CAPÍTULO 2:

Fui corriendo todo el camino hasta la casa de Ruby. Entré por la puerta de atrás de la cafetería que tenía su abuela, a la que llamábamos cariñosamente Granny, y subí hasta el ático donde vivía mi amiga. Llamé a la puerta con fuerza, y a los segundos se abrió dejando ver a mi Ruby:

- Emma, ¡por fin!. Supuse que a lo mejor estabas cansada del viaje y hoy ya no te vería, pero que sepas que he hecho bien mis deberes y ya hay una fiesta convocada para mañana por la noche y que Granny nos deja la cafeteria para celebrarla...

Sin darme cuenta, de repente, empecé a llorar, como hacía tiempo que no lloraba…y Ruby con cara de sorpresa, me abrazó fuerte y me dijo:

- Emma, me estás asustando, ¿qué he dicho?. Si no quieres hacer la fiesta, todavía estamos a tiempo de cance…

- No, no es eso- dije yo entre sollozos, es sólo que…

- Venga, va, sabes que puedes contarme cualquier cosa…

- He discutido con Killian.

- Ah..¡acabaramos! Nada más poner un pie en Storybrooke y ese idiota ya ha tenido que hacerte sentir mal… Me dan ganas de patearle el trasero…

- Ruby, de verdad, relájate…que te estás poniendo colorada! – le digo yo entre risas y lloros.

- Ya me conoces, sabes que por ti saco los dientes…¿Quieres contarme lo que pasó?

- Pues verás…estábamos cenando todos juntos e iba todo relativamente bien, me refiero, alguna que otra mirada incómoda, pero nada más, iba la cosa bien. Pero en un momento, nos quedamos a solas y sacó el tema.

- ¿Qué te dijo?

- Pues me preguntó por qué lo había dejado de esa manera, sin dar explicaciones. ¿Te lo puedes creer? Tiene la cara de preguntármelo…es que de verdad que no me puedo creer que sea tan idiota.

- ¿Y le explicaste las razones por las que te fuiste?

- Le dije que me había ido porque lo había visto con Milah, y se hizo el tonto completamente. El caso es que…¿sabes qué, Ruby? Por un momento le creí, creí que era cierto que no tenía ni idea de lo que yo estaba hablando, porque puso una cara…Ya sabes el don que tengo yo para saber cuándo la gente miente y no me pareció que estuviese mintiendo. Pero, por otro lado, pienso, ¿cómo es posible que no se acuerde de lo que pasó esa noche en la fiesta de Victor? Tiene que acordarse, ¿verdad, Ruby?

- No sé, supongo que sí…¿has pensado alguna vez en la posibilidad de que te hubieses equivocado y el chico al que viste con Milah no fuese Killian?

- Ruby, era mi novio por aquel entonces, ¡por supuesto que era Killian! Estaban en el salón pequeño de la casa de Víctor, ése al que nadie va. No se me olvidará jamás la imagen. Killian acostado con la camisa desabrochada y ella encima besándolo…y por supuesto no me quedé a ver el final, pero ya nos imaginamos como acabaría el tema…

Ruby me miró, con cara de comprensión y me cogió la mano y me dijo, dándome un pequeño apretón:

- ¿Sabes qué te digo? ¡Que él se lo pierde! Ahora mismo nos vamos a poner guapas y vamos a ir a tomar un par de copas al pub, que hoy está Graham de camarero y estoy segura de que se muere por verte – me dijo guiñándome un ojo.

- Dios, Ruby, ¿todavía sigues con ésas? Graham y yo sólo somos amigos, nunca fuimos nada más que éso.

- Eso es porque tú sólo tenías ojos para Killian, pero ahora que tú estás libre y él también…¿quién sabe?

- Ruby…- le dije con tono de advertencia.

- Venga, unas copas no hacen daño a nadie y veremos dónde nos lleva la noche…Por cierto, te diré que desde que se enteró de que volvías no ha parado de preguntarme por ti, que qué tal te iba, si venías sola o acompañada…ya sabes…todo eso.

- Anda, vístete y vámonos antes de que cambie de opinión.

Esperé en el salón mientras Ruby se pegaba una ducha rápida y se vestía y fui mirando las fotos que tenia en su salón. Había montones de fotos de cuando estábamos en el instituto, de las excursiones que hacíamos, de las fiestas en casa de Victor. Entre todas ellas, vi una que me llamó particularmente la atención. Era una foto de la boda de mi hermano David, un poco antes de marcharme a Nueva York. Recuerdo esa noche perfectamente, fue la primera vez que Killian me dijo que me quería. Suspiré y dejé la foto en su sitio.

Cinco minutos después, Ruby salió de su habitación, como siempre, "vestida para matar". Hay cosas que nunca cambian, pensé interiormente mientras sonreía. Se había puesto un vestido negro que enseñaba sus interminables piernas y unos tacones que la hacían parecer asquerosamente alta. Me miró y me dijo:

- Emma, no te lo tomes a mal, sabes que siempre estás guapa. Al fin y al cabo, eres modelo. Pero, estás hecha una mierda del viaje. Ven, te ayudaré a ponerte algo decente.

- Puede que a pesar de todo este tiempo sigamos teniendo un concepto diferente de lo que es "decente" – le dije yo riendo

- ¡Oye! ¿Qué insinúas?- me preguntó, haciéndose la ofendida.

- Nada, nada…venga, saca algo para mí de ese armario

- Mmmm…déjame que piense- me dijo mientras empezaba a rebuscar entre las perchas. – Me gusta esa cazadora de cuero que llevas, así que buscaremos un vestido que le vaya bien. ¿Qué tal éste?- me dijo sacando un vestido negro de lentejuelas, que por lo corto que era parecía más bien una camiseta.

La miré, levantando una ceja y le dije:

- ¿Estás de broma, no?

Se empezó a reir a carcajadas:

- Deberías de verte la cara, Emma, por supuesto que es broma. Este vestido no me lo pongo desde que íbamos al instituto, pero tiene valor sentimental, así que me lo guardo.

Después de un rato revolviendo entre la ropa de Ruby, dimos con un vestido cortito de encaje con la manga larga que le iba genial a mi cazadora de cuero y mis botines negros. Me hice una coleta alta para intentar que mi pelo no pareciese un desastre y me pinté los labios de rojo. Ya por fin, después de unos últimos retoques, marchamos hacia el pub.

"The Rabbit Hole", así se llamaba el pub en el que trabajaba Graham. Entramos y nos sentamos en una mesa a dejar nuestras cosas, antes de dirigirnos a la barra a pedir algo.

- ¡Hola, chicas! ¿Qué vais a tomar?...Emma? ¿Eres tú?- preguntó un sorprendido Graham

- Pues claro que soy yo, Humbert. ¿Quién va a ser si no? ¿Un holograma?- le dije riéndome.

Salió de detrás de la barra y me dio un abrazo, mientras me decía al oído:

- ¡Te he echado de menos, Ems! Pero Bueno, deja que te vea, la gran modelo de Nueva York. ¡Estás buenísima!- me dijo

- Yo también te he echado de menos Graham, pero bueno, cuéntame, ¿cómo te va todo?

- Pues la verdad que no hay mucha novedad…acabé la Universidad y volví para aquí y como de lo mío no me sale ningún trabajo interesante, pues empecé a trabajar aquí por las noches. ¿Y tú? ¿Hasta cuándo te quedas?

- Aun no lo sé, pero como mínimo este mes lo paso entero aquí. ¿Y ahora qué? ¿No nos vas a invitar a unas copas?

- Por supuesto, ¿qué vais a tomar chicas?- preguntó por segunda vez en la noche.

Ruby y yo nos miramos y Graham entendiendo el significado de nuestras miradas, nos dijo:

- Ahora mismo saco la botella de tequila y los limones.

- Que no se te olvide tampoco la sal - gritó Ruby.

Demasiados chupitos de tequila después, me encontraba de camino a casa, más borracha de lo que debía estar, con Graham agarrándome para que no me cayera, mientras Ruby iba hablando por teléfono con Victor.

- Victor me ha dicho que lo espere aquí, que está saliendo del hospital y ya me recoge. ¿La acompañarás hasta casa? – le preguntó a Graham, refiriéndose a mi.

- Sí, claro, no te preocupes.

- Ok. Emma, ¡te veo mañana! Yo llevo el café y las aspirinas, ¿vale?

Seguimos caminando, en silencio, Graham seguía agarrándome la cintura, soportando casi todo mi peso. Yo iba balbuceando y cantando cosas sin sentido y Graham de vez en cuando soltaba una risa. Nos fuimos acercando a mi casa y él me preguntó:

- Ems, ¿tienes llaves? No me gustaría tener que timbrar y que David abriese. A pesar de todos estos años, aún sigo temblando cuando tu hermano me mira.

- ¡Cobarde!- le dije, riéndome

- ¡Oye! ¡Y tú borracha!

- Eso es verdad. Estoy borracha. Pero, ¿sabes qué? Me lo he pasado genial esta noche con Ruby y contigo – le dije mirándole a los ojos.

- Y yo contigo Emma, te he echado tanto de menos… - me dijo.

Poco a poco, nos fuimos acercando el uno al otro, y cuando ya casi estábamos a punto de darnos un beso, la puerta de mi casa se abrió de repente y un asombrado y ¿celoso? Killian apareció detrás de ella.

- Emma, ¿estás bien?- preguntó, dirigiendo una mirada recriminatoria a Graham. - ¿Qué ha bebido?

- Venga, Killian, déjalo en paz…¡estoy bien! En fin, te veo mañana Graham – le dije dándole un beso en la mejilla y entré en casa, casi arrastrándome.

- Adiós, Emma. Te llamo mañana.

Killian cerró la puerta, casi sin dejarlo terminar y mirándome muy seriamente, con la ceja levantada en esa costumbre tan odiosa que tiene cuando quiere hacerse el listillo, me dijo:

- ¿En serio? ¿Con Graham?

- Hasta mañana, Killian. No me apetece hablar ahora mismo – dije mientras comenzaba a subir las escaleras hacia mi habitación.

- A ti nunca te apetece hablar, ¿verdad? Especialmente de los temas que no te convienen.

- Vete a la mierda, Killian – le espeté. - A todo esto, ¿qué demonios haces aquí?

- He discutido con Milah y tu hermano me ha ofrecido el sofá para pasar la noche.

- ¡Oh, lo siento! De verdad que lo siento mucho.

- No pasa nada, Swan, no es tu culpa…

Lo miré, pero no sabía que decir, pero por suerte o por desgracia para mi, él parecía que sí tenía algo que decir.

- Swan, siento mucho si alguna vez te hice daño. Nunca fue mi intención y mucho menos que te fueras por mi culpa. Pero fuera lo que fuera, necesito saberlo.

- Killian, no es el momento, de verdad. Además, ¿qué más da? Ha pasado muchísimo tiempo, hemos crecido, ya no somos los mismos que éramos por aquel entonces. Tú te vas a casar en seis meses y yo…bueno, yo no me voy a casar evidentemente, pero me va bien.

- Ya lo sé, pero… - me dijo dubitativo, como si pensando si debía seguir hablando – No es lo mismo con Milah, la quiero, pero nunca ha sido lo mismo que contigo, Swan. Quiero que lo sepas.

Me quedé mirando para él como una tonta, sin saber que decir otra vez. Por un momento, note como los muros que tenía alrededor de mi corazón se hacían trocitos y querían dejarlo entrar otra vez. Finalmente, dije:

- Hablaremos mañana, Killian. Ahora no es el momento ni el lugar. Creo que es una tontería volverse locos ahora por este tema. Como he dicho, ha pasado mucho tiempo y no hay forma de volver atrás y cambiar las cosas.

- Eso lo veremos, Swan… - me dijo, muy seguro de sí mismo y con esa sonrisita típica suya.

- Killian, hablo en serio…

- Yo también.

- Si es importante para ti, te lo contaré todo mañana. No antes de las doce por supuesto, ¡estoy molida!

- Como tú desees- me dijo guiñándome un ojo.

- Buenas noches, Killian.

- Que descanses, Emma.

Subí el resto de las escaleras casi corriendo y con el corazón palpitando que casi se me iba a salir del pecho. Llegué a mi habitación y rápidamente abrí la puerta, entré y la cerré detrás de mi. Me puse el pijama y me metí en la cama, teniendo clarísimo que la noche de hoy se me iba a hacer eterna pensando en esa conversación que iba a tener con Killian mañana. ¿Qué le iba a decir? Y lo más importante, ¿qué explicaciones me daría él cuando se lo contase todo?