Hola todos ¿cómo están? Espero que bien. Les traigo el siguiente capitulo, supongo que se responderan las preguntas que se quedaron en el anterior.

Ahora una aclaración: en mis anteriores fics el nombre de Liechtenstein era Elise o Lily, pero desde que ví un video en youtube, sobre los nombres de las naciones, que eran Canon, me dí cuenta de que el nombre de Liechtenstein es Erika. De la misma forma pasa con Suiza, en lugar de Vash, será Bash de ahora en adelante. Espero no les moleste.

PD: Lily seguirá siendo el apodo de Liechtenstein, así que me referire a ella ya sea como Erika o Lily. Solo para que no se confundan.

Lo que está escrito en cursivas es un pensamiento.

Hetalia no me pertenece.

Disfruten de su lectura.


Liechtenstein salía de la ducha, algo apurada porque creyó que su hermano había entrado en la habitación, creyendo que su hermano había caído ebrio al suelo. Salió cubriéndose con la primera toalla que vio que era la más pequeña del baño.

Al salir a la habitación vio otra vez el color castaño chocolate de los ojos abiertos de Italia. Y ella de la impresión no sujetó bien su toalla, la cual empezó a caer. Veneziano vio lo suficiente y no quería, por respeto, seguir ofendiendo a Liechtenstein. Sonrojado como estaba, se paró como pudo. Y fue directo a la puerta para abrirla. Mientras Liechtenstein reaccionaba y entraba de nuevo al baño.

La puerta, estaba trancada.

— ¿Qué ocurre?— se atrevió a preguntar Liechtenstein, al ver que no escuchaba la puerta abrirse y cerrarse.

— La puerta está trancada, no puedo abrirla— dijo Veneziano presa de la desesperación.

Liechtenstein nerviosa y angustiada, tomó una toalla más grande, se la sujetó con una pinza para el cabello que usaba en la bañera, y salió de nuevo a la habitación, su presencia desconcertó más a su intruso quien empujaba más fuerte la puerta. Ella acercándose y evitando sonrojarse por la vergüenza, lo ayudó en esa tarea.

Mientras empujaban, Italia no podía evitar ver más de lo que ya había visto. Hasta que finalmente la puerta cedió; alguien había puesto una silla debajo del picaporte, evitando que nadie pudiera salir. Al forzarla ambos cayeron, Liechtenstein sobre Veneziano con la toalla a punto de volver a desbordarse, aunque ciertos atributos eran más fácilmente observables en esa posición. Ambos de inmediato se pararon y se encerraron en sus respectivas habitaciones.

Italia al entrar en la habitación de Alemania fue corriendo al baño, entró en la ducha y abrió el agua fría. Su corazón latía rápidamente, ese tipo de latido que te da cuando haces cosas muy excitantes, en su caso como manejar por primera vez un Ferrari. Pero este no era el caso, no era para enorgullecerse. Había visto desnuda a la nación más inocente y pura del mundo, se sentía el ser más despreciable de todo el planeta. Si Suiza no le mataba, él mismo se castigaría, aunque no sabía exactamente como. Después de terminar empapado, se sacó la ropa, se secó y se hizo un ovillo entre las cobijas. No durmió nada esa noche, ni bien intentaba dormirse, la imagen del cuerpo angelical de Liechtenstein le venía a la mente.

Liechtenstein en cambio, se vistió rápidamente, y se metió en la cama, tomó las cobijas y adoptó la forma de un gusanito. Estaba aterrada, ni siquiera Suiza la había visto así. Aunque estaba estremecida, algo dentro estaba empezando a despertar, no sabía explicarlo, intentó alejar ese sentimiento extraño durmiendo. Pero lo único que su mente le hacía ver era ese castaño, ese castaño chocolate dulce, listo para ser devorado. Jamás en la vida volvería a ver un chocolate de esa manera. La mirada de Italia la había cautivado.

Al día siguiente, Liechtenstein se levantó temprano y encontró todo el desastre en la sala de estar. Latas de cerveza, restos de comida y cualquier tipo de basura en la habitación. En ese momento sintió pena por Alemania, ella sabía lo limpio y organizado que era. Fue a la cocina a buscar algo con que limpiar, se sorprendió al ver a Prusia limpiando.

— Guten tag, Klein Lily— dijo él saludándola.

— Guten tag, Gilbert—

Y ahí Prusia la regresó a ver extrañado, Liechtenstein jamás en la vida lo había llamado por su nombre completo. Siempre lo llamaba Gil. Algo le molestaba y posiblemente él era la causa.

— ¿quieres hablarlo conmigo? — dijo él suavemente como siempre la trataba — no se lo diré a nadie—

Liechtenstein le sostuvo la mirada, respiró profundo y se lo contó. Prusia no quería molestarla ni causarle problemas, solo esperaba divertirse. Y se lo confesó.

— ¿Por qué metiste a Italia a mi cuarto? No lo entiendo—

— Tu misma lo dijiste— dijo Gilbert sentándola en la mesa de la cocina — sería divertido tenerlo aquí—

— Pero es que... —

— Siempre tenemos esta reunión y ninguno sonríe, creí que podía cambiar las cosas un poco. Fue mi error, él no tiene la culpa, yo sí. ¿Qué tal si me disculpo y ustedes lo arreglan y se hacen amigos?—

— De acuerdo—

Prusia dijo que la siguiera, pero como es Prusia de quien estamos hablando vio la bodega, y se le ocurrió una mejor idea. Lentamente tomó a Liechtenstein del hombro y en un movimiento rápido la encerró ahí.

— Gil, esto no es gracioso—

— Tranquila, que te vendré a sacar más tarde—

Prusia salió de inmediato a buscar a Veneziano que salía de la habitación de Alemania con cara de no haber dormido nada.

— Oi, Feli—

— Ve~ Prusia — dijo al verlo sin mucho ánimo— no estoy de buen humor para hablar y menos contigo—

— justamente vengo porque sé que estás molesto conmigo— dijo Prusia extendiéndole la mano — lo lamento, no fue mi intención que parecieras un pervertido, aunque no importaría mucho, eres el hermanito de Francia de todas formas

Veneziano confiado como era, sonrió y le estrechó la mano a Prusia en son de paz. Ya hechas las paces, Prusia lo condujo por el pasillo, y de la misma forma rápida, lo encerró en la bodega, haciendo que Veneziano cayera al suelo.

Sus rodillas se estaban empezando a quejar por todas esas caídas de los últimos días. Mientras intentaba pararse, se percató que una persona gritaba en alemán golpeando la puerta. Era una voz, grácil, pero a la vez con una fuerza interior muy grande, y tal vez desconocida. No tuvo que regresar a ver con quien lo habían encerrado, ni siquiera se atrevió alzar la mirada cuando dicha persona se acercó.

— Ese Gilbert se está ganando una reprimenda terrible— Liechtenstein notó el silenció. Y vio la figura aun arrodillada en el suelo con la cabeza gacha — Sr. Italia, seguramente Gilbert le explicó lo que pasó ayer—

Italia no se atrevió a hablar ni a regresarla a ver. Liechtenstein también se sentía avergonzada, y creía que la ofendida debía ser ella. Suiza le había hablado de los tipos de libertinaje que tenían ciertos países como Francia, e incluso Italia estaba entre ellos. Así que no entendía ese tipo de comportamiento.

— Signorina Liechtenstein, lo que pasó ayer fue un ultraje de mi parte— dijo Italia.

— Bueno, también fue mi culpa señor Italia, debí haberme cubierto mejor—

— Era su habitación, no tenía por qué estar ahí en primer lugar—

— entiendo que fue Gilbert quien lo condujo a mí a habitación, y estoy muy molesta por eso con él—

— Y conmigo seguramente—

— por más extraño que parezca, con usted no estoy molesta—

— ¿a no? — dijo Veneziano alzando la vista por primera vez de haber entrado ahí.

— No, probablemente usted ha visto mejores cuerpos que el mío— dijo ella avergonzada de haberlo mencionado siquiera.

— No, no en realidad— respondió él

— ¿a no? —

— No, si me da permiso decirlo, usted es la primera mujer que he visto desnuda —

— Pero, Francia y usted no... —

— Fratello Francia, es un conquistador empedernido— dijo él interrumpiéndola de inmediato, sabía a la perfección los rumores que corrían con respecto a su fama, y enseguida se excusó— Pero yo solo coqueteo, no he llegado a más, tal vez sea porque ese el campo de il mio Fratellone—

— Oh, entiendo—

— Perdóneme por lo de ayer, prometo que no comentaré nada, es más lo borrare de mi mente, sí lo logro

— ¿qué pasó ayer? — dijo ella sonriendo.

Italia sonrió de nuevo, le alegraba inmensamente que ese gran error haya sido solucionado por ambas partes y pacíficamente. Aunque no le aseguraba que lo olvidaría tan fácilmente.

Liechtenstein, le ofreció su mano para ayudarlo a levantarse y él se la aceptó. Al ponerse de pie, Veneziano empezó a sacudirse la ropa, librándose del polvo acumulado en esa habitación. Liechtenstein le miró fijamente y notó que su compañero había abierto los ojos. Llenándose de valor se atrevió a decir.

— Sr. Italia, tiene un lindo color de ojos—

Veneziano quien no se esperaba dicha afirmación, la regresó a ver con sus ojos totalmente abiertos, sorprendido. Ella, algo arrepentida por haberlo dicho tan alto, intentó desviar su mirada, pero lamentablemente no pudo hacerlo y disimuladamente le sostuvo la mirada.

— Grazie— dijo él, sin saber que más podía agregar.

— Me preguntaba, si no es muy personal— dijo ella nerviosa — ¿por qué los mantiene cerrados todo el tiempo? —

— Oh... — Italia terminó de sacudirse el polvo y se sentó en una caja cerca de él. — Bueno eso es algo... —

— No tiene por qué decírmelo— dijo ella interrumpiéndolo — usted tendrá sus razones y yo no debería entrometerme—

— no tengo problema en contárselo—

— ¿ah no? —

— No, es más, usted es la primera persona que me lo pregunta—

— ¿de verdad? —

— Así es, ni siquiera Ludwig me lo ha preguntado— afirmó él sonriendo — mis ojos están cerrados porque así puedo *suspiro*, digamos que, prefiero evitar ver lo horrible del mundo y por eso los mantengo así—

— ¿no cree que se pierde de muchas cosas así? — preguntó Liechtenstein preocupada por esa explicación.

—Sí y no— respondió él.

— ¿a qué se refiere? —

— Como usted lo dice, me pierdo de muchas cosas buenas, y me evito afrontar la realidad; sin embargo, siempre he pensado que causo más problemas, así que he llegado a pensar que es mejor así—

— Pero sr. Italia— dijo Liechtenstein dándose cuenta que ahora era la guardiana de esa importante información— usted no causa problemas—

— ¿usted cree? — Dijo él sarcásticamente, esperando que Liechtenstein no lo notara, sin embargo lo hizo — Ludwig me vigila constantemente porque cree que yo solo no puedo hacer nada, y más que nada mis ideas no son buenas—

— sé que Ludwig lo cuida demasiado. Pero entienda que es porque se preocupa por usted— dijo ella, notando que el ánimo de Veneziano no subía como debería— imagínese como Basch me trata a mí, ni siquiera puedo moverme con libertad por la casa porque el teme que me lastime con cualquier cosa—

— Pero usted es muy inteligente, y sobre todo hábil—

— Lo mismo usted— dijo ella, respondiendo el cumplido — ambos somos muy dependientes ¿no le parece? —

— sí, somos muy parecidos—

— ¡Ya sé! — Gritó Liechtenstein de repente toda animada, asustando a su compañero— hagamos una promesa—

— ¿una promesa? — preguntó él algo confundido.

— sí, prométame que... — dijo ella separando su meñique esperando que Veneziano lo enlazara con el suyo— nunca de los nunca se va a rendir, y como prueba de que lo está cumpliendo abrirá más sus ojos, o al menos lo hará cuando yo esté cerca —

— ¿y usted qué me va a prometer a mí? —

— Yo tampoco me voy a rendir, y para estar iguales, me convertiré en una fiel amiga— dijo ella sonriendo — ¿qué le parece? —

Veneziano solo asintió y enlazó su meñique con el de la chica frente a él. Después de hecha la promesa reinó el silencio por unos cuantos minutos, ambos preguntándose exactamente que iba a pasar con ellos ahí dentro.

— Gilbert va a recibir un gran castigo— dijo Liechtenstein de improvisto

— Gil, es así. Siempre ha sido así. Hungría siempre lo golpeaba después de que hiciera sus bromas, pero él no cambia—

— es porque Hungría no sabe dónde golpear—

— No me la imagino a usted golpeando a Gil— y enseguida Veneziano intentó imaginarse a la señorita a su lado empuñando una de sus manos y golpeando a Prusia

— no lo golpeo, solo le dejo de hablar. Y el solo se auto castiga—

— Interesante— dijo Veneziano sonriendo— no me lo imagino—

— Puedo mostrárselo en cuanto salgamos de aquí—

— Si él regresa— acotó Veneziano algo pesimista— bueno tenemos tiempo ¿qué quiere hacer? —

— No hay muchas opciones aquí dentro, Sr. Italia—

— Pues... — Veneziano metió su mano en uno de sus bolsillos y sacó un paquete de cartas — ¿sabe jugar? —

— Solo lo he visto— respondió — pero puedo intentarlo—

Empezaron a jugar, Veneziano era un experto pero no al extremo de ser un profesional, cuando jugaba con Romano el simple juego se convertía en un duelo a muerte, el ganador debía ser de lo más tramposo y cruel para acceder al premio, que no solo era el privilegio de comerse la pasta del perdedor, sino el control total de la programación de la tv. Al inicio Veneziano fue, por así decirlo lento hasta que Liechtenstein entendiera el juego y siguiera el ritmo.

Sin darse cuenta, empezó a esforzarse para hacer trampa, sin embargo Liechtenstein hacía algo para evitárselo, un comentario, una mirada, una sonrisa. Después de media hora de juego, Liechtenstein ganaba 3-0, y eso a Veneziano no le molestaba.

Como agotaron todos los juegos posibles, empezaron a conversar, así Liechtenstein se enteró de que Italia vivía con Austria, y las cosas graciosas que pasaron durante su estadía. Además de situaciones extrañas que le habían pasado durante ambas guerras mundiales.

Liechtenstein no habló mucho, al ser una nación relativamente joven no había experimentado muchas cosas. Veneziano le comentó de varios eventos en su casa, conciertos, espectáculos callejeros, museos abiertos e interactivos, al ver que a ella le interesaba la idea la invitó a ir. Sin pensarlo dos veces ella acepto.

— nunca he ido a nada de eso— dijo ella emocionada.

— No te preocupes, te gustará, Erika—

Y ahí Veneziano se dio cuenta que había cruzado una línea que muchas naciones tienen prohibida. Llamar a otra nación por su nombre humano, es algo que conlleva confianza, respeto y estima. Liechtenstein también lo veía de esa forma, pero en lugar de molestarse ella sonrió.

— En ese caso, Feliciano, estaré puntual—

Feliciano solo sonrió en el momento en que la puerta se abrió. Prusia entraba para rescatarlos de su encierro.

— ¿ya se hicieron amigos? — preguntó sarcásticamente.

Feliciano y Erika se pararon, caminaron hacia la salida sin mencionar ni una sola palabra, dejando a Prusia confundido.

— Oh, vamos. No me digan que ahora no se soportan... —

Y antes de que pudiera regresar a ver, oyó la puerta cerrarse bruscamente, sumiéndolo en la oscuridad y el viciado aire de la bodega. Regresó a la puerta y la habían cerrado con cerrojo.

— bien, entendí mi lección. Abran ahora— Nada, ninguna respuesta — LILY, FELI esto no es gracioso, abran ahora—

Feliciano y Erika fueron corriendo a la cocina riendo. Alemania, Suiza y Austria se preguntaban por qué ese súbito humor y esa complicidad rara entre ambos. Creyeron conveniente suspender la reunión y regresar a sus vidas normales.

Feliciano se despidió a lo lejos de Erika y se regresó a su casa. Erika esperaba con ansias ese siguiente encuentro que tendrían en los próximos días.


¿Les gustó? Espero que sí. Qué alce la mano el que crea que Italia es un hombre muy respetuoso con las chicas, y que su fama de pervertido es solo por llevarse extremadamente bien con su fratello Francia.

¿Qué le llevará a ver Italia en su cita? ¿Se enterará Suiza de esta salida "amistosa"? ¿Pruisa es un cupido sin alas? ¿Romano se enterará de esta reunión amorosa? Todas estas preguntas tendrán su respuesta en el siguiente capítulo. Nos vemos en dos semanas a la misma hora y por el mismo canal.

No se olviden de dejarme sus comentarios, crítcas, sugerencias, etc.