueves o viernes de cada semana ya que no tengo mucho tiempo libre disponible (último año de la universidad + trabajo = horas libres para dormir... a veces (?))

Y bueno, dejaré de hablar para que puedan pasar a lo interesante, la historia de estos dos chicos que amo ❤ Disfruten su lectura! ^^

Thank you so much for your reviews/favs/follows! I'm really happy that you all liked my idea&story! This chapter came out really long (11 pages) 'cause someone got a little excited... so I decided to split it into 2 parts! I'll try to update on wednesday, thursday or friday since I don't have much free time (final year of univesity + work = free time only to sleep... or not). As always, enjoy your reading! ^^

Disclaimer: Inazuma Eleven/GO no me pertenece.


Terminaba de guardar algunas pertenencias en una gran caja, antes de cerrarla me aseguré de que no faltara nada, estaba a punto de sellarla con cinta cuando escuché leves golpes a mi espalda, al darme vuelta vi a mi padre recostado sobre la puerta de mi habitación.

—¿Todo listo?

—Casi… —Levanté mi mano enseñándole la cinta— En seguida termino.

—Muy bien, pero si te pesa mucho déjala para que los encargados la lleven junto con las demás cosas. Te espero en el auto.

Me aseguré de que la cinta cubriera bien la caja, como no pesaba mucho ya que tenía algunos libros y cuadernos viejos, la tomé con ambas manos y la llevé conmigo, al salir de casa me encontré con una vecina muy simpática, de las más antiguas del barrio, vive en este edificio desde antes que nos mudáramos y prácticamente me conoce desde que era un bebé, su rostro se entristeció cuando le confirme que nos estábamos mudando, sentí un dolor en el pecho, pese a que este cambio fuera algo bueno, me duele dejar atrás mi antiguo hogar, a mis vecinos y amigos, tengo muchos recuerdos en este lugar y pensar que no volveré aquí hasta quien sabe cuándo me deprime un poco, me hubiera gustado que pudiéramos quedarnos aquí, todos, pero nuestro apartamento es demasiado pequeño para cuatro personas.

Acarició mi mejilla y sonrió dulcemente, aunque pude notar un rastro de tristeza en ella, antes de que pudiera decir algo, me dijo que la acompañara hasta su casa, dejé la caja que llevaba frente a la puerta de casa y caminé unos pasos más adelante, ya dentro me obsequió una canasta con frutas frescas, las cuales parecían salidas de un libro de cocina de tan perfectas que se veían. Me abrazó con toda la fuerza que sus débiles y delgados brazos le permitieron usar, mi corazón se partió aún más y tuve que hacer un gran esfuerzo para evitar llorar, la abracé aún más fuerte, siempre cuidando no lastimarla, el paso de los años habían hecho con que sus huesos se volvieran frágiles. Cuando nos separamos y logré ver su rostro nuevamente, dejé escapar un par de lágrimas.

—Oh no, no llores mi pequeño. —Secó ambas lágrimas con su mano—. A la abuela no le gusta verte triste, si tu estas triste, entonces la abuela también se pone triste. —Esto último lo dijo en un tono como si en realidad estuviera llorando—. Piensa en todas las cosas buenas que te están pasando, ahora tienes una nueva mamá y un hermano, estoy segura de que solo habrán momentos felices de aquí en delante.

—¿Y… y que pasa si te extraño?

—Puedes venir a visitarme, sabes que siempre voy a estar aquí. —Volví a abrazarla y de inmediato comencé a llorar.

—Te quiero abuela. —Pese a que en realidad no lo fuera, desde pequeño su figura siempre estuvo presente en mi vida y es por eso que la considero como tal.

—Yo también te quiero mi nieto. —Acarició dulcemente mi cabello—. Ahora sécate esas lágrimas, no querrás que tu hermanito te vea así —Respondí a su pedido frotando ambas manos en mis ojos y después en mis shorts—. Ahora toma la canasta y ve a encontrarte con tu padre, ya lo hicimos esperar mucho. Mándales mis saludos a mamá y al pequeño.

Me despedí con una sonrisa, quería que en lo posible, el recuerdo de nuestra despedida no fuera tan triste, su corazón ya no era el mismo de cuando era joven así que me preocupaba como podría afectarle las emociones fuertes, luego de asegurarle que vendría a verla como mínimo una vez por semana, recogí mi regalo y regresé al corredor, coloqué la canasta sobre la caja, la tomé y comencé a bajar las escaleras. Papá me esperaba recostado dentro del maletero del auto, cubriéndose del sol, al verme se levantó y caminó hacia mí, tomando la caja en sus manos.

—Veo que has ganado un regalo. —Solo sonreí, aún estaba un poco afectado por la despedida. De pronto sentí algo pesado sobre mi cabeza que despeinaba mi cabello—. Vamos, cambia esa cara, las despedidas son tristes pero siempre puedes venir a visitarla, además, si mamá y Ranmaru te ven así se van a poner tristes.

Hice un esfuerzo por sonreír, pero no logré convencerlo del todo, necesitaba tiempo para terminar de asimilar todos los cambios que estaban ocurriendo en mi vida. Subí al auto y me coloque el cinturón, antes de ponernos en marcha papá tomó su celular y llamó a mamá para avisarle que íbamos en camino.

«Mamá… »

Aún me costaba un poco llamarla así, no quería herir sus sentimientos, en este tiempo que llevan juntos, la mamá de Kirino siempre me ha tratado bien y se ha portado como una verdadera madre conmigo, sería mucha ingratitud de mi parte imponer distancia entre nosotros al no tratarla como alguien que, queriendo o no, pasaría a ser en mi vida. No que no quiera que se convierta en mi madre, al contrario. Pero aún es lo que más me cuesta. El auto comenzó a moverse y, mientras miraba pasar las casas y algún que otro árbol, mi mente trajo a flote un pequeño baúl donde guardaba recuerdos de mi infancia.

Mis padres eran una pareja feliz, ambos eran exitosos en sus trabajos y llevaban una vida envidiable, no tenían una gran suma de dinero, pero se permitían realizar varios viajes todos los años cuando se lo proponían, muchos envidiaban su relación mientras que otros se preguntaban cuál era el secreto por tras de tantos años de convivencia sin una pelea. Lo único que pudo hacerlos más felices fue mi llegada, pero por desgracia esa felicidad no duró mucho. Cuando cumplí tres años presencie su primer discusión, en aquel entonces no pude entender por qué ambos gritaban sin parar, ni tampoco porque sus caras se veían tan hostiles y asustadoras, estaba tan asustado que solo pude quedarme escondido detrás de la puerta de la cocina, tal vez hubiera sido mejor correr a esconderme en mi cuarto, pero el miedo no me dejó moverme, ni siquiera cuando vi que mamá, entre gritos, tomó un cuchillo de sobre la mesa y se abalanzó sobre papá, por suerte él fue capaz de sujetar su mano antes de que la situación empeorara.

Desde ese día en delante algo en mi cambió, siempre me sentía intranquilo y con miedo, mucho miedo, papá y mamá no se hablaban con tanta frecuencia y estar junto a ellos en la misma habitación era algo insoportable, papá fue el primero —y único— en darse cuenta de mi cambio, comenzó a pasar más tiempo conmigo, cuando podía me llevaba a su trabajo, a veces salíamos a cenar los dos solos, trataba de que pasara el menor tiempo posible cerca o solo con mamá, hasta que ella comenzó a ausentarse más y más, comenzó a dejar la casa por la mañana y regresaba una semana después, hasta que finalmente ambos se separaron. Nunca supe exactamente cuál fue la razón, pero es un tema que a papá y a mí no nos gusta discutir, así que nunca me molesté en preguntar. El paso de los años hizo con que olvidara su rostro, pero hay algo que nunca voy a olvidar: como, en un ataque de furia, casi mata a papá.

Luego de unos veinte minutos finalmente llegamos a recogerlos, bajé del auto para ayudar a papá a colocar algunas cajas en el maletero y luego ayude a Kirino a subir al asiento trasero, traía consigo una pequeña caja, a la cual se aferraba firmemente, por suerte accedió a soltarla unos segundos mientras me aseguraba de que su cinto de seguridad estuviera bien colocado. Papá encendió el auto y retomamos nuestro camino, ahora en dirección a nuestra nueva casa. Miraba pasar las casas mientras escuchaba a papá y mamá intercambiar ideas sobre cómo decorarían el patio, las flores que plantarían en el jardín y un par de remodelaciones que, según ellos, harían con que nos sintiéramos aún más a gusto en casa. Eché un vistazo a mi izquierda para ver que estaba haciendo Kirino, al hacerlo, vi como revisaba con preocupación el interior de su caja, sacando algunos juguetes y colocándolos a mi lado para poder ver mejor.

—¿Qué pasa? —Continuó buscando sin responder, retiró el último juguete de la caja y se detuvo a observar su interior vacío—. Kirino…

—No está… —Levantó la mirada, sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas— Mi muñeco no está… —Sus mejillas se inflaron, mordió su labio inferior en un intento de aguantar el llanto pero sus lágrimas comenzaron a caer sin parar.

—¿Estás seguro? ¿Cómo es? Tal vez está debajo de estos. —Comencé a levantar cada muñeco que había colocado a mi lado y colocarlos sobre mi regazo para que pudiéramos verlos mejor.

—Es… es… —Separaba algunos muñecos con sus pequeñas manos mientras intentaba, entre sollozos, responder a mis preguntas— Un astronauta… —Recorrí el asiento con la mirada pero no lo encontré, tampoco estaba en mi falda.

—Es cierto, no está aquí… —Antes de que pudiera decir más, Kirino estalló en llanto, llamando la atención de mamá y papá, quien detuvo el auto.

—¿Pero qué sucede Ran? ¿Por qué lloras? —Mamá se inclinó hacia un lado del asiento para poder vernos.

—Estaba buscando uno de sus juguetes pero no está en ésta caja. Creo que tal vez esté dentro de algunas de las que están atrás, o tal vez lo olvidó en casa. —Trataba de calmar al pequeño acariciando su cabeza pero no era suficiente para poner fin a su llanto.

—Oh no, de seguro lo dejó en casa, las cajas que subimos tienen ropas y algunos libros. —Dirigió su mirada hacia el pequeño—. Le dije a Ran que trajera sus juguetes en una más pequeña para que pudiera jugar en el camino y cuando llegáramos…

—Hmmm… en ese caso tendremos que esperar a que los encargados de la mudanza lo traigan.

—Puedo volver a buscarlo. —Kirino dejó de llorar y me miró con sus grandes ojos llenos de lágrimas.

—Pero… ya estamos bastante lejos, te tomaría mucho tiempo volver y después tendrías que volver a casa. —La preocupación en su rostro me hizo sentir un poco mal—. Estoy segura de que Ran puede esperar a que lo traigan junto con los muebles, ¿cierto?

—Pero no es seguro que lo hagan, su trabajo es traer los muebles más grandes y pesados, podrían pasar por alto un juguete. Además tampoco sabemos dónde está, nada nos asegura que lo buscarán.

—Hmmm eso es cierto, en ese caso sería mejor que volviéramos a buscarlo.

—No es necesario papá. —Desabroché mi cinturón de seguridad—. Yo iré, solo necesito la llave.

—¿Estás seguro? Son muchas cuadras…. —Verla tan preocupada casi hace con que cambie de opinión.

—Claro que sí, no te preocupes, no es por nada que estoy en el equipo de atletismo. —Sonreí.

—Es el mejor corredor. —Buscó en su bolsillo y extendió su mano hacia mí entregándome la llave.

—Gracias. —Volteé a ver a Kirino—. No te preocupes, traeré de regresso a tu astronauta, lo prometo.

Sus grandes ojos me siguieron mientras me bajaba del auto y cerraba la puerta, estaba seguro de que si no lo estuviera sujetando el cinto, se arrodillaría en el asiento para verme mientras se alejaban, al perder de vista el auto, hice un par de estiramientos y calenté un poco.

—Esto me servirá como práctica.